AP7180-2014(42372)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Magistrado ponente  

AP7180-2014  

Radicación n° 42372  

(Aprobado Acta No. 407)  

Bogotá,  D.C., veintiséis (26) de noviembre  de dos mil catorce (2014)   

ASUNTO  

Procede   la   Sala  a  resolver  sobre  la  admisibilidad  de  la demanda de casación presentada contra la sentencia del 25  de  julio  de  2013  emitida  por  el Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Medellín,  que  confirmó  la  condena  emitida por el Juzgado Cuarto Penal del  Circuito   Especializado   de   la   misma  ciudad  en  contra  de  Edwin    Andrés    Alzate   Santa   y   Gloria   Patricia   Montoya  Molina   como   determinadores  de  los  punibles  de  homicidio  agravado  en  concurso  con  homicidio simple en grado de tentativa y  porte  ilegal  de  armas  de  fuego  de uso privativo de las fuerzas armadas, al  tiempo  que  los  absolvió  de  los  cargos como determinadores de tentativa de  homicidio  agravado  en  concurso  homogéneo,  estos últimos a título de dolo  eventual,  con  la  única modificación relativa a incluir la condena en contra  de   los   acusados  por  los  delitos  de  lesiones  personales  dolosas  y  el  correspondiente incremento de la sanción impuesta.   

HECHOS  

Fueron relatados por el Tribunal Superior en  los siguientes términos:   

“…Los hechos que  dieron  origen a esta actuación ocurrieron el 20 de diciembre de 2009, a eso de  las  3:55  de  la  tarde,  en  la calle 55 con carrera 9 A del barrio Caicedo La  Toma,  Comuna  8  de  la ciudad de Medellín, cuando el ciudadano John Alexander  Pulgarin,  líder  comunitario  y organizador de un partido de futbol que estaba  por  iniciarse  en  esa cuadra fue asesinado con arma de fuego por un sujeto que  se  acercó  por  su  espalda  y  le  disparó  en la cabeza; la víctima estaba  acompañada  por  un  escolta oficial de nombre Harvey Alexander Vanegas Suárez  quien  reaccionó  pero  fue  lesionado con arma de fuego por dos hombres que se  encontraban  en  el  sitio  con  el  fin  de  asegurar  la  retirada del inicial  atacante;  como consecuencia de la reacción del servidor público se produjo un  intercambio  de disparos que dio como resultado la lesión de éste y la de tres  de  los  presentes,  que nada tenían que ver con los hechos, ellos son, Néstor  Iván  Zuluaga  Castaño, Santiago Mejía Gil y Saray Milena Nuno Penagos, estos  últimos menores de edad.   

Las  actividades de investigación arrojaron  como  resultado  la identificación como autores materiales de las delincuencias  que  se juzgan a los señores Cristian Hernando Calero Loreo como quien disparó  contra  la víctima, Francis Jair Vásquez y un tercero conocido con el alias de  “Mauro”  quienes  atacaron  al escolta; los dos primeros fueron capturados y  aceptaron  su  responsabilidad,  razón  por  la cual se profirió condena en su  contra.  También  se  capturó  y  procesó  a  Juan  Pablo Benítez, quien con  posterioridad   a  la  ejecución  criminal  se  ocupó  de  guardar  las  armas  utilizadas,    las    que   fueron   halladas   bajo   su   custodia   por   las  autoridades.   

De la misma manera se identificó a los acá  acusados  como  las personas que determinaron la ejecución criminal…”.   

         ACTUACIÓN          PROCESAL RELEVANTE   

El  11  de  febrero  de  2011  se capturó a  Edwin  Andrés  Alzate Santa y Gloria Patricia Montoya  Molina,  luego  de  lo  cual,  en audiencia preliminar  realizada  el  mismo  día en el Juzgado Quinto Penal Municipal con funciones de  Control  de  Garantías de Medellín, se legalizó la diligencia de allanamiento  y  registro  y  la captura, al tiempo que se produjo la imputación de cargos en  calidad  de  determinadores  de  las  conductas punibles de homicidio en persona  protegida  por  la  muerte  de  John  Alexander Pulgarin, tentativa de homicidio  agravado  respecto  del  ataque  que sufriera el escolta Arbey Alexander Suárez  Vanegas,  tentativa  de  homicidio  agravado  en  concurso,  a  título  de dolo  eventual,  del que fueron víctimas Néstor Iván Zuluaga Castaño y los menores  Santiago  Mejía  Gil  y  Saray  Milena  Nuno  Penagos,  a  su  vez  en concurso  heterogéneo  y  sucesivo con el delito de porte ilegal de armas de fuego de uso  privativo  de  las  fuerzas  armadas,  con  la inclusión de la circunstancia de  mayor  punibilidad  a  que se contrae el artículo 58 del Código Penal, numeral  10, cargos que fueron aceptados por los indiciados.   

Adicionalmente,  se  afectó a los imputados  con  la  imposición  de  medida  de  aseguramiento  consistente  en  detención  preventiva en establecimiento carcelario.   

La Fiscalía Especializada presentó escrito  de  acusación,  oportunidad  en  que reiteró los cargos deducidos en contra de  los  indiciados  al  momento  de  la  formulación de imputación, con la única  modificación  relativa a incluir la circunstancia de mayor punibilidad prevista  en el artículo 58 del Código Penal, numeral 18.   

