AP6366-2014(44608)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

Magistrada Ponente  

AP6366-2014  

Radicación 44608  

(Aprobado Acta No. 349).  

Bogotá D.C., octubre veintidós (22) de dos  mil catorce (2014)   

         

VISTOS  

Procede  la  Colegiatura  a  constatar  el  cumplimiento  de  las  exigencias  de  argumentación  lógica  y  demostración  suficiente  en  la  sustentación  de  la  demanda  casacional presentada por la  defensora  del  procesado  ÓSCAR  GUILLERMO  SÁNCHEZ  MÚNERA,  contra  la  sentencia  proferida  en segunda  instancia  por  la  Sala de Descongestión del Tribunal Superior de Manizales el  12  de  mayo de 2014 (Acuerdo PSAA13-10072 de 2013), confirmatoria de la dictada  en  primer grado el 15 de julio de 2011 por el Juzgado Octavo Penal del Circuito  de  la  misma ciudad, a través de la cual condenó al mencionado ciudadano como  autor  penalmente  responsable  del  delito de homicidio en persona protegida en  José    Yorledy    González    López.   

HECHOS  

Aproximadamente a la 1:30 de la tarde del 31  de  agosto  de  2003, en el sitio denominada Llanadas, ubicado en la vía que de  Filadelfia  conduce  a  Salamina,  en  el  Departamento  de Caldas, José   Yorledy   González   López  fue  aprehendido  por individuos de un grupo armado ilegal, quienes lo llevaron hacia  la  parte  alta  denominada La Torre. Al día siguiente fue encontrado su cuerpo  sin  vida   junto  con otros dos cadáveres en la carretera de Filadelfia a  Felisa, con heridas causadas por proyectiles de arma de fuego.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

La   Fiscalía   declaró   abierta   la  instrucción,  en  cuyo  desarrollo vinculó mediante indagatoria a ÓSCAR  GULLERMO  SÁNCHEZ  MÚNERA, alias  Don  Mario,  definiendo  su  situación  jurídica  con  medida de aseguramiento de detención preventiva sin  derecho  a  libertad  provisional como posible “autor  determinador”  del  delito  de  homicidio en persona  protegida.   

          Una  vez  culminada  la fase instructiva, el mérito del sumario fue  calificado  el  11  de enero de 2011 con resolución de acusación en contra del  procesado,  por  el  mismo  punible  y  grado de participación que sustentó la  medida de aseguramiento.   

La etapa del juicio correspondió adelantarla  al  Juzgado Octavo Penal del Circuito de Manizales, despacho que una vez surtido  el  rito  pertinente  profirió  fallo  el 15 de julio de 2011, mediante el cual  condenó  a SÁNCHEZ MÚNERA a  la  pena  principal  de  treinta  (30)  años  de  prisión  y multa por dos mil  salarios  mínimos  legales  mensuales, y a la accesoria de inhabilitación para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas por veinte (20) años, como  coautor del delito objeto de acusación.   

En  la misma oportunidad le fue negada tanto  la condena de ejecución condicional como la prisión domiciliaria.   

Impugnada  la  sentencia  por la defensa, la  Sala  de descongestión del Tribunal Superior de Manizales la confirmó mediante  proveído del 12 de mayo de 2014.   

          Contra     la     decisión    del    ad  quem  se  dirige  ahora  el  recurso extraordinario de  casación  interpuesto  por  la  defensora  del  acusado,  cuya admisibilidad se  estudia en este auto.   

EL LIBELO  

          La  recurrente  propone  tres cargos por violación indirecta de los  artículos  7º,  232  y  238  de  la  Ley  600  de  2000,  los cuales postula y  desarrolla en los siguientes términos:   

    

1. Primer  reparo:  Falso  juicio  de  existencia por omisión de pruebas       

Luego  de  trascribir  apartes del fallo del  Tribunal,    la   demandante   asevera   que   los   jugadores   “dieron  por  establecido  que  cuando  el  señor  ÓSCAR  GUILLERMO  SÁNCHEZ  MÚNERA  le  dio  la  información  al  señor JOSÉ DIÓGENES GARCÍA  ALZATE  sobre  la  suerte final de su cuñado JOSÉ YORLEDY GONZÁLEZ LÓPEZ, no  hizo  consulta  alguna  y  expuso  hechos que le constaban directamente, porque,  supuestamente,  su  capacidad  de mando dentro de la organización delincuencial  A.U.C.   le   permitió   ordenar   la   muerte   de   esa   persona”.   

