AP5753-2014(44400)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Magistrado Ponente  

AP5753-2014  

Radicación n° 44400  

(Aprobado Acta No. 318)  

          Bogotá,  D.C.,  veinticuatro  (24) de septiembre de dos mil catorce  (2014)   

V I S T O S  

          Decide  la  Sala  sobre  la admisibilidad de la demanda de casación  presentada  por  el  apoderado  de  la parte civil, constituida por Luis Eduardo  Montenegro  Rodríguez, contra la sentencia dictada por el Juzgado Segundo Penal  del  Circuito de Sincelejo (Sucre), por cuyo medio se confirmó integralmente la  proferida  por  el  Juzgado  Tercero  Penal  Municipal  de  la misma ciudad, que  absolvió  al  acusado  Juan  Carlos  Mangones  Restrepo  del delito de lesiones  personales  culposas.                            

HECHOS  

          El  10  de septiembre de 2006, en la intersección conformada por la  calle  23B  y  la carrera 36, en el barrio Florencia de Sincelejo (Sucre), a las  12:30  del  día,  colisionaron la motocicleta de placas NHR-36A y el automóvil  de  servicio  público de placas SEK-851, conducidos por Luis Eduardo Montenegro  Rodríguez  y Juan Carlos Mangones Restrepo, respectivamente. A consecuencia del  choque,  resultó  lesionado  en  su  humanidad el primero de los mencionados, a  quien  se  dictaminó  incapacidad  médico legal definitiva de 180 días y como  secuelas  deformidad  física que afecta el cuerpo y perturbación funcional del  órgano  de  la  locomoción,  ambas  de carácter permanente.      

ACTUACIÓN PROCESAL  

          1.   Juan  Carlos  Mangones  Restrepo  fue  vinculado  a  la  investigación  en calidad de persona ausente por el delito de  lesiones    personales    culposas    –arts.  111,  112  inciso  final,  113  inciso  segundo,  114 inciso  segundo   y   120   del  Código  Penal– mediante resolución adiada 26 de marzo de 2008.   

2.   Cerrada  la  instrucción,  a  través  de  resolución  calendada  13  de  mayo  de  2009 la  Fiscalía  9ª  Local  de  Sincelejo  (Sucre)  calificó el mérito del sumario,  profiriendo  preclusión  de  la  instrucción  a  favor  del sindicado Mangones  Restrepo,  decisión  que  apelada  por  el  apoderado  de  la  parte civil, fue  revocada  por la Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior de Sincelejo y, en  su  lugar,  acusó  al mencionado por el delito de lesiones personales culposas,  decisión  que  cobró  firmeza  el  2  de  agosto  de  2010.   

         

          3.  Celebradas la audiencia preparatoria y  la  vista  pública  de  juzgamiento,  el 13 de marzo de 2013 el Juzgado Tercero  Penal   Municipal   de   Sincelejo   (Sucre),  dictó  sentencia  en  la cual absolvió al acusado Juan Carlos  Mangones   Restrepo   del   cargo   formulado   por   la   fiscalía.   

          4.  Apelado el fallo por el apoderado de  la  parte  civil,  el  Juzgado  Segundo Penal del Circuito de Sincelejo (Sucre),  mediante  decisión  fechada  9  de  abril  de 2014, lo confirmó integralmente.   

          5.   Contra  la  anterior  decisión,  el  abogado  que  representa  los  intereses  de Luis Eduardo Montenegro Rodríguez,  reconocido    como    parte    civil,    interpuso    recurso    de    casación  excepcional.   

SÍNTESIS DE LA DEMANDA  

          De  entrada,  señala  el demandante que en el caso de la especie al  recurso  de  casación se accede por vía excepcional, al cual dice acudir a fin  de  que  se «restablezcan los agravios injustificados  causados  a  mi  poderdante  con fundamento en el derecho a la igualdad (art. 13  C.N.)».    

