AP816-2014(42723)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

Magistrada ponente  

AP-816 2014  

Radicación N° 42723  

(Aprobado  Acta No.  053)   

Bogotá D.C., febrero veintiséis (26) de dos  mil catorce (2014).   

VISTOS  

Se pronuncia la Sala sobre la admisión de las  demandas   de   casación   presentadas   por  los  defensores  de  VERA   JUDITH  DEL  CASTILLO  BOLÍVAR  y  ROSA    STELLA    IBÁÑEZ    ALONSO   contra  la  sentencia de segunda instancia proferida por el Tribunal  Superior  de  Barranquilla  el 19 de julio de 2013, a través de la cual revocó  la  absolutoria  dictada en su favor el 25 de enero de la anualidad anterior por  el  Juzgado  Penal del Circuito de Soledad, para en su lugar condenarlas por los  delitos   de  peculado  por  apropiación,  falsedad  ideológica  en  documento  público y falsedad en documento privado.   HECHOS   Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Los  primeros  fueron  declarados  por  el  Tribunal  en  la  providencia  impugnada,  de  la  siguiente  forma:     

En  términos del artículo 351 del Decreto  2685  del  28  de  diciembre de 1999, modificado por el artículo 17 del Decreto  4434  del  31  de  diciembre  de  2004,  se  establece  que  se pueden donar las  mercancías  aprehendidas,  decomisadas  y  abandonadas a favor de la Nación, a  las  entidades  públicas  del  orden departamental o municipal, siempre que los  bienes  donados se destinen a salud, educación, seguridad pública, prevención  y  atención  de desastres. Para estos fines, y de acuerdo con las instrucciones  impartidas  por  el  Director y la Secretaría General de la DIAN, se establecen  las   directrices  en  materia  de  disposición  de  mercancías  aprehendidas,  decomisadas  o  abandonadas  a  favor  de la Nación. Para ello, la División de  Recursos  Físicos  y  Financieros  de  ingreso  de  las mercancías que cumplen  alguna  de  las citadas condiciones y luego a la división de liquidación de la  Administración  Delegada  de  la  Aduana  Nacional  de cada regional, ordena el  decomiso   a   favor   de   la   Nación,   mediante   el   acto  administrativo  correspondiente.  Luego  de  ello  la Sub Secretaría Comercial de la DIAN, debe  proferir  una  resolución  por  medio de la cual autoriza la donación, en este  caso,  al  municipio  de  Soledad,  para el efecto, representada por el alcalde,  resolución  que  describe  la mercancía, la unidad de medida, la cantidad y el  valor  de  la  misma.  Resolución que una vez notificada al representante legal  del  municipio,  éste debe disponer su desplazamiento o el de un delegado a las  bodegas  en  la  DIAN, en la que se encuentre la mercancía y asumir el traslado  de  la  misma  al  respectivo municipio. Una vez en este lugar, el representante  legal  debe adelantar las gestiones necesarias, tendientes a la distribución de  la  mercancía  bajo  las  condiciones  enunciadas.  Bajo  el  marco  conceptual  indicado,  la  Sub  Secretaría  Comercial  de la DIAN, profirió las siguientes  resoluciones  de donación a favor del municipio de Soledad: Resoluciones: 10487  de   4-11-05   por  valor  de  $48.147.501;  10457  del  4-11-05  por  valor  de  $27.385.444;  09893  del  21-10-05  por valor de $79.220.480; 09883 del 21-10-05  por  valor  de  $20.000.000; 09890 del 21-10-05 por valor de $308.204.177; 10175  del   28-10-05  por  valor  de  $5.049.000;  10423  del  4-11-05  por  valor  de  $41.211.150.   Es   así,   como   los  hechos  que  estructuraron  la  presente  investigación,  conservan  como  génesis  las  denuncias que dieron cuenta del  apoderamiento  ilegal  de mercancía de distinta naturaleza que para   el  2005,  había  sido  objeto  de donación conforme sendas resoluciones expedidas por la  Subsecretaría  Comercial  de  la  DIAN,  a  favor  de la Alcaldía Municipal de  Soledad.-  Atlántico.  De  acuerdo con el proceso de responsabilidad fiscal PRF  027-07  Donación  DIAN, que se adelanta en la Contraloría del mismo municipio,  por  el  posible detrimento al patrimonio público por un valor de $626.269.287,  fueron  imputados  cargos en contra de quien para aquella época se desempeñaba  como  alcaldesa del municipio de Soledad, señora ROSA STELLA IBÁÑEZ ALONSO, y  su  secretaria  privada, señora VERA JUDITH DEL CASTILLO BOLÍVAR. Conforme los  medios  de  conocimiento  formalizados  dentro  de  este asunto, se tiene que al  parecer,  por  otro  lado,  fueron  usados nombres de fundaciones que no tenían  vigencia  comercial  y por el otro, nombres de personas que no tenían vínculos  con  las  fundaciones favorecidas con la supuesta entrega de mercancías donadas  por  la DIAN. Operación que se gestó a partir de la alcaldía del municipio de  Soledad,  donde  fueron falseadas actas de entrega, con firmas de beneficiarios,  quienes   según  las  tareas  de  verificación  no  recibieron  la  mercancía  relacionada  en  las  resoluciones expedidas por la Sub Secretaría Comercial de  la DIAN.   

