AP7313-2016(48627)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado ponente  

AP7313-2016  

Radicación N° 48.627  

(Aprobado acta N° 338)  

Bogotá, D. C., veintiséis (26) de octubre de  dos mil dieciséis (2016).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Examina  la  Corte  las  bases  jurídicas  y  lógicas  de  la  demanda  de  casación presentada por la apoderada del tercero  civilmente       responsable       –Transportes  Monterrey  Limitada- contra la sentencia proferida el 4  de  febrero  del  año  en  curso  por  la  Sala de Decisión Penal –mayoritaria-  del  Tribunal Superior de  Barranquilla,  que  confirmó  la impartida el 28 de mayo de 2014 por el Juzgado  Séptimo  Penal  del  Circuito  de  esa  ciudad, a través de la cual condenó a  Eduardo  Santiago Pérez Noya  por el delito de homicidio culposo.   

HECHOS     Y     ACTUACIÓN    PROCESAL  RELEVANTE   

1.  La cuestión fáctica fue sintetizada por  el  a  quo en los siguientes  términos:   

Cuentan los autos que aproximadamente a las  10:50  horas  del  26  de julio de 2006 se produjo un accidente en la calle 64C,  con     carrera     15    [de    la    ciudad    de  Barranquilla] en el cual colisionaron un microbús de  placas  UYP-398,  marca  dahiatsu,  línea delta, conducido por EDUARDO SANTIAGO  PÉREZ  NOYA,  que  se  desplazaba  por la calle 64C y una motocicleta de placas  BAN-84B,  conducida por CARLOS ARTURO HERNANDEZ OROZCO, que se desplazaba por la  carrera  15.  En  los hechos resultó lesionado el conductor de la motocicleta y  muerta  la  parrillera  de  la  moto CAROLINA ESTHER MENDOZA PRIETO.1     

2.  Al día siguiente, el Fiscal 12 Local de  Barranquilla  profirió  resolución  de  apertura de investigación2  y  ordenó  vincular   mediante  indagatoria  a  Eduardo  Santiago  Pérez   Noya3  y  Carlos  Arturo  Hernández  Orozco4,  al  tiempo  que  convocó  a  audiencia   de   conciliación,   la  cual  fracasó  por  inasistencia  de  las  partes5.   

3.   En   auto   del   17  de  octubre  de  20066,  se  admitió  la  demanda de parte civil presentada, a través de  apoderado,  por  Juan  Carlos  Peña Sarabia (esposo) y Juan David Peña Mendoza  (hijo)  y se vinculó como terceros civilmente responsables a Luis Carlos Solano  Tapias  (propietario  del  vehículo)  y  a  la empresa de Transportes Monterrey  Limitada,  la  cual,  a  su  vez,  llamó en garantía a Seguros Colpatria S.A.,  siendo   reconocida   como   tal   el   24  de  noviembre  posterior7.   

4.  El  8 de febrero de 2008 se clausuró el  ciclo                   instructivo8.   

5.  El  mérito del sumario se calificó con  resolución  mixta  del  25 de julio de ese año, por cuyo medio se precluyó la  investigación  a  favor  de  Carlos  Arturo  Hernández  Orozco  y  se acusó a  Eduardo    Santiago    Pérez    Noya   como  autor  del  injusto  de  homicidio  culposo (artículo 109 del  Código  Penal)9.   

6. Recurrida esta decisión por la defensa y  la  representante  del  tercero  civilmente responsable, fue confirmada el 28 de  febrero  de  2012  por la Fiscalía Octava Delegada ante el Tribunal Superior de  Barranquilla10.   

7.   El   conocimiento   del   asunto   le  correspondió  al  Juzgado Séptimo Penal del Circuito de ese distrito, despacho  que,  el  15  de  abril  de  2013,  dispuso  correr  el traslado de que trata el  artículo    400   de   la   Ley   600   de   200011.   

8. La audiencia preparatoria se celebró el 9  de          agosto          de          201312 y la pública de juzgamiento  se    llevó    a    cabo   el   22   de   octubre13    y   19   de   noviembre  posteriores14.   