          Invocando    la    causal    primera   de   casación   –art.   207-1   de   la   Ley  600  de  2000– el censor formula dos  cargos  contra  la  sentencia  del  Tribunal,  el  primero de conformidad con el  «cuerpo   segundo»  por  violación  directa  de  la  ley  sustancial  por exclusión evidente o falta de  aplicación  del  artículo  120  del Código Penal y la correlativa aplicación  indebida  del  artículo  7º la Ley 600 de 2000; y el segundo, subsidiario, por  violación  indirecta  de la norma sustancial que, en su orden, se sintetizan de  la siguiente manera:   

          Primer  cargo. Manifiesta el recurrente que  en  la sentencia confutada el juzgador de segundo grado reconoce la materialidad  de  la  conducta  punible  en  la  modalidad  culposa, a consecuencia de la cual  resultó  gravemente lesionado su prohijado; asimismo, agrega, el ad quem acepta  que  obra  prueba  legal  y  oportunamente  allegada al proceso, valga decir, el  informe  de  accidente  de  tránsito, que por tratarse de documento público se  presume  auténtico  y  está  sujeto  a  valoración bajo las reglas de la sana  crítica,  lo  cual  dice,  «no deja ninguna clase de  dudas     [acerca]     de     la     ocurrencia     del     ilícito».     

          Luego  de referirse a las categorías dogmáticas que estructuran la  conducta         punible         –tipicidad,      antijuridicidad      y     culpabilidad– señala que en el asunto de la especie  se  encuentran  satisfechas,  puesto  que  el  acusado  Mangones Restrepo con su  comportamiento  incurrió  en el delito de lesiones personales culposas descrito  en  los  artículos  111  a  114  y  120 del Código Penal, ocasionó daño a la  integridad   personal   de   su   representado  y  éste  fue  el  resultado  de  «desplegar  una  acción  peligrosa  sin  ánimo  de  causar   daño»,  pues  trasgredió  las  normas  de  tránsito  automotor  al circular en contravía por la calle 23B y no atender la  señal  de «PARE» al llegar  a  la  intersección  con la carrera 36 por donde se movilizaba el motociclista,  según  se  registró  en el informe policial de accidentes de tránsito, ya que  allí  se indicó como causa probable del siniestro automotor, la prevista en el  «numeral   112  de  la  resolución  No.  00401  de  2002».   

          Expone  que aun cuando el juzgador de segundo grado reconoció valor  probatorio  al  informe policial de accidentes de tránsito allegado al sumario,  concluyó  que en la actuación no obraba elemento de convicción que permitiera  determinar       en       grado      de      certeza      la      «culpabilidad»  del  incriminado Mangones  Restrepo  en  el delito de lesiones personales de que fue víctima su prohijado,  a  consecuencia de lo cual confirmó la decisión de primer grado de absolver al  mencionado  en  aplicación del principio in dubio pro  reo,  cuando  en  realidad  tal falencia probatoria no  existe.        

          Sostiene  que  está  demostrado  que  la  conducta del procesado es  culposa,  ya  que  éste  actuó  con:  (i)  negligencia,  porque «a  sabiendas  que  conducía en contravía no acato (sic) la señal  de  PARE,  confiando  imprudentemente  en  el poco tránsito que debía haber el  día  de  ocurrencia  de  los  hechos…domingo a las 12:30 del día»;  (ii)  imprudencia,  puesto  que  el  conductor  del  automóvil  transitaba  en  contravía, tal como se demostró con la certificación expedida  por  la  Oficina  de  Tránsito  de Sincelejo, según la cual la calle 23B tiene  sentido  vial  de  occidente  a  oriente,  y  el  procesado conducía en sentido  contrario,    lo   cual   constituye   «imprudencia  temeraria»,  mientras  que  el  hecho  de no hacer el  «PARE» en la intersección  constituye     «simple    imprudencia»;  (iii)  impericia,  por  cuanto  el procesado quiso transitar en  contravía  y  no atender la señal de tránsito que le imponía detenerse en la  intersección;  y,  (iv)  con  esa acción infringió el reglamento de tránsito  automotor,  todo lo cual «deja mucho que desear [d]el  profesionalismo  o  técnica  en el desempeño de oficio como taxista del señor  imputado».            

