AP5719-2015(44526)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado ponente  

AP5719-2015  

Radicación N° 44.526  

(Aprobado  Acta No.  350)   

Bogotá  D.C.,  treinta (30) de septiembre de  dos mil quince (2015).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Examina  la  Corte  las  bases  jurídicas  y  lógicas  de  la demanda de casación presentada por el defensor de Iván   de   Jesús   Agudelo   contra  la  sentencia  proferida  el  30  de abril de 2014 por la Sala de Decisión Penal de  Descongestión   del  Tribunal  Superior  de  Antioquia,  que  confirmó la  impartida  el  15  de  enero  del  mismo  año  por el Juzgado Primero Penal del  Circuito  de  Rionegro,  mediante  la cual lo condenó por el delito de contrato  sin cumplimiento de requisitos legales, en concurso homogéneo.   

HECHOS     Y    ACTUACIÓN    PROCESAL  RELEVANTE   

1.  La cuestión fáctica fue sintetizada por  el  a  quo en los siguientes  términos:   

El     día     Marzo     (sic)   06  del  2006  la  Contraloría  General  de  Antioquia,  hace  conocer  a  la  fiscalía un informe en el que se  indica  varios hallazgos obtenidos en auditoría Integral regular realizada a la  administración  del  Municipio  de  Alejandría  Antioquia,  para las vigencias  fiscales  del  2001-2003.  De  acuerdo  con  dicho  informe  la  administración  municipal,  cuyo  alcalde  era  el  señor  IVAN  DE JESUS AGUDELO, incurrió en  múltiples   irregularidades   en   la   contratación   y   violo  (sic)   principios   tales   como:   la  selección  objetiva  y  la  transparencia,  tal  informe  dio  lugar a plurales  investigaciones  penales,  ocupándose  el  presente  proceso  de  los contratos  relacionados  con  las  siguientes  obras: CONSTRUCCION DEL COLICEO (sic)  DE ALEJANDRÍA; CONSTRUCCIÓN DEL  HOGAR  MULTIPLE  DE  BIENESTAR;  UNIDAD  DEPORTIVA  RECREATIVA PROCESA DELGADO Y  MEJORAMIENTO  DE  VÍAS. En las mencionadas obras aparecen como contratistas: JK  Construcciones   y  Raúl  Puerta  para  la  primera  de  las  obras  nombradas;  Construcciones   Construfel,   Pedronel   Muñoz,  Arturo  Restrepo;  Materiales  González,  Luis  Abad López, JK Vías y Construcciones como contratistas de la  segunda  obra  relacionada;  JK  Vías  y  Construcciones y Gildardo Echavarría  Betancur  como  contratistas de la Unidad Deportiva Recreativa Procesa Delgado y  JK   Construcciones,   Erned   de   Jesús   Aguilar  como  contratistas  en  el  mantenimiento de vías.   

Se  trata  de  35  contratos  los cuales se  cuestionan  por  el  ente  investigador  por  haberse  incurrido por parte de la  administración  municipal  en  fraccionamiento  de  los  mismos, por no haberse  elevado  la contratación a documento escrito y por no contar con certificado de  disponibilidad  presupuestal y registro presupuestal. Cabe advertir con respecto  a  los  contratos  de  los  cuales se alega incumplimiento de requisitos que los  mismos  aparecen  relacionados  en  cuadros  elaborados  por  la fiscalía en la  resolución  de  acusación,  a los cuales se remite este despacho, toda vez que  el  pliego de cargos se constituye en el marco jurídico al que debe ceñirse la  presente                  sentencia.1     

2.  Atendiendo  las  compulsas  de  copias  expedidas  el  28  de  febrero  de  2008  por  la  Fiscalía  123  Seccional  de  Medellín2  respecto  de los contratos celebrados por Iván de Jesús Agudelo,  por  una parte, con Raúl Puerta, José Gabriel Henao Guzmán, Luis Abad López,  Construfel,  Materiales  González,  Erned  de  Jesús Aguilar, Froilán Puerta,  Gustavo  Muñoz,  Roberto Elías Maín López y William de J. Rueda y, por otra,  con  JK  Construcciones,  el  mismo  día su homóloga 46 profirió, en distinta  cuerda  procesal,  resolución  de  apertura de investigación previa (radicados  190.0053           y           190.0104).   

3.  El  30  de  enero  de  2009  se declaró  formalmente  abierta  la  investigación  en  ambos  sumarios  y  se  ordenó la  vinculación  mediante  indagatoria  de Iván de Jesús  Agudelo5.   

4.  El  21 de febrero de 2011 se definió la  situación  jurídica  del  sindicado, en las dos investigaciones, en el sentido  de  abstenerse  de imponerle medida de aseguramiento6.   En  todo  caso,  en la  decisión  concerniente  al  expediente  radicado  bajo  el  número  190.010 se  dispuso  incorporar  a  ese  proceso  lo  actuado  en  el  identificado  con  el  consecutivo 190.005, dada su conexidad.   

5.  El  10 de mayo siguiente se clausuró el  ciclo                   instructivo7.   

6.  El  mérito del sumario se calificó con  resolución  del  30  de junio ulterior, por cuyo medio se acusó a Iván  de  Jesús  Agudelo  como autor del  injusto  de  contrato  sin  cumplimiento  de  requisitos  legales,  en  concurso  homogéneo   (artículos  402  del  Código  Penal)8.   

Recurrida esta determinación por la defensa,  fue  confirmada  el  20  de septiembre de ese año por el Fiscal Cuarto Delegado  ante    el    Tribunal   Superior   de   Antioquia9.   

7. El juzgamiento le correspondió al Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  de  Rionegro,  despacho  que,  el  19  de octubre  posterior  dispuso  correr  el  traslado de que trata el artículo 400 de la Ley  600  de  200010.   

8. La audiencia preparatoria se celebró el 3  de          febrero          de         201211 y la pública de juzgamiento  se   llevó   a   cabo  el  26  de  julio  de  201312.   

