AP814-2014(42178)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   

Magistrada ponente  

AP814-2014  

Radicación n° 42178  

(Aprobado  Acta No.  053)   

Bogotá  D.C., veintiséis (26) de febrero de  dos mil catorce (2014).   

VISTOS  

Se pronuncia la Sala sobre la admisibilidad de  la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  MÍLLER    DAMIÁN    FORERO    CRUZ   y  JOSÉ    EDILBERTO    VERA    VERA    contra  la  sentencia  del 10 de abril de 2013, a través de la cual  el  Tribunal  Superior  de  Neiva,  al  revisar  por vía de apelación el fallo  proferido  el  28 de septiembre de 2012 por el Juzgado Quinto Penal del Circuito  de  la misma sede, confirmó la condena impuesta al primero de los nombrados por  los  delitos de homicidio en persona protegida, falsedad en documento público y  hurto  agravado,  mientras  respecto  del segundo procedió en idéntico sentido  frente  al  punible  de homicidio en persona protegida, pero lo absolvió por el  de hurto agravado.   

HECHOS  

La  situación  fáctica  que  dieron  por  demostrada  los  falladores  de  instancia  se  resume  de  la siguiente manera:   

Durante la operación militar realizada el 14  de   diciembre  de  2005  en  el  sector  Chorro  Frío  de  la  vereda  Dantas,  jurisdicción  del  municipio  de  Algeciras por parte del Cuarto Pelotón de la  compañía      “Catapulta”      perteneciente   al  Batallón  “Cacique  Pigoanza”,   al   mando  del  entonces  subteniente  MÍLLER    DAMIÁN    FORERO    CRUZ   y   cuyo  grupo  era  guiado  por  el  ex  guerrillero  Andrés   David  Martínez  Quintero,  se  produjo    la    retención   de   Juan   Cristóbal  Alvarado,  sindicado de pertenecer a las FARC, persona  contra   quien   el   soldado  JOSÉ  EDILBERTO  VERA  VERA,    por  orden del comandante del pelotón, disparó en varias ocasiones  por  la  espalda  mientras  era  interrogado  en el mismo lugar de los hechos, a  consecuencia de lo cual se produjo su fallecimiento.   

Ocurridos los acontecimientos, algunos de los  militares  que  participaron  en el operativo despojaron al occiso de la suma de  $102.000,  que  llevaba  en  el  bolsillo  derecho  del  pantalón, siendo luego  reportado oficialmente como dado de baja en combate.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  La actuación la asumió inicialmente la  justicia  penal  militar,  habiéndola  remitido  a  la  Fiscalía General de la  Nación  el  15  de  julio  de  2008. El 31 de marzo de 2011, luego de adelantar  investigación  previa,  la Fiscalía Especializada perteneciente a la Unidad de  Derechos  Humanos  y Derecho Internacional Humanitario dispuso la iniciación de  instrucción  penal,  en cuyo desarrollo escuchó en declaración de indagatoria  al   subteniente   MÍLLER   DAMIÁN   FORERO  CRUZ,  a   los   soldados   JOSÉ  EDILBERTO   VERA   VERA,   Luis   Ulfredo  Rojas  Oidor,  Darío  Polo  Trujillo  y  Florentino  Tovar Gómez  y  al  cabo  Israel Angucho  Álvarez.   

2.  Resuelta  la situación jurídica de los  aludidos,  el fiscal decretó en decisión del 25 de noviembre de 2011 el cierre  de  la  investigación  respecto  de  MÍLLER DAMIÁN  FORERO  CRUZ,  JOSÉ  EDILBERTO VERA VERA, Luis Ulfredo Rojas Oidor, Darío Polo  Trujillo  y Florentino Tovar  Gómez,    y    el   6  de  enero de 2012 calificó el mérito del sumario,  profiriendo  en contra de los mismo resolución de acusación por los delitos de  homicidio    en   persona   protegida   y   hurto   agravado.   A   FORERO  CRUZ, adicionalmente, le atribuyó  el punible de falsedad ideológica en documento público.   

3.  Apelada  dicha  determinación  por  la  defensa,  la  Fiscalía Delegada ante el Tribunal de Neiva, por decisión del 27  de febrero del precitado año, le impartió confirmación.   

