AP6894-2015(47022)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado ponente  

AP6894-2015  

Radicado N° 47022.  

Aprobado acta No. 424.  

Bogotá,  D.C., veinticinco (25) de noviembre  de dos mil quince (2015).   

V    I    S   T   O  S   

Se pronuncia la Sala sobre la admisibilidad de  la  demanda  de  casación  presentada  por la representación de las víctimas,  contra  el  fallo  de  segunda  instancia que profiriera el Tribunal Superior de  Bogotá,  fechado  el  6  de  agosto  de  2015,  mediante el cual confirmó, con  modificaciones,  la sentencia emitida por el Juzgado 16  Penal del Circuito  de  esa  ciudad  el  15 de septiembre de 2014, contra ISAÍAS CAICEDO RIASCOS, a  quien  el  ad quem impuso la pena de 37 meses y 21 días de prisión, en calidad  de  autor  de  los  delitos de homicidio simple y tentativa de homicidio simple,  ambos en estado de ira.   

Allí  mismo se declaró prescrita la acción  penal  en  lo  que corresponde a los delitos de porte ilegal de arma de fuego de  defensa  personal  y  lesiones  personales,  también  objeto  de acusación; se  impuso  la sanción accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas, por lapso igual al de la pena principal; y, se decretó la  libertad inmediata e incondicional del acusado, por pena cumplida.   

H E C H O S  

Fueron  narrados  en  la sentencia de primer  grado, del siguiente tenor:   

“Según lo describió la Fiscalía General  de  la  Nación  en el escrito de acusación que abrió las diligencias, el día  28  de  marzo de 2010, los jóvenes identificados dentro de las diligencias como  César  Augusto  Cárdenas Orjuela, Carlos Mario Cardona Guzmán y Diego Armando  Cardona  Guzmán  se  encontraban reunidos  en la vía pública y frente al  inmueble  identificado  con  la  nomenclatura 58 N° 74-11 Sur, cuando sobre las  01:40  horas entran en discusión con una mujer que no está identificada dentro  de  las  diligencias y en razón de haberse molestado un animal de su propiedad;  en  el  mismo  acto,  según  se  dice  dentro de la actuación, el esposo de la  persona  antes  mencionada  (sic)  y a quien se identificó como ISAÍAS CAICEDO  RIASCOS,  se  asoma sobre la ventana del segundo piso del inmueble y provisto de  un  arma  de  fuego  tipo  escopeta, dispara en repetidas oportunidades sobre el  cuerpo de los tres jóvenes.   

Según  se dijo por la Fiscalía en el acto  de   formulación   de  acusación,  los  tres  jóvenes  resultaron  seriamente  lesionados  consiguiendo  superar  la  gravedad  de  sus  lesiones, salvo César  Augusto  Cárdenas  Orjuela,  quien  muere  como  consecuencia  de  las  heridas  infligidas.”   

DECURSO PROCESAL  

Ocurrida  la aprehensión de ISAÍAS CAICEDO  RIASCOS,  con  fecha  del 29 de marzo de 210, ante el Juzgado 36 Penal Municipal  con   funciones  de  control  de  garantías  de  Bogotá,  se  adelantaron  las  audiencias   preliminares   de   legalización   de   captura,  formulación  de  imputación y solicitud de imposición de medida de aseguramiento.   

En  curso  de  ellas  se  declaró  legal la  aprehensión,  fueron  imputados  a  CAICEDO  RIASCOS,  los  cargos de homicidio  agravado,  tentativa  de  homicidio  agravado y porte ilegal de arma de fuego de  defensa  personal,  a  los  cuales  no  se  allanó,  y  se  dispuso  medida  de  aseguramiento de detención preventiva en sitio de residencia.   

El  28  de  abril  de  2010,  fue presentado  escrito  de  acusación,  repartido al Juzgado 16 Penal del Circuito de Bogotá,  despacho  que realizó la audiencia de formulación de acusación el 31 de marzo  de 2011.   

La  audiencia  preparatoria  tuvo  lugar los  días 27 de enero y 26 de marzo de 2012.   

La audiencia de juicio oral comenzó el 7 de  junio  de 2012 y culminó el 2 de julio de 2014, con anuncio de sentido de fallo  condenatorio.   

La  sentencia formalizada de primer grado se  profirió  el  15  de  septiembre de 2014.  En contra de esta interpusieron  recurso de apelación el procesado y su defensor.   

