AP8295-2016(49019)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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PATRICIA   SALAZAR   CUÉLLAR   MAGISTRADA  PONENTE   

AP8295-2016  

Radicación     No.:     49019   

Acta No. 387  

Bogotá       D.      C,  treinta  (30) de noviembre de dos mil  dieciséis (2016)   

VISTOS  

Resuelve la Sala si admite o no la demanda de  revisión propuesta por el defensor de FERNANDO MAURICIO MEDINA.   

HECHOS  

Así  fueron  resumidos por el Juzgado Penal  del    Circuito   de   Puerto   Boyacá   al   dictar   sentencia   de   primera  instancia:   

El presente proceso penal se originó de los  resultados  de  un procedimiento policivo de registro y allanamiento ocurrido el  24  de octubre de 2012, en el inmueble ubicado en la carrera 3ª N° 12-37 de la  localidad,  donde  se  encuentra el local comercial “Droguería Popular”, de  propiedad  del ciudadano Fernando Mauricio Medina, en el que se hallaron un arma  de  fuego,  municiones y accesorios, medicamentos vencidos, institucionales, sin  registro  del  Invima  y [de circulación restringida]  sin autorización.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

Por    tales    hechos,    el  4  de  diciembre  de  2013 el Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Puerto Boyacá dictó  sentencia,  condenando a FERNANDO  MAURICIO    MEDINA    como    autor    de       los      delitos         de         fabricación, tráfico, porte o tenencia  de   armas   de   fuego,   accesorios,   partes   o   municiones,   corrupción   de   alimentos,  productos  médicos  o  material  profiláctico  y  enajenación        ilegal       de  medicamentos,    a    la   pena   de   10      años     y     6     meses     de     prisión,   210   salarios   mínimos   legales  mensuales  de  multa,  la  de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas por el  mismo   término   de   la   sanción   privativa   de  la  libertad  y  le  negó  la  suspensión  condicional de la ejecución de la  pena   y   la   prisión   domiciliaria.   

La decisión de primer nivel fue apelada por  su  defensor,  y la Sala Penal del Tribunal Superior de Manizales, a través del  fallo  dictado  el  8  de  abril de 2014, la confirmó integralmente. Contra esa  determinación no se instauró recurso alguno.    

LA  DEMANDA  DE  REVISIÓN   

1.  El  defensor  invocó  la  causal tercera de revisión contenida en el artículo 192 de la Ley  906   de  2004.   En  sustento  de  ella,  indicó  que  las  declaraciones  extraproceso  rendidas  por  Benjamín  Jacanamijoy  Chasoy,  Luz Estela Tascón  Gámez,  Édgar  Salamanca Melo, Genier Irdolfo Laverde Solano y Agustín Segura  Enciso1    se   deben   tener   como   «prueba  nueva»,  pues  aunque  se  conocía  la  identidad de  dichos  testigos  y su conocimiento sobre los hechos desde antes de la época de  los  debates,  no  fue posible solicitarlos como prueba en el juicio oral porque  el  procesado se encontraba privado de la libertad y el defensor que representó  a  su  procurado  en  el  proceso  penal  no  adelantó una labor diligente para  llamarlos a juicio a deponer.   

Señaló que escuchar a dichos declarantes es  relevante  para  la  revisión  de  la sentencia, porque estos establecerán que  FERNANDO MAURICIO MEDINA no  era   el   tenedor  de  la  escopeta  de  fabricación  artesanal  encontrada  en  el  inmueble  allanado,  pues  ésta pertenecía a la  antigua   propietaria  del  local  comercial  y  fue  hallada  por  uno  de  los  trabajadores   que   lo   reparaba,   quien  la  dejó  en  el  lugar  donde  la  encontró.   

Además, los testigos tienen conocimiento que  en  la droguería allanada existe un área de comercialización de medicamentos,  así  como  un  «sector  de cuarentena»  y  que  en  este  último  eran  ubicadas las medicinas expiradas,  marcadas  como  de  «uso institucional»,     sin     registro     del     Invima    y    de    circulación  restringida.   

