AP5465-2014(41784)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado Ponente  

AP5465-2014  

Radicación N° 41784  

(Aprobado Acta N° 298)  

Bogotá, D.C., diez (10) de septiembre de dos  mil catorce (2014).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Decide  la  Sala si es procedente admitir la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   Luis  Enrique  Angulo  Córdoba, contra la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Buga, que confirmó en su  integridad  la  dictada  por  el  Juzgado Primero Penal del Circuito de la misma  ciudad   y   condenó   al  procesado  como  coautor  del  delito  de  tráfico,  fabricación     o     porte     de     estupefacientes     agravado.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1. El 24 de abril de 2008, en la Bahía tres  (3)  del  Puerto  de  Buenaventura,  por  disposición  de  la Sala de Análisis  Criminal,  el  Patrullero  de  la  Policía  Enyfreed  Cruz  García procedió a  inspeccionar  el contenedor CMAU 511897-9, que el día anterior llegó embarcado  en  la  motonave  Buenos  Aires, procedente de Chile y había sido descargado en  calidad             de             restiva1, hallando en su interior cajas  con  sobres de refrescos marca SPRIM y veintitrés (23) tulas de color negro que  contenían  un  total de 1821 panelas con sustancia estupefaciente positiva para  cocaína     en    1.839  kilogramos.   

2.  El  13  de  noviembre  de 2009,   ante   el   Juzgado  Segundo  Penal  Municipal  con  funciones  de control de garantías de Buenaventura, se llevó a  cabo  audiencia  preliminar  de  legalización  de  captura  y  formulación  de  imputación  contra  Gilberto  Luis Peña Pacheco, Luis  Enrique   Angulo   Córdoba,  Jesús  Edward  Acosta  Triana,  Carmen  Elena  Obregón,  Luis  Hernando Vargas  Aramburu,  Aristóbulo  Rodríguez  Miranda,  Jaime  Palacios Gómez y Jackeline  Valencia  Anizares,  a  quienes el mismo despacho impuso medida de aseguramiento  de    detención    preventiva    en    establecimiento   carcelario2.   

          3.  La Fiscalía Doce Especializada de la UNAIM presentó el escrito  de   acusación   el   11   de   diciembre  de  20093,  y  en sesiones del 4 y 22 de  enero  de  2010,  ante  el  Juzgado Primero Penal del Circuito Especializado con  funciones  de  conocimiento de Buga, se llevó a cabo la respectiva formulación  por  el  delito  de  tráfico, fabricación o porte de estupefacientes agravado,  conforme   a   los  artículos  376-1  y  384-3  del  Código  Penal4.   

Una  vez se agotó la audiencia preparatoria  el  8  de  marzo  de  ese  año,  el  juicio  oral  inició  el  7  de  abril de  20105  y  culminó  el  20  de febrero de 20126.   

El  22  de  marzo de ese año se anunció el  sentido  de fallo7.  Consecuente  con  el mismo, el día 29 siguiente se dio lectura a  la  sentencia  por  medio de la cual se absolvió a Gilberto Luis Peña Pacheco,  Jesús  Edward  Acosta  Triana,  Carmen  Elena  Obregón,  Luis  Hernando Vargas  Aramburu,  Aristóbulo  Rodríguez  Miranda,  Jaime  Palacios Gómez y Jackeline  Valencia   Anizares   del   cargo   de   tráfico,   fabricación   o  porte  de  estupefacientes  agravado,  en  tanto que, Luis Enrique  Angulo  Córdoba  fue  condenado  como  coautor de esa  conducta  punible a la pena de doscientos ochenta y dos (282) meses de prisión,  multa  de  treinta  y  ocho  mil  trescientos  treinta y tres con treinta y tres  (38.333,33)  s.m.l.m.v.,  y  a la accesoria de inhabilitación para el ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por el término de veinte (20) años, sin  derecho   a   la   suspensión   condicional  de  la  pena,  ni  a  la  prisión  domiciliaria8.   

4.  El  Tribunal  Superior de esa ciudad, al  resolver  el recurso de apelación interpuesto por el delegado de la Fiscalía y  la  defensa del procesado, en providencia del 27 de febrero de 2013 confirmó la  decisión   del   A  quo9.   

LA DEMANDA  

El  impugnante  formula  dos  cargos, no sin  antes  identificar  a los sujetos procesales, hacer un recuento de la actuación  procesal  y transcribir algunos apartes textuales de los testimonios solicitados  por  el  ente  acusador  y  la defensa, así como de los alegatos de conclusión  expuestos por cada uno de ellos.   

