AP7377-2015(47121)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

      CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado Ponente  

AP7377-2015  

Radicación N° 47121.  

Aprobado acta No. 446.  

Bogotá, D.C., dieciséis (16) de diciembre de  dos mil quince (2015).   

V I S T O S  

Se    decide  sobre  la admisibilidad de  la  demanda  de casación instaurada por el     defensor     de    GERMÁN    ANTONIO   CARDONA   PAREDES,  en  contra  de  la  sentencia  proferida el   1   de  julio  de  2015   por  el  Tribunal      Superior      de      Cali,    que  confirmó  la  decisión de condenar a dicho procesado  como autor del delito de Fraude procesal.   

A N T E C E D E N T E S  

    

1. Fácticos     

En  la  sentencia  de  segunda instancia se  describen los siguientes hechos jurídicamente relevantes:   

La   Sociedad   Comercial   Cusezar  S.A.  construyó  el  programa  de  vivienda  Balcones  del  Campestre  de la cual era  administrador  Germán  Antonio  Cardona  Paredes  quien, a su vez, fungía como  representante  legal  de la empresa Administraciones G.J. Ltda., encargada de la  administración de ese mismo conjunto residencial.   

A.-  El  11  de  diciembre  de  2002,  por  convocatoria  de  Cardona Paredes en su condición de administrador de la Unidad  Residencial  Balcones  del  Campestre,  se  celebró  asamblea extraordinaria de  copropietarios  en  la que se discutió el proyecto de reforma del reglamento de  propiedad  horizontal  y el manual de convivencia de la unidad cerrada a la cual  se  opuso  la  firma  Cusezar  S.A.  y propuso que se  elaborara  un  nuevo  reglamento  que  se  ajustara  a  la  ley y conservara los  derechos  adquiridos de esa Sociedad Comercial como constructora de ese proyecto  de vivienda.   

B.-  El  20 de agosto de 2003 se reunió el  Consejo  de  Administración  de  la unidad residencial Balcones del Campestre y  decidió  en  el  punto  3 del acta levantada “aprobar la protocolización del  reglamento  de  propiedad  horizontal,  igualmente  la contratación del abogado  Silvio  Agudelo  para  adelantar el cobro jurídico de las expensas reclamadas a  cuota  Litis al 40%”. Igualmente, el 1º de octubre de 2003, ese mismo órgano  determinó  que  “…el Consejo autoriza a la Administración para el registro  de  la  reforma  y adecuación del reglamento a la ley 675 de 2001 en su literal  d)  del  acta  respectiva,  ya que no se está de acuerdo con la reforma enviada  por cusezar S.A.”.   

C.- El 16 de octubre de 2003 el implicado se  presentó  ante  la  notaría  7ª  de  esta  ciudad  y constituyó la escritura  pública  No. 6.748, mediante la cual se protocolizó el reglamento de propiedad  horizontal  de  la  unidad  residencial Balcones del Campestre, previo a lo cual  hizo entrega del acta de reunión del 11 de diciembre de 2002.   

D.-  El  16  de marzo de 2004 la Oficina de  Instrumentos  Públicos de Cali registró esa reforma al reglamento de propiedad  horizontal  de  la  unidad residencial que Cardona Paredes presentó, razón por  la que se le denunció por el delito de Fraude Procesal.   

    

1. Procesales     

El  17  de  junio  de  2004,  la  Fiscalía  decretó  la apertura de la investigación previa y el 6 de agosto siguiente, la  de  la  instrucción en contra de GERMÁN ANTONIO CARDONA PAREDES, quien rindió  indagatoria el 2 de septiembre de ese mismo año.   

Mediante         resolución  del  10  de  junio de 2005, la Fiscalía se abstuvo de  dictar   medida   de   aseguramiento  y,  al  tiempo,  precluyó   la   investigación   por   los           delitos  de  Fraude  procesal,  Falsedad  material  de documento público,  Uso  de  documento  falso  y  Obtención  de  documento  público falso. Ante el  recurso  de  apelación  que  interpuso  el  apoderado  de  la  parte  civil, la  Fiscalía  4ª  delegada  ante el Tribunal de Cali, el 21 de septiembre de 2007,  confirmó la primera de tales determinaciones y revocó la segunda.   

Luego de clausurada la investigación, el 20  de   enero   de  2010,  se  calificó  el  mérito  del  sumario  profiriéndose  resolución   de  acusación  en  contra  de  GERMÁN  ANTONIO  CARDONA  PAREDES  por  los  delitos  de  Fraude procesal, Obtención de  documento  público  falso  y  Uso  de  documento  público  falso.  En  segunda  instancia,  el 30 de mayo de 2011, la Fiscalía 8ª delegada ante el Tribunal de  Cali  (i)  confirmó la acusación por el Fraude procesal, (i) la revocó por el  Uso  de  documento  público  falso,  y  (iii)  declaró  la prescripción de la  acción    penal    respecto    de   la   Obtención   de   documento   público  falso.   

El conocimiento del juicio correspondió al  Juzgado  15  Penal  del  Circuito de Cali, el cual, luego de surtido el traslado  previsto   en   el   artículo   400  del  C.P.P./2000,  celebró  la  audiencia preparatoria el 15 de septiembre de 2011 y la pública  de  juzgamiento  en  sesiones  del  7  de  marzo  y  del 23 de abril de 2013.   

El 4 de diciembre de 2014, el juzgado dictó  sentencia  mediante  la cual condenó al acusado como autor del delito de Fraude  procesal  a  las penas de prisión por un término de 4 años, multa equivalente  a  200  s.m.l.m.v.  y  a la accesoria de inhabilitación de derechos y funciones  públicas  por  5  años. Esa sentencia fue confirmada  el  1  de  julio  de  2015  por  el  Tribunal  Superior de Cali, al desatar  la  apelación promovida por el  defensor.  Este  mismo  sujeto  procesal interpuso recurso de casación, el cual  sustentó  presentando  la  respectiva  demanda  el  25  de  septiembre  de este  año.    