          Concluye  señalando  que  si  el  juzgador de segundo grado hubiera  «tomado  en  consideración  el  artículo  120  del  C.P.» y valorado lo consignado en el informe policial  de  accidentes de tránsito, «no habría llegado a la  falsa  convicción  de  absolver al encartado», por lo  cual  pide  a  la Corte casar la sentencia impugnada y, en su lugar, condenar al  procesado  Mangones  Restrepo  como  autor  responsable  del  delito de lesiones  personales culposas.      

          Segundo  cargo  (subsidiario). Denuncia el  libelista  que el fallador de segundo grado incurrió en la violación indirecta  de  la ley sustancial «con fundamento en el artículo  7  del  Código  de Procedimiento Penal», toda vez que  no  obstante  apuntar la prueba a que el acusado es penalmente responsable de la  conducta  juzgada,  «al momento de aplicar las normas  en  forma  específica…yerra  al  momento  de la escogencia de tal».     

          Agrega  que  desde  la denuncia se sindicó a Mangones Restrepo como  el   autor   del   delito   de   lesiones   personales  culposas,  acentuándose  «su   culpabilidad   cuando  es  declarado  persona  ausente…en  razón a que el señor inculpado evadió a la justicia»,  amén que la parte civil aportó al proceso el informe policial  de  accidentes  de  tránsito  y  la  certificación  expedida por la Oficina de  Tránsito  de  Sincelejo,  de  los  cuales se extrae que el mencionado conductor  transitaba   en   contravía   e   irrespetó   una   señal  de  «PARE»,   actuar  violatorio  del  deber  objetivo  de  cuidado que creó un riesgo jurídicamente desaprobado, el cual se  realizó  en  el  resultado concreto, esto es, el daño a la integridad personal  de su representado.     

          Por  último,  expone  que si el ad quem hubiese apreciado la prueba  «sin  cercenar  el  deber  objetivo de cuidado allí  demostrado,  la  norma  aplicable  al caso controvertido sería el artículo 120  del  Código Penal y no la aplicación errónea [del artículo] 7 del Código de  Procedimiento  Penal»,  por  lo  cual pide a la Corte  casar  la  sentencia  recurrida y, en su lugar, condenar al procesado como autor  responsable  del  delito  de  lesiones  personales  culposas, y solidariamente a  éste  y al tercero civilmente responsable, al pago de los perjuicios materiales  y morales ocasionados a su prohijado.      

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          1. De la casación discrecional.   

          1.1   Previo   a   examinar   los  cargos  propuestos  por  el  impugnante,  conviene  recordar  que  de conformidad con el  artículo  205 de la Ley 600 de 2000, al recurso extraordinario se accede de dos  maneras, a saber: la ordinaria y la excepcional.   

          La  ordinaria,  procede  contra  las sentencias de segunda instancia  proferidas  por  los  Tribunales  Superiores  de Distrito Judicial y el Tribunal  Superior  Militar,  por  delitos  sancionados  con pena privativa de la libertad  superior a 8 años.   

          La  excepcional,  opera  contra  los  fallos  de  segunda  instancia  dictados  por  las  mismas  Corporaciones por conductas punibles sancionadas con  pena  privativa  de  la  libertad  igual  o inferior a 8 años, y por los Jueces  Penales  del  Circuito  por  cualquier  delito, evento en el cual la Sala podrá  admitir  la  demanda  cuando lo considere necesario para (i) el desarrollo de la  jurisprudencia  o  (ii)  la  garantía de los derechos fundamentales, obviamente  siempre  que  cumpla  los  requisitos  de  forma y fondo exigidos por el recurso  extraordinario.   