4.  La  fase  del  juicio estuvo a cargo del  Juzgado  Quinto Penal del Circuito de la precitada ciudad, cuyo titular realizó  las  audiencias  preparatoria  y pública de juzgamiento, tras lo cual profirió  sentencia  de  primera  instancia,  condenando  a los procesados de la siguiente  manera:   

– A MÍLLER DAMIÁN  FORERO  CRUZ  a  las penas principales de 402 meses de  prisión,  $801.150.000  de  multa  y  201  meses  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas,  como  coautor  del  delito de  homicidio  en  persona protegida, en concurso con falsedad en documento público  y hurto agravado.   

– A JOSÉ EDILBERTO  VERA  VERA y Florentino Tovar  Gómez  a las penas principales de 374 meses y 24 días  de  prisión,  $785.890.000  de  multa y 185 meses y 12 días de inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas, como coautores de los  punibles de homicidio en persona protegida y hurto agravado.   

–  Y a Darío Polo  Trujillo   y  Luis  Ulfredo  Rojas  Oidor  a  las penas principales de 366 meses de  prisión,  $763.000.000  de  multa  y  180 y 12 días de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas, como coautores de los ilícitos  mencionados en el párrafo precedente.   

   

5.  Contra la sentencia de primera instancia  interpusieron  recurso  de apelación los defensores de los procesados, por cuya  vía  el  Tribunal  de  Neiva  confirmó  la  condena  impuesta  a  FORERO     CRUZ     y     Tovar  Gómez;  reformó  la proferida en  contra  de  VERA  VERA  para  absolverlo  del  punible de hurto agravado, por cuya razón le irrogó 370 meses  y   24  días  de  prisión;  modificó  también  la  dictada  en  desmedro  de  Polo    Trujillo    para  absolverlo  del  ilícito de homicidio en persona protegida, por motivo del cual  le  aplicó  6 meses de prisión e inhabilitación para el ejercicio de derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso; y finalmente, revocó la condena  impuesta  a  Rojas Oidor y lo  absolvió respecto de los dos delitos objeto de imputación.   

6.  Atendido  el  sentido de la decisión de  segunda   instancia,   el  defensor  de  FORERO  CRUZ  y  VERA  VERA  acudió al recurso extraordinario de casación.   

LA  DEMANDA   

          El  impugnante  formula  tres  cargos contra la sentencia de segunda  instancia,  todos  al  amparo de la causal tercera de casación de la Ley 906 de  2004, esto es, violación indirecta de la ley sustancial.   

          En    el    primer   cargo   acusa   al   Tribunal   de  incurrir  en  varios  errores  de  hecho  constitutivos de falso juicio de identidad.   

          Según  el  actor,  los  yerros  recayeron,  de  una  parte,  en los  testimonios  de  los  militares MÍLLER DAMIÁN FORERO  CRUZ,  Darío  Polo Trujillo, Luis Ulfredo Rojas Oidor, Florentino Tovar Gómez,  JOSÉ  EDILBERTO  VERA  VERA, Israel Angucho Álvarez y  Nelson  Mora Fulano, pruebas  respecto  de las cuales el sentenciador no valoró la manifestación al unísono  expresada    por   esos   declarantes,   acorde   con   la   cual   Andrés   David   Martínez  Quintero  se  desplazaba  en  el  momento  de los hechos como guía en la segunda sección, lo  cual  le impidió ver lo sucedido en el preciso momento de la muerte del occiso,  que  ocurrió  con  ocasión  del  contacto  armado  sostenido  por  la  primera  sección.   

          Luego   de  citar  apartes  de  las  mencionadas  declaraciones,  el  demandante  insiste  en que dichos militares han sido absolutamente ecuánimes y  coherentes  en  relatar que quienes pertenecían a la sección primera, al mando  del  subteniente FORERO CRUZ,  cuando  perseguían  a un sujeto que huyó al advertir la presencia de la tropa,  fueron  atacados con disparos de armas de fuego, ante lo cual ellos reaccionaron  sosteniendo  un  contacto  armado,  y  afirmaron  en forma también concordante,  añade,   que   el   orientador  geográfico  o  guía  de  nombre  Andrés  David  Martínez  Quintero  no se  encontraba con esa sección sino con la segunda.   

