AP5214-2015(42157)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Magistrado Ponente  

AP5214-2015  

Radicación No. 42157  

(Aprobado Acta No.314).  

Bogotá  D.C., nueve (9) de septiembre de dos  mil quince (2015).   

Se pronuncia la Sala sobre la admisión de la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   JHON  ALEXANDER  MURILLO PEÑA, contra la  sentencia   proferida   por  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bogotá  de  26         de        junio       de      2013,   mediante   la  cual  se  confirmó  integralmente  la  emitida  por   el   Juzgado   Treinta   y   Dos  Penal     del    Circuito  con  Funciones  de  Conocimiento  de la  misma        ciudad       el       20         de         junio   de   2012,   en   la    que   lo   declaró   penalmente  responsable   del  delito  de  concusión   y   lo   condenó   a   la  pena  de  prisión  de  96   meses,  multa  de  66.66     salarios     mínimos  legales mensuales vigentes e inhabilitación para el ejercicio  de   derechos   y   funciones  públicas,  por  un  término  de  80 meses.   

         

ANTECEDENTES FÁCTICOS  

Fueron  resumidos  por  los  juzgadores  de  instancia de la siguiente manera:   

«Indicó   la  Fiscalía    que    el    13   de   agosto   de   2011,   Jhon   Alexánder  Murillo Peña, Patrullero de la  Policía  Nacional  llamó  a  Jairo Andrés Galeano Cárdenas y le informó que  JAO  lo  había denunciado  por  haber  abusado  sexualmente  de  su  hija  D.V.O.,  pero  que  el  caso  se  archivaría  porque  el  dictamen de psicología había salido a su favor. El 22  de  septiembre  siguiente,  Murillo  Peña  llamó nuevamente a la víctima y lo  citó  para el 30 de septiembre a las 6:00 am. En esa fecha le manifestó que el  caso  se  había  complicado  ya  que  el  informe  psicológico  registraba una  anotación  que  lo  afectaba,  pero  que  se  podía  arreglar  y hablar con el  auxiliar del fiscal para su archivo, a cambio de “algo”.   

En la llamada del 3 de octubre, el encartado  le  manifestó  que  para “arreglar el caso” debía entregarle $500.000, par  (Sic)  lo cual acordaron una cita a la vez que  efectuaban  esta  clase de negociaciones. La víctima le entregó $100.000 y los  $400.000  restantes  los dejaron pendientes para (Sic)  15  de  octubre. Dada la insistencia y las exigencias  el  19  de  octubre  de  2011,  Galeano  Cárdenas lo  denunció  ante el grupo Gaula Bogotá, quienes organizaron el operativo y sobre  las  4:30  p.m de esa fecha  capturaron  a  Jhon Alexánder en situación de flagrancia cuando se disponía a  recibir       el       excedente       del      dinero      exigido.»1   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

El  20  de  octubre de 2011, en el Juzgado 13  Penal  Municipal  con  Función  de Control de Garantías de Bogotá2  se legalizó  la  captura  en  flagrancia  de  JHON  ALEXANDER  MURILLO  PEÑA y Mario Pinzón  Puentes;  respecto de éste último, la fiscalía le retiró la acción penal al  no  hallar  elementos  persuasivos  que permitieran determinar la posibilidad de  realizar  imputación  en  su contra, razón por la cual se ordenó su libertad.  Posteriormente  se  celebró  audiencia  de  formulación  de imputación contra  MURILLO  PEÑA  como  coautor  del delito de concusión, decretándose medida de  aseguramiento     privativa     de     la     libertad     en    establecimiento  carcelario.   

El 27 de enero de 2012, la Fiscalía formuló  acusación3  en  contra  de  JHON  ALEXANDER  MURILLO  PEÑA  por  el delito de  concusión.  Ante  el  Juzgado Treinta y Dos Penal del  Circuito  con Funciones de Conocimiento de Bogotá, los  días          23         de         febrero4  y  20  de  marzo5  de  la misma  anualidad,  se  llevó  a cabo la audiencia preparatoria, en la cual se realizó  el  descubrimiento  de  los  elementos  materiales  probatorios  por parte de la  Fiscalía  y la defensa, y se ordenó el registro e incorporación de los discos  compactos  identificados  con  seriales  PSP325PA040815294  y MFP668PD010139914,  teniendo  en  cuenta  que  aunque  los  mismos no habían sido mencionados en el  escrito            de           acusación6   ni   en   la  audiencia  de  formulación          de          acusación7,  habían  sido  oportunamente  descubiertos  por  la  Fiscalía,  y la defensa consideró en la audiencia   preparatoria8    que    el    descubrimiento    había   sido   total9.   