          Ahora  bien,  cuando  se  acude  a  la  casación  discrecional para  acceder  al  recurso  extraordinario,  el  casacionista debe indicar cuál es la  finalidad  de  la  impugnación, en orden a develar la necesidad de que la Corte  entre  a  revisar la legalidad del fallo atacado, bien porque se precise para el  desarrollo  de  la  jurisprudencia, ora porque surge forzoso para la protección  de derechos fundamentales.   

          La    jurisprudencia    de   la   Sala1  tiene  dicho  que  cuando  se  invoca   el   primero   de   tales  aspectos,  esto  es,  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia,  compete  al  actor señalar si lo que busca con la impugnación  del  fallo  de  segundo grado es que la Corte intervenga ya sea para referirse a  un  tema  jurídico  en particular, o bien para unificar posturas conceptuales o  actualizar  la  doctrina,  con  el deber de precisar de qué manera la decisión  solicitada  tiene  la  doble  utilidad de brindar solución al asunto concreto y  simultáneamente servir de guía a la actividad judicial.   

          Y  en  cuanto al amparo de los derechos fundamentales, el demandante  tiene  la  carga  de  demostrar  en  forma  clara y precisa la violación de una  garantía  por  quebrantamiento  de  la  estructura  básica  del  proceso o por  trasgresión   de   un  derecho  fundamental,  con  indicación  de  las  normas  constitucionales  o legales que protegen el derecho invocado y cómo el fallo lo  conculca.      

          Asimismo,  las  razones  aducidas por el censor en orden a revelar a  la  Corte  la  necesidad  de admitir discrecionalmente la demanda, deben guardar  armonía  con los reproches que formule contra el fallo, lo que significa que el  fundamento  de  la  casación excepcional debe avenirse con los cargos, tanto en  su  postulación, como en su desarrollo, amén que tal carga argumentativa no se  suple  con  la  exposición  de las razones en que se sustentan aquellos, puesto  que  de  ser así, ninguna diferencia existiría entre la casación discrecional  y  la  ordinaria2.   

          1.2 En el asunto que ocupa la atención de  la  Sala,  el  procesado  fue  absuelto  por  el  delito  de lesiones personales  culposas  (arts.  114, inc. 2º y 120 del C.P.), el cual tiene prevista una pena  de  prisión de 3 a 8 años, disminuida de las cuatro quintas a las tres cuartas  partes,  supuesto  que impone acudir a la casación excepcional para demandar la  legalidad  del  fallo,  como  en  efecto  lo  hizo demandante.      

          Sin  embargo, el recurrente incumple las exigencias contenidas en el  inciso  2º  del  artículo  205  de  la Ley 600 de 2000, puesto que se limita a  mencionar  que  acude  a la casación excepcional a fin de que se «restablezcan  los  agravios injustificados causados a mi poderdante  con   fundamento  en  el  derecho  a  la  igualdad  (art.  13  C.N.)»,  pero  ahí  termina su discurso, como si tan escueta expresión  bastara  para  evidenciar  a  la Corte la necesidad de que intervenga en orden a  restablecer   las   garantías   presuntamente   desconocidas   con   el   fallo  confutado,   omitiendo  indicar  de  qué  manera  el  ad  quem vulneró el  derecho  a  la  igualdad,  cuáles  fueron  las  normas  conculcadas  y, lo más  importante,  la  trascendencia del supuesto vicio en la declaración de justicia  contenida  en dicha decisión, valga decir, cómo ello determinó la absolución  del    acusado    Mangones   Restrepo.          

          Además,  al  postular y desarrollar los cargos formulados contra la  sentencia  de segundo grado, se advierte que éstos no guardan ninguna relación  con  la  alegada  vulneración  del  derecho  fundamental  invocado, como que se  refieren  a  la  supuesta  violación  directa e indirecta de la ley sustancial,  centrándose  la  disertación  del  libelista  en ambas glosas en manifestar su  inconformidad  con  la  valoración  de la prueba, criterio que infructuosamente  pretende  imponer  frente  al expresado por el ad quem, como si se tratara de un  alegato de instancia.       

