AP4365-2015(46518)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado Ponente  

AP4365-2015  

Radicación N° 46518.  

Aprobado acta No. 271.  

Bogotá, D.C., cinco (5) de agosto de dos mil  quince (2015).   

V I S T O S  

Se  pronuncia  la  Corte   sobre  la  admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  instaurada por el  defensor  de ROSA VESGA MARÍN, EDUARDO DÍAZ ÁVILA y  EDUARDO  DÍAZ  NIETO,  en  contra  de  la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal Superior de Bucaramanga  el     18  de  marzo de  2015,  que confirmó la que había dictado el Juzgado  Tercero  Penal del Circuito  Especializado     de  la  misma  ciudad, mediante  la  cual  se condenó a los prenombrados como autores del delito de Concierto         para        delinquir        agravado.   

A N T E C E D E N T E S  

    

1. Fácticos     

En  la sentencia impugnada se tuvieron como  hechos jurídicamente relevantes los siguientes:   

Ante las múltiples quejas de la ciudadanía  por  la  existencia  de  una  organización  delictiva  dedicada  al tráfico de  estupefacientes  en  el  Barrio El Diamante del municipio del Socorro (S), en el  año  2009,  se  adelantan  por  las  autoridades  labores de investigación que  incluyeron  actividades de agente encubierto con las cuales se logró el recaudo  de  elementos  materiales  probatorio  y  evidencia  física,  que patentizó la  existencia  de  delitos  como  el Concierto para Delinquir Agravado, Tráfico de  Estupefacientes  y  la Destinación Ilícita de Bienes Inmuebles, y permitió la  identificación de los autores de dichas conductas.   

    

1. Procesales     

En  audiencias  preliminares  realizadas entre el 8 y el  11  de  septiembre  de  2009  ante  el  Juzgado  Segundo Promiscuo Municipal con  función  de  control  de garantías de Socorro (Santander), entre muchos otros;  la   Fiscalía   formuló   imputación  a  ROSA  VESGA  MARÍN  y  a  EDUARDO DÍAZ NIETO por los delitos de  Concierto   para   delinquir   agravado;   Tráfico,  fabricación   o   porte   de   estupefacientes;   y  Destinación  ilícita  de  bien  mueble  o inmueble. De igual manera, a EDUARDO  DÍAZ   ÁVILA   se   le   imputaron   las   dos  primeras  de  tales  conductas  punibles.   

Previa radicación  del   escrito   de  acusación,  el  Juzgado  Tercero  Penal   del   Circuito  Especializado  de  Bucaramanga, realizó la audiencia  de formulación de acusación el 14 de enero de 2010,  la  preparatoria  el  27  de mayo siguiente y, por último, la de juicio oral en  sesiones  que  tuvieron  lugar  entre  el  28 de mayo de 2010 y el 5 de junio de  2012.   En  esta  última  oportunidad  se anunció que el sentido del fallo era  condenatorio    en   relación   con   ROSA   VESGA  MARIN  y  EDUARDO  DÍAZ  ÁVILA  por  los delitos de  Concierto      para      delinquir      agravado      y     Tráfico,    fabricación    o    porte    de  estupefacientes,  y  en  cuanto  a  EDUARDO  DÍAZ  NIETO por el primero de esos  delitos1.   

El 11 de julio de 2013, el juzgado profirió  sentencia  mediante  la  cual  (i)  se condenó, entre  otros,  a  los  procesados por los delitos anotados a  las  siguientes penas, así:  a)  A  ROSA  VESGA MARÍN y  EDUARDO  DÍAZ  ÁVILA  a  las  penas de prisión por un término de 112 meses y  multa  de  2700,66 s.m.l.m.v.; y b) A EDUARDO DÍAZ NIETO a 96 meses de prisión  y   al   pago   de   una   multa  por  valor  de  2700  s.m.l.m.v.  Así  mismo,  a  todos  ellos  se  les  impuso la pena accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  término  de  la prisión. De otra parte, en la  sentencia   (ii)   se  absolvió  por  el  delito  de  Destinación  ilícita  de  muebles o inmuebles a ROSA VESGA MARÍN.     