El   juicio  oral  tuvo  lugar  los  días  610  y     2511  de  abril  de  2012.  El  20 de junio de  201212  se  emitió  fallo  condenatorio contra  ALEXANDER     MURILLO     PEÑA     por     el     delito     de    concusión,        imponiéndole  como pena principal 96 meses  de   prisión   y   multa   de   66.66   salarios   mínimos  legales  mensuales  vigentes,  y pena accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas, por un  término de 80 meses.   

El   26   de   junio   de  201313    el  Tribunal   Superior   del   Distrito   Judicial   de  Bogotá  decidió  la  apelación  impetrada  por  el  defensor,  siendo  confirmada  en  su  integridad  la decisión del a quo.   

         

LA DEMANDA  

Se  postulan  dos reproches en la demanda de  casación  presentada  por  el  apoderado  de JHON ALEXANDER MURILLO PEÑA y que  fundamenta de la siguiente manera:   

Primer cargo.  

Con   apoyo   en   la  tercera  causal  de  casación14  estipulada en el artículo 181 de la Ley 906 de 2004, el apoderado  de     ALEXANDER    MURILLO    PEÑA    formula   el  primer  cargo  por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  teniendo  como  base  los  errores  de hecho en que, en su parecer,  incurrieron  los  juzgadores  de primer y segundo grado al momento de evaluar la  prueba.   

Afirma  el  libelista,  que  el  artículo  38115  de  la  Ley  906  de 2004 exige un conocimiento más allá de toda  duda,  acerca  del  delito y de la responsabilidad del acusado, y que constituye  un      desarrollo      al     artículo     7º16 de la misma normatividad, en  donde  están  consagrados como normas rectoras de los principios de presunción  de   inocencia   e   in  dubio  pro  reo,  con los que se busca resguardar al ciudadano de ser condenado sin  haber  sido vencido en juicio y de una decisión que no esté revestida del más  alto nivel de racionalidad.   

Estima que la determinación de condena debe  ser  el  resultado de un análisis racional en el que se hayan considerado todas  las  alternativas  que  llevan a un juicio justo, donde se establezca la certeza  de la responsabilidad y se deseche la duda.   

Afirma que en la decisión atacada se generó  un      falso      juicio     de     convicción17  al exagerarse el poder  suasorio  de  los  testimonios  de  Jairo  Andrés  Galeano Cárdenas y de Oscar  Beltrán  Acosta,  pese  a  que  uno  de  los Magistrados que integraron la Sala  reconoció  que  en  el asunto nunca hubo flagrancia18, lo que resquebraja el grado  de  certeza  que  proclama  el  artículo 381 del ordenamiento procesal penal de  2004.   

Señala que los medios probatorios en los que  se  apoya  la  sentencia  condenatoria,  tienen  una  debilidad  suasoria que no  permiten  justificar  la  sentencia  de  condena,  pues  el  Subintendente Oscar  Beltrán  Acosta  tiene,  desde  su  punto  de  vista,  la calidad de testigo de  referencia,  dado  que  el  uniformado  se  limitó  a  recibir  la denuncia y a  escuchar  toda  la  narración  de  la víctima horas antes del procedimiento de  captura, sin que percibiera los hechos por los sentidos.   

Así  mismo, considera que el denunciante no  justificó  cómo  llevó  a  cabo  el proceso de grabación en su teléfono, ni  cómo  lo  traspasó  a  un  disco  compacto,  ni  cómo  identificó las voces,  indicando  que  la  defensa fue sorprendida cuando se le permitió a la víctima  explicar  en  el  juicio  oral  lo  que  él  quisiera,  superando  la  utilidad  delimitada  en  la audiencia preparatoria, cual es la de incorporar las actas de  incautación y entrega de los billetes.   

Igualmente, estima que el fallo incurre en un  falso  juicio  de  identidad  al tergiversar el contenido de Galeano Cárdenas y  adicionar  su  expresión  fáctica,  haciendo  producirle  efectos  que  no  se  concluyen de él.   

