AP5652-2015(44634)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado ponente  

AP5652-2015  

Radicado N° 44634.  

Aprobado acta No. 350.  

Bogotá,  D.C., treinta (30) de septiembre de  dos mil quince (2015).   

VISTOS  

Decide  la Sala acerca de la admisión formal  de    la    demanda    de    revisión    presentada    por    el   apoderado   especial   de  Nelson   Ruiz   Rodríguez,  contra   la   sentencia  que  dictó  el  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca el 23 de agosto de 2010, confirmando la que  profirió  el Juzgado Segundo Penal del Circuito Especializado de descongestión  del  mismo  distrito  el  14  de marzo de 2007, que lo  condenó   a   la   pena   principal  de  340 meses de prisión y la accesoria de  inhabilitación  en el ejercicio derechos y funciones públicas por 20 años, al  declararlo  autor  penalmente  responsable  del concurso de homicidio agravado y  concierto       para       delinquir.   

ANTECEDENTES  

Fueron  narrados  por las instancias como se  transcribe a continuación:   

De acuerdo con la evidencia probatoria, una  banda   de   delincuentes,  dedicados  a  la  piratería  terrestre,  con  clara  distribución  de  roles,  asaltaron  la  tracto mula  placas     XHI–778  –matrícula  venezolana–,  conducida  por  el  ciudadano venezolano ALÍ ANTONIO BENÍTEZ, apoderándose del vehículo  y  la carga, pero además, mediante la utilización de armas de fuego, le dieron  muerte.   

Se  demostró que los sindicados y la menor  L.K.A.M., formaban parte de la organización criminal  dedicada a cometer esa clase de ilícitos.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

De   la  documentación  que  obra  en  el  expediente,  se  ha podido constatar que la Fiscalía Seccional, por resolución  del  14  de  septiembre  de  1999,  dispuso la apertura de instrucción a la que  vinculó inicialmente a Manuel Tiberio Cabezas Mosquera.   

Con  posterioridad  fueron  escuchados  en  diligencia  de  indagatoria  Nelson  Ruiz  Rodríguez,  Wilson Lancheros, Carlos  Alberto Muñoz Castillo y José Milciades Vega Vergara.   

A esas personas se les definió la situación  jurídica  con  medida  de aseguramiento de detención preventiva como coautores  de  homicidio  agravado,  hurto  calificado  agravado,  porte ilegal de armas de  fuego y concierto para delinquir.   

Ruiz Rodríguez aceptó su responsabilidad en  los  delitos  de hurto calificado agravado y porte ilegal de armas de fuego, con  el  fin  de  que  se  le  dictara  sentencia  anticipada.  Entonces, por haberse  decretado  la  ruptura  de  la  unidad  procesal,  fue  acusado  como coautor de  homicidio agravado y concierto para delinquir.   

El  conocimiento  fue asumido por el Juzgado  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Cundinamarca.  No obstante, el fallo de  primer  grado  lo  dictó  su  homólogo  de  descongestión y fue confirmado en  segunda  instancia  por el Tribunal Superior de Cundinamarca, de conformidad con  lo indicado en el acápite inicial.   

Contra  la sentencia de segunda instancia no  se interpuso el recurso extraordinario de casación.   

El  demandante  aportó copia autenticada de  las   sentencias   de   primero   y   segundo   grados   con  la  constancia  de  ejecutoria.   

LA  DEMANDA   

Invocando  la  causal tercera del artículo  220  de la Ley 600 de 2000, en un confuso escrito argumenta el demandante que se  trata   de  «la   prueba   documental  que  no  se  decretó  ni practico (sic),  sumamente  importante  y  de  vital  importancia  ya que se trata de persona que  tiene  dentro  del  ejercicio  laboral  de  mi  defendido,  toda la información  requerida  para  el  fallo de certeza que debe existir  en      un      pronunciamiento     de     responsabilidad     Penal.»   

Acto    seguido,    pide   que  se  practiquen los testimonios de Marco Tulio Cubillos Mayorga  y   Nicolás   Ruiz   Rodríguez,  «con  el  fin  de  determinar  que  precisamente,  mi defendido dentro de  la   sentencia   no   aparece   ninguna   probanza  en  relación  a  sentenciar  responsabilidad   penal  frente  al  punible  de  Homicidio,  y  Concierto  para  Delinquir.»   