          Considera   que   la   falta   de   apreciación  correcta  de  esas  manifestaciones   llevó   al  ad  quem  a   inferir   que  el  testigo  Martínez  Quintero   se  encontraba  en  la  sección  primera,  pudiendo  apreciar  el  desarrollo  de  los  hechos,  lo  cual,  en  sentir  del  libelista,  aparece desvirtuado por los militares en mención. Por tanto, es del  criterio,  y  en ello estima la trascendencia del yerro, que de haberse valorado  las  versiones  de  éstos  la  conclusión  habría  sido  la de que el testigo  mintió,   estando   motivadas   sus  acusaciones  por  el  interés  económico  manifestado  desde  un  comienzo,  como aparece demostrado en la investigación,  punto    al   cual   hará   referencia   presentando   un   cargo   por   falso  raciocinio.   

          En  su concepto, el error condujo al Tribunal a otorgar credibilidad  al  testigo  de  cargo,  incurriendo con ello en una cadena de desaciertos, pues  desestimó  las  declaraciones  de los procesados con el único argumento de que  aquél  los  desmiente y, además, predicando su corroboración por la deponente  María   Argelia   Orduz   Calderón,   lo  cual  tampoco  es cierto, pues ella no estuvo en el lugar de los  hechos   y   su   testimonio,   además,   es   desvirtuado   por   Rodolfo  Quintero Suaza, respecto de quien  se  incurrió  en  un falso juicio de existencia, al cual, según dice, también  hará alusión más adelante.   

          Denuncia   al  impugnante  incurrir  también  en  falso  juicio  de  identidad  respecto  del testimonio del propio Andrés  David  Martínez  Quintero, desmovilizado de las FARC.  Para   sustentar   el   yerro   pone  de  presente  cómo  la  condena  se  basa  exclusivamente  en  la  declaración  de  esa  persona.  Pero,  en su sentir, el  prenombrado  pertenece al cartel de testigos falsos, agrupación cuya existencia  fue  reconocida  por  el propio Fiscal General de la Nación, quien dispuso, por  esa  razón,  investigar  profusamente  aquellos  asuntos  cuyas  decisiones  se  fundamentan   en   declaraciones   de   esos   macabros  personajes,  imperativo  desconocido por los falladores de instancia.   

          Insiste,   de   otra  parte,  en  que  el  testimonio  del  sargento  viceprimero    Nelson   Mora   Fulano   desvirtúa  las  afirmaciones de MARTÍNEZ  QUINTERO,  en  las  cuales señala que la muerte de la  víctima  ocurrió  por ajusticiamiento ordenado por el subteniente FORERO.   

                          

          Adicionalmente,  cuestiona  al  declarante  de cargo por incurrir en  múltiples  contradicciones  en  las  tres versiones ofrecidas por él. El actor  elabora  un extenso cuadro comparativo en donde, según dice, están condensadas  esas  incoherencias,  al  término del cual refiere, a modo de resumen, cómo en  su  primera  declaración  señala  toda  una serie de detalles desde cuando era  menor  de  edad, cuando fue capturado por el batallón Tenerife, cuando ingresó  a  la  corrección  de  menores  y  hasta  cuando  se  desmovilizó.  Sobre esos  detalles,  dice, nada manifestó en su posterior versión, aunque afirmó que se  desmovilizó   cuando   era   miliciano   bolivariano,   cuyos  miembros  tienen  entrenamiento  para  atacar  o  combatir  a  las  fuerzas del Estado, aspecto no  analizado  por  el  Tribunal,  y  por  eso  no  aceptó la manifestación de los  procesados  sobre  la  razón por la cual el occiso recibió los disparos por la  espalda,  pues  mientras  pretendía  escapar  al  mismo tiempo accionó su arma  contra quienes lo perseguían.   

En  su  criterio,  de  haber  valorado  esa  consideración  la  conclusión  habría  sido  diferente,  pues  no es igual el  actuar  de  una  persona  del  común  que  el  de  un subversivo preparado como  miliciano bolivariano.   