9.  Mediante  sentencia  del  15 de enero de  2015,  Iván de Jesús Agudelo  fue  declarado penalmente responsable del delito de contrato sin cumplimiento de  requisitos  legales,  en  concurso  homogéneo  y sucesivo, en calidad de autor,  razón  por la que se le impuso las penas principales de cincuenta y cuatro (54)  meses   de  prisión,  doscientos  (200)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  de  multa  y  cinco  (5) años de inhabilitación para el ejercicio de  derechos   y  funciones  públicas,  al  tiempo  que  le  negó  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena  pero  le  concedió  la  prisión  domiciliaria13.   

10.  Inconforme  con el proveído de primera  instancia,     el     defensor     lo     apeló14,  y el 30 de abril del mismo  año  la  Sala  Penal  de  Descongestión  del Tribunal Superior de Antioquia lo  confirmó15.   

11.  La  defensa  interpuso oportunamente el  recurso      extraordinario     de     casación16  y  presentó  en  tiempo el  libelo                correspondiente17.   

LA DEMANDA  

Previa   identificación   de  los  sujetos  procesales  y  la  sentencia  impugnada,  el libelista reproduce los hechos como  fueron  concebidos  por  el  Tribunal  y sintetiza la actuación procesal, para,  enseguida,   solicitar  «se  invalide  el  fallo  de  condena,  (…) para que se revoque la sentencia de segundo grado y se efectúen  las  declaraciones  impetradas  en  el  respectivo  cargo  que busca eliminar la  condena  por  haber incurrido en delito consistente en celebración de CONTRATOS  SIN  CUMPLIMIENTO  DE  REQUISITOS  LEGALES  y,  se  provea a la realización del  derecho  objetivo  materializando  la  posibilidad  de  defensa  de los derechos  fundamentales»18.   

A  continuación, en un acápite que intitula  “EXPRESIÓN  DE  LOS  MOTIVOS  DE  CASACION O CAUSA  PETENDI”19,  al  amparo  de  la  causal  primera,  cuerpo  segundo,  del  artículo  207  de la Ley 600 de 2000, acusa la  sentencia  de  segundo  grado  de incurrir en error de hecho, con ocasión de la  vulneración  de  «los  principios  de  necesidad  e  inmediación»20,   por   cuanto  no  existe  ninguna  prueba  que  demuestre  que  los  contratos  objeto  de  la  condena se  celebraron  sin  el  cumplimiento  de  las  formalidades  plenas  y  que  fueron  fraccionados.   

En  este punto, reprueba a la colegiatura por  atender  el análisis probatorio del a quo,  pese  a  que los artículos 3º del Decreto 855 de 1994 y 11 y 17  del  Decreto  2170 de 2002, vigentes para la época de los hechos, establecen la  posibilidad  de  contratar,  de  forma  directa,  cuando  el  monto  del negocio  jurídico  no  supera el 10% de la menor cuantía a que se refiere el literal a)  del numeral 1º del artículo 24 de la Ley 80 de 1993.   

Asegura  que  tanto  la  Contraloría como la  Fiscalía   inadvirtieron   que   los   contratos   cuestionados  se  realizaron  «no  con el presupuesto original de los años 2001 y  2002/2003   sino   con   partidas   que   entraron   al   presupuesto   mediante  COFINANCIACIONES       DE       DIFERENTES      ENTES      OFICIALES»21,  por  lo  cual  se  debió  probar   «que  las  certificaciones  sobre  reserva  presupuestal  refirieran la nota de haberse dado la reserva por la existencia de  un  aporte  adicional de alguna entidad, que permitía certificar la partida con  reserva   presupuestal   por   ser   una  cofinanciación  adicional»22.   

Igualmente, tras citar un fragmento del fallo  impugnado   en  el  que  los  juzgadores  aseveran  que  la  conducta  prohibida  «se  concreta a “tramitar contrato sin observancia  de   los   requisitos   legales   esenciales   o  celebrarlo  sin  verificar  su  cumplimiento»23,  sostiene  que  éste hecho  «no   está  prohibido  en  cuanto  al  número  de  contratos   que   se   deban   celebrar»24,  porque la  ley    no   lo   contempla   así   y   cada   uno   de   ellos   «refiere       a       un       hecho      independiente»25,   en   los  términos  del  referido canon 17.   

Además,  expresa,  constituye error de hecho  –no   indica   cuál-  considerar  que los negocios jurídicos debían constar por escrito y no podían  celebrarse  en  el  mismo  mes  o  año,  pues  siendo  de  mínima  cuantía no  demandaban  procedimiento  alguno; solamente se trató de obras de mantenimiento  que  no  de  construcción  a  las  que  sí le eran aplicables las formalidades  plenas  y  «cada  contrato  tiene sus estipulaciones  propias  así  se  vean con un objeto similar. No son uno mismo, sino varios que  pueden   tener   un  mismo  beneficiario»26.   

Así   mismo,  explica  que  «los  dineros entraron a Tesorería y se abonaban a un Artículo del  presupuesto,  que  no  era  en  realidad  el  de  atender, puesto que si bien se  dirigían  a  una  obra  determinada, no eran parte del contrato original que de  partirse   o  llevarse  a  cabo,  si  hubiese  demostrado  que  no  carecía  de  formalidades   plenas.»27   

Luego de insistir en que el dinero pagado por  la  administración  no  hacía  parte  del  presupuesto  real  de  la  obra  ya  construida,  debido  a  las cofinanciaciones e indicar que, en algunos casos, el  contrato     fue    intuito    personae  –como el de  los  explosivos- destaca que las resoluciones y órdenes de trabajo y de pago se  hicieron   por   escrito   y   de   ello  quedó  constancia  en  la  tesorería  «por lo que no es de recibo otro tipo de acusaciones  sobre   el   particular»28 -no explica-.   