En  virtud  de  los  hechos  anteriores,  se  dispuso  la  apertura de la correspondiente investigación, dentro de la cual se  vinculó  a  las  referidas  VERA   JUDITH  DEL  CASTILLO  BOLÍVAR  y  ROSA STELLA IBÁÑEZ ALONSO,  a  quienes  se  resolvió  su  situación jurídica con medida de  aseguramiento  de  detención preventiva, sin beneficio de libertad provisional,  por  los delitos de peculado por apropiación, falsedad ideológica en documento  público y falsedad en documento privado.   

Clausurado el ciclo instructivo, se calificó  el  mérito  del sumario el 27 de junio de 2008 con resolución de acusación en  contra   de   las   procesadas   como   posibles   coautoras   de   los  delitos  mencionados.   

Para  la prosecución de la fase del juicio,  la  actuación  se  remitió  al Juzgado Penal del Circuito de Soledad, el cual,  agotado  el  trámite  legal, dictó sentencia el 25 de enero de 2012, por medio  del   cual   absolvió   a   las  sindicadas  de  los  cargos  deducidos  en  la  acusación.   

Contra  esta última decisión interpusieron  recursos   de   apelación   los   representantes   de   la   Fiscalía   y   el  Ministerio     Público,   siendo   resueltos   por   el  Tribunal  de  Barranquilla  el  19  de  julio  de  2013  en  sentido de revocar la absolución  dispuesta  por  el  inferior y, en su lugar, condenar a las acusadas a las penas  principales  de  doscientos  diez  (210) meses de prisión, multa por valor de $  529.244.758,oo  e  inhabilitación  en  el  ejercicio  de  derechos  y funciones  públicas  por  el  mismo  lapso  de  la sanción privativa de la libertad, tras  hallarlas responsables de los delitos objeto de acusación.   

Al  mismo  tiempo, se les negó el subrogado  penal  de  condena  de  ejecución  condicional  y el sustitutivo de la prisión  domiciliaria.   

Contra  el anterior fallo, los defensores de  las  sentenciadas  promovieron  recurso  extraordinario de casación, sustentado  mediante  demandas  independientes,  cuya admisibilidad analizará la Sala luego  de compendiar sus argumentos en el siguiente acápite.   

LAS DEMANDAS  

          Demanda  promovida a nombre de VERA JUDITH  DEL CASTILLO BOLÍVAR:   

          Primer cargo:   

Al amparo de la causal primera del artículo  207  de  la  Ley  600  de  2000,  señala  que  la  sentencia  está  incursa en  “violación  directa de la ley sustancial por error  de  hecho  o de derecho en apreciación determinada de la prueba que conllevó a  la  aplicación  indebida del artículo 340 de la Ley 599 de 2000”.   

En  la demostración de la censura, el actor  recuerda    los   parámetros   de   la   violación   indirecta   de   la   ley  sustancial,         acorde,       dice,       con      doctrina      y  jurisprudencia.   

Acto   seguido,  indica  que  “el   sentenciador   de   segundo   grado   incurrió  en  una  violación  directa  de la ley  sustancial”,  por  “la  conculcación    de    cánones    vigentes    en    las   normas   sustanciales  penales”         

          Al  respecto,  afirma  que  la  Fiscalía  no  logró  demostrar  la  incriminación,   siendo   el   cargo   genérico   y   abstracto,  “con  base  en  los  testimonios  recaudados y proyectados con la  intención  de  querer  señalar  a mi protegida como una persona desleal con la  administración  pública  y  que  se  convierta  en  alguien  peligroso para la  sociedad,  cuando  lo  que  siempre  lideró  fue  bienes  comunes  (sic)  a favor de esa comunidad que nunca  la  cuestiono  (sic), hasta  que     empezara     esta    investigación    en    su    contra”.   

          Luego,  destaca  el  “carácter injusto,  desfavorable  e  inequitativo  de  la  providencia  impugnada  como consecunecia  (sic)   de   la  indebida  aplicación  ilegal”,  en  virtud de la negativa del  Tribunal   “para  hacer  producir  los  verdaderos  efectos  del  artículo  340  del ley (sic)  599  de  de 2000”, al separarse de los  principios  constitucionales  al debido proceso, libertad, legalidad del proceso  y legalidad de las penas, etc.   

