AP4958-2014(42186)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Magistrada ponente  

AP  – 4958-2014   

Radicación 42186  

(Aprobado  Acta No.  280 )   

Bogotá  D.C., agosto veintisiete (27) de dos  mil catorce (2014).   

VISTOS:  

Resuelve la Sala si admite o no la demanda de  casación   presentada   por  el  defensor  del  procesado  JOHN  JAIRO  RINCÓN  TORRES.   

ANTECEDENTES:  

1.  Desde 2009, en  Ibagué,  se  supo  de  la  existencia de una organización criminal dedicada al  tráfico  de  estupefacientes.  La  lideraba José Arbeis Bonilla Puentes, alias  “el  señor  de  la  b”,  antes   subalterno   de   Eduardo   Restrepo   Victoria,  alias  “el  socio”,  y  quien  siguió  con las  actividades  delincuenciales  de éste después de su extradición a los Estados  Unidos.  JOHN  JAIRO  RINCÓN  TORRES, conocido con los alias de “balín”      o      “Lucas”,   residente   en   el   barrio  Santofimio  de  la misma ciudad, según se logró establecer, era miembro de esa  agrupación  ilegal  y  en esa condición ordenó el 27 de septiembre de 2009 la  muerte  de  José  Rodrigo  Arias  Gómez, alias “la  kika”.   

2. El 5 de enero de  2011,  ante  un  Juzgado  Penal Municipal de Ibagué, se legalizó la captura de  JOHN   JAIRO   RINCÓN  TORRES.  Acto  seguido  se  le  formularon  –y    no   los   admitió—   los   cargos   de  concierto  para  delinquir  con  fines  de  homicidio  y  tráfico  de estupefacientes, homicidio  agravado  y  porte  de  armas, en relación con los cuales se le dictó el mismo  día  medida de aseguramiento.   

3.   Tras   las  audiencias  de  formulación  de acusación, preparatoria y de juzgamiento, el 2  de  agosto  de  2012  el Juzgado 2º Penal del Circuito Especializado de Ibagué  condenó  al  acusado  a 37 años de prisión, inhabilitación para el ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas por el término de 20 años y multa de 2700  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes. No se le otorgó la condena de  ejecución condicional ni la prisión domiciliaria.   

4.  El  defensor  apeló  ese  pronunciamiento  y el Tribunal Superior de Ibagué, a través de la  sentencia  recurrida  en casación, expedida el 31 de mayo de 2013, lo confirmó  en su integridad.   

LA DEMANDA:  

Consta de dos cargos.  

Primero.  Violación  indirecta  de  la  ley  sustancial    derivada    de    error   de   derecho   por   falso   juicio   de  convicción.   

          Según  el  censor,  respecto  de  los  delitos  de  concierto  para  delinquir  agravado  y  fabricación,  tráfico  o  porte  de  armas  de fuego y  municiones,   la   sentencia   se   fundamentó  exclusivamente  en  pruebas  de  referencia.  Recordó  que  los  medios de convicción, los elementos materiales  probatorios  y la evidencia física, de acuerdo con la ley, se deben apreciar en  conjunto y conforme a las reglas de la sana crítica.   

          De  acuerdo  con  el Tribunal, las grabaciones de las conversaciones  telefónicas  del  procesado  JOHN  JAIRO  RINCÓN  TORRES, José Arbeis Bonilla  Puentes       y       Alexánder      Granada      Gallón,      “reproducidas”  en el juicio oral por un  miembro     de    la    policía    judicial,    sustentaban,    “entre  otros  medios”,  la  condena del  primero.    

          Así   se   hayan   respetado   las   ritualidades  legales  en  las  interceptaciones  telefónicas,  cabe  el  análisis pertinente del resultado de  las  mismas.  No  es  de  recibo que en el fallo recurrido se dé por sentada la  participación  del acusado en las conductas que se le imputaron por el hecho de  que   

“algunos de los  interlocutores  de  esas  conversaciones  reconozcan  y  tomen  como ciertos los  diálogos  sostenidos  con  el  endilgado,  tal  como  según  expuso la segunda  instancia,   ocurrió   con   Alexánder   Granada  Gallón  alias  ‘el          tigre’  y  Rafael  Antonio Guzmán o porque  existan   llamadas   bidireccionales   con   el   abonado  telefónico  de  JOHN  JAIRO” RINCÓN TORRES.   

