AP6392-2014(44234)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

Magistrada ponente  

AP 6392-2014  

Radicación N° 44234  

(Aprobado  Acta No.  349)   

Bogotá  D.C., octubre veintidós (22) de dos  mil catorce (2014).   

VISTOS  

Acomete la Sala el estudio de admisibilidad de  la   demanda   de   casación  presentada  por  la  defensora  de  la  procesada  NANCY   PATRICIA   MARTÍNEZ   ARDILA   contra  la  sentencia de segunda instancia proferida por el Tribunal  Superior  de  Bucaramanga  el  21  de  mayo  del  año  en curso, por cuyo medio  confirmó  la  dictada  por  el  Juzgado Cuarto Penal Municipal con Funciones de  Conocimiento  de  la  misma  sede  el  21  de  abril anterior, que condenó a la  mencionada por el delito de abuso de confianza.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

Los   primeros   se  compendiaron  por  el  ad    quem, de la siguiente forma:   

El   8   de   noviembre  de  2009,  Hensy  Flantermisky  Hernández  le  entregó  a  NANCY  PATRICIA  MARTÍNEZ  ARDILA el  vehículo  de  placas  BJQ112, avaluado en la suma de $ 12.000.000 de pesos para  que  lo utilizara con ocasión del desarrollo de eventos sociales que realizaban  en  conjunto,  empero  nunca  lo  devolvió pese al requerimiento que le hizo su  propietario.   

El   26   de  mayo  2011,  se  dispuso  la  realización  de  audiencia  preliminar  ante el Juzgado Segundo Penal Municipal  con  Función  de  Control  de  Garantías  de  Bucaramanga,  donde la Fiscalía  formuló  imputación  a MARTÍNEZ ARDILA por    el    delito    de   abuso   de   confianza,   la   cual   no  aceptó.   

El  30  de  mayo  siguiente,  el ente fiscal  radicó  escrito  de  acusación en contra de la mencionada como presunta autora  de  la conducta imputada (art. 249, inciso primero del Código Penal), cargo que  ratificó  en  desarrollo  de  la  audiencia  de formulación celebrada el 28 de  julio  ulterior  ante  el  Juzgado  Cuarto  Penal  Municipal  con  Funciones  de  Conocimiento de la misma ciudad.   

El mismo despacho judicial, una vez realizó  las  audiencias  preparatoria  y  de  juicio oral, profirió sentencia de primer  grado   el   21  de  abril  de  2014,  a  través  de  la  cual  condenó  a  la  acusada   a   las   penas  principales  de  dieciocho   (18)  meses  de  prisión y multa por valor de  13.33  salarios mínimos legales mensuales vigentes, así como a la accesoria de  inhabilitación  en  el ejercicio de derechos y funciones públicas por el mismo  término  de  la  privativa  de  la libertad, tras encontrarla autora penalmente  responsable del delito por el cual se la convocó a juicio.   

En  la  misma  decisión,  le  concedió  el  subrogado   de   la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena.   

La  anterior  sentencia fue impugnada por la  defensa,  por lo que se pronunció el Tribunal Superior del mismo lugar el 21 de  mayo     postrero,     impartiéndole     confirmación.       

Inconforme  con  la determinación, la misma  parte   interpuso  y  sustentó  en  su  contra,  de  forma  exclusiva,  recurso  extraordinario   de   casación,   esto   último   mediante   libelo,  de  cuya  admisibilidad se ocupa la Sala.   

LA DEMANDA  

Formula una censura contra el fallo impugnado  con  sustento  en  la  causal  tercera  del  artículo 181 del estatuto procesal  penal,  por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial derivada de un falso  juicio de identidad.   

En apoyo de la pretensión, señala que en el  fallo   impugnado   se   tergiversó   la   versión  rendida  por  Guillermo  Enrique  Gómez Paris en cuanto  éste  afirmó que el negocio de los floreros sí se realizó entre su defendida  y     el     denunciante     Hensy    Flantermisky  Hernández,  quien  aseguró   que si algo salía  mal  su  vehículo  podría servir como prenda. Según la actora, este deponente  sostuvo que finalmente se mantuvo al margen de esa empresa.   