El  trámite  de  la audiencia de acusación  correspondió  al  Juzgado  Cuarto  Especializado  de conocimiento de Medellín,  Despacho  ante  el  cual  el  30  de  marzo  de  2011  se realizó la diligencia  respectiva.  Seguidamente, en sesiones realizadas el 9, 12 y 27 de mayo de 2011,  se cumplió la audiencia preparatoria.   

Luego   de  realizada  la  correspondiente  audiencia  pública de juzgamiento en varias fechas, el 22 de febrero de 2013 el  Juzgado  Cuarto  Penal  del Circuito Especializado con Funciones de Conocimiento  de  Medellín  emitió  el  fallo  de  primer grado, mediante el cual condenó a  Edwin  Andrés  Alzate Santa y Gloria Patricia Montoya  Molina  a  la pena principal de quinientos cincuenta y  dos  (552)  meses  de  prisión como determinadores de los punibles de homicidio  agravado  en  concurso con homicidio simple en grado de tentativa y porte ilegal  de  armas  de  fuego  de uso privativo de las fuerzas armadas, al tiempo que los  absolvió  de los cargos de determinadores de tentativa de homicidio agravado en  concurso homogéneo, estos últimos a título de dolo eventual.   

La  defensa  de  los  encartados  interpuso  recurso  ordinario  de  apelación  contra  el  fallo  de  primer grado, que fue  confirmado  por el Tribunal Superior de Medellín mediante providencia del 25 de  julio  de  2013,  con  la  única modificación relativa a incluir la condena en  contra  de  los  acusados  por  los  delitos de lesiones personales dolosas y el  correspondiente    incremento    de    la    sanción   impuesta,   decisión   contra   la   cual, a su vez,  los  defensores  interpusieron  el  recurso  extraordinario  de  casación, cuya  calificación     de     la     demanda     es     el    objeto    del    actual  pronunciamiento.   

LAS DEMANDAS  

1.            Demanda instaurada en representación de  Edwin Andrés Alzate Santa   

Dos  cargos  formula  el  defensor contra el  fallo  de  segundo  grado  con  fundamento  en  la  causal tercera de casación,  censuras que desarrolla en los siguientes términos.   

Primer Cargo  

Denuncia  el  casacionista  la  violación  indirecta  de  la Ley de carácter sustancial por la estructuración de un error  de hecho por falso juicio de identidad.   

En  desarrollo  del  reproche,  se  refiere  inicialmente  a la contradicción en que incurre el declarante Cristian Hernando  Calero  Loreo  respecto  a  que  no  obstante no saber manejar armas de fuego ni  conocer  de  ellas,  pudo  señalar  con  precisión  la  clase  de  las  que le  entregaron  a  él  y  a  sus  dos  acompañantes y cómo hizo para perpetrar el  homicidio con tanta exactitud.   

Seguidamente  cuestiona  la manera en que la  sentencia  recurrida  justifica  dicha  contradicción,  para lo cual, según su  opinión,   se   incurre   en   distorsión   de  la  prueba  “…porque  el mismo declarante dijo no saber quién le entregó el arma  ese  20 de diciembre de 2009, fecha de ocurrencia de los hechos y menos que haya  dicho  de  forma  categórica  que  mi  defendido  fue el que lo amenazó en esa  oportunidad…”,   y   sostiene  que  la  sentencia  reconoce que el testigo entró en contradicción.   

Califica  de desacertado el razonamiento del  Tribunal  Superior  al  trasladar a su defendido la carga de la prueba acerca de  los  motivos  por  los  cuales  el  declarante  Calero  Loreo  incriminó  a  su  representado  y  por  no  tener  en  cuenta  que  la experiencia enseña que hay  personas que mienten sin motivo.   

De  igual  manera expone que la sentencia de  segunda  instancia  incurre  en argumentos desafortunados, ya que ninguno de los  declarantes  hizo  referencia  a  la  participación  de  su representado en los  hechos objeto de investigación.   

Por  último,  concluyó  que  el  juzgador  colegiado  desdibujó, tergiversó y distorsionó el hecho que revela la prueba,  incurriendo en consecuencia en la irregularidad denunciada.   

Segundo Cargo  

Denuncia  en esta oportunidad el Libelista  que  el  Tribunal  Superior  incurrió  en  error  de  hecho por falso juicio de  existencia,  en  cuanto  omitió valorar las declaraciones de los investigadores  de  la  Fiscalía  Oscar  Daniel  Alape  Fiquitiva  y  Richard  Andrés Quintero  Ramírez,  quienes  de  forma  categórica  señalan  que  el determinador de la  muerte  de  John  Alexander  Pulgarin  fue  el  conocido  con  el alias de “El  Gomelo”.   

Señala igualmente como prueba omitida en su  valoración  la  entrevista  realizada el 15 de junio de 2010 por investigadores  de  la  Fiscalía  a  Cristian  Hernando  Calero Loreo, donde menciona que “El  Gomelo”  es  quien da todas las órdenes en “Caicedo la Terminal” y que el  día  de  los  hechos  al parecer éste le entregó un celular y le dijo que él  sabía lo que tenía que hacer.   

Agregó  que si el Tribunal Superior hubiera  tenido  en  cuenta  tales  pruebas,  hubiera  revocado  la  sentencia de primera  instancia y en su lugar decretado la absolución de los acusados.   

Indica   que   el   yerro   denunciado  es  trascendente,  por  cuanto al haberle dado un sentido distinto a la declaración  de  Cristian  Hernando Calero Loreo originado en la distorsión de su expresión  fáctica   y  al  haber  ignorado  las  pruebas  enunciadas,  se  llegó  a  una  conclusión  equívoca  en  torno  a  la  responsabilidad  de  su defendido, que  determinó el fallo de condena.   