Por  último,  el  6  de agosto de 2015, fue  emitida  la  sentencia  de  segunda  instancia,  impugnada a través del recurso  extraordinario  de  casación  por la representación de la víctima, en escrito  que ahora se analiza.   

LA DEMANDA  

        La  casacionista,  quien  actúa como representante de  las  víctimas,  presenta cinco cargos contra el fallo de segunda instancia, que  así se resumen:   

    

1. PRIMER CARGO     

       Lo   rotula   la  casacionista   como   “Indebida   Aplicación  del  artículo  104  del  C.P. por desconocimiento del principio de congruencia entre  acusación y sentencia”.   

       Apenas,   para  sustentar  el cargo, la impugnante referencia que pese a haberse eliminado en la  audiencia  de  acusación,  por  parte  de  la Fiscalía, la agravante de motivo  abyecto  y futil (ordinal 4° del artículo 104 del C.P.), dejando vigente la de  indefensión  de  la  víctima (numeral 7°, artículo 104 ibídem), el Tribunal  se refirió a la primera y nunca examinó la segunda en el fallo.   

    

1. SEGUNDO CARGO     

       Lo   enfila   la  demandante  dentro  del error de derecho por falso juicio de legalidad, respecto  de la que estima prueba de referencia.   

     Dice la representante  de  víctimas  que  el  Tribunal,  en  aras  de soportar la atemperante de ira e  intenso  dolor,  aludió a que las víctimas pertenecían a una barra de un club  de  fútbol,  para  lo cual se apoyó en denuncia instaurada por el acusado y su  esposa quince días antes de los hechos.   

        Estima    la  casacionista  que  la  denuncia en cuestión “debía  abrirse  en  el Juicio Oral por intermedio de la declaración de la declaración  de  alguno  de  los  dos  (ISAIAS  CAICEDO  o  NIDIA  MANTILLA) para que pudiera  controvertirse  en  juicio su contenido y así quedara legalmente introducida al  proceso”.   

       Empero,   acota,  ninguno  de  los denunciantes se presentó en el juicio oral, seguramente porque  sabían  que  no  habían  llamado a denunciar, y ello afecta los documentos, en  tanto,    su    contenido   “nunca   se   conoció  legalmente”,    ni    fueron    susceptibles    de  contradicción.   

     Tampoco, acota, tuvo  en  cuenta  el Tribunal, que el patrullero Germán Sánchez Zamora, advierte que  nunca  recibió  llamada  del  acusado o su familia para atender algún suceso y  tampoco sabe él que ello hubiese ocurrido con sus compañeros.   

      A  ello  se  suma,  añade   la  demandante,  que  jamás  se  realizaron  capturas  “en  el  sitio de los hechos”, pese a que  el  acusado  informó  que  llevaba  más de un año llamando a la policía para  pedir  protección  y  está acudió en varias ocasiones; ni algún otro testigo  corrobora  el hecho y, en contrario, las víctimas de las lesiones sí mencionan  tener amistad con los hijos del procesado   

      Nada  más acota la  recurrente.   

    

1. TERCER CARGO     

     Al parecer dentro de  la  vía directa de violación de la ley sustancial, la demandante afirma que se  aplicó  de  manera  indebida  el artículo 57 del C.P., referido a la causal de  atemperación  de  la  sanción  penal  por  ira  “e  insuperable coacción ajena”.   

        Sostiene   la  impugnante  que  solo  podría  hablarse de estas categorías (ira e insuperable  coacción  ajena)  si  efectivamente  se  pudiera  demostrar la coacción ajena,  radicada  en  que  de  verdad  se  discriminase  al  acusado y su familia por su  raza.   

       Pero   ello   no  ocurrió,  acota  la  demandante,  en  atención  a  que apenas se utilizó como  “una  maniobra  para encuadrar una justificación a  un   delito   tan   grave   como   el   homicidio,   cometido   sobre   personas  indefensas”,  al  punto que el procesado renunció a  presentarse  para  corroborar  dicha  circunstancia,  y  lo  mismo  hicieron sus  allegados.   

        Añade    la  casacionista  que  el  Tribunal  debió  excluir  las pruebas arrimadas de forma  ilegal  al  juicio oral, en las que se afirmaba la situación de discriminación  del  acusado.  Sin  ellas,  afirma,  no  se contaba con elementos de juicio para  soportar la tesis aducida por el A quo.      

    

1. CUARTO CARGO     

       Lo   reseña  la  impugnante  como  “equivocado  entendimiento  de la  figura  de  la ira o el miedo insuperable o la coacción ajena, como eximente de  responsabilidad”.   