L A  D E M A N D A  

Una vez identificó los sujetos procesales,  la  sentencia impugnada, los hechos juzgados y la actuación procesal relevante,  formuló los siguientes cargos:   

Cargo  No  1  (principal):  falso juicio de  identidad   

Se indica que el reproche penal al procesado  radicó   en   haber   firmado  una  escritura  pública  que  protocolizó  una  modificación         al        “Reglamento   de   Propiedad  Horizontal  del  Conjunto  Residencial  Balcones   del   Campestre   de   Cali”,  afirmando  allí  que  esa  reforma  había sido aprobada por la  Asamblea  General  de  dicha copropiedad cuando ello no era cierto. Pues   bien,   según  el  censor,  se  habría  incurrido  en  los  siguientes  falsos  juicios  de identidad:   

a) Se mutiló el  contenido  del  acta  de  la  Asamblea  del   11   de   diciembre   de   2002,  específicamente          el          acápite          de          “determinaciones”,  en  el cual se  afirmó:  “Todos  los  propietarios  asistentes  a  la  Asamblea  General,  con  excepción de CUSEZAR,  manifestaron  en  forma  unánime  estar  de  acuerdo  con  la aprobación de la  totalidad   del   articulado  del  Reglamento…”;   

b)    Se  tergiversó  el  testimonio  de Elizabeth Fernández de Delgado por cuanto no se  apreció  la explicación  que  ella  brindó para justificar el derecho de los  propietarios   presentes   a   aprobar   la  reforma  al  Reglamento  a  pesar de la oposición de Cusezar  S.A.   (art.   7º  L.  675/2001),  aplicable  a los conjuntos residenciales  que se construyen por etapas; y,    

c) Se tergiversó el acta de reunión del  Consejo  de  Administración del 1 de octubre de 2003 cuando a partir de ella se  aseguró  que  la  orden  de  reformar  el  reglamento fue dada por ese órgano,  cuando  éste  se  limitó  a  autorizar  el registro de la modificación que ya  había sido aprobada por la Asamblea General.   

Según  el  demandante,  la  apreciación  correcta  de  tales  pruebas llevaba a concluir que el contenido de la escritura  pública  6.748  era  verdadero  y,  por  ende, no constituía una inducción en  error  al Registrador de Instrumentos Públicos. Ahora, aclara que si bien en la  acta  de  la  Asamblea consta la oposición de Cusezar como titular de un 75.12%  de   los  coeficientes  de  propiedad,  ese  porcentaje  era  equivocado  porque  aún no había construido las 3 torres restantes del  conjunto,  razón  por  la cual la reforma al reglamento fue aprobada    por   la   totalidad   de   los  propietarios.  Así,  solicita casar la sentencia condenatoria y proferir, en su  lugar, una absolutoria por atipicidad de la conducta.   

Cargo   No   2   (subsidiario):   falso  raciocinio   

Se denuncia que  la   sentencia   violó  las  reglas de la lógica argumentativa mediante  la  falacia  de “causa  falsa” cuando concluyó que  la  protocolización y registro de la escritura No 6.748 se debió a la maniobra  fraudulenta  del  procesado  que  consignó en aquélla un dato falso y, por esa  vía,  indujo  en  error  al Registrador. Al contrario, asegura, la razón de la  inscripción  de dicha escritura fue la incuria tanto  de    aquel    funcionario    como    del   Notario   respectivo,   quienes   no  leyeron,  como  era  el  deber de ambos,  el  acta  que  hacía  parte  integral  de  la misma  y  en  la  cual se afirmó que la Asamblea improbó la reforma  propuesta1.  De   esa   manera,   concluye   el  recurrente  que  la   mentira  contenida en la minuta de escritura  no     constituyó    un    medio    idóneo   para   engañar,  no  sin antes recordar que el juicio de idoneidad del fraude se  realiza  ex  ante  y  es  objetivo.  En  consecuencia,  solicita  casar  la  sentencia condenatoria por  atipicidad de la conducta.   

Cargo  No  3  (subsidiario): falso raciocinio   

En  punto  al  dolo,  el  Tribunal habría  inferido  que  el procesado suscribió la escritura sabiendo que allí se hacía  una   afirmación   contraria   a  la  verdad,  a  partir  de  la  regla  de  la  experiencia     según     la    cual:  “ninguna persona, en uso pleno de  sus   facultades,   firma   un   documento   sin   antes   haber  verificado  su  contenido”,  menos  aun  cuando    aquél   se  desempeñaba   como   el  representante  legal  del  Conjunto.   Según   el   demandante,  esa   regla   carece  de  soporte,  su  reiteración    es    incierta    y   es   una  suposición        personal       porque: (i)  la  experiencia  también  indica  que  muchas        personas        no        leen  los  documentos   que   firman,   menos  aun  cuando  contratan  a  alguien  para  su  elaboración;   (ii)  la  diligencia  de  un  administrador  se  reduce  por la  responsabilidad  del   Consejo   de   Administración;  y,  c)  si  aquél  entregó  el  acta  a  la empresa  contratada  para  elaborar  la  escritura, no podía esperar que  este documento contuviera un dato falso.   

Sin el error consistente en la suposición  de  una  regla  de la sana crítica, asegura, se concluiría la inexistencia del  dolo  porque  el  procesado  habría firmado la escritura por error y éste, aun  cuando  obedezca  a  culpa,  genera  la atipicidad subjetiva porque el delito de  Fraude  procesal  no  admite  la modalidad imprudente. En ese orden, solicita el  recurrente  la  casación de la sentencia condenatoria para que, en su lugar, se  dicte          una         de         carácter         absolutorio.      

Cargo  No  4  (subsidiario):              aplicación          indebida          del         art.  453  del  C.P.  y falta  de  aplicación  del  art.  11 ibídem   

El  demandante  advierte  que  la  naturaleza del Fraude  procesal  como  delito  de  mera  conducta,  no  exime el juzgador de valorar su  antijuridicidad  material;  en  consecuencia, aquél  “no se comete por el simple hecho de engañar a un  servidor   público,  pues  se  requiere  además,  que  el funcionario judicial o administrativo esté en  capacidad  de  emitir  una decisión que resuelva una situación jurídica, esto  es,  que  niegue  u  otorgue derechos a una persona, que imponga obligaciones, o  que   libere  a  un  sujeto  de  las  mismas,…”.  Recuerda, además, que esta Corte estableció que la  lesividad  del  delito  se  configura  cuando  se realiza en un trámite ante la  Oficina  de  Registro  de Instrumentos Públicos, se configura cuando el acto de  la  inscripción  “crea  una situación de derecho  nueva    y    particular,    que    es    oponible   a   terceros”.   