Menciona   como   normas   vulneradas  los  artículos 380 y 381 de la ley 906 de 2004.   

Por último, solicitó a la Corte Suprema de  Justicia  casar el fallo impugnado y en su lugar dictar sentencia absolutoria en  favor de su representado.   

2.            Demanda  presentada  en nombre de Gloria  Patricia Montoya Molina.   

Tres  cargos plantea el demandante en contra  del  fallo  de  segundo  grado.  El  primero,  con apoyo en la causal segunda de  casación,  el segundo con fundamento en la tercera y el último soportado en la  primera, reproches que desarrolla en los siguientes términos.   

Primer Cargo  

Aduce  el  casacionista  que la sentencia de  segunda  instancia  vulneró  la garantía fundamental del derecho de defensa de  su  representada,  en  cuanto  no obstante que en el escrito mediante el cual se  sustentó  el  recurso de apelación incoado contra el fallo de primer grado, el  apoderado  judicial  de  la  acusada  apoyado en citas doctrinales y comentarios  jurisprudenciales  ponderados  y  atinados que descartan la configuración de la  causal  de  agravación  prevista  en  el  artículo 104, numeral 7, del Código  Penal,  solicitó  que  no  se aplicara la mencionada agravante, tesis defensiva  ignorada   por   el   juzgador   colegiado,   en   cuanto  no  ofreció  ninguna  argumentación al respecto.   

Sostiene que el Tribunal Superior no tuvo en  cuenta  los razonamientos dirigidos a acreditar que no es aplicable la causal de  agravación  por  no haber existido indefensión ni inferioridad en la comisión  del  homicidio  de  John  Alexander  Pulgarin,  y  aun  de  haber  existido, tal  eventualidad  no  era  factible  de ser atribuida a los determinadores, debido a  que   las  circunstancias  de  agravación  respecto  de  los  autores,  no  son  transmisibles a los determinadores o partícipes.   

Agrega   que  la  decisión  del  juzgador  colegiado  es confusa, ya que pese a admitir que la agravante del artículo 104,  numeral  7,  no es aplicable, en últimas termina deduciéndola en contra de los  acusados,  lo  cual constituye una violación a sus garantías fundamentales, de  modo que considera procede declarar la nulidad de lo actuado.   

Segundo Cargo  

          Denuncia  el  demandante  que el juzgador de segundo grado incurrió  en  falta  de  aplicación  del  apotegma in dubio pro  reo  acerca de la determinación del homicidio, debido  a la presencia de errores de hecho en la apreciación de la prueba.   

Expresa que del testimonio de Cristian Calero  Loreo  “…se  extraen  datos  y manifestaciones que  conducen  a  crear  dudas o hesitaciones respecto de la determinación que ella,  GLORIA  PATRICIA  MONTOYA  MOLINA,  tomó  de  inducir  a  cometer  a  CALERO el  homicidio    en    la    persona    de   JOHN   ALEXANDER   PULGARIN…”,  como  por  ejemplo  cuando  sostiene  que  la  amenaza para  cometer  el  hecho  no  se  la  tomó  en  serio; o el aspecto relativo a que no  denunció  ante las autoridades las supuestas coacciones o amenazas; el no haber  mencionado  las  amenazas  dentro de la actuación penal; o el hecho de sostener  que   sólo  se  decidió  a  cometer  el  homicidio  cuando  habló  con  alias  “Gomelo”,  o en últimas, al sostener que “Memin” y otros desmovilizados  de las AUC habían amenazado a Pulgarin.   

Sostiene   que  la  participación  de  su  defendida  no  fue  contundente  ni tiene la fuerza suficiente para intimidar al  autor   material   del   hecho,   motivo  por  el  cual  no  puede  hablarse  de  determinación,  de  ahí  que  los  juzgadores  de  instancia  desconocieron la  garantía  procesal  en  mención al aplicar incorrectamente el artículo 30 del  Código   Penal,  ya  que  incurrieron  en  un  falso  juicio  de  identidad  al  tergiversar  el  contenido  del  testimonio  de  Cristian  Calero  Loreo,  luego  solicita    a    la    Corte    Suprema   de   Justicia   casar   la   sentencia  impugnada.   

Tercer Cargo  

Con  fundamento  en  la  causal  primera  de  casación,  denuncia  la  violación  directa de la ley de carácter sustancial,  por  aplicar  los  funcionarios de instancia una causal de agravación que no se  configuró   (artículo  104,  numeral  7),  que  significó  un  incremento  punitivo de más de 20 años de  prisión en detrimento de las garantías de su representada.   

Asegura  que  la  Fiscalía,  sin  mayores  argumentos,   solicitó  aplicar  la  agravante  por  cuanto  las  víctimas  se  encontraban  en  estado de indefensión, lo cual en su opinión no corresponde a  la  realidad  por  cuanto  el  escolta  perteneciente  a la Policía Nacional se  encontraba armado y alcanzó a reaccionar.   

Aduce  que  el  juzgador  de primer grado se  equivocó  al  deducir  la  causal  de agravación en cuestión, toda vez que la  extiende    a   los   procesados   “…que   siendo  determinadores,  es decir, partícipes y no autores o coautores, no conocían de  tal  circunstancia  antes  del hecho ni les es aplicable por cuanto no se pueden  transmitir  tales  circunstancias  modificadoras  de la responsabilidad penal de  autores  y  partícipes  como  lo  explicó  el  defensor en la apelación de la  sentencia,  aspecto  defensivo  que,  como se dijo, fue ignorado y menospreciado  por el ad quem…”.   