          Añade  que no se tuvo en cuenta la ampliación de indagatoria de su  asistido   del   17   de  junio  de  2011,  ni  el  testimonio  de  Fabio   César   Mejía   Correa,   alias  Jhonatan,   elementos   de  convicción   de   los  cuales  trascribe  algunos  fragmentos  y  concluye  que  SÁNCHEZ  MÚNERA se enteró  de  la  muerte  de  José Yorledy González  por  vía  telefónica  después  de ocurrido el suceso, según lo  ratificó  Jhonatan, el cual  dijo  que  aquél  no tuvo ningún grado de participación ni responsabilidad en  el homicidio.   

          Precisa    que    erradamente    el    ad  quem  asumió  que  el  acusado  no  tuvo que llamar a  preguntar  por  la suerte de la víctima en cuanto había ordenado su muerte, lo  cual    no    es   cierto,   pues   necesitó   comunicarse   con   Jhonatan para saber qué había pasado con  la  persona  por  la cual le preguntaba José Diógenes  García Alzate.   

          También     agrega     que     García  Alzate     nunca    declaró    que    ÓSCAR  GUILLERMO  SÁNCHEZ  tuvo  o no la  necesidad  de  consultar sobre la suerte de la víctima, pues sólo refirió que  SÁNCHEZ le informó sobre la  muerte  de su cuñado por parte del grupo de autodefensas al cual pertenecía, y  no  aclaró  si  debió  comunicarse telefónicamente con alguien para darle tal  dato, de manera que fue adicionada la prueba en comento.   

2.            Segundo cargo: Falso juicio de existencia  por omisión y falso juicio de identidad     

          Después  de  traer  a  colación  extensos  apartes  del  fallo del  Tribunal,   la   casacionista  dice  que  en  tal  decisión  se  concluyó  que  ÓSCAR  GUILLERMO  SÁNCHEZ  tenía  mando  en  el  grupo  de  autodefensa,  no  únicamente  respecto de las  finanzas,   sino   para   disponer  la  muerte  de  personas  como  José          Yorledy          González         López.   

          Considera  que  tal  afirmación  fue  producto  de  tergiversar los  testimonios     de     Pablo     Hernán     Sierra  García y Fabio César Mejía  Correa,   amén   de   omitir  las  declaraciones  de  Euridice    Cortés    y  Luis  Ariofo  Martínez, pues  los  dos  primeros  dijeron  que  Don Mario  era  el  jefe de finanzas y de ninguna manera tenía relación con  los  homicidios,  además  de  no  tener mando para disponer la muerte de alguna  persona.   

Por  su  parte,  aduce  que  los  otros  dos  declarantes  corroboran  que  el  acusado se ocupaba únicamente de las finanzas  del   grupo   ilegal,   y   era   Alberto  quien  se  encargaba de los homicidios, y no podía dar órdenes a  alias  Víctor  para  causar  muertes,  pues  no  podía  saltarse  el  conducto  regular en la organización,  pruebas   omitidas   por   el   ad   quem.   

3.                Tercera      censura:      Falso  raciocinio     

          Luego  de  recordar que en el fallo atacado se otorga credibilidad a  Carlos    Enrique    Vélez    Ramírez,  alias  Víctor,  al   declarar   que   fue  ÓSCAR  GUILLERMO  SÁNCHEZ  MÚNERA,    alias    Don  Mario,  quien  le dio la orden de matar a José   Yorledy   González,  la  censora  manifiesta  que  la  relación  entre  aquél  y su asistido era conflictiva, al  punto  que  en  la indagatoria declaró que se trata de una venganza pues cuando  Víctor  perdió su libertad  le solicitó dinero y él no le colaboró.   