9. Mediante sentencia del 28 de mayo de 2014,  Eduardo    Santiago    Pérez    Noya   fue  declarado  penalmente  responsable  por  el delito de homicidio  culposo,  en  calidad de autor. En consecuencia, el despacho le impuso las penas  principales  de  24  meses  de  prisión,  multa de 20 salarios mínimos legales  mensuales  vigentes  y  privación del derecho a conducir vehículos automotores  por  3  años,  así  como  la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones públicas por el mismo término que la sanción aflictiva  de la libertad.   

Igualmente, lo condenó al pago solidario de  perjuicios     materiales     (daño    emergente15  y lucro cesante16),    en  cuantía   de   8   y   15   salarios   mínimos   legales  mensuales  vigentes,  respectivamente,     y     de     orden     moral17   en   un   monto   de   30  s.m.l.m.v.,  en  favor  de Juan Carlos Peña Sarabia (esposo) y Juan David Peña  Mendoza                    (hijo)18.   

Le concedió la suspensión condicional de la  ejecución         de         la         pena19.   

10.  Inconforme  con el proveído de primera  instancia,  la  representante  de  la  empresa  Transportes  Monterrey  Ltda. lo  impugnó,  pero el 4 de febrero de 2016 el Tribunal Superior de Barranquilla, en  Sala  de  Decisión  Penal mayoritaria, lo confirmó20,    proveído    que   fue  adicionado  el  16 del mismo mes, en el sentido de ratificar también la condena  en   perjuicios   materiales   por   lucro  cesante21.   

11. El sujeto procesal que apeló el fallo de  segundo      nivel,      también      interpuso22   y   sustentó23  oportunamente el recurso extraordinario de casación.   

12.  Dentro  del  término de traslado a los  sujetos  no  recurrentes,  la  apoderada de la parte civil presentó memorial de  alegatos.   

LA DEMANDA  

Previa   identificación   de  los  sujetos  procesales  y de la sentencia impugnada, el libelista se apoya en los artículos  180  y  181  de  la Ley 906 de 2004, a fin de señalar que el recurso tiene como  finalidad  el  restablecimiento de la garantía fundamental de la presunción de  inocencia, razón por la cual solicita casar el fallo confutado.   

A continuación, tras compendiar la cuestión  fáctica  y  la  actuación procesal, cita los artículos 29 de la Constitución  Política  y  7º  de  los  códigos  de Procedimiento Penal de 2000 y 2004 y se  refiere  al  alcance  del  postulado  de  presunción de inocencia, para lo cual  reproduce  algunos  fragmentos  que,  dice,  corresponden  a doctrina nacional y  extranjera  –no identifica  la   fuente-  y  de  jurisprudencia  de  la  Corte  Constitucional  –tampoco  la  reseña-,  concluyendo que  dicho     postulado     «únicamente,     resulta  “desvirtuado”   cuando   “el   material   probatorio”   proporcione   la  “convicción   o   certeza,   más   allá   de  una  duda  razonable”,  que  “establezca  los  elementos  del  delito  y  la  conexión  del  mismo  con el  acusado”,  en  caso  de  presentarse  incertidumbre  o  vacilación  “en  la  realización  del  hecho  y  en  la  culpabilidad del agente, se debe aplicar el  principio  del  in  dubio  pro  reo, según el cual toda duda debe resolverse en  favor   del  acusado”»24.   

Enseguida,   asevera   que   «[l]os  hechos  que  dieron  lugar  a  la condena del procesado LUIS  LEONEL            LOPEZ            CAMARGO25,  desestimó  todo el valor  probatorio  que  sustentó  la  defensa  técnica,  por una errada apreciación,  derivada  del  hecho  de  no  estar  enlistado (sic) los testigos de descargo en  informe  de  policía  con  que se inició la investigación, como en el informe  policivo  se  pudiera  enumerar  a  todas las personas que presencian los hechos  delictivos»26.   