Pide  a  la  Sala  dejar  sin  efectos  las  sentencias  de  instancia y remitir las diligencias a un juez penal del circuito  para que tramite nuevamente el proceso.   

Con  la demanda, aportó copia del poder que  lo         faculta         para        actuar2,   copia  auténtica  de  las  decisiones            de           primera3        y        segunda  instancia4,   con  su  correspondiente  constancia  de  ejecutoria5.   

CONSIDERACIONES  

1.  La  Sala  de  Casación  Penal  de  la Corte Suprema de Justicia es competente para conocer de  la  presente  demanda  de  revisión,  de  conformidad  con lo establecido en el  numeral   2o  del  artículo  32  de  la  Ley  906 de 2004, por cuanto se dirige  contra  la  sentencia de segunda instancia proferida por el Tribunal Superior de  Manizales.   

2.  Dado  que  la  acción  de  revisión  busca  derruir  la intangibilidad de la cosa juzgada, es  preciso  cumplir  los  requisitos  formales para la presentación de la acción,  reglados  en  los  artículos  192  y subsiguientes del Código de Procedimiento  Penal  de 2004, dentro de los que se cuentan, la determinación de la actuación  procesal   frente   a   la   cual   se   demanda   la   revisión;  «la  causal  que se invoca y los fundamentos de hecho y de derecho  en  que  se apoya la solicitud»; las evidencias que se  aportan  como  sustento  de  la petición y copia de las decisiones «de   única,  primera  y  segunda  instancias  y  constancias  de  ejecutoria,  según  el  caso,  proferidas  en  la  actuación cuya revisión se  demanda».   

El  apoderado  del  condenado allegó con la  demanda  los  elementos  formales exigidos para calificarla, razón por la cual,  procede  ahora  la Sala al estudio de los que fundamentan la causal de revisión  invocada en aras de establecer si es o no admisible.   

3.  Sobre  la causal tercera invocada por la demandante, consistente en  el  surgimiento de hechos o pruebas nuevas con posterioridad a la sentencia, que  demuestran   la  inocencia  del  condenado,  en  forma  pacífica  la  Corte  ha  considerado  como  prueba  y hecho nuevo, «todo  instrumento  o mecanismo probatorio que por cualquier causa  no  se  incorporó  al  proceso.  Y  por hecho nuevo toda situación fáctica no  conocida  en  las  instancias,  o  toda  variante  sustancial  de una situación  fáctica   conocida,  que  tengan  la  virtualidad  de  desvirtuar  o  dejar  en  entredicho  la verdad declarada en el fallo». (CSJ SP,  15 de octubre de 2008, Rad. 29.626).   

Conceptos que se reiteran bajo el imperio de  la Ley 906 de 2004, pues la Sala ha sostenido que:   

[L]a  jurisprudencia  de  la Corte ha entendido tradicionalmente por prueba nueva todo  instrumento  o  mecanismo probatorio que por cualquier causa no se incorporó al  proceso.  Y  por  hecho  nuevo  toda  situación  fáctica  no  conocida  en las  instancias,  o toda variante sustancial de una situación fáctica conocida, que  tengan  la  virtualidad  de desvirtuar o dejar en entredicho la verdad declarada  en el fallo.   

Frente  al  nuevo  modelo de enjuiciamiento  penal,  estos  conceptos,  en  su  sustancialidad básica, se mantienen, pero en  atención   a   la  facultad  que  tienen  las  partes  que  intervienen  en  el  adelantamiento  del  proceso  instancial  de descubrir selectivamente los medios  probatorios  que pretenden hacer valer en el juicio oral, surge un requerimiento  adicional  a  la  exigencia de que la prueba no haya sido debatida en el juicio:  que  el  accionante  no  haya  tenido  conocimiento  de  su  existencia,  o  que  teniéndola,  no  haya  estado  en  condiciones  de aportarla.      