Primero: Nulidad por  desconocimiento del debido proceso.   

Aduce  que el defensor que lo antecedió, al  sustentar  el  recurso  de apelación contra el fallo de primer grado, solicitó  una  nulidad  como consecuencia del cambio de juez, además de lo referente a la  responsabilidad de su asistido.   

Al   respecto,   el   Tribunal   en   sus  consideraciones  se  refirió  a  dicha  propuesta,  pero no se pronunció en la  parte  resolutiva,  con lo cual omitió “declarar la  procedencia  de  los recursos que la ley señala en contra del auto que niega la  nulidad”,  conforme  a  lo normado en los artículos  176  y  177  numeral  3o  de  la  Ley  906  de  2004  y  de paso desconoció las  previsiones  que  informan  sobre  los  deberes  de  los funcionarios públicos,  contenidas   en   los   artículos   138   numerales  1,  2  y  5  y,   139  numerales  3  y  4  ejusdem.   

Concluye        que,  de  haberse  aplicado correctamente las  anteriores  disposiciones,  lo  resuelto  hubiese  sido contrario a la decisión  proferida    por    el    fallador    de    primera    instancia   o,     por     lo     menos,   favorable   a  los  intereses  de  su  asistido       Angulo       Córdoba.   

El  actor  considera  que  el  cargo  debe  prosperar,  toda  vez que se trata de una irregularidad sustancial que afecta el  debido  proceso  y  en  su  postulación  ha  tenido  en  cuenta  la temática y  principios que rigen el instituto.   

Solicita   se   ordene   al   Ad  quem  que  resuelva  sobre la nulidad  impetrada.   

Segundo: violación  indirecta de la ley sustancial.   

Manifiesta  el  demandante  que  el Tribunal  incurrió  en  un  error  de  hecho  por  falso  juicio de identidad.   

Refiere,  en concreto, que las declaraciones  de  los  patrulleros  Andrés  Felipe  Mejía  Echeverri  y Elkin Darío García  Botero  son  el  soporte  de  las  sentencias,  pero  en  sus manifestaciones se  contradicen   entre   sí,   y   ello   deslegitima   la  participación  de  su  representado.   

Pasa    a    explicar    que,  según  esas  atestaciones,  Luis  Enrique  Angulo  Córdoba  era  la  persona    que    debía    indicar   al   policial   que   se   encontraba   de  prestiva10  cuál era el contenedor al que se le debía permitir el movimiento  del   sitio   donde   estaba   ubicado.  No  obstante,  esa  prueba  testimonial  «aduce  vicios  en  su  proceso  de aducción que la  hacen  destinataria  obligatoria  de  restringirle totalmente la credibilidad»,  tanto  que  el  juez  de  conocimiento  manifestó que  tendría  en  cuenta  las impugnaciones de credibilidad al momento de evaluarla,  pero  ese  funcionario  fue  cambiado, y aquella manifestación no garantizó el  derecho de defensa del encartado.   

Más adelante, afirma que se incurrió en un  error  de  hecho  «por falso juicio de existencia por  falso  juicio  de  identidad», el cual demostrará en  cargos  separados  atendiendo  a  la  técnica  que  se  requiere  en  esta sede  extraordinaria,  al tiempo que, invoca como normas vulneradas los artículos 376  y  384  del  Código  Penal por aplicación indebida, y 7º, 380 y 381 de la Ley  906 de 2004, por falta de aplicación.   

Luego  dice que acusa el fallo impugnado por  ser  violatorio  del  debido  proceso  y  del derecho a la defensa, porque no se  valoraron  las pruebas en conjunto ni se ponderaron para establecer la verdad de  las mismas.   

Apunta,  al  respecto, que las declaraciones  vertidas  por el Coronel Perdomo, prueba de referencia que impide ser fundamento  de  una  sentencia  condenatoria,  son  contradictorias con lo expresado por los  patrulleros      García      Botero      y     Mejía     Echeverri, en cuanto dicho oficial manifestó haber  recibido    el    reporte    de   manos   del   último   mencionado,  con  quien  se puso de acuerdo para que  dejara   su  celular  y  él  le  daba  un  avantel  y  así  poderse  comunicar  «sobre     el     hecho    delictual    que    se  presentaría».   