El 10  de  marzo de  2015,  el Tribunal Superior de Bucaramanga,  al  desatar  la  apelación  propuesta  por  los titulares de la  defensa    técnica,    confirmó    la    decisión    condenatoria  por el delito de Concierto para delinquir agravado y declaró la  prescripción  de  la  acción penal por el de Tráfico, fabricación o porte de  estupefacientes.   En  consecuencia,  modificó las penas impuestas a ROSA VESGA MARÍN y EDUARDO DÍAZ  ÁVILA,     así:     prisión     –al  igual  que  la  accesoria-  por 96  meses y multa equivalente  a 2.700 s.m.l.m.v.   

A  su  vez, contra la sentencia de segunda  instancia  el defensor de ROSA VESGA MARÍN, EDUARDO  DÍAZ     ÁVILA    y    EDUARDO    DÍAZ    NIETO  interpuso   recurso  de  casación   y,  luego,  el  25  de  mayo  de  2015,  presentó  la respectiva demanda.   

El          27       de       julio  de  2015,  la actuación procesal  fue   remitida  a  esta  Corporación.    

L  A    D  E  M  A  N  D  A    

Previa  identificación  de  la  sentencia  impugnada,  de los sujetos procesales, de los hechos juzgados y de la actuación  relevante,  señala  el recurrente que funda su pretensión en la causal tercera  de  casación  porque  el  Tribunal  habría  incurrido en un error de hecho por  falso    juicio   de   identidad   y   falso   raciocinio,   pues   “al  realizar el análisis de las pruebas, le resta a algunas de  ellas  el  significado propio que tiene, indica solo algunas situaciones que los  testigos  manifestaron pero predeterminado o tergiversando lo expuesto (…); le  da  un valor que solo se aleja de la sana critica (sic), de la (sic) directrices  científicas,  de la lógica, de la experiencia común y en general de la vida y  del recto entendimiento humano;…”.   

Luego  de  citar un párrafo jurisprudencial  sobre  la violación indirecta de la ley sustancial y el “fundamento” de los  fallos  condenatorios  en  lo  que  hace  a  sus  defendidos ROSA VESGA MARÍN y  EDUARDO  DÍAZ  ÁVILA,  procede  a  demostrar  los errores de hecho denunciados  así:   

a)  En  relación  a  los  testimonios  de  “Ionisio”  José  González  Muñoz  y Luis Ernesto Rincón, sostiene que se  tuvieron  en  cuenta las partes en que describieron de manera genérica la forma  en  que  operaba  el  grupo delincuencial, más cercenó lo que declararon en el  contrainterrogatorio  cuando  reconocieron  que  nunca  vieron  a sus defendidos  ejecutando  conductas  ilícitas.  Luego de rememorar lo que se manifestó sobre  el  desarrollo  de  la  operación  encubierta  durante 4 meses y su registro en  grabadora,  señala  que  lo  más  lógico  en sana crítica es que    percibieran   la  realización  de  actividades  delictivas  por  parte  de  sus  representados  o  que  en  el  allanamiento  a  la vivienda de ROSA VESGA MARÍN  hallaran  estupefacientes. Al respecto, considera insuficiente la manifestación  del  “señor CHINCHILLA”  según  la  cual  varias  personas  entrevistadas  sindicaron  a aquéllos, pues  éstas no concurrieron al juicio.   

b)  En  cuanto  a  la declaración de María  Leyda   Peña   Bastida,   reprocha   que   se  le  haya  otorgado  credibilidad  desconociendo  las  pruebas  que  la  desvirtúan  y  sin  realizar un análisis  crítico.  Le  sorprende  que  se le crea a la testigo cuando: (i) afirma que le  compraba  droga  a  ROSA VESGA MARÍN, no obstante reconoció que eran enemigas;  (ii)  señala  a  ésta  de  ser una de las líderes del microtráfico, pero los  agentes  encubiertos  jamás la vieron vendiendo drogas o reunida con los demás  acusados;   y,   por   último,  (iii)  relata  que  la  procesada  “denunció  a la policía con el fin de obtener mayor ganancia e  ir   eliminando   la   competencia”    y   que  “mermaba    a    la    calidad   de   la   droga  ilícita”,  hechos que de ser ciertos excluirían la  concertación  con los miembros de la organización criminal.  Por último,  advierte  que  ni  la  testigo en cuestión ni ninguno otro reconoció a EDUARDO  DÍAZ  ÁVILA  como  un  expendedor  de  sustancias ilícitas.      