Si la parte ha conocido la prueba, pero por  razones  estratégicas o de cualquier otro tipo decide voluntariamente renunciar  a  su  descubrimiento  y  debate  en la audiencia del juicio oral, no tendrá la  connotación  de  nueva,  porque  lo  nuevo para la estructuración de la causal  tercera  de  revisión  será  únicamente  aquello  de  lo cual no se ha tenido  conocimiento  que  existe,  o  que  se  sabe  que existe pero que no fue posible  aducir al proceso.   

Esta  exigencia,  además  de  consultar la  dinámica   del   nuevo  modelo  de  enjuiciamiento  penal,  que  otorga  a  los  protagonistas  del  proceso  autonomía  en  el manejo de la prueba, reafirma el  carácter  de  acción  de  la revisión, cuya caracterización impide tener los  juicios  rescindente y rescisorio como una prolongación del proceso instancial,  donde    sea    válido   reabrir   espacios   de   discusión   probatoria   ya  superados.  (CSJ  SP,  15  de  octubre  de 2008, Rad.  29.626).   

Es  decir,  la  novedad  de  la prueba no se  deriva  de  su posterior creación, sino de la imposibilidad de someter a debate  al  interior  del  proceso  y  dentro de la oportunidad legalmente prevista, una  determinada  situación,  en  tanto que se creía inexistente o conociéndola el  accionante no tuvo la oportunidad de aportarla.   

Conforme  a  tales  precisiones, advierte la  Sala  que los medios de prueba aportados por el accionante no ofrecen la novedad  que  se  les  atribuye,  pues  aunque  en desarrollo del proceso penal no fueron  escuchados  los  testimonios de Benjamín Jacanamijoy Chasoy, Luz Estela Tascón  Gámez,  Édgar  Salamanca Melo, Genier Irdolfo Laverde Solano y Agustín Segura  Enciso,   las   razones  que  expone  el  defensor  no  demuestran  la  supuesta  imposibilidad para haberlos solicitado como prueba en esa época.   

En efecto, en la propia demanda se acepta que  desde  antes  de  la  diligencia  de  allanamiento  y registro a la «Droguería   Popular»,  el  procesado  tenía  conocimiento  de  que  Luz  Estela  Tascón Gámez le había vendido ese  local  comercial,  pero dejó varios objetos en él, entre ellos la escopeta que  dice  el testigo Genier Irdolfo Laverde Solano le exhibió. De allí se concluye  que  para  el momento de los debates, el demandante estaba plenamente consciente  de  que  Tascón  Gámez  podía  aportar información sobre el origen, estado y  ubicación del arma.   

Igual  situación  acontece  con  Benjamín  Jacanamijoy  Chasoy  y  Édgar  Salamanca Melo, que en declaración extraproceso  manifestaron  ser  amigos  del  sentenciado,  haber entrado al local comercial y  advertido  la  presencia  de  la  escopeta,  acontecimientos  que  para FERNANDO  MAURICIO  no  eran  desconocidos  al  momento  de  la solicitud de pruebas en el  juicio  oral,  pues  si  la  droguería  era  de su propiedad se infiere que él  permitió a los testigos ingresar.   

Respecto  de Genier Irdolfo Laverde Solano y  Agustín  Segura Enciso, el primer deponente manifestó ser la persona encargada  de  realizar  varios  arreglos  locativos  a la droguería y haber encontrado la  escopeta  de  fabricación artesanal, la cual exhibió a Segura Enciso y luego a  FERNANDO  MAURICIO  MEDINA,  quien  «la  cogió,  la  miró,  pero no manipuló mecanismos de disparo, me la entregó y me dijo que la  dejara        donde       no       estorbara»6.  Por  su  parte,  El  segundo  testigo  indicó  que  una  vez  fue  encontrada  el  arma  de  fuego, la puso a  disposición  de  FERNANDO MAURICIO MEDINA, «pero él  no  le  puso  cuidado  a  eso,  él  dijo  que  dejara esa escopeta vieja ahí y  ya».7   

De   dichas  aseveraciones  igualmente  se  advierte  que  el procesado conocía desde antes de la incautación del elemento  bélico  la  identidad  de  quien supuestamente lo encontró, lo que descarta el  carácter novedoso de dichas declaraciones.   

