AP6278-2015(45473)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Magistrado ponente  

AP 6278-2015  

Radicación N° 45473  

(Aprobado  Acta No.  380)   

Bogotá  D.C., octubre veintiocho (28) de dos  mil quince (2015).   

VISTOS  

Aborda la Sala el estudio de admisibilidad de  la  demanda  de  casación presentada por el defensor del procesado DANIEL  IGNACIO GONZÁLEZ HINCAPIÉ contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por  el  Tribunal  Superior de  Cundinamarca  el 25 de septiembre de 2014, por cuyo medio revocó la absolutoria  dictada  el  30  de septiembre de 2013 por el Juzgado Primero Penal del Circuito  de  Soacha  para, en su lugar, condenar al mencionado por el delito de homicidio  en    la    persona    de   Erick   Iovanny   Torres  Fino.     

  HECHOS   Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

Los  primeros  fueron  declarados  por  los  juzgadores de instancia, de la siguiente forma:     

El  amanecer  del  25 de diciembre de 2010,  culminando  la  festividad  de  noche buena, un grupo de personas conocidas como  los  “paisas”, quienes participaban de un asado, celebrando y departiendo en una  de  las  calles  del  barrio Pablo Neruda de Sibaté (Cundinamarca), y entre los  cuales  se  encontraba el señor DANIEL IGNACIO GONZÁLEZ HINCAPIÉ,  tuvieron  una confrontación con Erick  Giovanni  (sic)  Torres  Fino  y otras personas que lo acompañaban, misma (sic)  que  de  las  agresiones  verbales pasaron a las vías de hecho, y como trágico  resultado  culminó  con  la  muerte  de  este  último  a  causa de lesión con  elemento corto punzante a la altura del corazón.   

Los hechos anteriores sirvieron de base para  que  el  17  de  abril  de  2012,  ante  un juzgado de control de garantías, se  llevara  a cabo audiencia preliminar concentrada durante la cual se legalizó la  captura     de     DANIEL     IGNACIO    GONZÁLEZ  HINCAPIÉ,  la  Fiscalía  formuló  imputación en su  contra   por  el  delito  de  homicidio  agravado  y  se  le  impuso  medida  de  aseguramiento  en  establecimiento  carcelario. El imputado no aceptó el cargo.   

El  17  de  mayo  siguiente,  el ente fiscal  radicó  escrito  de acusación en contra de GONZÁLEZ  HINCAPIÉ  como  presunto autor responsable del delito  de homicidio agravado (arts.  103  y  104-7  del C.P.), el cual ratificó durante la audiencia de formulación  de  acusación  celebrada  el 20 de junio ulterior ante el Juzgado Primero Penal  del Circuito de Soacha.   

Dicho despacho judicial, una vez realizó las  audiencias  preparatoria  y  de juicio oral, profirió sentencia de primer nivel  el   30   de   septiembre   de   2013,   a  través  de  la  cual  absolvió  al  acusado.   

   Contra esta determinación interpuso  recurso  de  apelación  el representante de la Fiscalía, siendo resuelto el 25  de  septiembre  de 2014 por el Tribunal de Cundinamarca en sentido de revocar la  absolución  y, en su lugar, condenar a DANIEL IGNACIO  GONZÁLEZ  HINCAPIÉ  a la pena principal de doscientos  ocho  (208)  meses  de  prisión  y  a  la  accesoria  de  inhabilitación en el  ejercicio   de   derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  término  al  encontrarlo    autor    penalmente   responsable   del   delito   de   homicidio  simple.   

En  la  misma  decisión  dispuso  negar  al  sentenciado  el  subrogado  de la suspensión condicional de la ejecución de la  pena y el sustitutivo de la prisión domiciliaria.   

Inconforme   con   lo   resuelto   por  el  ad  quem, el defensor   del   procesado,   de  forma  exclusiva,  promovió  recurso  extraordinario  de  casación,  mediante  libelo  allegado oportunamente, cuya admisibilidad estudia  la Sala en este proveído.   

LA DEMANDA  

Formula dos cargos contra el fallo impugnado:  el  primero  de  ellos,  por  violación  indirecta  de  la ley sustancial y, el  segundo,    por    violación   directa.   Los   reparos   son   del   siguiente  tenor:   

En     el  primero,  indica  el  actor  que se incurrió en falso  juicio  de identidad “ya que por un lado adicionó a  la  expresión  fáctica  de  los  testimonios  aportados  por  el ente acusador  además  de  que  con  esto  también  distorsionó  su  contenido  (sic). Vicio de juicio que, a su vez, dio  lugar  a  la aplicación indebida de varias normas sustanciales (falso juicio de  selección)”.   

