AP907-2015(45244)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Magistrado  Ponente   

AP907-2015  

Radicación     n°     45244   

(Aprobado Acta No.  077)   

         Bogotá, D.C.,  veinticinco  (25)  de  febrero  de  dos  mil  quince  (2015).   

V   I   S   T   O  S   

Decide la Sala sobre la admisibilidad de la  demanda  de casación presentada por el defensor de Marcos Gómez Delgado contra  la  sentencia  dictada  por la Sala Penal del Tribunal Superior de Cundinamarca,  por  cuyo  medio  se confirmó integralmente la proferida por el Juzgado Primero  Penal  del  Circuito  de  Conocimiento  de  Facatativá,  que lo condenó por el  delito de tráfico, fabricación o porte de estupefacientes.   

HECHOS  

         El  5  de abril de 2014, aproximadamente a las 2:05 pm, uniformados  adscritos  a  la  estación  de  policía  de Cachipay  (Cundinamarca),  fueron alertados telefónicamente por un ciudadano sobre que en  la  carrera  3 con calle 3 de dicho municipio, frente al local de «Servientrega»,  se  hallaba  un sujeto,  cuya  descripción  suministró,  dedicado a la venta de estupefacientes, por lo  que  localizado  y sometido a registro personal quien se identificó como Marcos  Gómez   Delgado,  los  policiales  hallaron  oculta  en  sus  ropas  una  bolsa  trasparente  contentiva de sustancia vegetal de características semejantes a la  marihuana,   procediéndose  a  su  captura.  Practicada  la  prueba  preliminar  homologada               –PIPH–  a la  sustancia  incautada,  dio resultado positivo para marihuana con un peso neto de  40.8 gramos.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.   Por  los  anteriores  hechos,  el  6 de abril de 2014, ante el Juzgado Promiscuo Municipal  de  Quipile  (Cundinamarca),  una  vez  legalizada  la  captura de Marcos Gómez  Delgado,  la  fiscalía  le  formuló  imputación  como  autor  del  delito  de  tráfico,  fabricación  o  porte  de  estupefacientes  (art.  376,inc. 2º, del  C.P.),   en   la   modalidad  de  «venta»; quien aceptó los cargos.   

         Seguidamente,  a  petición  de la representante del ente acusador,  se   le   impuso   medida   de   aseguramiento   privativa  de  la  libertad  en  establecimiento de reclusión.       

         2.El  12  de  junio  de  2014,  ante  el  Juzgado  Primero  Penal del Circuito de Conocimiento de Facatativá, se cumplió  la  audiencia en la que se verificó la legalidad del allanamiento y se escuchó  a  las  partes  para  los  fines señalados en el artículo 447 de la Ley 906 de  2004,  luego  de  lo cual se dictó sentencia en la que se condenó al procesado  Marcos  Gómez  Delgado  a las penas principales de 56 meses de prisión y multa  de  1.75  SMLMV, así como a las accesorias de inhabilitación para el ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  y  prohibición  de  consumir  sustancias  estupefacientes  por  el  mismo  término  de  la privativa de la libertad, como  autor   del   delito   por  el  que  se  allanó,  negándosele  los  mecanismos  sustitutivos  de  la  suspensión  condicional  de la ejecución de la pena y la  prisión domiciliaria.   

         3.  Apelado el fallo por el defensor del  incriminado,  en  sentencia  adiada 20de agosto de 2014, el Tribunal Superior de  Cundinamarca lo confirmó en su integridad.   

         4.  Contra  la  anterior  decisión,  el  abogado   que  representa  los  intereses  del  acusado  Marcos  Gómez  Delgado  interpuso recurso de casación.   

SÍNTESIS DE LA DEMANDA  

Señalando   como   fines   del   recurso  extraordinario  la  efectividad  del  derecho  material  y  el  respeto  de  las  garantías    fundamentales    de    su   representado   a   la   «libertad,      legalidad,     interpretación     [y]     seguridad  jurídica»,  que estima conculcadas con la decisión  de  los  juzgadores  de  instancia,  al  negar  a  su  representado el mecanismo  sustitutivo  de  la  prisión  domiciliaria,  el  demandante formula un reproche  contra  la sentencia de segundo grado al amparo de la causal primera prevista en  el  artículo  181  de  la  Ley  906  de  2004, que se sintetiza de la siguiente  manera:   

Cargo      Único.     Acusa  al  Tribunal  de haber incurrido en la violación directa de  la  ley sustancial por aplicación indebida del inciso 2º del artículo 68A del  Código  Penal,  modificado  por  el  artículo  32  de la Ley 1709 de 2014, que  establece  los  eventos  de exclusión de beneficios y subrogados penales, entre  ellos el de la prisión domiciliaria.   

         Expresa  que el yerro se origina en que los juzgadores de instancia  concluyeron  la  improcedencia  de  otorgar  a  su  defendido el sustituto de la  prisión  domiciliaria,  bajo  la  consideración de que el delito por el que se  procede   se   encuentra   enlistado   en   el   precepto   citado  ut  supra,  valga decir, porque se trata  de  uno  relacionado  con  el  tráfico  de estupefacientes, cuando tal no es el  alcance que se le debe dar a dicha norma.   

La  interpretación  adecuada es, según el  censor,  que  no  procede reconocer la prisión domiciliaria como sustitutiva de  la  prisión  a  favor  del sentenciado que registre antecedentes penales, valga  decir,  sentencias  condenatorias  ejecutoriadas  por  delito doloso en el lapso  indicado  en el precepto o por alguno de los ilícitos relacionados en su inciso  segundo.   