“Credibilidad  que  a  su  vez –continúa  el  censor— la sustenta en  prueba  de  referencia,  como sucede con la versión de los mencionados, quienes  no  concurrieron  al  juicio y sólo la Fiscalía introduce las entrevistas, mal  podría   darse   por   cierto   que   efectivamente   hubiesen  reconocido  las  conversaciones,  cuando  sobre  ese tópico, no hubo una inmediación subjetiva,  que   permitiera   que   el   testigo   confirmara  tal  afirmación”.   

No  podía  el  Tribunal,  entonces, con las  entrevistas  de  los  testigos  Guzmán y Granada Gallón, dar por cierto que la  voz  contenida  en  los  audios  era del sindicado, sin un dictamen técnico que  así  lo determinara, el cual no se realizó porque el material correspondiente,  según  la  experta  a  quien  se  pidió  hacerlo,  no era apto para análisis.   

Así  las  cosas,  al sólo fundamentarse la  sentencia   “en  prueba  de  referencia”,  incurrió  el  ad  quem  en  error  de derecho por falso juicio de convicción, derivado de  transgredir  la tarifa legal negativa prevista en el artículo 381 de la Ley 906  de 2004.   

          Se  aportaron  al proceso las entrevistas de Shirley Milena Giraldo,  Rafael  Antonio  Guzmán,  Alexánder Granada Gallón, José Einer García, John  Hailer  Nieto  García  y  Fidel  Perdomo  Serna.  Ninguno de estos concurrió a  declarar  en  el  juicio  y,  no  obstante,  esas declaraciones ante la policía  judicial   le   sirvieron   de   fundamento   al   ad  quen para confirmar la sentencia de primera instancia,  “sin  tenerse  en cuenta, que la prueba testimonial  de  referencia  única o por conjunto de pruebas de referencia, no puede derruir  la  presunción  de  inocencia,  ni tampoco edificar una sentencia condenatoria,  por   lo   precaria   de  la  misma  y  por  su  poca  confiabilidad”.   

          El    testimonio    de   Diego   Fernando   Urbano,   por   último,  “no  tenía la capacidad suficiente para robustecer  la   prueba   de   referencia,   ni  la  capacidad  de  edificar  una  sentencia  condenatoria”.   Fue   claro   en  afirmar  que  la  “declaración  escrita”  llevada  a  cabo  ante  el  sargento  Beltrán  de  la  Sijin, la solicitó Gina  Escarraga  en  otro  proceso  y había sido alterada pues contenía afirmaciones  que no expresó.   

Le  solicita  el casacionista a la Corte, en  conclusión,  casar  la  sentencia impugnada y absolver a su representado de los  cargos  de concierto para delinquir agravado y fabricación, tráfico o porte de  armas de fuego y municiones.   

Segundo cargo. Violación indirecta de la ley  sustancial derivada de error de hecho por falso raciocinio.   

          En  relación con el delito de homicidio agravado imputado a RINCÓN  TORRES,  no  existía  a  juicio  del  defensor  “un  conocimiento   más   allá   de   toda   duda   para   edificar  una  sentencia  condenatoria”.  Con  las  pruebas  allegadas  a  la  actuación,     en     otras     palabras,     no     cabía     “desvirtuar      la     presunción     de     inocencia”.   