Lo  anterior,  señala,  debido  a  que  el  Tribunal  al  valorar  los testimonios de Marco Torres  Ortiz,    Amaly    Ortiz   y   el   menor  G.T.O., en su orden, hermano, compañera  e  hijo  del occiso, los tergiversó cuando sostuvo que conocían previamente al  procesado.   

Así,  frente  a  lo  expuesto  por  los dos  primeros,  porque  expresamente advirtieron que no lo conocían, mientras que el  último,  al  ser indagado por la descripción física de la persona que ultimó  a  su  progenitor,  adujo  textualmente  “como se va a  acordar  de  cómo  era  dicha  persona”, negándose a  responder la pregunta.   

Tal  situación, advera el recurrente, tiene  repercusión  en  la  declaración  de  justicia contenida en el fallo impugnado  porque    si    bien   el   ad   quem   reconoce  que  los  testigos  en  mención  incurrieron  en  algunas  imprecisiones  sobre  circunstancias  de  los  hechos, concluye que “fueron  enfáticos,  claros y coincidentes en afirmar que fue el  aquí  acusado,  a  quien  además  conocían  con  anterioridad” el  autor  del hecho delictivo, “lo cual  como  ya  se evidenció, no es cierto, y como consecuencia de dicho desafuero mi  defendido  puede  verse  abocado  a  ser  privado  de  su  libertad  por  la  no  insignificante  pena  de  208  meses de prisión”, en  violación  del principio in dubio pro reo.   

Por  lo  expuesto,  depreca  casar  el fallo  impugnado y, en su lugar, absolver a su prohijado.   

En     el  segundo, por su parte, acude a la causal de violación  directa   de   la  ley  sustancial  “por  falta  de  aplicación  de  una  norma  del  bloque de constitucionalidad, constitucional o  legal,  llamada  a  regular  el  caso”, aludiendo al  principio  in dubio pro reo,  el  cual, señala, no fue desvirtuado “por razón de  la   ‘concurrencia  de  poderosos    factores   de   hesitación   que   impiden   extraer   inferencias  incontrarrestables!!!…”,   en   detrimento,  así  mismo,  de  la  garantía  constitucional  de la presunción de inocencia, sobre  cuya naturaleza y alcance diserta ampliamente.   

Para  el  actor,  entonces,  el ad  quem  incurrió en falso juicio sobre  la  existencia  de  la  norma al no absolver a su defendido dando aplicación al  principio    in    dubio    pro    reo.   Al tiempo, afirma en seguida, en falso juicio de selección  al  aplicar  los  artículos 103 de la Ley 599 de 2000 que tipifica el delito de  homicidio  y  al  dejar de hacerlo respecto de los artículos 29 y 7 de la misma  codificación,   reguladoras   del  derecho  fundamental  a  la  presunción  de  inocencia.   

De  la  misma  forma,  añade,  aplicó  indebidamente  el  artículo  232 del estatuto ritual, que  manda  que  ‘no se podrá  dictar  sentencia  condenatoria sin que obre en el proceso prueba que conduzca a  la  certeza  del hecho punible y de la responsabilidad del procesado’…” y los  artículos   103;   43,  que  enumera  las  penas  privativas  de otros derechos; 44,  regulador  de la sanción accesoria de inhabilitación  en   el   ejercicio   de   derechos  y  funciones  públicas  y  52,  todos  del  “ordenamiento jurídicopenal”.   

En  virtud,  dice,  de  los  “errores  in  judicando”   aludidos,   es   necesario  casar  el  fallo,  pues  “la  sentencia  de  segunda  instancia  debe  ser calificada como  injusta”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

La Ley 906 de 2004 amplió la cobertura para  acceder  al recurso de casación en tanto que, a diferencia de los ordenamientos  procesales  precedentes,  es  viable  contra  todo tipo de sentencias de segunda  instancia   “en   los   procesos  adelantados  por  delitos”,  sin  que  obre restricción alguna en relación con la autoridad que  la     profiere,     y     eliminarse     la    exigencia    del    quantum  de pena del delito, pero ello no  significa  que  quien  acuda  a  este  medio  de  impugnación  esté  exento de  satisfacer    una   serie   de   requisitos   técnico   jurídicos   de   orden  argumentativo.   