     A fin de soportar su  postura,   la   demandante   asume  el  examen  dogmático  de  la  “ira   producida  por  el  miedo  insuperable  como  eximente  de  responsabilidad”,  para  advertir  que,  en  tanto,  figura  nueva  en  Colombia, no existen criterios jurisprudenciales que  se  ocupen  del  tema,  pero  reputados  tratadistas  patrios significan que se hace  indispensable  demostrar  las causas que generaron la dicha alteración anímica  y  después verificar las consecuencias de la ira en cuestión, que impidieran a  la   persona   “comprender   los  efectos  de  sus  acción”.   

       Acorde   con  lo  anotado,  advierte la casacionista que los hechos probados legalmente demuestran  que  nunca  fueron  nublados  la  razón  o  el entendimiento del acusado, pues,  considera,  actuó  de manera aleve, con mínimo peligro para sí y aprovechando  la  indefensión  de las víctimas. Incluso, agrega, después de los hechos tuvo  la  presteza  de  ánimo suficiente para alegar ante las autoridades de policía  que los heridos pertenecían a una barra brava y lo atacaban.   

    

1. QUINTO CARGO     

        Asevera    la  casacionista   que   se   trata  de  un  “yerro  de  garantía”,  dado  que  de la misma manera en que la  ley  protege  a  las  personas  de  raza  negra,  lo  hace con las víctimas del  delito.   

      Todo, para criticar  la  postura  del  Tribunal  y  entronizar  la  particular  visión  que tiene la  impugnante  de  los  hechos,  las pruebas y lo sucedido en el trámite procesal,  hasta  derivar  en las denuncias penales instauradas poco después de los hechos  por  la  esposa  del  acusado  y  en  las cuales daba a conocer la existencia de  amenazas  y agresiones a sus bienes, significándolas carentes de posibilidad de  contradicción   –por  lo  cual no debieron ser admitidas- y falsas en lo denunciado.   

      Pide la demandante,  respecto   de   todos   los  cargos  propuestos,  que  se  case  “totalmente” el fallo de segundo grado y  en  su  lugar  “se  mantenga incólume la sentencia  condenatoria     proferida     por     el     Juzgado    16    P.C.C”.     

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

      Desde  un  comienzo  debe  destacar la Sala cómo se verifica ostensible el desconocimiento que tiene  la   recurrente  de  los  mínimos  argumentales  que  se  obligan  en  la  sede  casacional,   como   quiera   que   en   abigarrada  síntesis  mezcla  variadas  controversias  típicas  de  instancia,  pretendiendo así imponer sus criterios  acerca  de los medios de prueba y sus efectos, sobre los más autorizados de los  falladores,  con  lo cual pasa por alto que a esta sede extraordinaria arriba la  sentencia  de  segunda  instancia prevalida de una doble condición de acierto y  legalidad  pasible  de  derrumbar  únicamente  cuando  se  demuestra  un  error  trascendente,  dentro  de  los  senderos  de  fundamentación  decantados  desde  antaño por la ley y la jurisprudencia.     

       Y   se   advierte,  no  corresponden  esas     exigencias  argumentativas    a   simples   reclamos  formales  o  de  estilo,  sino  a  la perentoria necesidad de que  el  ataque  discurra  por  caminos    adecuados    de    claridad,    lógica   y   sindéresis,  sin  los  cuales,  sobra recordar, la  discusión  deviene en el simple debate de posturas contrarias e interesadas, ya  agotado con el proferimiento del fallo de segundo grado.   

        Incluso,   si   se   tratase   de   ser   estrictos,   la              fundamentación  consignada   en  cada  cargo  ni  siquiera  alegato  de  instancia comporta,  pues,        la  recurrente,  como  especie de petición de principio,  simplemente  formula  el  que entiende problema o yerro, sin fundamentarlo en su  manifestación    material,   ni   mucho   menos   examinar   adecuadamente   la  trascendencia.   

         Con     dicha     forma    de    sustentar      el     recurso,     no  solo  elude  la          casacionista  verificar  la  existencia de algún  tipo  de  error  en  el  fallo  y  su trascendencia, sino que impide de la Corte  conocer cómo o por qué pudo haberse producido el mismo.   

