AP5875-2016(45326)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

Magistrada ponente  

AP5875-2016  

Radicación 45326  

(Aprobado Acta n.° 274)  

          Bogotá  D.C.,  agosto treinta y uno (31) de dos mil dieciséis  (2016)   

ASUNTO  

Se  pronuncia la Sala sobre la admisibilidad  de la demanda de casación presentada por el defensor  del  procesado  GONZALO  RODRÍGUEZ,  contra  el  fallo de segunda instancia que  profiriera  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial de Bogotá, el 27 de  agosto  de  2014,  mediante  el cual confirmó la sentencia condenatoria emitida  por   el   Juzgado   Primero   Penal  del  Circuito  de  Descongestión  de  esa  ciudad.   

ANTECEDENTES:  

    

1. Fácticos     

          La    Superintendencia   de   Servicios   Públicos   Domiciliarios,  suscribió    con    la    empresa   ‘Panamericana               Outsourcing              S.A.’,  el  contrato  n.º  100  de 2006 de  suministro,  en  la  modalidad  de  proveeduría  integral  y/o  outsourcing  de  suministros,  para  que  ésta  le  proveyera  a partir del 21 de junio de 2006,  útiles,  elementos  de  oficina, papelería, insumos para equipos de cómputo y  elementos de aseo y cafetería.   

          El  6  de  diciembre  de  2006 la empresa contratista comunicó a la  Superintendente  de  Servicios  Públicos, la detección de una irregularidad en  el  despacho de mercancía efectuado el 30 de noviembre de ese año, consistente  en  que  un número aproximado de 90 cajas, cada una con 10 resmas de papel, fue  entregado  en  la calle 77 n.º 28-32 (38) de Bogotá, dirección diferente a la  de la Superintendencia.   

          Por  información  que le suministrara a la empresa el conductor del  camión  Armando  Movilla  Losada, se conoció que el cambio de lugar de entrega  fue   coordinado   con   GONZALO   RODRÍGUEZ,   empleado  del  almacén  de  la  Superintendencia,   quien  le  pagó  ‘una  propina’  por  cada  caja  descargada  en  la  citada  dirección  en la que funcionaba la  empresa  ‘Suministros G y  O’  de  propiedad de Omar  Flórez Tundena y Yolanda Galindo Barrios, esposa de RODRÍGUEZ.   

    

1. Procesales     

         

          Adelantada  la  indagación  preliminar,  la Fiscalía 212 Seccional  estableció  la  condición  de  empleado  público  de GONZALO RODRÍGUEZ, como  auxiliar   administrativo   de   la   Superintendencia  de  Servicios  Públicos  Domiciliarios.   

         

          El  17  de  junio  de  2009,  ante  la  Juez  32 Penal Municipal con  Función  de Control de Garantías, se formuló imputación en contra de Armando  Movilla  Losada  y  GONZALO RODRÍGUEZ, a este último, como autor del delito de  peculado  por apropiación (art. 397 inciso 3 del C.P.), con la circunstancia de  mayor    punibilidad   prevista   por   el   numeral   10   del   artículo   58  ibídem.   

          Presentado  el  escrito  de acusación, la correspondiente audiencia  se  realizó  el  31  de octubre de 2011 en el Juzgado 11 Penal del Circuito, en  contra  únicamente  de  GONZALO  RODRÍGUEZ,  debido  a  la  ruptura  de unidad  procesal  generada  por el trámite en curso de un principio de oportunidad para  el  imputado  Armando  Movilla  Losada.  La  Fiscalía  mantuvo  la  imputación  fáctica     y    jurídica    comunicada    en    la    audiencia    preliminar  precedente.   

          El  5  de  marzo de 2012 se adelantó la audiencia preparatoria y el  juicio  oral  se desarrolló los días 3,4 y 5 de octubre de ese año y el 28 de  febrero  de  2013. Proferido el sentido del fallo -condenatorio-, se dio curso a  la audiencia prevista en el artículo 447 de la Ley 906 de 2004.   

El  Juzgado de descongestión Primero Penal  del  Circuito  de  Bogotá,  en  sentencia  del 14 de febrero de 2014, tomó las  siguientes decisiones:   

Declaró  penalmente  responsable a GONZALO  RODRÍGUEZ  del  delito  de  peculado  por  apropiación  (art. 397 inciso 3 del  Código  Penal)  y  le  reconoció la rebaja de pena prevista en el inciso 2 del  artículo  401  ibídem,  en cuanto el acusado consignó la suma de $10.509.900,  que  corresponde  al valor de las resmas de papel apropiadas.  Por ello, le  impuso  las penas de 62 meses de prisión, multa de $7.060.600 e inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por un término igual al de  la  prisión.  Además,  le negó la suspensión condicional de la ejecución de  la pena y la prisión domiciliaria.   