Expresa  que  la  conclusión  del  Tribunal  Superior  sobre la inexistencia de la causal de agravación por la condición de  indefensión  o  inferioridad, ha debido pregonarla respecto de todos los hechos  punibles  contra  la  vida,  específicamente  por  la  muerte de John Alexander  Pulgarin.   

Afirma  que el yerro del juzgador de segundo  grado  se  presentó  “…al  concluir  que  no  era  aplicable  la agravante del artículo 104, numeral 78 pero que no se reflejó en  la  condena  finalmente  impuesta…”,  por  lo  que  solicita  a  la  Corte Suprema de Justicia casar parcialmente la sentencia en el  sentido  de  eliminar  la  agravante  en  mención y disponer la correspondiente  disminución de la pena.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Tiene  dicho  la  Sala  que  en vigencia del  procedimiento  previsto  en  la  Ley  906  de  2004,  es  deber  ineludible  del  demandante  acreditar  la  afectación  de derechos o garantías fundamentales y  demostrar  que  se  requiere  del  fallo de casación para cumplir alguno de los  fines  establecidos  por  el  legislador  en  el  artículo  180  de la referida  normatividad  para el mencionado recurso extraordinario, esto es, hacer efectivo  el   derecho   material,   verificar   el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  procurar  la  reparación  de los agravios sufridos por estos y  unificar  la  jurisprudencia,  para lo cual es necesario que cuente con interés  para  impugnar  y,  adicional a ello, proceda a invocar la causal para acceder a  este  mecanismo  de  impugnación  extraordinario  y  desarrolle  los cargos que  sustentan su inconformidad.   

De  igual manera ha dicho que de acuerdo con  la  preceptiva  del  artículo  184  de la Ley 906 de 2004, no será admitido el  libelo  de  casación  cuando  el  demandante carezca de interés, no señale la  causal  bajo  cuya égida sustenta su propuesta, ni desarrolle adecuadamente los  cargos  de  sustentación o cuando se advierta que no se requiere del fallo para  cumplir con alguna de las finalidades propias del recurso.   

De  otra  parte,  no  sobra  recordar que el  recurso  de  casación, en cuanto juicio técnico jurídico, está gobernado por  una  serie  de  reglas  dispuestas  por  el  legislador  y  desarrolladas por la  jurisprudencia   a   fin   de   que   no   se   convierta  en  una  tercera   instancia,  exigencias  que  no  pasan  de  ser un conjunto de postulados técnicos orientados a conseguir que el  demandante   se   sujete  a  unos  mínimos  lógicos  y  de  coherencia  en  la  presentación  y  desarrollo de sus reparos, de suerte que resulten inteligibles  por  su  precisión y claridad, en razón a que no corresponde a la Sala develar  o   desentrañar   el   sentido  de  confusas,  ambivalentes  o  contradictorias  alegaciones de los recurrentes en casación.   

En  el  asunto que ocupa la atención de la  Sala,  lo  primero que se advierte es que las demandas no cumplen los requisitos  para  ser  seleccionadas  porque  los libelistas, además de no demostrar que el  fallo  es necesario para cumplir alguna de las finalidades de la casación, tema  que  ni  siquiera  mencionaron, tampoco expresaron el fundamento de los aspectos  que reprochan.   

En  efecto,  no  tuvieron  en  cuenta  los  demandantes  que,  acorde  con  lo previsto en el artículo 180 de la Ley 906 de  2004,   resulta  necesario  que  la  demanda  aborde  en  acápite  separado  la  explicación  respecto  a  qué  se pretende con el recurso extraordinario, esto  es,  si la efectividad del derecho material, el respeto de las garantías de los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  estos,  o  la  unificación de la jurisprudencia.   

No   cumplen   los   libelistas  en  esta  oportunidad  con  dicha  exigencia,  circunstancia  que  por sí sola amerita el  rechazo de las demandas.   

Adicionalmente,  es evidente la ausencia de  claridad  y precisión de los cargos, en cuanto omitieron un adecuado desarrollo  de   los   mismos,   según   pasa  a  evidenciarse  respecto  de  cada  uno  de  ellos.   

1.           Demanda instaurada en representación de  Edwin Andrés Alzate Santa   

Como    quiera    que    el      recurrente      asume      la  demostración  de  plurales errores de hecho, la Sala  estima  necesario, dado que advierte en los cargos ostensible desconocimiento de  la   naturaleza   y   efectos  de  los  mismos,  que  redundan  en  su   inadecuada  formulación,   recordar  los  planteamientos  que  reiterada  y  pacíficamente  ha  consignado  su  jurisprudencia  acerca  de la forma de alegarlos.   

En   efecto,   la  violación   indirecta   de   la  ley  sustancial  materializada  a  través  de  errores de hecho en la  valoración  probatoria,      obliga  a  quien  los  invoca  a  aceptar  que  la  respectiva prueba fue  reconocida  por  el  funcionario como legal, regular y oportunamente allegada al  proceso,   toda   vez   que   lo  discutido  constituye  vicios  fácticos,    que    pueden    presentarse    por   la   configuración   de  falsos  juicios  de  existencia, falsos juicios de identidad o falsos raciocinios.   