También  depreca  la existencia de un falso  juicio   de   raciocinio   en   la   determinación   de  condena,  pues  al  aceptar  el ad quera la falta de flagrancia al analizarla  trasgrede  las  reglas de la experiencia como método de valoración,  y considera que si no hubo flagrancia no hay testigos directos de  los hechos.   

Segundo cargo.  

Con base en la causal primera, cuerpo primero  de  casación,  el actor presenta como cargo segundo la violación directa de la  ley  sustancial y constitucional sosteniendo nuevamente que el artículo 381 del  Código  de  Procedimiento  Penal  requiere conocimiento más allá de toda duda  para  condenar,  como desarrollo de los principios de presunción de inocencia e  de      in      dubio     pro     reo.   

Aduce  el  actor  que  en  atención  a  los  innumerables  vicios  de  producción,  adicción  y  decreto  de  los elementos  materiales  probatorios llevados a juicio por parte de la fiscalía, el juzgador  dejó  de  aplicar una serie de normas llamadas a regular el caso como lo son el  artículo   402  (Conocimiento  personal),   426  (Métodos  de  autenticación  e  identificación),        433        (Criterio  general)  y  381  (Conocimiento      para     condenar)  de la Ley 906 de 2004.   

Respecto de este cargo, concluye el actor que  si  el  a quo y ad  quem  no  hubiesen incurrido en tales  vicios,  necesariamente la sentencia sería absolutoria, pues se hubiera acudido  a la duda razonable a favor del procesado.   

CONSIDERACIONES  

El recurso extraordinario de casación tiene  como  finalidades legalmente establecidas, la realización de la efectividad del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los intervinientes, la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  éstos  y  la  unificación  de la  jurisprudencia.   

Ahora bien, sin perjuicio de la facultad que  la  Ley  906  de  2004  le  otorgó a la Sala de Casación Penal, de superar los  defectos  formales  de  que  pueda  adolecer  la  demanda  y decidir de fondo en  aquellos  supuestos  en  que los fines anteriormente citados, su argumentación,  la  posición  del impugnante dentro del proceso y la índole de la controversia  planteada  así lo ameriten, el recurso no se erige como un mecanismo carente de  rigor,  puesto  que según la sistemática del Código de Procedimiento Penal de  2004,  la  admisión del libelo se tornará improcedente, si se determina que de  acuerdo a dichos fines, no se precisa de un fallo de mérito.   

En  el presente asunto, el actor se limita a  aducir  que  la  demanda tiene por finalidad el respeto de las garantías de los  intervinientes  y la unificación de la jurisprudencia nacional, sin desarrollar  un  discurso  que  explique  cómo,  en  uno  y  otro  supuesto,  se cumplen los  referidos  fines  a  través  del  recurso  extraordinario,  ni  de  qué manera  resultaron quebrantados con la sentencia confutada.   

Al respecto, la Corte ha sido reiterativa en  señalar  que no basta con que en la demanda se mencionen los fines pretendidos,  ni  se  cumple  con  esta  exigencia  cuando se alude a situaciones genéricas y  carentes            de           contenido19.      Es      necesario,  adicionalmente,  que  el cumplimiento de los fines del recurso sea demostrado en  el  caso concreto y que la argumentación expuesta se relacione íntimamente con  él.   

En  el  caso  de  la  especie,  no  se  da  cumplimiento  a  este  requisito, razón por la cual se habilita a la Corte para  inadmitir  la  demanda, además de constatar el incumplimiento los postulados de  una  debida  fundamentación en la formulación de los cargos, pues en el libelo  no  se  evidencia  más  que  la  valoración personal de las pruebas tenidas en  cuenta  dentro  del  juicio  condenatorio  y su discrepancia con la apreciación  judicial   atribuida   a   las  mismas  por  los  jueces  de  primer  y  segundo  grado.   

Al respecto, esta Colegiatura se ha inclinado  a  que dentro del estudio sobre la admisibilidad de las demandas de casación, a  la  Sala  le  corresponde  verificar  que los libelistas formulan sus censuras y  críticas  a  los  fallos  de  instancia  con  sujeción  a  los  requerimientos  señalados   por  el legislador y desarrollados por la jurisprudencia de la  Sala,  con  la principal finalidad de que el recurso extraordinario de casación  no   se   convierta  en  una  instancia  adicional  a  las  ya  surtidas  en  su  momento.   