Ahora  bien,  el  actor  sostuvo  que  a  su  procurado  le  resultaba  imposible solicitar que los testigos fueran escuchados  en  el  proceso,  bajo el lacónico argumento de que éste se encontraba privado  de  la  libertad, aspecto que en forma alguna explica la inactividad de la parte  defensiva,  pues  todos  los  deponentes  eran  viejos  conocidos  del acusado y  vivían   en  el  mismo  municipio  que  habitaba  el  sentenciado  (Puerto  Boyacá).  Por  ende, si hubiese  sido  el  deseo  de  FERNANDO  MAURICIO  MEDINA que depusieran en el juicio oral  sobre  los  hechos,  nada  le  impedía  ubicarlos  y  citarlos  fácilmente por  intermedio  de  su defensor, sin que fuera impedimento para ello que el entonces  enjuiciado se encontrara recluido en un centro penitenciario.   

El  demandante igualmente señala como causa  para  que  no  se  haya solicitado oportunamente la práctica de los testimonios  que     hoy    considera    novedosos,    que    su    procurado    «tampoco  contó  con un defensor eficaz, que conociera la materia  y  que,  sabedor  de  la existencia de tales elementos probatorios, por lo menos  los hubiera soslayado».   

El  actor  se  apoya en un supuesto error de  procedimiento  como la ausencia de defensa técnica, que debió ser planteado en  los  recursos  de  instancia  e  incluso  en  la  casación,  para justificar la  imposibilidad  de  introducir  oportunamente  los  testimonios  que  hoy  aduce,  finalidad  inviable en sede de acción de revisión, pues ésta no fue concebida  para  discutir  la  forma  en  que  trascendió el trámite del proceso, sino la  reparación  de  injusticias  a  partir  de  la  demostración  de  una realidad  histórica  diferente  a  la del proceso, dentro de las causales establecidas en  la ley.  (CSJ AP, 11 Feb 2016, Rad. 45.712).   

         Adicionalmente,  el propio demandante se  limita  a  señalar  tímidamente que el profesional del derecho de ese entonces  conocía    la    existencia    de    los   declarantes   y   que   «soslayó»         solicitar  su  decreto  oportunamente, afirmaciones carentes de todo  sustento,  pues  no  demuestra  a  partir  de  qué hechos probados arriba a esa  conclusión,  ni  por  qué  tal  comportamiento  es  ajeno  a  toda  estrategia  profesional  y  obedece  a un verdadero abandono de la defensa, más allá de la  subjetiva opinión del demandante.   

En conclusión, se advierte que si al proceso  penal  no  acudieron  Benjamín  Jacanamijoy  Chasoy, Luz Estela Tascón Gámez,  Édgar  Salamanca  Melo, Genier Irdolfo Laverde Solano y Agustín Segura Enciso,  ello  obedeció  a  un  desatino  por parte de la defensa, que al desarrollar su  estrategia  no  tuvo  en cuenta la declaración ahora solicitada, situación que  en  ninguna  forma  denota  el  desconocimiento  o  la  imposibilidad  de  hacer  comparecer a los eventuales testigos a testificar en juicio.   

4.  Ahora bien, a  propósito  de  la  causal  invocada  por  el  actor,  esta  Corte igualmente ha  señalado  que  en  orden a demostrarla, no basta con  que  el libelista presente un catálogo de hechos o pruebas nuevas no percibidos  durante  el  proceso,  sino  que  es  indispensable  que  tengan la aptitud para  derruir  las  conclusiones  del  fallo,  bien  porque  conducen  fundadamente  a  demostrar  que  se  condenó  a  un  inocente,  o  porque  permiten  afirmar  su  inimputabilidad.   

