AP5672-2015(46246)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Magistrado Ponente  

AP5672-2015  

Radicación 46246  

(Aprobado Acta No. 350).  

Bogotá D.C., septiembre treinta (30) de dos  mil quince (2015).   

VISTOS  

Examina la Colegiatura el cumplimiento de las  exigencias  de  argumentación  lógica  y  suficiente  en la demanda casacional  presentada    por    el    defensor   de   los    procesados   JOSÉ      ALEXÁNDER     HERNÁNDEZ     HERNÁNDEZ     y     LEIDY     CAROLINA     RODRÍGUEZ  GÁMEZ,  contra  la  sentencia  proferida  en  segunda  instancia  por el Tribunal Superior de San Gil el 10 de abril de 2015, a través  de  la cual confirmó el fallo dictado por el Juzgado Primero Penal del Circuito  con  funciones  de  conocimiento  de Vélez el 18 de noviembre de 2014, por cuyo  medio  los  condenó  como  coautores  penalmente  responsables  del concurso de  delitos de hurto calificado agravado y concierto para delinquir.   

HECHOS  

Los sucesos que motivaron este averiguatorio  fueron   sintetizados   por   el  ad  quem    en    el    fallo   de   segundo   grado   en   los   siguientes  términos:   

“El 29 de julio de  2014  en  las horas de la noche, JOSÉ ALEXÁNDER HERNÁNDEZ HERNÁNDEZ, William  Pinzón,  Oscar Geovany Gámez Garnica y Jorge Luis Mateus Sánchez salieron del  municipio  de  Vélez  hacia el de Bolívar, a donde llegaron cerca de las 11:00  p.m.  Una  vez allí y ya entrada la madrugada del 30 de julio de 2014, violando  puertas  y  demás  medidas  de seguridad del Colegio Integrado Simón Bolívar,  ingresaron  a  dicho  claustro  educativo  de  donde extrajeron un sinnúmero de  instrumentos  musicales,  varios video beams, un tablero digital, dos plantas de  sonido,  bafles,  al  igual  que  treinta  computadores portátiles, entre otras  cosas;  bienes  que  después  de  ocultar en la camioneta que era conducida por  Oscar  Gámez,  llevaron  hasta  la  ciudad  de  Bogotá, en donde procedieron a  repartir el botín.   

“Posteriormente y  gracias  a  una  llamada  que recibieron las autoridades policiales en la que un  hombre  indicó  tener  información  de  los autores del hurto perpetrado en el  Colegio  Integrado  Simón  Bolívar,  por  orden  de  la  Fiscalía  se dispuso  interceptar  varias  líneas  telefónicas,  trabajo investigativo que permitió  determinar  qué  personas  estaban  involucradas  en  dicho  hurto, pudiéndose  averiguar  que  en  la  casa  de  la señora Leidy Carolina Rodríguez Gámez se  encontraban  algunos  de  los  bienes  hurtados,  conociéndose además, que esa  clase  de  ilícito  bajo  el  mismo modus operandi se había cometido en varias  ocasiones,  siendo  perjudicadas  otras instituciones educativas de la provincia  veleña.   

“Así las cosas y  después   de   identificar  a  los  individuos  involucrados  en  tales  hechos  delictivos,  se  expidieron las órdenes de captura, con motivo de las cuales el  10  de  septiembre  de  2014  fueron  aprehendidos  José  Alexander  Hernández  Hernández      y      Leidy      Carolina     Rodríguez     Gámez”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

En audiencia realizada el 11 de septiembre de  2014  el  Juzgado  Tercero  Promiscuo  Municipal  con  función  de  control  de  garantías  de Vélez impartió legalización a las diligencias de allanamiento,  registro   y   captura   de   HERNÁNDEZ  y   RODRÍGUEZ,  oportunidad  en  la  cual  la Fiscalía les imputó la comisión del concurso de  delitos  de  hurto  calificado agravado y concierto para delinquir, a la cual se  allanaron.   

El 18 de noviembre de 2014 el Juzgado Primero  Penal  del  Circuito  de  Vélez  realizó la audiencia de individualización de  pena  y  sentencia,  por cuyo medio los condenó a la pena principal de 72 meses  de  prisión y a la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por el mismo lapso, como coautores penalmente responsables  del referido concurso de punibles.   

En la misma providencia les fue negada tanto  la condena de ejecución condicional como la prisión domiciliaria.   