En  su  atestación  también  precisó  que  conoció  del  caso  porque  vivía  bajo  el  mismo  techo  con  denunciante  y  procesada,       que      Hensy      entregó  el  vehículo  en  calidad  de  prenda  de  garantía  del  negocio, que el dinero se perdió, pero no supo si se pagó o no.   

Sobre la cancelación de la deuda, reconocida  por   el   propio  Kurt  al  aportar  “consignación  que le realizó su cuñado  Hensy”,     se     tergiversa    nuevamente    el  testimonio   “al   señalar   que  corroboraba  la  declaración  de Kurt” en cuanto había entregado dos  obras  de arte para su pago, pero sólo refiere que ella le envió unas fotos, a  lo  cual “pues lo único que yo le dije es que tenga  cuidado,  son dibujos, yo no soy experto en arte, es mejor que los vea un perito  y no supo qué pasó con eso”.   

Estos  errores,  sostiene,  llevaron  a  los  juzgadores  a  soportar  su  fallo  condenatorio  pregonando  que  su  defendida  incurrió  dolosamente  en  la  conducta  de  abuso  de  confianza  “puesto  que  Hensy  no participó en el negocio de los floreros,  ausencia  de prenda, no obra prueba de la misma, amén de que se causó un daño  patrimonial  a  la presunta víctima”, de modo que si  no  se  hubiera  distorsionado la deponencia de Gómez  Paris,  dice,  claramente  la  decisión  habría sido  distinta  “ya  que  en  primer  lugar  la  misma es  corroborada  con  la versión vertida por la tía de NANCY PATRICIA; al señalar  que   se   entregó   el   vehículo   a  su  sobrina  por  el  negocio  de  las  flores”.           

En lo atinente a la versión de Kurt  sobre el pago presunto de la deuda,  aduce,  se le otorga plena credibilidad sin que obre prueba que soporte su dicho  “ya  que indica que hizo entrega de un dinero a una  persona  que  veía  por  primera vez y unas obras de arte, de las cuales no hay  documentación  alguna,  al igual que se enteró de lo del carro por la familia,  ya    que    es    el    esposo    de   la   hermana   de   Hensy”.   

Con estos elementos, afirma, no se estructura  una  base  probatoria para demostrar los puntos relacionados por los juzgadores,  ni  los  presupuestos del delito y la responsabilidad dolosa de la procesada, en  tanto  era  una  tenedora  de buena fe, pues tenía el vehículo en garantía de  pago  de  una obligación que el denunciante había contraído con ella, lo cual  pone en entredicho la legalidad de la decisión impugnada.   

En el acápite subsiguiente de trascendencia,  encuentra  cómo  las  demás  pruebas  no colman los presupuestos para condenar  establecidos  en el artículo 381 del ordenamiento procesal, en concordancia con  el  372  y  7  del mismo ordenamiento referentes al in  dubio  pro reo y la presunción de inocencia, en virtud  de  la  “distorsión de la declaración de Guillermo  Enrique  Gómez  Paris  y  recorte  en  la  del  denunciante  Hensy Flantermisky  Hernández”.   

En  vista  de  lo  expuesto,  estima  que la  determinación  necesariamente  debe  ser  la  de  absolver por atipicidad de la  conducta,  pues  ninguno de los medios de convicción demuestra que su defendida  haya actuado con dolo.   

En   ese  orden,  solicita  casar   la  sentencia  y,  en  su  lugar,  absolver  a  su  prohijada  “frente a la inexistencia de pruebas que soportaron  una  condena  en  su  disfavor,  por  falso  juicio  de identidad”.     