En  términos generales, aduce el demandante  ningún  testigo  vio  a  ROSA VESGA MARÍN o a EDUARDO DÍAZ ÁVILA asociados o  reunidos  con  otras  personas,  menos  aun  comercializando estupefacientes. De  igual  manera, indica que no existe prueba de que el precio de los alucinógenos  estuviese  estandarizado  ni  de  que hubiese permanente colaboración entre los  procesados.  En  consecuencia,  aduce  el recurrente que la sentencia infringió  los  artículos  340  del  C.P.  y  372,  374, 378, 380, 381, 383, 390 y 395 del  C.P.P.,  y  que  tal  violación legal se originó en la apreciación de pruebas  inexistentes,  en  establecer  hechos  de manera infundada, y, en general, en la  ausencia  de  una  valoración  probatoria objetiva e integral. Acorde con ello,  solicita  casar  la sentencia para que se absuelva a ROSA VESGA MARÍN y EDUARDO  DÍAZ ÁVILA.   

C O N S I D E R A C I O N E S  

De  conformidad  con  lo  previsto  en  el  artículo    184   del  C.P.P./2004,     la     Corte    examina   la   demanda  de  casación  interpuesta   por   el  defensor  de  ROSA VESGA  MARÍN,    EDUARDO    DÍAZ    ÁVILA    y   EDUARDO   DÍAZ   NIETO,  con  el  objeto   de   determinar   si  resulta  admisible,  lo  cual dependerá del cumplimiento de los requisitos  consagrados   en   el   citado   estatuto  para  ese  acto  procesal  referidos,  básicamente, a la existencia de interés jurídico,  al  señalamiento  de  la  causal  de  casación, al desarrollo de los cargos de  sustentación   y  a  la  necesidad  del  fallo  para  cumplir  algunas  de  las  finalidades del recurso.   

Sea  lo  primero  advertir que,    conforme    a    lo   establecido   en   el   artículo   181  procesal,  el  recurso  de casación interpuesto es  procedente  por la única  razón   de  que  se  dirige  contra  una  sentencia  de  segunda  instancia  dictada  en  un proceso penal, como fue la proferida  el  18  de  marzo de 2015 por el Tribunal Superior  de  Bucaramanga, mediante  la   cual   confirmó  la  que  había  dictado  el           Juzgado           Tercero          Penal   del   Circuito   Especializado     de    la  misma  ciudad,  en  el  sentido de  condenar  a los procesados como autores del delito de  Concierto   para   delinquir   agravado.   

Además, resulta  evidente    que    el  demandante  se  encuentra plenamente legitimado para  recurrir    en    casación    conforme    lo    establece    el    artículo         182        del  C.P.P./2004,  pues,  en  primer  lugar,  es una de  las  partes  del  proceso  (la  defensa)  o interviniente como genéricamente lo  denomina  aquella  norma,  y,  en  segundo  lugar,  le asiste interés jurídico  porque  la providencia judicial impugnada (sentencia  condenatoria)  produce  consecuencias  notoriamente  adversas en los derechos  fundamentales  de  los  procesados  que  representa, pero, además, ya antes, en  sede  de apelación de la sentencia de primera instancia, había manifestado las  razones    de   inconformidad   con   la   decisión   de   condena.      

A   pesar   de  esos  iniciales  aciertos,  se    observa    que    la    demanda    examinada  incurrió  en  omisión  absoluta  de  argumentos  tendientes  a establecer la necesidad constitucional y  legal  de  abordar  el  estudio de la pretensión casacional, a partir de una de  las  precisas  finalidades  previstas en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004.  En  efecto,  ninguna  razón  contiene el texto del libelo en orden a establecer  que  resulta  imperativo  un  fallo  de casación para lograr la efectividad del  derecho  material,  o  el  respeto de las garantías de los intervinientes, o la  reparación  de  agravios  inferidos,  o  la  unificación de la jurisprudencia.  Tampoco  la  Corte advierte oficiosamente la necesidad de un fallo para alcanzar  alguno de tales objetivos.   