También  afirma  que  tales  desavenencias  fueron  confirmadas  por  otros  miembros  de  la  organización  criminal  como  Pablo  Hernán  Sierra  García,  Fabio  César Mejía  Correa,     Euridice    Cortés    y    Luis  Ariolfo  Martínez, con mayor razón  si  en  el  mismo  fallo  confutado  se  reconoce  que pudo existir un ánimo de  venganza   o   animadversión  de  Víctor hacia el procesado.   

          Advera  que  el  Tribunal desconoció “la  regla  del  sentido  común  según  la  cual  entre  los  enemigos se presentan  contradicciones  que  impiden que una persona que siente rencor por otra, cumpla  sus  deseos  y  órdenes  incondicionalmente”,  pues  “no  resulta  lógico  que  una  persona  con ánimo  vindicativo  reconozca  la  autoridad  de su contendor. Menos aún, cuando, como  quedó  demostrado en este caso, el señor ÓSCAR GUILLERMO SÁNCHEZ MÚNERA, no  tenía  la  jerarquía  suficiente  dentro  del  frente  Cacique  Pipintá de la  autodefensas para ordenar homicidios”.   

          Plantea  que  de  no haber sido por el yerro en la regla del sentido  común,   el   Tribunal  habría  concluido  que  los  señalamientos  de  alias  Víctor a su procurado no son  ciertos,  pues  fueron  producto  de  la  venganza y los conflictos que tenían.   

          Finalmente  anota  que  se aplicó indebidamente el artículo 29 del  estatuto  penal  referido  a la coautoría, así como el artículo 232 de la Ley  600  de  2000 y se impone aplicar el principio in dubio  pro  reo,  dado  que  “las  pruebas  obrantes  en  el  proceso  generan serias e insalvables dudas sobre esa  situación”.   

          Con  base  en lo expuesto, la demandante solicita a la Sala casar el  fallo  atacado,  para  en  su  lugar  dictar sentencia de reemplazo de carácter  absolutorio  en  favor  de  ÓSCAR  GUILLERMO SÁNCHEZ  MÚNERA.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Tiene suficientemente sentado la Colegiatura  que  en  el  cometido  de  examinar  los  libelos  casacionales es de su resorte  funcional  constatar que los recurrentes formulen los reparos de conformidad con  las  exigencias de crítica lógica y suficiente argumentación definidas por el  legislador  y  desarrolladas  por la jurisprudencia, con el propósito de evitar  que  esta impugnación se convierta en una instancia adicional a las ordinarias.  Dichos  requisitos  pretenden  conseguir  demandas  presentadas  dentro  de unos  mínimos  lógicos  y  de  coherencia  en la postulación y sustentación de los  cargos  propuestos,  de  manera  que  resulten inteligibles en cuanto precisos y  claros,  pues  no  corresponde  a  la Sala en su función constitucional y legal  develar  o  desentrañar  el sentido de confusas, ambivalentes o contradictorias  alegaciones de los impugnantes en esta sede.   

Además, de conformidad con el artículo 213  de  la  Ley  600 de 2000, “si el demandante carece de  interés  o  la  demanda  no reúne los requisitos se  inadmitirá” (subrayas fuera de texto).   

Una  vez advertido lo anterior se tiene, que  de  manera  conjunta  encuentra la Sala que la defensora propone tres cargos por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  denunciando  falsos  juicios de  existencia    por    omisión,    falsos   juicios   de   identidad   y   falsos  raciocinios.   

Sobre el particular se advierte con relación  a  las  tres  censuras  referidas,  la  ausencia  de  un criterio específico de  selección,  en  cuanto  no  indica  cuál es principal y cuáles son de índole  subsidiaria,  así como su falta de articulación, motivo por el cual se observa  que  cada uno de los reparos carece de aptitud suficiente para de manera insular  derruir  la  presunción  de acierto y legalidad del fallo, dado que, en caso de  prosperar,   subsistirían  otros  soportes  de  la  decisión  atacada  que  la  mantendrían  incólume,  circunstancia  que denota la autónoma intrascendencia  de  los  cargos, como que debieron ser propuestos de manera conjunta y sin dejar  apartes capaces de cimentar las conclusiones de la providencia.   