Entonces,  como  quiera  que la Ley 675 de  2001     (art.     86)     estableció  un  plazo  para  que  los  edificios  y  conjuntos ajustaran sus  reglamentos     internos,     vencido     el    cual    se    entenderían      incorporadas      sus  disposiciones   y  las  decisiones   en  contrario  serían  ineficaces,  la  inscripción  en  el registro de instrumentos públicos de la escritura mediante  la  cual  se  cumplía tardíamente lo ordenado por la mentada ley, “no  cambió  en  nada el Reglamento de Propiedad Horizontal del  conjunto  residencial Balcones del Campestre, razón por la cual, el Registrador  no  constituyó  ni  consolidó  una  nueva  situación  de  derecho  oponible a  terceros”.  A pesar de ello, reclama, la sentencia  estimó  que  la  conducta  era antijurídica por el  solo  engaño  al  servidor  público,  sin  tener  en  cuenta que la situación  jurídica  ya  había sido creada por el mandato  legal.  En  consecuencia,  el  demandante      solicita     casar     la     sentencia     por     falta  de  antijuridicidad de la conducta.   

Cargo  No  5  (subsidiario): falso raciocinio   

En primer lugar, se rememora la existencia  de  los siguientes elementos de juicio: la Ley 675 de 2011 (art. 86)  que  ordenaba la incorporación automática de sus disposiciones  a  los reglamentos internos; el contrato celebrado    por   el   conjunto  Balcones  del  Campestre  y  la sociedad Fernández &  Delgado  Ltda.  con  el objeto de que esta elaborara el proyecto de reforma para  cumplir  con  la ley; el acta de la Asamblea General en la que se manifiesta que  los  propietarios  aprobaron  la  propuesta  de  modificación con excepción de  Cusezar;  el  acta  de  la  reunión del Consejo de Administración en la que se  autorizó          al          administrador  para  el  registro  de  la reforma; y  las         declaraciones  del  presidente  de ese órgano, de la representante legal  de  Fernández  &  Delgado,  Elizabeth  Fernández de Delgado, y la injurada  rendida por Germán Cardona.   

Luego,  concluye  que  todas  esas pruebas  demuestran    que    el    objetivo   del  procesado fue darle cumplimiento a  la   Ley   675   de   2001   y   que,   en   consecuencia,  actuó  “con  el  convencimiento  absoluto  e  invencible”    de    que    su    conducta   estaba   justificada,  al punto que adoptó las necesarias  medidas  de precaución: contrató a una empresa especializada, levantó un acta  ciñéndose  a  lo ocurrido en la Asamblea que luego entregó al contratista, no  tomó  decisiones  individuales  y  se  limitó  a cumplir las instrucciones del  Consejo  de  Administración.  Censura, entonces, que  no  obstante  la  sentencia admitió tales hechos, de todas maneras consideró      culpable    al  acusado         porque        firmó  la  escritura de protocolización,  con  lo  cual  infringió la prohibición de atribuir  responsabilidad  objetiva y, asimismo, al extraer una conclusión que no era una  inferencia   razonable   de   la   prueba   cometió   la  falacia  “non     sequitur”.   

Al final, solicita se case la sentencia por  la ausencia de culpabilidad con que obró el procesado.   

Cargo  No  6  (subsidiario):  aplicación  indebida  del art. 453 del  C.P.   y   falta   de   aplicación  del  art.   288   ibídem   

Señala   el   censor  que  el  artículo  453  sustantivo  resulta inaplicable al caso porque  aquél   demanda   la   existencia   de  una  actividad  procesal,  “…  No  puede  ser  típica  de fraude procesal una conducta que se realiza dentro de un  trámite  administrativo  en  el  que no se impartirá justicia ni se realizará  ningún  acto  de carácter jurisdiccional. Entender lo contrario constituye una  interpretación  extensiva,  desfavorable  y  contra  homine  que  desconoce los  principios    de    legalidad,    tipicidad    estricta   y   lesividad,   entre  otros.”.   Además, considera que en Colombia  existe  un  tipo  penal  que  describe  la  situación  fáctica  que los jueces  declararon  probada,  es decir, obtener un documento  público   que   tendrá  valor  probatorio  en  el  que  quede  consignada  una  afirmación falsa.   

Recuerda  el  censor que esta Corte  descartó la posibilidad de que  se  cometa Fraude procesal  frente  a  la  actividad de los notarios  fundándose  en consideraciones que, a su juicio, son aplicables  en  su  gran mayoría a los registradores de instrumentos públicos “pues  ante  ellos  tampoco se surten actuaciones procesales, no  tienen  funciones  jurisdiccionales  y  en  ningún  caso imparten o administran  justicia”,   aunque   admite   que   existe   una  diferencia:   que  los  notarios  no  emiten  actos  administrativos  mientras  que los registradores sí.  Ahora,  estima  que este  último   no   puede   ser   el   criterio   determinante   porque  muchos   funcionarios  expiden  tales  actos  sin  que  exista  un  proceso,  por  lo que en  manera    alguna   puede   afectarse   la  recta  impartición de justicia. Al  respecto,  cita  el  salvamento  de voto de una decisión de la Sala2  que avala  su    tesis    de   atipicidad   de   Fraude      procesal      en     las     actuaciones     de     los  registradores y la posible configuración del delito  de       Obtención       de      documento      público      falso.   

En     consecuencia,    estima  el  recurrente  que  lo  correcto  era acusar y condenar a  GERMÁN  ANTONIO  CARDONA  PAREDES  por  la  conducta de Obtención de documento  público  falso. Sin embargo, aclara, si se acogiera  esa  postura  no  podría  dictarse  sentencia  por  el delito que efectivamente  corresponde  porque  la  acción  penal se encuentra prescrita   desde  el 16 de marzo de 2010, fecha  en  la  cual se cumplieron 6 años del registro de la escritura 6.748 sin que la  resolución  de  acusación  se  encontrara  en firme, lo cual ocurrió el 30 de  mayo  de  2011. Así, solicita se case el fallo y se  decrete la cesación del procedimiento por la razón anotada.   