En  esa  segunda  declaración, prosigue, el  testigo  modificó  sus  atestaciones  sobre  la  razón  por  la  cual llegó a  trabajar       al       batallón      “Cacique  Pigoanza”,  versión  que  volvió  a  variar  en su  tercera  intervención  procesal. En fin, según el censor, el deponente incurre  en  contradicción  en cuanto a las actividades que cumplía en desarrollo de la  operación;  al  actuar  del soldado VERA en  el  teatro los acontecimientos; al momento en que se enteró del  ascenso    a    capitán    del    teniente   FORERO  CRUZ;  a  las  medidas  de  seguridad  que tenía como  orientador  del  terreno;  a  la  comunicación  telefónica  con  los militares  vinculados  al  proceso,  y  a las circunstancias de tiempo, modo y lugar en que  recibió el dinero de los militares.   

En   criterio  del  actor,  las  referidas  inconsistencias  imponían  a los falladores efectuar un análisis exhaustivo de  la  declaración  del testigo donde se auscultaran integral y detalladamente sus  afirmaciones,  máxime si se tiene en cuenta las exigencias de dinero que hizo a  la  mayoría  de  procesados. Considera que de haberse hecho esa valoración, se  habría  concluido  que  sus  manifestaciones no son ciertas. El falso juicio de  identidad,  por  tanto,  lo  hace recaer en la omisión del fallador de examinar  los  apartes  del  testimonio  de  MARTÍNEZ QUINTERO  donde incurre en tales incoherencias.   

Sobre la trascendencia del error, señala que  de  no  haberse  otorgado  credibilidad  al mencionado declarante, la misión no  había   sido   descalificada   para   predicar   que  el  occiso  fue  ultimado  injustamente.   

En   el  primer  reproche  el  demandante,  finalmente,  denuncia  la  incursión  en  falso  juicio  de identidad cuando se  valoró  la  declaración  de  María  Argelia  Orduz  Calderón.   

          Lo  anterior,  según expresa, porque el referido testimonio aparece  desvirtuado  con  el  rendido  por  Rodolfo  Quintero  Suaza, quien desmintió a la primera en cuanto afirmó  que  su  esposo no era guerrillero sino un campesino trabajador y propietario de  la  finca  en  la  cual  se  produjo su captura y además miembro de la junta de  acción comunal de la vereda.   

Para el actor, del testimonio de Quintero  Suaza, a quien los juzgadores ni  siquiera  mencionaron  en  los  fallos,  y demás pruebas allegas al proceso, se  desprenden  una  serie  de  contradicciones  e inconsistencias en la versión de  María  Argelia  Orduz sobre  aspectos  específicos  y  claves de lo ocurrido el día de los hechos, frente a  las cuales ésta nunca pudo dar explicaciones satisfactorias.   

Cuestiona al Tribunal, por tanto, el hecho de  no  valorar  esos  apartes  de  la  declaración de la prenombrada, yerro que le  impidió  advertir  la  falta  de  veracidad  de  su  relato  y su imposibilidad  consecuencial  de  respaldar el dicho de Andrés David  Martínez.   

          En    el   segundo   cargo   predica  la  presencia  de  un  error  de  hecho por falso juicio de  existencia   ante   la   no   apreciación   del   testimonio   de  Rodolfo Quintero Suaza.   

          Destaca  cómo  la declaración del antes mencionado permite afirmar  que  el  occiso  Juan Cristóbal Alvarado  hacía parte de una estructura armada al margen de la ley, lo cual  lleva  a  inferir,  a  su  vez,  que  su esposa miente en aspectos tales como la  calidad  que  ambos  ostentaban  frente a la finca donde residían, las personas  que  allí se encontraban el día de los hechos y su condición de miembro de la  junta de acción comunal.   

          Considera,  por  tanto,  que  la  no  valoración  del testimonio de  Quintero Suaza condujo a los  falladores     erradamente     a    otorgar    credibilidad    a    María   Argelia   Orduz  y  Andrés  David  Martínez  y a desatender  las versiones de los militares.   

          En    el    tercer   cargo   acusa    al    ad   quem   incurrir   en   falso  raciocinio  frente  a  las  declaraciones  de  Andrés  David Martínez Quintero, Luis Ulfredo Rojas  Oidor,    Darío   Polo   Trujillo   y   MÍLLER DAMIÁN FORERO CRUZ.   

