AP862-2015(45404)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado Ponente  

AP862-2015  

Radicación N° 45404.  

Aprobado acta No. 77.  

Bogotá, D.C., veinticinco (25) de febrero de  dos mil quince (2015).   

V I S T O S  

Se  pronuncia  la  Corte     sobre    la  admisibilidad   de   la   demanda  de  casación  instaurada  por  la defensora de  INÉS  ADONAI  GUARNIZO  DE  TRIANA y JOSÉ ORLANDO TRIANA GUARNIZO en  contra  de  la  sentencia proferida por el Tribunal Superior de  Ibagué  el  2  de  octubre  de    2014,  mediante la cual se confirmó la que a  su   vez   había   dictado   el  Juzgado  Penal  del  Circuito del Guamo (Tolima)  el  26  de  marzo  de 2012, en el sentido de declarar  penalmente  responsables  a  los  procesados como coautores del delito de Fraude  procesal.   

A N T E C E D E N T E S  

    

1. Fácticos     

En  la sentencia recurrida se destacan como  hechos jurídicamente relevantes los siguientes:   

JESÚS MARÍA SÁNCHEZ ROJAS, representante  de  la Sociedad JESÚS MARÍA SÁNCHEZ R Y CIA S en C., presentó denuncia penal  en  la cual afirmó que la empresa suministró insumos agrícolas, a crédito, a  INÉS  ADONAI  GUARNIZO  DE  TRIANA,  para  sus  cultivos  de arroz en el predio  denominado  La  Virginia,  del  Municipio  de  Saldaña,  por  un valor total de  $62.205.277,  representados  en  un  pagaré;  aseveró que ante la omisión del  pago,   instauró   demanda   para  hacer  efectivo  el  título  valor  por  el  procedimiento  ejecutivo  singular,  por  la  suma  adeudada  más los intereses  moratorios.   

El proceso correspondió al Juzgado Primero  Civil  del Circuito del Guamo, despacho al que solicitó como medida cautelar el  embargo  del 50% de la cuota parte que le corresponde a INÉS ADONAI GUARNIZO DE  TRIANA,  sobre  los  bienes  0011190, finca la Virginia y 368-0013668, casa lote  ubicada  en  la  calle  17  No.  14  A – 18, del Municipio de Saldaña.   

Posteriormente,  INÉS  ADONAI  GUARNIZO DE  TRIANA,  con el ánimo de evadir el pago, vendió la finca La Virginia al Molino  Roa,  aunque  estaba  hipotecada a la Caja Agraria, por la suma de $220.000.000,  de  los  cuales  recibió  un  cheque  a  su  nombre por la suma de $86.000.000,  firmaron   varios   pagarés.   Al  momento  del  registro  de  las  escrituras,  advirtieron  que  el  inmueble  estaba  embargado,  por ello Molino Roa instaura  proceso  ejecutivo  hipotecario  contra  INÉS  ADONAI GUARNIZO DE TRIANA, José  Orlando  Triana  Guarnizo  y Rosa Virginia Triana Guarnizo, quienes firmaban los  pagarés y daban en garantía los bienes inmuebles reseñados.   

Pero,  en  realidad,  no  aparecía ningún  gravamen  hipotecario sobre dichos inmuebles a favor de Molino Roa, solamente se  hizo  con  el  fin  de  desplazar  las  medidas  cautelares  dentro  del proceso  ejecutivo singular.   

Al  percatarse  la  procesada  de  que  los  inmuebles  volvían  a estar embargados en el proceso instaurado por la sociedad  del   denunciante,   INÉS  ADONAI  GUARNIZO  DE  TRIANA  procedió  a  realizar  conciliaciones  laborales,  por  créditos prescritos, con su hijo José Orlando  Triana Guarnizo, ante la Oficina de Trabajo del Espinal.   

Igualmente, INÉS ADONAI GUARNIZO DE TRIANA  realizó  conciliación  laboral  con  Rafael  Lozano,  quien,  mediante acción  laboral,  embargó  el  crédito en el proceso civil, cuando en verdad, entre la  procesada   y   el   supuesto   trabajador   nunca  existió  vínculo  de  esta  naturaleza.   

