AP900-2016(47150)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado Ponente  

AP900-2016  

Radicación N° 47150  

Aprobado acta No. 46.  

Bogotá, D.C., veinticuatro (24) de febrero de  dos mil dieciséis (2016).   

VISTOS  

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de    la    demanda   de   casación   presentada     por     la   representante  de  la  víctima,  en  contra  de  la  sentencia  de  segundo  grado  proferida  por  la Sala Penal del  Tribunal      Superior     del     Distrito     Judicial     de     Bogotá,    el   9   de   septiembre de  2015, mediante la cual confirmó el fallo absolutorio  emitido  por  el  Juzgado 31  Penal  del  Circuito  con  funciones  de conocimiento  de    la    misma    ciudad,    el    24         de        septiembre     de     2013,  en favor del procesado JUAN  SEBASTIÁN  ROSERO MENDOZA,  quien  fuera acusado judicialmente por el delito de acceso  carnal o acto sexual abusivos con  incapaz de resistir.   

HECHOS  

En el proveído de  primer  grado, se sintetizan  de        la        siguiente       manera:   

“Se  dice  que  tuvieron  ocurrencia  entre  la  medianoche  del 9 de  abril  y  la madruga (sic) del 10 del mismo mes y año  (2009,  se aclara), esto en  la  calle  42  N°  22-54  de  la  ciudad,  esto  luego  de  que  la señora YUDY PATRICIA ENCISO MARÍN, en  compañía  de  otras  personas  departiera  e  ingiriera licor, muy cerca de la  dirección  antes  mentada, específicamente en el lugar denominado ‘Casa       Ensamble’, actividad dentro la cual la señora  YUDY,  se  pasa  de  tragos, por lo que dos de sus amigas, deciden llevarla a su  lugar  de  residencia,  para  lo  cual solicitan a la  compañera  de esta, las llaves del tal lugar, las que le son facilitadas,  por  lo  que  proceden  a  llevar a cabo su cometido,  actividad  en la que se dice fueron acompañadas   por  JUAN  SEBASTIÁN  ROSERO  MENDOZA,   de   quien   se  asevera  en  efecto  las  acompañó hasta el lugar de residencia de la presunta  afectada, donde finalmente dejaron a esta.   

Al despertar al otro día la señora ENCISO,  se  siente  extraña  y  su  compañera  le  cuenta  que  cuando  ingresó  a la  residencia,  la  puerta pequeña, de la puerta de acceso, se encontraba abierta,  por  lo  que  se  contacta  con  las  amigas  que  llevasen  a YUDY hasta  su  residencia,  a  quien  increpa por lo sucedido, personas  estas  que  refieren  al  señor  ROSERO MENDOZA, quien  al   momento   de   colaborarles,  presentaba  una  actitud  extraña,  pues  no  quería  irse  del lugar, por lo que sospechan que se  hubiese  aprovechado  de la condición de la presunta  perjudicada,  para accederla  carnalmente,  última    que    se   contacta   con  aquél,  quien  se  dice  le  manifestó  que  entre  ambos  se había presentado   un  encuentro sexual, de manera consensuada”.   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

En  audiencia  preliminar llevada a cabo  el    16         de        marzo  de   2012  ante  el  Juzgado  19 Penal  Municipal    con   función   de   control   de   garantías   de   Bogotá,  se    le    formuló  imputación   a   JUAN  SEBASTIÁN  ROSERO  MENDOZA  por   la  conducta   punible   de  acceso   carnal   o   acto   sexual   abusivos   con   incapaz  de  resistir,  tipificada en  el    artículo         210, inciso  1°, del Código Penal.   

Como  el  procesado no se allanó al cargo  endilgado,   la   Fiscalía   presentó  escrito  de  acusación      el     25     de     abril       siguiente,       ratificándolo.   

La etapa  de  la  causa  fue  asumida por  el  Juzgado  31  Penal del Circuito con funciones de  conocimiento  de  esta  ciudad, despacho que  luego  de realizar las audiencias  de   formulación   de  acusación                –el 19 de  junio    de    ese  año-,                  preparatoria        –el 23 de  abril   de   2013-   y  juicio           oral          –en           sesiones      del     18  y  19 de julio posteriores-, dictó  sentencia  absolutoria  el  24  de septiembre de esa  anualidad.   

Apelado el fallo  por  los representantes de  la    Fiscalía    y    la    víctima,   la   Sala   Penal   del   Tribunal   Superior  de  Bogotá  lo  confirmó,   mediante   el   suyo   del   9  de  septiembre          de          2015.   