    

          Tal      forma      de      resolver,      afirma,      “encierra  la  injusticia  más grande que pueda cometerse contra  una  persona,  al  conculcarse  un  principio  tan  grande  como  elemental:  la  legalidad  de la pena impuesta en esa sentencia condenatoria, cuando en realidad  la  situación  se adecuaba exclusivamente en la inculpabilidad que lo llevaba a  la   absolución   de  responsabilidad  penal,  dado  que  es  el  mismo  ad-quo  (sic)  quien  afirma que mi  defendida  es  inocente  y  de  ninguna  forma  actuó  de manera contraria a la  ley”.   

          La   Fiscalía,   insiste,   “no  probo  (sic)   o   no  demostró  específicamente  la  mala intención o el dolo de mi patrocinada, solo supuesto  y   conceptualizaciones   basadas   en  presunciones  dañosas  que  encaminaron  ala   (sic) aquen   (sic)  a  tomar  decisiones  diferentes  a lo ya establecido por el aquo  (sic)  de  manera  concienzuda,  clara  y con la perspectiva  jurídica  basada  en  lo  que  es  real  y  no  en  lo  supuesto”.   

          En    el   capítulo   siguiente   referido   a   los   “preceptos   legales  para  aplicar”,  aduce  que desde la teoría del conocimiento contenida en la Ley 600 de 2000, no  existe  certeza  ni  indicio  alguno  que  corrobore  la  responsabilidad  de su  defendida,  conforme  a  lo  exigido  en  el  artículo 232 de esa normatividad.   

          De   esa   forma,  explica,  para  evitar  injusticias  “y  para  la unificación y la realización del derecho objetivo,  el      restablecimiento      del      derecho      conculcados     (sic),    acordes    con    la    nueva  características  (sic) del  estado  colombiano ‘estado  social  de  derecho’, es  forzoso  y  perentorio  que  el  máximo tribunal inaplique el artículo 340 del  C.P.  ley 599 de 2000, modificandolo (sic) en  forma  total  la  decisión  del fallo recurrido concediendo la  absolución  de mi defendida…  (sic)”      

          En  la  “conclusión  y  petición  del  presente   cargo”,   insiste  en  que  “se  trata  de  un  cargo  formulado  por  la  vía  directa, con  independencia  de  cuestiones fácticas. Está demostrado vulneración jurídica  en  el  sentido  indicado  al  comienzo  del cargo, básicamente por aplicación  indebida  por  violación  directa de la ley sustancial, por error de hecho o de  derecho   en  la  apreciación  determinada  de  la  prueba  que  conllevo   (sic)  a  la  aplicación  indebida    del    artículos    (sic)   340      de      la     ley     599     de     20000”.   

               Por razón de lo expuesto, estima  que  se  impone  casar  el  fallo  y,  en  su  lugar,  absolver  a su prohijada,  “modificando   el   fallo   cuestionado   con  las  determinaciones  compatibles  y coherentes con la nueva decisión”.      

          Segundo cargo:   

          Con  fundamento  en la causal primera, cuerpo segundo, del artículo  207  de  la  Ley  600  de  2000,  acusa  la  sentencia de incurrir en violación  indirecta  de la ley sustancial por aplicación indebida del artículo 340 de la  Ley  599  de  2000,  como consecuencia de errores de hecho por falsos juicios de  identidad y existencia.   

          Para  el  actor, esboza en la sustentación del reparo, “uno   de   los  elementos  que  estructuran  el  tipo  penal  es  precisamente  todo  lo  contrario  a  lo  que pretendió el señor fiscal, es la  indeterminación  de las conductas delictivas a desarrollar por mi defendida, lo  que  a  partir  de  esos  mismos  elementos  de convicción que en forma general  relaciono  (sic) la fiscalía  en  nada  demuestra  respecto  a  la comprobación de los delitos que le inculca  (sic)   a   mi  protegida  judicial   por   la   presunta  comisión  de  dichos  delitos…”.   

Además,  advierte,  tampoco se dijo nada en  torno   al  elemento, también imprescindible, de la permanencia. Por ello,  “está  claro  que  la  valoración  que  le dio el  delegado  de la fiscalía a la totalidad de las pruebas recaudadas al momento de  definir  la  situación  jurídica  de  mi  procurada,  de  tal  manera  que una  ponderada  y  seria  labor  de  adecuación  típica  y responsable (sic), por demás se comprueba que brilla  por  su  ausencia  en  nuestro  caso,  ya  que  nunca se valoró por parte de la  fiscalía   las   pruebas   en   u   (sic)  conjunto y siempre se pretendió estudiar las pruebas que podían  señalarse   como   desfavorables  y  las  favorables  las  aparto  (sic),  no  ciñéndose  con esto con las  reglas  de  la  sana  crítica  y  las sanas costumbres, olvidándose del debido  proceso   y   sus   consecuencias   (sic)”.   