Critica al ente acusador por no investigar que  en  los  contratos  celebrados  con la misma persona para obra complementaria se  acudió  al  mentado  precepto 17, dejando de acreditar, también que existiesen  varios oferentes, razón por la que, cree, al menos cabe la duda.   

Para   el   defensor,   el   ad   quem   erró  al  citar  entre  sus  consideraciones  el  artículo 39 de la Ley 80 de 1993, por cuanto los contratos  objeto  de  la  acusación son de mínima cuantía, además que no es cierto que  en  los  contratos  sin  formalidades  plenas solo se excluye el cumplimiento de  algunas  formalidades,  pues  esto  corresponde a una invención del juez plural  porque  la  ausencia  de  formalidades  plenas  es  igual  a  que no se requiere  procedimiento  alguno.  Tampoco podía, agrega, asumir que los contratos, de que  trata el canon 25 del Decreto 679 de 1994, deben ser por escrito.   

En  ese orden, es de la idea que al variar el  sentido  de  las  referidas disposiciones «se desvía  la  voluntad  del  legislador y se incurre en error de hecho, porque no se puede  sancionar  a  quien  obra conforme a derecho, inspirado en la existencia de esas  normas  que  lo  llevan  cuando  menos,  a una exclusión de responsabilidad que  sustenta   el   Art.   32   del   C.P.   en  su  Numeral  10  y  11.»29   

Enseguida, postula dos cargos:  

Primero  

Acusa   un   error  de  hecho  –no  lo  identifica-  derivado  de  mal  interpretar  la  prueba –no  dice  cuál-,  dándole  un sentido erróneo por violación de los principios de  legalidad y necesidad.   

En este punto, reprueba al juez colegiado por  no  demostrar  «cual (sic) era o es el presupuesto de  que  se  trata  en  cada  caso,  para  celebrar  los  contratos que dice haberse  celebrado  sin  las formalidades plenas. Así hace ver la existencia obligada de  formalidades  y el fraccionamiento de los mismos, sin demostrar qué presupuesto  tenía       para      fraccionarse.»30   

Con  estribo  en  la  causal  primera, cuerpo  segundo  del  artículo  207  del  Código  de  Procedimiento  Penal  postula la  «violación  indirecta  de  la ley sustancial que ha  llevado    a    una    aplicación    indebida    de    la    prueba»31,  en  el  sentido  de  falso  juicio de identidad.   

En  un  segmento  que denomina «SINGULARIZACIÓN  DE LAS PRUEBAS ASIENTO DE LOS ERRORES»32,  reprocha  a los juzgadores  por  i)  tener  como  prueba  los  35  contratos  objeto del reproche penal, sin  atender  el  Decreto  855  de  1994,  ii)  aducir que ellos no se efectuaron por  escrito  pese  a lo dispuesto por el artículo 17 del Decreto 2170 de 2002 y que  existen  resoluciones,  órdenes  de  trabajo  y  contratos  de  prestación  de  servicio,  así  como  las  certificaciones  de  vigencia  presupuestal  y  iii)  desconocer  que  la  Fiscalía  no  probó  que  en  la localidad hubieran otros  oferentes.   

En  un aparte dedicado a la demostración del  cargo,  inicialmente,  recaba  lo  relativo  a la impropiedad de estimar que los  contratos  de  mínima  cuantía  deben  constar por escrito y que no pueden ser  celebrados  en  una  semana  o  mes por ser indicativo de fraccionamiento, sobre  todo  si  la  Fiscalía  no  acreditó  que  hubiera  un  contrato global, para,  después,   señalar   que  «[e]l  falso  juicio  de  existencia,  de  contratos  celebrados  sin  el  lleno  de  las  formalidades se  concreta  en  (…)  [i)  la  r]ecolección  por  parte de la Sala de las mismas  pruebas  aducidas  por  el  juez  de  primera  instancia (…) sin demostrar que  existe  un contrato distinto a los ya realizados en CONSTRUCCIÓN DEL COLISEO DE  ALEJANDRÍA,  CONSTRUCCIÓN  DEL  HOGAR  MULTIPLE DE BIENESTAR, UNIDAD DEPORTIVA  RECREATIVA     PROCESA    DELGADO    Y    MEJORAMIENTO    DE    VIAS»33,    lo    cual    enseña  «argumentos    que    tergiversan,    DESDIBUJAN,  DISTORSIONAN  Y  DESFIGURAN  LA  PRUEBA  en  el juicio, que dice otras cosas que  muestran       la      culpabilidad      de      [su]      defendido»34  y  ii)  dar  por probado el  fraccionamiento  por  la  existencia  de  varios  contratos, no escritos, con un  mismo beneficiario.   

Luego  de  concluir  que  «LOS  ERRORES  ANOTADOS  EN PRECEDENCIA, resultan ser UN NEXO CAUSAL  que  lleva  a  la  sentencia condenatoria»35, se duele de  que   no  se  haya  declarado  «la  inexistencia  de  antijuridicidad  objetiva»36     alegada     en     el  juicio.   

Tras  reiterar  una  y otra vez, en sucesivos  acápites,  lo  concerniente  al  supuesto  desconocimiento  de  las  normas que  habilitaban  la  contratación  directa, la cual se hizo por escrito y de medios  de  convicción  –no  los  identifica-  que  demuestran  que  el procesado actuó conforme a derecho, opina  que  «[s]e genera así un falso juicio de existencia  que  permite  no  apreciar  la  prueba  que  la misma Fiscalía aduce como hecho  punible,   sin   serlo   dadas   las   autorizaciones   que   se   mencionan  en  precedencia»37.   

Previa  petición a la Corte en el sentido de  estimar   que   «aquellas   pruebas   erróneamente  consideradas  para  demostrar  la  existencia  de la conducta, solo (sic) tienen  vigencia  para ver demostrada una contratación que no es punible conforme a una  autoría   propia,   nunca  el  concurso  homogéneo  y  sucesivo  de  contratos  celebrados    sin    el    lleno    de    los   requisitos   legales»38,   señala   que  el  fallo  acusado  ha  debido  admitir  la duda razonable respecto a la materialidad de la  conducta.   