En tal caso, correspondía a la recurrente no  proponer  varios  cargos  independientes, sino un único reproche con fundamento  en  la  causal  primera  de  casación,  cuerpo segundo, esto es, por violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  derivada  de  errores  por  falso  juicio de  existencia  por  omisión,  falso  juicio  de  identidad  y falso raciocinio, es  decir,  por  yerros  de  hecho  en  punto de la apreciación de las pruebas, los  cuales    confluyen,   en   su   criterio,   en   el   quebranto   de   la   ley  sustancial.   

          Como  ya  ha  tenido  oportunidad  de resaltarlo la Corporación, es  frecuente   que  se  confundan  los  cargos,  reparos,  reproches        o  censuras  con  los  errores  o    yerros      y,      por     ejemplo,     se     propongan     –   como  en  este  caso  –   varios   reparos   por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial, cada uno fundado en un yerro propio de dicha  causal  y  todos  en  procura  del mismo cometido, sin tener en cuenta que de no  formularlos   en  forma  articulada  y  conjunta,  individualmente  considerados  carecen  de  aptitud  suficiente  para  de manera insular derruir el fallo, dado  que,  en caso de prosperar, subsistirían otros soportes de la decisión atacada  que  la  mantendrían  indemne,  circunstancia que denota intrascendencia de los  cargos1     y     falta     de     técnica2.   

Rememora la Sala que en el rito casacional es  posible  plantear  varios  errores  de  igual o diversa naturaleza dentro de una  censura  o  cargo, siempre que entre ellos no haya contradicción. Así pues, no  podría  invocarse  simultáneamente  dentro  de un reproche, un falso juicio de  existencia  por  omisión  de determinado medio probatorio, y a la par, respecto  de  esa  misma  prueba  postular un falso juicio de identidad por cercenamiento,  pues  o  el  medio  de convicción fue marginado, o fue mutilado, circunstancias  sustancialmente diversas y excluyentes.   

También  resulta contrario a la técnica de  este  recurso  extraordinario  que  dentro  del  mismo  cargo se invoquen varias  causales            de           casación3,  como cuando sincrónicamente  se  denuncia la violación directa e indirecta de la ley sustancial, pues en tal  caso  se quebranta el principio de autonomía de las causales, según el cual, a  cada  una  de  ellas  corresponde  un  objeto y un discurso que les son propios,  máxime  cuando  la  primera  tiene  por objeto una problemática exclusivamente  jurídico  –  conceptual,  mientras  que  la  segunda  se  perfila  hacia  la  indebida ponderación de las  pruebas.   

Es  oportuno  señalar  que  con base en una  misma   causal   pueden   edificarse   varios  cargos,  como  cuando  ellos  son  excluyentes,  cada  uno  sustentado  en  uno  o más errores no contradictorios.  Piénsese  en  quien invoca dos reproches, ambos bajo la égida de la violación  indirecta  de  la  ley  sustancial;  el primero, sustentado en errores por falso  juicio  de  identidad  y  falso  raciocinio  respecto  de  la  misma prueba para  deprecar  la  declaración  de inocencia del procesado, y el segundo, apoyado en  sendos  falsos  juicios  de existencia sobre dos medios de prueba, en procura de  conseguir  el  reconocimiento  de  un  estado  de  ira e intenso dolor. En estas  hipótesis,  aunque las pretensiones son sustancialmente excluyentes (una en pro  de  la  declaración  de  inocencia,  la  otra en busca de la disminución de la  pena),  procede  de  manera adecuada el actor al proponerlas de manera separada,  en   diversos   cargos   y   colocando  a  la  segunda  como  sucedánea  de  la  primera.   

Efectuadas  las  anteriores  precisiones, es  claro  que  la  demandante  se  sustrae  de  las  exigencias  para acudir a este  mecanismo  de  impugnación  extraordinaria,  pues  como  ya  se  dijo,  propuso  individualmente  tres  especies  de  yerros,  orientados  a  denunciar  el mismo  quebranto        in        iudicando.   