          Enseguida,  destaca  cómo  su defendida es una persona humilde, sin  bienes   lujosos   en  su  haber,  situación  que  sí  fue  ponderada  por  el  a   quo.  Luego  de  ello,  relaciona  las  pruebas  que  a  su  juicio  fueron  ignoradas;  así, las   testimoniales  de  Evaristo Domínguez, María Estela  Ensuncho  Bornacelly, Javier Antonio Varela, Julia Muñoz González,  Pablo José Bello Cantillo y    Fany   Flórez   Mejía,  quienes  recibieron  las mercancías y donaciones entregadas a su  prohijada,  “pero  al tomar decisiones de fondo que  sirvieron  de fundamento para modificar la decisión de segunda instancia, no se  valoraron  de manera objetiva y establecieron los nexos de cumplimiento entre la  secretaria   de   la  alcaldía  y  la  población”.   

          Luego,  enuncia las “pruebas irregulares  o  equivocadamente  apreciadas”, refiriéndose a las  testimoniales  de  Pablo  José  Bello, Frank Epalza,  Ángel   Humberto   Posada   Sánchez  y  Armando  José Rambao Jiménez, “ya que mi protegida actuó bajó  una  orden  y  una  comisión especificada por un superior y que se cumplió tal  comisión  como  fue  ordenada  y  ya  si hubo alguna situación de mala fe esta  pudieron  ser  de  las funciones escogidas de buena fe por la administración de  turno   del  municipio  de  Soledad  (sic)”.   

          A     continuación,     expone    a    manera    de    “conclusión”   que  si  el  juzgador  hubiera  tomado  en  consideración  la  causal  de inculpabilidad concurrente y  analizado  de  fondo  la  condición  personal  de  su  defendida  no la habría  condenado.  Además,  “como  máxima  dentro  de lo  realizado  podemos  señalar  POSIBLE  ‘es  todo aquello que puede ser, que puede existir, que existe o que  puede  suceder’ y si nos  referimos    al    término    PROBABLE,    es    casi    colindante    con   lo  posible…”.   

          Igualmente,  advierte  que “nos gusta lo  que  enseña  la  Corte  Suprema  de  Justicia, al jurisprudenciar en uno de sus  múltiples  fallos, sobre el principio de la buena fe, y nos gusta porque aplica  las  reglas  de la realidad de la sana crítica, que es la que esta dispensadora  judicial  fomenta  en  este  estado  procesal,  del  cual nos permitimos allegar  apartes  (sic)…”.   Lo  mismo  alude en relación con la jurisprudencia de  la Corte Constitucional.   

          Lo  anterior  le permite colegir que las  procesadas   actuaron   de  buena  fe  “dentro  del  vínculo  legal  de  sus  funciones  y  si, repetimos, pudo haber alguna acción  fraudulenta  o  ficticia,  como lo llaman la fiscalía y el ministerio público,  estuvieron  limitadas  a  que  quienes se presentaron como representantes de las  fundaciones  muchas  veces  dichas, actuaban honestamente y por eso los escogió  la  alcaldesa  como  beneficiario  de  la  donación  y la secretaria privada le  entregó              …(sic)”.   

          Su  defendida,  anota  por  último, no participó en un complot que  afectara  al  municipio,  ni  en  ninguna  falsedad,  porque la fundación Mundo  Limpio  allegó  su  certificado  de existencia y representación y solicitó la  entrega  de las donaciones, por lo que todo el proceso se hizo en forma regular,  como    lo    adujo    su    representante,    cuyo    dicho    no    ha    sido  controvertido.   

Con fundamento en lo expuesto, depreca casar  el fallo impugnado y, en su lugar, absolver a su defendida.   

          Demanda  promovida a nombre de ROSA STELLA  IBÁÑEZ ALONSO:   

Único cargo:     

Acusa  el  fallo  de  incurrir  en la causal  primera  de casación, por ser violatorio de una norma de derecho sustancial, en  virtud  de  errores  de  hecho y de derecho en la apreciación de varias pruebas  favorables  a  su  protegida,  con  ocasión  de  la aplicación indebida de los  artículos  20  (investigación  integral);  232  (necesidad  de la prueba); 234  (imparcialidad  del  funcionario  en  la  búsqueda de la prueba), 237 (libertad  probatoria)  y  238  (apreciación  de  las pruebas) de la Ley 600 de 2000, cuyo  texto transcribe.   