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Ha dicho de forma reiterada esta Sala que si  bien  la  Ley  906  de  2004  amplió  la  cobertura  para acceder al recurso de  casación,  pues  a  diferencia  de  los  ordenamientos procesales anteriores es  viable  contra  todo  tipo  de  sentencias  de  segunda  instancia  “en   los   procesos   adelantados   por   delitos”,  sin que obre  restricción  en  relación  con  la  autoridad  que la profiere y se elimina la  exigencia  del  quantum  de  pena  del  delito, ello por manera alguna significa que quien acuda a este medio  de  impugnación  esté  exento  de  satisfacer una serie de requisitos técnico  jurídicos,   básicamente  de  orden  argumentativo,  encaminados  a  la  cabal  comprensión de la propuesta.   

En efecto, de conformidad con los artículos  183,  modificado  por el 98 de la Ley 1395 de 2010, y 184 de dicha normatividad,  para  que  la  demanda sea admitida es preciso acreditar interés para impugnar,  señalar  la  causal,  desarrollar  los  cargos  de  sustentación del recurso y  demostrar  la necesidad del fallo de casación en aras de materializar alguno de  los  fines  establecidos  para  el recurso en el artículo 180, siendo ellos, la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y la  unificación de la jurisprudencia.   

          Por   ello,   en   la   demanda,   también   se   ha  reiterado  en  correspondencia  con  los preceptos legales referidos, el actor debe sujetarse a  un  rigor  argumental, en tanto la propuesta debe ser concisa, suficiente, clara  y   trascendente,   pues  no  le  corresponde  a  la  Sala,  dado  el  carácter  eminentemente   rogado  del  recurso,  ocuparse  de  confusos,  contradictorios,  ininteligibles o inocuos planteamientos.   

Pues bien, la única censura contenida en el  libelo  presentado  por la defensora de NANCY PATRICIA  MARTÍNEZ  ARDILA contra la sentencia impugnada que la  declara  penalmente  responsable  del delito de abuso de confianza, no satisface  tales   presupuestos,   situación   que,   se  anticipa  desde  ya,  impone  su  inadmisión.   

Así, para empezar, porque en su interior se  involucran   aspectos   conceptualmente   diversos   que,   para   facilitar  su  comprensión  y  cumplir  así  con  los  presupuestos lógico argumentativos de  admisión, han debido formularse en cargos independientes.   

Peor  aún,  la censura es contradictoria en  cuanto  indica  que  el vicio de valoración probatoria aludido desvirtúa tanto  los  elementos del tipo (tipo objetivo) -dicho sea de paso sin especificar cuál  de todos-, como el tipo subjetivo (dolo).   

Sin  embargo,  cada  una  de  esas  aristas  ameritaba  un  análisis  independiente  y  amplio  vinculado  con el defecto de  apreciación  probatoria esgrimido, por lo que su presentación coetánea atenta  contra  la  cabal  comprensión  de  la  propuesta  y principios basilares de la  actividad  casacional  en  procura  de  conseguir  demandas  que  satisfagan las  exigencias  argumentativas  propias de este medio extraordinario de impugnación  de  naturaleza  rogada, tales como los de sustentación suficiente, limitación,  crítica  vinculante, autonomía de las causales, coherencia, no exclusión y no  contradicción.                 

          Los    dos   primeros   principios   (sustentación   suficiente   y  limitación),  consecuentes  con  el carácter dispositivo del recurso, implican  que  la  demanda  debe  bastarse a sí misma para propiciar la invalidación del  fallo  al  paso que la Corte no puede entrar a suplir sus vacíos, ni a corregir  sus deficiencias.   

          El  de  crítica  vinculante,  por  su  parte,  exige  de la censura  fundarse  en  las  causales  previstas  taxativamente y someterse a determinados  requisitos  de  forma y contenido dependiendo del motivo invocado. Y, conforme a  los  de  autonomía,  coherencia,  no  exclusión y no contradicción, sobre los  cuales  mucho  ha  insistido  la  Sala,  se  proyectan  en  el sentido de que el  discurso  debe  mantener  identidad  temática  y ajustarse a los requerimientos  básicos de la lógica.   