          2.  En  efecto,  en  el  primer  reproche  denuncia  que el juez de segunda instancia dejó de aplicar el artículo 120 del  Código  Penal,  que  prevé  la  diminuente punitiva para el delito de lesiones  culposas,  y  que  al  mismo tiempo aplicó indebidamente el artículo 7º de la  Ley  600  de 2000, el cual consagra los principios de presunción de inocencia e  in   dubio   pro  reo,  no  obstante  en  su  desarrollo  el  actor  se  aparta  de  los  derroteros  que la  jurisprudencia  de  Corte  tiene  señalados  para su demostración, con lo cual  deja               sin               sustento              la              queja  intentada.            

          Una  primera  objeción  surge  frente a los requisitos de lógica y  adecuada  fundamentación  que demanda el cargo por violación directa de la ley  sustancial  en  cualquiera  de  sus modalidades, pues como inveteradamente lo ha  sostenido  la  Sala, cuando se acude a esta senda para demandar la legalidad del  fallo  de  segundo grado, el impugnante debe aceptar los hechos declarados en el  fallo  recurrido  y abstenerse de cuestionar la valoración probatoria realizada  por  los sentenciadores de instancia, por lo cual el debate se circunscribe a la  aplicación  del  derecho,  sin  que  tengan cabida aspectos relacionados con la  credibilidad  de los elementos de juicio o el acontecer fáctico (CSJ AP, 9 May.  2012,  Rad.  37987;  CSJ  AP, 10 Jul. 2013, Rad. 41411; y, CSJ AP, 11 Dic. 2013,  Rad 42737; entre otras).   

          En  esa  medida,  la  labor de demostración del vicio deberá estar  orientada  a  evidenciar  que  el  juzgador  seleccionó una norma que no era la  llamada   a   gobernar   el   asunto   –aplicación     indebida–,  omitió  otra  que  sí  resolvía  los  extremos de la relación  jurídico  procesal  –falta  de  aplicación  o  exclusión  evidente–   o,   habiéndola   escogido  correctamente,  le  dio  un  alcance  interpretativo  que  no se deriva del texto de la ley, es decir, le atribuyó un  sentido  jurídico  que  no  tiene  o  le  asignó  efectos contrarios a su real  contenido  –interpretación  errónea–.   

          Empero,  el  casacionista  se  dedica  sin  ambages  a  criticar  la  valoración  probatoria realizada por el Juez Penal del Circuito, y al contrario  de  lo  declarado  por  dicho  funcionario  judicial  en la sentencia confutada,  concluye  que  la  conducta  del  procesado  Mangones  Restrepo  es abiertamente  violatoria  del  deber  objetivo  de  cuidado  por haber obrado con negligencia,  imprudencia,  impericia  y  violación  de  reglamentos  en  la  conducción del  vehículo  a  cuyo  mando  se  encontraba  el  día del lamentable suceso en que  resultó lesionado su representado.     

          Y  para  arribar  a  tal  conclusión  analiza  con  detenimiento el  informe  policial de accidentes de tránsito y la certificación expedida por la  Oficina  de  Tránsito  de  Sincelejo,  de las cuales infiere que el incriminado  conducía   en   contravía   por  la  calle  23B  e  irrespetó  la  señal  de  «PARE»  al  arribar  a la  intersección  con  la  carrera  36  por  donde  transitaba el motociclista Luis  Eduardo  Montenegro Rodríguez, accionar que estima determinó la ocurrencia del  siniestro  automotor  y  el  consiguiente  daño  a  la  integridad personal del  prenombrado.       