El  fallo  de primera instancia fue apelado  por  el  defensor  y  confirmado  por  una  Sala de decisión Penal del Tribunal  Superior  de  Bogotá,  mediante proveído del 27 de agosto de 2014.   

         Contra  la  anterior  decisión,  el  defensor presentó demanda de  casación.   

LA DEMANDA  

         Violación indirecta de la ley sustancial   

El  demandante  postula  dos cargos bajo la  égida  de  la causal de casación consagrada en el artículo 181, numeral 3, de  la Ley 906 de 2004.   

Primer  cargo.  Error  de  hecho  por falso  raciocinio   

Señala  el  demandante,  que  el  fallador  incurrió    en   un   error   al   confundir   «el  contenido,  los  efectos y  las  responsabilidades  penales asociadas a la ejecución irregular del contrato  estatal  100  de 2006, firmado bajo el esquema atípico de Proveeduría Integral  u  Outsourcing  de  Suministros,  con  el contenido, efectos y responsabilidades  penales  vinculadas  a  la ejecución irregular de un contrato estatal típico y  normal de suministros».   

A    partir   de   dicha   ‘confusión’,  se  profirió  un fallo ilegal por  derivarse  de  un  error  de  hecho por falso raciocinio en la valoración de la  prueba,  resultante de una transgresión a las reglas de la sana crítica, en su  componente    de   respeto   a   las   leyes   de   la   ciencia,   «concretamente  las de la administración pública y contratación  estatal»  que  imponen  diferenciar  los  contratos  típicos de aquéllos que no lo son.   

Indica,  además,  que las características  del  contrato  de  suministro  bajo  la  modalidad  de outsourcing, condujo a la  Superintendencia  de  Servicios  Públicos  a  realizar  profundos cambios, como  «la   privatización  de  sus     almacenes    e    inventarios.»¸ así como  en  los reglamentos y manuales de funciones, razones por las cuales, el área de  almacén  no  volvió  a  recibir mercancías, pues estas, con excepción de las  tintas  para impresora, eran requeridas directamente por la dependencia o centro  de  costos,  a través de las claves y software creados para ese fin, sin que el  procesado   tuviera  como  función  asignada  la  recepción  de  los  insumos.   

Continúa  transcribiendo  apartes  de  la  sentencia  recurrida,  en los que, señala, se evidencian cinco errores producto  de  la  confusión del fallador al no diferenciar que el contrato de outsourcing  de  suministros, difiere de un típico contrato de suministro. En refuerzo de su  postura,  resalta  las  que  denomina  diferencias  en  las  dos  modalidades de  contratación.   

Concluye   afirmando,  que  la  sentencia  fundamentada  en precarias consideraciones de carácter jurídico, estructura un  yerro  trascendente  porque  de  no  haberse  omitido  que  la razón de ser del  contrato  de proveeduría integral u outsourcing de suministros era precisamente  evitar  el  almacenaje  de  mercancías,  y  el  análisis  en  torno  a que las  funciones  previstas  en el manual se encuentran en desuso, no habría llegado a  la  conclusión  de  que  al  acusado  le  correspondía la labor de recibir los  insumos objeto del contrato, verificarlos y distribuirlos.   

Considera, que ante la demostración de que  las  resmas  de papel desviadas no ingresaron a la Superintendencia de Servicios  Públicos  Domiciliarios,  ni  estuvieron por razón u ocasión de las funciones  bajo  la tenencia, administración o custodia de GONZALO RODRÍGUEZ, corresponde  a  la  Corte  casar la sentencia recurrida, para, en su lugar, proferir fallo de  reemplazo  en  sentido  absolutorio,  debido  a  la  atipicidad  del  tipo penal  descrito en el artículo 397 del Código Penal.   