Así, de conformidad con los artículos 183,  modificado  por  el 98 de la Ley 1395 de 2010, y 184 de dicha normatividad, para  que  la  demanda  sea  admitida  es  preciso  acreditar  interés para impugnar,  señalar  la  causal,  desarrollar  los  cargos  de  sustentación del recurso y  demostrar  la  necesidad del fallo de casación en aras de cristalizar alguno de  los  fines  establecidos  para  el recurso en el artículo 180, siendo estos, la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y la  unificación de la jurisprudencia.   

          En   la   demanda,   ha   dicho  la  Sala  de  manera  reiterada  en  correspondencia  con  los preceptos legales referidos, el actor debe sujetarse a  un  rigor  argumental,  en  tanto  la  propuesta  debe ser concisa, suficiente y  clara,  pues  no  le  corresponde,  dado  el  carácter eminentemente rogado del  recurso,     ocuparse    de    confusos,    ambivalentes    e    intrascendentes  planteamientos.   

A  continuación  se  verá  cómo  las  dos  censuras   contenidas   en  el  libelo  sometido  a  estudio  no  cumplen  tales  exigencias, motivo por el cual se inadmitirá.   

Así,    para    empezar,   en  lo que concierne al primer cargo porque  la  argumentación  carece  de una sustentación suficiente, pues en el acápite  específico  se  circunscribe a exponer la incorrección probatoria que atribuye  al   fallo  pero  no  explaya  en  punto  de  su  incidencia  frente  a  la  ley  sustancial.   

Ciertamente,  en  la  propuesta  el actor se  sustrae  totalmente  a  demostrar  cómo  por  razón  del error de apreciación  probatoria  se  transgredió  una  ley  de tal índole, con lo cual deja a medio  camino  su  disertación.  Sobre el particular, apenas señala que se configuró  un  “vicio  de juicio que, a su vez, dio lugar a la  aplicación   indebida   de   varias   normas   sustanciales  (falso  juicio  de  selección)”  pero nunca, se insiste, al interior de  la censura indica cuáles en concreto y mucho menos por qué.   

Ahora  bien,  la Sala no se sustrae a que en  apartado  previo  al  planteamiento  de  los  reparos contra el fallo impugnado,  rotulado  como  “capítulo preliminar: la violación  de   una  garantía  fundamental:  la  presunción  de  inocencia”,  el  demandante  discurre  ampliamente  sobre dicho apotegma, así  como   en   torno  al  principio  in  dubio  pro  reo  que  se  deriva de él, pero sin entrelazar claramente  el  discurso  con  el  yerro  valorativo  de la prueba que en capítulo ulterior  instaura,  como lo exige una adecuada demostración de la causal que invoca como  única forma de conseguir el resquebrajamiento del fallo impugnado.   

El  desatino  llega  a  tal  extremo  que el  enfoque  de  ese  discurso  previo  parece  estar más orientado a evidenciar el  cumplimiento   de   los   presupuestos  para  franquear  el  acceso  al  recurso  extraordinario  por  vía  de  la  casación  excepcional, como lo pregona en el  acápite    segundo    de   ese   mismo   apartado1,   desconociendo   que   tal  modalidad  es  propia de la Ley 600 de 2000 y no de la 906 de 2004, esta última  por  la cual se ha tramitado este asunto. De cualquier forma, una argumentación  de  ese  orden resulta útil a efectos de evidenciar la necesidad del fallo a la  luz  de  los  fines  que  rigen  el  recurso a los cuales se hizo referencia con  antelación,  cuya  verificación  resulta  imprescindible para la admisión del  recurso, conforme lo establecen las normas ya citadas.   

Empero, aún si con gran laxitud se admitiera  que  el  actor  articula  el  yerro  probatorio  con  la afectación del derecho  sustancial,  resulta  diáfano  que  su  propuesta  es  intrascendente,  pues no  bastaba  para  destronar la credibilidad que el a quem  otorgó    a   los   testimonios   de   Marco  Torres  Ortiz,  Amaly  Ortiz  y el  menor   G.T.O.,   hermano,  compañera  e  hijo, respectivamente, del occiso Erick  Iovanny  Torres Fino, con centrarse de manera exclusiva  en  la  afirmación  de  dicho juzgador en el sentido de que fortalecía su alto  grado  de  convicción  el  hecho  de  que  conocían  al  acusado,  cuando  esa  ponderación derivó de múltiples aspectos.   

Así,   porque   para   el   ad  quem  no  aflora  ningún  motivo  de  animadversión  de  los familiares de la víctima en contra del justiciable como  para   haberle   endilgado   injustamente   responsabilidad   en  el  homicidio,  razonamiento  que  incluso  se  fortalece  si  en  verdad  se  acepta  que no lo  conocían  previamente  y  pese  a  ello  lo señalan directamente al momento de  rendir  su  declaración  en  el  juicio  oral  como  el  autor  de la agresión  letal.   