En  ese  orden  de  ideas,  analizados  los  testimonios  aportados  en  la  demanda,  se  concluye  que éstos carecen de la  fuerza  de  convicción requerida para derruir las conclusiones de los fallos de  instancia.   

Así,  respecto  del  delito de fabricación,  tráfico,  porte  o  tenencia  de  armas  de  fuego,  accesorios,   partes   o   municiones,  el      Juzgado      de     primera     instancia     fundamentó:   

De  esta  manera,  fácil  colegir  que le  (sic)  fue encontrado al  señor  Fernando  Mauricio Medina distintos elementos  que  actualizan el tipo penal… como que hallaron allí una escopeta calibre 16  de  fabricación artesanal, un proveedor para pistola  y  vasta  munición de diferente calibre [62        cartuchos],  lo  que  constituye  una  conducta  típica…  más  cuando,  la escopeta era apta para  disparar  y  la munición  para  ser disparada, amén  de  que  para la tenencia  de  tales  elementos bélicos no contaba con  permiso  o  autorización  vigente  para  ello…8 (negrillas  fuera del texto)   

Al  contrastar las consideraciones del fallo  del  juzgado  con las pruebas aducidas con la demanda de revisión, prima  facie  se  advierte que ninguno de  los   declarantes,  ni  siquiera  Genier  Irdolfo  Laverde  Solano,  quien  dijo  realizaba  obras  de  construcción  para  la  época de los hechos, ni Agustín  Segura  Enciso,  que  afirma  ser empleado del local para la misma época, hacen  relación  al proveedor para pistola y a los 62 cartuchos de diferentes calibres  hallados  en  la  droguería,  y mucho menos explican por qué FERNANDO MAURICIO  MEDINA ostentaba su tenencia.   

En este orden, se concluye que los elementos  cognoscitivos  aportados  no  desvirtúan que FERNANDO MAURICIO MEDINA mantenía  dichos   objetos   bélicos   en   su   local  comercial,  ni  que  «de  acuerdo  a las condiciones civiles, personales y sociales del  encartado,  el  rol  que desempeñaba en el pueblo le era previsible en grado de  certeza,  que  la tenencia de este tipo de armas de fuego, proveedor y munición  sin  el  permiso  de  autorización  de  autoridad  competente  constituía  una  conducta                 ilícita»9  y  por  ende,  no  derruyen  los argumentos que cimentaron la condena por el delito  contra la seguridad pública.   

Adicionalmente,  los  testimonios  allegados  tampoco  exoneran  a  FERNANDO MAURICIO MEDINA de su responsabilidad penal en la  tenencia  de  la escopeta de fabricación artesanal, pues como indicó el señor  Genier  Irdolfo  Laverde  Solano  en  su  declaración  extraproceso,  éste  le  exhibió  el  arma de fuego al sentenciado, quien «la  cogió,  la  miró, pero no manipuló mecanismos de disparo, me la entregó y me  dijo   que   la   dejara   donde   no   estorbara»10.   

De ello se infiere que el sentenciado estaba  enterado  de  la  presencia del objeto bélico en su local comercial y en vez de  entregarlo  a  la  supuesta  propietaria,  Luz  Estella  Tascón Gámez, o a las  autoridades  para  que  estas  dispusieran  de  ella,  voluntariamente optó por  conservarla  en  las instalaciones de la droguería, acontecer fáctico que, aun  si  fuese  cierto,  igualmente  compromete  la responsabilidad del acusado, pues  recuérdese  que  según  la  primera instancia, FERNANDO MAURICIO MEDINA sabía  que  la  tenencia  de  ese  elemento  requería  de  autorización  de autoridad  competente,  pues  ya previamente había tramitado una solicitud de «salvoconducto»      sobre     otra  arma.   