En  contra  del  proveído  de  segunda  instancia, la  apoderada    de    la    víctima    interpuso  oportunamente  el recurso extraordinario de casación y  allegó la correspondiente demanda.   

RESUMEN DE LA IMPUGNACIÓN  

Luego de aludir al interés para recurrir y a  la  finalidad del recurso, en pos del respeto de las garantías de la víctima y  con   el   objeto   de   que   se   unifique   la   jurisprudencia  “entorno  (sic)  al  consentimiento de las mujeres para sostener  relaciones  sexuales  cuando  este  se  encuentra  viciado  por  la  ingesta  de  alcohol”     y    respecto    del    “tratamiento  diferenciado  que  deben  recibir  las mujeres con  orientación    sexual    diversa    cuando    son    víctimas   de   violencia  sexual”,  la casacionista se apoya en el numeral 3°  del  artículo 181 de la Ley 906 de 2004 para postular tres cargos en contra del  fallo  del Tribunal, por haber violado indirectamente la ley sustancial, a causa  de errores en la apreciación probatoria. Así los desarrolla:   

Cargo primero: falso raciocinio.  

Para empezar, la representante de la víctima  hace  una  disertación  sobre  la  estructuración  del  ilícito  investigado,  advirtiendo  que  contiene dos elementos: el acceso carnal, que no se discute, y  la  incapacidad  de  resistir, que, en su opinión, aquí también se dio porque  su  poderdante  estaba  bajo  los  efectos  de  bebidas alcohólicas1.   

Ya  adentrándose  en  los  reproches,  los  denuncia de la siguiente manera:   

1. Testimonios de Alejandra Zuluaga Dossman y  Katia Leonor Barros.   

Dice  la  demandante  que  ambas deponentes,  amigas  de  la  víctima,  fueron  testigos  de  que  ingirió licor y su estado  posterior,  al  punto  que  ofrecieron  llevarla  a  su casa y así lo hicieron,  dejándola  en  la cama “como muerta”.   

En  soporte  de  sus  asertos,  transcribe  múltiples  respuestas  de las testificantes en las que dan cuenta de ese estado  en  el  que  se  encontraba  aquella,  lo que no obstante fue desvirtuado por el  Tribunal aduciendo que son apreciaciones meramente subjetivas.   

Para la memorialista, con esa afirmación se  desconocieron  las  máximas  de  la  experiencia,  las  cuales  indican que las  personas  adultas,  “pueden  identificar en un ser  humano  el comportamiento anormal causado por el uso de sustancias embriagantes,  como  lo  es el alcohol, máxime cuando han mantenido una relación de amistad y  trato  constante  con la persona a quien observan y se encuentra bajo el influjo  del mencionado estimulante químico”.   

Sumado  a  lo  anterior,  Zuluaga  y Barrios  estuvieron  gran  parte  de  la  noche  con  su  amiga y además trabajan en una  Corporación  en  la  que  precisamente  realizan trabajo social sobre alcohol y  droga,  lo  que  si  bien  no  las  hace peritas, demuestra su experiencia en el  campo.   

Con  la  violación  de  las  reglas  de  la  experiencia,  concluye  la  impugnante,  se le restó valor a ambos testimonios,  los cuales permiten corroborar la incapacidad para resistir.   

De  igual  modo,  estima que el Ad  quem  infringió  las  leyes  de  la  ciencia  por  no  haber  hecho un estudio más juicioso y detallado, teniendo en  cuenta  el  “Reglamento  Técnico  Forense para la  Determinación   Clínica   del   Estado   de   Embriaguez  Aguda”,  introducido  en  el  ordenamiento  jurídico  colombiano  con  la  Resolución  1183  de 2005, en el que se explican las características clínicas  que se observan en las personas, según el grado de alcoholemia.   

Dicho documento es explicado por la defensora  de  la  víctima  a  través  de  un  cuadro comparativo, para luego insistir en  criticar  al  fallador  por  casi  exigir que su representada estuviera en coma,  pese  a  que  presentaba signos de embriaguez aguda e intoxicación etílica, lo  que   sin   duda  configura  la  incapacidad  para  resistir  y  su  posibilidad  “de   respuesta   ante  el  ataque” del acusado.   

Por  ello,  al  sostener  el Tribunal que la  prueba  de  la  embriaguez  podía  aportarse  con  testigos,  creó  una tarifa  probatoria,  olvidando que de estos “jamás podría  predicarse completa objetividad”.   