         

          Censura  al  Tribunal  porque  a pesar de reconocer que Martínez  Quintero  exigió dinero a los  militares   involucrados   en   la  investigación,  de  todas  maneras  otorgó  credibilidad  al  dicho  de aquél. Para el libelista, ese proceder del juzgador  vulnera    reglas    de    la    experiencia,    pues   desconoce   “que  el  hecho  de que un declarante exija dinero a las personas  que   se   encuentran  vinculadas  a  un  proceso,  dentro  del  cual  él  esta  (sic)  llamado a declarar y  dentro  del  cual  su  versión sobre los hechos puede ser determinante, permite  colegir  un interés diferente a decir la verdad y por el contrario evidencia un  interés económico”.   

Por  eso,  estima  que  la  conclusión  del  ad  quem  según la cual el  testigo  Rojas  Oidor no dio  explicaciones  satisfactorias  a  la entrega de $300.000 al declarante quebranta  la  regla  de  la  experiencia según la cual “nadie  entrega   dinero  a  otra  persona  sin  razón  alguna  y  que  si  quien  esta  (sic) exigiendo el dinero es  un  declarante es lógico colegir que este soldado le estaba entregando esa suma  de  dinero  al  testigo  a  cambio  de  decir  la  verdad  de  los  hechos  y no  comprometerlo  falazmente  en  la  comisión  de un delito”.    

          Igual  situación,  dice,  ocurre  con  la apreciación del dicho de  FORERO  CRUZ, pues si éste  le  entregó  dinero  fue  también por las exigencias que le hacía de decir la  verdad.   

          En  su  concepto,  de  no  incurrirse  en  el  yerro,  no se habría  otorgado     credibilidad     a    Andrés    David  Martínez,  pues  su  interés  económico  le restaba  credibilidad  y  espontaneidad,  de  manera  que una correcta apreciación de su  dicho  habría  permitido  concluir que María Argelia  Orduz  mentía,  como  lo  demuestra  el testimonio de  Rodolfo  Quintero,  todo lo  cual  hubiese  evitado señalar que la declaración de la prenombrada servía de  respaldo a la de Martínez Quintero.   

          Con  sustento  así en los cargos formulados, el demandante solicita  casar  la  sentencia  impugnada  para  proferir  la  de  reemplazo  de carácter  absolutorio.   

         

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

          Acorde  con  lo  establecido  en  el  artículo  213  del Código de  Procedimiento  Penal  de  2000,  bajo cuyo imperio se ritúa el presente asunto,  corresponde  a  la  Corte  calificar  la demanda de casación para determinar si  reúne  o  no  los  requisitos  contemplados en la ley. Uno de esos presupuestos  está  establecido en el numeral 3º del artículo 212 ibídem, conforme al cual  en  el  libelo  se  debe  enunciar la causal y formular el cargo con indicación  clara  y  precisa  de  sus  fundamentos y de las normas que el demandante estime  infringidas.   

          Según  criterio  reiterado  de  la  Sala,  el cumplimiento de dicho  presupuesto  impone  al  actor la carga de efectuar una labor de fundamentación  lógica  y  coherente,  en tal forma que los cargos formulados correspondan a la  causal  invocada  y  se  orienten  a  demostrar que el sentenciador incurrió en  vicios   in  procedendo  o  in iudicando, de acuerdo con  el  motivo  de  casación seleccionado, para lo cual, además, se hace necesaria  la  satisfacción  de  las  pautas  de sustentación que la jurisprudencia de la  Corte  tiene  establecidas frente a la estructuración de cada uno de los yerros  demandables por la vía extraordinaria en mención.   

          Además,  en  la  postulación  de  las  censuras  al  actor  le  es  imperioso  respetar  el  principio de corrección material, conforme al cual las  razones,  fundamentos  y  contenido del ataque deben corresponder en un todo con  la realidad procesal (Cfr. CSJ AP, 2 may de 2012, Rad. 26846).   

En el caso objeto de examen, advierte la Sala  que  el  demandante  no  cumple  dichos  requisitos  de  fundamentación  de  la  demanda.   