Dichos   requisitos   están  encaminados,  principalmente,  a  conseguir  que  los  libelos  se  enmarquen  dentro  de unos  mínimos  lógicos,  de  coherencia  en su postulación y de desarrollo preciso,  claro,  formal  y  puntual  de los cargos propuestos; toda vez, que dentro de la  función  legal y constitucional de la Corte no se encuentra la de desentrañar,  esclarecer  o  completar las confusas, ambivalentes o precarias fundamentaciones  propuestas por los recurrentes dentro de la demanda de casación.   

Primer Cargo.  

Con  fundamento  en  la  tercera  causal  de  casación  estipulada  en  el  artículo  181  de la Ley 906 de 200420,    el  demandante   censura  la  sentencia  por  tres  reparos  a  saber:  falso  juicio  de convicción, al exagerar  el  poder  suasorio  que  se  le dio a las exposiciones de Jairo Andrés Galeano  Cárdenas   y   Oscar   Beltrán   Acosta   sobre  la  flagrancia,  teniendo  en  consideración  uno  de  los  Magistrados  que integró la Sala de decisión del  Tribunal,  afirmó  que la misma nunca existió; falso  juicio  de  identidad,  ya  que,  el  juez al fijar el  contenido  y  convencimiento  del testimonio de Galeano Cárdenas lo tergiversó  haciendo  producir  efectos  que  del  testigo  no  se concluyen; y falso  juicio  de raciocinio, dado que, al  no  existir  flagrancia,  quedó  sin  demostrarse  el  dolo,  la tipicidad y la  materialidad de la conducta investigada.   

En   relación  con  el  falso  juicio  de  convicción,  la  censura  consiste en que para la demostración del «delito de  concusión»   con   captura  en  flagrancia,  se  le  dio  credibilidad  a  los  testimonios  de la víctima y del Subintendente Beltrán, de quien se afirma que  es  testigo  de referencia ya que no percibió directamente los hechos sobre los  que  testifica, pues se refiere a lo narrado por la victima momentos antes de la  captura  y  al  procedimiento de captura, no obstante, asegura el libelista, que  sus  declaraciones  van  en  contravía  con  lo  reconocido  por el juzgador de  segunda  instancia  al afirmar que dentro del proceso nunca existió flagrancia,  incurriéndose,  según sostiene, en un falso juicio de convicción al valorarse  su dicho, al dársele un alcance y valor probatorio que no tenía.   

Pues   bien,  la  jurisprudencia  de  esta  Colegiatura,  ha señalado reiteradamente que el error de derecho consistente en  falso  juicio  de  convicción,  se  presenta  cuando  el fallador le niega a la  prueba  el  valor  asignado  por  la  ley  o  cuando  le  atribuye uno que no le  corresponde  legalmente,  de  esta  manera presupone la existencia de una tarifa  legal  o la asignación de un valor de persuasión único, ya predeterminado por  el  legislador  y  perturbado  por  el  intérprete21.   Así,   para  que  pueda  existir  error  de derecho por falso juicio de convicción, es indispensable que  la  ley  procesal  señale  de  antemano  el valor o eficacia de una determinada  prueba,  pues  en  caso contrario, el error no podrá estructurarse por carencia  de objeto.   

Ahora bien, teniendo en cuenta que el sistema  probatorio  de  la  tarifa  legal  ha  desaparecido,  resulta ser excepcional la  invocación  de  dicho  yerro, por lo que es necesario que en su fundamentación  se  demuestre  que el fallador desconoció el valor que la ley le ha atribuido a  determinado  elemento  de  juicio, ya sea porque lo negó o porque le asigno uno  no  establecido,  identificando  claramente  la  norma  que  contiene  el  valor  erróneamente estimado de la prueba.   

El  libelista,  al sustentar el cargo, entra  indudablemente  en  un  desacierto  de  gran magnitud, pues sus planteamientos y  afirmaciones   son  distantes  de  la  identificación  de  alguna  disposición  consagratoria  de  una  tarifa  legal  que preestablezca el valor probatorio del  medio  o  elemento  de  convicción  en  cuestión,  o que determine su eficacia  probatoria,  la  cual fue desconocida por el juzgador al realizar la valoración  de la tarifa establecida.   