2. Testimonio de la víctima.  

Luego de ilustrar sobre la forma en que debe  valorarse   la   testificación  de  la  mujer  víctima  de  delitos  sexuales,  transcribir  varios apartados de la aludida declaración y traer a colación las  consideraciones  del  Tribunal  en las que a partir de dicha versión nuevamente  descarta  la  incapacidad  para  resistir,  la  recurrente  consigna  su  propia  percepción  sobre el estado de la misma y dice que esa Corporación desconoció  las  leyes  de la ciencia por cuanto ignoró que cuando no existe una patología  o  evento  traumático al cual se pueda endilgar el origen de la amnesia lacunar  (sic),  esta  puede  presentarse  como síntoma clínico de embriaguez de tercer  grado, tal como lo indica el Reglamento antes mencionado.   

Se equivocó, por consiguiente, al descartar  la  amnesia lacunar (sic), dejando de lado que la propia víctima reconoció que  en  su  vida se había enlagunado 6 o 7 veces, a causa de la ingesta de alcohol,  asi  como  que  el  grado  de  alicoramiento en que se encontraba la mencionada,  acreditaba  la  imposibilidad  para  resistir al ataque sexual o consentir a una  relación sexual.   

Para   la   censora,   el   Ad  quem también quebrantó las máximas  de  la  experiencia  al  desconocer  la reacción de la víctima cuando por chat  supo  de  la  relación sexual (dice que lloró, vomitó y se desesperó), pues,  “cuando  una mujer sostiene relaciones sexuales no  consentidas,  esto  es,  es  víctima  de  violencia  sexual,  existe  una  alta  posibilidad   de   que   las   reacciones  de  rechazo,  tristeza,  desespero  y  preocupación sean recurrentes”.   

3.  Testimonio de Andrés Felipe Castrillón  Gómez.   

Asevera la libelista que de esta deponencia,  de  la  cual  trae  a colación un extenso apartado, el fallador descarta que la  víctima      no     se     encontraba     en     un     estado     “deplorable”  que hiciera inferir su  incapacidad  de  resistir,  sino  que  tenía aptitudes de funcionalidad motora,  violando  en  tal  forma  las  reglas  de  la  lógica,  acorde  con  las cuales  “una   persona   no   puede   percibir  distintos  fenómenos,  ante  la  inexistencia de la facultad de estar en distintos lugares  al tiempo”.   

Ello,  por  cuanto Castrillón Gómez afirma  haber  realizado  diversas  actividades,  lo cual le impedía estar pendiente de  todo  lo  que  hizo  la  víctima.  A  pesar  de  ello,  el  juzgador  le otorga  credibilidad  para  determinar su estado de embriaguez y lo más grave es que no  aplicó   el  mismo  criterio  con  la  restante  prueba  testimonial,  la  cual  desvirtuó  tachándola  de  subjetiva,  a  pesar  de  ser  más descriptiva. Un  análisis  en  conjunto  de  la  prueba,  concluye,  habría  establecido que la  víctima  se  encontraba  en  avanzado  estado  de  embriaguez  y, por tanto, en  incapacidad  para  resistir  y  otorgar consentimiento alguno para una relación  sexual.   

Cargo    segundo:    falso   juicio   de  identidad.   

Aunque  la actora genéricamente denuncia la  indebida    valoración    probatoria   de   “los  testimonios  que  daban  cuenta  del  estado  de  embriaguez  de  la  mujer, por  cercenamiento  o  tergiversación  de los mismos”, en  últimas  sólo  aborda  el examen de la declaración de Edwin Darío Rodríguez  Oliveros,  quien estaba en el lugar de los hechos y es utilizado por el Tribunal  para  indicar  que  la  ofendida  salió  de allí por sus propios medios y, por  consiguiente, no estaba en incapacidad de resistir.   

En  soporte  de  sus  asertos, transcribe la  testificación  y  luego  destaca  como  de  ella, el fallador tuvo en cuenta el  apartado  en  que  dice  que  la  víctima  “salió  caminando  del  lugar”. Estima, en consecuencia, que  esta  deponencia  no  merece credibilidad, para lo cual ofrece su propia visión  probatoria,  insistiendo  siempre  en  que  sí se demostró la incapacidad para  resistir,   por   el   estado   de   alicoramiento2.   

Cargo    tercero:    falso   juicio   de  existencia.   

Según la casacionista, se presenta el mismo  porque   el   Ad  quem  no  valoró  el  testimonio  de  la perito antropóloga en género Rosa Inés Curiel  Pichardo,  presentado,  por un lado, para evidenciar la improbabilidad de que la  víctima  consintiera  una  relación  sexual heterosexual, dada su orientación  sexual  hacia  el  mismo género de manera estable y duradera, y, por otro, para  poner  en  conocimiento de los jueces el contexto de discriminación y violencia  que   sufren   las   mujeres  lesbianas  y  su  dificultad  para  acceder  a  la  justicia.   

