AP924-2015 (43160)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Magistrado Ponente  

AP924-2015  

Radicación N° 43160  

Aprobado Acta Nº 77  

Bogotá.  D.C, veinticinco (25) de febrero de  dos mil quince (2015).   

Decide la Sala acerca de la admisión   de   la  demanda  de  casación  presentada  por el apoderado de la Parte Civil contra  la  sentencia  emitida  en  el Juzgado Segundo Penal del Circuito de Facatativá  que    confirmó   la   emitida   en   el   Juzgado   Promiscuo   Municipal   de  Cachipay                 (Cundinamarca),  mediante la cual fueron  absueltos   PEDRO   JOSÉ  AFRICANO  ROSAS,  JOSÉ    ANTONIO    HERNANDEZ    NIÑO     y     CARLOS    ARMANDO    ESTEPA  MATIZ  respecto del delito  de daño en bien ajeno.   

I.   SÍNTESIS  FÁCTICA Y PROCESAL   

1.  Según  se  extrae de la actuación el 20  de   abril  de  2006  Héctor  Jaime  Gómez  Garzón  formuló  denuncia  con  base  en  que,  de  acuerdo  con  el  dicho  de terceras  personas, en la    finca    “La   Piedad”,  vereda  Pozo  Hondo  de  Anolaima  (Cundinamarca),  de  la  cual  es  poseedor, un día de  marzo  fueron  vistos PEDRO  JOSÉ  AFRICANO ROSAS, JOSÉ  ANTONIO     HERNANDEZ    NIÑO    y    CARLOS  ARMANDO ESTEPA MATIZ “ahondando”  una  zanja  —realizada  inicialmente  por  los  dos últimos el año anterior—   sobre  el  dique  construido  por  él en el límite de su predio  para  contener las aguas de un humedal localizado al interior del mismo, acción  con   la   que  adujo  le  habrían  ocasionado  un daño irreparable al crestón  pues   “debe  removerse  en  su totalidad para hacerse de nuevo”1.   

2.  Por     los     referidos    sucesos,    tras    la    vinculación  legal  mediante  indagatoria  de  los tres sindicados  atrás    citados,    el    7    de    mayo  de  2010 la Fiscalía General de la  Nación   calificó   el  mérito  del  sumario  con  preclusión  de  la  instrucción, decisión revocada en segunda instancia el 27  de  septiembre  siguiente,  para  en  su  lugar  proferir  respecto de aquéllos  acusación  como presuntos autores del delito de daño en bien ajeno descrito en  el   artículo   265  del  Código  Penal,   pliego   de   cargos  que  cobro  ejecutoria  el  1º    de   diciembre   del   señalado  año2.   

3.  La  fase de la causa se adelantó en el Juzgado Promiscuo Municipal  de       Cachipay      (Cundinamarca),  cuyo  titular  el  22  de  febrero  de 2013 emitió en favor de  AFRICANO     ROSAS,  HERNANDEZ   NIÑO   y  ESTEPA  MATIZ  sentencia  absolutoria,  providencia  que  impugnada  por  el  apoderado  del  denunciante,  constituido   en   Parte   Civil,   fue   confirmada   el   19   de   septiembre  siguiente  en  el Juzgado Segundo Penal del Circuito  de  Facatativá,  y contra el fallo de segundo grado  el    mismo   sujeto   procesal   interpuso   el   recurso   extraordinario   de  casación3.   

II. LA DEMANDA  

4.  Empieza el  censor  por  señalar  que acude a este mecanismo por la vía excepcional con el  fin   de  “desarrollar  la  jurisprudencia  y  las  garantías  fundamentales,  en  especial el derecho de las víctimas”,  y  desde  tal perspectiva asegura que en el fallo atacado se  incurrió   en   violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  “por     falso    raciocinio”    al  “desconocer  los  postulados de la sana crítica y  las    máximas    de    la   experiencia”   pues  “no  se le dio el alcance real a las declaraciones  de   los   testigos”,   las   cuales  el  ad-quem  “tergiversó  y acomodo para crear en su mente una  presunta   duda   en   la   identidad   de   las   personas  que  cometieron  el  punible”.   