Así  mismo,  sintetiza  las  sentencias  de  primera  y  segunda  instancias  y  se  opone  a  la  valoración probatoria del  Tribunal,  porque  considera  que,  cuando  un  proceso  se  dirige  contra  dos  presuntos  responsables  involucrados en un accidente de tránsito, no es viable  edificar  juicio  de reproche a partir de la confrontación de sus indagatorias,  sino  que  estas  deben  ser  analizadas  frente  a los otros medios de prueba y  conforme  a  las  leyes de la experiencia, teniendo en cuenta que «de  manera  espontánea la defensa del uno será la culpa del otro,  máxime   en  un  proceso  caracterizado  por  orfandad  probatoria.»27   

Ante  la  imposibilidad de acreditar cuál de  los  implicados  en  la  colisión  desobedeció  la  señal de pare, estima, se  debió   practicar   una   inspección   judicial   al   lugar  de  los  hechos,  «como  medio  probatorio  idóneo  para  despejar la  duda,  sin  esta prueba es imposible proferir condena porque se desconocería el  principio  in  dubio  pro  reo,  que  comporta  la  violación  de  la garantía  constitucional      de      la     presunción     de     inocencia.»28   

Igualmente,   reproduce  un  aparte  de  la  sentencia  C-774 de 2004 de la Corte Constitucional y afirma que, de acuerdo con  esa  providencia, la presunción de inocencia se vulnera siempre que, existiendo  duda  acerca  de  la  realización  del  hecho  o la culpabilidad del agente, se  inaplica  el  principio  in dubio pro reo.   

En   un   último   apartado,   enuncia  la  postulación  de  un  cargo al amparo de la causal primera; sin embargo, cita la  causal  segunda  del  canon 181 de la Ley 906 de 2004, relativa a la afectación  sustancial  del  debido  proceso  o  de  la garantía debida a cualquiera de las  partes,  lo  cual, según el recurrente, se produjo, en el caso concreto, porque  el  ad  quem  conculcó  la  presunción  de inocencia, al proferir sentencia sin que existiera certeza de la  responsabilidad del procesado.   

Al   efecto,   acusa   la   «equivocada  valoración de las pruebas testimoniales obrantes en el  proceso,  concretamente  la  de  los procesados CARLOS ARTURO HERNANDEZ OROZCO y  EDUARDO     SANTIAGO     PEREZ    NOYA»29, por cuanto,  insiste,  dada la connotación defensiva de la indagatoria como medio de prueba,  sus injuradas no podían ser evaluadas.   

ALEGATOS DEL SUJETO NO RECURRENTE  

La  representante  de la parte civil solicita  confirmar   la   sentencia  de  segunda  instancia,  en  la  que  se  pronunció  «sobre   los   perjuicios   materiales,   salvo  la  modificación  que  se  revoca la condena de perjuicios materiales impuesta y se  modifica  la  condena por perjuicios materiales en el sentido que se taza en una  suma  de  (50)  salarios mínimos legales mensuales vigentes a favor de cada una  de    las   víctimas»30 .   

CONSIDERACIONES  

En  orden  a derruir la doble presunción de  acierto  y  legalidad  que  recae  sobre  el  fallo de segundo grado, el recurso  extraordinario  de  casación  debe  ser  elaborado  respetando las formalidades  técnico  jurídicas previstas en la ley y la jurisprudencia, según se trate de  cada  una  de  las  causales  establecidas  en el artículo 207 de la Ley 600 de  2000.   

En ese sentido, la demanda ha de ser íntegra  en  su  formulación, suficiente en su desarrollo y eficaz en la pretensión, de  tal  suerte  que tiene que soportarse en los principios que rigen este mecanismo  de  impugnación,  en  especial,  los  de claridad, precisión, fundamentación,  prioridad,  no  contradicción,  corrección  material,  crítica  vinculante  y  autonomía,  sin  que  sea  viable  argumentar  a  la  manera  de  un alegato de  instancia.   La  proposición  de los cargos requiere escoger adecuadamente  la  causal y el sentido de la violación y, concretar el disenso en términos de  trascendencia.   