         En  sustento  de  tal  afirmación  refiere  que  de acuerdo con la  exposición  de motivos de la mentada reforma legal, que se encarga de citar, su  propósito  no es otro que favorecer con los mencionados sustitutos y beneficios  penales  la  situación  jurídica del delincuente primario, brindándole de esa  manera  una  oportunidad para redimirse, mientras que a quienes son proclives al  delito  se  les  impide  acceder a tales mecanismos, o en palabras de uno de los  ponentes   «que  los  antecedentes  pesan  para  los  efectos   de   [otorgar]   los   beneficios   y  subrogados  penales».    

         En  ese  orden  destaca,  que  como  su  representado no registraba  antecedentes  penales  cuando  se  le  condenó  en  la  presente actuación, de  acuerdo  con  lo  normado  en el inciso 2º del artículo 68A del Código Penal,  modificado  por  el  artículo  32  de  la  Ley 1709 de 2014, era jurídicamente  viable  reconocerle  a su favor el sustituto de la prisión domiciliaria, pese a  que  el  delito  por  el que se procede esté enumerado en el citado canon, pues  para  sostener  lo  contrario  se  requería  que  aquel  presentara una condena  previa.    

         Considera  que  los falladores de instancia vulneraron el principio  de  legalidad,  respecto  del cual cita doctrina autorizada sobre su contenido y  alcance,  así  como  las  normas  constitucionales,  tratados internacionales y  legales  que lo consagran, toda vez que al examinar los requisitos para conceder  la  prisión  domiciliaria  establecidos  en  el  artículo 23 de la pluricitada  normativa,  que  adicionó  el  artículo 38B al Código Penal, en particular el  numeral  2º  que reza «que no se trate de uno de los  delitos  incluidos  en  el  inciso  2º  del  artículo  68A  de  la  Ley 599 de  2000»,  no  tuvieron  en cuenta la totalidad de este  último  precepto  que  establece  los  casos  de  exclusión  de  subrogados  y  beneficios  penales,  sino  que  tomaron en cuenta únicamente el listado de las  conductas  punibles,  por  lo  cual  le  dieron  un  alcance que no corresponde,  inmiscuyéndose   en   funciones   propias   del  legislador  y  realizando  una  interpretación  restrictiva que va en contravía de los principios pro     homine     y     pro libertatis.     

Por  tanto,  solicita  a  la Corte casar la  sentencia   confutada   y,  en  su  lugar,  reconocer  al  acusado  Marcos  Gómez Delgado el sustituto de la  prisión  domiciliaria,  por  reunir  el mencionado los requisitos señalados en  los artículos 23 y 32 de la Ley 1709 de 2014.     

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1. Conforme a la  normativa  recogida  en  el Código de Procedimiento Penal de 2004, la casación  se  establece  con una doble connotación, tanto de control constitucional, como  legal  de  las sentencias proferidas en segunda instancia, en orden a consolidar  la  efectividad  del  derecho  material,  el  respeto  de  las garantías de los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  éstos  y  la  unificación de la jurisprudencia.      

Ahora bien, sin perjuicio de la facultad que  la  ley otorgó a la Sala de Casación Penal de la Corte de superar los defectos  de  la  demanda para decidir de fondo en aquellos eventos en que los fines de la  casación,  su  fundamentación,  posición  del impugnante dentro del proceso e  índole   de   la   controversia   planteada,   así  lo  ameriten,  el  recurso  extraordinario  no  es  un  mecanismo  carente de rigor.       

En  efecto,  la  casación  penal  no puede  entenderse  como  una  instancia  adicional  para  debatir  aspectos  que fueron  materia  de  controversia, o como facultad ilimitada para revisar el proceso; ni  la  demanda  puede  elaborarse utilizando un discurso de libre composición, por  el  contrario, dado el carácter extraordinario y rogado del recurso, en el cual  se  examina  la legalidad de la sentencia, está ligado a causales taxativas que  tienen  contenidos  propios,  referidas  a  vicios  sustanciales  o  procesales.  Además,  en  el  desarrollo  de  cada  uno  de los reparos formulados, se deben  cumplir  unos  requisitos  mínimos  de lógica y adecuada fundamentación, cuyo  desconocimiento  conlleva  a su inadmisión, como lo establece el inciso 2º del  artículo 184 del Código de Procedimiento Penal de 2004.   

Es  así  que  según  el  citado precepto,  mediante  decisión  motivada  la  Corte  está  facultada  para  no seleccionar  aquellas  demandas  que se encuentren en cualquiera de los siguientes supuestos:  «Si  el  demandante carece de interés, prescinde de  señalar  la  causal,  no  desarrolla los cargos de sustentación o cuando de su  contexto  se  advierta  fundadamente  que  no  se precisa del fallo para cumplir  algunas de las finalidades del recurso.»   

Significa   lo   anterior,  que  dada  la  preponderancia  de los fines del recurso extraordinario en la sistemática de la  Ley  906  de  2004,  aun cuando la demanda de casación no reúna las exigencias  formales  y sustanciales, la Corte puede superar sus defectos y decidir de fondo  el  asunto  si lo advierte necesario en orden a garantizarlos; y de igual forma,  no   obstante   cumplir   el   libelo   los   requisitos  de  lógica  y  debida  fundamentación,  procede  su  inadmisión  si de acuerdo con dichos fines no se  precisa de un fallo de mérito.    