El  mismo  defecto, además, repercute en el  ámbito  de  la  violación  de la ley sustancial, dado que la prosperidad de la  causal  invocada  no  se  agota  con  la  mera  exposición  de  la  falencia de  apreciación  probatoria,  sino,  igualmente,  en  la incidencia concreta de ese  vicio  en  la  transgresión  de  normativas  de tal índole, por su aplicación  indebida o su falta de aplicación.   

La   indecisión  frente  a  ese  tópico,  entonces,  corrobora  que la propuesta elevada por la libelista se queda a medio  camino  al circunscribirse a exponer el error de valoración probatoria pero sin  esmerarse  en  su  proyección  concreta  frente a la ley sustancial, máxime si  para  ello,  bien  está  agregar,  no  basta,  como  lo hace, con la sucedánea  invocación  de  la  violación  del  principio  de  presunción  de inocencia e  in  dubio pro reo, en tanto,  se  repite, no determina, por su generalidad y ambigüedad, el aspecto jurídico  concreto sobre el cual se configura la duda.   

Lo   anterior   porque,  en  últimas,  la  incidencia  sustancial  del  error  de  valoración  probatoria  se  formula  en  términos   enunciativos   y  genéricos,  lo  que  hace  de  la  argumentación  presentada totalmente insuficiente.     

Las  falencias reseñadas dan al traste, por  sí  solas,  con  la  posibilidad  de  admitir  la  demanda,  pero  obran  otras  incorrecciones  más  que  fortalecen  esa  conclusión en el plano del yerro de  valoración probatoria propuesto.   

Ciertamente, según la censora el error de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad  se  construye  sobre  dos aspectos: la  tergiversación  del  testimonio  de Guillermo Enrique  Gómez  Paris  y  la distorsión o recorte del vertido  por  el  denunciante  Hensy  Flantermisky  Hernández.  Empero,  sus fundamentos no  son  claros;  en especial los del segundo, a cuya conclusión arriba sin mayores  explicaciones   e   incluso  mezclándola  con  la  deponencia  de  Kurt Bruhl Franco.   

En  cuanto a la primera crítica, aun cuando  se   advierte   mejor   desarrollo,  es  palmario  que  la  propuesta  se  torna  intrascendente     al     indicar     que     el     denunciante    Flantermisky   Hernández   entregó  el  vehículo  en  prenda  de  garantía del negocio de importación de floreros que  habían  emprendido  conjuntamente,  pero  ya el a quo  había  dejado  en  claro  que  ese  ofrecimiento  fue  meramente   informal   “en   el   marco   de   una  conversación  amistosa  como  las que ellos sostenían en pro del desarrollo de  sus  actividades,  mas  nunca  lo muestra como que en efecto lo haya constituido  como  garantía,  tanto  así  que no se arrimó al proceso documento alguno que  pueda       dar       fe       de       ello”1,  postura que no se contrapone  a  lo  expuesto  por  el  Tribunal  en  sentido  de  que nunca se constituyó la  prenda.   

Si  ello  es  así,  entonces,  no es viable  edificar   el   yerro  por  cercenamiento  precisamente  en  el  apartado  donde  Gómez  Paris  sostiene que  ofreció      el      carro      como     prenda2,  pues  ese  fragmento  de  su  declaración  fue  valorado, sólo que se le otorgó una connotación distinta a  la  anhelada  por  la libelista, esto es, para los juzgadores se hizo como forma  de  otorgar  respaldo inicial al negocio de importación de floreros, pero nunca  como  un  acto  encaminado  inequívocamente a dar el vehículo en prenda, tanto  así  que  su  entrega  fue  ulterior, no para la importación de floreros, sino  para  una  inversión  posterior  en  el desarrollo del restaurante Casetabla  y allí tampoco, lo cual está  suficientemente  probado,  con el ánimo de constituir una prenda, sino para que  la procesada pudiera encargarse de la logística de esa empresa.   