          No    podía    dar   por   cierto   el   Tribunal   “que  la voz que aparecía en los audios”  era   del   acusado,   “desconociendo  la  alegada  imposibilidad  técnica  de obtener una prueba pericial de análisis comparativo  de  hablantes  con  fines  forenses,  debido  a que los audios no son aptos para  análisis,  como  lo  dio a conocer la fonoaudióloga Judith Valencia Torres, de  ahí  de  que  acuerdo  a  la ciencia, no podía determinarse quiénes realmente  eran   los   interlocutores”.  Agregó  el  censor  a  continuación:   

“Téngase  en  cuenta   que   con  respecto  a  José  Alexánder  Granada  Gallón,  alias  el  ‘tigre’,  quien  no concurrió a juicio para  ser  contrainterrogado,  el  Tribunal  sin  que exista una prueba que le indique  quienes  participaron  en  la  conversación,  da por probado que era el apodado  pulmonía  y  JOHN  JAIRO  RINCÓN  TORRES, cuando José Alexánder (Granada),    ni    siquiera    había  participado     como    interlocutor,    en    donde    supuesta    (sic)   ordenaba  la  muerte  de  José  Rodrigo   Arias   Gómez   alias  la  ‘kika’ y por  el  cual  se  pedía  la  suma de tres millones de pesos, asunto que no pudo ser  controvertido,  porque  fue  prueba  de  referencia”.   

          Conforme  a la lógica, en relación con lo precedente, es imperioso  señalar  “que  si  no  había  participado  en  la  conversación,  mal  podía  definir  no  solo los temas tratados, sino también  quienes   sostuvieron   la  conversación  pues  esta  es  bilateral”.  Esta situación impedía, por tanto, condenar por homicidio al  sindicado.   

          El  procesado  había  amenazado  de  muerte  a  José Rodrigo Arias  Gómez  y  después  del  homicidio  hizo  lo mismo con los familiares de éste,  conforme  a  las  declaraciones  de  Bercy  Gómez  Rojas y Wilmer Arias Gómez.  Adicionalmente,  según el fallo impugnado, tres días antes del crimen hablaron  telefónicamente  Alexánder  Granada  y JOHN JAIRO RINCÓN TORRES. Este le dijo  al  primero,  de Arias Gómez (a. la kika), que representaba un problema para la  organización   porque  vendía  droga  a  nombre  de  ellos  y  “no  reportaba  el  producido”. Entonces  Granada  Gallón  le  respondió que se encargaría del asunto y “el   lunes   lo   mandaría   a   la  eterna  primavera”.   

          Para   el   recurrente,   el   juzgador  no  podía  “demostrar”  con  lo  anterior  que  el  procesado  ordenara  la muerte de la víctima. Tampoco se desprende algo así de  las  entrevistas de Fidel Perdomo Sierra y Shirley Milena Giraldo Osorio. Ni del  testimonio de Diego Fernando Urbano.   

          En   la   apreciación  de  la  prueba  testimonial  desatendió  el  ad   quem  los  criterios  establecidos  en  la  ley.  Sumado a esto, al valorar las declaraciones de Bercy  Gómez   y   de   Wilmer   Arias,   la   Corporación  judicial  “no     tuvo     en    cuenta    un    análisis    intrínseco    y  extrínseco”.  La  primera  no  presenció  que  el  acusado  amenazara  a  su hijo o dispusiera su muerte. Las intimidaciones hechas  durante   la   velación  de  José  Rodrigo  Arias,  a  su  turno,  provinieron  “de     un     supuesto     emisario”,   de   nombre   “Cesar”  según  la compañera del occiso. El segundo, Wilmer Arias, por  su   parte   –sigue  el  censor—   

“se   tornó  nervioso  durante  su  declaración,  no  refirió  sobre  amenazas a su hermano  anteriores  a  su  muerte,  desconociendo  las  causas  de  su  deceso, que solo  reconoció      a      alias      ‘balín’  cuando   se   lo  encontró  en  el  barrio  jardín  Santander,  y  donde  este  supuestamente  le  comentó haber ordenado la muerte de su hermano, sin embargo,  recordemos,  que según la progenitora manifestó que el fallecido José Rodrigo  (Arias),  en  vida se había dedicado a vender estupefacientes bajo las órdenes  de  balín  y  que  por  ese hecho estuvo en la cárcel, siendo extraño, que el  declarante  no conozca antes del homicidio a la persona con la que supuestamente  trabaja  su  hermano, y que el haber laborado con este, lo habían privado de la  libertad,  que  además  era  de  conocimiento  de  su progenitora con la que el  deponente convivía”.   