Adicionalmente  se  observa  que  en los dos  primeros  reproches  plantea  un  falso  juicio  de  existencia  por omisión de  pruebas  (la  ampliación de indagatoria de su asistido del 17 de junio de 2011,  y   las   declaraciones   de   Fabio   César  Mejía  Correa,           alias          Jhonatan,           Euridice    Cortés    y    Luis  Ariofo  Martínez),  yerro que tiene  lugar  cuando  pese  a  estar  la  prueba en el diligenciamiento no es objeto de  apreciación  judicial,  caso  en  el  cual  debe  el censor indicar el elemento  probatorio  omitido,  cuál  es  la  información objetivamente suministrada, el  mérito  demostrativo  al  que  se hace acreedor y cómo su estimación conjunta  con  el  resto  de pruebas conduce a trastrocar las conclusiones de la sentencia  impugnada,  labor  que  en este asunto no emprendió la casacionista, pues en su  personal  valoración  del  acervo  probatorio  no  tuvo  en cuenta lo dicho por  Carlos    Enrique    Vélez    Ramírez,  alias  Víctor,  quien  señaló  directamente  y  sin  dubitación  alguna  al procesado como la  persona  que  le  dio la orden de matar a José Yorledy  González  López,  a lo cual procedieron Pocho         y        Fredy,  subalternos  suyos  dentro  de  la  organización  armada  ilegal,  y por ello se sometió a sentencia anticipada al  aceptar la responsabilidad en tal delito.   

          En    su    indagatoria,    alias  Víctor fue  enfático al exponer en forma circunstanciada:   

“A   mí   me  entregaron  el muchacho este (se refiere a José          Yorledy          González         López)  entre  Castilla  y  San  Bartola, me lo  entregó  el  grupo  de  contraguerrilla  Las  Cobras,  perteneciente  al frente  Cacique  Pipintá,  me  entregaron el pelao en horas de la tarde, no recuerdo la  fecha,  ahí  fue  donde  yo  interrogué  al  pelao,  me  dijo  que  él era un  guerrillero  que  se había desertado de la parte de Salamina, que había botado  el  fusil  en  una  cañada.  Yo le dije que fuéramos por el fusil para dejarlo  para  nosotros y ahí fue cuando la llamada de don Mario, para que lo llevaran a  la  finca  Lotaima  que  queda entre Felisa y La Merced. Allá lo interrogó don  Mario   y   el   pelao   dijo   que   no   iba  a  entregar  nada.  Ahí  fue  donde don Mario dio la orden para que lo mataramos, ahí  fue  donde  yo  di  la  orden  a  unos subalternos míos, Pocho y Fredy para que  mataran  a  ese pelao y lo tiraran por esos lados de la  carretera  que  va  para  Filadelfia.  Primero se le pegó un charangazo con una  charanga  calibre  12  y  con  una pistola 9 mm, una Jericó y una 7.65, Pocho y  Fredy  lo  ejecutaron, Fredy era mi conductor y en la camioneta lo bajaron allá  a  la  carretera  de  Filadelfia” (subrayas fuera de  texto).   

          El  2  de  diciembre  de  2010  la  Fiscalía  formuló  cargos para  sentencia   anticipada   a  alias  Víctor,  como  autor  del  delito  de  homicidio  en  persona protegida de  José    Yorledy    González    López, los cuales aceptó.   

          Las razones expuestas bastan para inadmitir el cargo.   

Respecto     de     la    segunda  censura,  en  la  cual plantea un  falso  juicio  de  identidad  por  tergiversación  de  pruebas  (testimonios de  Pablo  Hernán Sierra García  y    Fabio    César    Mejía    Correa),  impera  señalar  que tal error acaece cuando los sentenciadores  al  ponderar  el  medio  probatorio  distorsionaron  su contenido cercenándolo,  adicionándolo  o tergiversándolo, motivo por el cual corresponde al demandante  identificar  a  través  del  cotejo  objetivo  de  lo  dicho  en el elemento de  convicción  y lo asumido en el fallo, el aparte omitido o añadido a la prueba,  los  efectos  producidos  a  partir  de  ello y, lo más importante, cuál es la  trascendencia  de  la  falencia  en la parte resolutiva de la sentencia atacada,  tópico  de  improcedente demostración con el simple planteamiento del criterio  subjetivo  del  recurrente  sobre  la  prueba  cuya tergiversación denuncia, en  cuanto  es  su obligación acreditar materialmente la incidencia del yerro en la  falta  de  aplicación  o  la  aplicación  indebida  de la ley sustancial en el  fallo,  esto  es,  señalar  la modificación sustantiva de la sentencia atacada  con  la  corrección del error y la debida valoración de la prueba, en conjunto  con  las  demás, obligaciones que no fueron asumidas rigurosamente en el libelo  examinado.   