Desde  esa perspectiva, con el propósito de  dotar  de  trascendencia al reclamo, la censora estaba compelida a demostrar que  fruto  de  un  yerro  de valoración probatoria los juzgadores se equivocaron al  otorgar     esa     connotación     al     ofrecimiento     de     Hensy;  es  decir,  que  esa aseveración  per  se  materializaba  la  garantía  prendaria,  ejercicio  argumentativo  que  nunca  se  elabora  en  la  demanda,  en  perjuicio,  desde  luego, de la trascendencia del cuestionamiento;  empero,  como  está confeccionada la censura ni siquiera se configura el yerro,  puesto  que,  se  insiste,  el aparte del contenido del testimonio supuestamente  omitido fue debidamente valorado por el juzgador.   

Ahora  bien, igualmente resulta despojada de  incidencia   la  censura  cuando  no  involucra  eficazmente  el  testimonio  de  Karl  Kurt  Bruhl  Franco,  salvo  como mención genérica en el sentido de que su dicho carece de respaldo,  pero  cuya articulación con los del denunciante Hensy  Flantermisky  Hernández  y el del citado Guillermo  Enrique  Gómez Paris condujo a  los  sentenciadores  a  otorgarle  credibilidad  a la versión del segundo en el  sentido  de  que  nunca  se configuró la prenda sobre el rodante, por lo que su  apropiación  sin  estar precedida de un título traslaticio de dominio edifica,  sin         duda,         la        conducta        atribuida        a        la  sentenciada.         

Resta señalar que las demás transcripciones  de  apartes del testimonio de Gómez Paris, sin precisarse  el  error  de  valoración  cometido,  pero  con  alcance,  según la actora, de  derruir  el  fallo, no reflejan más que su intención de sobreponer su criterio  personal  al  de  las  sentenciadores,  dejando  de lado que esa actitud resulta  inane  en  esta sede, por cuanto no consulta con el carácter extraordinario del  recurso  de  casación  en  tanto no constituye una tercera instancia habilitada  para  debatir abiertamente sobre la valoración de las probanzas fuera del marco  de  los errores de hecho por falsos juicios de existencia, identidad o raciocino  o  de  derecho  por  falsos  juicios  de legalidad y convicción, únicos con la  potestad,  en  esta  materia,  de  derruir  la  doble  presunción  de acierto y  legalidad que ampara al fallo impugnado.   

Corolario  de  las falencias advertidas, las  cuales  no  pueden  ser  subsanadas  por  la  Corte  en  virtud del principio de  limitación  que  regula  este  medio  extraordinario  de  impugnación, deviene  forzosa  la  inadmisión del libelo, en atención a lo  normado  en  los citados artículos 183 y 184 de la Ley  906  de  2004,  debiendo enfatizar la Sala que ni del contenido de la demanda ni  de  la  revisión  del  proceso  surge la necesidad de superar tales defectos en  procura  de  cumplir alguno de los fines del recurso extraordinario previstos en  el  artículo  180  ibídem o  que haga imprescindible activar la casación oficiosa.    

Por  último, en tanto contra esta decisión  procede  el  mecanismo  de  insistencia  de conformidad con lo establecido en el  último  artículo  referido,  impera  precisar  que  como dicha legislación no  regula  el  trámite  a  seguir  para  aplicar  el  referido instituto procesal,  habrán  de  acatarse  las reglas fijadas por la Sala en tal sentido3.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  presentada  por  la  defensora  de  la procesada NANCY  PATRICIA  MARTÍNEZ  ARDILA,  en virtud de las razones  consignadas en la anterior motivación.   

         

          De  conformidad  con lo dispuesto en el inciso segundo del artículo  184  de  la  Ley  906 de  2004 y, en los términos referidos en el acápite  final    de    esta   determinación,   contra   esta   decisión   procede   la  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA     DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Fol.  153 de la carpeta.   

2  Récord  12’36’’  del  cd contentivo de la sesión  del juicio oral del 3 de abril de 2014.   

3  Providencia del 12 de diciembre de 2005. Rad. 24322.     

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