    

1. Procesales     

El 26   de   noviembre   de  2007,   con   base   en   la   denuncia   instaurada  por  Jesús    María    Sánchez    Rojas,  la  Fiscalía   22  Seccional  de  Ibagué  profirió  resolución   de   apertura   de   instrucción   en   contra   de  INÉS   ADONAI   GUARNIZO   DE   TRIANA   y  JOSÉ  ORLANDO  TRIANA  GUARNIZO,              quienes           rindieron   indagatoria   el   22  y el 25 de febrero de 2008, respectivamente, imputándoseles el  delito de Fraude procesal.   

El 27  de  abril de  2010,  se declaró cerrada  la  investigación  y,  el  16 de julio siguiente, una  vez  agotado  el  término  de  traslado  a los sujetos procesales, la fiscalía  calificó  el  mérito  del  sumario  profiriendo  resolución  de acusación en  contra   de   los   procesados   como  coautores  del  delito    de    Fraude  procesal.   Contra   esa  providencia no se interpusieron recursos.   

El  trámite  de  la  etapa  de juzgamiento  correspondió  al Juzgado Penal del Circuito del Guamo  (Tolima),  el  cual,  luego  de  surtido  el traslado  previsto   en   el   artículo   400   del   C.P.P./2000,   realizó,    sucesivamente,    la   audiencia  preparatoria   el  9  de  agosto y la pública   de   juzgamiento  el  1  de  diciembre, ambas en el año 2011.   

El          26        de        marzo      de      2012,   el   Juzgado   dictó  sentencia  mediante  la cual se condenó a los procesados por el  delito   objeto   de   acusación.  En  tal  virtud,  les impuso las           penas  de  prisión  por  un  término  de  48 meses, multa por valor  de  200  salarios mínimos legales mensuales vigentes  y  la  (accesoria)   inhabilitación  de  derechos  y funciones públicas por 5 años, negándoles el  subrogado   de   la   suspensión   condicional   de   la   ejecución   de   la  pena.   

El 26 de agosto de 2014, ante el recurso de  apelación  promovido  por  el  defensor,  el  Tribunal Superior de Ibagué  confirmó  la  condena aunque  modificó  el fallo    para    concederle    a   los   procesados   el    subrogado    que    en   primera   instancia   había   sido  negado1.        Contra        esta        sentencia,        la         defensora  interpuso el recurso extraordinario  de  casación2  y  lo  sustentó  mediante  la  presentación  de  la respectiva  demanda3.  En  relación  a la misma, no hubo pronunciamiento por parte de  los sujetos procesales no recurrentes.   

LA  DEMANDA  

Una   vez   se   identifican  los  sujetos  procesales,  la  sentencia  impugnada,  los  hechos  juzgados  y  la  actuación  procesal  relevante,  se  formula  un  cargo  principal  de violación indirecta  “por  errada  valoración  de  los  hechos  y  la  prueba”,  y otro subsidiario de infracción directa,  los cuales sustentó en los siguientes términos:   

Cargo     No     1:     “violación  indirecta”   

Alega una indebida aplicación del artículo  7  de  la  ley  600  de  2000  (duda  en  favor  del  procesado) que acarreó la  violación  de  la  presunción  de  inocencia. En la labor de demostración del  cargo,  afirma  que  la  sentencia  no  realizó  una valoración conjunta de la  prueba  documental  y  testimonial.  Destaca  que  las declaraciones de Virginia  Triana  Guarnizo,  William  Rivera  Lozano,  Ricardo  Vera, Luis Fernando Rojas,  Sixto  Guarnizo, Olimpo Triana Ramírez, Luis E. Oliveros Gómez, Gentil Morales  Capera  y  José  Roosvelt  Triana,  acreditaron  que  JOSE  O.  TRIANA GUARNIZO  efectivamente  fue trabajador en la finca de INÉS ADONAI GUARNIZO DE TRIANA, su  madre,  y  que  ésta  renunció  a la prescripción de las acreencias laborales  ante la oficina del trabajo.   

De  otra  parte,  señala  que  los procesos  ejecutivos  y la negociación con Molinos Roa fueron legales, así mismo, que la  inscripción  de  la  venta  de  un inmueble que se encontraba embargado a favor  del  “hoy  demandante”,  fue  un  error  del  cual  se  aprovecharon los procesados para recibir dineros,  pero,  advierte, esa situación no fue incluida en el juzgamiento. Así, estima,  nunca  se desvirtuó la presunción de inocencia y, por el contrario, destaca la  existencia  de  una  duda  razonable  que impide tener la certeza requerida para  condenar.   