La      falencia      descrita, aunada a que no se          cumplió  con  el  deber  de  sustentar  cargos  atendibles  en la sede  extraordinaria  de  casación,  como  enseguida  se  pasa  a  explicar, no puede  generar    sino    la    inadmisión   del libelo.  De entrada se advierte que no obstante el recurrente  anunció  al inicio de la  demanda que la        instauraba    en    representación    de   sus   3   defendidos:  ROSA  VESGA  MARÍN,  EDUARDO DÍAZ  ÁVILA  y  EDUARDO  DÍAZ  NIETO, lo cierto es que en  el  desarrollo  de  las  censuras    sólo    se    refiere   a  los  dos primeros y como pretensión          final  solicita  la  casación  de  la sentencia exclusivamente en  relación  a  ellos;  en  razón  de  lo  cual ha de  entenderse  que  el  recurso  extraordinario  no  se  dirige  en  contra  de  la  decisión  de  condenar  al  tercero de los     procesados     en   mención   y  si  así  lo  fue,  entonces,  la inconformidad en lo que a él respecta  carecería          absolutamente          de          sustentación.    

La  indebida  sustentación del recurso de  casación      es      evidente      desde      un      inicio      porque   bajo   un   mismo   acápite  se   invocan,     simultáneamente,  los  cargos  de  falso  juicio  de  identidad     y     de     falso    raciocinio    que,    aunque    comparten  la naturaleza por constituir  errores  de  hecho  que  generan  la  violación  indirecta  de  la  ley, tienen  particularidades   que   los   hacen   autónomos.  En  efecto, el primero de  tales  vicios  se  produce cuando el juez se equivoca  en    la    percepción    de   la   exactitud   de   la   prueba   adicionando, mutilando o tergiversando  su  contenido  objetivo,  por lo que el ejercicio de  argumentación  debe demostrar la incongruencia entre el ser en sí de la prueba  y  el  que  de ella fue declarado. Mientras que, en el falso raciocinio el yerro  recae  en  el  proceso  de  valoración del medio de  convicción  porque violó  principios    de    la    lógica,    o  leyes científicas o máximas de la  experiencia,   en  razón  de  lo  cual  habrá  de  demostrarse  la  infracción  de  esos  parámetros  de racionalidad.   

Ahora,   el  desacierto  no  pasaría de ser meramente nominal sino fuera porque el    demandante    desarrolla    una  fundamentación             indiscriminada    de    las   censuras  y  en  relación  a unas  mismas          pruebas.         Así,  sin  orden alguno, formula  reparos  en  relación  a  lo  que  el  juez  entendió o  apreció    de   los  testimonios  de Onisio González Muñoz, Luis Ernesto  Rincón  y  María  Leyda Peña Bastida, sin  precisar frente a cuál de ellos la queja es por falso juicio  de  identidad  o  por  falso raciocinio, indeterminación ésta que pretende        ubicar  a la Corte en el inaceptable rol de  intérprete       de       una      demanda  oscura y ambigua o,   peor   aún,   de  juez  de  tercera  instancia  cuando    manifiesta    el   censor   su  descontento  con  la  valoración       de      las      pruebas de  manera     general,  persiguiendo    así  una    reevaluación   integral   del   mérito   de   las   mismas  sin  sujeción   a   los   errores   atendibles  en  esta  sede.   

Según  el  recurrente,  los  testimonios  de  Onisio José González  Muñoz  y  Luis  Ernesto  Rincón Flórez  fueron  mutilados  en las   partes  que  contradijeron  sus afirmaciones incriminatorias  iniciales,  en  especial  cuando    reconocieron   que   nunca   observaron     a     ROSA     VESGA  MARÍN   o  a EDUARDO  DÍAZ     ÁVILA     vendiendo,     portando,     almacenando    o    cultivando  estupefacientes,  ni  reuniéndose  con  los  otros  acusados,   reparo   éste  en  que  pareciera  aludir  a  un  falso  juicio  de  identidad.  Adicionalmente,   señala  que  no  consulta  “las  reglas  de la experiencia, la sana critica (sic), las directrices científicas y  el  propio  entendimiento  humano” que los testigos  se  desempeñaran  como  agentes  encubiertos  por 4 meses y que en ese lapso no  hayan  presenciado una sola actividad ilícita por parte de aquellos procesados.  En    este    último    argumento    pueden  notarse  ideas  afines  a un falso raciocinio.      