          En  efecto, en el primer cargo denuncia  la  existencia  de  varios  errores  de hecho derivados de  falsos juicios de identidad.   

          Como  lo tiene dicho la jurisprudencia de la Sala, el referido yerro  se  estructura  cuando  el  fallador,  al  apreciar  la  prueba,  distorsiona su  contenido  fáctico  para  hacerle  decir  lo  que ella no expresa, en cuanto la  cercena, adiciona o translitera.   

Su adecuada sustentación le exige al censor  identificar  el medio sobre el cual recayó el dislate, realizar un cotejo entre  su  contenido  y aquel que le atribuye el fallador, precisando los apartes donde  se   presenta   la   distorsión   y   luego   acreditar  la  trascendencia  del  yerro.   

El  actor, empero, no satisface la referida  carga  de  sustentación, pues aun cuando menciona los elementos de prueba, así  como  los  pasajes  que, en su sentir, el juzgador cercenó de las mismas, es lo  cierto  que  la  postulación  o  no  se  corresponde con los fundamentos de los  fallos  de  instancia,  pues  en  ellos sí se apreciaron tales apartes, o en su  estructuración no se explica la trascendencia del yerro.   

Obsérvese cómo el demandante sostiene que  el  sentenciador  no  valoró  respecto  de  los  testimonios  rendidos  por los  militares  MÍLLER  DAMIÁN  FORERO CRUZ, Darío Polo  Trujillo,  Luis  Ulfredo  Rojas  Oidor, Florentino Tovar Gómez, JOSÉ EDILBERTO  VERA  VERA,  Israel  Angucho  Álvarez  y Nelson  Mora  Fulano  el fragmento de los  mismos   en   donde   expresaron  que  Andrés  David  Martínez  Quintero  se desplazaba en el momento de los  hechos  como  guía  en  la  segunda sección, situación que le impidió ver lo  sucedido en el preciso momento de la muerte del occiso.   

Cuestión  diversa, empero, revela el fallo  de   segundo   grado,   pues  allí  el  Tribunal  sometió  a  valoración  las  declaraciones  de los militares en mención, incluyendo el aspecto cuya omisión  denuncia el libelista, concluyendo en lo siguiente:   

“Lo   analizado   en   los   párrafos  precedentes,  le permite colegir a la Sala que el señor Andrés David Martínez  Quintero,  se  encontraba en la sección primera que estaba a cargo del teniente  MÍLLER  DAMIÁN FORERO CRUZ y que fue la que se acercó a su esposa, un menor y  dos  mujeres  más,  lo  que desvirtúa lo expresado por el sargento Nelson Mora  Fulano  y  los  acusados, en el sentido de que aquel se encontraba en la segunda  sesión  y  de  esa  atestación  se  extracta  claramente  que  al  señor Juan  Cristóbal   Alvarado   se   le   dio   muerte  estando  desarmado  y  fuera  de  combate.   

“No  puede  dejarse  de  lado  que  los  procesados  tienen  interés  en los resultados del proceso y que la mejor forma  de  colocar  en  duda  lo expresado por el testigo de cargo, era tratar de hacer  creer  que  estaba  ubicado  en  la segunda sección a cargo del sargento Nelson  Mora  Fulano,  la  que  se  encontraba  a  un lugar distante del sitio donde fue  muerto  el  señor  Juan  Cristóbal  Alvarado,  suboficial al que tampoco se le  puede  dar  crédito  alguno,  pues  además,  de  no  haber  explicado en forma  coherente  por  qué el guía apareció en la sección primera, a pesar de haber  dicho  que había designado un soldado para que lo cuidara, y que en su sección  se  encontraban  pocos militares lo (sic) facilitaba  tener  control  sobre el mismo, también tiene interés  en  que  los procesados salgan absueltos, pues uno de ellos era su comandante en  la  operación  “Lince”  y  los  otros  subalternos  y  todos compañeros de  trabajo…”1   

         En  tal  virtud,  no  es que el juzgador haya dejado de apreciar los  apartes  echados  de  menos por el actor; los ponderó probatoriamente sólo que  desestimó  su credibilidad para admitir la versión ofrecida al respecto por el  testigo  Martínez Quintero.  En  esas  condiciones, es claro que el actor no hace cosa diversa a controvertir  el  criterio  valorativo  del  fallador,  pretendiendo  de la Corte lo rechace y  acepte  el  suyo,  aspiración  inadmisible  en sede de casación, dada la doble  presunción  de  acierto  y  legalidad  de  que  está  revestida  la  sentencia  impugnada.   