       Para   precisar   a   la  demandante  por qué debe inadmitirse su escrito, la Sala abordará, de la misma  forma  sucinta  como  fueron planteados, los cargos que contiene la impugnación  signada  por  la representación de las víctimas, no sin antes advertir que, en  tratándose  su  pretensión de aspectos ajenos a lo simplemente patrimonial que  dicen  relación  con tópicos de verdad y justicia, en principio se le verifica  legitimada    para    intervenir    en    este   ámbito   sin   consideraciones  accesorias.   

    

1. PRIMER CARGO     

      Asiste  la  razón  a  la  demandante  cuando sostiene que el Tribunal se refirió injustificadamente a una  causal de agravación del homicidio no contenida en la acusación.   

     Esto por cuanto, en efecto,  al  momento  de  desarrollarse  la  audiencia  de formulación de acusación, el  fiscal  del caso pidió la  palabra  para  modificar  el  escrito  –que  consignaba  agravado  el  delito contra la vida de conformidad  con  las causales 4 y 7 del artículo 104 del C.P., vale decir, respectivamente,  por  motivo  abyecto  o  futil  y  con  indefensión de la víctima-, en aras de  eliminar   de   la   adecuación   típica  la  causal  cuarta  de  agravación,  señalando expresamente que  solo pervivía la séptima.   

      Para todos los efectos del  juicio  y  del  principio  de congruencia, entonces, el homicidio consumado solo  comportó la causal de agravación por indefensión de la víctima.   

     Y  ello  fue  reiterado,  cabe  anotar,  por  el  Fiscal  del  caso  en el alegato de cierre de la audiencia de  juicio    oral,   donde  específicamente  detalló  que el homicidio, como se precisó en la acusación,  se  hallaba  signado  únicamente  por  la causal séptima del artículo 104 del  C.P.    

      Es por lo visto  que  emerge  inexplicable,  como  lo postula la    impugnante,   que  ambas  instancias  ordinarias,  juzgado  y  Tribunal,  asumieran  el  estudio  de la causal cuarta,  referida    al  motivo  innoble  o  futil,  cuando  les  bastaba  con   verificar   el   contenido   de  la  audiencia  de  acusación  o,  incluso,  la  determinación  típica  final presentada por el fiscal en el alegato de cierre,  para  concluir  que no fue, la anotada, una circunstancia objeto de acusación o  solicitud de condena.   

       Sin  embargo,  el  yerro  observado  no conduce a que deba intervenir la Corte en sede de casación, pues,  finalmente,  resultó  intrascendente  tanto  para  los intereses del procesado,  como para los que acompañan a la víctima.   

      En  este  sentido,  importa  destacar  que  en  el  fallo de primer grado el juzgado de conocimiento  reconoció  dos  causales  de  agravación  del  homicidio  y  así  lo  plasmó  expresamente   en   el   acápite   de   la   denominación  típica1:   

            “Con    base   en   los   hechos   antes   descritos.  El  28  de  abril de 2010 la Fiscalía 16 Seccional de Bogotá,  presentó  escrito  de  acusación  contra  el señor  ISAÍAS   CAICEDO  RIASCOS,  quien  fue  llamado  a  responder  en  juicio  como  autor  responsable  del  delito  de  HOMICIDIO  CON  CIRCUNATANCIAS  DE  AGRAVACIÓN  PUNITIVA  descrito  en el artículo 104 num 4 y  7…”.   

     Solo que al momento de examinar  los  hechos  y las pruebas que los soportan, el A quo apenas estimó configurada  la  causal  referenciada en el ordinal cuarto del artículo 104 del C.P., y así  en  concreto  lo expuso, por entender que efectivamente el motivo por el cual se  ejecutó   la   agresión   opera   nimio   frente  a  la  reacción2.   

      De esta manera, es claro  e  inconfutable  que  la condena de primera instancia desestimó la indefensión  de  la  víctima en lo que corresponde al homicidio consumado, pues, se reitera,  apenas   entendió   materializada   la   causal   cuarta,  referida  al  motivo  futil.   

      Así  las  cosas,  dado  que  el  fallo solo  fue  objeto  de  impugnación  por  parte  del acusado y su defensor, de ninguna  manera,  so  pena  de  violentar  el  principio de no  reformatio  in  pejus, podía el Ad quem despejar en  disfavor  del  primero  la agravante por indefensión de la víctima,  así  errara al examinar la causal cuarta, que estimó ajena al  hecho y por ello la eliminó del encuadramiento típico.   

      En las condiciones  reseñadas,  es  claro  que  la  desatención  de las instancias emergió inane,  pues,  si bien, fue tomada en consideración una causal de agravación eliminada  de  la  acusación,  finalmente  por ella no se condenó al acusado, dado que el  Tribunal la consideró contraria a lo sucedido y su motivación.   