C O N S I D E R A C I O N E S  

I.    De  conformidad  con  lo  previsto  en el artículo 213 del Código de Procedimiento  Penal  de  2000 (en adelante C.P.P./2000),  la Corte pasa a examinar       la       demanda      de      casación      instaurada      por     el defensor  de   GERMÁN  ANTONIO  CARDONA  PAREDES;              con  el  objeto  de  determinar  si es  admisible  o  no,  lo cual dependerá de la   legitimidad   del  recurrente  y  del     cumplimiento    de    los    demás    requisitos    exigidos   por   la  ley  procesal,  entre  los  que  se  destacan  “la enunciación de la  causal  y  la  formulación  del  cargo,  indicando en forma clara y precisa sus  fundamentos  y  las  normas  que el demandante estime infringidas”.   

II. Pues bien,  tal  y  como  lo  contempla  el  artículo  205, inciso 1º, del C.P.P./2000, el  recurso   extraordinario   de   casación,  por  regla  general,  es  procedente  únicamente  contra  las  sentencias  proferidas  en  segunda  instancia por los  tribunales  superiores  de  distrito judicial -y por el Tribunal Penal Militar-,  en  los  procesos  adelantados  por  delitos  cuya  pena  sea de prisión con un  límite  máximo  imponible  que  exceda  de  8 años. Entonces, si la sentencia  cuestionada  en  el evento bajo examen decidió la responsabilidad penal por una  conducta   punible  de  Fraude  procesal,  la cual aparejaba, para la época de los hechos, una pena   privativa  de  la  libertad  cuyo  máximo  es igual, no superior, a la cantidad  anotada;  en  principio,  la  única conclusión posible es la inadmisión de la  demanda de casación.   

III.  Ahora bien, según el inciso 3º del  precitado  artículo  205, de manera excepcional, la Corte puede hacer uso de la  facultad  discrecional  de  admitir  una  demanda  de  casación dirigida contra  sentencias  de  segunda  instancia  que  no reúnan la condición punitiva antes  indicada,  a  solicitud  de  cualquiera  de  los  sujetos  procesales, cuando lo  considere  necesario  para  el desarrollo de la jurisprudencia o la garantía de  los  derechos  fundamentales,  siempre que reúna los demás requisitos exigidos  por    la    ley.    Sin   embargo,   en  el  caso  sometido  a  examen,  el  ejercicio  de esa facultad  excepcional         es         improcedente    porque    el   recurrente   no  la  solicitó  y  mucho menos justificó la  necesidad  de  la  admisión  del libelo  para la evolución de una determinada  posición  interpretativa del Tribunal de Casación o  para  la protección de garantías fundamentales cuya  eventual  conculcación ni siquiera se sustentó a través de la formulación de  un cargo de nulidad.   

IV. A más de lo  anterior,  la demanda bajo  estudio  no  contiene  una sustentación adecuada de  los   cargos   que   formula,   como   a  continuación  se explica.   

(i) Cargo No 1 (principal): falso juicio de  identidad   

Según   el   demandante,   la  mutilación  del  acta  de  la  Asamblea  General del Conjunto  Residencial  Balcones  del  Campestre  de  Cali  celebrada el 11 de diciembre de  2002,   así   como  la  tergiversación  de  la  declaración  de  Elizabeth  Fernández  de Delgado y del  acta  de reunión del Consejo de Administración del  1  de  octubre  de  2003;  permitieron  al  juzgador  afirmar  que el contenido de la escritura pública No  6.748  era  falso  en la parte que aseguró que la Asamblea de copropietarios en  la  sesión  antes  indicada  aprobó  la  reforma  al  reglamento  de propiedad  horizontal.    Esta    aseveración   obedecería  a  un  error  de  hecho  de falso juicio de identidad  porque   olvida  que  el  coeficiente  de  propiedad  asignado  al opositor Cusezar era equivocado dado que  aún no se habían construido las 3 torres restantes  del  conjunto  y,  en consecuencia, debía entenderse  que la modificación fue aprobada por unanimidad.   

De  entrada, es claro que el reproche del  recurrente  no  consiste en señalar un contenido fáctico probado que haya sido  mutilado   o   tergiversado,   sino   la   interpretación   jurídica  que  del  mismo,  estima,  debió  hacer  la  sentencia  y  que conduciría a la atipicidad objetiva de la conducta  del    procesado.    En    efecto,    el   hecho   según  el  cual  Cusezar  S.A.,   en  su  condición  de titular de un 75.12% de los coeficientes de  dominio,  improbó  el  proyecto  de  reforma  al  reglamento  de  propiedad  horizontal  del  conjunto residencial, no se denuncia  como  omitido  o  alterado  en su percepción. Lo que  sí   reclama   el   censor   es   que,   tal   y   como  explicó  Elizabeth   Fernández   de   Delgado,  según   el   artículo   7º  de  la  Ley  675  de  2001  y  contrario  a  lo consignado en el    acta    de   la   respectiva       Asamblea,      no  debió  entenderse  que  Cusezar   es  copropietario  y  menos  aún  titular  del  mayor  porcentaje  de  participación  en  los  bienes  comunes.  En  ese  contexto  interpretativo,  el  nuevo  reglamento fue  aprobado  de  manera unánime y, por ende, ninguna falsedad cometió el entonces  administrador.   

Así,  resulta  evidente  que el  demandante  no  cuestiona  el  desconocimiento  de la integralidad del contenido  probatorio  incorporado   ni   por  supresión,   ni  por adición, ni por tergiversación, con lo cual falta a  la  debida  sustentación  del  falso juicio de identidad invocado. La   verdadera   inconformidad   consiste,   entonces,   o  en  la  falta       de  aplicación   o  en  la  interpretación  errónea  del artículo 7º de la Ley 675 de 2001, yerros   éstos   que   si    serían    los   que   habrían  determinado  la  conclusión  según  la cual el procesado incurrió en falsedad  cuando  aseguró  en  la escritura pública No 6.748 que la Asamblea General del  conjunto  Balcones  del  Campestre  aprobó  la  reforma  al  reglamento de propiedad horizontal el 11 de  diciembre  de  2002,  y,  por  esa  vía,  indujo  en  error  al  Registrador de  Instrumentos    Públicos    que    dispuso   la   inscripción   de aquél acto.   