Del  mismo  modo,  asegura  que  el  Tribunal  incurrió  en falso juicio de existencia por presumir que los contratos debieron  realizarse  a  través de medio quirografario y en falso juicio de identidad por  «la  falsa  apreciación  de  la  prueba  y de otros  comportamientos  derivados  de  las  entrevistas  no  ratificadas  en  el juicio  oral»39.   

En  un  aparte dedicado a la trascendencia de  los  errores  en  el que insiste en todo lo dicho anteriormente, con apoyo en la  sentencia  CSJ  ST, 7 jul. 2010 -sin radicado-, resalta que aun cuando las obras  acusadas   de  fraccionamiento  pudieran  considerarse  complementarias  de  las  principales,  aquellas «involucran labores disímiles  e  incluso  convocan  distintos  especialistas para su ejecución, razón por la  cual  nada  impide  que sean contratadas independientemente pues en este caso no  corresponden    a    la    misma    especie    o   contrato   que   se   presume  fraccionado»40.   

Para cerrar esta censura, luego de aludir a la  técnica  de  demostración en casación del error de hecho, solicita a la Corte  «referirse  a  la  prueba  testimonial  aportada  en  defensa   de   IVAN   DE  JESUS  AGUDELO»41   -no  la  especifica-.   

Segundo  

Acusa  un error de hecho como consecuencia de  no  tener  por  demostrado  que  «los contratos eran  parte  de  uno  de  mayor  entidad que exigía que no se pudiese fraccionar para  realizarlo   en   pequeños   contratos»42,  partiendo  de  la  base  que  «las  pruebas  del hecho las debe  presentar    el   ente   acusador   en   la   Audiencia   de   formulación   de  cargos»43  y que están prohibidas las  pruebas de oficio.   

En soporte de su tesis, para empezar, aduce el  libelista  que  el  ad  quem  incurrió  en  el  defecto  mencionado  porque tuvo como prueba los 35 contratos  independientes  que se regían por el artículo 17 del Decreto 2170 de 2002, los  cuales     incumplen    «los    presupuestos    de  legalidad»44.  De  esta manera, considera  que  «el error deviene de la suposición de la prueba  como      válida»45,  en  la  medida  que, en el  proceso  no  está  demostrado  cuáles  son  los  contratos  de  mayor  entidad  fraccionados.   

Añade  que  «[s]e  trata  de  un  error de hecho que lleva a un falso juicio de identidad cuando se  tiene  la  jurisprudencia como prueba [de la coautoría impropia en concurso con  el  secuestro] sin que se haya mencionado siquiera en el juicio oral, en ninguna  de   sus   instancias»46.   

Según  el  actor,  el  yerro es trascendente  porque  «tener como prueba un contrato que no depende  de      otro,      no      conlleva      fraccionamiento      alguno»47  y agrega que «NO  TENER  POR  DEMOSTRADA  la  existencia de contratos vigentes de  mayor  entidad, a las cuales se refiera la existencia de los 35 contratos que se  aducen  como  fraccionados,  es  suficiente  incidencia para ver la necesidad de  casar  la  sentencia  y  absolver  con  ello a IVAN DE JESUS AGUDELO»48.   

Enseguida, bajo lo que denomina «FALSO  JUICIO  DE  CONVICCIÓN EN QUE INCURRE LA SALA HABIDA CUENTA  DE  LOS ERRORES DENOTADOS EN LA SENTENCIA»49,  el censor  sostiene  que  la  conducta endilgada a su mandante no es típica «porque  los  contratos  firmados  por el Alcalde, así se hagan ver  como  parte de otro, tienen su propia identidad, no dependen de los que hace ver  la  Sala  de  Descongestión  como  CONSTRUCCION  DEL  COLISEO  DE  ALEJANDRÍA,  CONSTRUCCIÓN  DEL  HOGAR  MÚLTIPLE  DE  BIENESTAR, UNIDAD DEPORTIVA RECREATIVA  PROCESA  DELGADO  Y MEJORAMIENTO DE VÍAS»50; tampoco es  antijurídica  ya  que  no se causó lesión alguna a la contratación pública,  ni  culpable  debido  a  que  no  se  acreditó  que  el  procesado  actuara con  intensión.   

Por  último, pide casar el fallo impugnado y  revocarlo para, en su lugar, absolver al acusado.   

CONSIDERACIONES  

En  orden  a derruir la doble presunción de  acierto  y  legalidad  que  recae  sobre  el  fallo de segundo grado, el recurso  extraordinario  de  casación  debe  ser  elaborado  respetando las formalidades  técnico  jurídicas previstas en la ley y la jurisprudencia, según se trate de  cada  una  de  las  causales  establecidas  en el artículo 207 de la Ley 600 de  2000.   

En ese sentido, la demanda debe ser íntegra  en  su  formulación, suficiente en su desarrollo y eficaz en la pretensión, de  tal  suerte  que  se debe soportar en los principios que rigen este mecanismo de  impugnación,   en  especial,  los  de  claridad,  precisión,  fundamentación,  prioridad,  no  contradicción  y autonomía, sin que sea viable argumentar a la  manera  de un alegato de instancia.  La proposición de los cargos requiere  escoger  adecuadamente  la  causal y el sentido de la violación y, concretar el  disenso en términos de trascendencia.   

De  conformidad  con  el  artículo  213 del  Código  de  Procedimiento Penal del 2000, la Sala inadmitirá el libelo, porque  no  reúne las exigencias mínimas previstas en el canon 212 del mismo Estatuto.  Las razones son las siguientes:   

1.  De  entrada,  el  libelista  vulnera los  principios  de  claridad  y  no  contradicción  al  solicitar,  al inicio de su  memorial,   la  invalidación  del  fallo  de  segundo  nivel  y  a  la  vez  su  revocatoria,  siendo  que  lo  primero  supone  la  declaración de nulidad y lo  segundo la emisión de fallo de reemplazo.   