      Y,  a  la  par,  no  era  posible  que  el  sentenciador Ad quem incluyera la causal de indefensión de la  víctima,  por  la  potísima  razón  que  esta fue desechada por el A quo y la  apelación solo fue presentada por la parte defensiva.   

      Precisamente,  el  hecho  que  la  sentencia  de  primer  grado fuese apenas apelada por el procesado y su  defensor,  torna  carente  de  interés  la  discusión que en sede de casación  plantea  la  demandante, pues, si de verdad entiende que al acusado se le debió  condenar  dentro  de la causal de agravación que para el homicidio instituye el  numeral  7°  del artículo 104 del C.P., así debió  plantearlo en apelación del fallo de primer grado.   

       Lo   contrario,  esto  es,  guardar  silencio  respecto  de  la  eliminación  de  la  causal  por  la  instancia, representa en estricto sentido  material, que aceptó lo decidido.   

      En  consecuencia,  esa  tácita  aceptación  impide que ahora, en el escenario casacional, acuda a  que  se  tome en consideración la agravación, no solo, se repite, porque no le  asiste  interés,  sino en  atención  a  que  de ninguna manera pueda significar algún tipo de error en el  Tribunal,  por  abstenerse de referirse al tema, dado, precisamente, que este no  le fue planteado.   

       Conforme   lo  anotado, se obliga la inadmisión del primer cargo.   

    

1. CARGO SEGUNDO     

        No    entiende    la  Sala  a dónde se dirige  la  demandante  cuando  cuestiona la aceptación que hizo el Tribunal, en cuanto  prueba  necesaria  para  resolver la cuestión atinente a la atemperante de pena  por  ira, de un documento en el que se transcribe la denuncia presentada ante la  policía,  15  días  antes de los hechos, por el procesado y su esposa, dando a  conocer  el  hostigamiento  de  que  eran  objeto  por parte de seguidores de un  equipo de fútbol, vecinos de su residencia.    

      Está claro que se trata de una  prueba  documental  y ella fue introducida por el investigador que la recopiló,  tópicos  necesarios para definir su legalidad y validez procesal, sin que pueda  ser  factible  controvertir estos aspectos a partir de desnaturalizar su esencia  para  decirla  declaración o entrevista necesitada de corroboración directa en  juicio.   

      De ninguna manera,  cabe  precisar,  esa  denuncia formalizada que presentó el acusado –con  muchas  firmas  de  vecinos-,  antes  de  los  hechos, puede estimarse prueba de referencia, en tanto, con ella  se  busca  probar  un  acto  específico,  la previa  búsqueda  de  ayuda  ante  la  autoridad  policial, registrado oficialmente por  escrito  y  consignado  en  el  documento  de cuyo origen dio fe el encargado de  recogerlo.   

     No es la prueba en  cuestión,  huelga resaltar, un testimonio de oídas, ni la entrevista que sobre  lo  sucedido brindó después de ello un testigo, razón por la cual conserva su  carácter de documento y así se introdujo.   

         No    caben,    en  consecuencia,  las  críticas  que  sobre  la  prueba  de  referencia intenta la  demandante,  ni  mucho menos, es posible significar que se afectó el derecho de  contradicción  solo  porque el procesado y su esposa no acudieron a declarar al  juicio oral.   

      En  este  sentido,  emerge  desatinado  afirmar,  como  lo  hace  la recurrente, que “el    contenido   de   dichos   documentos   nunca   se   conoció  legalmente”,  cuando  es  claro  que  estos fueron  descubiertos  oportunamente  y  su  introducción  fue  admitida en la audiencia  preparatoria, para después allegarse en la de juicio oral.   

      Y  si  lo que intenta la  impugnante,  conforme  lo  consignado en el cargo, es desvirtuar el contenido de  lo  denunciado,  el  asunto deriva del plano estrictamente formal de validez del  medio,  hacia  el  valorativo, en cuyo caso las afirmaciones referidas a la poca  credibilidad  que  comporta  lo dicho en la denuncia,  deben  soportarse  adecuadamente  dentro  de  un cargo diferente que atienda las  particularidades del error de hecho.   

      Lo  contrario,  esto es,  introducir   particulares   apreciaciones   que   no  demuestran  ningún  error propio de casación, ni siquiera alegato de instancia  puede    entenderse,   en   tanto,   no  se  abordan las razones específicas que gobernaron el análisis  probatorio  del  Tribunal,  para  demostrar  allí  inserto el vicio que reclama  modificar la decisión.   

