AP3480-2014(43928)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Magistrado Ponente  

AP3480-2014  

Radicación N° 43928  

(Aprobado acta Nº 195)   

         Bogotá,    D.C.,     veinticinco    (25)   de  junio  de  dos  mil catorce (2014)   

         Procede  la  Sala  a  verificar  los requisitos de lógica y debida  argumentación  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor de  CARLOS ALBERTO MURCIA AMADO.   

H E C H O S  

         Fueron    expuestos    por    el    ad  quem en estos términos:   

“Del  dossier probatorio se desprende que  el  17  de  enero  de  2008,  el SI. Trochez Castro Javier y el PT. MURCIA  AMADO CARLOS ALBERTO,  integrantes de la Patrulla Villa 5 del  CAI  Villas  de  Granada, perteneciente a la Estación de Policía Engativá con  sede  en  esta ciudad, se encontraban prestando el tercer turno de vigilancia, y  al  término  del  mismo,  siendo  aproximadamente  las  23:10  horas, cuando se  desplazaban  por  la avenida calle 72 rumbo a la citada Estación, a bordo de la  motocicleta  de  placas  04-7028,  a  la  altura  de las carreras 98 a la 103 el  aludido  patrullero,  quien  fungía como parrillero, escuchó un fuerte ruido y  al  pasar  su  mano  por la chapuza del universal notó que su arma de dotación  revólver  marca  Ruger,  calibre  38  largo  No.  158-82856  con  sus  seis (6)  cartuchos  no  estaba,  novedad  que  avisó  a  su  compañero,  procediendo  a  devolverse por la misma ruta sin lograr encontrarla”.   

A N T E C E D E N T E S  

         1.  Culminada  la  investigación  la  Fiscalía  147 Penal Militar  adscrita  a  la  Policía  Metropolitana  de  Bogotá  calificó  el mérito del  sumario,  el 4 de abril de 2011, con resolución de acusación en contra del PT.  MURCIA  AMADO  por el delito  de   peculado  culposo  (artículo  182  de  la  Ley  522  de  1999)1,  decisión  impugnada  y  confirmada por la Fiscalía 3ª Delegada ante el Tribunal Superior  Militar,    el   28   de   septiembre   de   2012.2   

         2.  Correspondieron las diligencias al Juzgado de Primera Instancia  de  la  Policía  Metropolitana  de Bogotá que, luego de dar inicio al juicio y  celebrar   corte  marcial,  emitió  sentencia  el  14  de  noviembre  de  2013,  imponiendo  al  procesado las penas principales de arresto por cuatro (4) meses,  multa  de  seis  punto sesenta y seis (6.66) salarios mínimos legales mensuales  vigentes  y  la accesoria de interdicción de derechos y funciones públicas por  el  mismo  término  de la pena privativa de la libertad, como responsable de la  conducta  delictiva  objeto  de  acusación,  concediéndole  el subrogado de la  condena      de      ejecución     condicional.3   

         3. Apelada esta  providencia  por  la defensa, fue confirmada por el Tribunal Superior Militar el  11       de       febrero       de       2014.4   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

         El  defensor del procesado interpuso el recurso extraordinario para  postular  un  cargo único en  contra  de la sentencia de segunda instancia, al amparo de la causal contemplada  en  el  artículo  181,  numeral  3°,  de  la  Ley 906 de 2004, por la presunta  comisión  de  un  error de hecho por falso juicio de existencia en la modalidad  de omisión probatoria.   

         Asevera  que  el  juzgador  no  tuvo  en  cuenta la indagatoria del  implicado,  las declaraciones de los Subintendentes Javier Trochez Castro, Jairo  Charry  Ríos  ni el testimonio del Agente Luis Carlos Vargas Tovar que permiten  concluir,   desde  su  punto  de  vista,  que:  i)  el  Patrullero  MURCIA  AMADO estuvo atento al cuidado de  su  arma e informó oportunamente a su superior que ésta se había salido de la  chapuza,  ii)  portaba  prendas  de la Policía Nacional reglamentarias y de uso  obligatorio,  iii) que un transeúnte fue quien se apoderó de la misma y iv) la  existencia   de  novedades  reportadas  por  miembros  de  la  institución  con  relación al uso de aquellas prendas.   