En  efecto,  como  como  ya  se advirtió al  analizar  el reparo anterior, la defensora procedió a analizar aisladamente las  pruebas,  sin  tener  en  cuenta aquellas de gran calado en la construcción del  fallo  de condena, como el testimonio de Carlos Enrique  Vélez      Ramírez,      alias      Víctor, circunstancia que denota falta de  trascendencia  del  planteamiento  e  insuficiencia en su acreditación, todo lo  cual conduce a su inadmisión.   

          En     cuanto     atañe    al    tercer  reproche,  constata  la  Sala que denuncia un error de  hecho  por falso raciocinio, el cual se presenta cuando los falladores derivaron  de  la  prueba deducciones contrarias a los principios de la sana crítica, esto  es,  los  postulados  de  la lógica, las leyes de la ciencia o las reglas de la  experiencia,  caso  en  el cual corresponde al libelista establecer qué dice en  concreto  el  medio  probatorio indebidamente ponderado, qué se infirió de él  en  la  sentencia  atacada, cuál fue el mérito persuasivo otorgado, determinar  el  postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la máxima de experiencia cuyo  contenido   fue   desconocido  en  el  fallo,  debiendo  a  la  par  indicar  su  consideración   correcta,  identificar  la  norma  de  derecho  sustancial  que  indirectamente   resultó   excluida  o  indebidamente  aplicada  y  finalmente,  demostrar  la  trascendencia del error expresando con claridad cuál debe ser la  adecuada  apreciación  de  aquella  prueba,  con la indeclinable obligación de  acreditar  que  la  enmienda  del  yerro  daría  lugar a un fallo esencialmente  diverso  y  favorable  a  los intereses de sus representado, labor no emprendida  adecuadamente por la defensora.   

Así pues, pese a manifestar que el Tribunal  desconoció  “la  regla del sentido común según la  cual  entre  los  enemigos  se  presentan  contradicciones  que  impiden que una  persona   que   siente   rencor   por   otra,   cumpla  sus  deseos  y  órdenes  incondicionalmente”,     pues     “no  resulta lógico que una persona con ánimo vindicativo reconozca  la  autoridad  de  su  contendor.  Menos aún, cuando, como quedó demostrado en  este  caso, el señor ÓSCAR GUILLERMO SÁNCHEZ MÚNERA, no tenía la jerarquía  suficiente  dentro  del  frente Cacique Pipintá de la autodefensas para ordenar  homicidios”, advierte la Colegiatura que no explicó  por  qué  razón  la  invocada  era  una  regla  del  sentido  común  o  de la  experiencia,    de    manera    que    el   planteamiento   resulta   ayuno   de  acreditación.   

Como viene de verse, la libelista olvida que  las  reglas  de  la  experiencia tienen una entidad definida y no corresponden a  simples   percepciones   personales   y   caprichosas   de   quien   demanda  en  casación.   

Al  respecto  ha  dicho la Sala (CSJ. SP, 28  sep. 2006. Rad. 19888):   

“Las reglas de la  experiencia  se  configuran a través de la observación e identificación de un  proceder  generalizado  y  repetitivo  frente  a  circunstancias similares en un  contexto    temporo   –  espacial  determinado. Por ello, tienen pretensiones de universalidad, que sólo  se  exceptúan  frente  a  condiciones especiales que introduzcan cambios en sus  variables  con  virtud  para  desencadenar respuestas diversas a las normalmente  esperadas y predecibles.   

“Así las cosas,  las   reglas   de   la   experiencia   corresponden  al  postulado  ‘siempre o casi siempre que se presenta  A,  entonces,  sucede  B’,  motivo   por  el  cual  permiten  efectuar  pronósticos  y  diagnósticos.  Los  primeros,  referidos a predecir el acontecer que sobrevendrá a la ocurrencia de  una   causa  específica  (prospección)  y  los  segundos,  predicables  de  la  posibilidad  de  establecer  a  partir  de la observación de un suceso final su  causa eficiente (retrospección)”.   