Además,  alude  el Tribunal “si  se  tratara  de  inculpar  a  alguna  persona sólo para que la  muerte  violenta  de  Erikc  Iovanni  no  quedara  impune,  como  lo anunció la  defensa,    lo    hubieran    hecho    en    contra    del    tal   ‘Mario’,  con  quien  se  afirma  que Marcos  Torres  tuvo  el  inicial  problema, y que además supuestamente tendría algún  amorío  con  la  esposa  de  éste,  pero  no frente a una persona con quien no  tenían  ninguna diferencia previa como lo era el acusado, de tal manera, que su  incriminación  se  presenta  como  el  reflejo  fiel y objetivo de lo realmente  acontecido”2.   

Igualmente, porque ninguno de los testigos de  la  defensa (Carlos Andrés Sánchez Quintero, Gonzalo  Alberto  Cadavid  Serna,  Jesica  Natalia  Muñoz Granda y Juliana Andrea Muñoz  Granda),  a  pesar de ser contestes en señalar que el  incriminado  no  fue  el autor de la muerte, logra desvirtuar el gran peso de la  incriminación,  pues  su  percepción  de  los hechos no fue la mejor como para  lanzar  ese  juicio  categórico  de  irresponsabilidad,  amén  de  la falta de  sincronía   entre   sus   dichos,  como  in  extenso  lo    adujo    el    ad  quem3;  tampoco  así,  de  lo  narrado  por  la  deponente  Sixta    Tulia    Sandoval.             

Es  decir  que,  de  cara a derruir la doble  presunción  de  acierto  y  legalidad de la sentencia confutada, el actor no ha  debido  centrarse  en  tan  solo  uno  de los aspectos que condujo al fallador a  otorgarle  crédito  a  los testimonios de la Fiscalía, sino que necesariamente  ha  debido  involucrarlos  todos,  a  riesgo,  como finalmente sucede, de tornar  inane su pretensión.   

Las  falencias de argumentación reseñadas,  determinan la inadmisión de esta censura.   

Más   desafortunado  es  el  segundo  cargo del libelo postulado bajo la  égida  de  la  causal  de  violación  directa de la ley sustancial, porque, en  esencia, no contiene ningún desarrollo.   

En efecto, el demandante se limita a asentir  que  se  dejaron  de  aplicar  los  principios  de  presunción  de  inocencia e  in dubio pro reo en favor de  su  patrocinado,  a  partir  de  conceptos  generales  de  la  doctrina  o de la  jurisprudencia   acerca   de   su   naturaleza,  pero  sin  aducir  las  razones  específicas  por  las  cuales  llega  esa  conclusión,  incurriendo así en la  denominada   falacia   argumentativa  de  petición  de  principio  al  dar  por  demostrado  lo  que  precisamente  ha  debido  evidenciar,  imperativo  de mayor  exigencia   en   esta   sede   atendido   el  carácter  rogado  de  este  medio  extraordinario de impugnación.   

Quizás,  como  se  podría  inferir  de  su  propuesta,  su  objetivo  era  integrar  a esta censura el fundamento del reparo  anterior;  así, vbg. al haber citado como norma desconocida el artículo 232 de  la  Ley  600  de 2000, cuyo contenido es probatorio, pero que, dicha sea de paso  es  inaplicable a este asunto regido por la 906 de 2004. De cualquier forma, una  tal  pretensión  se tornaría contradictoria por reñir con la esencia misma de  la causal pretextada.   

Ciertamente,  conforme  lo  ha  señalado de  forma  reiterada la Sala, en atención a la naturaleza de este motivo casacional  es  preciso  sujetarse a los fundamentos fácticos y probatorios de la decisión  impugnada  como  quiera  que el error se contrae a un debate puramente jurídico  que  deviene  de  la  falta  de aplicación (no se selecciona la norma llamada a  regular  el caso), de su aplicación indebida (se escoge para solucionar el caso  una  preceptiva  que  no es atinente) o de su interpretación errónea (en donde  si   bien   se   selecciona   la  normativa  correctamente,  se  le  otorga  una  hermenéutica equivocada).   