         En  estas condiciones, sostiene, los citados medios de conocimiento  aportados  en  forma  legal a la actuación establecen el debido cuidado asumido  por  su  prohijado  frente a la precariedad de la chapuza destinada al porte del  armamento,  de  tal  modo  que  no  hubo  negligencia  alguna  de  su  parte que  ocasionara  el  resultado  reprochado.  Así  las  cosas,  de no excluirse estas  probanzas,  dice, se habría vislumbrado la concurrencia de dudas en cuanto a la  responsabilidad  deducida,  por  lo  que  solicita  casar  la sentencia y, en su  lugar, se profiera fallo absolutorio.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

         1.  Una  vez  más debe indicarse que la  demanda  de  casación no es un escrito de libre formulación en el que su autor  puede  plantear  de  manera  genérica  y  desde  personales puntos de vista las  inquietudes,   perplejidades,   contradicciones,  incoherencias  o  errores  que  advierta  o  le  suscite el fallo de segunda instancia, puesto que el mismo debe  cumplir  con  parámetros  mínimos  de lógica y argumentación necesarios para  desvirtuar  la  presunción  de  acierto y legalidad que ampara a las decisiones  impugnadas en sede extraordinaria.   

         Ello  tiene  su fundamento en la naturaleza rogada del recurso, por  lo  que  la  demanda  debe  someterse  a  estrictas  y  específicas  reglas  de  postulación  y  bastarse  a  sí  misma  para demostrar la existencia del yerro  planteado,  también  su  trascendencia, ya que no se trata de exponer la simple  discrepancia  de criterios ni de prolongar la controversia que finiquitó con la  sentencia  (Cfr.  entre  otros  CSJ  AP,  24 Nov 2005, Rad 23829; CSJ AP, 18 Ago  2010, Rad. 33559).   

         Bajo  esa  perspectiva, es claro que el casacionista pasó por alto  esta  serie  de  lineamientos,  como  quiera  que  son  varias las falencias que  conducirán    a    la    inadmisión   de la demanda:   

         2.  Sea lo primero advertir que el libelista ni siquiera consideró  que  el  recurso  extraordinario  de casación, al tenor del artículo 368 de la  Ley  522  de  1999,  normatividad aplicable a este asunto, prevé su procedencia  contra  cierto tipo de delitos según su punibilidad y  al  recaer  la  providencia atacada en uno que no involucra una conducta punible  con  pena privativa de la libertad igual o superior a seis (6) años5,    era  insoslayable   que  acudiera  a  la  modalidad  discrecional  para  plantear  su  reparo.   

         Es  decir,  debió  el recurrente, acatando el inciso final de esta  disposición,  poner  de relieve que en el sub examine  era   necesario   un  pronunciamiento  de  la  Corte  orientado  al  desarrollo  de la jurisprudencia con miras a que la Sala unifique  criterios,  revise  la  doctrina, o bien aborde un tema aún no resuelto, con la  demostración  que  la  nueva  postura debe servir a ese propósito y, a la vez,  para  la  solución  del  caso; o bien invocar la necesidad de la protección de  garantías  fundamentales,  lo  que le exigía demostrar de manera fehaciente la  materialidad  del  vicio  y  su  incidencia en el debido proceso o el derecho de  defensa,  todo  precedido  de  una  argumentación  encaminada a justificar a la  Corporación  las razones para admitir la demanda de forma excepcional (Cfr. CSJ  AP2225-2014), carga conceptual que, se repite, fue obviada.   

         3.   De   igual  modo,  es  premisa  fundamental  que  habilita  la  interposición  de  los  recursos,  ya sean ordinarios o extraordinarios, contar  con  interés  para  ello,  es  decir,  la decisión objeto de impugnación debe  generar  agravio  o  menoscabo  en  la  situación de quien pide su revocatoria,  modificación  o aclaración. En sede extraordinaria, una de las manifestaciones  de  tal  interés  se  plasma en el principio de identidad temática, de acuerdo  con  el cual el marco teórico en el que se desarrolla el discurso contentivo de  la  inconformidad  debe  haber  sido  expuesto  previamente  en  el  recurso  de  apelación,  ya  que  no  podría  predicarse  error  en  los  razonamientos del  sentenciador  de segundo grado respecto de asuntos que no tuvo la oportunidad de  examinar  (CSJ  AP,  18  Abr  2012,  Rad.  36608;  CSJ  AP,  17  Oct  2012, Rad.  33145).   