          Tal  manera de argumentar es refractaria al reproche propuesto, pues  si  lo pretendido era acreditar la falta de aplicación o exclusión evidente de  las  normas  que  consagran  el  delito  de  lesiones personales en la modalidad  culposa,  le  correspondía  al  recurrente  citar los respectivos apartes de la  decisión,  donde  el  fallador  de  segundo grado reconoció que el incriminado  Mangones  Restrepo  infringió  el  deber  objetivo de cuidado a consecuencia de  conducir  en  contravía  y desacatar las señales de tránsito, y cómo a pesar  de  ello  dejó de aplicarle la consecuencia en el derecho, valga decir, de qué  manera  omitió  el  empleo  de  los  artículos  23, 111, 112 inciso final, 113  inciso  segundo,  114  inciso  segundo  y  120  del Código Penal que regulan el  asunto  específico,  señalando  por  qué las normas echadas de menos eran las  llamadas  a resolver el caso y, por ende, debían guiar el examen jurídico (CSJ  AP, 29 May. 2013, Rad. 39542 y CSJ SP, 16 Oct. 2013, Rad. 42258).   

          Labor  que omite realizar en el libelo, muy seguramente porque en la  sentencia  impugnada  precisamente  se concluye todo lo contrario, es decir, que  la  prueba  allegada al sumario no permite establecer en grado de certeza que el  procesado   creara  un  riesgo  jurídicamente  desaprobado  o  incrementara  el  permitido  por la norma al desarrollar la actividad de conducción del rodante a  su  mando el día de los hechos, ni mucho menos que dicho riesgo se realizara en  el resultado lesivo, o en palabras del ad quem:     

Así  las  cosas  advirtiendo que confluyen  elementos  que  impiden  llegar a la certeza [de] que los hechos aquí referidos  acaecieron  como  lo  refiere la víctima y que los cometió el procesado, y que  en  consecuencia  el  caletre del asunto es la concepción de la duda que impide  determinar  si  JUAN  CARLOS RESTREPO MANGONES (sic), actuó responsablemente en  la  modalidad  culposa,  dada la labilidad y escases de las pruebas allegadas al  paginario,  llevan  a  esta  judicatura  como así se hará con fundamento en el  principio    in   dubio   pro   reo,   a   confirmar   el   fallo   de   primera  instancia…».          

          Y  en  cuanto  a  la aplicación indebida, en este caso del precepto  que   consagra  los  principios  de  presunción  de  inocencia  e  in    dubio    pro    reo   –art.   7º   del   C.P.P.–,  error  de  selección que se origina  cuando  el  sentenciador  se  equivoca  al calificar jurídicamente los hechos o  habiendo   acertado   en   su   adecuación,   desatina   al   elegir  la  norma  correspondiente    a    la    calificación    jurídica   impartida3   

,  surge  patente que esa no era la vía para  postular  la  queja,  puesto  que si lo intentado por el demandante es acreditar  que  la duda reconocida por el ad quem sobre la infracción al deber objetivo de  cuidado  por  parte  del  acusado  Mangones  Restrepo, no surge en el proceso, a  dicha  conclusión  solo  pudo  arribar  luego de apreciar la prueba allegada al  mismo,  por tanto le incumbía demostrar por la senda de la violación indirecta  de  la  norma, que el fallador de segundo grado aplicó el pluricitado principio  a  consecuencia  de  una  errada  estimación  de  los  medios  de  convicción.   

          En  esa  medida,  era  carga del censor señalar la prueba o pruebas  sobre  las que recae el yerro de valoración, precisando si se trata de error de  hecho  o  de  derecho,  así  como la clase de falso juicio en que se incurrió,  valga  decir, si de existencia, identidad o raciocinio en el primer evento, o de  legalidad  o  convicción  en la segunda hipótesis, y finalmente, pero no menos  importante,  la  incidencia  del desatino en la absolución del acusado; nada de  lo  cual se asume en el libelo casacional, amén que la Corte tampoco avizora un  vicio  de tal naturaleza, con lo cual queda ausente de demostración el reproche  ensayado.           