El reproche, entonces, debió encausarlo y  sustentarlo  el  defensor  por  la  senda  de  una infracción directa de la ley  sustancial  cumpliendo  con  una  sustentación  adecuada a la naturaleza de esa  causal   de   casación.  Como  no  procedió  así,  se  inadmite  el  cargo principal de falso juicio de  identidad.     

(ii)        Cargos  No 2 y 5  (subsidiarios):  falsos  raciocinios   

En  ambos  cargos,  el demandante formula  sendos  errores  de hecho consistentes en  falsos  raciocinios  a  partir de la  supuesta  incursión  del  juzgador  en  falacias  argumentativas.  Véase:   

En    el    primero    (Cargo     No    2),    afirma  que  la  conclusión  según la  cual  el  registro  de  la escritura pública No 6.748 del 16 de octubre de 2003  contentiva  de  la  reforma  al  reglamento de propiedad horizontal del Conjunto  Residencial  Balcones  del  Campestre  de  Cali  que no había sido aprobada por  la        Asamblea      General,  obedeció a una maniobra fraudulenta  del  procesado -inidónea  porque  el  acta de aquélla hacía parte integral de la escritura-,  y  no  a  la  incuria  tanto del Notario como del Registrador de  Instrumentos   Públicos   involucrados;       constituye      una      falacia      denominada “falsa  causa”. De esa manera,  como  quiera  que  el medio engañoso empleado no era  idóneo  para  inducir  en  error  al  último de tales funcionarios, reclama la  absolución por atipicidad objetiva.   

En el           otro  reproche  (Cargo  No 5),  se  plantea  que  en la sentencia se  tuvo  por  demostrado  que  GERMÁN ANTONIO CARDONA PAREDES, en su condición de  administrador   del   conjunto   residencial,   (i)   contrató  a  una  empresa  especializada  que asesorara el proceso de  incorporación de la Ley 675 de  2001  al  reglamento  de  propiedad  horizontal,  (ii) levantó el acta de la Asamblea del 11 de diciembre  de  2002  siendo  fiel  a  lo  allí  ocurrido,  (iii)  se limitó a cumplir las  instrucciones  del  Consejo  de  Administración,  y  (iv) nunca tomó decisión  alguna  de  manera  individual. No obstante lo anterior, el juzgador infirió la  culpabilidad   de   aquél  cuando  lo  correcto  era  concluir  su  convicción  invencible  de  haber obrado lícitamente, por lo que  tal   argumento   configuraría  “la  falacia  non  sequitur,  que  significa  extraer  la  conclusión  que no se sigue,…”.   

Pues  bien,  recuérdese  que  el  falso  raciocinio  es  un  error  de  hecho  que  comete el juzgador cuando,  en  el  proceso  de apreciación de  las  pruebas,  infringe  principios de la lógica,  máximas   de   la   experiencia   o   leyes   de   la   ciencia.   En       cuanto      hace   a   los   primeros,  la  Corte  ha precisado, de manera  uniforme    y    reiterada,    que    se   refieren  a  las  reglas  supremas  del  pensamiento  humano,  es decir, a aquéllas que  garantizan  su  corrección  formal, cuáles son los  principios  de  identidad,  de  contradicción, del tercero excluido y de razón  suficiente.    En    ese    orden,    no  es  el desconocimiento de        cualquier        regla        lógica       el  que  genera  el  error de hecho en  comento,      únicamente     el     de    una    de   aquéllas   que   garantizan   un   razonamiento   formalmente   válido.   

Conforme   a  lo  anterior,       los       errores       de  argumentación,  aun cuando obedezcan a alguna forma  de  inconexión  lógica  entre  las  premisas  y la  conclusión,  como ocurre en las falacias, escapan al  ámbito  de  la violación indirecta de la ley porque  no   se   refieren   a   vicios  en  la  intelección  material  o  jurídica  de  la  prueba.   Ahora  bien,    si   es   que  la  sentencia carece de los argumentos que sustentan  la  decisión  o éstos son incompletos o ambiguos, la misma estará afectada de  nulidad    por   vicios   en   la   motivación   y  será   esa  la  causal  de  casación  a la que  habrá      de      acudirse.      Y,   por  último,  si  es que más  allá  de  la incorrección formal del entendimiento del juez, la situación que  se  quiere es denunciar es que la verdad sobre  los hechos revelada en    el    proceso   fue,  de  una  parte, omitida o supuesta,  o,  de otra, que  fue mutilada, alterada  o  adicionada; las sendas adecuadas  serían  las  del  falso  juicio  de existencia o de  identidad, respectivamente.   

De regreso a la controversia propuesta por  el   demandante,  debe  concluirse  que  aun  cuando  fuera  cierto  que  el  juzgador  utilizó  argumentos  falaces  en  la  motivación  de la decisión de  condena,  ese  vicio  en la expresión lingüística  del  raciocinio judicial no implica por sí mismo que éste sea incorrecto desde  el  punto  de  vista  lógico,  ni tampoco que las proposiciones utilizadas sean  necesariamente              falsas.  En  esas  circunstancias, el ataque a las conclusiones de  la  sentencia  sobre (i) la idoneidad del mecanismo fraudulento utilizado por el  procesado  para  inducir  en  error  al Registrador de Instrumentos Públicos, y  (ii)  la  consciencia  de  antijuridicidad  con  que  aquél    actuó;   se  construyó  no  a  partir de errores en el raciocinio sino en la argumentación,  con    lo   cual   la   censura   no   trasciende un mero ejercicio dialéctico.   

En     síntesis,     los  cargos  No  2  y  5  no  pueden  admitirse  para  estudio  de  fondo.   