Segundo  cargo.  Error  de  hecho por falso  juicio de identidad «en la valoración de la prueba»   

El  libelista hace consistir el error en la  ‘deformación’  del  testimonio  del  acusado,  en  cuanto  el  Tribunal  entendió  que  lo  dicho por él corrobora que sí tenía  injerencia,  tanto en los pedidos de bienes a la empresa contratista, como en la  recepción  de  ellos,  cuando  lo  realmente probado en el juicio corresponde a  que «a cada Dependencia de  la  superservicios  se le imprimió la calidad de Centro de Costos, y  cada  jefe  de  éstos  se  le  entregó  una  clave  personal  para  hacer  y recibir  directamente  sus  pedidos,  de  los  cuales,  como  es  apenas  obvio se hacía  responsable,  y  todo eso se hacía para evitar el almacén y reducir costos, no  tiene  el  menor  sentido  afirmar…que nuestro prohijado tenía la función de  recibir  y  almacenar  tales  elementos  para  luego distribuirlos las distintas  dependencias…»   

Considera  que  el  Tribunal distorsiona el  dicho  del  procesado,  al  afirmar  que  a éste le correspondía como función  realizar  la  labor de depuración junto con la coordinadora Myriam Cala, con el  fin   de   enviar  esos  listados  a  ‘Panamericana’,  cuando  realmente debió entenderse que GONZALO RODRÍGUEZ, como  simple  auxiliar  administrativo,  actuaba  bajo  la  subordinación de aquella,  quien  fungía  como  coordinadora  del área de almacén e inventarios,  y  por  lo  tanto,  era  ella  quien  posteriormente enviaba el pedido a la empresa  contratista   por   ser   la   única  autorizada  y  con  clave  asignada  para  hacerlo.   

Seguidamente, reprocha el recurrente, que el  Tribunal  hubiera  omitido  valorar la Resolución 20051300005745, de fecha 1 de  abril  de  2005,  referida  a  la cláusula novena del contrato, por medio de la  cual  la  Superintendencia  de  Servicios Públicos Domiciliarios reglamentó la  función  de  supervisión de los negocios jurídicos celebrados por esa entidad  pública.   

Subraya que el procesado no tenía el deber  legal  de supervisar el cumplimiento del contrato, así como tampoco contaba con  formación  profesional,  técnica  o  experiencia en outsourcing, de tal manera  que  su labor se limitaba al cumplimiento de las funciones que corresponden a un  auxiliar administrativo.   

Pasa  a criticar la manera como el Tribunal  distorsionó  el  contenido  del  manual de funciones, cuyo entendimiento errado  condujo  a  aseverar  que  GONZALO RODRIGUEZ tenía asignada la labor de recibir  los  insumos  objeto  del contrato, verificarlos, clasificarlos y distribuirlos,  con  lo  cual,  explica  el recurrente, en el fallo se asumió como atribuciones  del  procesado  «las  Funciones Generales de toda el  Área    Dirección    Administrativa   Almacén   e   Inventarios».   

Agrega, que el fallador de segunda instancia  incurrió  en  un  yerro  adicional, consistente en desconocer que las funciones  del  manual,  tenían  «validez  únicamente  en  el  escenario  institucional  anterior  a  la  firma  del  contrato  de Proveeduría  Integral  u  Outsourcing  de  Suministros,  por eso en el manual de funciones se  habla  de  Áreas  y  no  de  Centros  de  Costos  como  fueron  tipificadas  la  dependencias  de  la  Superservicios  a  partir  del  año 2004…»   

Continúa criticando el que, en su entender,  constituye  mayúsculo  error  del  Tribunal,  pues de haberse comprendido que a  través  del  contrato  de proveeduría integral, se privatizaba la gestión del  almacén  y  de  los inventarios de la superintendencia, circunstancia a la cual  debe  agregarse  que  los  elementos  que  se dicen apropiados (resmas de papel)  nunca  estuvieron  bajo la disponibilidad material o jurídica del acusado, pero  además,  que  el  ente  oficial  no  realizó  erogación alguna para cubrir el  precio  de  los  bienes,  el  fallo hubiera sido de carácter absolutorio por la  ausencia  de  los  requisitos  estructuradores  del  tipo  penal  descrito en el  artículo 397 del Código Penal.   

A  la  par  con  los  anteriores reproches,  asegura  el  demandante  que la intervención de la Corte se hace necesaria para  desarrollar   y   unificar  la  jurisprudencia  en  tanto  se  requiere  que  la  Corporación  «señale  el  rango y contenido de las  responsabilidades  penales  derivadas  de  la  ejecución irregular de contratos  estatales   atípicos,   como   el   de  proveeduría  integral  o  (sic)  outosourcing  de  suministros, de  utilización creciente en Colombia»   

         De  esa  manera,  solicita  a  la Sala de Casación Penal, casar la  sentencia  atacada,  para,  en  su lugar, en fallo de sustitución se absuelva a  GONZALO  RODRÍGUEZ  de  la  comisión  del  delito  por  el  cual fue acusado y  condenado ilegalmente, ante la atipicidad de la conducta.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