          En ese orden, se rechazará el cargo.   

          4.   Respecto   de  la  segunda  censura,  propuesta  de  manera  subsidiaria por la senda de la violación indirecta de la  ley  sustancial,  el  recurrente  desconoce las exigencias de lógica y adecuada  fundamentación  que  demanda  el recurso extraordinario, puesto que se limita a  exponer   apreciaciones  personales  sobre  la  valoración  de  los  medios  de  convicción  recogidos  en  el  sumario,  concretamente  del informe policial de  accidentes  de tránsito y de la certificación expedida por la Oficina  de  Tránsito  de  Sincelejo,  de  donde  infiere  que  el acusado Mangones Restrepo  conducía   en   contravía   e   irrespetó   una   señal   de  «PARE»  y,  por ende, infringió el deber  objetivo  de  cuidado  a  consecuencia de lo cual se produjo el resultado lesivo  que afectó a su representado.      

          No  obstante, el libelista no adecua tales críticas a los conceptos  de  violación  de  la  norma  que la causal invocada contempla, valga decir, no  indica  si se trata de un error de hecho o de derecho, ni el falso juicio en que  incurrió  el  ad  quem  al apreciar la prueba, mucho menos la trascendencia del  yerro  en  la  declaración  de justicia contenida en la sentencia confutada que  absolvió  al incriminado, por lo cual la demanda no pasa de ser un mero alegato  de  instancia  que  adolece  de  la potencialidad de derruir el fallo de segundo  grado  que  viene  precedido  de  la  dual  presunción  de acierto y legalidad,  además  de que surge patente su pretensión de utilizar el recurso de casación  como  una  instancia  adicional  para  debatir aspectos que ya fueron materia de  controversia,  con la intención de que la Corte revise el proceso, pero sin que  el  actor  se  ocupe  de mostrar que los sentenciadores de instancia incurrieron  errores demandables en sede extraordinaria.   

          En  ese  orden,  era  carga  del  impugnante,  además de indicar la  causal  de  casación  y el sentido de trasgresión de la ley, concretar el tipo  de  yerro  en  que  se  sustenta,  esto es, si se trata de errores de hecho o de  derecho  en  la  apreciación  probatoria,  en el primer caso porque el juzgador  omite  estimar  un elemento de convicción válidamente practicado o incorporado  al    proceso    o   le   otorga   mérito   sin   haberlo   sido   –falso juicio de existencia–;  o  cuando  por  cumplir  con  dichas  exigencias  lo  valora,  pero  al determinar su contenido lo cercena, adiciona o  distorsiona,  haciéndole  decir algo que no expresa materialmente o menos de lo  que  encierra –falso juicio  de  identidad–; o porque sin  incurrir  en  los  anteriores desaciertos, al fijar su capacidad demostrativa el  juzgador  se  aparta  de  los  postulados  de la sana crítica, valga decir, los  principios  de  la  lógica,  las  leyes  de  la  ciencia  o  las  reglas  de la  experiencia    –falso  raciocinio–;   y  en  el  segundo  evento, cuando el sentenciador acepta y valora el medio de convicción,  no  obstante haberse quebrantado las garantías fundamentales o las formalidades  legales  para  su  producción,  aducción  o práctica, o lo rechaza y omite su  apreciación  a pesar de reunir objetivamente tales requisitos, porque considera  que  no  los  cumple –falso  juicio  de  legalidad–; o,  finalmente,  porque  niega a la prueba el valor prefijado en la ley, o le asigna  uno  distinto  al  que ésta le señala –falso           juicio          de          convicción–.   