De  conformidad  con  el  artículo  213 del  Código  de  Procedimiento Penal del 2000, la Sala inadmitirá el libelo, porque  no  reúne las exigencias mínimas previstas en el canon 212 del mismo Estatuto,  como pasa a verse.   

1.  Según  lo  establece  el  artículo 205  ejusdem,   la   casación  procede   contra   las  sentencias  “proferidas  en  segunda  instancia  por  los tribunales superiores de distrito judicial (…) en  los  procesos  que  se  hubieren adelantado por los delitos que tengan señalada  pena  privativa  de  la  libertad  cuyo máximo exceda de ocho años”  y,  excepcionalmente, de manera discrecional, respecto de otros  fallos  de segundo nivel, cuando la Corte lo estime necesario para el desarrollo  de  la jurisprudencia o la garantía de los derechos fundamentales, a condición  de que reúna los demás presupuestos de ley.   

En  el  asunto de la especie, el mérito del  sumario   fue  calificado  con  resolución  de  acusación  por  el  delito  de  homicidio  culposo, descrito  en  el  artículo  109 de la Ley 599 de 2000, adecuación típica acogida en los  fallos censurados.   

La conducta señalada tiene prevista una pena  de  2 a 6 años de prisión, supuesto objetivo que determina la improcedencia de  la casación ordinaria en el caso concreto.   

Sin  embargo,  desatendiendo  tales límites  punitivos,  el  recurrente  no hizo manifestación alguna en orden a postular el  recurso  por  el  sendero discrecional y, mucho menos, demostró la necesidad de  que  la  Corte  avoque  el  conocimiento de la actuación para los fines recién  señalados.   

Cuando tal pretensión se funda en obtener la  protección  de  los  derechos  fundamentales  de  las  partes o intervinientes,  corresponde  al  censor  acreditar  la irregularidad que se posiciona en directa  afrenta  con  la  garantía  cuya  salvaguarda  se  procura,  indicar las normas  constitucionales  y legales que protegen el derecho invocado y la forma como fue  desconocido en el fallo recurrido.   

Así mismo, si la admisión del libelo tiene  por  objeto  desarrollar  la  jurisprudencia,  el casacionista debe explicar con  suficiencia  en  qué sentido lo pretende, es decir, si lo procurado es fijar el  alcance  interpretativo de una norma, la unificación de posturas hermenéuticas  distintas  frente a un mismo tópico, el pronunciamiento sobre algún aspecto no  desarrollado  por  vía  jurisprudencial o la modificación de una posición que  no se atempere a la Constitución o la ley.   

En  ese  ejercicio,  el  recurrente  se debe  apoyar  en  la  jurisprudencia  existente y argumentar con claridad y precisión  cuáles  son  los  cambios  o  variaciones  que se tienen que introducir en sede  extraordinaria  con  el objeto último de perfeccionarla y de servir de criterio  auxiliar de la actividad judicial.   

En   ninguno  de  los  sentidos  descritos  procedió  el  libelista,  pues  la  referencia a que procuraba el respeto de la  garantía  fundamental  de  la  presunción de inocencia, incluso, la hizo en el  contexto  de  las  finalidades  del  artículo  180  de  la  Ley  906  de 20004,  manifestación que no pasó de la sola mención.   

2. Lo dicho en precedencia sería suficiente  para  inadmitir  la  demanda,  en  tanto  la  acreditada  ineptitud  del  reparo  excepcional  así  lo  condiciona;  no obstante, la Sala demostrará que tampoco  supera  el  juicio  lógico  jurídico  de  admisión.  Las  siguientes  son las  razones:   

2.1.  Pese  a  que el proceso se tramitó al  amparo  de  la Ley 600 de 2000, el censor invoca las normas que rigen el recurso  extraordinario  de  casación del nuevo sistema de enjuiciamiento penal (Ley 906  de  2004),  y  aunque  tal  deficiencia,  de orden estrictamente formal, pudiera  superarse  dado que, en esencia, ambos regímenes procesales consagran similares  motivos  de  ataque,  es  lo  cierto que, ni la postulación del reproche, ni su  desarrollo  satisfacen mínimos parámetros argumentativos. En efecto, el censor  vulneró  el  principio  de  no  contradicción  al invocar la causal primera de  casación31  y desarrollar la censura conforme a la causal segunda –de la Ley 906 de 2004-, concerniente al  desconocimiento  del  debido proceso por afectación sustancial de su estructura  o de la garantía debida a cualquiera de las partes.   