Cargo No 2: violación directa  

Se  denuncia  que en la sentencia se omitió  analizar  que  la  investigación  realizada  por  la  fiscalía y el juzgado de  conocimiento  no  fue  integral  porque  nunca  se  dirigió  a los aspectos que  favorecían  a  los procesados, de manera tal que se vulneró lo dispuesto en el  artículo  20  de  la  Ley  600 de 2000. En tal sentido, cuestiona (i) que no se  haya  profundizado  sobre  el actuar de Molinos Roa, de quien dice se aprovechó  de  las  necesidades  económicas  de  aquéllos  y,  por esa vía, los indujo a  vender  un  inmueble  que  supuestamente estaba libre de gravamen a bajo precio;  (ii)  que  no  se indagó sobre el “error” o “complicidad” de la oficina  de  registro  en  dicha  compraventa;  y  (iii)  que  tampoco se auscultó sobre  “la  forma  como  el  acreedor hizo que la señora  INES  ADONAI  GUARNIZO  DE  TRIANA,  se  obligó  con el demandante, firmando un  título ejecutivo pero bajo engaños.”.   

Peticiones  

Luego   de   invocar   el   principio   de  favorabilidad  y  la  casación  oficiosa  establecida  en  la  Ley 906 de 2004,  solicita,  en  primer  lugar, se efectúe un estudio sobre el trámite y recaudo  de  las  pruebas o una posible nulidad, y, finalmente, se case la sentencia para  absolver a los procesados.   

C O N S I D E R A C I O N E S  

De  conformidad  con  lo  previsto  en  el  artículo  213 del Código de Procedimiento Penal de 2000, la Corte pasa        a       examinar   la  demanda  de  casación  instaurada     por  la    defensora  de  INÉS  ADONAI  GUARNIZO DE TRIANA y JOSE ORLANDO  TRIANA          GUARNIZO         con  el  objeto  de  determinar  si es  admisible  o  no,  lo cual dependerá de la   legitimidad   del  recurrente  y  del cumplimiento de los requisitos consagrados en el  citado estatuto para ese acto procesal.   

En primer lugar,  resulta  evidente  que el  demandante  se  encuentra plenamente legitimado para  recurrir    en    casación    conforme    lo    establece    el    artículo        209     del     C.P.P./2000,   pues,  es   el  sujeto  procesal  titular  de  la  defensa  técnica.  Además,  le  asiste  interés  jurídico  porque  la providencia judicial impugnada (sentencia  condenatoria)   produce   consecuencias   notoriamente   adversas   a             los  procesados, por     vía     de     la     imposición     de     sanciones          penales   cuya  naturaleza     es    la    de    privar o limitar  el     ejercicio    de    derechos    y  libertades fundamentales.   

Sin   embargo,   desde   ya        se       advierte   que,  según  lo establecido en  el  artículo  205  del  C.P.P./2000,  el recurso de  casación   interpuesto   no  es  procedente  porque  si  bien se dirige  contra una sentencia proferida en segunda instancia por un  Tribunal  Superior  de Distrito Judicial –el       de       Ibagué-,         la  pena  máxima de prisión imponible  al  delito  de   Fraude  Procesal  que  se  juzgó  no    excedía    los    8   años,   conforme  lo  preveía el tenor   original   del  artículo  453  del         Código         Penal. A más de  ello,  ni  el  recurrente  invocó  la vía de la casación discrecional ni la Corte la considera necesaria  en   este   caso   para  desarrollar  la  jurisprudencia o para garantizar derechos fundamentales, siendo  ésta  la  única  excepción  a  la regla de los máximos punitivos imponibles,  tal    y    como   lo  dispone  la  misma  norma  procesal  que  antes  se  citó.   

Ahora  bien,  aun  cuando  se hiciera caso  omiso       a       la       causal      de      improcedencia      anotada,  la   demanda   es   inadmisible  porque,   como   se   verá,   no formuló  ni  sustentó  un  cargo  susceptible     de     estudio    en    sede    de  casación.     Es     más,     aquélla  carece  de  cualquier   argumento  tendiente  a  establecer  la  necesidad  de  abordar  su  estudio  para  alcanzar  una  de las precisas  finalidades   previstas   en   el   artículo  206  del  C.P.P./2000;    en    efecto,   ninguna   razón  se  esgrime a partir de la cual se pueda inferir que  un  fallo  es  imperativo para lograr la efectividad  del  derecho  material  y  de  las  garantías  debidas, o la unificación de la  jurisprudencia  o  la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  las partes.   