Del  mismo modo, abandona cualquier mínima  pauta  de  postulación  y  demostración  de los errores que denuncia, pues en un  escrito    atiborrado    de    innecesarias    repeticiones,   imprecisiones   e  inconsistencias  dedica  su empeño a oponer su criterio  personal   al   de   las   instancias,   sin   ningún   orden,   fundamento   y  metodología.   

Es   así   que   tanto  en  el  acápite  introductorio  a  los  cargos titulado «EXPRESIÓN DE  LOS      MOTIVOS      DE      CASACIÓN      O     CAUSA     PETENDI»51,  como  en  las  dos  censuras propuestas invoca la violación indirecta de la ley  sustancial  por  error  de  hecho, pero, o   bien,  de  manera  alguna identifica si se trata de falsos juicios de existencia, identidad  o    raciocinio,   o   cuando   menciona   los   dos  primeros                 vulnera  el  postulado  de  autonomía,  ya      que,      lo      hace      indistintamente,          respecto          de         iguales  aspectos, lo cual resulta, como  es   obvio,  excluyente.  Esto,  como  cuando  dice  que  se  supuso  la  prueba  –que   ni   siquiera  menciona-     que    fue    omitida    pero      también      adolece      de      un      vicio     de     identidad.   

2.  La confusión  argumentativa    del   jurista   es   igualmente   palmaria   cuando,   en   el  acápite   preliminar,   a  la  par  que  invoca  la  infracción  mediata de la ley sustancial,  denuncia  la  violación del postulado de inmediación y la falta  de  práctica  de  algunos  medios   probatorios   por  parte  de  la  Fiscalía,  verbi  gratia,   los   destinados   a  establecer  la  incidencia   de  unas  cofinanciaciones  en  el  presupuesto  del  municipio  de  Alejandría    y    la    existencia    de   varios  oferentes,    lo   que  supondría  la  transgresión  del  axioma de investigación integral, apotegmas  estos  cuyo  desacato  debía  demandarse  con  apoyo  en  la  causal tercera de  nulidad.   

Así mismo, si lo  reprobado  era la exclusión  por  los  juzgadores de los  artículos  3º  del  Decreto 855 de 1994 y 11 y 17 del Decreto 2170 de 2002, al  censor  le  correspondía  acudir  a  la ruta de la violación directa de la ley  sustancial  en  la  modalidad de falta de aplicación,  cometido  no  emprendido  por  el  letrado;  en  todo  caso, está bien precisar  que,     por     lo  menos,   respecto   del  referido          canon          11,    el  reproche  no  habría  tenido  vocación de prosperidad porque, la verificación  del  fallo  de  segundo  nivel  permite  evidenciar  que  ese  precepto  sí fue  comprendido  dentro  de  la  decisión acusada, incluso con el alcance demandado  por  el  censor  frente  a la posibilidad de contratar de manera directa con los  precios  del  mercado,  sin  que se requiera obtener previamente varias ofertas,  cuando  se  trata  de  contratos  de  valor  igual  o  inferior  al  10%  de  la  menor  cuantía  a  que  se refiere el literal a) del  artículo 24 de la Ley 80 de 1983.   

A  la  inversa, si el impugnante tenía por  fin  criticar la aplicación del precepto 39 de la Ley  80  de  1993,  ha  debido  postular,  por  la senda de la causal primera, cuerpo  primero,  la violación directa de la ley sustancial en su arista de aplicación  indebida, lo cual tampoco realiza.   

Con todo, es del caso resaltar que el censor  descontextualiza  la  referencia  del  Tribunal a esa  disposición,  la cual se circunscribe a establecer la  regla  general  en  cuanto  a  la  forma  y  perfeccionamiento  de los contratos  estatales,  para  luego,  aludir,  justamente,  a  la  excepción  en materia de  contratación  directa, dada por la no obligatoriedad  del  contrato  escrito  pero sí de la orden escrita,  previa a la ejecución del objeto.   

Ahora, pareciera que el jurista promueve la  atipicidad    de    las    conductas   endilgadas   a   su   cliente,  al  estimar  que  la  ley  penal no  sanciona  el  hecho  de  tramitar  contratos  sin el cumplimiento de los requisitos legales cuando quiera  que  ellos son fraccionados; sin embargo, además que abandona la ruta que se le  imponía  para  acusarlo,  esto  es,  la violación directa, ignora que, si bien  tal  conducta  no  está  prohibida  expresamente en la Ley 80 de 1993 ni en el  artículo   410   de   la   Ley   599  de  2000,  la  jurisprudencia             –administrativa  y  penal- y la doctrina  han  sido  consistentes en  que  tal comportamiento constituye una modalidad para  abusar  del  poder  y  violar  el  principio  de selección objetiva,   cuando   quiera   que,      bajo     la     vía            directa,    se   celebran    varios    contratos         con        idéntico  objeto, cada uno de cuantía  inferior,         que        sumadas    dan    una   superior,    y    por    lo    mismo  deberían   haber  sido  materia de licitación o concurso.   

Entonces,  no  es  como  lo  concibe  el  recurrente  que,  la  sola  existencia  de  un número plural de contratos torna  lícita  su  celebración,  pues   es   indispensable   evaluar   si   existe   homogeneidad  en  el  objeto  contractual,   entre   otros   aspectos.   

Vulnera,   también,   el   principio  de  corrección  material al  señalar   que   el   Tribunal   sostuvo   que   los   contratos   objeto   de   la  condena  tenían   que  constar  por  escrito,  cuando  lo cierto es que,  si  bien el a quo sí hizo  esa   aseveración   en  los  términos  de la acusación, este punto fue replanteado por el ad   quem,   con   fundamento  en  el  artículo   25   del  Decreto  679  de  1994,  para  aseverar,  en  cambio,  que  «aunque  le puede asistir razón al señor defensor  en  cuanto  a  la  no  exigencia  de  contrato escrito en tratándose de mínima  cuantía,  sí  se le exigía al señor Alcalde una orden escrita previa de obra  o   suministro   de   bienes,   precisando   el   objeto   del   contrato  y  la  contraprestación,  hecho  que  no  se  dio, y no se puede tratar de suplir este  requisitos       (sic)      mediante      órdenes      de      pago»52.   