El  falso  juicio  de identidad, que es la  modalidad  de  error  invocada  en  el  primero de los cargos presentados por el  defensor,  se  presenta cuando no obstante el juzgador  tiene  en  cuenta  el  medio  probatorio  legal  y  oportunamente practicado, al  aprehender   su   contenido   le  recorta  o  suprime  aspectos  fácticos  trascendentes  (falso  juicio de  identidad    por   cercenamiento),   o   le   agrega  circunstancias  o  aspectos  igualmente relevantes que  no  corresponden a su texto (falso juicio de identidad  por  adición), o le cambia  el  significado  a su expresión literal (falso    juicio    de    identidad    por    distorsión     o    tergiversación).   

En   consecuencia,   para  acreditar  la  configuración de un falso juicio de identidad, basta  con  la  comparación  de  lo que de manera fidedigna  revela    la    prueba,    con    la   síntesis   o  aprehensión   que   de  su   contenido  hizo  el  funcionario,  en  aras  de  evidenciar  el  cercenamiento, la adición   o   la   tergiversación   de   su   texto,  en  cuyo  cometido  se  hace  obligatoria  la  transcripción de los apartados pertinentes del medio  y de la sentencia.   

Así  mismo, tras demostrar objetivamente el  dislate,  es  perentorio acreditar su trascendencia o,  lo   que   es   lo   mismo,  que  de  no  haberse  incurrido  en  él,  la  declaración de justicia hecha en  la      sentencia  habría  sido  distinta  y  favorable  a la parte que  alega la mencionada irregularidad.   

En   esta   oportunidad,   la   simple  presentación   de   los   cargos   examinados  y su desarrollo, permite verificar que lo propuesto por el  casacionista  abandona  por  completo  la  causal  que le sirve de soporte, para  incursionar  en el camino, prohibido en casación, del  simple  alegato  de  instancia,  a  partir  del  cual  apenas busca contrastar  su  particular  e interesada  valoración  del  acopio probatorio, con la realizada  por  el  Tribunal,  pasando  por  alto que a esta sede llega el fallo de segundo  grado  prevalido  de una doble connotación de acierto  y  legalidad,  pasible de atacar únicamente       con       la       debida  demostración  de  uno  de  los  yerros  propios  del  recurso.   

Si bien en apoyo  del  primer cargo el casacionista sostiene que el Tribunal Superior desdibujó,  tergiversó  y  distorsionó  el testimonio de Cristian  Hernando   Calero  Loreo,  la  afirmación  se  queda  en  mero  enunciado,  como  quiera  que  en  lugar de  transcribir  lo que la diligencia en cita contiene, para confrontarla con lo que  de   ella   leyó  equivocadamente  el  Ad       quem,       dedica   su  argumentación   a   cuestionar   la  credibilidad  otorgada  por  los  funcionarios de instancia a esta  prueba  y  a  advertir  que  el  Tribunal  llegó  a  conclusiones  contrarias  a las expuestas por la defensa, evidencia notoria  que  la discusión  no  opera  por  la senda objetiva del falso juicio de identidad  planteado,  en  tanto,  no  se  refiere  a lo que el  elemento  suasorio  contiene  y  la distorsión en la  lectura  del  mismo,  sino  a las conclusiones, en cuanto valoración,  contrarias  del  juzgador  de  segundo  grado,  insertando  la  discusión en el campo del falso raciocinio, aunque,  cabe  anotar,  nada hizo  para  verificar materializada la violación a la sana  crítica  a  que  se  contrae  dicha  modalidad  de  error.   

Patente   el  yerro  argumentativo  del  impugnante,    cuando    termina    afirmando    que  “…ninguno  de los declarantes hizo referencia a la  participación    de    su    representado    en    los    hechos    objeto   de  investigación…”,  lo  cual  deja  claro  que  la  discusión  planteada se  inscribe  en  la  refutación  de lo valorado por el  Ad     quem     a  través     de     la    presentación  de  otra  visión de la prueba y sus  efectos,       en      argumentación   completamente   ajena   al   recurso  de  casación.   

Es  necesario  precisar al impugnante que  esa  intervención  de  libre confección   no   puede  soportarla     el    recurso    extraordinario    de    casación,  precisamente  en  atención  a  la  naturaleza  excepcional  de  este,  que no representa  una   tercera   instancia,   ni   medio   para   hacer  valer  tesis  derrotadas  anteriormente,      sino     escenario     particular     y     exclusivo     de  determinación   de   vicios   específicos  que  indispensablemente  han  de  ser definidos conforme la  causal    propuesta    y    sus    efectos.   

De   esta  manera,  si  lo  buscado  es  controvertir  las conclusiones  a las que llegó  el  sentenciador  en  el  examen  probatorio,  debe  demostrarse que lo valorado  vulnera   las   reglas  de  la  sana  crítica,  por  desconocimiento  de  los  postulados de la ciencia,  la    lógica   o   la  experiencia.   

Cualquier     otro     tipo     de  argumentación   que   busque   controvertir   esas  conclusiones,    cae    en   el   vacío  y  obliga su inadmisión, motivo por  el    cual    la    censura    deberá inadmitirse.   