Cargo     No     1:     “violación  indirecta”   

Al   amparo  de  la  causal  de  casación  consistente  en  la  violación  indirecta  del  principio  de la presunción de  inocencia,  alega  la  demandante  que  el  juzgador no realizó una valoración  conjunta  de la prueba, pues la múltiple prueba testimonial que reseña habría  acreditado  los  siguientes  hechos:  (i) que la relación laboral entre los dos  procesados  efectivamente  existió; (ii) que el parentesco que los une (madre e  hijo),   impulsó   a   INÉS  ADONAI  GUARNIZO  DE  TRIANA  a  renunciar  a  la  prescripción  de  las  acreencias  que se generaron por tal vinculación, (iii)  que  la  negociación  con Molinos Roa fue legal; y, por último, (iv) que a sus  defendidos  no  les  es  achacable  el  error  de  la  oficina  de  registro  de  instrumentos  públicos.  Así,  concluye,  es  clara  la existencia de una duda  razonable que impide una condena.   

Como puede observarse, más allá de aludir a  una  infracción indirecta de la ley sustancial, la demandante nunca identificó  el  concreto  yerro judicial cometido en la actividad de apreciación probatoria  que  habría generado la denunciada violación normativa. En efecto, no precisó  si  los  juzgadores  cometieron  un error de hecho porque se omitió o se supuso  una  prueba (falso juicio de existencia), o porque se tergiversó o distorsionó  su  contenido  (falso  juicio  de  identidad),  o  porque  en  su valoración se  infringieron  las reglas de la sana crítica (falso raciocinio), o si fue que se  incurrió  en  un  error  de  derecho  porque  se  desconocieron  las  reglas de  producción  de  la  prueba  (falso  juicio  de  legalidad)  o el mérito que el  legislador le ha fijado (falso juicio de convicción).   

Ahora  bien,  podría pensarse que cuando se  aduce  la  falta  de  valoración  conjunta  de la prueba obrante, la censura se  aproxima  a  un  error  de  hecho  por  falso  raciocinio; sin embargo, esa sola  aseveración  es  insuficiente  para  abordar  su  estudio  porque  ni  siquiera  mencionó  cuál  sería  la  regla  de  la  sana  crítica que, en concreto, se  habría  vulnerado:  si  un principio de la lógica, si una ley científica o si  una  máxima  de la experiencia. Peor aún, en la demanda tampoco se especificó  la   prueba   o  pruebas  en  cuya  apreciación  se  habría  materializado  la  equivocación;   por   el   contrario,   propone   un  ataque  indiscriminado  y  generalizado  contra el acervo probatorio. Por último, ninguna razón se expuso  para  manifestar  en qué habría consistido la vulneración a la presunción de  inocencia;  en  cambio,  se limitó a exponer las conclusiones a las que, según  la opinión infundada de la libelista, se debió arribar.   

La  manifiesta  falta  de  sustentación del  “primer  cargo” de la demanda de casación impide determinar el objeto y los  límites  del  debate,  por  lo  que  su inadmisión refulge insoslayable.    

Cargo     No     2:     “violación  directa”   

Luego  de  invocar  la  causal de violación  directa  de  la  ley  sustancial, la impugnante manifiesta que se desconoció el  principio   de   investigación  integral  porque  los  funcionarios  judiciales  cognoscentes  no auscultaron algunos acontecimientos, entre los cuales menciona:  (i)  la  irregular  actuación  de  Molinos  Roa  que se “aprovechó” de las  necesidades  económicas de los procesados, (ii) el error o la complicidad de la  oficina  de  instrumentos  públicos  en  la  inscripción de una compraventa, y  (iii)  el  engaño  bajo  el  cual INÉS ADONAI GUARNIZO DE TRIANA suscribió un  título         ejecutivo         a         favor        del        “demandante”.   

El  recuento  que  se  acaba  de realizar es  suficiente  para  concluir  que  la  alusión a una infracción de la ley por la  vía  directa  es  ostensiblemente  impertinente,  pues  no  se desarrolló y ni  siquiera  se  mencionó  una  de  las hipótesis que configuran una tal forma de  desconocimiento  del orden jurídico: ni la falta de aplicación, ni la indebida  aplicación  ni  la  interpretación  errónea.  Es más, ni aun de manera   genérica  se  propone  la  existencia  de  una  equivocación  en el proceso de  aplicación  de  las  leyes al caso concreto o, lo que es igual, en la relación  de   adecuación  –o  de  subsunción-  que  debe  existir entre los extremos fácticos y normativos. Así  pues,  la  demanda  no  contiene  ni  la propuesta de un cargo específico ni la  sustentación adecuada a la causal de casación elegida.   