El  censor, asienta el desarrollo del cargo,  en  una  crítica  al valor suasorio que le otorgan los juzgadores al testimonio  de  Jairo  Andrés  Galeano Cárdenas y del Subintendente Oscar Beltrán Acosta,  invocando  la  violación  de  los artículos 402,426, 433 y 381, los cuales, no  albergan   en  su  contenido  una  tarifa  legal  para  la  valoración  de  los  testimonios  refutados,  sino  criterios  para  la  apreciación racional de los  mismos,  que  permitan  llegar  a la verdad y al conocimiento más allá de toda  duda razonable.   

Respecto  del  testimonio  del Subintendente  Oscar  Beltrán  Acosta,  el  casacionista  afirma que se trata de una prueba de  referencia;  sin  embargo,  para la Sala es claro que es testigo no se limitó a  exponer  lo  narrado  por  la  víctima,  sino  que, adicionalmente y sometido a  contrainterrogatorio,  depuso  respecto  a  la  forma  en  que se desarrolló la  investigación,  las  circunstancias en que arribó el procesado al lugar de los  hechos,  su  encuentro  con  la víctima, la documentación y demás objetos que  portaba  el  procesado y del contexto en el que se realizó su captura, aspectos  que  constituyen  prueba  directa  y  que fueron valorados por los juzgadores de  instancias para emitir la decisión condenatoria.   

Adicionalmente,   cabe   destacar  que  el  testimonio  del  Subintendente  no  fue  el  único elemento material probatorio  estimado  dentro  del  juicio  oral  para emitir sentencia contra JHON ALEXANDER  MURILLO  PEÑA,  pues  los  jueces  de  juzgamiento,  bajo  el  tamiz de la sana  crítica,  también  sopesaron  el  testimonio  rendido  por  la  víctima, y lo  consideraron  armónico  con  el  de  Beltrán  Acosta;  las deposiciones de los  testigos  de  la  defensa  Mario Pinzón Puentes, Hermes Javier Barrera Blanco y  Fabián  Ramón  Blanco  Cañón,  que  no  le resultaron contundentes ni con la  capacidad  de tejer algún manto de duda sobre la materialidad y responsabilidad  del encartado en los hechos materia de juzgamiento.   

Especial mención amerita, la evaluación que  realizaron  de los documentos que portaba el procesado al momento de su captura,  que  les  permitieron desechar sus exculpaciones, consistentes en que el día de  los  acontecimientos  estaba  realizando  la  diligencia  de  arraigo de Galeano  Cárdenas,  pues  la  orden de policía judicial que le fue incautada al momento  de  su  captura,  además  de no estar firmada por algún investigador judicial,  tenía  fecha  de 22 de junio de 2011, con lo cual se dedujo que con casi cuatro  meses  anticipación  esta  diligencia  se  habría  llevado  a cabo22.   

Ahora  bien,  respecto  del  segundo  reparo  formulado   por  el  togado  de  la  defensa  -falso  juicio  de  identidad  por  tergiversación  del  testimonio  de la víctima-, percibe esta Sala que difiere  del  principio  lógico  de  razón suficiente, que implica la existencia de una  explicación  sistemática  y ordenada del vicio judicial en el que se considera  que  incurre  la declaración de justicia, con una argumentación que a si misma  se  baste,  puesto que en la censura no se indica de qué manera fue deformada o  tergiversada  la  prueba,  haciendo  producir  efectos  diferentes  a los que se  concluirían de la mencionada determinación.   

Téngase  en  cuenta que al demandante optar  por  una  modalidad  de  error que tiene lugar cuando el juzgador al apreciar la  prueba  la  desfigura,  poniéndola  a  decir lo que materialmente ella no dice,  dado  que dicho desatino se presenta al interior del elemento de convicción, es  deber  del  libelista acreditar que el juzgador del fallo impugnado distorsionó  el  contenido  factico  del  medio  de  prueba  ya  sea  agregando, cercenando o  transmutando el texto de la declaración, labor que no realizó.   

Es  necesario  recordar una vez más, que la  postulación  de  este  tipo  de  yerro,  exige  al casacionista: i) el deber de  identificar  la  prueba  sobre  la  que  recae el falso juicio de identidad; ii)  dejar  ver  exactamente  lo  que  de  ella  dimana  de  acuerdo  con su estricto  contenido  material,  confrontándolo  con  lo  que  en  el  fallo se consideró  respecto  de  la  misma,  a fin de evidenciar que el juzgador le hizo decir algo  que  no se expresaba materialmente, o se desfiguró su contenido; iii) concretar  el  tipo  de  distorsión  (adición, supresión o tergiversación) en la que el  juez  incurrió  al  momento  de  dictar  sentencia;  y,  finalmente,  iv)   demostrar  que  tal  vicio  es  transcendente,  a  tal  punto, que de no haberse  incurrido  en  él,  la  declaración  de  justicia hubiese sido sustancialmente  diversa23.   