          Dejó  de  lado  el  Tribunal  que  “en  ocasiones”  el  testimonio  de  familiares  y amigos  puede  afectar la objetividad y que lo aconsejable en casos así, conforme a las  reglas  de  la  sana  crítica,  es  someter  esas declaraciones “a  un  examen  intrínseco  más  detallado  y profundo”.  Y  emprender,  de  otro  lado, “un  cuidadoso     análisis    extrínseco”    o    de  “concatenación” con los  demás medios de prueba.   

          En  el  presente  caso  “ninguno de los  medios  probatorios  soporta un fallo de condena contra el procesado”.  Los  testimonios  de  la  madre  y  del hermano de la víctima  “no  eran  suficientes”  para  establecer  que  el acusado “actuó en calidad  de   determinador”  del  homicidio,  “no  hay  constatación  de  esa situación con los demás medios de  prueba   debatidos   en   el  juicio”.               Así  las  cosas,  “si  no  existe  una  concatenación con el  resto  de  medios  de  convicción que integran el recaudo probatorio, sobre ese  supuesto,      hay      trascendente     el     error     denunciado”   (sic).   

En  conclusión,  si  no existe conocimiento  más  allá de toda duda de que el procesado ordenó darle muerte a la víctima,  le   corresponde   a   la   Sala   casar   el  fallo  recurrido  y  absolver  al  procesado.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

1. En el capítulo  IX  de  la  Ley  906  de  2004  dedicado  a regular el recurso extraordinario de  casación,  exactamente  en  el  inciso  2º  del artículo 184, se contemplaron  cuatro  posibilidades  para  no  seleccionar o admitir una demanda de casación:  carencia  de  interés,  no  señalamiento  de la causal, falta de sustentación  debida  de los cargos y cuando de su contexto se advierta fundadamente que no se  precisa  del  fallo  de  la  Corte  para  cumplir  alguna de las finalidades del  recurso.   

2.   Aunque  es  innegable  que  en  el presente caso el demandante, en su condición de defensor  del  procesado  JOHN JAIRO RINCÓN TORRES, cuenta con interés para pretender en  casación  que  se  absuelva  a su asistido, no consiguió sustentar debidamente  los cargos propuestos.   

3.  El  error  de  derecho  por  falso  juicio  de  convicción  que  planteó  en  el primero,  como es sabido, ocurre cuando el  juzgador  considera que el medio de prueba tiene tarifa legal, no teniéndola, o  estando  sujeto  a  ella  desconoce  el  valor  o  la  eficacia que le asigna la  ley.   

Para el recurrente, el Juzgador quebrantó el  inciso  2º  del  artículo  381 del Código de Procedimiento Penal, conforme al  cual   “la   sentencia   condenatoria   no  podrá  fundamentarse     exclusivamente     en     pruebas    de    referencia”.  Cuando  intentó  acreditar  la irregularidad, sin embargo,  dejó clara la inexistencia de la misma.   

El  abogado  no ocultó en el desarrollo del  reproche,  en efecto, que el fallo también se sustentó en prueba directa. Vale  decir,   en   las   grabaciones   obtenidas  legalmente  de  las  conversaciones  telefónicas  interceptadas  al  procesado,  a  José Arbeis Bonilla Puentes y a  Alexánder  Granada  Gallón.  Los  teléfonos intervenidos, según el Tribunal,  correspondían  a  los  utilizados  por  los  mismos,  estableciéndose con esas  charlas   –allegadas  al  juicio    como    prueba   documental—,    no    solamente   los   nexos   entre   ellos   “sino   su   vinculación   con   los  objetivos  criminales  de  la  asociación,   relacionados   con   la  muerte  selectiva  de  personas  que  se  anteponían  a sus designios, la extorsión a comerciantes en plazas de mercado,  la  compra  y  venta  de  armas  de  fuego  y  el  tráfico  y  microtráfico de  estupefacientes”.   