         Igual  propósito  persigue  el  censor  cuando  para fundamentar la  incursión  en  falso juicio de identidad frente a la valoración del testimonio  de  Andrés David Martínez,  argumenta  que  se  trata de un testigo desmovilizado de las FARC, perteneciente  al  cartel  de  testigos  falsos  y  cuya  versión  aparece  desvirtuada con la  declaración    del    sargento   viceprimero   Mora  Fulano.  Se  trata  de  su particular visión sobre el  alcance  suasorio de esa probanza, sin que en tal postulación, por tanto, ponga  de   presente   distorsión   alguna   en   la   apreciación   del  testigo  de  cargo.   

         El  demandante  también  sostiene que el Tribunal dejó de apreciar  las   contradicciones   en  que  incurrió  Martínez  Quintero  en  sus  diversas  salidas  procesales.  Sin  embargo,  aparte  de  no  sustentar  la incidencia del yerro en el sentido de la  decisión  impugnada,  el  ataque  tampoco se corresponde con los contenidos del  fallo,  en  cuanto  allí, dentro del principio de selección probatoria -acorde  con  el cual el juzgador no está obligado a hacer un examen exhaustivo de todas  y  cada  una  de  las pruebas incorporadas al proceso, ni de todos y cada uno de  sus  extremos  asertivos,  porque  la  decisión se haría interminable, sino de  aquellos  que  considere  importantes  para  la decisión a tomar- se ponderaron  muchas  de  las  alegadas  incoherencias, considerando intrascendentes algunas y  otras       carentes       de       fundamento2  (CSJ  SP, 27 de nov. de 2013,  Rad. 39311; y CSJ SP, 29 oct. 2003, Rad. 19737).   

No muy diferente es el sustento ofrecido por  el  libelista  en orden a demostrar el falso juicio de identidad que atribuye al  fallador  frente  a  la  valoración  del  testimonio  rendido  por  la  señora  María    Argelia    Orduz    Calderón.  Sin  indicar  los  apartes  supuestamente  tergiversados  por  el  juzgador,  se  dedica  a  pregonar  que  lo  declarado  por  la  aludida aparece  desvirtuado   con   el   dicho  de  Rodolfo  Quintero  Suaza,  de  cuya  versión  y  de  las  demás pruebas  incorporadas  al  plenario  surgen  entonces,  en  su  sentir,  incongruencias e  inconsistencias  en  las  atestaciones  de  la  dama,  que  dan al traste con su  relato.   

         Una  vez  más, por tanto, el actor no hace sino exponer su punto de  vista  sobre  el mérito suasorio arrojado por las pruebas, pretendiendo hacerlo  prevalecer  sobre  el  del  Tribunal,  cuyo  proceder,  como ya se dijo, resulta  inadmisible en esta sede extraordinaria.   

         En    el   segundo   cargo   acusa  la  presencia  de  un  error  de  hecho  por  falso juicio de  existencia   ante   la   no   apreciación   del   testimonio   de  Rodolfo Quintero Suaza.   

         El  falso  juicio de existencia se configura cuando el sentenciador,  al  apreciar  el  conjunto probatorio, omite valorar algún medio de convicción  obrante en el proceso o supone otro inexistente.   

         Para  su  demostración  al  libelista le corresponde señalar si el  yerro   se   presentó  por  haberse  omitido  la  apreciación  de  una  prueba  (existencia  por omisión) o  porque  el  sentenciador  inventó  una  que no obra en el proceso (existencia  por  invención),  precisando  cuál  es  el  contenido de la prueba omitida o cuál el mérito asignado por el  juzgador  al  medio  supuesto  y, en ambos casos, indicando la trascendencia del  error.   