En  el  presente  asunto,  los  argumentos  consignados  en  esta parte del cargo, no ilustran la configuración de un error  de  hecho  por  falso  juicio de identidad, toda vez que no se manifiesta dentro  del  libelo  cuál  o  cuáles  serían  las  alteraciones probatorias hechas al  testimonio  de  Jairo  Andrés  Galeano Cárdenas y tampoco refiere el análisis  erróneo que de ésta prueba se hizo en la sentencia.   

Finalmente,  respecto  del  ataque por falso  raciocinio,  cimentado  por  el  recurrente  en el hecho de haberse transgredido  las   reglas  de  la  experiencia  como  método  de  valoración,  pues  una vez que el ad quera aceptó la  ausencia  de  flagrancia dentro del procedimiento de captura quedó sin probarse  el  dolo,  la  tipicidad  y  la  materialidad del delito de concusión, e impide  considerar  como  testigos  directos  de  estos  hechos  a Jairo Andrés Galeano  Cárdenas,  el  Subintendente  Beltrán  Acosta y a Jorge Pantoja Pertuz, pese a  ello  los  juzgadores  de  instancia  les  atribuyeron  un valor suasorio que no  correspondía.   

Así mismo, bajo la consideración de que el  Juez  de  primer  grado  erró al darle una exagerada relevancia al DVD allegado  por   la  víctima,  el  cual  presentaba  irregularidades  en  su  producción,  recolección, aducción, autenticación e identificación.   

Al  respecto, la Sala rememora, que el error  de  hecho  por  falso raciocinio se presenta cuando el fallador de instancia, al  apreciar  el  conjunto probatorio, desconoce los principios de la sana crítica,  los  cuales  están conformados por las reglas de la experiencia, los postulados  lógicos y las leyes de la ciencia.   

Ha    precisado   esta   Sala   también  que:   

‹‹… el falso  raciocinio  difiere  de  los  anteriores [falso   juicio  de  existencia  y  falso  juicio  de  identidad] en  que  el  medio  de  prueba existe legalmente y su tenor o expresión fáctica es  aprehendida  por  el funcionario con total fidelidad, sin embargo, al valorarla,  al  sopesarla,  le asigna un poder suasorio que contraviene los postulados de la  sana  crítica,  es  decir,  las  reglas  de  la  lógica,  las  máximas  de la  experiencia  o  sentido  común, o las leyes de las ciencias, y en tales eventos  el  demandante  corre  con  la carga de demostrar cuál postulado científico, o  cuál   principio  de  la  lógica,  o  cuál  máxima  de  la  experiencia  fue  desconocido  por  el  juez,  e igualmente tiene el deber de indicar cuál era el  aporte  científico  correcto,  o  cuál  el  raciocinio  lógico,  o  cuál  la  deducción   por   experiencia   que   debió   aplicarse   para  esclarecer  el  asunto.››24   

De manera, que alegar dentro de la demanda de  casación  este  yerro,  implica  al  actor para su demostración: i) indicar la  regla  de  la  experiencia,  el  postulado  lógico  o  la  ley  de  la  ciencia  desatendida;  ii) expresar lo que concretamente dice el medio probatorio y; iii)  identificar   en   el  fallo  cuestionado  aquellas  consideraciones  ilógicas,  absurdas  y  desfasadas  que  reflejan  un  abandono  al  método de persuasión  racional.   

          En   conclusión,   en   el   sub   lite  el  censor  pasó  por  alto  que recurrir al error de  hecho  por falso raciocinio implica cierta carga demostrativa que de lo expuesto  en  el  libelo  no  se  evidencia,  pues el memorialista se limita a mencionar y  afirmar  que  se  transgredieron  las  reglas  de la experiencia como método de  valoración,  pero  no  ahonda  en  tal  afirmación, pasando por alto lo que la  jurisprudencia   de   la  Sala  ha  exigido  para  su  invocación  y  posterior  aceptación. El cargo no prospera.   

Segundo cargo.  