Seguidamente,  en  dos  breves acápites que  rotula  “el  deseo  es  estable a pesar de ser una  construcción    sexual   (sic)”   y   “se  discrimina  a  las mujeres lesbianas cuando se asume que su  sexualidad  es  incompleta  y  por  ende  podrían  pensar  desear  un hombre en  cualquier    momento”,   trae   apartados   de   la  declaración  para  a  continuación reiterar el objeto de la misma, que en todo  caso apunta a que no se discrimine a la mujer.   

Para  finalizar,  solicita  que  se tenga el  recurso  como  sustentado  y  se  case  la sentencia censurada, para en su lugar  condenar   al   procesado   por   el   delito   por   el   cual   se  le  acusó  judicialmente.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1. Cuestión previa.  

Debe  la  Corte precisar, en primer lugar,  que  la  demanda  de  casación  posee  una connotación extraordinaria, dada la  naturaleza  del  recurso  y  la  finalidad  del  mismo,  a  cuyo amparo no puede  representarse  un  alegato  de  libre confección, ni faculta acudir a ella para  buscar  hacer  valer  la  particular  e  interesada  visión  que  del  trámite  procesal,  las pruebas o el apartado dogmático tiene  el demandante, por muy versada que se ofrezca su tesis.   

Dado que el fallo de segundo grado arriba a  esta  sede  prevalido  de un doble rasero de acierto y legalidad, únicamente es  posible   derribar   sus   cimientos   a  través  de  la  demostración  de  la  materialización  de  un  yerro no solo ostensible, sino trascendente, dentro de  los  parámetros  argumentales  que  respecto de las causales establecidas en la  ley, de manera pacífica ha reiterado esta Corporación.   

No  basta,  a  este  efecto,  con  que  el  memorialista enmarque su  discurso  dentro  de  determinado yerro o causal, sino que se obliga cumplir con  los  presupuestos  propios  de  uno  y  otra,  pues,  en contrario, la propuesta  defensiva apenas enmascara el alegato de instancia aquí proscrito.   

Lo anotado, que  sirve    de    criterio    general    al  análisis  particular  de  los tres  cargos   presentados  por  la  representante  de  la  víctima,  permite  anticipar  que  los mismos serán objeto de rechazo, no solo  porque  no  se  demuestra yerro alguno, sino también porque no se cumple con la  carga argumentativa exigida en estos eventos.   

Ello,  por  cuanto  lejos  de acreditar un  error    en    materia    de   pruebas,  la  impugnante  dedica todos sus esfuerzos a demostrar, bajo su  propia  óptica  probatoria, que en el proceso sí se  demostró    el    elemento    del    tipo    referido    a    la   “incapacidad  de resistir”, el cual  se    determina    por    el    grado    de    alicoramiento   que   tenía   su  representada.   

Así,    antes    de   responder   sus  planteamientos,  la  Corte  dejará  en  claro  de  una  vez por todas lo que ha  sostenido reiteradamente acerca de ese ingrediente del delito.   

Recuérdese que el inciso 1° del artículo  210   del  Código  Penal  aquí  imputado,  tipifica  la  conducta  punible  de  acceso  carnal o acto sexual abusivos con incapaz de  resistir, de esta forma:   

“El  que acceda carnalmente a persona en  estado  de  inconsciencia,  o  que  padezca  trastorno  mental  o  que  esté en  incapacidad  de  resistir,  incurrirá  en  prisión  de doce (12) a veinte (20)  años”.   

La  Sala  ha  dicho  que  esta hipótesis  delictual  protege  la libertad sexual y sanciona la  conculcación  a  la  misma  si se comete acceso carnal o actos sexuales en tres  hipótesis:               (i)   con  persona  en  estado  de  inconciencia,  (ii)   que  padezca    trastorno   mental,   o,   (iii)   si  está   en   incapacidad   de  resistir3.   

Así las cosas, la esencia del injusto no  reposa  basilarmente  en  la capacidad de la persona para comprender la conducta  sexual,  sino  en  la  trasgresión de las condiciones normales en las que puede  dar  su aquiescencia para la misma, ya que es esta última esfera ontológica el  objeto  de custodia del bien jurídico tutelado en esta clase de ilícitos, pues  un  aspecto  esencial de la dignidad humana es el respeto y la protección de la  libre  expresión  de  la  voluntad,  entendida  como la capacidad y posibilidad  concreta   en   un  momento  dado  de  elegir,  decidir  libremente,  externa  e  internamente,   entre   actuar   o   no   hacerlo4.   