2.En primer lugar  debe  advertirse  que la sentencia confutada se profirió anticipadamente, fruto  del  allanamiento  a  cargos del acusado, por lo cual el interés jurídico para  recurrir  se  limita  a  aspectos  relacionados  directamente con el monto de la  sanción  y  los  mecanismos  sustitutivos  de  la  pena intramural –subrogado de la condena de ejecución  condicional  y  prisión  domiciliaria–1   

, además que también es posible denunciar  la  vulneración de garantías fundamentales, exigencia que se cumple en el caso  examinado,  puesto  que  la  discusión propuesta por el demandante, tanto en la  impugnación  de  la sentencia de primera instancia como en sede extraordinaria,  gira  en  torno  al  reconocimiento  de  la  prisión domiciliaria a favor de su  prohijado.   

3.  La  Corte de  entrada  anuncia  que  la demanda se inadmitirá porque el impugnante no postula  ni  desarrolla  adecuadamente  el cargo formulado contra la sentencia de segundo  grado,   en   tanto   incurre   en   protuberantes   falencias,  según  pasa  a  explicarse.   

         

3.1   De  la  violación  directa  de  la  ley.   

Conviene rememorar que esta Corporación ha  sostenido  reiteradamente  que  cuando  se  acude  a  la  senda de la violación  directa  de  la  ley sustancial, el libelista debe aceptar los hechos declarados  en  el  fallo  recurrido  y  abstenerse  de cuestionar la valoración probatoria  realizada  por  los  sentenciadores  de  instancia,  por  lo  cual  el debate se  circunscribe  a  la  aplicación  del  derecho,  sin  que tengan cabida aspectos  relacionados  con  la  credibilidad  de  los  elementos de juicio o el acontecer  fáctico  (CSJ AP, 9 May. 2012, Rad. 37987; CSJ AP, 10 Jul. 2013, Rad. 41411; y,  CSJ AP, 11 Dic. 2013, Rad 42737; entre otras).   

         

         En  esa  medida,  la labor de demostración del vicio deberá estar  orientada  a  evidenciar  que  el  juzgador  seleccionó una norma que no era la  llamada   a   gobernar   el   asunto  –aplicación    indebida–,  omitió  otra  que  sí  resolvía  los extremos de la relación  jurídico  procesal –falta  de  aplicación  o  exclusión evidente–   o,   habiéndola  escogido  correctamente,  le  dio  un  alcance  interpretativo  que  no se deriva del texto de la ley, es decir, le atribuyó un  sentido  jurídico  que  no  tiene  o  le  asignó  efectos contrarios a su real  contenido                –interpretación  errónea–.   

         En  tratándose de la aplicación indebida de un precepto, ésta se  origina  cuando  el  sentenciador  se  equivoca  al calificar jurídicamente los  hechos,  es  decir,  desatina  al  elegir la norma correspondiente. Es, pues, un  error de selección (CSJ AP, 26 Feb. 2014, Rad. 42902).   

         Ahora,  a  fin  de  evidenciar el mencionado yerro en relación con  una  determinada  disposición,  el  esfuerzo  ha  de  orientarse a constatar la  defectuosa  adecuación del supuesto fáctico probado, respecto de la hipótesis  contemplada   en   el   respectivo   precepto   (CSJ  AP,  13  Nov.  2013,  Rad.  41683).   

         Cuando  se  pretende demostrar la falta de aplicación o exclusión  evidente,  corresponde acreditar cuál fue la situación fáctica reconocida por  el  fallador  y  cómo  a pesar de ello dejó de aplicarle la consecuencia en el  derecho,  valga decir, cómo omitió el empleo del precepto que regula el asunto  específico,  señalando  por  qué  la  norma  echada de menos era la llamada a  resolver  el caso y, por ende, debía guiar el examen jurídico (CSJ AP, 29 May.  2013, Rad. 39542 y CSJ SP, 16 Oct. 2013, Rad. 42258).   

         En   relación   con  la  interpretación  errónea,  el  ejercicio  argumentativo  del  impugnante  debe  abordar cuando menos dos aspectos, uno que  ilustre  sobre cuál es el alcance y efectos fijados al precepto, acudiendo para  ello  a criterios de autoridad o doctrinales, más no a su personal comprensión  de  la  norma;  y otro, que demuestre cómo aquellos fueron desconocidos por los  falladores  de  instancia  en la sentencia impugnada (CSJ AP, 11 Dic. 2013, Rad.  37039).         

         Importa  destacar  que  en esa labor se debe tener especial cuidado  en  no confundir el sentido de la violación en cuestión con los eventos en que  por  un error en la interpretación del precepto, se excluye su aplicación o se  aplica indebidamente.   

         Sobre  el  punto  en  mención,  en decisión CSJ AP, 11 Dic. 2013,  Rad. 39989, se señaló:   

Adicionalmente,  es  preciso  mencionar que  como  la  interpretación  errónea  parte  de  la  base  de que la disposición  vulnerada  fue  correctamente seleccionada, no debe confundirse con los casos en  donde  por  dársele un alcance equivocado, no es aplicada o se utiliza en forma  indebida.   

En  efecto,  es  pertinente recordar que la  aplicación  indebida  o la exclusión de una norma se pueden dar a consecuencia  de su errónea interpretación.   