Los  reparos descritos son inadmisibles en  casación.  En  cuanto al eventual cercenamiento del  testimonio   de  Onisio  José  González  Muñoz  y  de  Luis Ernesto Rincón  Flórez,  incumplió el recurrente con los argumentos  mínimos  de  sustentación  del  cargo,  pues  nunca  mostró  el  exacto  contenido  de  las  pruebas  y  el que fue declarado por la  sentencia,  con  el  objeto  de  visibilizar  la incoherencia entre ambos.  Y,  en  lo  que hace a un posible falso raciocinio, ni siquiera señaló el concreto  principio  de  la  sana crítica que se habría desatendido en la valoración de  esas  testificales.  De  esa  manera,  las    censuras    no    son   más  que  afirmaciones       axiomáticas     del    impugnante.    Es  más,   se  olvida  que  bien pudo el fallador  omitir  parcialmente una prueba o alejarse de la sana  crítica  en su valoración, más ello nada significa  si   esos  defectos  no  tenía   la   virtualidad  para  variar  el  sentido  de  la  decisión  y  sobre  esto nada manifestó el  censor.   

Además,   leída   la  sentencia  puede  observarse  que  la  demanda  se aleja de la realidad  procesal     cuando  asevera    que   son  insuficientes  las  entrevistas  recibidas por Iván Arley Carvajal Chincilla, a  quien  identifica  por  este  último  apellido,  y  ésta  información  no fue  valorada  como  prueba  de  responsabilidad  de  los  acusados   sino   como   fuente   de   la   noticia  criminal2.       Además,      falta  a la verdad el recurrente cuando  asegura  que ningún testigo tuvo percepción directa  de    la    actividad  ejecutada,   particularmente,   por  ROSA  VESGA  MARÍN  y  por  EDUARDO  DÍAZ  ÁVILA  en desarrollo de  la     empresa     criminal,      y,     por  último,  cuando omite el análisis de otras pruebas  incriminatorias  que  fueron  incorporadas al proceso como fueron los múltiples  registros    videográficos.   Obsérvense   al  efecto  las  siguientes  motivaciones  de  la  decisión  de condena:   

Eduardo Díaz Ávila, hijo de Eduardo Díaz  Nieto,  conocido  como  uno de los “sancocheros”, era hermano del “duro de  San  Gil” y fue la persona que le señaló al agente Onicio José González el  poder  de su familia en la venta de estupefacientes, donde cada uno desempeñaba  un rol de venta y otro de suministro.   

En  el video No 7 del 23/08/09 a las 11:40  horas,  -el  cual  se  refiere a una compra a Saúl Duarte y Mauricio Marín- se  observa  que  antes  de  ingresar a la casa de Mauricio, los agentes encubiertos  dialogan  con  otra  persona,  por  el cual la fiscalía le preguntó al testigo  Onicio  José  González sobre este aspecto, señalando: “con el señor Jairo.  Preguntamos  droga  y  él le pregunta al papá, a Eduardo Ávila, pero éste de  todos  modos  dice que a Mauricio le había llegado una droga”, asegurando que  al  acusado  Eduardo  Díaz  Ávila  finalmente  nunca  le  había  comprado, no  obstante  “Una  vez  le  pregunté  si  había  droga  y  él dijo que sí que  hablaran  con  el  papá”.  Circunstancia  con la cual coincide el agente Luis  Ernesto  Rincón  Flórez,  quien  expone que en efecto nunca le compró droga a  Eduardo  Díaz  Ávila,  no  obstante  “manejaba  y  conocía  el  ámbito del  sector”  y,  a quien además “vio ofreciendo estupefacientes cerca a la casa  de  Ernestina  y  en  el sector el diamante a las personas que ingresaban a este  sector  para  ingerir esta sustancia. Igualmente pues, personalmente nosotros no  le  realizamos  las  compras  pero  hay  si  hay otras personas que él le puedo  vender      el      alucinógeno      (…)”3    

(…).  