       Incluso,   si  pudiera  hablarse  de  efectiva  vulneración  a  la  legalidad probatoria, la recurrente  jamás  asumió  el  estudio  de  la  naturaleza y trascendencia de la prueba de  referencia,  a partir de su consagración legal, para demostrar que de verdad se  pasaron  por  alto  las exigencias que regulan su admisibilidad o que ello tiene  algún  efecto  sobre  una  decisión  que,  cabría  recordarle,  solo  tiene  límites  tarifados en tratándose de los elementos de  juicio  utilizados  para condenar y no de los medios que avalan la atemperación  de la sentencia o conducen a la absolución.   

       Se   inadmitirá,  acorde  con  lo  anotado,  el  segundo  cargo.   

    

1. TERCER CARGO     

            Cuando  la  casacionista asume, al parecer, porque tampoco precisa  cuál  es el cargo, la vulneración directa de la ley sustancial por aplicación  indebida  de  una  norma        -para  el caso, el  artículo    57    del   C.P.-,   debe   tomar   en  consideración  que  se  trata    de    una    discusión    eminentemente    dogmática    que   reclama  necesario  asumir sin controversia la definición de  hechos  y  análisis  probatorio  realizados por el Tribunal, como quiera que la  discusión  estriba precisamente en que respecto de eso que tomó como cierto el  Ad  quem, aplicó una norma que no resuelve adecuadamente la cuestión, dejó de  aplicar  la  adecuada  o  interpretó  erróneamente  el  contenido de la que se  acomoda al caso.   

            Ahora,  si como aquí sucede, la que se  dice  indebida  aplicación  del  instituto  de  la  ira  se soporta en pertinaz  crítica  a la evaluación probatoria efectuada por el Tribunal, es claro que no  se  trata  de  la  violación  directa  de la ley, sino de errores de hecho o de  derecho que reclaman acomodar el discurso a sus especificidades.   

      Pero, ni siquiera  esta  última  tarea  emprendió  la recurrente, a quien le bastó con reiterar,  como  lo  hizo  en  cargos  anteriores,  que  el  Tribunal  no  debió  tomar en  consideración  pruebas a su parecer ilegales, para después concluir, sin mayor  asomo  de  evaluación  probatoria  o  siquiera  examinar  los argumentos de los  cuales  se  valió  el  Ad  quem  para  fundar  la  tesis de ira, que esta no se  encuentra probada.   

      Esa postura de la  demandante  apenas  constituye  su particular visión, por lo demás interesada,  de  lo  ocurrido,  bastante  elemental  y por entero  carente   de  fundamentación  o  determinación  de  trascendencia.   

      Respecto  de  esto  último,  es  necesario aclarar a la casacionista que la demostración de que el  yerro  en efecto obliga modificar el fallo atacado, no pasa apenas por presentar  una  conclusión  aislada  y  descontextualizada,  construida  a  partir  de las  necesidades  del  demandante,  sino  que exige, luego de demostrar efectivamente  materializado  el  error, asumir el estudio del conjunto probatorio para definir  objetivamente,  una  vez  eliminado  el  vicio,  que  sin  este ya no es posible  soportar la decisión.   

      Visto  que  el  cargo no  pasa  de  representar  un insustancial alegato de instancia, inobjetable se alza  su inadmisión.   

    

1. CUARTO CARGO     

      Bien poco puede examinar  la  Corte  de  un cargo que ni siquiera postula alguna causal de casación, pero  de   manera  descontextualizada  y  desprolija  presenta  una  supuesta  postura  doctrinaria,   resumida   en   cinco   desconocidas      líneas      del  párrafo.   

       Por   elemental  sustracción de materia nada hay para analizar o responder.   

      Pero,  si  se dijera que  finalmente  lo  que  propone  la  casacionista,  es  que se prueben “las     causas    que    generaron    esa    ira”,  de  manera  amplia el Tribunal detalló los elementos de juicio  que    soportan    su   postura,   suficientemente    claros    para    la  representación  de  la víctima, al punto que en los  cargos   anteriores   controvirtió   la   legalidad   o   justeza   de   dichas  pruebas.   

     Ya cuando, también  de  forma  asaz  precaria, la recurrente afirma que no son de recibo las pruebas  asumidas  por  el  Ad  quem, insiste en una alegación de instancia de imposible  recibo  porque  ni siquiera se ocupa de las razones contrarias esgrimidas por el  fallador y, desde luego, mucho menos encuentra error en estas.   