Señala    que    el    «verbo  rector» de las conductas punibles  por  las  que  fue  condenado  su  asistido, impone la  obligación de que se revise la sentencia, porque él  fue  condenado  con  fundamento  en  una  prueba  de  referencia  «que  consistió en que dentro de la (sic)  mismas diligencias, de investigación realizada en el  plenario  no  se  observó  cosa  distinta  a  que  dentro  de  las  actuaciones  realizadas,  con  los  mismos  testimonios  observados  y practicados totalmente  CONTAMINADOS.»   

Argumenta que «la  fuente   humana»  no  hizo  más  que  declarar  por  conveniencia  en relación con cada procesado y que se dejaron de lado todas las  garantías   que  le  asistían  a  Ruiz  Rodríguez,  quien   ahora  sufre  los  perjuicios    de    la    condena.   «Pruebas   que   sumadas   a   una   interceptación   indirecta   y  reconocimiento  [en]  fila,  no   son   ni  referencia  de  un  registro  de  voz,  que  descarte  o  no  una  participación  delictual,  igualmente el señor CARLOS MUÑOZ condenado directo  por   asumir   autoría   de   HOMICIDIO.»   

Alude  a  los  elementos  del  delito  de  concierto  para  delinquir  y  señala  que  en  este  caso no se configuró esa  conducta.   

Transcribe apartes de lo que dice ser uno de  los  fallos,  en  el que se hace referencia a Nelson Ruiz Rodríguez  y se asegura que esta persona se había  mostrado  ajena  a la comisión de los delitos que se  le imputaron.   

Advierte  que a su defendido se le vulneró  el  debido proceso, porque «no fue ajustada a derecho  ni  debatida  una  plena  prueba  de  cara  al  procesado  directamente donde se  de   una   implicación  exacta   lejos   de   una  incertidumbre»,             pues considera que no había certeza para  condenar.   

Se   muestra   en   desacuerdo   con   la  dosificación  de la pena y afirma que a Ruiz Rodríguez debió concedérsele el  sustituto de la prisión domiciliaria.   

En un capítulo que denomina «DESARROLLO   DE  LA  ARGUMENTACIÓN»,  expone  una  serie  de  ideas     inextricables,     como     pasa     a  transcribirse:   

Dentro  de  las  diversas  pruebas  que se  practicaron         como         reconocimiento        fila,        interceptaciones  telefónicas,  testimonios,  incluso de menor de  edad. Todas son comentarios, ninguno directo;   

La  referencia  si  se  quiere no sirve en  ningún  sistema por violatoria de principios fundamentales, en este caso fue la  fundamentación  total,  alejado  de  investigar el entorno laboral, familiar de  mí  defendido,  es  precisamente  la solicitud de REVISIÓN con la prueba nueva  sobreviniente.   

El  fallo  de  primera  instancia, como el  segundo,  son  apreciaciones subjetivas que no obedecen a un ordenamiento legal,  es  necesario  una  objetividad  en  apreciación,  relacionado  con una directa  prueba que de una certeza total de responsabilidad penal.   

Siendo  fuente primaria la humana, es toda  una   equivocación   relacionada   con   toda   la   vulneración  de  derechos  fundamentales,  en  esa  medida,  se considera como referencia toda declaración  realizada  en  proceso para probar o excluir varios o  uno  de  los  elementos  del  tipo, el grado de intervención, circunstancias de  agravación  o atenuación, la naturaleza del daño, dejando de lado lo directo,  y  realizando  una  referencia  lo  que  no  se  puede  y  está  prohibido para  condenar.   

Téngase  en  cuenta  además que la norma  ofrece  la  definición de referencia no limita sino que ofrece una alusión una  declaración  con  una  aceptación  de  subjetividad,  incluyendo  la  academia  española  una  aceptación  con  efectos  que  hacen  las  partes,  testigos, o  peritos.   

Luego   cita   textos  que  –según      afirma–       corresponden        a        «PRONUNCIAMIENTOS   DE   LA  CORTE»  y  aluden a la garantía de la doble instancia.   

Se  refiere  a las exigencias para  promover la acción de revisión de acuerdo con el artículo  194 de la Ley 906 de 2004.   