(iii)  Cargo  No  3  (subsidiario): falso  raciocinio   

Según  el recurrente, en la sentencia se  infirió  el  dolo en la conducta de GERMÁN ANTONIO CARDONA PAREDES a partir de  la  suposición  de  una  regla  de  la  experiencia según la cual “ninguna  persona,  en  uso  pleno  de  sus facultades, firma un  documento   sin   antes   haber   verificado   su   contenido”,   menos  aun  cuando este último contiene la reforma del reglamento  de  propiedad horizontal del conjunto residencial que aquél administraba y, por  ende,    representaba    legalmente.   Esa  regla,  continúa, no sería más que una hipótesis personal  del  juzgador  porque:  a)  la  experiencia también  indica  que  muchas personas no leen los documentos que firman, menos aun cuando  contratan  a  alguien especializado para su elaboración; b) la diligencia de un  administrador  se  reduce  porque el responsable de las decisiones es el Consejo  de  Administración;  y,  c) aquél no podía esperar  que  la  minuta contuviera un dato falso cuando   entregó  el  acta  a  la empresa asesora que elaboró aquélla.   

Más  allá  de  la  imprecisión  en que  incurre  la  sentencia  cuando  cataloga  el dolo como una forma de culpabilidad  como  lo  defendían los esquemas clásicos (causalistas) del delito, siendo que  la  Ley  599  de  2000  acogió  un  concepto  avalorado  del dolo propio de las  teorías    finalistas,    en    el   que   éste   integra   el   aspecto   subjetivo  de  la  conducta  típica,  tal  y  como  lo  aclaró  el  recurrente;  la  censura  que  formula  a  la  conclusión de una  actuación  dolosa  del procesado es abiertamente intrascendente porque la misma  se  fundó en razones probatorias adicionales a la construcción de la  que fue  concebida   como   una   regla  de  la  experiencia,  que    jamás    fueron   cuestionadas  en  la  sustentación.  En  efecto,  una  lectura integral de la sentencia estructurada en  primera    y    segunda    instancia   permite   determinar   que   el   conocimiento   de   incluir  una  aserción  falsa  en  una escritura con el propósito  de  obtener  su  inscripción  en el registro público, se tuvo por demostrada a  partir      del      siguiente     razonamiento3:   

a) El procesado  sabía  que  la  modificación  del  reglamento  de  propiedad horizontal no fue  aprobada  en  la reunión de la Asamblea General celebrada el 11 de diciembre de  2002,  tal y como el mismo  lo   hizo   constar   en   el   acta   que        elaboró.   

b) Que  ante  esa  negativa,  la Asamblea  dispuso     que    Cusezar    S.A.    elaborara    la    nueva    propuesta   a   su   costa   y   que   una  vez  cumpliera  con  esa  tarea la presentara  al   Consejo  de  Administración,  órgano  que  lo  estudiaría  y  sometería a consideración del pleno  de      los      copropietarios.     Esta   determinación  también  se  consignó  en  la  respectiva  acta.   

c)  Que en la  escritura  pública  No  6.748  del 16 de octubre de  2003   el  administrador  afirmó  que  la  Asamblea  General    en   sesión   celebrada   el  11  de  diciembre  de  2002,  aprobó  la reforma al reglamento de propiedad horizontal.   

d)  Que  aun  cuando  se  contrató a la  firma   Fernández   &   Delgado   con  el objeto de que prepara la minuta  de  la  escritura y asesorara el proceso de incorporación de la Ley 675 de 2001  al  régimen  del condominio, el único autor de las declaraciones contenidas en  la  escritura  pública  es  GERMÁN ANTONIO CARDONA  PAREDES.   

e)          Que            éste   tenía   pleno   conocimiento  de   que   el  órgano  competente  para decidir la modificación reglamentaria era la Asamblea General,  tal  y  como  lo  reconoció  en  el  acta  de la sesión del 11 de diciembre de  2002.   

Véase,   entonces,   que  el  reproche  del  demandante  no  alcanza  a  configurar un falso  raciocinio  porque  a  pesar  de  la  eventual  incorrección  de la regla de la  experiencia  utilizada  por  el Tribunal y de que el procesado no haya leído la  minuta  elaborada  por la firma Fernández & Delgado que luego suscribiría;  ninguno    de    tales   argumentos   excluye  que conocía, como se expresó  en  la  sentencia, que la Asamblea General del Conjunto Residencial Balcones del  Campestre  nunca  aprobó  la  reforma al reglamento de propiedad horizontal que  él  declaró  en  la  escritura  pública y que esa aprobación era presupuesto  esencial  de  la protocolización de un acto de tal naturaleza y de su posterior  inscripción  en  el  registro público inmobiliario,  no  obstante  lo cual procedió a hacerlo libre y voluntariamente como él mismo  lo     reconoció.   

Entonces,   la   evidente   falta   de  trascendencia  del  cargo formulado para hacer variar  la  conclusión  judicial  en  cuanto  a  la  prueba  del dolo con que actuó el  acusado,    impide    su   admisión   para  una  decisión de fondo. Además,  la  existencia  o  no de fines ulteriores en la conducta enjuiciada o, lo que es  igual,  de  elementos  subjetivos  adicionales  al  dolo  que demanda el tipo de  Fraude  procesal,  como  sería el de querer cobrar judicialmente unos dineros a  Cusezar  S.A.;  resulta  irrelevante  por  lo  que  el  ataque  a las consideraciones que sobre aquéllos  expuso la sentencia, de igual manera, son intrascendentes.   

(iv) Cargo No 4 (subsidiario): aplicación  indebida  del art. 453 del  C.P.   y   falta   de   aplicación  del  art.       11  ibídem   

Alega   el   censor   que  la   sentencia  incurre  en  una  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  específicamente  de los artículos 453 (aplicación indebida) y 11  (falta  de  aplicación)  del Código Penal, al tener  como  antijurídica  la  inscripción fraudulenta de la reforma al reglamento de  propiedad  horizontal  del  conjunto Balcones del Campestre, cuando ésta  se  limitaba  a  introducir  los preceptos de la Ley 645 de  2001   que,   inclusive,   ya   regían por la sola voluntad del legislador,  por  lo  que  ninguna situación jurídica creaba que fuese oponible a terceros.  En  otras palabras, se hizo punible una conducta que  a  pesar  de  contrariar el ordenamiento, carecía de antijuridicidad material o  de lesividad.   