         Ante     la  insuficiencia   argumental   nada   más   debe   decirse   para   inadmitir  el  cargo.   

    

1. QUINTO CARGO     

        Lo    utiliza    la  casacionista,  sin  norte definido, para persistir en su cometido intrascendente  de  oponerse  al reconocimiento de la atemperante de  ira  efectuado  por  el  Tribunal,  a  través  del  fácil  pero inane    camino   de   entronizar   su  interpretación  de las pruebas, en ostensible petición de principio que da por  probado lo que precisamente debe demostrar.   

      Apenas  para  que  sirva  de  respuesta  a lo que se examina del escrito de la recurrente, la Corte  estima  necesario traer a colación lo que desde antaño se ha dicho en punto de  la forma de demostrar los errores de hecho y de derecho   

    

      Atinente,   entonces,   a   la   violación   indirecta,  esto  se  dijo3:   

      

“2.  En  efecto, la violación indirecta de la ley sustancial, vía de  ataque  preferida  por  el  libelista  para  censurar el fallo de segundo grado,  está  ligada  a  la  materialización de vicios de naturaleza probatoria de dos  clases distintas: de derecho y de hecho.   

Los  errores  de  derecho  se subdividen en:  falso  juicio  de  legalidad  y  falso  juicio  de  convicción  vicios  que son  ontológicamente  diferentes. El juicio de legalidad se relaciona con el proceso  de  formación  de  la prueba, con las normas que regulan la manera legítima de  producir  e  incorporar  la  prueba al proceso, con el principio de legalidad en  materia  probatoria  y  la  observancia  de  los presupuestos y las formalidades  exigidas  para  cada  medio,  de  suerte  que el dislate se cristaliza cuando el  fallador  valora  o  aprecia  un  medio  de  prueba que desconoce alguna de esas  ritualidades,  o porque califica de ilegal una que sí las satisface y por tanto  es válida.   

El  juicio  de  convicción  consiste en una  actividad  de  pensamiento  a través de la cual se reconoce el valor que la ley  asigna  a determinadas pruebas, presupone la existencia de una “tarifa legal” en  la  cual  por voluntad de la ley corresponde a las pruebas un valor demostrativo  predeterminado  o  de  persuasión  único  que  no  puede  ser  alterado por el  intérprete;  en  consecuencia,  se  incurrirá  en  error  por  falso juicio de  convicción  cuando  se niega a la prueba ese valor que la ley le atribuye, o se  le  hace  corresponder  uno  distinto.  Sin  embargo,  al  desaparecer la tarifa  probatoria  en  materia  procesal  penal,  sustituida  por el sistema de la sana  crítica  previsto  en  los  artículos  238,257,  277, 282 y 287 del Código de  Procedimiento  Penal  (Ley  600  de  2000), en principio, no es posible para los  jueces  incurrir  en  errores  de  derecho  por  falso  juicio  de  convicción,  porque   la  legislación  penal en materia de pruebas no somete, por regla  general,   su  raciocinio  a  evaluaciones  dependientes  de  una  tarifa  legal  probatoria.   

Los   errores   probatorios  de  hecho,  a  diferencia  de  los  de  derecho,  obligan  a  quien los invoca a aceptar que la  prueba  respecto  de  la  que  los  alega fue reconocida por el funcionario como  legal,  regular  y  oportunamente allegada al proceso, toda vez que lo discutido  constituye  vicios  fácticos  que  se  desarrollan  en  tres modalidades: falso  juicio de existencia, falso juicio de identidad y falso raciocinio.   

Incurre  en  falso  juicio  de existencia el  fallador  que  omite  apreciar el contenido de una prueba legalmente aportada al  proceso  (falso  juicio de existencia por omisión), o cuando, por el contrario,  hace  precisiones  fácticas  a  partir  de un medio de convicción que no forma  parte  del proceso, o que no pertenecen a ninguno de los allegados (falso juicio  de existencia por suposición).   

El  falso  juicio de identidad se diferencia  del  anterior en que el juzgador sí tiene en cuenta el medio probatorio legal y  oportunamente  practicado,  pero,  al  aprehender  su  contenido,  le  recorta o  suprime   aspectos  fácticos  trascendentes  (falso  juicio  de  identidad  por  cercenamiento),  o le agrega circunstancias o aspectos igualmente relevantes que  no  corresponden  a  su  texto  (falso  juicio  de identidad por adición), o le  cambia  el  significado  a  su expresión literal (falso juicio de identidad por  distorsión o tergiversación).   