Se      refiere      al contenido de las indagatorias de los  procesados  y  del  testimonio de Vicente Parra para  señalar  que  de acuerdo con algunas manifestaciones de unos u otro, de acuerdo  con  la  sana crítica y la lógica puede deducirse que aquéllos sí estuvieron  en  el  lugar  de los hechos, razón por la que solicita casar el fallo atacado,  dado  que  el  juez  de  segundo  grado “violó las  consideraciones  de  la  sana  crítica  y  las  reglas  de la experiencia al no  concluir  necesariamente”  que  los procesados son  los autores del delito endilgado.   

III. CONSIDERACIONES  

5.  En  cualquier régimen el recurso de  casación  atiende  a  unos  fines  superiores  cuales son la reparación de los  agravios  inferidos  a las partes con la sentencia censurada, la incolumidad del  derecho  material  y de las garantías fundamentales de los intervinientes en la  actuación, y la unificación de la jurisprudencia.   

Sin  embargo eso no significa que este sea  un  mecanismo  de  libre  configuración, desprovisto de todo rigor, y que tenga  como  objetivo  abrir  un  espacio  procesal semejante al de las instancias para  prolongar   el   debate   respecto  de  los  puntos  que  han  sido  materia  de  controversia,  pues ha de  resaltarse  que  al  proponer el recurso el censor debe sujetarse a las causales  taxativamente  señaladas  en el ordenamiento procesal, y con observancia de los  presupuestos   de   lógica   y   argumentación   inherentes   a   cada  motivo  extraordinario,  persuadir a la Corte de que a raíz de la decisión cuestionada  urge    hacer    efectiva    alguna    de    aquellas    finalidades.   

La  Sala observa que en el presente asunto  el   impugnante   no   atendió   las  exigencias  previstas  en  la  ley  y  la  jurisprudencia  para  la  acreditación  objetiva  de  un  vicio  susceptible de  denunciar ante esta sede.   

6. De  entrada  es  necesario destacar  que  de  conformidad  con lo  normado  en  el  inciso  1º  del  artículo 205 de la Ley 600 de 2000, estatuto  vigente    en    el    lugar    y    época   en  que  ocurrieron  los  hechos  debatidos,  el  recurso  extraordinario  de  casación  es viable contra sentencias proferidas en segunda  instancia  por  los tribunales superiores de distrito judicial y por el Tribunal  Penal  Militar  por  delitos  que tengan señalada pena privativa de la libertad  cuyo  máximo  exceda de  ocho       (8)  años.   

Cuando  el  fallo  de  segundo grado no es  emitido  por  los  aludidos despachos o el delito por el que se procede consagra  una  sanción  privativa de la libertad de ocho años  o  inferior,  el  inciso tercero del citado precepto  faculta     a     la     Sala     para     admitir  discrecionalmente  las  demandas  de  casación  que  cumplan   con   los  demás  requisitos,  siempre  que  sea  necesario  para  el  desarrollo    de   la   jurisprudencia   o  la  garantía  de  los  derechos  fundamentales.   

Como  en  el  presente  asunto la conducta  punible por la que fueron acusados de la cual fueron  absueltos   en   ambas  instancias  los  procesados  es  la  de  daño  en  bien  ajeno,  para  la  cual  el legislador fijó una pena  máxima       de       cinco       (5)  años  (Ley   599   de   2000,   artículo   265),  el  recurso   extraordinario   sólo   era   posible  intentarlo  a  través  de  la  casación  excepcional,  modalidad  que  el  sujeto  procesal  recurrente  se  limitó  a  enunciar,  pero  que en manera alguna sustentó su viabilidad dentro  del presente asunto.   

En      efecto,      acerca  de  la  casación excepcional o  discrecional  de  tiempo  atrás  tiene precisado la  Corte  que  una  disertación  con  la  que  se  aspire  a persuadirla acerca de  su procedencia debe estar  dirigida  a  hacerle ver la necesidad de su pronunciamiento, en forma tal que si  se  trata  de reclamar la garantía de un derecho fundamental, le corresponde al  recurrente  señalar  el  o  los  que  fueron  desconocidos,  indicar las normas  constitucionales      y/o      legales      que     los     protegen,   y   la  determinación  que  debe  adoptarse  para  su  salvaguarda; y si el motivo invocado es el desarrollo de la  jurisprudencia,  debe  puntualizar  el tema jurídico que requiere definición o  precisión,  sea  porque es nuevo o porque existen posiciones opuestas que deben  ser  unificadas  para la acertada solución del asunto debatido y frente a casos  futuros.   