Con  fundamento  en la causal primera cuerpo  primero  del  artículo  181 de la Ley 906 de 2004, el actor presenta como cargo  segundo  la violación directa de la ley sustancial y constitucional en cuanto a  la  presunción  de  inocencia  y  al  principio de in  dubio  pro  reo.  Así mismo refiere dentro del libelo  que  el  juzgador de primer nivel omitió aplicar una serie de normas llamadas a  regular  el caso como lo son los artículos 402, 426, 433 y 381 de la Ley 906 de  2004,  afirmando  que  si  no se hubiera incurrido en tales vicios, la decisión  sería  de  carácter absolutorio, pues se hubiera acudido a la duda razonable a  favor del procesado.   

El artículo 181 numeral primero del Código  de   Procedimiento  Penal,  consagra  como  causal  de  casación  la  falta  de  aplicación,  aplicación  indebida  o  interpretación  errónea  de  una norma  sustancial  evidente  dentro  en  un  fallo  de instancia. Así, la falta  de  aplicación se presenta cuando  el  fallador desconoce la existencia de un precepto que regula el caso y por tal  motivo  no  lo  tiene  en  cuenta, cometiendo un yerro acerca de su existencia o  validez en el tiempo o el espacio.   

La  aplicación  indebida, por el contrario, consiste en una desatinada  selección  del  precepto,  es  decir,  una equivocada adecuación de los hechos  probados  y  reconocidos  dentro  del  proceso con la hipótesis normativa o los  supuestos condicionantes de su invocación.   

Finalmente,     la     interpretación  errónea, hace alusión a  que  si  bien  el  juez  selecciona  adecuadamente  y  aplica  la  norma  que le  corresponde  al  asunto  en  cuestión,  no acierta al momento de interpretarla,  pues  le atribuye un sentido jurídico y unos efectos que no tiene y distintos a  los que le corresponden.   

Al respecto, es necesario recalcar que para  la  demostración  de  cualquiera  de los referidos yerros, se impone a la parte  demandante  la  carga  de  aceptar  la  situación  fáctica  declarada  en  las  instancias   anteriores   y   no   incurrir   por  ello  en  cuestionamientos  o  controversias  de  orden  probatorio, pues su deber al invocar esta causal está  limitado   a  desarrollar  una  discusión  de  orden  estrictamente  jurídico,  evidenciando    de    este    modo    los    enunciados    desatinados   de   la  judicatura.   

En el presente asunto, si bien el libelista  transcribe  las  normas  que  a  su  juicio los jueces de primer y segundo grado  dejaron  de  aplicar  al  momento de emitir el fallo condenatorio y confirmar el  mismo,  no  explica,  ni  le argumenta a la Sala dentro del cargo propuesto, por  qué  cada  una de esas normas estaban llamadas a regular el caso; más aún, se  limita   a   resaltar   las   objeciones  que  presenta  el  asunto  en  materia  probatoria.   

De  igual forma, desconoció las exigencias  jurisprudenciales  atinentes  a  la  aplicación  del  principio de in  dubio  pro reo, puesto que habiéndose  encausado  el  reparo  por  la  vía  directa,  le  correspondía  al postulante  demostrar  que la duda fue reconocida por el fallador, solo que no la aplicó al  momento     de     adoptar     la     decisión    a    favor    del    acusado,  absolviéndolo.   

Así     lo     ha    señalado    la  Colegiatura25:   

«… es menester reiterar que la Corte ha  significado  que  si  al  casacionista  le ha interesado el tema del in dubio pro reo, debe distinguir dos  aspectos a saber:      

i. Si  afirma  que  el juez ha errado porque la sentencia reconoce la  existencia  de  duda  razonable  originada  en  el haz probatorio, pero dejó de  aplicar  el  precepto  sustantivo  que  reconoce  ese  hecho,  debe  invocar  la  violación directa;     

y>     

i. Si  encuentra  que  el  juez  ignora  la  existencia  razonable  y  manifiesta  de la duda por errores en la valoración de las pruebas, debe acudir  a  la violación indirecta de la ley sustancial, especificando la naturaleza del  yerro cometido, esto es, si de hecho o derecho».     

Al  omitir indicar la parte de la sentencia  en  la  que  fue admitida la duda sobre la responsabilidad del procesado -ya que  esta  circunstancia  no  se  evidencia  en  la  decisión-, y haberse limitado a  reclamar  la  aplicación  del  referido instituto fundamentado en su particular  apreciación  probatoria  a  manera  de  alegato de instancia, sin contrastar el  razonamiento  consignado  en  la  decisión  objeto  de  censura,  el  cargo  no  prospera.   