         

De  acuerdo  con el art. 184 del Código de  Procedimiento  Penal  de 2004, la admisión de la demanda de casación supone la  debida  presentación,  correspondiendo  al  censor  la obligación de consignar  tanto  las  causales  invocadas, como sus fundamentos. Ello implica acreditar la  afectación      de      derechos     fundamentales  y justificar la necesidad del fallo de casación, de  cara  al  cumplimiento de alguno de sus fines (efectividad del derecho material,  respeto  de  las  garantías  de los intervinientes, reparación de los agravios  inferidos a éstos y unificación de la jurisprudencia).   

               En el mismo sentido, dispone el  inciso  2  de  la  norma  mencionada,  que  el  libelo  se inadmitirá cuando el  demandante  carezca de interés, prescinda de señalar la causal o no desarrolle  adecuadamente   los   cargos  de  sustentación.  Tampoco,  si  se  advierte  la  irrelevancia del fallo para cumplir los propósitos del recurso.   

Tales  exigencias  derivan de la naturaleza  extraordinaria  del recurso de casación, enraizada en la presunción de acierto  y  legalidad  inherente a los fallos de instancia. A partir de esta presunción,  se  asigna  al  censor  la  carga de acreditar que con la sentencia se causó un  agravio,  apoyándose  para ello en las causales taxativamente consagradas en la  ley.   

         Además,  en  conexión  con  la  exigencia  de acreditación de la  afectación  de  derechos  fundamentales, la idoneidad  sustancial  de la demanda significa que sus cargos no  sólo  han  de  estar  debidamente  sustentados desde la perspectiva formal. Los  reproches  deben  ser fundados, esto es, tener aptitud  para  propiciar  la  invalidación  total  o parcial de la sentencia,  en  el entendido que, de no haberse materializado el yerro, otra  habría  sido  la  decisión,  o  mostrarse  idóneos para convocar a la Corte a  asumir  una  postura  jurisprudencial  unificada alrededor del tema debatido, en  cuanto  logren  evidenciar la violación de una norma sustancial o una garantía  procesal.   

Si  la  demanda  incumple  con las aludidas  exigencias   formales   para   estudiarla   de   fondo   o   se   establece   de  entrada  su falta total de  idoneidad,  de cara a los fines inherentes a la casación, la decisión debe ser  la inadmisión.   

         Ahora  bien,  de acuerdo con el artículo 181-3 ídem, la casación  procede  cuando  se  afecten  garantías  fundamentales, producto del manifiesto  desconocimiento  de  las  reglas  de  producción  y  apreciación  de  la prueba sobre la cual se ha fundado  la  sentencia  de  segunda instancia. Allí se encuentra consagrada la modalidad  de  infracción  indirecta  o  mediada  de  la ley sustancial, por errores en la  construcción  de  la  premisa  fáctica del silogismo jurídico.   

Cuando en esta sede se acude a la violación  indirecta   de   la  ley  sustancial,   por   errores   de   hecho  en  las  fases  de observación o valoración de la prueba, ha de  acreditarse  el  desconocimiento  de  una  situación  fáctica,  producto de la  incursión    en    falsos    juicios   de   existencia,   identidad   o   falso  raciocinio.   

«La  primera de  dichas         hipótesis         –falso     juicio    de   existencia-   se  presenta  cuando,  al  proferir  la  sentencia  impugnada,  el  fallador  desconoce  por  completo  el contenido material de una  prueba   debidamente  incorporada  a  la  actuación;  también,  cuando  le  concede valor probatorio a una  que     jamás    fue    recaudada,    suponiendo su existencia.   

En      segundo     término,  el  falso juicio de identidad tiene ocurrencia cuando en el  fallo   confutado   el   juzgador   distorsiona   o   tergiversa   el  contenido  fáctico   de  determinado  medio  de  conocimiento,  haciéndole  decir  lo que en realidad no  dice, bien sea porque realiza una lectura equivocada de su texto,  le  agrega circunstancias que no contiene u omite considerar aspectos relevantes  del mismo.   

En  tercer  lugar,  el  falso raciocinio se  configura   cuando   el  Tribunal  observa  la  prueba  en  su  integridad,  pero  al  valorarla  desconoce  los  postulados de la sana  crítica,    es    decir,    una    concreta    ley  científica,    un    principio    lógico    o    una    máxima    de   la  experiencia.   