Rosa  Vesga  Marín,  hermana  de Mauricio  Marín,  tampoco  es ajena a los hechos investigados, porque si bien los agentes  encubiertos  nunca  le  hicieron  compras  de manera directa, fue incorporado en  juicio  oral  la  evidencia No 38 que coincide con lo contenido en el video No 2  del  24/08/09 a las 16:10 horas, en la que actúa como intermedia Edith Beltrán  Alba  o  María  Aleyda  Peña  Bastidas  en  la compra de estupefacientes, y al  preguntarle  de  dónde  la obtuvo señala haberla comprado donde Rosa Vesga, lo  cual  confirmó  la testigo cuando expuso en juicio que muchas veces actuó como  intermediaria  con  los  agentes  encubiertos  quienes  se  habían  ganados  su  confianza,  para la adquisición de droga que era comprada por la testigo en los  expendios   de   Mauricio,   “Rosa”   y   “machucho”.  (…)4   

De   otra  parte,  en  lo  que  respecta  al  testimonio  de María  Leyda  Peña Bastida, censura que el Tribunal le haya  conferido  credibilidad  muy  a  pesar que sus afirmaciones son contradictorias,  que  fueron desvirtuadas  por  otras  pruebas, que son increíbles a la luz de  la    sana   crítica   y   que   no   tienen  soporte    en    las    actividades    de    investigación   de   los   agentes  encubiertos. Es claro que  ningún  vicio  susceptible  de  estudio en casación revela el demandante, pues  cuestiona  el  mérito que la sentencia asignó a la  referida   declaración   jurada   a  partir  de  su  parcializada  opinión  y  no  de  la  demostración  de  la existencia un error  judicial  trascendente en  la     decisión    de    condena.    Claro  está, la genérica denuncia  de  desatención  de la sana  crítica    orienta  el  reproche  a  la  senda del falso raciocinio; sin  embargo,  esa  invocación tácita carece de la más  mínima  sustentación porque ni siquiera señala la  regla   lógica,   científica   o   de   la  experiencia  vulnerada.        

Conclusión y precisiones finales  

La  demanda  de  casación presentada por el  defensor    de    ROSA   VESGA   MARÍN,   EDUARDO   DÍAZ   ÁVILA  y EDUARDO DÍAZ NIETO,  no  se admitirá porque carece  de  la sustentación  de  un reparo atendible en sede del  recurso  extraordinario  y no se advierte la necesidad  para lograr uno de sus legítimos cometidos.   

Además,         examinada  la   actuación   en  lo  pertinente,  la   Corte   no  observó  la  presencia  de  alguna    de    las   hipótesis   que   le  permitieran  superar sus  defectos     de     la    demanda    para         decidir         de         fondo,        según  lo  previsto  en  el  artículo  184  de  la  Ley 906 de  2004.   

Finalmente,  se           advierte          que, de conformidad con lo previsto en  el  inciso 2º del artículo 184 procesal,   en   contra   de  este  proveído  procede  la    insistencia,   en   los   términos   ampliamente   decantados  por   la   jurisprudencia  de  la  Sala.   

D E C I S I Ó N  

En  mérito  de  lo expuesto, la    Corte    Suprema    de    Justicia,    Sala   de   Casación  Penal,   

R E S U E L V E  

INADMITIR la demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de ROSA  VESGA   MARÍN,   EDUARDO   DÍAZ   ÁVILA  y  EDUARDO  DÍAZ  NIETO.   

Contra   esta   decisión   procede   la  insistencia.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1  Ya  antes  se  había  allanado  a  los  cargos de Tráfico, fabricación o porte de  estupefacientes,  y  de Destinación ilícita de bien inmueble, siendo condenado  el  10 de noviembre de 2009 por el Juzgado Primero Penal del Circuito de Socorro  (Santander)   a   las   penas   de  77  meses  de  prisión  y  multa  de  3.001  s.m.l.m.v.   

2  Véase la página 19 de la sentencia de segunda instancia.   

3  Página 33 ibídem.   

4  Página 37 ibídem.     

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