Impugnada la sentencia por el defensor de los  procesados,  el  Tribunal Superior de San Gil la confirmó mediante fallo del 10  de  abril  de  2015,  contra  el cual el mismo sujeto procesal interpuso recurso  extraordinario  de casación y allegó la respectiva demanda, cuya admisibilidad  se examina en este proveído.   

EL LIBELO  

         Manifiesta  el  recurrente  que  al  amparo  de la causal segunda de  casación    plantea    el   “desconocimiento   del  debido   proceso  por  afectación  sustancial de su estructura, lo cual da  lugar   a  la  causal  de  nulidad  prevista  en  el  artículo  457”,   pues   se   condenó   a   sus   asistidos  sin  reconocerles  “la  rebaja  de  que  trata  la reparación integral  aceptada  por la víctima”, de manera que incurrieron  en    un   “falso   juicio   de   convicción   por  desconocimiento  del valor menguado que la ley le atribuye a los efectos propios  del   fenómeno   pos   delictual   de   la   reparación   integral”.   

Considera  quebrantado  el artículo 269 del  estatuto  punitivo,  toda  vez  que  sus asistidos colaboraron con la justicia y  pagaron $8.000.000.oo.   

Plantea   que   procede   “una  rebaja  de  pena  adicional  al  (sic)  de  la aceptación cargos que oscilaría de la mitad a  las      tres      cuartas      partes      finalmente      impuesta”.   

Finalmente depreca a la Corte “se  den  por  superados los seguros defectos de mi sentida y humilde  demanda   y   de   manera   oficiosa   se   aborde  la  misma  para  decidir  de  fondo”.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Profusamente tiene sentado la Colegiatura que  para  acceder  a este recurso extraordinario corresponde al recurrente demostrar  el  quebranto  de  derechos o garantías fundamentales, lo cual exige contar con  interés   para   impugnar,  señalar  la  causal,  desarrollar  los  cargos  de  sustentación  de  la  inconformidad  y  demostrar  la  necesidad  del  fallo de  casación  para  cumplir alguno de los fines establecidos en el artículo 180 de  la  Ley 906 de 2004, esto es, la efectividad del derecho material, el respeto de  las  garantías  de  los intervinientes, la reparación de los agravios sufridos  por  éstos  y  la  unificación  de  la  jurisprudencia,  so  pena  de resultar  inadmitida  la  demanda,  según  lo  establece  el  artículo  184 de la citada  legislación procesal.   

         No   sobra   advertir  que  en  el  examen  de  los  requisitos  de  admisibilidad  de  los libelos casacionales, es deber de la Sala constatar en la  formulación  y  desarrollo  de las censuras el acatamiento de las exigencias de  lógica  y  pertinente  demostración definidas por el legislador y puntualizadas por la jurisprudencia, con  el  fin  de  evitar  la  transformación  de  este recurso extraordinario en una  instancia   adicional   a   las  ordinarias.  Tales  requisitos  se  orientan  a  procurar demandas dentro de  unos  mínimos  lógicos  y  de coherencia en la postulación y demostración de  los  cargos  propuestos,  en  cuanto  resulten inteligibles, esto es, precisos y  claros,  pues  no  corresponde  a  la  Corte  en  su  función  reglada de orden  constitucional   y  legal,  develar  o  desentrañar  el  sentido  de  confusas,  ambivalentes    o    contradictorias   alegaciones   de   los   impugnantes   en  casación.   

          Adicional  a lo anterior, conforme al artículo 184 de la Ley 906 de  2004,   “si   el  demandante  carece  de  interés,  prescinde  de  señalar  la  causal, no desarrolla los  cargos  de  sustentación” (subrayas fuera de texto),  el libelo se inadmitirá.   

En  el asunto que concita la atención de la  Sala  se  advierte sin dificultad que desde el mismo planteamiento de la censura  el  defensor  no  es  claro  acerca  de la postulación del yerro, pues alude de  manera  simultánea  a  la  violación  del  debido  proceso por quebranto de su  estructura   que   corresponde  a  la  causal  segunda  de  casación,  y  a  la  vulneración  mediata de la ley derivada de un error de derecho por falso juicio  de  convicción,  que  se  ubica  dentro  de la causal tercera establecida en el  artículo  181  de  la  Ley  906  de  2004,  proceder  con el cual se aparta del  principio  de  autonomía de  las  causales  de  casación,  según  el  cual,  cada  una  de  ellas tiene una  teleología,  se  sustenta  en un ámbito propio y precisa de un discurso que le  es inherente, sin que puedan mezclarse indebidamente.   