Cualquiera   de  estos  yerros  debe  ser  trascendente  desde  el punto de vista jurídico, esto  es,   que   frente   a   la   valoración  conjunta de la prueba realizada por el  Tribunal   o   las   instancias   (según    sea   el   caso),   su   exclusión  debería  conducir a adoptar una decisión    sustancialmente    diversa   a   la   recurrida.»  (CSJ AP4218.  29 jun 2016. Rad. 45779):   

         Pues   bien,   contrastadas   las   anteriores   premisas   con  la  sustentación  ofrecida por el demandante, salta a la vista el incumplimiento de  los  estándares mínimos de técnica casacional para lograr la admisión de los  cargos.   La   demanda  no  presenta  –y  la  Corte tampoco puede identificarlo-  ningún  reproche  ajustado  a  alguna  de las mencionadas modalidades de error,  encausado por los derroteros argumentativos pertinentes.   

Aunque  el  recurrente  encuadra  el primer  cargo  en  el  error  de  hecho  por  falso raciocinio y el segundo, en el falso  juicio  de  identidad,  realmente  el discurso se encamina a presentar su propia  valoración  de  las  pruebas  aducidas  al juicio, en contra de la apreciación  realizada  por  las  instancias,  olvidando  que  en  sede de casación se está  obligado  a  destruir  la  doble presunción de acierto y legalidad que cobija a  las sentencias objeto de censura.   

En desarrollo del primer cargo, se limita el  censor  a  exponer las características de la contratación bajo la modalidad de  outsourcing,  sin  mostrar  cuáles  fueron  los errores en los que incurrió el  A  quo  en el ejercicio de  valoración   de   la   prueba,   menos,   si   ellos   surgieron  producto  del  desconocimiento  de  las leyes de la ciencia, los principios de la lógica o las  máximas  de  la  experiencia, pues su discurso se empeña en oponer al fallador  su  especial  entender  sobre  las  consecuencias  del  contrato interestatal de  suministro,  las  cuales,  dice, difieren considerablemente de las derivadas del  contrato de proveeduría integral a través de outsorcing.   

        Conjetura  el  libelista,  que  si  el  Tribunal  hubiera entendido  realmente  los  alcances  del  contrato  n.º  100  de  2006  suscrito  entre la  Superintendencia  de Servicios Públicos Domiciliarios y la empresa ‘Panamericana        Outsourcing  S.A.’,  la  conclusión  hubiera   sido   diferente,  pues  las  características  de  esta  negociación  contractual  no  estructuran  los  elementos  del  tipo  penal  de  peculado por  apropiación;  sin  embargo,  omite quebrantar a través de la revelación de la  existencia  de un error, las categóricas explicaciones dadas por las instancias  a la postura defensiva.   

No muestra el demandante, de qué manera la  modalidad   de   suministro   de  bienes  convenida  por  una  empresa  estatal,  perfeccionada   a   través   del   contrato  100  de  2006,  desnaturaliza  los  presupuestos  del  artículo  397 de la Ley 599 de 2000, al punto que, sostiene,  no  se  configura  el tipo penal. Tampoco da a conocer cuáles son las reglas de  la sana crítica desatendidas por el fallador, al considerar que:   

…esa  clase de actos de malversación de  bienes  corresponde  a  atentados contra bienes del Estado, pues, contrario a lo  sostenido  por  la  defensa,  su  procedencia u origen no es lo que los califica  como  tales,  sino que lo es el fundamento o razón del suministro de estos, que  para  el  caso,  lo es un contrato público.  De tenerse como válida dicha  postura,  se  llegaría  al  sinsentido  de  que  solamente serían bienes de la  entidad    cuando   fueren   recibidos   por   sus   funcionarios   y   en   sus  instalaciones.   No, ese no podría ser el sentido obvio y mínimo legal de  la  ejecución de un contrato público de suministro, pues, gracias a él es que  se  despachan o envían dichas mercancías de la empresa privada (contratista) a  la  entidad  pública  (contratante), pues, son elementos propios del trabajo de  los  servidores  públicos,  y  por eso se tiene autorizada a la administración  para  realizar  esta  clase  de  actos  bilaterales1.   

         

Tampoco  indica el demandante, cuáles son  los  apartes del contrato que se dice interpretado por fuera de las reglas de la  sana   crítica,   específicamente  el  principio  lógico  desatendido  y  que  revelaría  la  invalidez  de  los  argumentos  del Ad  quem  para  declarar  vulnerado  el artículo 397 del  Código    Penal.    