En estos eventos, el yerro de hermenéutica  conduce,  en  punto de la aplicación indebida, a desbordar el verdadero sentido  de  la  disposición  y,  por  ello,  se  la  pone  a  gobernar un asunto que no  contempla.  En  cuanto  hace  a  la exclusión de su aplicación, el error en la  exégesis  del  precepto  lleva a restringir sus efectos jurídicos y por eso no  se la utiliza.   

Ahora, cuando se alega que como fruto de la  interpretación  de  la norma se incurre en su aplicación indebida, corresponde  al  impugnante (i) precisar el aspecto de derecho objeto del ataque y establecer  la  naturaleza  del  instituto  jurídico  recogido  en  él,  puntualizando  su  ubicación  en el ordenamiento positivo, (ii) especificar cuál fue la exégesis  dada  en  la  sentencia  al  mismo,  (iii)  indicar las razones por las que ella  resulta  equivocada  y  (iv)  explicar  porqué  la comprensión propuesta en la  demanda   es   la  correcta,  lo  que  impone  demostrar  la  coherencia  de  la  interpretación  formulada  por  el  actor  frente  a las categorías jurídicas  relacionadas  con  la temática y respecto del universo regulatorio inherente al  punto de derecho cuestionado.   

         3.2 El caso concreto.   

         El  recurrente  denuncia  que el Tribunal se equivocó al negarle a  su  defendido  el  mecanismo  sustitutivo  de  la  prisión domiciliaria bajo la  consideración  de  que el procesado no cumplía con el requisito previsto en el  numeral  2º del artículo 38B del Código Penal, adicionado por el artículo 23  de  la  Ley  1709  de  2014,  debido  a  que el delito por el que se le condenó  –tráfico, fabricación o  porte      de      estupefacientes–se  encuentra  enlistado  en  el  inciso  2º del artículo 68A del  Código    Penal,    modificado   por   el   artículo   32   de   la   referida  normativa.   

         Una   primera   observación  que  corresponde  hacer  al  reproche  propuesto,  es  que  el  libelista  no  debió  postularlo  con fundamento en la  aplicación  indebida de la ley sustancial, puesto que no llama a equívocos que  el  inciso 2º del canon 68A del Código Penal, con la modificación introducida  por  la  Ley  1709, en concordancia con artículo 23 del precitado estatuto, que  contempla  los requisitos para otorgar el sustituto de la prisión domiciliaria,  cuyo  reconocimiento  deprecó la defensa del procesado Gómez Delgado, eran las  normas llamadas a regular el caso particular.   

         Situación  bien  distinta,  como  se  avizora  del  contexto de la  demanda,  es  que  el  impugnante  considere  que los juzgadores de instancia le  dieron  a  las  normas  citadas un alcance interpretativo que no se deriva de su  texto,   yerro  que,  en  gracia  de  discusión,  debió  formularlo  bajo  los  parámetros   propios   de  la  interpretación  errónea,  frente  al  cual  le  correspondía  ilustrar a la Sala sobre el alcance y efectos fijados al precepto  en  la  jurisprudencia  o la doctrina autorizada, y cómo fueron desatendidos en  el fallo rebatido.   

         Sin  embargo,  su  esfuerzo argumentativo resulta inane en ordena a  demostrar  el  supuesto  dislate, puesto que si bien intenta una interpretación  teleológica  o  finalista,  es  decir,  escudriña  los propósitos que tuvo el  legislador  para  expedir la Ley 1709 de 2014, valiéndose para tal efecto de la  exposición  de  motivos  y  de las actas de los debates en el Congreso, termina  por  expresar  su  personal  comprensión  de  las  normas  en cuestión, con la  pretensión  de  entronizarla  frente  a  la  inteligencia que les otorgaron los  juzgadores  de  primer  y  segundo  grado,  ejercicio  dialéctico  que  resulta  refractario al recurso extraordinario.    

         En  efecto, lo que pretende el casacionista es que la Corte deseche  el  entendimiento  que  el  ad quem le dio al numeral 2º del artículo 23 de la  Ley  1709  de  2014,  en  el  sentido  de que basta que el delito por el cual se  profiere  condena  esté  relacionado  en  el  inciso  2º del artículo 68A del  Código  Penal –Ley 599 de  2000–,  para  concluir  insatisfecho  el  requisito  objetivo que exige el mencionado precepto, en orden  al  reconocimiento de la prisión domiciliaria; y, en cambio, acepte su tesis de  que  aquel no se cumple solo si el condenado registra antecedentes penales, bien  por  cualquier  delito  doloso  dentro  de  los  cinco años anteriores, ora por  alguno  de  los  ilícitos  enlistados  en el inciso 2º del artículo 68A de la  codificación  citada;  pero  se  queda  en  el  enunciado,  porque  no presenta  criterios    de    autoridad    o    doctrinales    que    persuadan    de   tal  propósito.             

         Al  margen  de  las  falencias  de orden formal y sustancial que se  advierten  en  la  postulación  y  desarrollo  del  reproche,  suficientes para  inadmitir  el  libelo,  la  Sala  encuentra  que  tampoco  le  asiste  razón al  demandante, por los siguientes motivos:   

         El  artículo 23 de la Ley 1709 de 2014, que adicionó el artículo  38B a la Ley 599 de 2000, señala:   

Artículo 38B. Requisitos para conceder la  prisión  domiciliaria. Son requisitos para conceder  la prisión domiciliaria:   

1. Que la sentencia se imponga por conducta  punible  cuya  pena mínima prevista en la ley sea de ocho (8) años de prisión  o menos.   