En  particular,  sobre  el  alcance de la  condición de incapaz de resistir la Corporación ha expresado:   

«Esta  circunstancia  evidentemente  es  distinta  de aquéllas que recogen los supuestos que a manera de ingredientes de  contenido  jurídico de trastorno mental o estado de inconciencia prevé el tipo  penal,  pero  que, en todo caso, debe inhibir a la víctima de la posibilidad de  rechazar  eficazmente a su abusador, entre cuyos ejemplos se suelen mencionar la  debilidad  extrema  o  la anemia exhaustiva, la hipnosis, la narcosis, el sueño  profundo  y  en  general todas aquellas hipótesis que le impidan oponerse a las  pretensiones  sexuales  del  agente,  sin que dentro de esta lista eminentemente  enunciativa  pueda  excluirse  alguna,  pues  la  condición idónea para que el  punible  tenga  realización  está  dada  porque  el  sujeto  pasivo  no  pueda  enfrentar, esto es, no pueda resistir el acto abusivo».   

Como  se  verá  a  continuación,  éste  concepto  difiere mucho del que a lo largo del libelo  plantea la casacionista.   

2.   Cargo  primero: falso raciocinio.   

Según      la      mandataria  judicial de la víctima, el  Ad  quem  incurrió  en  yerros  de  raciocinio  en  el  análisis  de varias  pruebas   testimoniales,   ya   que   desconoció  los  postulados  de  la  sana  crítica.   

En  términos generales, porque descartó  el    elemento    del    tipo   “incapacidad   de  resistir”,  argumentando que el avanzado estado de  embriaguez    que    presentaba    la   ofendida,   no   era   suficiente   para  estructurarlo.   

Ya en concreto,  afirma que esos yerros se  cometieron respecto de estas probanzas:   

2.1.  Testimonios  de  Alejandra  Zuluaga  Dossman y Katia Leonor Barros.   

La     recurrente     dice  que  a  pesar de que estas deponentes, amigas de la víctima,  observaron el lamentable estado en que se encontraba  aquella  por  su estado de alicoramiento,   el   Tribunal  las  descartó  aduciendo  que  se  trataba  de  apreciaciones meramente subjetivas.   

Para empezar, sostiene que esa  decisión  desconoció  las reglas de la experiencia,  acorde  con  las  cuales  las  personas adultas “pueden  identificar  en  un  ser  humano el comportamiento anormal  causado  por  el  uso de sustancias embriagantes, como lo es el alcohol, máxime  cuando  han  mantenido una relación de amistad y trato constante con la persona  a  quien  observan  y  se  encuentra  bajo el influjo del mencionado estimulante  químico”.   

Lo  anterior  es  cierto,  pero olvida la  libelista  que  lo  que  se  discute no es si la víctima estaba ebria, pues, es  éste un hecho probado, sino su capacidad de comprensión.   

Por eso, si el Tribunal determinó que se  trataba  de  apreciaciones  subjetivas,  le  asiste la razón, habida cuenta que  entre   las   personas   no   hay   un  criterio    unificado    para   determinar   si   otra   está   bajo  los  efectos  del  licor  o  no,  situación  que  cualquiera    puede  determinar, de acuerdo a su propio interés.   

Lo  curioso  del asunto es que la censora  termina  por  contradecirse,  ya  que en el desarrollo del mismo reparo acusa al  Tribunal  de  haber  creado una tarifa probatoria cuando afirma que la prueba de  la  embriaguez puede aportarse con testigos, olvidando que de estos “jamás  podrá  predicarse  completa objetividad”.   

Reconoce así, que las manifestaciones de  los  deponentes  pueden  constituir apreciaciones meramente subjetivas, tal como  lo  dijo  el Ad quem en su  providencia.   

Sumado a lo anterior, se tiene que la que  está  creando  una  tarifa  probatoria  es la propia  actora,   cuando   arremete   contra   el  juzgador,  acusándolo   haber   quebrantado   las  leyes  de  la  ciencia  por  no haber  tenido      en     cuenta     el     Reglamento  Técnico  Forense  para la Determinación Clínica del  Estado  de  Embriaguez  Aguda”,  introducido en el  ordenamiento  jurídico colombiano con la Resolución 1183 de 2005, en el que se  explican  las características clínicas que se observan en las personas, según  el grado de alcoholemia.   

De  esa  forma  vuelve  sobre  lo  mismo,  debiendo   reiterar   la   Sala   que  no  se  trata de determinar el grado de  ebriedad  de una persona,  sino  si  hay  elementos de juicio para establecer la voluntad o no de consentir  en una relación sexual.   