En  ese  orden,  ningún yerro advierte la  Sala  en  torno  a las conclusiones del Tribunal, según las cuales la modalidad  de  contratación  no  desnaturaliza los presupuestos del tipo penal de peculado  por  apropiación,  en cuanto, si bien las 150 cajas que contenían 10 resmas de  papel,    cada   una,   procedían   de   la   empresa   privada   (‘Outsourcing  Panamericana’), ello no equivale a entender que se  trata  de  bienes  privados,  confundiendo  el  momento  en  que  se consumó la  conducta   punible   de  ejecución  instantánea,  con  aquél  en  el  que  se  recibirían  en la entidad pública los insumos que salieron del establecimiento  privado       con       destino      a      la      Superintendencia, en ejecución del contrato n.º 100 de  2006.   

Al   respecto,   señalo   el   Tribunal  que:           

[S]e  confunde  por el apelante, el que no  haya  ingresado  físicamente  a  la  entidad  la  mercadería  apropiada por el  servidor  público, con que tales elementos no fueran de propiedad de la entidad  pública.  Al  respecto, en aparte anterior quedó explicado suficientemente que  el  suministro  y  entrega  de  ese  papel  correspondía  a la ejecución de un  contrato  público  de  suministro,  por  medio del cual, la entidad recibía el  material  que  necesitara  para  el  ejercicio  de  la labor que desempeñan sus  integrantes    –previo  requerimiento   de   los   encargados   del  asunto,  entre  quienes  estaba  el  procesado-,   y  por cuenta de la ejecución de tal contrato de suministro,  ante    tales    solicitudes,    la    entidad    privada    le    remitía   el  material…»   

De  otra parte, menciona el recurrente que  con     el     ejercicio     valorativo     de     la     prueba    –contrato   n.º  100  de  2006-,  el  A  quo  transgredió  las  leyes  de  la  ciencia, proposición cuyo alcance no logra desentrañar la Sala,  toda  vez  que dentro de las pruebas practicadas y valoradas por las instancias,  no   se   halla   ninguna  pericia  soportada  en  observaciones  e  inferencias  sustentadas  en  la aplicación de metodologías y principios de alguna ciencia,  que permitiera un error en este componente de la sana crítica.   

Bien  se  ve,  entonces,  que los aludidos  reproches  lejos están de satisfacer los estándares formales mínimos exigidos  para  el  falso raciocinio, por infracción de los principios de la lógica, las  leyes  de  la  ciencia  o  las reglas de la experiencia, dado que no se formuló  ninguna  proposición  a  la  luz  de  la  cual  se  cuestione el raciocinio del  juzgador,      sino      que     se     restringe     a     una     nueva  valoración probatoria, orientada  por la lectura propuesta por el censor.   

         Pasando  al  examen del segundo cargo, sostiene el libelista que el  fallador  incurrió  en un error por falso juicio de identidad en la valoración  del  testimonio  del acusado, a partir del cual se concluyó que éste tenía la  función   de  solicitar  a  la  empresa  contratista  los  útiles  de  oficina  requeridos   para  el  funcionamiento  de  la  Superintendencia,  así  como  su  recepción  y  custodia;  consideración  que  ciertamente realizó el Tribunal,  más  no,  como  producto  de  la  tergiversación  del testimonio en juicio del  acusado,  sino  de la valoración conjunta de las pruebas aducidas, entre ellas,  el  testimonio  de  la  jefe funcional del acusado, directora de la división de  ‘almacén      e  inventarios’   de   la  Superintendencia  de  Servicios Públicos Domiciliarios, el contenido del manual  de    funciones    y    lo    declarado   por   GONZALO   RODRÍGUEZ.   

         En  soporte de la censura, el demandante transcribe un fragmento de  la  sentencia  en  el  que se recoge una fracción del testimonio del procesado,  para,  luego,  juzgar  que  lo  que  quiso  decir  GONZALO  RODRÍGUEZ, fue algo  diferente;  es  decir,  se acude a una nueva valoración probatoria pretendiendo  que  la Corte acoja la que obviamente conviene a su defendido, sin que realmente  se  evidencie  que  el  juzgador hubiere tergiversado el dicho del acusado, sino  que  llegó  a  una  conclusión  diferente  a la que, a voces de la defensa, se  constituye como la acertada.   