2.2. La misma ambivalencia se advierte cuando  predica  un  motivo  invalidante  de la actuación, pero reprueba la valoración  probatoria  incorporada  a  las  sentencias,  defecto  propio  de la infracción  mediata  de  la ley sustancial, que, de prosperar no conduciría a la nulidad de  lo actuado sino a la emisión de fallo de reemplazo.   

2.3.  Ahora,  como  la  inconformidad  del  jurista,  en  últimas, avanza hacia el último sendero indicado, esto es, al de  la  infracción  indirecta, es claro que le correspondía determinar cuál es el  error  in  iudicando en que  habrían  incurrido  los juzgadores, de hecho (falso raciocinio o falsos juicios  de  existencia  o  identidad)  o  de  derecho  (falsos  juicios de convicción o  legalidad).   

En  cambio,  como  si  el análisis crítico  probatorio  de  los  falladores  estuviera gobernado por alguna suerte de tarifa  legal  –lo  que,  en  esas  condiciones,  supondría  un  falso  juicio de convicción- el recurrente, en lo  que  no  es  más  un  que un alegato de libre factura, propio de la instancias,  pero   ajeno   al   escenario   casacional,  aduce  que,  cuando  coexisten  las  indagatorias  de  varios  presuntos responsables involucrados en un accidente de  tránsito,  los  jueces  están  impedidos para atribuir responsabilidad penal a  partir  de  las  mismas, dada la connotación defensiva de este tipo de medio de  prueba,  por  lo  que  deberían  ser  apreciadas a la luz de otros instrumentos  cognoscitivos y las leyes de la experiencia.   

Desconoce, de esta manera, el libelista que,  en  Colombia  rige  el  sistema  de  libertad  probatoria, lo cual supone que al  conocimiento  de  la  verdad procesal se puede llegar a través de cualquiera de  los  medios  de  prueba  concebidos  por  el ordenamiento jurídico, siempre que  hayan sido recaudados lícita y oportunamente.   

En lo que sí le asiste razón al demandante  es    en   que   aquel   medio   de   prueba   (la   indagatoria)   –como cualquier otro-, debe ser evaluado  en  conjunto  con  el resto del acervo probatorio a fin de edificar el juicio de  responsabilidad  correspondiente, cuestión que, como es apenas obvio, no impide  conferirle        mérito        –positivo   o   negativo-   a   las   injuradas  de  los  sindicados.   

Inadvierte,  asimismo,  que, la credibilidad  conferida  por los juzgadores a determinado elemento de convicción no puede ser  reprobada  en  sede  de  casación,  salvo que, a través del error de hecho por  falso  raciocinio,  se demuestre la lesión de las leyes de la sana crítica, en  tanto  método  de  apreciación  racional,  que no es el caso, toda vez que, el  actor  no hizo ningún esfuerzo por evidenciar la violación de las reglas de la  experiencia  o  de  los  postulados  lógicos  o  científicos  por parte de los  falladores.   