En la subsiguiente demostración del cargo,  indica  que  el  Tribunal  no  realizó  ponderación  prueba  por  prueba, como  juiciosamente  lo  hizo  la  juzgadora  de  primera  instancia,  pues se limitó  básicamente  a  mencionar  apartes de las indagatorias y a analizar el por qué  no  tienen  razón  las  enjuiciadas,  con  lo  cual,  afirma,  incurre en clara  violación    del    principio    de    investigación   integral   “porque  solo se refirió a lo desfavorable a los intereses de mi  defendida,  valoró  únicamente  la  prueba  de  descargos  y  la que le imputa  responsabilidad,  de  paso vulnera el articulo 234 de la ley 600 de 2000, porque  se   aparto   (sic)  de  la  búsqueda  de la verdad real pero sin procurar determinar las circunstancias que  demuestren   la   inocencia,   solo  se  dedico  (sic)  a  buscar  aquellas que demostraran la existencia del  hecho     y     la     responsabilidad    de    las    procesadas”.   

Igualmente, acota, quebrantó el principio de  libertad  probatoria  en  la  medida  en que no valoró pruebas de exclusión de  responsabilidad;  así  mismo,  el  principio  de  apreciación  de  las pruebas  mediante  la  sana  critica  a  que  se  refiere  el  articulo  238 del estatuto  procesal,  en  cuanto  no  expuso el mérito correspondiente a cada prueba en el  proceso  para  finalmente  soportar  una  sentencia  de  condena  sin  la prueba  suficiente  de  demostración  del  hecho  punible  y  de la responsabilidad del  procesado,  contrariando  lo  exigido  en  los  artículos 20 y 232 ibídem.   

Acto  seguido,  acota  que  el  Tribunal  no  advirtió  la  falta  de  credibilidad  del  testimonio rendido por Frank  Epalza, quien inicialmente dijo que  las  donaciones  de la DIAN las vendían unos políticos, pero sin investigar la  persona  que  tenía  conocimiento de este hecho, por lo cual, asegura, su dicho  “no    pasa    de    ser    un    simple    rumor  callejero”,  como  igual lo fue aquel según el cual  entre  los concejales del municipio de Soledad se repartían esos elementos, sin  realizarse  por  la Fiscalía las necesarias y relevantes labores investigativas  tendientes a aclarar esos hechos.   

De la misma forma, señala, no se verificaron  las  citas  de  su  apadrinada,  en  cuanto  indicó  categóricamente  que  las  donaciones  se  entregaron;  igualmente,  no se practicó prueba suficiente para  demostrar  ese hecho y aun cuando varios testigos vinculados con las fundaciones  directa  o  indirectamente  dijeron  que  no habían recibido las ayudas, fueron  desmentidos  por  los  mismos  procesados o por María  Stella  Ensuncho,  quien  otorgó  autorización  para  reclamarlos.  El dicho que sí resulta contradictorio acerca de si se recibieron  o  no  los  objetos donados, sostiene, fue el de Pablo  José  Bello  Cantillo; ante ello, surge duda que debe  resolverse   a   favor   de   su  defendida  en  aplicación  del  principio  de  favorabilidad.   

A  continuación,  precisa cómo en el fallo  impugnado   se   dejó  de  valorar  la  prueba  extra  juicio  de  Juan  Bautista Ruiz Tovar y otros líderes  comunitarios,  quienes  bajo  juramento  ante  notario  dan  fe que Luis  Castro  les  había  entregado  los  elementos  procedentes  de  la  donación,  como igual lo ratificó María   Estella   Ensuncho   Bornacelly,  persona     autorizada     para    recibir    mercancías    por    Ángel  Posada,  representante  de una de  las  fundaciones,  las cuales, a su vez, fueron entregadas igualmente a líderes  comunitarios,  como  se  constata  en  el  plenario con las actas de entrega; lo  mismo,  dice,  ocurrió  con Fanny Flórez,  de  la fundación Futuro Común, y Juan  Urquijo Carcamo, de Mundo Limpio.    

Por  lo  anterior,  sostiene,  el  juzgador  desconoció  que  la ex alcaldesa actuó de buena fe, en la medida en que agotó  el  procedimiento administrativo de entrega de esos recursos y después realizó  los  tramites  establecidos  para que a través de las fundaciones llegaran a la  comunidad, sin que haya prueba que lo desvirtué.   

     

Además,  destaca,  no  puede  tomarse  como  prueba  suficiente  el  resultado  de las investigaciones fiscal y disciplinaria  contra  su  defendida,  porque los elementos que se discuten en el proceso penal  refieren  a  la  responsabilidad  en materia penal, obedeciendo, por tanto, a un  criterio de valoración totalmente diferente.   