Los  dos  fueron  claros en precisar que esa  labor  de  inteligencia la realizarían ellos, exclusivamente, pues eran los que  estaban  enterados  de tal cometido. Es que ni siquiera el cabo Moyano advirtió  tal   situación,   al   punto   que  designó  a  Mejía  Echeverri,  conductor sustituto, ante la enfermedad  de  quien  cumplía esa labor,  y  su  relato,  sobre  la  responsabilidad  de  Angulo  Córdoba,  es  de  referencia,  al  igual  que  el del  Coronel,  pues  manifestó  de manera enfática que no fue testigo de nada y que  se  dio cuenta de la contaminación de un contenedor posteriormente cuando se le  informó.   

Si  se  comparan  los  testimonios  de  los  patrulleros,  se  concluye  que  García  Botero no pudo haber conversado con el  procesado  a  las  11:15  de  la  noche porque Mejía Echeverri, según dijo, le  entregó  a  su compañero la balota número 8 «y sin  más   explicaciones   le   dijo   que   mi   coronel   ya   sabe   –  hecho  este,  que la (sic) no saber  del  hecho  delictivo,  le  indicaría  a  este  (sic), que se refería sobre el  cambio  de  puesto,  que bien sea de paso decirlo, que si este se realizó en la  camioneta,  que  (sic)  hizo García Botero con la balota que él había sacado,  en     el     proceso     nunca     se    debatió    tal    punto»,  el  cual  se debió resolver a favor de  Angulo Córdoba.   

Si  el  procesado  se  le hubiera acercado a  decirle  algo  que  posteriormente  le  mencionó su amigo, el patrullero Mejía  Echeverri,     así    lo    habría    manifestado    por    ser    un    hecho  trascendental.   

Agrega  el  censor,  que  se  debe mirar con  cuidado  la  valoración probatoria de la prueba testimonial, en el sentido que,  García   Botero  estaba  encargado  de  mirar  y  avisar  los  movimientos  del  contenedor,  pero  no  lo  hizo,  siendo  que  se probó documentalmente que tal  objeto  bajó  del buque Buenos Aires, a las 12:29 minutos de la medianoche y ni  siquiera  desarrolló  la  labor  para  la  cual  estaba encomendado.   

También  se  le  debe  prestar atención al  relato  del patrullero Mejía Echeverri, quien señaló claramente que jamás se  entrevistó    con    Angulo    Córdoba,  y  que  se enteró de la contaminación porque le contaron cuando  se  encontraba  descansando, y  ello constituye prueba de referencia.   

La responsabilidad de su defendido se soporta  en  haber  hablado  con García Botero, concretamente, al decir que “LA  PLATA  HAY  QUE GANARLA COMO SEA”  y,  sin mirar el contexto en  el  que se dijo esa frase, se infiere que alguna vinculación tiene con el hecho  punible.   

Según el recurrente, lo anterior indica que  Mejía  Echeverri  no  estuvo  presente  cuando  presuntamente  se entrevistaron  Angulo  Córdoba  y  García  Botero,  por  tanto, no puede certificar sobre la probable responsabilidad de su  defendido  y  “frente  a ese indicio» recae  la  prohibición consagrada en el artículo 381-1 del Código  de Procedimiento Penal, porque no corresponde a una prueba directa.   

Concreta  la  trascendencia del «falso  juicio  de  existencia  por  falso  juicio de identidad»,  en  la  inadecuada  ponderación  de  lo  expuesto por  García  Botero,  porque  se  le  dio un valor y sentido que no corresponde y la  valoración  conjunta  de  todos  los testimonios indica que su prohijado jamás  pudo  haber  dicho  que  el  container  había  salido, pues en su condición de  coordinador  sabía  que  no había bajado y probado quedó que ello ocurrió 29  minutos  después  de  la  media  noche,  una hora más tarde de haber tomado el  turno el patrullero García Botero.   

Si  se  hubiese advertido esa situación, en  una  valoración  conjunta  con el testimonio de Angulo  Botero,  se  habría  entendido  que  en un tiempo tan  reducido  no  se  podría  contaminar  un  contenedor  y,  al  igual  que los demás procesados, habría sido  absuelto.   

En   ese   sentido  solicita  se  case  la  sentencia.   

Por último, hace consistir la finalidad del  recurso   en   la   necesidad   de  efectivizar  el  respeto  a  las  garantías  fundamentales  del  procesado  y,  además, es importante para la jurisprudencia  nacional,  porque al abordar el estudio, la Corte fijará nuevamente una postura  respecto  a  la  aducción  y  ponderación  de  las  pruebas  y el análisis en  conjunto  de  las  mismas,  para  que puedan llevar a la verdad más allá de la  duda razonable.   

CONSIDERACIONES  

1. Bastante se ha insistido que en cualquier  régimen  procesal,  la  demanda  de  casación  debe  contener  un  mínimo  de  coherencia  y precisión conceptual que permita establecer, con facilidad, cuál  es  el  error  que  se  atribuye  al sentenciador y su efecto determinante en la  decisión recurrida.   