De  todos  modos,  lo  que  denuncia  la  apoderada  de la víctima es una desatención normativa irrelevante, más que la  infracción de las leyes  de  la  ciencia,  pero  con  el  agravante  de  que nunca especifica cuáles  fueron  los  preceptos  científicos  ignorados,  ni mucho menos cuál sería su  incidencia en éste asunto.   

En  efecto, acerca de la forma de invocar  la      violación      de      las      leyes     científicas     –de cara a tener por violentados los  preceptos  de la sana crítica-, en otros  casos dijo  la    Corte5:   

«Si  de  verdad  lo  postulado  tuviese  vocación  de  representar  alguna  ley  de  la ciencia, cuando menos habría de  explicar  la  casacionista  en  dónde  residen  sus  características  de  aceptación,  irrefutabilidad  y universalidad,  a  partir  de  las  cuales  deducir  que, en efecto, siempre la  visibilidad  de  los  conductores  de  camión  y  su  capacidad de reacción se  encuentran  estrechamente  relacionadas  con  las  dimensiones  del  rodante, la  altura  de  un peatón y la distancia existente entre éste y el vehículo y que  siempre  la  ingesta  de  alcohol  etílico  disminuye las capacidades físicas,  psíquicas  y  neurológicas de las personas, para, de esa forma, desvirtuar las  conclusiones  del  Tribunal.  Sus asertos ni siquiera se conocen, al menos no lo  demuestra  la  demandante, como teorías científicas, es decir, como enunciados  teóricos  referidos  a los resultados de algún procedimiento razonable, aunque  su  comprobación  e  irrefutabilidad  universal  fuese  inestable,  lo cual los  excluye  de  la  condición  de  validez  universal»  (se resalta).   

Ninguno  de  estos  derroteros  acata  la  censora,   quien  en  últimas  no  logra  demostrar  error   alguno  en  el  estudio judicial de las aludidas testificaciones.   

2.2. Testimonio de la víctima.  

Lo  propio  ocurre  con  relación  a  la  versión     de    la    ofendida,    pues,      aunque     se       alegue      que  el  Tribunal desconoció las leyes  de  la  ciencia,  no  se acredita yerro alguno en su  examen.   

La  denuncia  se  hace  por  cuanto  el  fallador ignoró que cuando no existe una patología  o  evento  traumático  al  cual se pueda endilgar el  origen  de la amnesia lagunar, esta puede presentarse  como  síntoma  clínico  de  embriaguez  de tercer grado, tal como lo indica el  Reglamento antes mencionado.   

Lo  anterior  puede  ser  cierto,  pero,  volviendo  obligadamente  sobre  lo mismo, esa situación no conduce a acreditar  que   estuvo  en  incapacidad  para  resistir,  más  si  se  aduce  un  posible  enlagunamiento  que  es  reconocido por la propia declarante, ya que se sabe que  éste  es  un  estado  de  amnesia  posterior,  que  nada  tiene  que ver con la  capacidad de comprensión que se tenía al momento de los hechos.   

Tampoco  es  de  recibo  la máxima de la  experiencia   que  aquí  construye  la        demandante,  aduciendo  que  “cuando una mujer  sostiene  relaciones  sexuales no consentidas, esto es, es víctima de violencia  sexual,  existe una alta posibilidad de que las reacciones de rechazo, tristeza,  desespero        y        preocupación       sean       recurrentes”.   

Se  descarta la misma por cuanto parte de  hechos   no   probados,   como   sugerir   que   su  representada     fue     víctima    de   violencia  sexual  o  relaciones  sexuales  no  consentidas,  cuando justamente eso fue  el  objeto  de la investigación y en últimas, dada  la  duda  reconocida  por  los  juzgadores,  no  se  acreditó  ni  lo uno ni lo  otro.   

Eso quiere decir que la citada regla de la  experiencia,  no  es  sino la percepción de la memorialista, totalmente ajena a  lo  que se demostró en el  proceso.   

2.3.   Testimonio   de  Andrés  Felipe  Castrillón Gómez.   

A raíz de esta testificación, precisa la  impugnante,  el  Tribunal  descartó  que  la  víctima  no se encontraba en un  estado  “deplorable”  que  hiciera  inferir  su  incapacidad de resistir, sino que tenía aptitudes de  funcionalidad motora.   

Aunque suene incoherente, a partir de ello  lo     acusó     de     infringir    los  axiomas  de la lógica, acorde con  los cuales “una persona  no  puede  percibir distintos fenómenos, ante la inexistencia de la facultad de  estar     en     distintos     lugares    al    tiempo”,    pues,  si  Castrillón  Gómez  afirma haber realizado diversas  actividades,  no  podía  estar pendiente de todo lo que hizo la víctima.   