Se desprende de lo expuesto, entonces, que no  está   demostrado   el   elemento  dolo  en  la  conducta  de  su  patrocinada,  “porque a ella sólo le asistía el cumplimiento de  sus  funciones, ordenando la adjudicación de los bienes donados por la DIAN, no  hay  prueba que demuestre su intencionalidad de querer apropiarse de los mismos,  por  cuanto  hizo  todas las gestiones y tramites documentales a su alcance para  que  tales recursos fueran finalmente adjudicados a personas de escasos recursos  económicos,  a  través de las fundaciones que finalmente fueron elegidas y que  se  tiene prueba (sic) varios  líderes  comunales expidieron con su firma aprobación a su entrega a las actas  que  por  tal  motivo  se  redactaron. No se puede penar a quien hace su trabajo  respetando  el  aparato  normativo  y  cumpliendo  sus  funciones”.   

En el peor de los casos, afirma, la conducta  de  su  asistida  corresponde a un peculado culposo, porque está demostrado que  no  hubo  apropiación  por  parte  de  su  defendida de los recursos de la DIAN  entregados  a  título  de donación, en tanto “ella  le  imprimió el trámite administrativo correspondiente para su adjudicación y  que  si  en  alguno  y  no en todos los casos, ellos tuvieron destino diferente,  tampoco  es  culpa  de ella su desvío, porque el proceso previo de reclamación  ante  la  DIAN y posterior adjudicación a las fundaciones fue totalmente legal,  tanto  que  varios  líderes  comunales  dieron  fe  testimoniales  que así los  recibieron               (sic)”.   

Por  razón de lo expuesto solicita casar el  fallo  impugnado  y,  en  su  lugar,  absolver  a ROSA  STELLA IBAÑEZ ALONSO.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

En  orden  a  establecer  si  las  demandas  presentadas  por  los  defensores  de  VERA JUDITH DEL  CASTILLO  BOLÍVAR  y  ROSA  STELLA  IBÁÑEZ  ALONSO  reúnen los condicionamientos  de  admisibilidad,  es  necesario señalar que de conformidad con el numeral 3°  del  artículo 212 de la Ley 600 de 2000, el libelo casacional deberá contener:  “La enunciación de la causal y la formulación del  cargo,  indicando  en  forma clara y precisa sus fundamentos y las normas que el  demandante  estime infringidas”.  Igualmente, en  el  siguiente numeral de la misma preceptiva, también se exige que “si  fueren  varios  los  cargos,  se  sustentarán en capítulos  separados”    al    tiempo    que    “es   permitido   formular  cargos  excluyentes  de  manera   subsidiaria”.     

La  presentación  del escrito sustentatorio  del  recurso  extraordinario “de forma clara y precisa”, en los términos de  la  aludida  normativa  legal,  ha  dicho reiteradamente esta Colegiatura, está  relacionada  con  la  carga  para  quien  la suscribe, en atención al carácter  rogado  del  recurso  extraordinario,  de  esbozar una argumentación coherente,  comprensible   y   lógica,   pues  no  le  corresponde  desentrañar  confusos,  ambivalentes y contradictorios planteamientos.   

A  continuación  se  verá como los libelos  sometidos  a  estudio  no  cumplen  con  tales exigencias, motivo por el cual se  inadmitirán.   

Para  empezar,  indíquese  que los  dos reparos propuestos en la demanda presentada por el defensor  de  VERA  JUDITH  DEL  CASTILLO  BOLÍVAR,  ex  secretaria  privada de la alcaldía del municipio de Soledad,  contienen  una  redacción  confusa,  atropellada  y  deshilvanada  que torna en  extremo   complejo  su  entendimiento,  razón  por  la  cual,  en  el  acápite  correspondiente  a  su  síntesis,  se  optó  por  transcribir fragmentos de su  contenido.  Sin duda, esta situación ya de por sí refleja el incumplimiento de  los   mandatos   de   claridad  y  precisión  referidos  en  la  norma  citada.   

Además   de   ello,  al  interior  de  la  primera   censura   de   este   libelo   se   involucran  conceptos  disímiles  que, en honor a los principios de autonomía y prioridad,  han    debido    plantearse   de   forma   independiente   para   facilitar   su  comprensión.   

Así,   no   obstante  aludirse  de  forma  insistente  que  acude a la causal de violación directa de la ley sustancial, a  la    par    se    pregona    que    el    fallo   incurrió   en   “errores  de hecho y de derecho” en la  apreciación  probatoria  e,  igualmente,  en  violación al debido proceso y al  principio de legalidad, conceptos totalmente disímiles.   

Sobre  esto último recuérdese que es de la  esencia   del   invocado   motivo  casacional  (violación  directa  de  la  ley  sustancial)  sujetarse a los fundamentos fácticos y probatorios de la decisión  impugnada,  como  quiera que el error se contrae a un debate puramente jurídico  que  deviene  de  la  falta  de aplicación (no se selecciona la norma llamada a  regular  el caso), de su aplicación indebida (se escoge para solucionar el caso  una  preceptiva  que  no es atinente) o de su interpretación errónea (en donde  si   bien   se   selecciona   la  normativa  correctamente,  se  le  otorga  una  hermenéutica equivocada).   