La  acreditación  de  un  falso  juicio  de  existencia  o  de  un falso juicio de identidad, por tratarse de vicios objetivo  contemplativos,   es   en  extremo  elemental.  En  el  primer  caso  basta  con  identificar  el  contenido  de  la  prueba omitida y el lugar en el que ésta se  halla  adosada  a  la  actuación,  o  con  señalar  la precisión fáctica que  corresponde  a  un medio de prueba extraño a la actuación o que no pertenece a  alguno  de  los  legalmente  aportados;  y  en  el segundo, es suficiente con la  comparación  de lo que de manera fidedigna revela la prueba, con la síntesis o  aprehensión  que  su  contenido  hizo  el funcionario, en aras de evidenciar el  cercenamiento, la adición o la tergiversación de su texto.   

Finalmente,  el  falso raciocinio difiere de  los  anteriores  en  que  el  medio  de  prueba  existe  legalmente y su tenor o  expresión  fáctica  es aprehendida por el funcionario con total fidelidad, sin  embargo,   al   valorarla,  al  sopesarla,  le  asigna  un  poder  suasorio  que  contraviene  los  postulados  de  la  sana  crítica, es decir, las reglas de la  lógica,  las  máximas  de  la experiencia o sentido común, o las leyes de las  ciencias,  y  en  tales  eventos  el  demandante corre con la carga de demostrar  cuál  postulado  científico,  o cuál principio de la lógica, o cuál máxima  de  la  experiencia  fue desconocido por el juez, e igualmente tiene el deber de  indicar  cuál  era  el  aporte  científico  correcto,  o  cuál  el raciocinio  lógico,  o  cuál  la  deducción  por  experiencia  que  debió aplicarse para  esclarecer el asunto.   

No  sobra destacar que, adicionalmente, como  es  sabido,  bien  se  trate de errores de derecho o ya de hecho, tras demostrar  objetivamente  el dislate, es perentorio acreditar su trascendencia o, lo que es  lo  mismo, que de no haberse incurrido en él, la declaración de justicia hecha  en  sentencia  habría  sido  distinta  y  favorable  a  la  parte  que alega el  respectivo desaguisado.”   

                     

     Un simple cotejo entre lo  que   la  casacionista  postula  y  las  mínimas exigencias transcritas, conduce a determinar inconcusa  la  completa  falta  de  rigor  lógico  y  jurídico  en  el  errático escrito  examinado  por la Sala, que jamás precisa cuál de todos los pasibles de alegar  es  el  error  que se atribuye al fallador, mezclando  en imposible mixtura unos y otros.   

            Por  lo demás, si se tiene establecido  que  el  objeto  de controversia lo es precisamente la valoración realizada por  el  Tribunal, mal puede la  demandante  asumir como foco de crítica la versión entregada por los testigos,  que    ni    siquiera    cita    en    sus   cabal  contenido, pues, sobra anotar, lo que cabe demostrar  no  es  que  estos mienten o sus declaraciones carecen de credibilidad, sino que  el  ad  quem  erró  al  momento  de  analizar esas atestaciones u otorgarles un  efecto suasorio del que carecen.   

      En  fin,  que  lo  consignado    por   la  casacionista, no solo en el último cargo analizado,  sino   en   la   totalidad   de  la  demanda,  asoma  intrascendente  en  esta  sede,  a  más  de  desprovisto  de soporte jurídico,  fáctico  o  probatorio,  en  un ejercicio que, ya se anotó al comienzo, apenas  representa  su  postura individual e interesada respecto de lo que la  prueba  consigna,  sin  definición  así  fuese adjetiva de  algún  tipo  de  vicio  concreto.   

      Por  esta  razón  y  dado  que  del  examen  del  trámite  o del contenido de los  fallos,   no   se   aprecia   violación   trascendente   de  garantías  que  obligue  su  intervención  oficiosa,   la  Corte  inadmitirá  la  demanda  de  casación  presentada  por  la representación de las  víctimas.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE  

          INADMITIR         la    demanda    de    casación   presentada   por   la representación de las víctimas.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es facultad de la demandante elevar  petición de insistencia en relación con el punto.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1  Folio 2 del fallo de primera instancia   

2  Párrafo tercero del folio 14 del fallo de primer grado   

3  Auto del 10 de octubre de 2007, radicado 22.597     

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