Ahora,  contrariando su argumento inicial,  el  letrado  aduce,  más adelante, que las resoluciones y órdenes de trabajo y  pago  sí  se hicieron por escrito; sin embargo, nada  dice  acerca  de  que  el  Tribunal encontró probado  que   sólo  unas  cuantas  órdenes  cumplieron con este requisito previo,  cuestión   que,  de  cualquier  manera,   en   nada  afecta  el  juicio  de  reproche  porque,   en   todo   caso,    no   se  satisficieron       el      resto      los      presupuestos      contractuales,  específicamente,   lo  relativo a los registros presupuestales.   

En idéntica infracción lógica incurre el  libelista  cuando se aferra a la idea infundada de que el juez plural confundió  las  obras  de  mantenimiento  por  las  que  se  lo  procesó  con  las  de  la  construcción  original,  tanto  para  efecto  de la  determinación  de  la cuantía como de su imputación a la partida presupuestal  respectiva,  pues,  en  todo  momento,  la  Sala  de  Descongestión se refiere,  exclusivamente, a los primeros.   

De    igual    manera,    de    cara    al    juicio    de   responsabilidad,   ninguna  incidencia tendría acreditar,  como  lo  pretende  el  letrado,  que algunos de los  contratos     se     celebraron     intuito       personae,   pues   la   ausencia   de   varias  ofertas  fue  una  de  las  irregularidades  deducidas  por  el a quo,  no  así  por el ad quem,   quien  se  apoyó  en  el  artículo  11  del  Decreto  2170  de 2002 para estimar que no  se  requería  obtener  previamente  varias  ofertas,  esto,  claro  está bajo el supuesto de que la contratación directa         hubiera         sido         escogida        correctamente.   

No conforme con  lo  anterior,  el  actor  no  sólo  ignora  que  la  celebración  de  varios  contratos  con  único  objeto,  dentro  de  una misma  mensualidad  o  anualidad,  constituye un claro indicio de fraccionamiento, sino  que  tal  argumento  de  la  colegiatura se formuló para responder a la falacia  alegada  en la apelación,  según  la  cual  no existió aquel porque los negocios jurídicos se realizaron  en    diferentes    vigencias   presupuestales,   siendo   que   esto   no   era  verdad.   

Convenientemente,  desconoce, además,   los   argumentos   de   la  colegiatura  que la llevaron a establecer,  conforme  a  la  ley administrativa,  que  la  contratación  desprovista de formalidades plenas no prescinde de todos  los       requisitos      normativos,  ya  que aunque se excluyen algunas formalidades se deben acatar  otras   «como   la   disponibilidad   y   registro  presupuestales   y   la   orden  escrita  previa  por  parte  del  representante  legal»53.   

Y es que pensar  como    lo    propone    el    censor,   que   la   ausencia   de   formalidades   plenas   es  equivalente  a  que  no  se debe cumplir ningún procedimiento  cuando  se  está  ante  contratos de mínima cuantía, desconoce los principios  que  rigen la contratación estatal, particularmente, los de selección objetiva  y transparencia.   

Percibe, asimismo, la Corte la ruptura del  postulado  de  razón  suficiente,  toda vez que más allá de la opinión en el  sentido  que  su  asistido ha de ser exculpado de responsabilidad conforme a las  causales  descritas en los numerales 10 y 11 del artículo 32 del Código Penal,  no  se brinda un solo elemento de juicio para avanzar en tal estudio, a más que  ni  siquiera  se  ocupó  de  controvertir  los  copiosos  razonamientos  de  la  colegiatura que desvirtuaron tal posibilidad.   

3.  En  cuanto  se refiere al primer    cargo,    las   anomalías  metodológicas   son   profusas,  empezando  porque  el  recurrente  acude al  falso  juicio  de  identidad  pero  además  que  lo  identifica  con  el  falso juicio de existencia, dice  que  ello  ocurrió por la indebida aplicación de la  prueba   y,   no   conforme   con   esto,   acopla  al  reproche  todas  las  quejas  anteriores,  es  decir,  las  relacionadas  con  i) la violación de los  principios  de  legalidad, necesidad de la prueba e investigación integral, ii)  la  falta  de aplicación  del   Decreto   855  de  1994  y  iii)  la  supuesta  obligación   impuesta  por  el  fallador  de  que  los  contratos  consten    por   escrito,  vulnerando,  de  este  modo, los axiomas de claridad y crítica  vinculante.   

Sea  esta  la  oportunidad  de  precisar  al  demandante  que,  siendo  el  falso juicio de identidad un defecto de naturaleza  eminentemente  objetivo, su desarrollo exige acreditar que el sentido literal de  un  medio  de  prueba  fue cambiado para ponerlo a decir lo que no revela.   Ello  puede  ocurrir  por tergiversación, si se varía el contenido material de  la  prueba;  por  adición, cuando se agregan aspectos o resultados fácticos no  comprendidos  por  el  medio de convicción; o por cercenamiento, si se suprimen  hechos fundamentales del medio probatorio.   

En  cualquier  caso, la postulación de este  tipo  de  yerro,  exige del casacionista el deber de identificar la prueba sobre  la  que  recae,  revelar  en  términos  exactos  tanto lo que dimana de ella de  acuerdo  con  su  estricto  contenido material, así como lo apreciado por parte  del  sentenciador  del  mismo  medio  de  convicción,  y  concretar  el tipo de  desfiguración  (adición,  supresión  o tergiversación) en que haya incurrido  el  juzgador,  para lo cual se debe efectuar el correspondiente cotejo entre los  dos  textos  y  rematar  enseñando  la  incidencia  del defecto en la decisión  final.   