2. Que no se trate  de  uno  de  los  delitos  incluidos  en  el inciso 2º del artículo 68A de la Ley 599 de 2000.   

3.  Que  se demuestre el arraigo familiar y  social del condenado.   

En  todo  caso  corresponde  al  juez  de  conocimiento,  que  imponga  la  medida,  establecer  con todos los elementos de  prueba   allegados   a   la   actuación   la   existencia  o  inexistencia  del  arraigo.   

4.  Que  se  garantice mediante caución el  cumplimiento de las siguientes obligaciones:   

a)   No   cambiar   de   residencia   sin  autorización, previa del funcionario judicial;   

b) Que dentro del término que fije el juez  sean   reparados   los   daños  ocasionados  con  el  delito.  El  pago  de  la  indemnización  debe  asegurarse  mediante  garantía personal, real, bancaria o  mediante acuerdo con la víctima, salvo que demuestre insolvencia;   

c)   Comparecer   personalmente  ante  la  autoridad  judicial que vigile el cumplimiento de la pena cuando fuere requerido  para ello;   

d)  Permitir  la entrada a la residencia de  los  servidores  públicos encargados de realizar la vigilancia del cumplimiento  de  la  reclusión.  Además deberá cumplir las condiciones de seguridad que le  hayan  sido  impuestas  en  la  sentencia, las contenidas en los reglamentos del  Inpec  para  el  cumplimiento  de la prisión domiciliaria y las adicionales que  impusiere  el  Juez  de  Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad.(Resaltado fuera de texto)   

         Atendiendo   al  sentido  literal  del  numeral  2º  de  la  norma  trascrita,  dada  su  claridad,  ninguna interpretación se requiere efectuar en  orden  a  fijar  su  alcance,  pues  de su texto se extrae sin dificultad que el  requisito  allí  contenido  hace alusión a que el delito por el que se proceda  no  esté  relacionado  en  el  inciso  2º del artículo 68A del Código Penal,  modificado  por  el  artículo  32 de la Ley 1709 de 2014; y por parte alguna se  menciona  que  el  reconocimiento  del  sustituto  está  supeditado  a  que  el  sentenciado  carezca  de  antecedentes  penales,  valga decir, que no le figuren  condenas  previas  por  esas delincuencias, pues de haber sido ese el querer del  legislador, así lo habría señalado en el precepto.   

         La  confusión  del  censor  surge  de  la remisión que el mentado  canon  realiza  al  inciso  2º  del  artículo  68A modificado, que prohíbe la  concesión   de  la  prisión  domiciliaria  como  sustitutiva  de  la  prisión  intramural  a  «quienes  hayan  sido  condenados por  delitos  dolosos…», relacionando a continuación un  catálogo  de ilícitos que dada su especial gravedad y superlativa ofensa a los  bienes  jurídicos  tutelados,  excluye  a  quienes  sean  condenados  por  esas  conductas  para ser favorecidos con el supracitado subrogado penal, prohibición  que  también  cobija  al  otorgamiento  de  la  suspensión  condicional  de la  ejecución    de    la    pena    y    de    otros   beneficios   judiciales   o  administrativos.   

         Ese  reenvío  legal  obliga al intérprete a realizar un análisis  sistemático  de  las  normas  que regulan el respectivo mecanismo sustitutivo o  beneficio  penal,  con  la finalidad de establecer su procedencia, por cuanto el  verdadero  alcance  de un determinado instituto puede estar dado, como ocurre en  el  caso  del  subrogado  de  la  prisión domiciliaria, por la articulación de  varios preceptos.   

         En  efecto,  de  una  parte  el  novel  artículo  38B del Estatuto  Punitivo,  señala  los  requisitos  para  conceder  la  prisión  domiciliaria,  mientras  que,  de  otro  lado,  el  modificado canon 68A ibídem, relaciona los  eventos  en que se excluye su aplicación, y mientras el primero establece en el  numeral  2º  una  condición  negativa  para su reconocimiento, esto es, que el  delito  por el que se proceda no figure en el listado que consagra el inciso 2º  del  último  precepto,  éste  a su vez prevé que el sustituto en cuestión no  resulta  aplicable  en  los  eventos  en  que  el  acusado registre antecedentes  penales,  bien  por delito doloso cometido dentro de los cinco años anteriores,  ora         por        alguno        de        los        ilícitos        allí  incluidos.                 

         Tal  regulación,  en principio, supondría una antinomia entre las  referidas  normas, pero su análisis conjunto revela que antes que contradecirse  se  complementan,  ya que si bien ambas se refieren al mismo instituto, lo hacen  desde  diferentes  perspectivas,  pues  en tanto una fija los requisitos para su  reconocimiento,   la   otra  establece  los  casos  en  que  debe  excluirse  su  aplicación.   

         En  esa medida, la Corte encuentra que en las siguientes hipótesis  no procede conceder el referido mecanismo sustitutivo, así:   

         (i)  Cuando no se reúnan las exigencias señaladas en el artículo  38B  del  Código Penal, precisando que el numeral 2º de dicha norma no reclama  la  carencia  de  antecedentes  penales del procesado, sino que el delito por el  que  se  procede, es decir, por el que se emite condena, no esté incluido en el  listado del inciso 2º del artículo 68A ibídem.   

         (ii)   En   los  casos  en  que  el  sentenciado  registre  condena  –antecedentes  penales–   por  delito  doloso  dentro  de los cinco años anteriores (inciso 1º del artículo 32 de la  Ley 1709 de 2014).   