         En  este  evento,  al  cotejar los motivos de disenso de la defensa  con  relación  a  la  decisión del a quo,  se  observa  que  versaron  en  la efectiva configuración de la  negligencia   como   factor   constitutivo   de  culpa  y  determinante  en  las  circunstancias  que  rodearon  la pérdida del arma asignada al PT. MURCIA   AMADO,  en  el  análisis  del  principio  de  confianza para  pregonar  que  excluía la responsabilidad del uniformado al asumir éste que la  chapuza  de  dotación  oficial  era  apta  para  su resguardo, y en la supuesta  despenalización  del  delito  de peculado culposo con la entrada en vigencia de  la  Ley  1407  de  2010,  sin  realizarse  referencia concreta o explícita a la  exclusión valorativa de los testimonios descrita en la demanda.   

         Por  ende,  la  no  discusión de este último aspecto en la alzada  por  girar en torno a una polémica de índole jurídico en cuanto, entre otros,  la  violación al deber objetivo de cuidado, acarrea la carencia de interés del  censor  para  acudir  en casación, toda vez que es improcedente que presente de  forma   tardía   cuestionamientos   probatorios  ajenos  a  aquella  temática.   

         4.  Ahora  bien,  pese  a  que  lo anterior resulta suficiente para  inadmitir  la  demanda,  el  contenido     del    cargo    único    además  devela  yerros  lógicos  que conspiran contra su adecuada  postulación,  en tanto el falso juicio de existencia por omisión, modalidad de  error  de  hecho  aducida  en  la  demanda,  ocurre cuando el fallador de manera  absoluta  ignora,  desconoce  o  excluye el contenido de una prueba válidamente  allegada  con  la capacidad de modificar el sentido de la providencia impugnada,  lo  que  aquí no sucedió, puesto que las probanzas relacionadas en el reproche  sí  hicieron  parte  integral  del  ejercicio  argumentativo de las sentencias,  así:   

“Para esta judicatura y en consonancia con  la  resolución  de  acusación, está demostrado como ya se indicó la pérdida  del  arma de fuego tipo revólver […] situación que no solo tiene respaldo en  las  pruebas documentales ya analizadas, sino en los testimonios de los señores  SI.  Javier  Trochez  Castro,  compañero  de  patrulla  del  acriminado el día  marras,  el  AG.  Luis  Carlos  Vargas Tovar, sub almacenista de armamento de la  Estación  Engativá  para el día del episodio fáctico y el ST. Jairo Fernando  Charry  Ríos  en  calidad  de  Comandante  del  CAI  Villas  de  Granada y jefe  inmediato  del  PT.  MURCIA,  quienes  al unísono afirmaron haber tenido conocimiento de la pérdida del arma  de  fuego  objeto de investigación, incluso les consta la búsqueda de la misma  sin  resultados  positivos;  elementos de guerra que para el día 17 de enero de  2008  estaban  bajo  la  custodia y tenencia del procesado […]”.6   

“Ahora  bien,  es  que  solo  a  él  le  competía  cuidar  el  arma recibida y velar por las condiciones de seguridad en  que  la  portaba,  luego  entonces,  si  el  patrullero recibió la chapuza para  portar  el  arma,  la  que  tenía  idénticas  características con otras de su  clase,  considerada reglamentaría como bien lo indicaron los señores ST. Jairo  Fernando  Charry  Ríos  y  el  SI.  Javier  Trochez  Castro,  pues este último  aseveró  que  el cargador universal donde el patrullero llevaba el revólver es  el  de  uso obligatorio para el uniforme número tres y el seguro que este tiene  es  “un  botón  de  presión” el cual estaba bueno antes de la pérdida del  arma,  por  lo  tanto  el  PT.  CARLOS ALBERTO MURCIA  AMADO,  debió  haber advertido a su jefe inmediato o  al  Comandante  de  la  Estación,  de  ser  cierto,  que ella no le prestaba la  seguridad  requerida  y  no  lo  hizo,  para  que  la administración tomara los  correctivos   necesarios,  por  lo  tanto  esa  conducta  inobservada,  lo  hace  responsable  por infringir el deber objetivo de cuidado que le era exigible como  ya  se  dijo”.7   