Ahora  bien,  frente  a  los  ilícitos  de  corrupción  de  alimentos,  productos  médicos  o  material  profiláctico  y  enajenación  ilegal  de  medicamentos,  el juzgado  fundamentó   en   la  sentencia:   

Frente   a   este   delito  [corrupción   de   alimentos,   productos   médicos  o  material  profiláctico]…  el  químico farmacéutico Gilberto Antonio Giménez  Jaramillo,  quien trabaja hace 25 años en la Dirección Territorial de Salud de  Caldas,  manifestó en el juicio oral que participó  en  la  diligencia  de allanamiento y registro practicada por miembros del Gaula  de  la  Policía  Nacional  de  Caldas, el  24 de octubre de 2012, a  la  Droguería  Popular…  de propiedad del encartado Fernando  Mauricio   Medina,   y   que   en   tal  diligencia  encontró, entre otros, y  en   estanterías   de   la   misma,   con   fines  de  mercadeo,    productos   médicos   vencidos,  esto  es,  de aquellos que perdieron su aptitud para  mantener  en el tiempo sus propiedades originales dentro de las especificaciones  establecidas  en  relación con su identidad, concentración, potencia, calidad,  pureza y apariencia física.   

Razón por la cual procedió a presentar…  el  informe  de  resultados  de  diligencia de inspección, vigilancia y control  de  establecimiento  farmacéutico…  donde  precisó,  entre otras cosas que  el  acusado  tenía  41  fármacos  vencidos  que al  hallarse   en   diferentes   lugares   del  establecimiento  comercial  en  áreas de estantería estaban  destinados  para su comercialización, más cuando no estaban rotulados en área  de cuarentena o de desnaturalización…   

Situación  que  fue igualmente ratificada  por  Hernán Correa Ramírez, quien también declaró  en  el  juicio oral y público, exponiendo que… los  fármacos   encontrados,  se  hallaban  ubicados  en  diferentes  sectores  del  establecimiento de comercio, en estanterías de venta  al     público…11   (negrillas   fuera  del  texto).   

Y        posteriormente           sostuvo:            

…          [E]l  marco  probatorio  descrito   en   el   anterior   acápite  sirve  de  soporte  para  fundamentar  la  configuración  del  presente  tipo  penal       [enajenación       ilegal       de  medicamentos],  por  cuanto  la  prueba demostró   que   el   señor   Fernando   Mauricio   Medina  al  momento  del allanamiento y  registro  de la farmacia de su propiedad se     encontraron     en   diversos  estantes  visibles  al  público  y  con  fines  de  comercialización,  bienes de carácter social, como  son   los   medicamentos  de  uso  institucional  en  cantidad de 954…   

(…)  

Conclusión     que     toma  más  fuerza  cuando  se  sabe  dentro  de la actuación que  también  se encontraron en esas mismas áreas otros  productos  químicos  médicos  que contrariaban las  normas   de  salud,  como  fueron  varios  vencidos,  otros    sin   autorización   para   tenerlos   o  negociarlos,  una cantidad  de   medicinas   sin   registro  del  Invima  y  muestras  de  estas  sustancias  medicinales,  dejando  claro el ánimo comercialista y mercantilista del acusado  y   su   capacidad   para   desconocer  de  manera  consciente  el  ordenamiento  jurídico.12      (negrillas     fuera     del  texto).   

Dichos     argumentos   no   fueron  desvirtuados  por  el  defensor  con  los  medios  cognoscitivos  que considera novedosos, pues   los   supuestos   testigos   ni  siquiera      contradicen     la     ubicación    en   las   estanterías  de   los   medicamentos  vencidos,                marcados     como     de   «uso  institucional»    y  otros    de    venta  restringida,      al      momento      de     su  incautación.   

En  efecto, en  la     declaración  extraproceso     rendida     por     Agustín    Segura    Enciso,   éste  sostuvo  que  la droguería allanada está compuesta  por  un  mostrador,  ubicado  en  la  parte  frontal  del  local, destinada a la  exhibición  y  venta  de  los  medicamentos,  y  una zona de cuarentena, que se  encuentra  en  el  área  posterior,  reservada para  los    productos    vencidos,    para   cambio   o  devolución13.  Por su parte, Genier Irdolfo Laverde  Solano           solo          afirmó que  «la  droguería  y  los  medicamentos estaban en la  parte     delantera     de     la     vivienda»14.   