         (iii)   Cuando   al   procesado   le  figure  condena  –antecedentes    penales–   por   alguno   de   los   delitos  relacionados  en  el  inciso  2º  del  artículo  68A  del  Estatuto  Punitivo,  modificado  por  la  Ley  1709  de  2014,  cometido  en  la  modalidad dolosa en  cualquier  tiempo,  pues  en  relación con el aspecto temporal la norma no hace  distinción,  como  sí  ocurre  en el inciso primero respecto de la condena por  otros    ilícitos    distintos    a    los    enlistados   en   el   mencionado  canon.         

         El  anterior  entendimiento  de  las normas que regulan la prisión  domiciliaria,  encuentra  sustento en los propósitos que tuvo el legislador con  la  expedición  de la Ley 1709 de 2014, principalmente el encaminado a conjurar  la  crisis  carcelaria  flexibilizando  la  aplicación  de  algunos  subrogados  penales,  aunque  sin  renunciar  a  las  funciones retributiva y de prevención  especial  de  la pena, en los casos de conductas punibles de mayor gravedad y de  procesados         reincidentes         en         la        comisión        de  delitos.         

         En  efecto, basta revisar las actas de los debates suscitados en el  Congreso  de la República con motivo de la aprobación del actual artículo 38B  del  Estatuto  Punitivo,  para  advertir que el legislador patrio tuvo en cuenta  dos  criterios  para  limitar,  en  determinados  casos,  el  otorgamiento de la  prisión  domiciliaria.  Uno  concerniente a la proclividad a cometer delitos y;  otro,  relativo  a  la  gravedad  de  ciertos ilícitos que generan mayor alarma  social.   

         

         Vale  la  pena  citar  algunos  apartes  de  tales discusiones para  evidenciar  lo  dicho.  En  la  sesión del 29 de abril de 2013, de la Comisión  Primera Constitucional Permanente, uno de los ponentes expresó:   

La  Presidencia concede  el  uso  de  la  palabra, al honorable Representante Germán Varón Cotrino:   

Gracias   Presidenta,   yo  creo  que  la  exposición  que  han  hecho  los  coordinadores  ha sido completa, y solo voy a  recabar    sobre    algunos   temas   que   me   parece   que   vale   la   pena  examinar.   

(…)  

Me  gusta  mucho  y  creo  que es una buena  salida,  el  que se empiece a establecer que los antecedentes pesan para efectos  de  los  beneficios  y  subrogados  penales, es decir, que cuando una persona ya  haya  sido  condenada  no  tendrá  esos  beneficios,  me  parece  de  la  mayor  utilidad     (…).2(Negrilla  y  subraya fuera de  texto)   

         En  sesión  del  18 de junio de 2013, de la Plenaria de la Cámara  de Representantes, otro de los ponentes señaló:   

Intervención     del     honorable  Representante Carlos       Edward       Osorio  Aguiar:   

Señor  Presidente,  este  artículo  [se  refiere  al  artículo  18  del  proyecto  original  que  corresponde  al  nuevo  artículo  38B de la Ley 599 de 2000] ha generado cualquier tipo de inquietudes,  de  preocupaciones,  todas  absolutamente válidas y yo quiero retomar lo que se  planteó en la explicación correspondiente.   

(…)  

Qué pretende este artículo. Este artículo  pretende  revisar  o  ponernos  a  tono  con  una realidad, hay un sinnúmero de  consecuencias  penales, de tipos penales que han visto agravadas sus penas, pero  que  quienes  en  un  momento determinado cumplen una determinada pena o quieren  acceder  a un beneficio no pueden acceder a ellos porque los beneficios quedaron  estancados, quedaron como en suspenso, en el pasado.   

(…)  

En  aras  o  en  consideración  de  las  reflexiones  que  le[s]  he  aquí planteado, se hizo una revisión de los tipos  penales,  además  porque este artículo 18 hay que revisarlo en consonancia con  otro  artículo  que  aquí  aprobamos,  que  es el artículo 22 [corresponde al  artículo  32  del  proyecto  final  de  la  Ley 1709 de 2004, modificatorio del  artículo   68A   del  Código  Penal].  Donde  hay  un  listado  exhaustivo  de  exclusiones  y  básicamente se consideró que podría ser aumentado el tema del  mínimo     para     acceder     a    la    prisión    domiciliaria.   

(…)  

Hoy  lo  que  estamos  tratando  con  este  artículo  18  que ustedes han dispuesto reabrirlo y que finalmente aquí no hay  ningún  interés de absolutamente nada, hay una lista  de   exclusiones  queridos  Representantes  que  están  en  el  [artículo]  22  [corresponde  al  artículo  32  del  proyecto  final  de  la  Ley 1709 de 2004,  modificatorio  del  artículo  68A  del  Código  Penal],  que  blinda cualquier  posibilidad,   cualquier   escape   de   cualquier  persona  a  quien  se  pueda  favorecer,  pero  que  de  alguna manera sí queremos  compadecernos  con  una  política  coherente  criminal.  Pues lo que vamos es a  impedir   que  esas  personas  que  hoy  salen  a  la  calle  con  un  brazalete  electrónico,  puedan estar con esos brazaletes electrónicos pero confinados en  sus   casas,   en   sus   domicilios.   Por   eso  la  razón  de  ser  de  esta  iniciativa.3(Negrilla y subraya fuera de texto)   

         Y   en   esa   misma   ocasión   la   Ministra   de  Justicia,  en  representación   del   gobierno  nacional,  donde  tuvo  origen  la  iniciativa  legislativa en comento, indicó:   

Intervención de la Ministra de Justicia,  doctora Ruth Stella Correa:   

Gracias  Presidente.  Les  decía  que  la  prisión  domiciliaria,  regulada  hoy  por  el  artículo 38 de la Ley 599 de  2000,  está  concebida  para aquellas personas que hayan sido condenadas por un  delito  cuya  pena  mínima  esté prevista en 5 años. La prisión domiciliaria  supone  que  la  persona  debe  permanecer  en el lugar de residencia o en aquel  sitio en el cual el juez la determine.   