“Así   las   cosas,   el   que   obra  descuidadamente  no  podrá  invocar  el  principio  de confianza, y esto quedó  claro  en  las  probanzas  que reposan en la actuación cuando la elevación del  peligro  de  producción  del  resultado fundamenta la responsabilidad cuando el  peligro  cualquiera  se  convierte  en  el  resultado,  lo que se traduce en que  advirtiendo  el  policial  lo  insegura  que  era  su  chapuza  y el peligro que  representaba  al  transportarse  en  una  moto  con  la descripción que realiza  –que  se le movía de un  lado  a  otro  por la velocidad-, le obligaban a tener el máximo cuidado con el  bien  a  su  cargo,  lo  que  dejó  de hacer pese a conocer, como lo indicó de  manera  clara  en  su  diligencia  de  inquirir, que corría peligro debido a la  forma  como la transportaba, el vehículo en que se movilizaba y el uniforme que  portaba”. 8   

         Por  consiguiente,  el cargo parte de parámetros errados en cuanto  a  la  dinámica  conceptual  que  rige  la  acreditación de un falso juicio de  existencia  por  omisión,  toda vez que los medios de conocimiento que se dicen  presuntamente  excluidos  sí  fueron considerados por el Tribunal, también por  la   primera   instancia  en  decisión  que  constituye  una  unidad  jurídica  inescindible,  solo  que  se  desestimaron  los efectos que de ellos pretende el  recurrente.  Tal  contexto  descarta  la  configuración del yerro, pues este no  puede  surgir  por  la  llana  disparidad  de  criterios  respecto  del  mérito  probatorio   conferido   a   los   elementos  de  juicio  materia  de  denuncia.   

         5.  En  síntesis,  en  este  evento  el  demandante  no acató los  parámetros  argumentativos  propios  de  la  casación  discrecional, carece de  interés  para  la formulación de un falso juicio de existencia y pasa por alto  que  el  recurso extraordinario no es una fase propicia para que la Corte dirima  la  mera  divergencia  de  posturas,  ya  que  no es una tercera instancia, y su  intervención  sólo  procede  en  procura  de  restaurar la legalidad del fallo  cuando  han  acaecido  yerros  cuya  demostración,  a  través  de  su correcta  postulación,  permite  evidenciar tanto su presencia como la magnitud necesaria  para oponerse a las conclusiones del juzgador.   

         En  estas  condiciones,  por  carecer  la  demanda de casación del  sustento  lógico  y  argumentativo  propio  de  esta  sede  será  inadmitida,  además,  porque del estudio  del  expediente  no  se  vislumbra  la  violación  de  derechos fundamentales o  garantías  de  los sujetos procesales que den lugar al ejercicio de la facultad  oficiosa  de  índole  constitucional  y  legal  que  le  asiste  a la Sala para  asegurar su protección.   

         En  mérito  de  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA     DE     JUSTICIA,     SALA     DE     CASACIÓN     PENAL,   

         R E S U E L V E   

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  CARLOS  ALBERTO MURCIA  AMADO.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso   

         Cópiese,   comuníquese,  devuélvase  al  Tribunal  de  origen  y  cúmplase.   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Presidente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA     DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Fl. 184 y siguientes cuaderno original 1   

2  Fl. 213 y s.s c.o 2   

3  Fl. 373 y s.s c.o 2   

4  Fl. 421 y s.s c.o 3   

5  El  artículo 182 del Código Penal Militar, sanciona  el  delito  de  peculado  culposo  con  arresto  entre  seis (6) meses y dos (2)  años   

6  Cfr.  Fl  17 fallo de primera instancia / Fl. 389 c.o  2   

7  Fl.  20  fallo  primera  instancia  /  Fl.  392  c.o  2   

8  Cfr.  Fl.  58  sentencia  Tribunal  /  Fl.  478  c.o  3     

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