Por  todo  lo  anterior,  la  Corporación  inadmitirá  la  demanda  de  casación  que  se  estudia por no cumplir con los  requisitos   mínimos   referidos  a  la  debida  sustentación  de  los  cargos  propuestos,  la  debida  postulación y fundamentación, la satisfacción de los  presupuestos  básicos  de  idoneidad sustancial necesarios para la realización  de    los    fines   del   recurso   y   en   aplicación   del   principio   de  trascendencia.   

Insistencia  

Contra  esta decisión procede el mecanismo  de  insistencia por parte del casacionista, de conformidad con lo establecido en  el  artículo  184  inciso segundo ejusdem,  en  la  oportunidad, forma y términos precisados por la Corte en  reiterada               jurisprudencia26.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

                     

RESUELVE  

Inadmitir   la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   JHON          ALEXANDER          MURILLO          PEÑA.   

Comunicar  la  presente  decisión  una  vez  en  firme,  al  Juzgado  Treinta  y Dos Penal del  Circuito  de  Conocimiento  de Bogotá, para que, conforme a su solicitud del 10  de  abril  de  2014, remita la carpeta provisional a los Jueces de Ejecución de  Penas  y  Medidas  de  Seguridad,  al  igual  que a la Secretaría General de la  Policía   Nacional,   de   acuerdo   con   su  solicitud  de  12  de  marzo  de  2015.   

Contra   la   decisión   procede   la  insistencia.   

Notifíquese   y  cúmplase.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Cfr.  Folio 14 del cuaderno del proceso.   

2 Cfr.  Folio 11 ibímen   

3 Cfr.  Folio          24          ibídem.   

4 Cfr.  Folio          27          ibídem.   

5 Cfr.  Folio      44     a     46     ibídem.   

6 Cfr.  Folio          13          ibídem.   

7  Cfr.        Folio        24        ibídem.   

8 Cfr.  Folio 44 ibídem   

9 Cfr.  Folio ídem.   

10 Cfr.  Folio      126     y     127     ídem.   

11  Cfr.    Folio    127    a    131   ídem.   

12  Cfr.     Folio     144    a    173ídem.   

13  Cfr. Folio 13 a 32 del cuaderno de casación.   

14 Ley  906  de  2004  Artículo  181: ‹‹ 3. El manifiesto  desconocimiento  de  las reglas de producción y apreciación de la prueba sobre  la cual se ha fundado la sentencia.››.   

15  Ibídem   ‹‹Para   condenar   se   requiere   el  conocimiento  más allá de toda duda, acerca del delito y de la responsabilidad  penal    del    acusado,    fundado    en    las   pruebas   debatidas   en   el  juicio…››.   

16  Ibídem    ‹‹…    Para   proferir   sentencia  condenatoria  deberá  existir  convencimiento  de  la responsabilidad penal del  acusado, más allá de toda duda.››.   

17  Cfr.       Folio      51      ibídem.   

18  Cfr. ídem.   

19  Cfr. CSJ., AP. de 18 de abril de 2012, entre otros.   

20 Ley  906  de  2004  Artículo  181: ‹‹ 3. El manifiesto  desconocimiento  de  las reglas de producción y apreciación de la prueba sobre  la cual se ha fundado la sentencia.››.   

21  CSJ.,  SP,  de ll    de   febrero   de   2004,   Rad.  19614.   

22  Cfr.      Folio      150      ibídem.   

23  Cfr. CSJ., SP., de 11 de Abril de 2007, Radicado 23667, cit.   

24  Cfr.   CSJ  AP,  10  de  octubre   de   2007,  Radicado              22597.   

25  Cfr.  CSJ.AP.,  de 9 de marzo de 2011, Rad. 37364; AP. de 26 de octubre de 2011,  Rad. 37634 y AP. de 6 de mayo de 2013, Rad. 40791, entre otros.   

26  Cfr.  CSJ.,  SP.,  de  12  de diciembre de 2005, Rad. 24322; CSJ., SP., de 28 de  septiembre  2011,  Rad.  33181;  CSJ.,  SP.,  de 17 de octubre 2012, Rad. 34946,  entre otras.     

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