Es por ello que, en el sistema acusatorio de  la  Ley  906  de  2004,  el  artículo  184 prevé como requisitos que deben ser  cumplidos  por  el recurrente, la correcta selección de la causal invocada y el  adecuado  desarrollo de los cargos, cuya formulación independiente debe guardar  perfecta  relación  con el error denunciado, conforme lo imponen los principios  de  no  contradicción  y  autonomía  que  rigen  en  esta  materia.   

Además  de  esos fundamentos, el impugnante  tiene  la carga de justificar la necesidad de intervención de la Corte, en aras  de  cumplir  con  una  de  las  finalidades  del  recurso, esto es, la  efectividad  del derecho material, el respeto de las garantías  de  los  intervinientes,  la reparación de los agravios inferidos a estos, y la  unificación de la jurisprudencia.   

El  libelo  que  se  examina es por completo  ajeno  a las reglas que rigen la impugnación extraordinaria, porque el defensor  no  comprueba  que el asunto requiere alcanzar alguno de tales propósitos, pues  simplemente  anuncia  que  se debe efectivizar el respeto a las garantías de su  asistido,  y tampoco especificó algún aspecto que ofrezca dificultad, en punto  de  la ponderación de las pruebas y el análisis en conjunto de las mismas, por  el  cual  se  impone  fijar una nueva postura a través de un pronunciamiento de  fondo.   

Adicionalmente,  desatiende  los parámetros  lógicos,   argumentativos   y   de   postulación,   atinentes  a  los  motivos  invocados.   

2.  Cuando  se  pretende  la  nulidad  por  desconocimiento   del  debido  proceso,  como  se  anuncia  en  el  primer  cargo,  es  preciso  acudir  a  la  causal  segunda  del  artículo  181  de la normativa procesal aludida, que hace  referencia  a  los  defectos  sustanciales  de  estructura  o  de garantía, con  capacidad  de invalidar lo actuado y demostrar cómo se produjo la irregularidad  cometida  al  interior  de  la  actuación,  la  cual,  por  su  incidencia,  no  es  posible  remediar de otra  manera.   

          De  lo  anterior  se  sigue  que  no es posible alegar libremente, a  manera  de  razón  invalidante,  todo  aquello  que  no  fue  atendido  en  las  instancias,  pues, el motivo  anunciado,  al  igual que los demás, debe ajustarse a las premisas de claridad,  precisión   y  trascendencia,  de  manera  que  sea  perceptible  el  perjuicio  originado    con   el   vicio   procesal   y   el   efecto   favorable   de   la  sanción.   

          2.1.  La  irregularidad  que  pretende  hacer  valer  el actor, para  obtener  la  nulidad  de la sentencia de segunda instancia, la hace consistir en  que  el  Tribunal,  al  momento  de  resolver el recurso de apelación contra el  fallo  de  primer  nivel, analizó en sus consideraciones la propuesta defensiva  de  invalidez  del  rito  por  cambio de juez durante el juicio oral, pero no se  pronunció  al respecto en la parte resolutiva y, con ello, omitió “declarar  la  procedencia  de los recursos que la ley señala en  contra  del auto que niega la nulidad”, conforme a lo  normado  en  los  artículos  176  y  177  del Código de Procedimiento Penal de  2004.   

          Necesario  es  precisar  que  el  demandante  apoya  su propuesta en  premisas    incorrectas.    La   primera,  consiste en entender que las distintas temáticas examinadas en el  fallo  de  segunda  instancia, o al menos la que niega una petición de nulidad,  son  susceptibles  de  ser  cuestionadas  a  través de los recursos ordinarios,  cuando  la  estructura  normativa  de  nuestro  procedimiento penal, incluida la  prevista  en la Ley 600 de 2000, indica que la segunda instancia se agota cuando  se  resuelve  la  apelación  contra  el  fallo  de  primer grado y, a voces del  artículo  181  de  la  Ley  906  de 2004,  la  única  impugnación  que  cabe contra aquella decisión es el  recurso de casación.   

La  segunda  falencia  radica  en desconocer  que, en materia de nulidades,  la  sola  enunciación  del  yerro  no  se muestra suficiente para quebrantar la  presunción  de  acierto  y  legalidad  que  reviste  la  sentencia; es menester  enseñar  su trascendencia, al punto de significar que, en ausencia del dislate,  otra hubiese sido la decisión.   