De  modo que, aun cuando esta causal también  recae  en  la vulneración de preceptos sustanciales, no guarda relación con la  crítica  fundada  en  la  incorrecta  apreciación  de las probanzas, cuya vía  expedita  en  sede  del  recurso  extraordinario  de  casación es la violación  indirecta  de  la ley sustancial, a condición de que el censor demuestre que el  fallador  incurrió  en  errores de hecho o de derecho, los primeros producto de  falsos  juicios  de  existencia,  de identidad o raciocinio y, los segundos, por  los  llamados falsos juicios de legalidad o de convicción, que a su vez generan  violación  de  la  ley  sustancial,  bien porque el precepto aplicado no debió  serlo   o   en   cuanto   se   dejó   de   aplicar  el  llamado  a  regular  el  caso.    

Precisamente por la disímil esencia entre las  dos  causales aludidas se colige también que son excluyentes y, por ende, deben  ser  formuladas  a  través  de  reparos  independientes con el fin de evitar la  vulneración  de  principios  regentes de la materia casacional, como son los de  autonomía  y no contradicción, consagrados en procura de preservar la claridad  y  concisión que debe evidenciar la demanda con miras a su admisión y estudio.   

Contrariando  las premisas anteriores, en el  reproche  objeto  de  estudio se incurre en dicha falencia al anunciar que tiene  sustento  en  la  violación directa de la ley sustancial y, acto seguido, en su  desarrollo,  se  aparta  de los presupuestos fácticos y probatorios del fallo e  incluso   se  dice  expresamente  que  se  configuran  errores  de  apreciación  probatoria,  postulación  eventualmente  compatible con la causal de violación  indirecta.  Peor  aún  cuando  al  interior de la misma propuesta se alude a la  violación del debido proceso.   

Ello,  porque  la  violación  de  la  ley  sustancial,  ya  sea  por  la  senda  directa  o  indirecta, comporta aceptar la  validez  de  la  actuación  procesal  por  cuanto  el  ataque se circunscribe a  errores   de   juicio  o  in  iudicando  en  los  que  incurre el sentenciador al momento de fallar, mientras  que  en  la  referida,  mas  no  desarrollada,  violación  al  debido  proceso,  precisamente   se   discute   ese  aspecto  a  través  de  yerros  in       procedendo       o       de  procedimiento.   

Para  colmo, en los  dos  cargos de esta demanda se expone que la violación  de  la  ley sustancial se concretó en la aplicación indebida del artículo 340  de  la  Ley  599 de 2000, correspondiente al delito de concierto para delinquir,  comportamiento  por  el  cual  no  se  acusó,  ni mucho menos se condenó a las  implicadas;   es  más,  en  la  segunda censura se cuestiona confusamente,  como  ya  se  dijo  es  la  nota  característica de este libelo, algunos de los  elementos  que  por  vía  jurisprudencial se han aceptado como constitutivos de  esta  infracción (indeterminación de delitos y permanencia), lo cual denota la  total    impertinencia   de   esa   argumentación   frente   a   la   sentencia  impugnada.   

De  cualquier  modo,  cabe destacar que esta  censura  se  limita,  en  la  crítica  probatoria que a continuación emprende,  simplemente  a  exponer  su  particular  punto  de vista sobre la valoración de  algunas  pruebas  al margen de la naturaleza de los pretextados errores de hecho  por falsos juicios de existencia e identidad.   

Conforme al reiterado criterio de la Sala el  falso  juicio  de  existencia  tiene  ocurrencia  cuando  un  medio de prueba es  excluido  de  la  valoración  que  efectúa  el juzgador no obstante haber sido  allegado  al  proceso en forma legal, regular y oportuna (ignorancia u omisión)  o  porque  el juzgador lo crea a pesar de no existir materialmente en el proceso  (suposición   o   ideación),   otorgándole   un  efecto  trascendente  en  la  sentencia.   

En  esta  hipótesis,  el  recurrente  está  obligado  a  identificar  el  medio de prueba que en su criterio se omitió o se  supuso,  a  establecer la incidencia de esa omisión o suposición probatoria en  la  decisión  que se controvierte y en favor del interés que se representa -lo  cual  comporta la necesidad de demostrar que el fallo atacado no se preserva con  otros  elementos  de  juicio-  y  a  demostrar  de  qué  forma se violó la ley  sustancial  con  ese  defecto de apreciación, ya sea por falta de aplicación o  por aplicación indebida.   