(…)  

¿Qué  pretendemos?  unir  en  un  solo  beneficio  el  brazalete  y la prisión. Quien tenga 8 años no irá a cualquier  parte  a  estar  por  la  calle  con  un  brazalete,  sino  que iría a prisión  domiciliaria.  ¿Con qué se adiciona? cuando el Juez lo considere pertinente, y  le  vaya a dar a ese domiciliario la posibilidad de trabajar o la posibilidad de  estudiar,  le  pone  el brazalete electrónico, pero no de manera autónoma como  está hoy en día.   

Si  se  quiere,  incluso la medida es más  restrictiva,  porque  hoy  con  brazalete  electrónico  se puede ir a cualquier  lugar,  mientras  que  con  prisión  domiciliaria  se  tiene  que  estar  en el  domicilio  o  en  el  sitio  que  establezca  el  juez.  Lo  que  se pretende es  simplemente  convertir  ese  beneficio  en uno solo, fusionar la prisión con el  brazalete.   

Adicionalmente  está  el  artículo  22  [corresponde  al  artículo  32  del  proyecto  final  de  la  Ley 1709 de 2004,  modificatorio  del  artículo  68A  del  Código Penal], que establece todas las  excepciones  a  ese  beneficio,  que no hay riesgo de que temas como terrorismo,  trata  de personas, lesiones con ácido, violencia intrafamiliar, todos aquellos  delitos  que  tanto  agreden  a la colectividad, tengan este beneficio porque el  artículo             23            (sic)4   expresamente  señala  que  estarán excluidos.   

(…)  

Esas  son  las  razones  por  las  cuales  señores  Congresistas,  el  Gobierno  Nacional  acompaña esa propuesta. Muchas  gracias   Presidente.(Negrilla  y  subraya  fuera  de  texto)   

         En  esa  oportunidad,   a  propósito  de  las inquietudes que  generaba  la  aprobación del actual artículo 38B del Código Penal, uno de los  congresistas replicó:   

Intervención  del honorable Representante  Juan Manuel Valdés Barcha:   

Gracias Presidente, a mí me parece que la  proposición  es  buena, pero hay que considerar los requisitos como lo ha dicho  el  doctor  Germán  Navas.  Yo quisiera preguntarle a  los  ponentes por qué específicamente en este artículo a manera explícita no  aparecen   esas   condiciones   y  sí  aparecen  en  el  artículo  número  22  [corresponde  al  artículo  32  del  proyecto  final  de  la  Ley 1709 de 2004,  modificatorio  del  artículo  68A  del  Código  Penal].  Entonces,  digamos el  [artículo]  22  hace  relación a éste y hay una correlación, pero sería muy  bueno  para  claridad de la ley, para que no haya lugar a mantos de duda o malas  interpretaciones  que  queden  todos  los  condicionamientos explícitos en este  mismo  artículo, es decir, si son 5 años y bajo qué  condiciones o si van a ser 8 años bajo qué condiciones.   

Porque  hay  que excluir unos delitos y no  queremos  que  precisamente  unas personas que están pagando unas condenas pues  se  cometa  un  exabrupto  y  salgan el día de mañana a la libertad o gocen de  estos  privilegios,  cuando  tendrían  que  estar pagando sus penas.   

Eso  es  lo  más  responsable  de cara al  país.  Entonces  le  pido al coordinador de ponentes, que nos explique por qué  no     están     explícitos     en     este     artículo    los    diferentes  condicionamientos.   

Dirección  de la  Presidencia,  doctor  Carlos Andrés Amaya Rodríguez:   

Con mucho gusto doctor Juan Manuel Valdés.  Tiene usted la palabra doctor Carlos Edward para responder.   

Intervención     del     honorable  Representante Carlos       Edward       Osorio  Aguiar:   

Presidente  muchas  gracias,  es  un  tema  de  organización  dentro  del articulado donde en un  artículo  se  habla de un tema, y en otro artículo se habla de otro tema, pero  obviamente   es   una   unidad  sistemática  Representante  Valdés.   

De  hecho  el artículo 22 [corresponde al  artículo  32  del  proyecto  final  de  la  Ley 1709 de 2004, modificatorio del  artículo  68A del Código Penal] tiene como epígrafe, como título, exclusión  de  los  beneficios y subrogados penales y dice: No se  concederán  los  subrogados  penales  o  mecanismos  sustitutivos  de  la  pena  privativa  de  la  libertad,  la  suspensión condicional de la ejecución de la  pena,  la  libertad condicional, la prisión domiciliaria como sustitutiva de la  prisión,  ni habrá lugar a ningún otro beneficio o subrogado legal judicial o  administrativo,  salvo  los  beneficios  por colaboración regulados por la ley,  siempre  que  esta  sea  efectiva  cuando las personas hayan sido condenadas por  delitos dolosos dentro de los 5 años anteriores.   