Idéntica  conclusión  corresponde  en cuanto se relaciona con  el  segundo  cargo,  en tanto, postulado como fue un  error   de   hecho  por  falso  juicio  de  existencia  por  omisión,  debió tener en cuenta el libelista  que  éste  se  presenta  cuando  el  fallador omite  apreciar  el  contenido  de una prueba legalmente aportada al proceso  (falso  juicio   de   existencia   por  omisión),   o,   por   el  contrario,  hace  precisiones  fácticas   a   partir   de   un   medio   de  convicción  que  no  forma parte del proceso, o que no pertenecen a ninguno  de  los  allegados  (falso  juicio de existencia por  suposición).   

En  orden  a demostrar la presencia de un  falso  juicio  de  existencia,  basta  con identificar el contenido de la prueba  omitida  y  el lugar en el que ésta se halla adosada  a    la    actuación,   o   con   señalar   la  precisión  fáctica   que   corresponde   a  un  medio  de  prueba  extraño a  la  actuación  o  que  no pertenece a alguno de los  legalmente aportados.   

En   tales   condiciones,  determinado    que    se    trata    de    un   error   que   dice  relación   no   con   la   valoración   de   la   prueba,   sino   con   su   auscultación    objetiva,    lo   menos   que   puede   esperarse  para  determinar  que,  en efecto, se trata de prueba pertinente  dejada  de  lado,  es  detallar,  transcribiéndolo,  qué  en  concreto  contiene cada elementos suasorio  citado.   

Si el recurrente argumenta que el juzgador  de     segundo     grado    omitió    tomar    en  consideración    elementos    de    juicio    que  señalan  como  determinador de los hechos objeto de  investigación  a  persona diferente a su defendido,  necesariamente      debe      dar      a     conocer     todos     los elementos que reputan efectivamente  valiosa     esa     prueba,     y    particularmente acreditar que la misma  debió  admitirse  de preferencia a aquellas que, en  criterio  de  los juzgadores de instancia, señalan a  Edwin  Andrés  Alzate Santa y Gloria Patricia Montoya  Molina   como   determinadores  de  los  punibles  de  homicidio.   

Se   torna   indispensable,   entonces,  contrastar   las   que   se  dice  pruebas  no  examinadas,  con  las         evaluadas  por  el  fallador,  para efectos de  determinar    errada    su   conclusión.   

Lo  anterior  por  cuanto el principio de  trascendencia  no  se  satisface  con  la valoración  individual,  toda vez que  a  renglón  seguido,  como  se  ha  dicho  desde el  principio,  es  menester  que  el casacionista examine la totalidad del conjunto  suasorio,  despojado  del  yerro  o,  para  el caso,  entronizada  la  prueba  que se dice dejada de considerar, en aras de determinar  inconcuso que ya la sentencia de condena no se mantiene.   

Tan  precaria  es  la forma de abordar el  tema  por el defensor, que se limita a sostener que los  investigadores  de  la  Fiscalía  señalan  que el determinador de la muerte de  John  Alexander  Pulgarin  fue  el  conocido  con  el  alias de “El Gomelo”,  dejando  de  lado  el  análisis  probatorio  realizado  por  los  juzgadores de  instancia,  acorde con el cual dicha participación, según lo expresado por uno  de  los  autores  materiales  de  los  punibles,  le  es  atribuible a los aquí  sentenciados.   

No  puede  admitirse,  entonces, adecuada  sustentación  del  falso  juicio  de existencia por  omisión   propuesto,   la   controversia   que  el  demandante   quiere  plantear  a  partir  de  restar  credibilidad  a  las  manifestaciones  de  los  testigos  de cargo, pues   es  obvio  que  la   propuesta  casacional  no  se  refiere  a  que  los  falladores  ignorasen  las  pruebas  que  menciona,  sino  a  que de ellas no extrajeran las  consecuencias  positivas  que en pro de la inocencia de su representado judicial  aquí pregona.   

Basta  observar la motivación  que  contiene  el  fallo de segundo  grado  en  punto  de  la  materialidad de los delitos atribuidos a los acusados,  para  verificar  que  la  decisión no viene signada  porque  se  desconozca  la  sindicación  contra  un  tercero,   sino   por   el   contrario,   porque   la  eventual  participación  de  éste  en    los    hechos    por   tratarse  precisamente      del      “Jefe”  de la banda que llevó  a efecto  el      ataque,      en     nada     modifica  la  responsabilidad  de  Edwin  Andrés   Alzate   Santa   y   Gloria   Patricia  Montoya  Molina,  que    fue    debidamente    acreditada   por   los   funcionarios  de  instancia  una  vez  contrastadas las diferentes  pruebas obrantes en la actuación.   

De  esta  manera,  cuando  el  recurrente  sostiene  que  “El  Gomelo”  es quien da todas las  órdenes  en “Caicedo la Terminal” y que el día de los hechos al parecer le  entregó  un  celular  a  Cristian  Hernando  Calero  Loreo,  autor material del  homicidio  de John Alexander Pulgarin y le dijo que él sabía lo que tenía que  hacer,  apenas busca contraponer este como argumento,  a   aquel   diferente   planteado   por  el  Tribunal,  sin  que  la  distinta  visión del contexto dentro  del    cual   se   realizó   el   señalamiento   en  contra  de  alias  “El  Gomelo”,  implique  el  error   de  hecho  presentado  como  rótulo del cargo.   

Observado así,  que  la  sustentación  de  la  causal  abandona por  completo  su  esencia,  tornando el debate en simple  alegato  de  instancia,  obligado  se  impone  inadmitir  el cargo, según  se  anunció desde el comienzo.   