Además,  ignora  que  la  asignación  de  responsabilidad    penal    en   cabeza   de   Pérez  Noya  provino  de  la  valoración  conjunta del plexo  probatorio,  particularmente,  de sopesar las diversas salidas procesales de los  dos  involucrados  en  la  colisión y, en especial, de evaluar la comunicación  emitida  por  Metrotránsito  del  17  de  septiembre de 2007, en el sentido que  informó  que  la  vía  con  prelación  era  la  carrera  15  de  la ciudad de  Barranquilla  –sobre la que  transitaba    el    motociclista-    y    no    la    calle   64C   –por  la  que se desplazaba el conductor  del  automotor-,  en  cuya  intersección  había  una  señal  de pare, como el  informe  de  tránsito,  el croquis y las pericias técnicas que confirmaron que  Pérez  Noya,  faltando  al  deber  objetivo  de cuidado, irrespetó las normas de tránsito que lo obligaban  a  detenerse  en  dicha señal, con el resultado trágico de envestir la moto en  la  que  iba  como  pasajera  Carolina  Esther  Mendoza  Prieto,  causándole la  muerte.   

De  otro  lado, el demandante se duele de la  «orfandad           probatoria»32  del  proceso y, en esencia,  de  la falta de práctica de una inspección judicial al lugar de los hechos; no  obstante,  un  reparo  de  esa  naturaleza debía ser elevado por la senda de la  causal  tercera  de  nulidad,  demostrando  la  manera  en  que  se  vulneró el  principio  de  investigación  integral,  cometido  este  en el que no sólo era  indispensable  señalar  el medio de convicción no incorporado a la actuación,  sino  la  posibilidad  real de recaudo y su trascendencia de cara a la decisión  confutada.   

Asegurar que, sin la inspección judicial era  imposible  emitir sentencia de condena, no solo desconoce el material probatorio  incriminatorio  que  reposa  en el expediente, sino que, una vez más, desconoce  el postulado de libertad probatoria.   

Por  último,  es palmaria la violación del  principio  de  corrección material, en la medida que el error que el jurista le  reprocha  a  los  juzgadores,  consistente  en  haber  desestimado  la prueba de  descargo,  debido  a  que los testigos respectivos no habrían estado enlistados  en  el  informe  de  policía,  no  es  un  defecto  que pueda predicarse de las  sentencias  de  primer  y  segundo  nivel,  ya  que,  no  solo  la verificación  preliminar  de dichas providencias revela que no fue una consideración plasmada  en  ellas, sino que es el mismo censor quien vincula tal presunto defecto con un  señor   llamado   Luis   Leonel   López   Camargo,   no   procesado   en  esta  causa.   

En   consecuencia,   el   libelo   será  inadmitido.   

3. Cuestión final  

La  Corte  no  se  ocupará  de  la petición  formulada  por  la  representante  de  la  parte civil, mediante la cual procura  obtener      la      “confirmación”  de  la  sentencia  impugnada  en  la  que  se  pronunció sobre  «los  perjuicios materiales, salvo, la modificación  que  se  revoca  la  condena  de perjuicios materiales impuesta y se modifica la  condena  por perjuicios materiales en el sentido que se taza en una suma de (50)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  a  favor  de  cada  una de las  víctimas»33,  habida  cuenta  que, de un  lado,   en  su  calidad  de  sujeto  no  recurrente  en  casación  –también   en  apelación-  carece  de  interés  jurídico  para  promover dicha pretensión y, de otro, el Tribunal no  modificó  la  condena  en  perjuicios  –materiales  y  morales-  impartida  por  su  inferior  sino  que  la  confirmó.   

En efecto, es el salvamento de voto parcial de  uno  de  los  magistrados  integrantes de la Sala Penal del Tribunal Superior de  Barranquilla34,  el  que  planteó  la  posibilidad  de i) aumentar el monto de la  condena  en  perjuicios  morales  y de extenderlo no solo al esposo e hijo de la  occisa  sino  a  los  padres  y hermanos de la misma y ii) revocar la condena en  perjuicios materiales.   

4. Por último, la Sala no observa flagrantes  violaciones  de  derechos  fundamentales,  causales  de  nulidad, ni motivos que  conduzcan  a la necesidad de un pronunciamiento profundo frente al expediente en  razón de las finalidades de la casación.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero.  Inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada  por  la apoderada del tercero civilmente  responsable,  en  relación  con  Eduardo Santiago  Pérez  Noya  contra la sentencia del 4 de febrero del  año    en    curso    de    la    Sala    de   Decisión   Penal   –mayoritaria-  del  Tribunal Superior de  Barranquilla.   