Lo  que  la  apoderada  de  la  ofendida  denuncia  como  principio  de  la  lógica,  que  obedece  más a una situación  referida a las leyes físicas, no es tal.   

Eso  quiere  decir  que  se  abstiene  de  concretar  violación  alguna  de los postulados de la sana crítica, situación  que  conduce  a que la Sala, por sustracción de materia, se abstenga de ahondar  sobre el particular.   

3.    Cargo   segundo:   falso juicio de identidad.   

Ya de entrada se advierte la incoherencia del discurso de  la  recurrente  cuando denuncia de  manera  abstracta  que  “los testimonios que daban  cuenta     del     estado     de     embriaguez    de    la    mujer” fueron cercenados y tergiversados,  pero  al  final  solo  se  aborda  uno  de ellos, el  de  Edwin Darío Rodríguez Oliveros, quien estaba en  el  lugar  de  los  hechos  y  es  utilizado por el Tribunal para indicar que la  ofendida  salió  de allí por sus propios medios y, por consiguiente, no estaba  en incapacidad de resistir.   

Lo       que       efectivamente  dijo  el  testigo y que  fue    tomado    por    el   juzgador,   es   que   la   víctima   “salió  caminando del lugar”, pero  ello     no    merece    credibilidad    para    la    censora,    quien    insiste   en  que  sí  se  demostró  la  incapacidad para resistir, por el  estado de alicoramiento.   

Sin exageraciones, de esa forma plantea el  error  de  hecho  por  falso  juicio  de identidad la  libelista,    desconociendo    que    para   su   demostración  le  correspondía  referir  objetiva  y  fielmente   el   contenido  del  medio  de  prueba  para luego confrontarlo con el valor atribuido por los  falladores  en  las providencias atacadas, y de esa manera evidenciar que en tal  labor  contemplativa  le  recortaron  apartes  trascendentes  -falso  juicio  de  identidad  por  cercenamiento-, o le agregaron situaciones fácticas ajenas a su  texto  -falso  juicio de identidad por adición-, o tergiversaron el significado  de  su  expresión literal -falso juicio de identidad por distorsión-, luego de  lo  cual  era  perentorio intentar un ejercicio dialéctico encaminado a mostrar  la  trascendencia  del  vicio,  en  la  medida  en que al apreciar tales pruebas  depurada  del  yerro,  en conjunto con los demás elementos de persuasión y con  sujeción  a los postulados de la sana crítica, la conclusión jurídica que se  imponía  era  diversa  y  favorable  a  los intereses representados6.   

Como      una      disertación  semejante  a  la  esbozada  no  se  aprecia en parte  alguna   de   la  demanda,  el  reproche  no  es  de  recibo.   

4.    Cargo    tercero:       falso      juicio     de    existencia.   

La      actora      critica       que      el  Ad quem  no  haya valorado   el   testimonio  de  la  perito  antropóloga  en  género  Rosa  Inés  Curiel  Pichardo, presentado,  de  un  lado,  para  evidenciar  la  improbabilidad   de   que   la   víctima   consintiera   una  relación  sexual  heterosexual,  dada  su  orientación  sexual  hacia  el mismo género de manera  estable  y duradera, y, de  otro,  para poner en conocimiento de los jueces el contexto de discriminación y  violencia  que  sufren  las  mujeres lesbianas y su dificultad para acceder a la  justicia.   

Los  anteriores  temas,  valga  decirlo,  pueden  servir  de  ilustración  para los jueces, pero no los atan a la hora de  tomar            sus           decisiones.   

Se   trata   de  temas  genéricos,          seguramente  resultado  de una investigación seria y concienzuda,  que   de   todos   modos   parten   de   la  muy  subjetiva  percepción  de  la  perito      que      la      realiza.   

Es  discutible  que  se  afirme con tanto  ahínco  que  una  mujer  lesbiana  no  esté en condiciones de tener relaciones  sexuales  con  un  hombre,  asi  como  que se generalice que por esa condición,  necesariamente es sujeto de discriminación.   

Incluso, la impugnante dice que ese trato  discriminatorio se ve reflejado en el acceso a la justicia.   

En este proceso, por lo menos, la víctima  no   lo   fue,   pues,   basta   revisar  integralmente  la  actuación  para  advertir  que  siempre  se  respetaron  sus  derechos  como  mujer y por ostentar  esa condición.   

Lo  anterior  no se desdice por  el  hecho  de que el fallo no haya  salido  a  su favor, lo cual obedeció a que las instancias reconocieron la duda  y   aplicaron   el   principio   del  in  dubio  pro  reo para absolver al procesado.   