2.2.  El  esfuerzo  del  casacionista  por  acreditar  menoscabo al debido proceso, no atiende a la verdadera esencia de esa  garantía  fundamental,  que  no  se extiende al punto de proclamar, a manera de  perjuicio,  cuanta  informalidad se advierta en el trámite. Se trata, según lo  tiene  decantado  la Sala, de i) identificar el acto irregular, ii) concretar la  manera  como  éste  afectó  la  integridad  de  la  actuación  o vulneró las  garantías  procesales,  iii) explicar porqué se trata de un daño irremediable  y   iv)   señalar   el   momento   a   partir  del  cual  se  debe  reponer  el  proceso.   

Lo  único  que  revela  el  reproche  es la  pretensión  de retrotraer el diligenciamiento para dejar sin efecto el juicioso  análisis   que   realizó   el  Ad  quem   acerca   de   la  presunta  vulneración  de  los  principios  de  inmediación  y  concentración,  planteada por el profesional que para entonces  asistía al encartado, del cual concluyó que:   

…[s]i  bien es  cierto  hubo cambio de juez a mitad del juicio oral, siendo el primero encargado  de  las  pruebas de la Fiscalía y el segundo de la Defensa, lo cierto es que la  única  condena ensayada en el fallo de instancia se fundamentó en dos testigos  comunes  a  las  partes pues Elkin Darío García Botero y Andrés Felipe Mejía  Echeverri  también  fueron  testigos  decretados  a instancias de la defensa de  Luis  Enrique Angulo Córdoba, siendo interrogados, contrainterrogados, esto es,  inmediados  –juicio del 28  de  julio de 2011-, por la misma persona del funcionario que anunció el sentido  del  fallo  y confeccionó la sentencia de condena en su contra, al punto de ser  sacrificada  la  concentración del debate de otras pruebas respecto de aquellas  por  la (sic) suspensiones del 3 de febrero de 2011, 12 de marzo de 2011 y 31 de  mayo  de  2011,  con  el fin de hacer comparecer a los testigos de excepción de  los    hechos,    quienes,    agréguese,    no    modificaron    sus    relatos  precedentes.   

Es ese sentido, lo que evidencia la Sala es  la      presencia      de      uno      de      los     supuestos     reconocido  jurisprudencialmente11  en  donde  no  hay lugar a  anular  el  juicio oral como en efecto se vaticina en esta decisión12.   

La falta de fundamento de la censura impide  que pueda ser admitida.   

3.   Cuando  se  denuncia  la  violación  indirecta   de   la   ley   sustancial,   como   se   hace  en  el  segundo  cargo,  es  preciso  acudir  a la  causal  tercera del artículo 181 del Código de Procedimiento Penal de 2004, la  cual  comprende aquellos errores de hecho y de derecho en los que puede incurrir  el    juzgador,   por   el  manifiesto  desconocimiento  de las reglas de apreciación de la prueba sobre la  cual se ha fundado la sentencia.   

Su   demostración  impone  la  carga  de  identificar    el   yerro,  concretar  el  medio  de  convicción  objeto  de reproche y su incidencia en la  declaración  de  justicia,  sin que sea admisible discurrir a manera de alegato  de  instancia  y  tratar  anteponer,  a  la  valoración  de  los juzgadores, un  criterio particular.   

3.1.  En la proposición y desarrollo de la  censura  en  examen, el libelista abandona los anteriores derroteros, porque sin  demostrar  el  error  de  hecho  por  falso  juicio de identidad que anuncia, se  dedica  a  exponer  su opinión personal en cuanto a la manera como debieron ser  analizados   los   testimonios   de   cargo,   en   el   marco  de  un  discurso  inintelegible,   que   no  concreta  la  manera como el juzgador distorsionó la expresión fáctica de los  medios  de  convicción,  bien  porque  les  asignó  efectos que no contienen o  cercenó   los   que   les  corresponden,  haciéndoles  decir  aquello  que  no  expresan.   

Incurre,  así,  en  el  común  error  de  considerar  que  al interior del recurso extraordinario es posible continuar con  el  debate   probatorio  agotado  en las instancias y que, por tanto, tiene  vía   libre   para   realizar   toda   clase   de  cuestionamientos,  cuando,  se itera, la jurisprudencia de  la  Sala ha sido consistente en advertir que la casación precisa de un discurso  lógico  y  coherente en el que se formule un juicio a la sentencia, con respeto  a  los  lineamientos  básicos  que requiere la lógica del recurso, con miras a  evitar que se utilice como una tercera instancia.   