El  acatamiento  de  tales  exigencias  es  indispensable,  por  cuanto  se trata de una anomalía, se insiste, de carácter  eminentemente  objetiva,  que para su comprobación requiere la constatación de  la alteración del medio de prueba por parte del fallador.   

Por  su  parte, se incurre en la infracción  indirecta  de la ley sustancial por error de hecho en el sentido de falso juicio  de  existencia  cuando  el  sentenciador desatiende el contenido fáctico de una  prueba  debidamente incorporada a la actuación o supone un medio de persuasión  no allegado al plenario, confiriéndole entidad probatoria.   

Para  demostrar  esta  clase  de  error  el  casacionista  tiene  la  carga  de  señalar  la  prueba materialmente omitida o  supuesta  e  indicar, cómo de haber sido valorada o no apreciada, según sea el  caso,  al  tiempo con los demás medios de prueba, las conclusiones adoptadas en  el   fallo   habrían   sido   sustancialmente  diferentes  y  favorables  a  su  pretensión.   

Ninguna  de estas previsiones fue  atendida por el libelista, pues se atreve a predicar un falso  juicio  de  identidad por la falta de apreciación de  una           prueba           –no     especificada-,  que  correspondería  a  un  falso  juicio  de  existencia  por  omisión  y  la  ausencia  de  valoración de unos  comportamientos  derivados  de unas entrevistas no ratificadas en el juicio oral  –como si se tratara de  un  proceso  regido  por  la  Ley 906 de 2004-, así  como  a  enrostrar  un  falso  juicio  de existencia  derivado     de     haber    sostenido,  supuestamente,  que los contratos debieron realizarse a través  de      medio     quirografario     -lo  cual  nunca  se  expresó  en  el  fallo impugnado-,  cuando nada tiene esto que ver con  ese tipo de yerro.   

Valga   precisar   que,   para   evitar  innecesarias  repeticiones,  la  Sala no se ocupará en este punto, de nuevo, de  los    aspectos    mencionados    atrás,    es    decir,    los    concernientes    al   postulado   de  investigación   integral,   la   falta   de   aplicación   de  algunas  normas  contractuales   y   la   supuesta   obligación  impuesta  por  el  ad  quem de hacer constar los contratos  por  escrito,  pues  ya  fueron  revisados  con suficiencia en el aparte 2 de la  providencia.   

Por  quebrantar  el  apotegma  de  razón  suficiente,  tampoco  la  Corte  ventilará  la  queja  del letrado por  no  haberse  acogido la tesis que  prohíja  la  inexistencia  de  antijuridicidad  objetiva,  pues no solo ningún  argumento,  más  que  el enunciado, plasmó en la demanda, sino que desconoció  las  estimaciones  de  los  juzgadores, que encontraron plenamente satisfecha la  lesión     al     bien     jurídicamente    tutelado:    la    administración  pública.   

Añádase    que    el    censor   no   explica   cómo  el  fallo  de  tutela  –de  efectos  inter partes- invocado  en  la  demanda, podría  servir  de  precedente  al caso objeto de examen, máxime si se considera que no  hace   ningún  esfuerzo  intelectivo  por  rebatir  los  razonamientos  de  los  juzgadores, que  indican que, en la mayoría de los  contratos  examinados  existió  fraccionamiento  porque  existiendo  un  único  objeto        contractual       –según   se   tratara   de   cada  una  de  las  cuatro  obras  de  mantenimiento-  se  optó  por  celebrar  varios negocios jurídicos,  a  efecto  de  que  no superaran el  monto previsto para la mínima cuantía.   

Nótese,  al  respecto,  cómo  el abogado  omitió  la identificación de cada uno de los contratos involucrados, así como  toda  consideración  acerca  de  la  existencia  de  diferencias en los objetos  contractuales   que   pudieran   justificar   la   contratación   independiente  reclamada  por  no  corresponder  presuntamente a la  misma especie.   

Finalmente,  por  decir  lo menos, resulta  incomprensible  la  petición formulada al cierre de  esta   censura,  de  exigirle  a  la  Corte  que  se  pronuncie  sobre  la  prueba  testimonial de cargo, si ni siquiera señala cuál  es, ni su objetivo.   

4.  El  segundo  cargo    no    es    más    afortunado   que   el  primero.   

En      efecto,      siguiendo       con       la       cadena      de      defectos  argumentativos, el  profesional  del  derecho  insiste  en  lesionar  los        principios          lógicos de corrección material y    no    contradicción,    por    dos    vías,    toda      vez      que,    de    un    lado,   acusa   a   la   Sala   Penal   de  no  especificar  cuáles  fueron  los  contratos  globales  u  originales objeto del  fraccionamiento,  siendo  que resulta, apenas obvio, que estos corresponden a la  sumatoria    de   los   fragmentados   y,  de otro, reprueba a la colegiatura por confundir los contratos  seccionados –de    mantenimiento-    con   los  celebrados      previamente      –Construcción  del  Coliseo  de Alejandría, Construcción del Hogar  Múltiple   de   Bienestar;   Unidad  Deportiva  Recreativa  Procesa  Delgado  y  mejoramiento  de  vías-, lo cual tampoco es verdad,  como claramente se lee en las providencias de instancia.   

Igualmente, inconsistente resulta el segmento en  el  que  señala  que  «las  pruebas  del  hecho  las  debe  presentar  el  ente  acusador en la Audiencia de  formulación  de  cargos»54  y que están prohibidas las  pruebas  de  oficio,  pues  tales reglas son de la esencia del sistema penal con  tendencia acusatoria, por el que no se rige este asunto.   

Ahora,  desatiente  también que, cuando lo  censurado  es  la  violación  de  las  reglas  de producción y aducción de la  prueba,  el  reproche  se  debe  encaminar por la senda del error de derecho por  falso  juicio  de  legalidad, así como que la jurisprudencia jamás podría ser  objeto  del  falso  juicio  de identidad pregonado con ocasión de la alusión a  algunas  providencias  de  la  Corte  en  las  decisiones  objeto de opugnación  –las cuales no se refieren  jamás  a  la  coautoría  impropia  y menos al secuestro, que ninguna relación  tienen   con   esta  causa-,  por  la  potísima  razón  que  no  son  pruebas.   