En  efecto,  al  deprecar  la  nulidad de la  actuación,  era  deber  del  impugnante  señalar  con  claridad  la especie de  incorrección   sustantiva  que  determina  la  invalidación,  los  fundamentos  fácticos  y  las  normas  que  estima  conculcadas,  con  la indicación de los  motivos  de  su  quebranto. También era de su resorte especificar el límite de  la  actuación  a partir del cual se produjo el vicio, así como la cobertura de  la  nulidad,  demostrar  que procesalmente no existe manera diversa de restaurar  el   derecho  afectado  y,  lo  más  importante,  acreditar  que  la  anomalía  denunciada  tuvo  incidencia  perjudicial  y  decisiva  en  la  declaración  de  justicia  contenida en el fallo impugnado (principio de trascendencia), dado que  este  recurso extraordinario no puede sustentarse en especulaciones, conjeturas,  afirmaciones  carentes  de demostración o en situaciones ausentes de quebranto,  deberes que el defensor no acató.   

          Se  observa en el libelo que el demandante solicita la nulidad de la  actuación,  pero  no  explica  por  qué  esa medida extrema es necesaria en el  diligenciamiento,  y  tampoco  señala desde que momento procesal tendría lugar  la  invalidación  deprecada, amén de que no atina a indicar por qué considera  que se afectó la estructura del proceso como lo plantea.   

Ahora, como denuncia un error de derecho por  falso  juicio  de  convicción,  yerro  de  derecho en el marco de la violación  indirecta  de  la  ley  que  acontece  cuando los sentenciadores niegan al medio  demostrativo  el  valor  que  la  ley  le  ha  conferido o le otorgan un mérito  diferente  al  atribuido  legalmente,  cuya  ocurrencia  es excepcional pues por  regla  general  el  estatuto  procesal penal no conserva el método tarifario de  apreciación  probatoria,  correspondía  al recurrente demostrar la infracción  de  la  tarifa  de  valoración  dispuesta  por  el  legislador,  así  como  su  injerencia  en  el  sentido  del fallo, labor que en este asunto no acometió de  ninguna manera.   

          Por  el  contrario,  se  observa  que  luego de postular el reproche  abandona  su  acreditación,  proceder inaceptable en este recurso de naturaleza  extraordinaria.   

          Adicionalmente  se constata que pese a encontrarse inconforme con la  negación  de  la  rebaja  de  pena  por indemnización integral en favor de sus  representados,  no  se  detiene a analizar y oponerse a los argumentos que sobre  el  particular  fueron  ofrecidos en las instancias, máxime si tampoco se ocupa  de  acreditar que, en realidad, sí medió una reparación integral, de modo que  la queja resulta huérfana de acreditación.   

En  suma,  es  evidente  que  en  manifiesto  desconocimiento  de la presunción de acierto y legalidad del fallo, el defensor  procedió   a   plasmar   su  personal  percepción  fragmentaria,  imprecisa  e  indemostrada  del asunto, sin siquiera replicar a las consideraciones jurídicas  y  de  apreciación probatoria que ofrecieron los falladores, proceder que no se  aviene con el recurso de casación.   

Los   mencionados  equívocos     y     omisiones     en  el discurrir del recurrente imposibilitan a la Sala acometer el  estudio  de  la  demanda, pues si no se trata de un alegato de libre factura, su  presentación        con        base       en       análisis       confusos  e imprecisos, y sin atenerse a  las  reglas  lógicas  y  argumentativas  que  la  gobiernan, obliga a la Sala a  inadmitirla  de  acuerdo  con  lo dispuesto en el artículo 184 de la Ley 906 de  2004,   pues  en  virtud  del  principio  de  limitación  propio  del  trámite  casacional,   la   Corte   no   se   encuentra  facultada  para  enmendar  tales  incorrecciones.   

Además,  no  se  observa  con  ocasión  de  la  sentencia  impugnada  o  dentro  del curso de la  actuación   procesal,   violación  de  derechos  o  garantías  de               los           acusados,  como  para  adoptar la decisión de  superar  los  defectos  de  la  demanda y decidir de fondo, según lo dispone el  inciso 3º del artículo 184 de la citada legislación.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR el libelo  casacional   presentado   por   el  defensor  de  los  procesados   JOSÉ  ALEXÁNDER  HERNÁNDEZ  HERNÁNDEZ  y  LEIDY CAROLINA RODRÍGUEZ  GÁMEZ,  de  acuerdo  con las razones expuestas en las  consideraciones precedentes.   

De  conformidad  con el artículo 184 de la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  de  la  parte  demandante elevar petición de  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

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