Tampoco  tendrán  derecho  a beneficios o  subrogados   quienes   hayan   sido   condenados  por,  viene  un  listado  casi  interminable, pero se los voy a leer que dice:   

Por    delitos   dolosos   contra   la  administración  pública,  delitos  contra las personas y bienes protegidos por  el  derecho  internacional humanitario, delitos contra la libertad, integridad y  formación  sexual, estafa y abuso de confianza que recaiga sobre los bienes del  Estado,  captación  masiva  y  habitual  de  dineros,  utilización indebida de  información   privilegiada,   concierto  para  delinquir  agravado,  lavado  de  activos,  soborno  transnacional,  violencia  intrafamiliar,  hurto calificado y  agravado,  extorsión,  obstrucción  de  vías  que  afecten el orden público,  lesiones   personales   con   deformidad   causadas   con   elemento  corrosivo,  Representante  Stella,  violación  ilícita de comunicaciones o correspondencia  de  carácter oficial y trata de personas. Lo dispuesto en el presente artículo  no  se aplicará respecto de la sustitución de la detención preventiva y de la  sustitución  de  la  ejecución  de  la pena en los eventos contemplados en los  numerales  2,  3,  4  y  5  del  artículo 314 de la Ley 906, que habla de los  preacuerdos,  ni  en  aquellos  eventos de los cuales se aplique el principio de  oportunidad,  los  preacuerdos  y  negociaciones  y  el  allanamiento  a cargos,  es decir, hay un listado exhaustivo de exclusiones de  beneficios  con  los  cuales  cerramos cualquier puerta a las preocupaciones que  les      asisten      a      los      honorables      Representantes.(Negrilla    y   subraya   fuera   de  texto)   

         De  la  anterior  trascripción  surge  patente  que en los debates  realizados  en  el  Congreso  sobre  la aprobación del actual artículo 38B del  Estatuto  Punitivo  que  fija  los  requisitos para la concesión de la prisión  domiciliaria,  ninguna mención hacen los ponentes del proyecto acerca de que el  numeral  2º del mentado canon la supedite a la carencia de antecedentes penales  del  condenado,  sino  que  la ley contempla un catálogo de delitos respecto de  los  cuales  no  procede  su  reconocimiento,  relacionados en el inciso 2º del  artículo  32  de  la Ley 1709 de 2014, modificatorio del canon 68A ibídem, que  no  fueron  incluidos  en  la  norma  citada  ut supra  por  razones  de técnica legislativa, pero que deben  tenerse en cuenta por expresa remisión legal.   

         Además,   como  lo  expuso  uno  de  los  ponentes,  en  orden  al  otorgamiento  del  pluricitado  sustituto se impone un análisis sistemático de  tales  preceptos,  toda  vez  que  mientras uno establece los requisitos para su  reconocimiento  –art. 23  de  la  Ley 1709 de 2014–,  el  otro excluye su aplicación, así como la de otros mecanismos sustitutivos y  beneficios   judiciales   y   administrativos,  a  favor  de  quienes  registren  antecedentes  penales, bien por delito doloso cometido  dentro  de  los  cinco  años  anteriores,  ora  por  alguno  de  los  ilícitos  enlistados   en   su   inciso   2º   –art.     32     de     la     Ley    1709    de    2014–.                 

         Ahora,  como en el presente asunto al acusado Marcos Gómez Delgado  se   le   condenó   por   el  delito  de  tráfico,  fabricación  o  porte  de  estupefacientes  (art.  376, inciso 2º, del C.P.), es claro que no se cumple el  requisito  objetivo  previsto  en el numeral 2º del artículo 38B ibídem, toda  vez  que  dicha  conducta  está  incluida  en  el  inciso 2º del artículo 68A  ejusdem,  por  tanto,  no  se  hace  acreedor  a  la  prisión domiciliaria como  sustitutiva  de  la  prisión  intramural, muy a pesar de que sea un delincuente  primario.    

         Así  las cosas, como en ningún yerro susceptible de ser demandado  en   casación   incurrieron   los   falladores   de   instancia,   se rechazará el cargo.   

         4.  En  conclusión,  las  protuberantes  falencias  de  lógica  y  adecuada  fundamentación  advertidas  en la demanda,  aunado  a  la  falta de demostración de la única censura propuesta, conducen a  su inadmisión.   

         

         5.  Resta señalar que no se observa que  con  ocasión del fallo impugnado o dentro de la actuación se violaran derechos  o  garantías  de  los  intervinientes,  como para que tal circunstancia imponga  superar  los  defectos del libelo en orden a decidir de fondo, según lo dispone  el inciso 3° del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Contra esta decisión procede el mecanismo  de  insistencia,  en  los  términos  establecidos  por la Sala (CSJ AP, 12 Dic.  2005, Rad. 24322).   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR   la  demanda de casación presentada por el defensor de  Marcos Gómez Delgado.   

De  conformidad  con lo dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley 906 de 2004, es viable la interposición del  mecanismo de insistencia en los términos precisados por la Sala.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 CSJ  AP, 30 Abr. 2014, rad. 42189.   

2 Acta  No.  42,  publicada  en  la  Gaceta  del  Congreso  No.  467  del  2 de julio de  2013.   

3Acta  No.  215,  publicada  en  la Gaceta del Congreso No. 751 del 20 de septiembre de  2013.   

4  Se  refiere al artículo 22 del proyecto original.     

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