Así mismo, es necesario puntualizar que el  falso  juicio  de convicción es un error de derecho proveniente de no otorgar a  la  prueba  el  mérito  preestablecido  en  la ley o asignar uno diverso al que  aquella  le  atribuye,  yerro que, por consecuencia, ninguna relación tiene con  el asunto de la especie.   

Resta  precisar al letrado que para derruir  el  fallo  de  segunda  instancia que está precedido de la doble presunción de  acierto  y  legalidad  no  bastaba  señalar  que  la conducta del acusado no es  típica,  antijurídica  y  culpable  bajo  la  sola  opinión que los contratos  objeto   del  delito  no  guardaban  identidad  y  que  aquél  no  lesionó  la  contratación  pública ni actuó con la intención de causar daño, sino que le  correspondía  demostrar la existencia de un yerro relevante, capaz de modificar  el  fallo  impugnado,  cometido  del  todo  incumplido  a  lo  largo  de toda la  demanda.   

Y   es  que,  de  cara  al  principio  de  trascendencia,  ni  siquiera  advierte  el  letrado  que  aún  en la hipótesis  –por supuesto fallida- de  desestimar  el  fraccionamiento  de  los  contratos,  existen  otros  requisitos  contractuales  que  tampoco  se  acataron,  por  ejemplo,  el  de  los registros  presupuestales,  que  más  de las veces, fueron aportados al momento del pago o  con posterioridad al mismo.   

En este orden de ideas, no queda otro camino  que inadmitir la demanda.   

5.   Por  último,  la  Sala  no  observa  flagrantes  violaciones  de  derechos  fundamentales,  causales  de  nulidad, ni  motivos  que  conduzcan  a la necesidad de un pronunciamiento profundo frente al  expediente en razón de las finalidades de la casación.   

Cuestión final  

Teniendo  en  cuenta  que  el        pliego       de       cargos       se       elevó  por  12  contratos,  pero  los  jueces  de  instancia  estudiaron  la  ilegalidad  de  35,  podría  pensarse,  en  principio,  que existe  violación del principio de congruencia.   

No  obstante, mirada con detenimiento, la  relación   que  de  los  mismos  obra  tanto en la  resolución  de  acusación  como  en  los  fallos,  se constata que,    en  realidad,  sí  son  35, sólo que el funcionario  instructor  los  agrupó  por  contratista  y  objeto  del  contrato,  luego, en  últimas, no se percibe ninguna inconsistencia al respecto.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero. Inadmitir  la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  Iván   de   Jesús   Agudelo   contra  la  sentencia  proferida  el  30  de abril de 2014 por la Sala de Decisión Penal de  Descongestión  del Tribunal Superior de Antioquia.   

Segundo.  Contra  esta providencia no procede recurso alguno.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Presidente de Sala  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA   SALAZAR  CUÉLLAR   

LUIS  GUILLERMO SALAZAR  OTERO   

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Cfr.  folios  116  y  116  vuelto del cuaderno original 3.   

2  Cfr.  folio 1 del cuaderno  original 1 y segundo folio sin número del cuaderno original 2.   

3  Cfr. folio 46 del cuaderno  original 1.   

4  Cfr. folio 65 del cuaderno  original 2.   

5  Cfr.  folios  47-48  del  cuaderno original 1 y 64-65 del cuaderno original 2.   

6  Cfr.  folios  222-237  del  cuaderno original 1 y 241-262 del cuaderno original 2.   

7  Cfr. folio 274 del cuaderno  original 2.   

8  Cfr.   folios   287-325  ibidem.  Se precisa que en  la   parte  resolutiva  de  la  providencia  se  hace  referencia  a  doce  (12)  contratos.   

9  Cfr.   folios   338-352  ibidem.   

10  Cfr. folio 362 ibidem.   

11  Cfr.   folio   398-416  ibidem.   

12  Cfr.  folios  113-114  del  cuaderno original 3.   

13  Cfr. folios 116-130 vuelto  ibidem.   

14  Cfr.   folio   134-178  ibidem.   

15  Cfr.   folios   265-280  ibidem.   

16  Cfr. folio 292 ibidem.   

17  Cfr.   folios   295-329  ibidem.   

18  Cfr. folio 299 ibidem.   

19  Ibidem.   

20  Ibidem.   

21  Cfr. folio 302 ibidem.   

22  Cfr. folio 303 ibidem.   

23  Ibidem.   

24  Ibidem.   

25  Ibidem.   

26  Cfr. folio 306 ibidem.   

27  Cfr. folio 304 ibidem.   

28  Cfr. folio 305 ibidem.   

29  Cfr. folio 308 ibidem.   

30  Cfr. folio 309 ibidem.   

31  Cfr. folio 310 ibidem.   

32  Ibidem.   

33  Cfr. folio 312 ibidem.   

34  Cfr. folio 313 ibidem.   

35  Ibidem.   

36  Cfr. folio 314 ibidem.   

37  Cfr. folio 317 ibidem.   

38  Cfr. folio 318 ibidem.   

39  Ibidem.   

40  Cfr. folio 319 ibidem.   

41  Cfr. folio 322 ibidem.   

42  Ibidem.   

43  Cfr. folio 323 ibidem.   

44  Cfr. folio 325 ibidem.   

45  Ibidem.   

46  Ibidem.   

47  Cfr. folio 326 ibidem.   

48  Cfr. folio 328 ibidem.   

49  Cfr. folio 326 ibidem.   

50  Cfr. folio 327 ibidem.   

51  Cfr. folio 299 ibidem.   

52  Cfr.  folio  273  vuelto  ibidem.   

53  Cfr.  folio  273  vuelto  ibidem.   

54  Cfr. folio 323 ibidem.     

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