Tal  y  como  fue sustentado el cargo, la  crítica  del recurrente sería atendible sólo sí la reforma del reglamento de  propiedad   horizontal   del   conjunto   Balcones  del  Campestre  que  se  elevó a escritura pública y  luego  se  inscribió  en el registro público, se hubiese limitado a trascribir  los  preceptos  consagrados  en  la  Ley  675  de  2001  porque  si,  en efecto,  la     actuación     fraudulenta    sólo   reproducía   los   mandatos   legales   que  ni  siquiera  requerían  de adopción expresa por los conjuntos o  edificios  porque  se  entendían  incorporados  de  manera  automática  y  las  decisiones       que       le       fueran       contrarias       serían     ineficaces,    una    vez  transcurriera     un     período    de    transición    (art.    864   

);  ninguna  situación  jurídica  nueva  implicaba su registro.   

Sin embargo, es  claro  que  la  Ley  675  de  2001  establece  un  régimen general de propiedad  horizontal  que  necesariamente  debe  adaptarse  a las particularidades de cada  conjunto  o  edificio  a  través  de  regulaciones  más específicas. En ese  orden,     si     bien     las     consecuencias     jurídicas     previstas        por        el       legislador       ciertamente  operaron  de manera automática una vez cumplidos los  plazos    por    él  previstos,  no  ocurre  lo  mismo con los     derechos,    obligaciones    y  demás  regulaciones  que surgieran, no directamente  de  los  mandatos legales  abstractos,  sino  de los  preceptos   que,   en  desarrollo   de   éstos,  cada  unidad  residencial  válidamente     decidiera     adoptar,    tal    y    como   lo   hizo   el   conjunto   Balcones   del  Campestre.   En   estos  eventos,  el   perfeccionamiento   de  la  modificación  al  reglamento  de  propiedad  horizontal  y  su  oponibilidad  a  terceros se consolidaba con su inscripción ante la Oficina  de Registro de Instrumentos Públicos.   

El recurrente,  además,  parte  de una falsa premisa según la cual  el  juzgador consideró  que la conducta desplegada  por    GERMÁN    ANTONIO   CARDONA   PAREDES   era  antijurídica  exclusivamente  porque  contrariaba la ley, sin que más allá de  eso  examinara  la  efectiva  lesividad  fincada  en  que el acto administrativo  tuviera  la  potencialidad  de  producir       situaciones      jurídicas  nuevas. Contrario a ello,  en   la   sentencia  se  argumentó  que  la  oposición  de  Cusezar  S.A.  al proyecto de reglamento de  propiedad  horizontal  sometido  a  votación  en  la Asamblea General del 11 de  diciembre  de  2002,  se fundó en que lesionaba sus  “derechos adquiridos”  y           que          legitimaba  acciones judiciales en su contra.  Obsérvense   los  siguientes  apartes:     

    

* Los   temas  a  desarrollar  dentro  de  la  Asamblea  General  de  Propietarios  estaban  la  de  aprobar  la  Reforma  del Reglamento de Propiedad  Horizontal  y  el  Manual  de  Convivencia, en donde el primero no fue aprobado,  debido  a  que  la firma CUSEZAR S.A., con un 75.12% de los coeficientes totales  de   participación   se  opuso  a  la  aprobación   de  la  totalidad  del  articulado  de  la  Reforma,  proponiendo   la  elaboración  de  un  nuevo  Reglamento  ajustado  a  la  Ley,  en    el    cual   se   conserven   los   derechos  adquiridos y cuente con la participación de CUSEZAR  en        su        elaboración.       (…)5     

    

* De   lo   anterior  podemos  establecer  que  conforme  al  actuar  desempeñado  por  el  aquí procesado, con conocimiento de causa, por el ser el  Representante   y   Administrador   del   Conjunto  Residencial  “Balcón  del  Campestre”,  conocía  que  para  la modificación del Reglamento de Propiedad  Horizontal  debía estar aprobado por la Asamblea General conforme lo determinan  la  norma,  y que como bien lo alega y trae a colación el Apoderado de la Parte  Civil,   acudió  precisamente  por  ser  la  Notaria  (sic)  donde  se  habían  registrado  los  documentos  y las modificaciones anteriores, a la Notaria (sic)  Séptima  de  Cali,  donde  sabía,  presumía  y podía lograr que se elevara a  Escritura  Publica  (sic)  lo  reclamado,  con las situaciones de no aprobación  determinadas  y  reconocidas  dentro  del  plenario.  Para  una  vez obtenida la  Escritura  requerida y necesaria proceder a Registrarla para los efectos legales  correspondientes  y necesarios, que como igualmente se evidencia y manifiesta el  propio   Apoderado   de  la  Parte  Civil,  para  la  presentación  de  la  demanda  y  el  cobro que pretendía reclamar.6         (Negritas fuera del texto original)     

Es  innegable,  entonces,  que  el juzgador cimentó la punición de  la  conducta  en  la  efectiva lesión de los bienes  jurídicos   tutelados  por  el  tipo  de  Fraude  procesal  y  no  en  la  mera  contrariedad  de  aquélla  con las normas. Ahora, si  el  recurrente  quería controvertir las conclusiones  fácticas  o  probatorias  con  base en las cuales sostuvo el juicio de ilicitud  del    comportamiento,   sabido   es   que   debía  acudir  a  la senda de la violación indirecta de la  ley  sustancial  y  no  a  la  directa que implica la  aceptación  y  el  respeto  de  aquéllas,  como  él  mismo  lo reconoce en la  demanda.   Como   no  lo  hizo  así,  el     cargo    debe    inadmitirse.   

(v) Cargo No 6  (subsidiario):        aplicación       indebida       del       art.     453     del     C.P.   y   falta   de   aplicación  del  art.   288   ibídem   

Se denuncia una violación directa de los  artículos  453  (indebida aplicación) y 288 (falta de aplicación) del Código  Penal,  al  considerarse,  básicamente,  que  el  engaño  a  un Registrador de  Instrumentos  Públicos para obtener una inscripción ilegal configura el delito  de  Obtención  en  documento  público  falso y no el de Fraude procesal. Entre  otros  fundamentos  jurídicos,  cita  el  demandante el texto del salvamento de  voto  al  auto  AP5402-2014, rad. 43716, planteado por uno de los Magistrados de  la  Sala  de  Casación  Penal. Al final, solicita se  case  la  sentencia  para  recalificar  la  conducta  punible   y  se  decrete  la  prescripción  de  la  acción  penal.   