         En  el  presente  caso,  el  demandante  predica  un falso juicio de  existencia  por omisión. Sin embargo, aun cuando identifica el medio probatorio  y  precisa  su  contenido,  la  verdad es que no fundamenta la trascendencia del  yerro   en   el   sentido   de   la   decisión  adoptada  por  el  ad quem.   

En efecto, en manera alguna explica de qué  forma  el  hecho  de que la víctima no fuese la propietaria del predio en donde  se  le  dio  muerte, no formara parte, por tanto, de la junta de acción comunal  de  la vereda y, perteneciera, por el contrario, a un grupo guerrillero, podría  cambiar  la  conclusión  de  los  falladores,  acorde con la cual la muerte del  señor   Juan   Cristóbal   Alvarado   ocurrió,   a   manera   de  ejecución  extrajudicial,  cuando  era  interrogado por los militares, luego de ser aprehendido por éstos.   

         En    el    tercer   cargo   atribuye  al  juzgador  incurrir  en  falso  raciocinio frente a las  declaraciones  de  Andrés  David Martínez Quintero,  Luis  Ulfredo  Rojas  Oidor,  Darío  Polo  Trujillo  y  MÍLLER DAMIÁN FORERO CRUZ.   

En  concreto,  señala  que  el  Tribunal  desconoció,   en   la  apreciación  de  tales  deponencias,  la  regla  de  la  experiencia  según  la cual “nadie entrega dinero a  otra   persona   sin   razón   alguna   y   que   si  quien  esta  (sic)   exigiendo   el   dinero   es  un  declarante  es lógico colegir que este soldado le estaba entregando esa suma de  dinero  al  testigo a cambio de decir la verdad de los hechos y no comprometerlo  falazmente  en  la  comisión  de  un  delito”.    

         El  falso  raciocinio, como lo tiene precisado la jurisprudencia, se  configura  cuando  el  fallador  quebranta  los  principios  de la sana crítica  integrados  por  las  reglas  de  la  experiencia, los postulados lógicos y las  leyes de la ciencia.   

         El  actor refiere la desatención de una regla de la experiencia. No  obstante,     al    edificarla    acude    a    la    expresión    “lógico”,    lo    cual    genera  incertidumbre  frente  a  si  lo  que  pretende sustentar es la violación de un  postulado lógico.   

         De  todas  maneras,  se  advierte  que  en su construcción el actor  desconoce  los  fundamentos  del  fallo, vulnerando una vez más el principio de  corrección  material,  pues  pretende  hacer  ver  que  el testigo “exigió”  a los militares la entrega  de  dinero,  cuando  ese  aspecto  en  momento  alguno  lo dio por demostrado el  sentenciador,  quien, por el contrario, encontró que tal desembolso ocurrió de  manera voluntaria por parte de éstos.   

         Como  se  desprende  de  lo anterior, nuevamente el demandante, esta  vez  para  sustentar  la existencia de un falso raciocinio, pretende hacer valer  su  particular  criterio  acerca  del alcance de las pruebas, por cuya razón la  Corte  no puede cesar en su empeño de insistir en que esa clase de postulación  no está llamada a prosperar en sede de casación.   

         

Atendidas,   por   tanto,  las  falencias  advertidas  en los tres cargos formulados, la Sala inadmitirá la demanda objeto  de  examen, considerando además la no concurrencia de circunstancia vulneradora  de  garantías  fundamentales que imponga superar los desaciertos técnicos para  decidir de fondo.   

Se  precisará,  finalmente,  que contra la  decisión  inadmisoria  del  recurso  de  casación  sólo  cabe el mecanismo de  insistencia,  conforme  lo  tiene  establecido el artículo 184 de la Ley 906 de  2004,  cuya  interposición  procede  bajo  las reglas fijadas en jurisprudencia  reiterada de la Sala (CSJ AP, 12 dic 2005, Rad. 24322).   

                     

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  interpuesta por el defensor de  MÍLLER    DAMIÁN    FORERO    CRUZ   y JOSÉ EDILBERTO VERA VERA.   

         De  conformidad  con lo dispuesto en el inciso segundo del artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004 y en los términos referidos en el acápite  final    de    esta    determinación,    contra    la    misma    procede    la  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Página 40 del fallo de segunda instancia.   

2  Páginas 57 y ss. ídem.     

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