3.2.  Otro  evidente desacierto, que genera  mayor  confusión,  consiste en afirmar que el fallo impugnado es violatorio del  debido  proceso  y  del  derecho  a  la defensa, hipótesis que es extraña a la  violación  indirecta  y, por  consiguiente,      infringe      abiertamente     el     principio     de     no  contradicción.   

A    ello    se    suma    que,    más  adelante,   involucra  dos  especies  de error de hecho como si se tratara de uno solo, en cuanto afirma que  “«el  falso  juicio de existencia por falso juicio  de   identidad»   se   concreta   en  la  inadecuada  ponderación   de   lo   expuesto  por  el  testigo  García  Botero.   

Pese   a   anunciar,   el   letrado,  que  demostraría  tales  errores  en  cargos  separados y conforme a la técnica, en  realidad  no  lo  hace,  y  desconoce  que  el falso juicio de existencia ocurre  cuando  se  declara  probado  un  hecho  con  base  en  un  elemento  de  prueba  inexistente  –suposición-  o  se  deja  de  apreciar  uno  legalmente allegado a la actuación –exclusión-,  supuesto  que difiere de  un  yerro  originado  en  la  distorsión o alteración del contenido material o  expresión     fáctica     de     un     elemento    probatorio    –falso   juicio  de  identidad-  y  al  entremezclarlos  se vulnera el principio lógico de no contradicción, porque no  es    posible    tergiversar    aquello    que    no   se   ha   desconocido   o  imaginado.   

En  últimas, sin demostrar algún desatino  de  apreciación  probatoria,  lo  único que deja claro es su desacuerdo por la  forma  como  los  juzgadores  valoraron la prueba testimonial conformada por las  declaraciones  de  los  patrulleros ELKIN DARÍO GARCÍA BOTERO Y ANDRÉS FELIPE  MEJÍA  ECHEVERRI, porque, según afirma, son contradictorias y ello deslegitima  la  participación  de su defendido Luis Enrique Angulo  Córdoba  en  los  hechos  por  los  cuales  resultó  condenado.   

Bastante  se  ha  insistido  que  cualquier  reproche  dirigido  a  disentir  de  la estimación judicial de los elementos de  juicio,  resulta  por  completo  extraño  a  la casación, dada la libertad que  tiene   el   sentenciador   para   apreciar  el  conjunto  probatorio,  limitado  únicamente por los postulados de la sana crítica.   

Sólo   si  se  constata  que  arribó  a  conclusiones  ilógicas  o irrazonables, por desconocimiento de las reglas de la  lógica,  la ciencia y/o la experiencia, es procedente el ataque por la vía del  error  de  hecho  por  falso  raciocinio,  caso  en  el  cual el impugnante debe  demostrar  que  el  juez  se  alejó  de algún postulado científico, principio  lógico o máxima de la experiencia.   

Además,   debe   señalar   el   aporte  científico,  el  raciocinio  lógico  o  la  deducción  por experiencia que se  debió  aplicar  en  el  asunto  sometido  a  examen,  en orden a evidenciar una  realidad distinta a la declarada en las instancias.   

Bajo esos parámetros, se muestra desatinado  el  propósito  de  desquiciar  la  doble presunción de acierto y legalidad que  ampara  el  fallo de segunda instancia, a través de una argumentación dirigida  a  presentar  una valoración de las pruebas distinta a la efectuada por el juez  plural   –cuyo  criterio  prevalece  frente al del sujeto procesal-, o a destacar  las  falencias  de  algunos  relatos  que  sirvieron  de  soporte a la decisión  cuestionada.   

4. La insuficiencia argumentativa del cargo  no  impide  señalar que el cúmulo de reclamos desorganizadamente expuestos, no  pasa  de  ser  un  pretexto para insistir en el debate probatorio agotado en las  instancias,   donde   se   concluyó   en  la  responsabilidad  de  Luis  Enrique  Angulo  Córdoba, porque fue  señalado  por  el  patrullero Mejía Echeverri como contacto para llevar a cabo  la  contaminación  del  contenedor  de  marras, (como  así  se  lo  hicieron saber algunos miembros de la Policía Antinarcóticos que  le  ofrecieron  dinero  para  que permitiera la ilícita operación)  y  por  el patrullero García Botero quien, previamente coordinado  por  su  superior,  Coronel  Javier  Perdomo,  (al que  Mejia  Echeverri  ya  lo  había  puesto  al tanto de la situación),  se  entrevistó  con  el  procesado, el cual le manifestó que el  contenedor  ya  había  salido  y,  más  adelante, le mostró el recipiente que  había     sido    contaminado    con    la    sustancia    ilícita.   

Al   efecto,   léanse   las   siguientes  reflexiones  del  fallador  de  segunda  instancia,  cuya transcripción se hace  necesaria   en   aras  de  ilustrar  el  fundamento  de  la  condena  objeto  de  cuestionamiento.   

Así se expresó la colegiatura:  

Contrario     sensu,    los  testimonios  directos  de  los  PT  Mejía Echeverri y García  Botero,  sopesados en conjunto y no de forma aislada como lo pretende el censor,  permiten  inferir la existencia de un acuerdo previo, así fuera de pocas horas,  entre  el  mencionado  acusado y algunos miembros de la policía antinarcóticos  como  los  policiales  Daza Hincapie y Ocampo Nieva o alias “El Negro”, para  que  ayudara  a sacar e introducir nuevamente un contenedor cargado de cocaína,  como a la postre sucedió.   

Es igual de indiscutible que en su función  de  supervisor  capataz  asignado  al  manejo  de la carga de la motonave Buenos  Aires  por  el  operado  (sic)  portuario  Maritrans  S.A., era indispensable su  colaboración  para  la  ilicitud  pues estaba dentro de su rol el dominio de lo  sucedido  con  la  carga  y descarga de los 114 contenedores de importación, 47  contenedores  de  exportación  y  18  contenedores  restiva  de  la  mencionada  embarcación  –evidencia  documental   No   6-,   muy  a  pesar  del  poder  dispositivo  de  la  policía  antinarcóticos  sobre el movimiento de los recipientes en restiva pues de todas  maneras  no  hacerlo  con  la anuencia de Angulo Córdoba implicaba arriesgar la  operación  ante  el seguro reporte o denuncia que de haber obrado correctamente  debió realizar.   

Por ello no resulta sostenible para derruir  el  valor de los testimonios directos en su contra (sic) que Mejía Echeverri no  tuviera   contacto  directo  con  Angulo  Córdoba,  pues,  por  cómo  se  tuvo  conocimiento  del  punible, el basilar declarante se asustó ante la magnitud de  la  ilicitud  propuesta  por  el  PT  Daza  Hincapie quien sí le referenció al  “señor  Angulo”  como  contacto   para   la   contaminación  del  contenedor,  noticia  verificada  ya  tácticamente   por  García  Botero  al  contactarse  con  el  acusado  en  las  operaciones  relacionadas  con la motonave Buenos Aires luego de la delación de  Mejía Echeverri y las instrucciones del T.C. Javier Perdomo.   

No  puede  ser  una  versión  vacua de la  responsabilidad  de  Angulo  Córdoba  la  consistencia  directa e indirecta que  presentan  los  policiales  Mejía Echeverri, García Botero, Perdomo Ramírez y  Moyano  González,  al  señalar  a  Luis  Angulo,  o  al señor Angulo, como el  contacto  encargado  de  facilitar  el  contagio  del container en asocio con la  policía      antinarcóticos      –Daza  Hincapié;  Ocampo  Nieva- permitiendo su salida y retorno en  un  RD  (camión de Maritrans) a las instalaciones de la zona franca, detallando  cuál  era  el  recipiente contaminado a García Botero y por ende dominando sin  duda alguna la ejecución del ilícito.   

Por  otra parte, no se torna indispensable  como  lo  acusa el censor que las versiones de los mentados testigos confluyeran  con  absoluta  exactitud  en  detalles  como  la  hora  de  salida o entrada del  contenedor  al puerto, y si estaba o no presente el importante objeto al momento  del  primer  diálogo  entre  García  Botero y Luis Angulo a eso de las 11:15 u  11:30  p.m.  cuando  inició  el  turno,  pues  si  bien está demostrado que la  prohibida  salida  se produjo a las 12:29 de la media noche, no a las 11:30 p.m.  como  dijera  García  Botero,  ello  no  desaparece los asertos basilares de su  narración  ya  que  perfectamente  pudo olvidar detalles de lo sucedido ante el  inevitable  paso  del  tiempo,  resultando  importante  ponderar  el momento del  hecho,  esto  es,  23  de  abril de 2008, y el momento de sus atestaciones, 9 de  junio de 2009 y 28 de julio de 2011.   