A  la  Corte  no  le competía, entonces,  realizar  un  nuevo  examen  probatorio, sino estudiar la demanda de casación y  determinar  si la representante de la víctima demostró algún yerro demandable  en esta sede, lo cual no ocurrió.   

Ni  siquiera  en  este caso, en el que si  bien  es  cierto  que  el Tribunal ignoró por completo la versión de la perito  antropóloga,  el juzgado de conocimiento sí lo resumió y lo tuvo en cuenta en  su     examen    de    las    pruebas.   

Así    las    cosas,    además    de    que    no    se   acreditó   trascendencia           alguna,   se  tiene  que  como  el  fallo  de  primer  grado conforma una unidad  jurídica  inescindible  con  el  de  segundo    nivel,    ello   es   más   que   suficiente   para   descartar  el falso juicio de existencia  por omisión que denuncia la casacionista.   

Lo anterior, sumado a las consideraciones  previamente consignadas.   

3. Precisiones finales.   

3.1.  La  Corte  entiende  necesario  precisar  de cara al  proemio  de  la demanda de casación, que de ninguna manera desconoce o prohíja  el  desconocimiento  de  las  normas  nacionales  e  internacionales dirigidas a  combatir  la  discriminación  de  género y los delitos graves que afectan a la  mujer.   

Todo lo contrario, de manera reiterada, en  sus  decisiones,  ha  introducido dichos conceptos, haciéndolos cobrar eficacia  material.   

Sin  embargo,  ello no significa que deba  mirarse   acrítica   o   descontextualizadamente   el   caso   concreto  y  las  particularidades   fácticas   y   probatorias   que  encierra  la  tramitación  penal.   

A este efecto, se reitera, no observa que  en  la  intervención en las instancias se hayan vulnerado tan caros preceptos o  se  hubiese desconocido la condición particular de la víctima, en cuanto mujer  digna de especial atención.   

Sucede  que  el proceso penal también se  haya  provisto  de  unos  principios  fundamentales,  de  cara  a  preservar  la  condición  de  Estado Social de Derecho inserta en nuestra Carta Política, que  de  ninguna  manera  pueden  ser  desconocidos  al  amparo  apenas  del criterio  abstracto que gobierna la protección de la mujer.   

En el caso concreto, el balanceo de todos  los  principios  en juego permite advertir que no es posible condenar al acusado  simplemente  porque no se encontraron los elementos probatorios suficientes como  ampliamente  lo  detallaron  las  instancias,  para  verificar con todo rigor su  responsabilidad penal.   

Estima   la   Sala   que  la  verdadera  protección  de  la  condición de género, en lugar de satisfacerse puede verse  deslegitimada  cuando  la sanción penal no se haya revestida del debido proceso  en estricto sentido.   

3.2.  La  Sala  inadmitirá la  demanda  de  casación  presentada por la  defensora  de  la  víctima,  no sin antes advertir  que  revisada  la  actuación  en lo  pertinente,  no  se  observó  la  presencia  de alguna de las hipótesis que le  permitirían  superar  sus defectos para decidir de fondo, de conformidad con el  artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

3.3.  Resta  anotar,  que  en  contra de este proveído procede el  mecanismo  de  insistencia,  en  los  términos  ampliamente  decantados  por la  jurisprudencia de la Sala.   

DECISIÓN  

En  mérito de  lo  expuesto,  la  Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

1.  INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  representante  de  la  víctima, en  seguimiento   de   las   motivaciones   plasmadas   en   el   cuerpo   de   este  proveído.   

2. De conformidad  con  lo  dispuesto  en el artículo 184 de la Ley 906 de 2004, es facultad de la  demandante elevar petición de insistencia.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1 De  igual   manera,  expone  lo  que  considera  debe  entenderse  por  incapacidad   para   resistir  y  los  elementos para su configuración.   

2 En  capítulo  aparte,  la  representante  de la víctima dice que la conclusión de  los  dos  primeros  reparos  apunta  a  que sí se demostró la incapacidad para  resistir,  lo  cual  debió  conducir  a  que  no  se aplicará el principio del  in dubio pro reo, tópico  sobre el cual cita precedente de la Sala.   

3 CSJ  AP, 27 jun. 2012, Rad. 38591.   

4  Cfr. Rad. 30546, auto de 25 de noviembre de 2008.   

5 CSJ  AP, 13 sept. 2010, Rad. 34434 y CSJ AP, 20 nov. 2013, Rad. 42324.   

6  Entre  otros,  en CSJ AP, 25 agosto 2010, Rad. 24435; CSJ AP, 3 julio 2013, Rad.  41437; y C SJ AP, 28 agosto 2013, Rad.41738.     

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