2.           Demanda  presentada  en nombre de Gloria  Patricia Montoya Molina.   

Inicialmente  aduce  el  casacionista en el  primero  de  los  cargos  formulados,  que  la  sentencia  de  segunda instancia  vulneró  la garantía fundamental del derecho de defensa de su representada, en  cuanto   omitió  el  Tribunal  Superior  ofrecer  respuesta  a  los  argumentos  expuestos  en  el escrito de apelación en torno a la ausencia de configuración  de  la  causal  de  agravación  prevista  en  el  artículo 104, numeral 7, del  Código Penal.   

Para   desestimar   la   pretensión  del  libelista,  basta  con afirmar que su argumentación parte de un presupuesto que  no  corresponde  a  la  realidad,  toda vez que el Tribunal Superior se refirió  expresamente al tema propuesto por el defensor, al manifestar que:   

“…Estrechamente  ligado  al  asunto acabado de resolver, se encuentra el reparo planteado por uno  de  los  defensores en el sentido de que el homicidio de John Alexander Pulgarin  no  es  agravado  por la indefensión, en la medida en que este ciudadano estaba  acompañado por un escolta oficial.   

A  una  respuesta  adecuada a este problema  jurídico  debe  arribarse luego de verificar el aspecto fáctico de la conducta  y  de  verificar  si  fue  considerado  por  los sentenciadores dada la forma de  participación que les fuera imputada.   

Para  el  efecto,  la  Sala  partirá de la  versión  que  de  los  hechos  ofreció  en el juicio Cristian Hernando Calero,  respecto  de  la  cual  el  juicio  de  valor realizado por la Sala arrojó como  conclusión  que el testimonio merece credibilidad. En ese orden debe recordarse  que  este  ciudadano fue vecino de la víctima por largo tiempo, no tuvo ningún  inconveniente  previo  con él, condiciones que fueron tenidas en cuenta por los  determinadores  del reato al considerarlas facilitadoras de su ejecución, en la  medida  en que permitían el acercamiento del homicida sin despertar sospechas o  prevenciones  en  la propia víctima y en su cuidador, condiciones privilegiadas  para  asegurar  el  fin  ilícito. Ahora bien, en el juicio se demostró que fue  precisamente  bajo  esas circunstancias que se ejecutó el crimen, razón por la  cual   es  viable  calificar  de  acertado  el  análisis  realizado  por  el  A  quo…”.   

Así las cosas, como el impugnante no atina  a  evidenciar  la  real concurrencia de un error trascendente por la ausencia de  motivación  del fallo de segundo grado, en cuanto su afirmación no corresponde  a la realidad, el cargo debe ser inadmitido.   

El segundo reparo lo concreta el libelista a  su   denuncia   por   la   falta   de   aplicación  del  apotegma  in   dubio   pro   reo  respecto  de  la  determinación  del  homicidio,  debido  a  la presencia de errores de hecho por  falso juicio de identidad en la apreciación de la prueba.   

Sin  embargo,  examinada la censura en su  real   dimensión,  no  se  advierte  un  yerro  de apreciación probatoria sino una discusión acerca de la  credibilidad  del  testimonio  de Cristian Calero Loreo, la cual está fuera del  alcance  del recurso de casación, por razón de la doble presunción de acierto  y legalidad del fallo impugnado.   

El  afán  por  sacar  avante  su  visión  personal,  conduce  al  libelista  a  poner de manifiesto una objeción ajena al  recurso  de  casación,  pero además también contraria a la realidad procesal,  pues   no   es   cierto  que  de  las  manifestaciones  de  este  testigo  surja  incertidumbre  alguna  en  torno  a la calidad de determinadores de los acusados  Edwin  Andrés  Alzate Santa y Gloria Patricia Montoya  Molina,  bastando  remitirse  a  lo  expresado  por el  deponente en sus diversas intervenciones procesales   

La  línea        argumentativa       utilizada    por   el   defensor   no  corresponde         con         la modalidad  de      yerro      denunciado,      al  punto  que  el ataque carece por  completo  de desarrollo,  ya  que no se expresan de  manera  adecuada  sus  fundamentos  y  adicionalmente  se  incurre en múltiples  vicios lógicos de argumentación que restringen su comprensión.   

Para   el  correcto    desarrollo    de    la    censura,   ha  señalado  la  Corte  que  es  deber  del demandante  concretar  en  qué parte del expediente se ubica la  prueba,  qué  objetivamente  se  establece en ella,  cuál  es  el mérito que  le   corresponde   siguiendo   los   postulados   de  la  sana  crítica  y cómo su estimación  conjunta  en  el  caudal probatorio  que  integra  la  actuación,  da lugar a variar las  conclusiones  del  fallo  y,  por  tanto,  modificar  la  parte resolutiva de la  sentencia       objeto      de      impugnación  extraordinaria.   

Nada  de ello hizo el memorialista, quien  simplemente  se  limita a mencionar que el contenido  del    testimonio   fue   tergiversado,  y   aventura  conclusiones  sin un análisis previo en el  que   sustente   debidamente   cómo   la        estimación  conjunta  del  elemento  probatorio que integra la actuación,  da  lugar  a  variar  las  conclusiones  del fallo y  mutarlo   favorable   a   los   intereses   de   su   representado.  Para  ello,  debió     sopesar,  según  lo  hizo  el  Tribunal, las pruebas que fueron tenidas en cuenta  para  deducir  la  responsabilidad  de  los  acusados.   