Por su parte, el falso juicio de identidad se  verifica  cuando  el  juzgador tergiversa o distorsiona el contenido objetivo de  la  prueba  para  hacerla  decir  lo  que  ella  no expresa materialmente.    

En  esencia,  se  trata  de  un  yerro  de  contemplación   objetiva  de  la  prueba  que  surge  luego  de  confrontar  su  expresión  material  con  lo  que  consigna  el  sentenciador  acerca  de ella,  deformación  que,  además,  debe  recaer sobre prueba determinante frente a la  decisión adoptada.   

Desde esa perspectiva, resulta necesario para  quien  propone  esta  clase  de  error, ante todo, individualizar o concretar la  prueba  sobre  la cual se predica el supuesto yerro; luego, evidenciar cómo fue  apreciada  por el fallador señalando de qué forma esa valoración tergiversa o  distorsiona  su contenido material, esto es, puntualizando la  supresión o  agregación  de  su  contexto  real  para  de  allí  inferir que en realidad se  alteró  su sentido.  Acto seguido, se debe establecer la trascendencia del  yerro  frente  a  lo  declarado  en  el  fallo,  es decir, concretar por qué la  sentencia  debe  mutarse  a favor del demandante, ejercicio que lleva inmersa la  obligación  de  demostrar  por qué el fallo impugnado no se puede mantener con  fundamento  en  las  restantes  pruebas que lo sustentan. Y, finalmente, se debe  demostrar  que  con el defecto de apreciación se vulnera una ley sustancial por  falta de aplicación o aplicación indebida.   

Al  margen de las anteriores directrices, en  este  reparo, como ya se anticipó, el censor expone el valor que a su juicio ha  debido  otorgarse a algunos medios de convicción, actitud que, como mucho lo ha  insistido  la  Sala,  dista  de  la  naturaleza  del  recurso  extraordinario de  casación,  en  cuanto  no tiene el carácter de tercera instancia y se ocupa de  develar  yerros  que  afectan  la constitucionalidad o legalidad de la sentencia  confutada,  objetivo  que  no  se  logra,  en  materia probatoria, ofreciendo un  particular  punto de vista que además cede ante la doble presunción de acierto  y legalidad que lo gobierna.   

Ahora bien, en incorrecciones similares a las  ya  puestas de manifiesto se incurre en el único cargo  postulado  en la segunda demanda presentada a nombre de la procesada   ROSA   STELLA   IBÁÑEZ   ALONSO,  ex  alcaldesa  del  municipio  de  Soledad,  por  no  extraerse con la indispensable  claridad  el  motivo  de  su  inconformidad  y  al  perseguir  con el recurso un  propósito  incompatible con la esencia del medio extraordinario de impugnación  incoado.   

Lo  primero,  porque  al  igual  que  en  la  anterior    demanda,    no    obstante    formularlo    por    el    motivo   de  violación        indirecta   de   la   ley  sustancial  “por  errores  de hecho y de derecho”,   simultáneamente  alude  a  la  vulneración  del  principio  de  investigación  integral,  constitutivo  de transgresión al debido proceso y al  derecho  de  defensa, aunque deformando su contenido, como igual lo hace con los  principios  de  favorabilidad y libertad probatoria, al entender erradamente que  se   configuran   al   conceder   mérito   suasorio  exclusivo  a  las  pruebas  desfavorables  a  su  defendida,  y  a  la  situación  consiste  en  no haberse  verificado  las  citas de la indagatoria de su patrocinada, prescindiendo, dicho  sea  de  paso,  por  lo  menos  de  identificarlas, situación que eventualmente  comportaría vulneración del derecho de defensa.   

Tal  amalgama  de  propuestas  excluyentes,  según  lo  atrás  explicado, conduce a la falta total de claridad y precisión  del reproche.   

Lo   segundo,   en  tanto  la  discusión  probatoria   que   plantea  in  extenso  sólo  refleja  su  personal  criterio  valorativo, al margen de los  errores de hecho y de derecho que apenas enuncia.   

         Conforme  a  lo expuesto, la Sala procederá a la inadmisión de las  demandas,  de acuerdo con la consecuencia procesal señalada en el artículo 213  de  la  Ley  600  de  2000.   Además, porque no se advierte que dentro del  presente  trámite  o  en  la  sentencia  se  hubiera incurrido en violación de  garantías  fundamentales que reclame su intervención oficiosa en los términos  previstos  en  el  artículo  216  ibídem.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR        las  demandas  de  casación    presentadas,    los    defensores    de    VERA   JUDITH  DEL  CASTILLO  BOLÍVAR  y  ROSA  STELLA IBÁÑEZ ALONSO  atendiendo las razones expuestas en la anterior motivación.   

         

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  de  la Ley 600 de 2000, contra este proveído no procede recurso  alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

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