Aunque  el  casacionista  identificó  la  prueba  sobre  la cual, asegura recae el yerro, (el testimonio vertido en juicio  por  el  acusado),  no  revela  en  términos  exactos, lo que dimana de ella de  acuerdo  con  su estricto contenido material, tampoco lo confronta con lo que en  el  fallo  se  consideró sobre la misma, a fin de evidenciar que el juzgador le  hizo  decir  algo que ella no expresaba materialmente o desfiguró su contenido,  alterando  su  literalidad.   Así  mismo,  obvió  demostrar  que el vicio  resulta   trascendente,  esto  es,  que  de  no  haberse  incurrido  en  él  la  declaración  de  justicia  habría  sido  sustancialmente diversa, presupuestos  necesarios  para  la  postulación y fundamentación de este tipo de yerro, como  de   antaño  lo  ha  sostenido  esta  Corporación2.   

Contrario  a  la  propuesta  defensiva, el  Tribunal  y  el  juez  A quo  (no  se  olvide  que  los  fallos  pronunciados  en el mismo sentido constituyen  unidad  inescindible) se ocuparon a espacio del tema propuesto por el recurrente  en  sede  de  casación,  solo  que  llegaron  a conclusiones diversas a las del  señor  apoderado,  al  inferir  que  GONZALO  RODRÍGUEZ,  en  su condición de  auxiliar  administrativo  del  almacén  de  la  Superintendencia  de  Servicios  Públicos   Domiciliarios,   sí  tenía  acceso  a  la  clave  generada  a  esa  dependencia   para   hacer   pedidos  ‘adicionales’,  lo  cual  estructura, no el error que correspondía demostrar en  sede de casación, sino un modo de apreciación diferente.   

Adicional a los anteriores desaciertos, el  recurrente  tampoco  plasmó  o denunció  vicio de estimación de otros elementos  de  conocimiento tenidos en cuenta en las instancias acerca de la ocurrencia del  delito   de   peculado   por   apropiación   y   la  responsabilidad    del  acusado,  como  son  los  testimonios  de  Armando  Movilla  Losada, Myriam Cala  Castro,   Adriana   Pérez   Biffi   y  Omar  Urrea,  y  la documental -manual de  funciones     de    la    Superintendencia    de    Servicios    Públicos  Domiciliarios-,  para el cargo y  la   dependencia   en   la   que  ejercía el procesado.   

Y    si  bien   enuncia,  lo  que  califica  como otro error de hecho por falso juicio de  identidad   en   la   modalidad   de   tergiversación       del  contenido  del manual, el desarrollo  del  cargo,  una vez más, se dirige a disentir de las  consideraciones  de  los  juzgadores,  e  incluso,  a  reclamar   que   se   reconozca  que  a  partir  del  contrato  n.º   100  de  2006,  la  estructura  de  la  entidad  pública  contratante  cambió por completo,  al   punto   que  las  funciones  allí  contempladas  quedaron     anuladas     de    facto,    tema    ajeno    al     debate     procesal     y     por    supuesto    del    fallo  atacado.    

En conclusión,  los  argumentos  consignados  en  el cargo analizado  no  ilustran  en verdad la configuración  de  un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad, en  la    variable    de    tergiversación    de    la   prueba   allegada    válidamente,  puesto  que  en lugar de hacer ver la  alteración   probatoria   predicada   como   producto   de   un   ejercicio  de  corroboración   objetiva   del   elemento  de  convicción  que  relaciona,  el  recurrente  expresa  el  rechazo  que le genera el mérito persuasivo que le fue  conferido por la judicatura.   

Pasa por alto el recurrente, que su propia  lectura  de  las  pruebas no puede sobreponerse, sin más, a las consideraciones  de  las  sentencias  de instancia, que vienen cobijadas por la doble presunción  de  acierto  y  legalidad,  pues  en  el  fondo  lo  que plantea es un ejercicio  valorativo  de  las  pruebas,  que,  obviamente  difiere  del  efectuado por los  falladores  al  hallar responsable penalmente a GONZALO RODRÍGUEZ del delito de  peculado por apropiación.   

En  síntesis,  el  libelista  simplemente  presenta    una   valoración   del   testimonio   del   acusado,   diversa   a   la   realizada   en   las  instancias,  a  partir  de  la  cual  sostiene,  en forma contradictoria, que el  delito  de  peculado  por  apropiación no se configura; sin embargo, igualmente  arguye que el acusado no lo cometió.   

En  medio  de  las  variadas  alegaciones,  igualmente  persigue  el  censor  un fallo de casación que considera importante  para      «desarrollar     y     unificar     la  jurisprudencia»,  aspecto del recurso extraordinario  que  en  la  Ley  906  de  2004  constituye  uno de sus fines, sin que la simple  deprecación  resulte  suficiente para dar por observados los requisitos lógico  formales de la demanda.   