De  entrada, se advierte que la        sola       invocación  de  un  salvamento de voto  como  sustento  del cargo,  por     sí    misma  implica   el   reconocimiento  de  que  existe  una  posición   mayoritaria   de   la   Sala   de   Casación   Penal   que  no avaló la postura interpretativa del disidente  según la cual la inducción en error al funcionario de registro  para  que  éste  expida  un  acto administrativo ilegal constituye un delito de  Obtención  de  documento público falso.  En  consecuencia,  la jurisprudencia de casación tiene definido  que  la  conducta  en  mención es típica de Fraude  procesal,  por  lo  que  ninguna infracción a la ley  sustantiva     se    comete    cuando    se    respeta    esa    interpretación  vinculante.   

En  efecto,  en la sentencia de casación  del  7  de  abril  de 2010, rad. 30148, luego de analizar un reparo idéntico al  ahora       planteado,      se      concluyó:   

Lo cierto es que el acto de inscripción y  su   anotación  en  el  folio  de  matrícula  correspondiente  por  parte  del  Registrador   de   Instrumentos  Públicos,  en  ejercicio  de  su  cargo  y  en  cumplimiento  de  sus  funciones, constituye un acto administrativo que crea una  situación  jurídica  particular  y surte efectos frente a terceros, razón por  la  cual  el  Tribunal  no incurrió en el error reprochado en la demanda al dar  por estructurada la conducta del fraude procesal.   

En  el  mismo  sentido,  en la sentencia de  casación  del  21  de  abril  de  2010,  rad. 31848, frente al delito de Fraude  procesal, la Corte aclaró que:   

Sobre  esta  figura  delictiva  resulta  relevante  señalar  que  el bien jurídico protegido por el legislador no alude  exclusivamente  a  las  actuaciones  propiamente  judiciales,  sino  también  a  aquellas  de  carácter administrativo en las cuales haya lugar a adoptar alguna  decisión   que   ponga   fin  a  un  trámite  previamente  solicitado  por  el  interesado.   

Precisamente  por  eso  es  por lo que el  funcionario   inducido  en  error  por  la  acción  del  agente  no  se  reduce  únicamente  a quien ostenta la condición de juez sino, en general, a cualquier  servidor  público.  De  ahí  también  que  la  conducta material del ilícito  contenga  como  elemento  subjetivo  la  pretensión  de  obtener  “sentencia,  resolución  o  acto  administrativo”,  decisiones  estas  últimas  a  cargo,  justamente, de autoridades administrativas.   

Es  por  lo  anterior  por  lo  que quien  promueve  una  investigación  disciplinaria ante la Procuraduría General de la  Nación,  con la pretensión de obtener decisión contraria a la ley, utilizando  para  el  efecto  medio  fraudulento  con  el  cual  induce en error al servidor  público  encargado  de  su  tramitación,  incurre  en  el  ilícito  de fraude  procesal.  Igual conducta comete quien con elemento de la misma naturaleza acude  a  la  Oficina  de  Registro  de Instrumentos Públicos con el fin de obtener su  inscripción  como  propietario  de un bien inmueble, sin obtener su titularidad  de manera válida   

Por último, no  sobra  advertir  que  los  argumentos disidentes que ahora se pregonan ya fueron  analizados  porque,  precisamente,  constituían  el  fundamento  de la inicial  ponencia que fue debatida en el proceso radicado con  el  No  43716  y  que  no  fueron  admitidos  por  la sala mayoritaria, en razón de lo cual el proyecto de  decisión   fue   derrotado  avalándose  la  que,  luego,  fue  la  resolución  definitiva   del   caso.  En  tales  circunstancias,  la  censura  no  es  más  que  la expresión de una  particular  interpretación  del  artículo  453  del  Código Penal  que se pretende oponer a la que ya ha  establecido la Corte con fuerza vinculante, sin que,  de  otra parte, el recurrente haya justificado la necesidad de una variación de  la  jurisprudencia  que,  por  vía excepcional, habilitara la procedencia de la  casación.     

V. Conclusión  

En virtud de lo  expuesto,   la   Corte  inadmitirá      la     demanda     presentada     por     el     defensor    de    GERMÁN         ANTONIO         CARDONA        PAREDES,  teniendo  en  cuenta  que (i) no se  justificó  la  necesidad  de  una casación excepcional, (ii) no se advierte la  vulneración  de  garantías fundamentales, y (iii) no contiene los supuestos de  hecho de una causal de casación.   

D E C I S I Ó N  

En  mérito  de lo expuesto, la    Corte    Suprema    de    Justicia,    Sala   de   Casación  Penal,   

R E S U E L V E  

Inadmitir  la  demanda  de  casación presentada por el defensor  de  GERMÁN  ANTONIO CARDONA  PAREDES.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1 Al  efecto,  cita  la  sentencia del 24 de mayo de 2014 del  Consejo de Estado,  radicado  23.128,  en  la  cual  se  precisó que al Registrador de Instrumentos  Públicos  le  corresponde  examinar  y  calificar el título que se le presenta  para su registro.   

2  AP5402-2014, Rad. 43716   

3  Obsérvense  los  folios   996,  998,  1003  y  1004  del Cuaderno  No  4   

4  “Los  edificios  y  conjuntos  sometidos  a  los regímenes consagrados en las  Leyes    182    de    1948,    16    de    1985    y 428 de  1998,  se regirán por las disposiciones de la presente ley,  a  partir de la fecha de su vigencia y tendrán un término de un (1) año para  modificar,  en  lo  pertinente,  sus reglamentos internos, prorrogables por seis  (6) meses más, según lo determine el Gobierno Nacional.   

Transcurrido  el  término previsto en el  inciso  anterior,  sin  que  se  hubiesen  llevado  a  cabo  las  modificaciones  señaladas,  se  entenderán incorporadas las disposiciones de la presente ley a  los  reglamentos  internos  y  las  decisiones  que se tomen en contrario serán  ineficaces.”   

5  Folio 994 del Cuaderno No 4   

6  Folio 1004 ibídem     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *