AP8228-2016(47558)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

LUIS  ANTONIO  HERNÁNDEZ  BARBOSA   

Magistrado ponente  

AP8228 – 2016  

Radicación 47558  

(Aprobado  Acta No.  387)   

Bogotá D.C., treinta (30) de noviembre de dos  mil dieciséis (2016).   

VISTOS:  

Decide  la  Sala si admite o no la demanda de  casación   presentada   por   el   defensor   del   procesado  MÍLLER  QUESADA  VARGAS.   

HECHOS:   

Los sentenciadores encontraron demostrada la  siguiente situación fáctica:   

MÍLLER  QUESADA  VARGAS  agredió en varias  oportunidades  tanto física como verbalmente a la señora Martha Cecilia Girón  Ortiz,  con  quien  estaba  en  proceso  de  separación.  Una de esas ocasiones  ocurrió  el  11  de  febrero de 2009 cuando ella trató de impedirle que sacara  algunas cosas de la vivienda.   

ACTUACIÓN PROCESAL:  

1.  En audiencia celebrada el 14 de junio de  2012  la  Fiscalía  le  formuló  imputación  a MÍLLER QUESADA VARGAS, por el  delito  de  violencia intrafamiliar. Por esa misma conducta punible lo acusó en  la audiencia celebrada el 22 de enero de 2013.   

2.  Surtido  el  trámite de rigor, en fallo  emitido  el  19  de  junio de 2015 el Juzgado Quinto Penal Municipal de Neiva lo  condenó  a  la  pena principal de 6 años de prisión, así como a la accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por el  mismo término.   

3.  La defensa apeló ese pronunciamiento y  el  Tribunal  Superior  de la precitada ciudad, a través del fallo recurrido en  casación,  expedido  el  13  de  noviembre de 2015, le impartió confirmación.   

LA  DEMANDA:   

Cargo  único. Vulneración del derecho a la  defensa técnica.   

          Previamente  a  sustentarlo  el  demandante  le  solicitó a la Sala  decretar,  de  oficio,  la  nulidad  de la actuación, por cuanto el abogado que  representó  al procesado “no ejerció el derecho de  defensa  desplegando  todas  y  cada  una de las estrategias que debe cumplir un  profesional  dentro  de  la  estructura  del actual sistema penal acusatorio”.  Citó para el efecto una decisión de la Corte Suprema  de  Justicia  y otra de la Corte Constitucional, relacionadas con el alcance del  derecho  a  la  defensa técnica.             

         

          Por  su  parte,  el  reproche  que  formuló  lo apoyó en la causal  segunda  de  casación  de  la  Ley  906 de 2004. Lo fundamentó cuestionando al  profesional  del  derecho  que  lo  antecedió  por  no controvertir las pruebas  mediante       “el       interrogatorio      o  contrainterrogatorio”,  por  estipular  la  denuncia  instaurada  en  contra del procesado y los dictámenes periciales y, finalmente,  por  renunciar  a  la  práctica  de  los  testimonios de Ángela Argote, Miguel  Alberto Vargas Cortés y Nelson Manuel Cardozo.   

          Según  el  impugnante,  con  la  estipulación  de  la  denuncia el  entonces  defensor  del  procesado mutiló la oportunidad de buscar la verdad de  lo  ocurrido, dejando “al garete de la Fiscalía una  prueba  donde  se  podía  edificar  la  teoría  del  caso  de  la  defensa”.  Y   con   la   estipulación   de   los   dictámenes  desaprovechó   la   oportunidad   “para  decantar,  aclarar   y   contrainterrogar   sobre   la   veracidad  y  objetividad  de  las  lesiones”.   

          Su  predecesor, por tanto, no ejerció en forma adecuada la gestión  encomendada,  cumpliendo  un papel meramente formal. Su inactividad llegó hasta  el  grado  de no aportar pruebas para practicar en el juicio ni controvertir las  presentadas  por  la  Fiscalía.  Esa  falta  de  defensa  técnica “revistió  una  trascendencia  de  gran  magnitud,  ya  que  fue  determinante en la decisión judicial”.   

          Finalizó  solicitando  casar  la  sentencia  impugnada  para, en su  lugar, absolver al acusado.   

                                        

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE:   

El inciso segundo del artículo 184 de la Ley  906  de  2004 autoriza a la Corte inadmitir la demanda cuando el actor carece de  interés,  prescinde  de  señalar  la  causal,  no  desarrolla  los  cargos  de  sustentación  o  cuando  de  su  contexto  se  advierte  fundadamente que no se  precisa    del   fallo   para   cumplir   algunas   de   las   finalidades   del  recurso.   

          En   el  presente  caso,  es  evidente  que  el  recurrente  ostenta  legitimación  para impugnar la sentencia condenatoria en busca de derruirla. No  obstante,   no   consiguió   sustentar   debidamente   la   censura  propuesta.   

Sea lo primero señalar que la solicitud del  demandante  orientada  a  que  la  Corte  declare,  de  oficio, la nulidad de la  actuación   choca  con  el  carácter  rogado  del  recurso  extraordinario  de  casación,  conforme  al  cual  al  actor  le  corresponde  elaborar  la demanda  cumpliendo  los  requisitos   que para el efecto exige la ley, sin que  la  Sala  tenga potestad para modificarla o reformularla y si bien cuenta con la  posibilidad   de  restablecer,  oficiosamente,  la  vulneración  de  garantías  fundamentales,  se  trata  de  una  facultad  discrecional  que no responde a la  solicitud que con esa pretensión formule el recurrente.   

          Ahora    bien,   en   el   único   cargo  postulado   el   censor  adujo  que  el  abogado  que  representó  al  procesado  durante  el  juzgamiento  no  realizó  una adecuada  gestión  profesional,  al  punto  que  no  aportó pruebas para practicar en el  juicio  ni  controvirtió  las  presentadas por la Fiscalía. En ese sentido, le  reprochó  no  formular interrogatorio ni contrainterrogatorio a los testimonios  evacuados en el juicio oral.   

          No  obstante,  advierte  la  Sala  que  el  reproche  desatiende  el  principio  de  corrección  material,  pues el estudio de la actuación procesal  revela una realidad diversa a la planteada por el impugnante.   

          En  efecto,  en  la audiencia preparatoria, que se celebró el 29 de  julio  de  2013,  la defensa solicitó la práctica de los testimonios de Miguel  Alberto  Vargas  Cortés,  Norma  Ximena  Artunduaga Tovar, Diana Cecilia Galezo  Chavarro,  Andrés  Fabián  López  Rosero, María Eugenia Rúa Uribe, Fernando  Pérez  Quesada,  Clemencia  Girón Ortiz, Nelson Manuel Cardozo Orrego y el del  propio  acusado.  También  demandó el recaudo de varios documentos. Todas esas  pruebas fueron decretadas por el juez de conocimiento.   

          De  dichas  declaraciones, se recepcionaron en el juicio oral las de  Andrés  Fabián  López Rosero, María Eugenia Rúa Uribe, Diana Cecilia Galezo  Chavarro,    Fernando    Pérez   Quesada   y   la   del   procesado1.  En el curso  de  esos  cinco testimonios formuló el respectivo interrogatorio y en cuatro de  ellos,  incluso,  hizo  uso  del  redirecto. Es más, durante la declaración de  MÍLLER  QUESADA VARGAS efectuó con éxito dos objeciones respecto de preguntas  hechas por la Fiscalía.   

          A  su  turno,  el  abogado  defensor  contrainterrogó  a  los  tres  testigos  (Martha  Cecilia  Girón, Enrique Fernández y Clemencia Girón Ortiz)  que   la   Fiscalía   llevó   al   juicio   oral2.  Más aún, en desarrollo del  último  de  ellos  se  opuso,  también  con éxito, a la incorporación de una  prueba documental que pretendía la Fiscalía.   

          Es  cierto  sí  que  el predecesor del casacionista renunció en su  momento  a  la práctica de tres de los testimonios decretados a solicitud suya.  Sin  embargo, eso no significa la incursión en actuación irregular, pues, como  lo ha expresado la Sala:   

“…  si  bien  es cierto en la audiencia  preparatoria  se  decretan las pruebas, ello no se convierte en camisa de fuerza  para   las  partes,  y  durante  el  desarrollo  de  la  audiencia no es de  extrañar  que  una  o ambas partes desistan de alguna o varias de las probanzas  que  a  su  parecer  ya  no sean necesarias dentro de su estrategia, sin que ese  desistimiento  pueda  significar  por sí mismo, primero: que la Fiscalía esté  dejando  de ejercer la acusación o lo haga de manera deficiente; y, además, en  el  caso específico de la defensa, que con  la renuncia en juicio  de  algunas  de  las pruebas decretadas en la audiencia preparatoria se entienda que  no   haya   existido   un  verdadero  ejercicio  del  derecho  a  la  defensa”  (CSJ   AP,   3  jul.  2013,  rad.  40620).   

          Lo  expuesto  pone de manifiesto que, en realidad, el propósito del  actor  es disentir de la actividad defensiva desplegada por quien representó al  procesado  con  anterioridad,  en tanto no actuó según su parecer, con lo cual  olvida  que,  conforme  lo  tiene  señalado  la  Corte, en sede de casación no  resulta  dable  juzgar  el  acierto o desatino de la gestión profesional de los  defensores  que  precedieron  al  actor,  pues  cada letrado tiene su particular  forma  para  afrontar  la  labor encomendada, sin que sea factible determinar en  forma  irrebatible  cuál  pudo  ser  la  mejor  y  más  afortunada  estrategia  defensiva (CSJ AP, 28 de sep. de 2006, rad. 25247).   

Cada  profesional,  por  tanto  –se  ha señalado también-, diseña la  táctica  que  a su juicio resulta más adecuada y se ajuste mejor a su estilo o  a  la  visión  que tiene del proceso, de modo que la disparidad sobre ese punto  no  tiene  la connotación de socavar el derecho de defensa técnica (CSJ AP, 25  may. 2016, rad. 46698).   

          Es  más, el impugnante ni siquiera se preocupó por indicar de qué  forma  los  tres  testimonios  a  los  cuales  su antecesor renunció tenían la  capacidad  de  desvirtuar  los fundamentos de la condena. Lo único que adujo al  respecto    es    que    la    falta    de    defensa    técnica   “revistió  una  trascendencia  de  gran  magnitud,  ya  que  fue  determinante  en  la decisión judicial”. Se trata de  una  afirmación  genérica  que  no  satisface  la  obligación de acreditar la  incidencia del yerro en el sentido de la decisión impugnada.   

          Es  cierto  también,  de  otra  parte,  que el letrado estipuló la  denuncia   y   los  dictámenes  periciales.  Pero  esa  actuación  constituye,  precisamente,  manifestación  de  la  libertad  que  el  profesional  goza para  desarrollar  la gestión defensiva. Obsérvese cómo el inciso 4º del artículo  10  de  la  Ley 906 de 2004 faculta a las partes a celebrar estipulaciones sobre  aspectos  en  los  cuales  no  haya controversia sustantiva, a condición de que  ello no implique renuncia de los derechos constitucionales.   

          El   demandante   en   ningún   momento   demuestra   que  con  las  estipulaciones  realizadas  por  su  antecesor  se  vulneraron  derechos  de esa  estirpe  y  la  Sala  tampoco  lo  advierte, siendo del caso señalar que, en lo  relativo  a la denuncia, la estipulación versó sobre la existencia de ese acto  procesal,  no  sobre su contenido, situación que se comprueba con sólo ver que  la  delegada  del  ente  acusador  llevó  al  juicio  oral  como  testigo  a la  denunciante,  señora  Martha  Cecilia  Girón Ortiz, con el fin, justamente, de  probar los hechos allí contemplados.   

Atendidas  las  razones antes expresadas, la  Sala  inadmitirá  la  demanda  objeto  de  examen,  considerando  además la no  concurrencia  de  circunstancia  vulneradora  de  garantías  fundamentales  que  imponga   superar   los   desaciertos   de   sustentación   para   decidir   de  fondo.   

Se  precisará,  finalmente,  que  contra la  decisión  inadmisoria  del  recurso  de  casación  sólo  cabe el mecanismo de  insistencia,  conforme  lo  tiene  establecido el artículo 184 de la Ley 906 de  2004,  cuya  interposición  procede  bajo  las reglas fijadas en jurisprudencia  reiterada de la Sala (CSJ AP, 12 dic 2005, Rad. 24322).   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:   

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor de  MÍLLER QUESADA VARGAS.   

         Contra  esta determinación procede el mecanismo de insistencia, en  los   términos   definidos   pacíficamente   por   la   jurisprudencia  de  la  Sala.   

NOTIFÍQUESE   Y   CÚMPLASE.   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Ver  CD  contentivo de las sesiones del juicio oral del 25 de noviembre de 2013 y del  15 de agosto de 2014.   

2 Ver  sesión del 25 de noviembre de 2013.     

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