Segundo. Contra esta  providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Presidente  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Cfr.   folios   161  del  cuaderno original de la causa.   

2  Cfr.    folios   24-26  ibidem.   

3  Cfr.  folios  30-34  del  cuaderno original 2.   

4  Cfr.    folios   35-40  ibidem.   

5  Cfr. folio 151 ibidem.   

6  Cfr.  folios  40-42  del  cuaderno de parte civil.   

7  En  esta  oportunidad,  también  se  admitió  como  parte  civil  a Jaime Nicolás  Mendoza  Cuentas  (padre),  Miryam  Soraya  Prieto  Espinosa  (madre),  Cristina  Isabel,  Jaime  Alberto y Jhonatan David Mendoza Prieto (hermanos). Cfr.   folios   109-111   del  cuaderno  original principal y 49-51 del cuaderno de la parte civil.   

8  Cfr. folio 153 del cuaderno  original 2.   

9  Cfr.   folios   171-179  ibidem.   

10  Cfr.   folios  4-31  del  cuaderno original 1.   

11  Cfr.  folio 3 del cuaderno  original de la causa.   

12  Cfr.    folios   51-52  ibidem.   

13  Cfr.   folios   125-131  ibidem.   

14  Cfr.   folios   159-160  ibidem.   

15 Con  la  empresa  de  Transportes  Monterrey  Ltda.,  Luis  Carlos Solano Tapias y la  compañía de seguros Colpatria S.A.   

16 Con  la   empresa   de   Transportes   Monterrey   Ltda.   y   Luis   Carlos   Solano  Tapias.   

17 Con  la   empresa   de   Transportes   Monterrey   Ltda.   y   Luis   Carlos   Solano  Tapias.   

18 Se  precisa  que,  en  la  parte  resolutiva  de  la  sentencia  se  indicó que los  «padres  y  hermanos  de  la víctima no demostraron  concretamente  los  perjuicios  que  supuestamente sufrieron con la muerte de su  pariente,  ni su dependencia económica de ésta, por lo que, no habrá condenas  en   su   favor  por  este  concepto».  Cfr.     folio    171    ibidem.   

19  Cfr.  folios  161-173  del  cuaderno original de la causa.   

20  Cfr.   folios  7-18  del  cuaderno  del  Tribunal.  Se  precisa  que  uno  de los magistrados –Julio  Ojito  Palma-  salvó el voto,  parcialmente,  en  relación  con la tasación de los perjuicios. Así, expresó  que  lo  procedente  habría  sido revocar la condena en perjuicios materiales y  modificar  la  relativa  a  los  de carácter moral para tasarlos en 50 salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes, no solo respecto del esposo e hijo de la  víctima  sino  en  torno  al resto de los familiares (padres y hermanos) que se  constituyeron en parte civil.   

21  Cfr.    folios   19-23  ibidem.   

22  Cfr. folios 52 ibidem.   

23  Cfr.    folios   74-95  ibidem.   

24  Cfr. folio 88 ibidem.   

25 La  Corte,  desde  ya,  precisa que Luis Leonel López Camargo no es el procesado de  esta    causa,    sino   Eduardo   Santiago   Pérez  Noya.   

26  Cfr. folio 88 ibidem.   

27  Cfr. folio 91 ibidem.   

28  Cfr.    folios   91-92  ibidem.   

29  Cfr. folio 95 ibidem.   

30  Cfr. folio 98 ibidem.   

31  Que  en  la  Ley 600 de 2000 compendia la infracción  directa  –cuerpo primero-  y  la  indirecta  –cuerpo  segundo-  de la ley sustancial y en la Ley 906 de 2004 solo comprende la primera  de ellas.   

32  Cfr. folio 91 ibidem.   

33  Cfr. folio 98 ibidem.   

34  Doctor, Julio Ojito Palma.     

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