Desacierta  el  demandante  al  pretender  que  a  través  de  la  casación  se  modifiquen o  corrijan   posturas   doctrinales   por   medio  de  lo       que       denomina       ‘desarrollo  jurisprudencial’, pero  que   realmente  constituye  su  interés  dirigido  a que la judicatura acoja  la desolada y novedosa tesis a partir de la cual los  contratos  interestatales  de  suministro  mediante la modalidad de outsourcing,  por   ser   atípicos,  ‘privatizan’     el     objeto     de     la  negociación,   y  por  tanto,  la  pérdida   de   dinero   no   afecta  al  Estado,  redundando  esto  en      la     atipicidad     de     la     conducta     investigada.   

Ahora,    pudiera    pensarse    que  más   allá   de   la  literalidad    de    las    palabras,    la   verdadera   pretensión  del censor es el progreso de la jurisprudencia, pero no muestra  cuál  es  el  vacío, la  contradicción     o     la    confusión  que  existe  en el entendimiento  de     los    requisitos    legales    para    la  estructuración   del   delito   de   peculado  por  apropiación,  de conformidad con el artículo  397  del   Código   Penal,  frente  a  las  razones  aducidas   por  las  instancias  para  concluir  que  el  contrato  de  suministro  integral  n.º  100 de  2006,    suscrito   entre   la   entidad   pública  Superintendencia     de    Servicios    Públicos,  tuvo  inconvenientes  en  su  ejecución,  por el actuar de GONZALO RODRIGUEZ,  quien   en   su   condición   de  empleado  de  la  Superintendencia,     coordinó    con  el  conductor  del  camión -Armando  Movilla   Losada-,   el   desvío   de  unas  cajas  contentivas  de resmas de papel que finalmente no fueron recibidas en la entidad  contratante,   involucrando   el   patrimonio   del  Estado.   

         Tales  reproches,  por no adecuarse a ninguna modalidad de error de  hecho  constitutivo  de  infracción indirecta de la ley sustancial –falso  juicio  de  existencia,  falso  juicio  de  identidad  o falso raciocinio-, corresponden a argumentos propios de  un  alegato  de  instancia, carentes de aptitud para ser atendidos en casación.  Como  lo  tiene  establecido la Corte, no hay lugar a predicar la configuración  de  dichos yerros cuando simplemente se presenta una apreciación probatoria que  no  se comparte. La mera disparidad de criterios en ese aspecto no habilita para  acudir al recurso de casación (CSJ AP 03.12.09, rad. 27.264).   

Recopilando, la demanda debe ser inadmitida  porque  el impugnante (i) no  acredita  la existencia de un error en los fundamentos que sirvieron de sustento  a   la   condena   impuesta   en  contra  de  GONZALO  RODRÍGUEZ;  (ii)  postula de manera indistinta, vía  violación  indirecta de la ley, errores de hecho alusivos al falso raciocinio y  al  falso  juicio de identidad, sin concretar las pruebas frente a las cuales se  presentaron,  y,  (iii) se  limita  a  presentar su exclusivo examen de lo que la prueba arroja, sin superar  el alegato de instancia ajeno a la sede casacional.   

De   otra  parte,  del  estudio  de  las  diligencias,  la  Sala  no encuentra motivo que amerite superar las falencias de  la  demanda,  para  asegurar,  de  oficio,  el  cumplimiento  de  las garantías  fundamentales o los fines del recurso.   

Cabe señalar, finalmente, que contra esta  decisión  procede el mecanismo de insistencia de conformidad con lo establecido  en  el artículo 184 del Código de Procedimiento Penal de 2004 y con las reglas  que   ha   definido  la  Sala  en  pronunciamientos  anteriores  a  la  presente  decisión3   

.  

        En  virtud  de  lo  expuesto,  la  SALA DE  CASACIÓN  PENAL  DE  LA  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,   

RESUELVE:  

         

INADMITIR   la  demanda   de   casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  GONZALO  RODRÍGUEZ, conforme lo consignado en la parte motiva  del presente proveído.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  del demandante elevar  petición de insistencia.   

        Notifíquese y devuélvase al Tribunal de origen.   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Folio  13 del fallo de segundo grado.   

2  2     CSJ SP, 11 Abr 2007, Rad. 23667   

3  CSJ,    AP   12   de   diciembre   2005,   Radicado  24.322.     

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