Además,   atendiendo  el  principio  de  limitación  inherente  a  este  recurso extraordinario, así como a su esencial  naturaleza  rogada,  la  demanda  también  tiene  que  elaborarse con el debido  acatamiento  a  los  requisitos  formales establecidos en el artículo 212 de la  Ley  600  de  2000, esto es, respetando las reglas de formulación, desarrollo y  demostración  de  las  causales  de  impugnación de que trata el artículo 207  ibídem.   

Lo  anterior  porque  de  otra  manera  no  podría  entenderse  cumplido  el requisito de sustentación, pues si se reclama  el   pronunciamiento   de   la   Sala  sobre  la  protección  de  los  derechos  fundamentales  o  un  específico  tema,  es  apenas elemental que la censura le  permita  examinar  en  concreto  uno o los dos puntos que la habilitan. En otras  palabras,  debe  haber  perfecta conformidad entre el fundamento de la casación  excepcional  —desarrollo  de  la  jurisprudencia  y/o  protección de garantías fundamentales—,  la específica censura formulada  contra  el  fallo  atacado y, por consiguiente, el desarrollo argumental para la  demostración    de   esa   réplica,   ejercicio   argumental   que,  se  reitera,  no  fue plasmado en parte alguna del escrito   estudiado   por   el  aquí  demandante.   

7.   Pese  a  que  lo  anterior  sería  suficiente  para  inadmitir  el libelo, impera agregar que como la inconformidad  evidenciada   en   la  queja  se  relaciona  con  la  valoración  de  las  pruebas,  desde tal perspectiva  surge  también  indiscutible  la  impertinencia del  recurso  extraordinario  por  vía  discrecional, como mecanismo instituido para  preservar  garantías  fundamentales,  ya  que,  cuando se trata de simples   discrepancias  probatorias,  como  en  este  caso,  la  demanda no tiene ninguna posibilidad de ser admitida,  dado  que,  como  de  tiempo  atrás  lo  ha  sosteniendo  la Sala (CSJ.  AP,  27  Mar  2007,  Rad.  26651  y  AP,  9  Nov.  2009, Rad.  29155):   

[L]os  reparos  relacionados  con  la  apreciación de la prueba, (…) por cuanto no significan  una  afrenta  directa  a  los  derechos  fundamentales  del  debido proceso y de  defensa,  pues  el agravio se mediatiza por el establecimiento de los errores de  juicio  en  la  estimación de las pruebas, no pueden tenerse como sustentación  válida  del  recurso  de  casación  discrecional.  Este  medio de impugnación  excepcional,  sólo  se  justifica  por  la  urgencia  de  proteger los derechos  fundamentales  conculcados,  si  el  daño  se  pone  en  evidencia  con la sola  indicación descriptiva del escrito de sustentación.   

Los  giros  de  fundamentación  por  la  apreciación  de  la  prueba,  dada la indeterminación de los resultados por la  posibilidad   de  meras  discrepancias  valorativas,  no  pueden  ser  argumento  suficiente    para    reclamar   una   casación   sujeta   a   tan   singulares  necesidades.   

Y por lo tanto:  

[E]n   principio,   las   posibilidades  reconocidas  en la jurisprudencia para acceder a la casación discrecional no se  extienden  a  las  hipótesis  planteadas en la demanda, es decir, a discutir la  valoración  judicial  de  los elementos de convicción, porque en esa labor los  jueces  cuentan con la relativa libertad que se desprende de la sana crítica, a  no  ser  que  se  proponga  que  sus deducciones son producto de una motivación  aparente,  falsa  o  ausente,  supuesto  que  determinaría,  en  caso de que se  demuestre  y  aparezca  concretado,  la  consolidación  de  un  quebranto a las  garantías,   en  cuanto  obedecerían  tales  deducciones  a  la  arbitrariedad  —ajena  a  un  estado  democrático    y    constitucional—    y    no    a   la   razón   y   a   la   justicia.  (CSJ. AP  7   Feb.   2007,   Rad.   26493  y  AP  20  Feb.  2008,  Rad.  29008).   

Además  de lo  anterior,  es  necesario  destacar  que  aun  si, en  gracia  de  discusión, la Sala examinara la queja desde la perspectiva de haber  incurrido  el ad-quem en una valoración falsa o sofistica, a lo cual apuntaría  la  invocación  por  parte  del  actor  de presuntos  yerros  de  valoración  probatoria, la verdad es que  los      escuetos  planteamientos  tampoco ilustran con rigor y claridad  acerca  de  la objetiva y probable estructuración de  dislates     de     esa    naturaleza,    determinantes    de    una    equivocada    declaración    de  justicia.   

El   actor   se  limitó  a  invocar  la  configuración   de   un  falso  raciocinio,  pero  no  consignó  un  ejercicio  argumental  para  señalar la específica regla de la lógica, ley de la ciencia  o  máxima  de la experiencia que resulto indebidamente aplicada por el fallador  en  las  deducciones  hechas  a  partir de la contemplación fiel y objetiva del  contenido  las indagatoria de los procesados o la declaración de Vicente Parra,  elementos  de  persuasión  respecto  de  los  cuales  en  abstracto refirió la  ocurrencia del vicio deprecado.   

Además que acerca de los citados elementos  de        conocimiento        también       afirmó       su       tergiversación por parte del ad-quem,  confundiendo  así  el  inicial  yerro  alegado con un posible dislate por falso  juicio  de  identidad,  especie de error de hecho en  relación  con  la  cual tampoco plasmó un ejercicio  de     confrontación     veraz    e    imparcial    entre    el    fidedigno   contenido   de    esas   pruebas   y   lo  que  respecto  de cada una postuló  el  juzgador  como  fuente  de  demostración de las  circunstancias  fácticas  relevantes  del  caso, en  aras  de  evidenciar el actor que fueron recortados         apartes  trascendentes (falso juicio de  identidad    por    cercenamiento),   o          adicionadas   con   circunstancias  fácticas  ajenas   a   su   tenor  (falso juicio de identidad por adición),      o      cambiado  el  sentido  fidedigno  de  su  expresión material (falso   juicio   de  identidad  por  tergiversación).   

Dicho  en  pocas  palabras,  en las parcas  afirmaciones  que  componen  la  sustentación  de  la  queja  no  se observa un  desarrollo  argumentativo semejante al requerido para  demostrar   un   vicio   concreto   de  estimación  probatoria,  ya por errores de hecho (falso juicio de  identidad,   falso   juicio   de  existencia,  y  falso  raciocinio)  ora  de  derecho  (falso  juicio  de  legalidad  y  falso  juicio de convicción), pues, en  últimas,  el  censor  se  limitó  a  criticar  las  consideraciones  del  ad-quem  de  manera subjetiva y  descontextualizada,     y     a    poner    de    presente    su    interesado  criterio  valorativo  con  la  pretensión  de hacerlo  prevalecer  frente  al  plasmado  en  la sentencia de  segunda   instancia,  fin  para  el  que  no  está  concebido  el recurso extraordinario en cualquiera de  sus modalidades.   

8.    En   conclusión,   como        el       demandante  no demostró, como lo exige  la  jurisprudencia  en  eventos  como el presente, la configuración objetiva de  vicios   graves   y   trascendentes   en   la   valoración   de   los   medios   de   prueba,          deviene perentorio el rechazo de la demanda,  al tenor de lo normado en el artículo 213 de la Ley 600 de 2000.   

Lo  anterior no impide a la Corte precisar  que  no  observa,  con  ocasión  del  trámite  procesal o del fallo impugnado,  vulneración   de   los   derechos   fundamentales  inherentes  al  sujeto        procesal   impugnante,  como  para  que  sea  necesario  el  ejercicio  de  la  facultad  legal  oficiosa  que  le asiste para  conjurar algún atentado de esa estirpe.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

NO  ADMITIR la  demanda  de  casación interpuesta por el  apoderado de la Parte Civil contra la  sentencia  emitida  en  el Juzgado Segundo Penal del Circuito de Facatativá que  confirmó  la emitida en el Juzgado Promiscuo Municipal de Cachipay (Cundinamarca),   mediante   la  cual  fueron     absueltos    PEDRO    JOSÉ    AFRICANO  ROSAS,   JOSÉ  ANTONIO  HERNANDEZ  NIÑO y CARLOS  ARMANDO      ESTEPA      MATIZ      respecto del delito de daño en bien ajeno.   

Contra  esta  decisión no procede recurso  alguno.   

Notifíquese   y   cúmplase.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

PRESIDENTE  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA     DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Cuaderno # 1, folios 1 y 2.   

2  Ídem,   folios  3,  5,  95,  102-104,  105-107,  108-110,  251-261,  293-298  y  313-316.   

3  Cuaderno        #        2,       folios           618-630   y   640-653.   Cuaderno   del  Tribunal,    folios    11-40    y    51-54.     

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