De  modo que, aun cuando esta causal también  recae  en  la vulneración de preceptos sustanciales, no guarda relación con la  crítica  fundada  en  la  incorrecta  apreciación  de las probanzas, cuya vía  expedita  en  sede  del  recurso  extraordinario  de  casación es la violación  indirecta  de la ley sustancial, contemplada en el numeral tercero del artículo  181  de la Ley 906 de 2004 (reparo instaurado por el actor en el reparo previo),  a  condición  de  demostrar  que el fallador incurrió en errores de hecho o de  derecho,  los  primeros producto de falsos juicios de existencia, de identidad o  raciocinio  y,  los  segundos, por los llamados falsos juicios de legalidad o de  convicción,  que  a su vez generan violación de la ley sustancial, bien porque  el  precepto aplicado no debió serlo o en cuanto se dejó de aplicar el llamado  a regular el caso.    

En virtud de la disímil esencia entre las dos  causales  aludidas,  se  colige  también que son excluyentes y, por ende, deben  ser  formuladas  a  través  de  reparos  independientes con el fin de evitar la  vulneración  de  postulados  regentes de la materia casacional, como son los de  autonomía  y no contradicción, consagrados en procura de preservar la claridad  y  concisión que debe evidenciar la demanda con miras a su admisión y estudio.   

Como  si  lo  anterior  fuera poco, el actor  igualmente  desatiende  que,  según lo tiene sentado esta Colegiatura en virtud  de  la  esencia  misma  de  este motivo casacional (violación directa de la ley  sustancial),  para  que se estructure frente a la transgresión del principio de  presunción  de  inocencia  por desconocimiento del in  dubio  pro  reo  es  preciso acreditar que el fallador  reconoció  en  las  consideraciones  de la providencia atacada la existencia de  dudas  trascendentes  de  imposible  eliminación  sobre  la  materialidad de la  conducta  o  la  responsabilidad  del  procesado  y  que, pese a ello, profirió  sentencia  de  condena  con  exclusión evidente de las normas que regulan dicho  fenómeno,   cuando   le  correspondía,  en  consonancia  con  su  exposición,  absolver.   

Empero,  sin  dificultad alguna se evidencia  que  el  Tribunal  nunca  reconoció  dicho  estado  de duda probatoria y en tal  dirección  no basta con que se haya aludido en relación con los testimonios de  los   referidos   familiares   del   occiso   que   incurrían  en  “algunas  imprecisiones  en  torno  a puntuales circunstancias de  los  hechos”,  las  cuales incluso  procedió a  destacar4,  pues en lo sucesivo expone con amplitud  las  razones, atrás referidas, que lo condujeron a, no obstante tales defectos,  otorgarles  credibilidad en tanto señalaron de forma inequívoca a DANIEL  IGNACIO  GONZÁLEZ  HINCAPIÉ  de  haber  sido  el  autor  del homicidio de Erick Iovanny  Torres Fino.   

Por  lo  expuesto,  esta censura también se  inadmitirá.   

En consideración a las falencias advertidas,  las  cuales  no  pueden  ser  subsanadas  por la Sala en virtud del principio de  limitación  que  regenta  este  medio  extraordinario  de impugnación, deviene  forzosa  la inadmisión del libelo, con sujeción a lo  normado  en los aludidos artículos 183 y 184 de la Ley  906  de  2004,  debiendo enfatizar la Sala que ni del contenido de la demanda ni  de  la  revisión  del  proceso  surge la necesidad de superar tales defectos en  procura  de  cumplir alguno de los fines del recurso extraordinario previstos en  el  artículo  180  ibídem o  que haga imprescindible activar la casación oficiosa.    

Por  último, en tanto contra esta decisión  procede  el  mecanismo  de  insistencia  de conformidad con lo establecido en el  último  artículo  referido,  impera  precisar  que  como dicha legislación no  regula  el  trámite  a  seguir  para  aplicar  el  referido instituto procesal,  habrán  de  acatarse  las  reglas fijadas por la Sala en tal sentido (CSJ AP 12  dic. 2005, rad. 24322 y CSJ AP 25 jun. 2014, rad. 42597).   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

          INADMITIR   la   demanda   de   casación  presentada   por   el   defensor  de  DANIEL  IGNACIO  GONZÁLEZ  HINCAPIÉ, por las razones consignadas en la  anterior motivación.   

De conformidad con lo dispuesto en el inciso  segundo  del  artículo  184  de  la  Ley  906 de  2004 y, en los términos  referidos  en  el  acápite  final de esta determinación, contra esta decisión  procede la insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

           

1 Pág.  29 de la demanda.   

2 Pág.  10 del fallo de segundo grado.   

3  A  partir       pág.      10      ídem.   

4 Pág.  9 ejusdem.     

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