No   obstante,  la  manifestación  de  un  menoscabo  al  principio  de investigación integral pudiera constituir un vicio  del  debido  proceso que, en principio, sería susceptible de estudio en sede de  casación  por  vía  de  la  causal  de  nulidad prevista en el numeral 3º del  artículo  207  del  C.P.P./2000.  Sin  embargo,  para  el caso bajo examen, tal  opción  es  improcedente porque en la demanda no se explican los fundamentos de  dicha  aseveración,  al  punto  que  ni  se  identifican   las pruebas que  hubiesen  favorecido  a  los  procesados  y  en cuya recepción los funcionarios  judiciales  no  se  interesaron.  Es  obvio  que,  por  sustracción de materia,  tampoco  se  incluyó el indispensable análisis de trascendencia que permitiera  concluir  que  la  actividad  probatoria  omitida  ostentaba la virtualidad para  modificar la decisión condenatoria.   

Además, la mención de supuestos fácticos y  no  de  pruebas  que  habría “omitido” el juzgador, lo que refleja, una vez  más,  es  que  la recurrente, desconociendo absolutamente el ámbito material y  la  lógica  del  recurso  extraordinario  de  casación, pretende imponer en el  proceso  su particular visión del asunto pero de manera abiertamente caprichosa  porque  no  acompaña  de  razones  sus  afirmaciones  defensivas  que, ante tal  panorama,  no  pasan de constituir simples peticiones de principio. Es más, aun  cuando,  en  gracia  de  discusión,  se tuvieran por demostrados los hechos que  jamás  se  verificaron  según  la  demandante,  tampoco  se  explica  y  no se  vislumbra  cómo  pudieran  desvirtuar la comisión de un Fraude procesal que el  Tribunal describió en los siguientes términos:   

En este contexto, se actualiza la conducta  de  fraude  procesal  puesto  que los procesados JOSÉ ORLANDO TRIANA GUARNIZO e  INÉS  ADONAI  GUARNIZO  DE  TRIANA,  así como Rafael Lozano, actuando en causa  propia,  acudieron  ante  la  Inspectora  de  Trabajo  del  Espinal  y ante ella  declararon  que  la  señora GUARNIZO DE TRIANA les adeudaba sumas de dinero por  prestaciones  laborales  y  ésta, sin reparo, sin alegar siquiera que muchas de  las  mismas  se  encontraban  prescritas, se comprometió a pagarlas en un plazo  corto,  cuando  sabía  que  dada su difícil situación económica no le sería  posible,  con  lo  cual propiciaba el escenario perfecto para activar el aparato  judicial  en  el  que  los  supuestos acreedores instauraban demandas ejecutivas  laborales  en  las  que,  teniendo  como  títulos  las  actas  de conciliación  espurias,  consiguieron  que  se librara mandamiento de pago contra INÉS ADONAI  y,  en  consecuencia,  el embargo del porcentaje de los predios de su propiedad,  con  lo  cual desplazaron el decretado dentro del proceso civil impulsado por la  Sociedad del aquí denunciante, Jesús María Sánchez.   

Finalmente,  la solicitud de un “estudio  sobre  el  trámite y recaudo de pruebas o una posible  nulidad”  que  eleva la demandante, es una petición  infundada,  abstracta e indeterminada que demuestra el inequívoco propósito de  la  recurrente  en  convertir al tribunal de casación en juez de instancias que  ya se superaron.    

Conclusión  

En consecuencia  de   lo   expuesto,  siendo  que  la  demanda   presentada         por         la defensora  de  INÉS  ADONAI  GUARNIZO DE TRIANA y JOSE ORLANDO  TRIANA  GUARNIZO,  no contiene ni la formulación ni  la    sustentación   de   un   cargo   específico   de   casación,  la  Corte  la     inadmitirá.   

D E C I S I Ó N  

En  mérito  de  lo expuesto, la    Corte    Suprema    de    Justicia,    Sala   de   Casación  Penal,   

R E S U E L V E  

INADMITIR la demanda  de  casación  presentada por la defensora  de INÉS  ADONAI  GUARNIZO  DE  TRIANA y JOSE ORLANDO TRIANA GUARNIZO.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1  Folios 5-18 del Cuaderno Original del Tribunal.   

2  Folio 32, ibídem.   

3  Folios 46-51, ibídem.     

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