          Conforme  a  lo  anterior,  es  claro que la casacionista procede de  manera  impropia  a  cuestionar  el testimonio central de cargo y a enunciar una  supuesta   “regla  del  sentido  común”,  pero  no  explica  por  qué su postulado tiene tal condición  – al punto que lo propone  como  axiomático  – y de  qué  manera  fue  quebrantado  en  forma  trascendente en el proveído atacado,  circunstancia  a  partir  de  la  cual  se establece que su escrito no guarda el  debido  rigor  en  la proposición y desenvolvimiento del reparo, quedándose en  la  simple  exposición  de  su  percepción personalísima sobre el asunto, sin  identificar  los  pilares  de la sentencia y encaminar su esfuerzo argumentativo  demostrativo  a  derruirlos, desentendiéndose de la dual presunción de acierto  y legalidad de la cual se encuentra revestido el fallo.   

          Como  la  impugnante  plantea  la  necesidad de aplicar el principio  in   dubio   pro  reo,  sin  dificultad  se  constata que no atinó a precisar qué elemento de la estructura  óntica  del  delito no encontró acreditación, pues salvo alusiones genéricas  e  imprecisas  a  la  presencia  de  dudas,  no  señaló los aspectos que en el  ámbito  de  la  materialidad del punible o la responsabilidad de su asistido no  arribaron al estado de certeza racional requerido para condenar.   

Adicionalmente,   si  bien  la  demandante  considera  vulnerados  en  forma indirecta los artículo 232 y 238 de la Ley 600  de  2000,  encuentra  la  Sala  que  dichos preceptos no tienen la condición de  sustanciales,  en cuanto no definen conductas delictivas o hacen referencia a la  punibilidad  o  a  la responsabilidad, sino que sólo tienen la virtud de servir  como  medio  o  instrumento  para  arribar  a  los  fines  de  las disposiciones  sustantivas,  equívoco  que  se  desentiende  de  la preceptiva contenida en el  numeral  1º  del  artículo  207  de  la referida normativa procesal, según la  cual,  la  casación procede “cuando la sentencia sea  violatoria     de     una    norma    de    derecho  sustancial”   (subrayas  fuera  de  texto),  cuya cita resulta inexcusable (numeral 3º del artículo 212  ejusdem), razón de más para  advertir  incorrecciones  lógicas  y de fundamentación en la presentación del  libelo.   

Las  mencionadas  falencias  en el discurrir  de  la defensora imposibilitan a la Sala acometer el estudio de la demanda, pues  si  no  se  trata  de  un alegato de libre factura, su presentación con base en  análisis  probatorios  fragmentarios  e  indemostrados,  y  sin  atenerse a las  reglas  lógicas  y  argumentativas  que la gobiernan, obliga a la Colegiatura a  inadmitirla  de  acuerdo  con  lo dispuesto en el artículo 213 de la Ley 600 de  2000,   pues  en  virtud  del  principio  de  limitación  propio  del  trámite  casacional,   la   Corte   no   se   encuentra  facultada  para  enmendar  tales  incorrecciones.   

         Para   concluir   es   necesario   señalar  que  no  se  observa  dentro  del  trámite  o en el fallo objeto del recurso,  violación    de    derechos    o   garantías   del  acusado, como para que tal circunstancia impusiera el  ejercicio  de  la  facultad  oficiosa  que  sobre  el  particular le confiere el  legislador  a  la  Corte  en  punto  de  asegurar  su  protección.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR el libelo  casacional  presentado por el defensor de ÓSCAR   GUILLERMO  SÁNCHEZ  MÚNERA,  de  acuerdo     con     las     razones    expuestas    en    las    consideraciones  precedentes.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  187  del  Código  de  Procedimiento  Penal, contra este proveído no  procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA     DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Cfr.  Auto del 9 de noviembre de 2009. Rad. 32244.   

2 Cfr.  Sentencia del 26 de enero de 2011. Rad. 31021.   

3 Cfr.  Auto del 3 de diciembre de 2009. Rad. 32984.     

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