Es     necesario     reiterar  al  impugnante  que    una   intervención  de libre confección no la tolera el  recurso  de  casación,  que  ya  se  dijo no es una  tercera  instancia,  sino  el  medio  para  proponer  yerros específicos    que    se   definieron   de   acuerdo   con   la   causal  aducida..   

Como   el   cargo   carece  de  soporte  fáctico  y  se dirige a  cuestiones  completamente ajenas a la causal propuesta, que tampoco se sustentan  adecuadamente, la Corte lo inadmitirá.   

A  su  vez, en el tercer cargo planteado,  el  demandante desvía lo  que    efectivamente   dijo   el   Tribunal,   para   crear   una   inexistente  paradoja  a  partir de asumir que el fallo de segundo  grado      reconoció     la     ausencia     de  configuración      de      la     causal     de  agravación     punitiva     prevista    en    el  artículo   104,  numeral  7,  del  Código Penal.   

Acorde con lo indicado por el actor, debe  señalarse  que  no  es  cierto  que  el  Ad  quem  haya      admitido  que  no  concurren  las  exigencias  normativas para  entender  acreditada  la  causal  de  agravación en  mención.   

Por   el  contrario,  el  Tribunal,  se  recuerda,   expresamente  sostuvo  que  en   el   juicio   se   demostró   que  fue  precisamente  bajo  la  circunstancia  de  agravación  prevista  en  el  artículo  104, numeral 7, del  Código  Penal  que  se  ejecutó  el  crimen,  razón  por la cual calificó de  acertado  el  análisis  realizado  por  el  A  quo  en torno al tema, análisis  que   no   le  mereció  atención      al  recurrente.   

Poco tiene que manifestar la Sala frente a  la   propuesta   casacional   de  la  defensa,  pues,  pese  a  que  enuncia  la  hipótesis  de violación  directa  de  la  ley, lo cierto es que omite sustentar su postura y, contrario a  lo  que  acredita  el  contenido  de la sentencia, se  limita    a    sostener    que   el   Tribunal   no  obstante     que     se    pronunció   en   torno   a   la   no   concurrencia   de   la   causal   de  agravación  terminó por  no     reconocer     dicha     circunstancia     en     el     fallo.   

Como en este evento el libelista entiende  que   es  suficiente  simplemente  aseverar  que  el  juzgador    se   equivocó   al   no   eliminar    la    pena    correspondiente    a    la   causal   de  agravación,    se  hace  necesario  destacar  que ese desacuerdo con el  criterio  del  fallador  no  está  previsto como un  motivo  para  acudir  al  recurso  extraordinario de  casación,  dado  que,  el  fallo proferido arriba a  esta  sede  prevalido  de  una  doble connotación de  acierto y legalidad que implica otorgarle mayor validez.   

En     la     violación  directa,  reitera  la  Sala, el actor debe tomar el texto de la  sentencia  y  sobre su construcción, sin referirse a  los    hechos    establecidos,    los   cuales   le  obliga  aceptar  a  plenitud,  mostrar  el  error de  juicio    en    que    incurrió    el   juzgador,  fenómeno que no acontece  en  el  caso que nos ocupa, en tanto las razones  expuestas  no  corresponden  a la  realidad,   por   manera   que  el  ataque  resulta  ininteligible.   

Entonces,  si  es  claro  que el Tribunal  efectivamente   estimó  acreditada  la  causal  de  agravación         en        mención,  lo  expresado   por  el  demandante  carece  de  soporte  fáctico      y  jurídico,    y,   en  consecuencia,   se   impone  la  desestimación  del  cargo.   

Para concluir, es necesario señalar que no  se  observa  con  ocasión  del  fallo  impugnado  o  dentro  de  la  actuación  violación  de  derechos  o garantías de las partes e intervinientes, como para  que  tal  circunstancia  impusiera  superar  los  defectos  de  los libelos para  decidir  de  fondo,  según lo dispone el inciso 3º del artículo 184 de la Ley  906 de 2004.   

Por último, es claro que de conformidad con  el  artículo  184  de  la  Ley  906 de 2004, contra el presente auto procede el  mecanismo  especial  de  insistencia,  dentro  de  los  términos  y parámetros  desarrollados   por   la   jurisprudencia  de  esta  Corporación  (CSJ  SP,  15 Dic. 2005, Rad. 24322; 28 Sep. 2011, Rad. 35724; 5 Sep.  2012,   Rad.   36578;   17   Feb.  2013,  Rad.  37948,  entre  otros).   

         En  mérito  de  lo  expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE  

1.                  Inadmitir    las  demandas      de  casación           presentadas        por       los         defensores    de  Edwin  Andrés  Alzate Santa y Gloria Patricia Montoya  Molina  contra  la  sentencia  del 25 de julio de 2013  emitida    por    el    Tribunal    Superior    del    Distrito    Judicial   de  Medellín,    conforme    a    lo    expuesto   en  precedencia.   

       2.                     De   conformidad   con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley 906 de 2004, contra esta  decisión   procede  el  mecanismo  de  insistencia,  según lo indicado en la  parte motiva de este auto.   

Notifíquese y cúmplase.  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO   

JOSÉ LEONIDAS  BUSTOS MARTÍNEZ   

EUGENIO      FERNÁNDEZ CARLIER   

MARÍA  DEL  ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO  ENRIQUE  MALO FERNÁNDEZ   

EYDER  PATIÑO  CABRERA   

PATRICIA   SALAZAR   CUÉLLAR   

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia  Yolanda  Nova  García   

Secretaria  

    

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