          Ninguno  de  tales  derroteros  es  observado  por  el casacionista,  puesto  que  si  bien  denuncia la violación indirecta de la ley sustancial, no  indica  con claridad y precisión el reproche que da origen a la causal alegada,  limitándose  a  exponer  lo  que en su parecer debió concluir el ad quem de la  valoración  probatoria,  argumentación que resulta inane en orden a evidenciar  la  ilegalidad  de  la  sentencia  recurrida,  pues  como  lo tiene decantado la  jurisprudencia  de  la  Sala,  si  los juzgadores de instancia no quebrantan los  postulados  de  la sana crítica en la labor de fijar el mérito demostrativo de  los  medios  de convicción, la simple disparidad de criterios con las partes no  configura vicio demandable en casación.   

          Al   margen  de  las  protuberantes  falencias  de  orden  formal  y  sustancial  en  la  postulación  y  desarrollo de los cargos, tampoco le asiste  razón  al  actor,  pues  como  lo  concluyeron los juzgadores de instancia, del  informe   policial   de   accidentes  de  tránsito4   y   de   la  certificación  expedida  por  la  Oficina de Tránsito de Sincelejo5,   no   se   infiere  que  el  procesado  Mangones  Restrepo  infringió  el  deber  objetivo  de cuidado en la  actividad  riesgosa  que  desarrollaba,  por  cuanto  ni  es posible afirmar que  conducía  en  contravía  por  la  calle  23B,  ni mucho menos que desacató la  señal  de  «PARE»  en la  intersección  con  la carrera 36, ya que si bien en el último de los referidos  documentos  se  indica que la calle 23B tiene un solo sentido vial y discurre de  occidente  a  oriente,  en  el  informe suscrito por el policial que atendió el  caso  se  registra  todo lo contrario, valga decir, que dicha vía se utiliza en  doble  sentido  y  cuenta  con  una  calzada  y dos carriles, asimismo que en el  mencionado  cruce  no  hay  señales ni demarcación alguna, de la cual se pueda  colegir         cuál         de        las        dos        vías        tiene  prelación.         

          Circunstancia  que,  ante  la ausencia de otros medios de prueba que  despejen  los  interrogantes que plantea la situación antes descrita, impone la  aplicación    del    principio    in   dubio   pro  reo  a favor del acusado y su consecuente absolución,  como   en   efecto   lo   reconocieron   los  falladores  de  primer  y  segundo  grado.      

          5.    En   conclusión,   la   falta   de  acreditación  de  los  motivos  que  revelen a la Corte la necesidad de admitir  discrecionalmente  la  demanda, así como las protuberantes falencias de lógica  y  adecuada fundamentación en la postulación y desarrollo de las censuras que,  valga  destacar,  tampoco  se  demostraron, conducen a la inadmisión del libelo  casacional.   

          6.  Resta señalar que no se vislumbra que  con  ocasión  del  fallo  impugnado  o  dentro  de  la actuación se vulneraran  derechos  o  garantías  de  los  sujetos  procesales,  que impongan superar los  defectos  de  la  demanda,  en orden a intervenir oficiosamente para asegurar su  protección,  conforme  lo  prevé el artículo 216 del Código de Procedimiento  Penal de 2000.   

          En   mérito  de  lo  expuesto,  LA  CORTE  SUPREMA   DE   JUSTICIA,   SALA  DE  CASACIÓN  PENAL,   

RESUELVE  

          INADMITIR   la  demanda  de casación  presentada  por  el  apoderado  de  la parte civil, constituida por Luis Eduardo  Montenegro Rodríguez.   

          Contra esta decisión no procede ningún recurso.   

          Cópiese,  notifíquese  y  cúmplase.  Devuélvase  al  Tribunal de  origen.   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA     DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 CSJ  AP,  18  Abr.  2007,  rad.  26916  y  CSJ  AP,  27  Feb. 2012, rad. 38100; entre  otros.    

2 CSJ  AP, 24 Abr. 2013, rad. 39876.   

3 CSJ  AP, 26 Feb. 2014, Rad. 42902.   

4 Folio  15 del cuaderno original de la parte civil.    

5  Folios 55 y 56 ídem.     

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