De  lo  anterior  se  advierte que dichas  exposiciones    se    limitan    a    afirmar  genéricamente  en    qué    áreas   se   encuentra  dividido  el  establecimiento comercial «Droguería      Popular» y la  función   de   cada  una,  pero  ninguna  de  ellas  explica  por  qué  las  autoridades   policiales  hallaron     medicamentos    vencidos  en  las  estanterías  expuestas  al  público,  y     no    en    la    supuesta   zona   de   cuarentena   donde   debían   ser         ubicados,  es  decir, no confrontan, y mucho menos desvirtúan, los fundamentos de la condena por el  delito   de   corrupción   de   alimentos,   productos   médicos   o  material  profiláctico.   

Al     contrario,     el   hallazgo   de   los   productos   caducados  en  varias         áreas   del  establecimiento   comercial,   diferentes   a   la   de   cuarentena,             demostraría     que    fueron   ubicados   allí   con   una  finalidad            comercial,  lo  que  confirmaría    las  conclusiones      plasmadas      por las instancias.   

Adicionalmente,    los    deponentes  tampoco  explican  por  qué en la droguería fueron  halladas, exhibidas  al  público, medicinas     marcadas    como    de  «uso   institucional», que solo pueden ser proporcionadas  por    entidades    del    Sistema    de      Seguridad     Social     en  Salud  y no por expendios particulares, aspecto   que  fundamentó  el reproche penal por el ilícito de  enajenación   ilegal  de  medicamentos,    pues    los    testimonios    nada    mencionan    sobre   el  particular.   

Incluso      los     atestantes  pasan por alto que   en   la  droguería  igualmente  fueron    hallados    productos    farmacéuticos  sin   registro  del  Invima  y  otros  de  venta  restringida,  que   FERNANDO   MAURICIO  MEDINA  no  estaba      autorizado      a      comercializar,       circunstancia       a   partir   de   la   cual   la  primera  instancia  dedujo  la  intención  mercantil  del  sentenciado   con   la  tenencia de dicha clase de medicinas.   

Corolario  de  lo  anterior,  se  concluye  entonces   que   las  «pruebas  nuevas»  que  adujo  la  defensa  con la presente acción extraordinaria no  tienen  vocación  de  admisibilidad, pues no solo su existencia y contenido era  conocido  por  el  procesado antes de la oportunidad para solicitar su práctica  en  el  juicio oral, sino que de su análisis no es posible colegir la inocencia  del  condenado, o al menos, una duda que permita proceder al estudio de fondo de  la demanda de revisión.   

5.   Por   lo  señalado  líneas  atrás,  los  elementos  de  convicción  presentados con la  demanda  no  tienen la capacidad demostrativa que la acción de revisión exige,  razón  por  la  cual,  ante la defectuosa postulación del libelo, la decisión  que se impone es la de inadmitir la demanda.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

1.  INADMITIR  la  demanda de revisión presentada a favor  de FERNANDO MAURICIO MEDINA.   

2.  Contra  esta  decisión procede el recurso de reposición.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria   

    

1  Folios   49   a   63  del  cuaderno  de  acción  de  revisión.   

2 Folio  46  del  cuaderno  de  la  Corte.   

3  Folios  76  a 105 ídem.   

4  Folios  106  a 131 ídem.   

5  Folio            132           ídem.   

6  Folio 51, cuaderno de la Corte.   

7  Folio    53, cuaderno de la Corte.   

8  Folio 97, cuaderno de la Corte.   

9  Folio 98, cuaderno de la Corte.   

10  Folio 51, cuaderno de la Corte.   

11  Folios    85    y    86,   cuaderno   de   la  Corte.   

12  Folios  89  y 91,  cuaderno de la Corte.   

13  Folios 53 y 54, cuaderno de la Corte   

14  Folio   51, cuaderno de la Corte     

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