El resultado de la diligencia de allanamiento  practicada  en la residencia de RINCÓN TORRES fue también prueba directa de su  responsabilidad  penal  en  las  conductas  punibles de concierto para delinquir  agravado  y  fabricación,  tráfico  o porte de armas de fuego y municiones. Se  encontraron  en  el lugar sustancias estupefacientes, un revólver llama calibre  38, 20 cartuchos para el mismo y 30 cartuchos calibre 22.   

Resulta  claro, entonces, que la condena por  los  delitos  mencionados  no solamente se fundamentó en pruebas de referencia.  Por  ende,  no se configuró el error de derecho por falso juicio de convicción  denunciado  y  en esa medida, en relación con el reproche inicial, no hay lugar  a la admisión de la demanda.   

4.   La  segunda  censura  corre  idéntica  suerte a la anterior. Lejos estuvo la defensa en ella  de  comprobar que el ad quem,  en  la  argumentación  probatoria con sustento en la cual declaró al procesado  penalmente   responsable   del   delito  de  homicidio  agravado  objeto  de  la  acusación, transgredió la sana crítica.   

No demostró, en realidad, que la condena por  ese  delito  haya  estado  mediada  por  el  desconocimiento  de  una  regla  de  experiencia,  de  un  principio  de  lógica  o de una ley científica.  Se  dedicó  fue a oponer su lectura personal de los medios de prueba a la realizada  por  el juzgador, olvidando que la casación no es tercera instancia del proceso  penal   sino   un   escenario   dispuesto   para   juzgar  la  legalidad  de  la  sentencia.   

José Alexánder Granada Gallón, se dice en  el  fallo  impugnado,  admitió que algunas de las conversaciones interceptadas,  referidas    a    “ejecuciones    selectivas   de  personas”,  comercialización  de  estupefacientes y  adquisición  de  armas  de  fuego, fueron entre él y el procesado. Reconoció,  adicionalmente,  “la conversación donde JOHN JAIRO  (RINCÓN)  se  comunica con  alias  pulmonía,  ordenando  la  muerte  de José Rodrigo Arias Gómez alias la  Kika  y  por  la  que  pide  la  suma  de  tres  millones  de  pesos”  (pág.  20  del  fallo).  El  hecho  de  que  no sea uno de los  participantes  en  este  último  diálogo,  en  manera alguna imposibilitaba al  declarante  para señalar quiénes eran los interlocutores. Resulta inaceptable,  por  tanto,  sugerir  que el juzgador desconoció la lógica por apoyarse en ese  medio  de  convicción  para  concluir  que RINCÓN TORRES ordenó matar a José  Rodrigo Arias Gómez.   

Se  advierte,  de  todas  formas,  que no se  trató  de  las únicas pruebas que fundamentaron la condena por el homicidio. Y  si  bien es cierto el casacionista no pasó por alto esta situación, se limitó  simplemente  a oponerse al alcance dado a las mismas por el Tribunal. A señalar  categóricamente  que  no eran suficientes para atribuirle a su representado, en  calidad  de  determinador,  la  conducta  punible.  En el cargo, entonces, no se  percibe  ninguna  propuesta  del defensor susceptible de examen en casación por  parte de la Corte.   

5.  En conclusión,  pues,  no hay lugar a la admisión de la demanda. Tampoco a superar sus defectos  para  hacer  uso  de  la  facultad  oficiosa  contemplada  en  el inciso 3º del  artículo 184 del Código de Procedimiento Penal de 2004.   

Contra  la  presente  decisión  procede  el  mecanismo  de  insistencia de conformidad con lo establecido en la norma acabada  de  mencionar  y  con  las reglas que ha definido la Sala de manera pacífica en  pronunciamientos anteriores.   

          En  virtud  de  lo  expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia,   

RESUELVE:  

INADMITIR la demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  JOHN JAIRO RINCÓN  TORRES.   

          Contra  esta  determinación procede el mecanismo de insistencia, en  los términos definidos por la jurisprudencia de la Sala.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE.  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

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