(…)  

En  este  panorama  probatorio  no refulge  descabellado  que  el contacto entre García Botero y Luis Angulo  se diera  en  los  términos de confianza necesarios para cometer la ilicitud pues, de una  parte,  el citado miembro de la fuerza estaba aleccionado y enterado de su tarea  condescendiente  para  conocer  con detalle la comisión del punible y luego dar  fe  a  sus  superiores  para  lograr  el positivo, como en efecto sucedió y, de  otra,  si  bien  antes  de  ese momento nunca habían tenido trato, es claro que  puestos  en  el escenario y ante la premura requerida para desarrollarlo, a Luis  Angulo  no  le  quedaba más remedio que confiar en el uniformado de la policía  antinarcóticos  presente  en  la  función  de vigilancia del buque, pues si su  acuerdo  se  dio  con  personal  de la misma institución, lógico era asumir la  anuencia  del  P.T.  García  Botero  con el punible13.   

Si  el  demandante  pretendía derruir esos  juicios,    debió    enfrentarlos   en   su   real   dimensión   y,  a  partir  de  ese  obligado referente,  demostrar, mediante un juicio  técnico   jurídico,  que  la  declaración  de  justicia  es  el  producto  de  sustanciales  errores de juicio o de procedimiento cuya corrección debe hacerse  mediante un pronunciamiento de fondo.   

         Las  evidentes  falencias de debida postulación y argumentación en  precedencia   advertidas,   imponen,   como   se  había  señalado,  la  inadmisión  del  libelo.   

         Contra  esta  decisión,  procede  el  mecanismo  de insistencia, de  conformidad   con  lo  establecido  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004.   

5. No obstante surge imperioso disponer que  una  vez  tramitado  el  mecanismo  de  insistencia,  si es que se promueve y su  resultado  es  opuesto,  las  diligencias  regresen  al  despacho del Magistrado  Ponente,  en  orden a examinar de manera oficiosa la posible vulneración de las  garantías  fundamentales  del procesado, en punto del principio de legalidad de  la  pena,  toda  vez  que al momento de la dosificación, el juzgador dedujo una  circunstancia   de   mayor   punibilidad  que  no  fue  atribuida  por  el  ente  acusador.   

Tiene    dicho    la   Sala14  que pese a  la  inadmisión  de la demanda, es posible ordenar oficiosamente el trámite del  recurso  extraordinario  respecto  de  asuntos  ajenos a la demanda y que tengan  relación  directa  con  los  fines  de  la  casación,  esto  es,  la  efectividad  del derecho material, el respeto de las garantías  de  los  intervinientes,  la reparación de los agravios inferidos a estos, y la  unificación de la jurisprudencia.   

Para ese efecto, no surge necesario convocar  a   audiencia   de   sustentación,   ni   surtir   el  traslado  al  Ministerio  Público.   

         En  mérito  de  lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

PRIMERO.    INADMITIR    la demanda examinada.   

Contra  esta decisión procede el mecanismo  de  insistencia, de conformidad con el artículo 184, inciso 2º, del Código de  Procedimiento Penal.   

SEGUNDO.  ORDENAR  que las diligencias  regresen  al  despacho del Magistrado Ponente, una vez tramitado el mecanismo de  insistencia,  si  es  que  se  promueve  y  su  resultado es opuesto, en orden a  examinar   de   manera  oficiosa  la  posible  vulneración  de  las  garantías  fundamentales  del procesado, tal como se dijo en la parte considerativa de esta  decisión.   

NOTIFÍQUESE y CÚMPLASE  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA   DEL  ROSARIO        GONZÁLEZ       MUÑOZ   

GUSTAVO  ENRIQUE  MALO  FERNÁNDEZ   

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Según  se explica en el escrito de acusación, se trata de contenedores de paso  temporal   por   el   país  que  se  desembarcan  con  el  fin  de  reubicarlos  posteriormente dentro de la misma motonave.   

2 Así  consta en el escrito de acusación a folio 5 del Cuaderno No 1.   

3  Folios 1 al 12 Ib.   

4  Folios 24, 25, 33 y 36 Ib y récord 57:10 en adelante.   

5  Folios 126 a 130 Ib.   

6  Folios 70 a 75 Cuaderno No 2.   

7  Folios 81 a 86 Ib.   

8  Folios 95 a 102 Ib.   

9  Folios 225 a 320 Ib.   

10  Encargado de vigilar los contenedores que llegan al puerto.   

11 Se  refiere  a  un  pronunciamiento  de  esa  misma  Corporación  que  condensa  la  jurisprudencia  de  la  Corte  inserta en CSJ SP, 30 ene. 2008, rad. 27192 y CSJ  SP, 20 ene. 2010, rad. 33989.   

12  Folio 288 Cuaderno No 2.   

13  Folios 314 a 318 Ib.   

14 Cfr  CSJ  AP,  15 Jul. 2007, rad.  27383,     y    CSJ    AP,    4    Mar.2009,   rad.  31109.     

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