Explica  que para sustentar «la  presencia  de la mencionada causal de revisión, la demandante  cuestiona  al juzgador de segundo grado por adoptar la decisión con apoyo en el  principio  de  confianza,  consideró  así  que el Tribunal “creó una prueba  falsa,  y sobre pruebas falsas o creadas no se puede  erigir         el         fallo”…»   

Entonces,     parece     que  invocara la causal 5 del artículo  220     de     la     Ley     600     de    20001,         al          explicar  que para  acreditar          esa          circunstancia   basta   con   que  el  accionante  exprese  cuál  es  la  prueba  falsa que sirvió de fundamento a la  sentencia,     pero,  a  continuación  afirma  que  la demostración debe  sustentarse  en  una  decisión judicial ejecutoriada  que declare la falsedad del medio probatorio en el que  se hubiese fundamentado la sentencia.   

Finalmente,   se   refiere  al  testimonio  indirecto  o  de  oídas y a su eficacia probatoria en el régimen de la Ley 600  de   2000   e   igualmente   a  la  forma  cómo  debe  ser  apreciado  por  los  jueces.   

Solicita   de   la   Corte  «realizar  el estudio del expediente, de las pruebas con miras a la  ABSOLUCIÓN  de los delitos endilgados y por los que fuera condenado mi mandante  señor  RUIZ, conforme a las argumentaciones y fundamentos esbozados ampliamente  en el presente.»   

  CONSIDERACIONES   

Analizando  lo  que  constituye el objeto de  este  pronunciamiento, debe destacarse que la acción de revisión fue concebida  por   el   legislador  como  un  mecanismo  a  través  del  cual  se  busca  la  invalidación  de  una  decisión  que ha adquirido firmeza y de la cual resulta  razonable  predicar  que entraña un contenido de injusticia material, porque la  verdad  procesal  declarada  resulta  ser  absolutamente diferente a la realidad  histórica  que  se  sometió  a juzgamiento; demostración que sólo es posible  jurídicamente  dentro  del  marco  delimitado  por  las  causales taxativamente  señaladas en la ley.   

Acorde   con   esa   naturaleza,  para  la  admisibilidad  de  la  demanda  se  impone  el  cumplimiento  de las rigurosas y  precisas  exigencias  señaladas  en  el  artículo  222  de  la Ley 600 de 2000  (art.       194      L.      906/04).   

Pero,  del  contenido  de  la  demanda  se  desprende  con  total  claridad que no concurren los mínimos requisitos para su  admisión,  porque el libelista omitió presentar los fundamentos que soportaran  la solicitud.   

Respecto  de la naturaleza y objetivos de la  acción  de  revisión,  y  específicamente lo que tiene que ver con la primera  causal     invocada     (art.     220–3°     L.    600/00),  de  entrada  se  observan los notorios desatinos que encierra la  propuesta  presentada  por  el  apoderado  especial  de  Nelson Ruiz Rodríguez,  porque  basta  apreciar  la  argumentación  para  comprender  que insinúa como  prueba  no  conocida  al  tiempo  de los debates una que califica de documental,  pero  de  inmediato solicita la práctica de dos testimonios y formula críticas  a  la  valoración  de los medios de convicción por parte de las instancias, lo  que  enseña  la  fragilidad  de los alegatos que cuando mucho tratan de revivir  una  discusión sobre aspectos que se debatieron en el juicio y ante el Tribunal  y  que  de  forma  por demás incoherente, pretende ahora introducir el defensor  amparándose en la acción de revisión.   

En    esas    condiciones,  no alcanza a demostrar los fundamentos  de hecho y de derecho en que se apoya la solicitud.   

Es sabido que la acción de revisión es una  actividad  posterior  a  la culminación del proceso ordinario, que comprende la  elaboración  del  libelo según precisos requisitos formales, la invocación de  concretas  causales  legales,  el  señalamiento de los fundamentos jurídicos y  fácticos  que  sustenten  la  necesidad  de  la  revisión que se pretende y la  demostración  de  la  trascendencia  del motivo por el que se pide la revisión  del fallo ejecutoriado.   

Es  evidente  la insuficiencia argumentativa  del  demandante para soportar la concurrencia de la causal tercera de revisión.  Esos  precarios  discernimientos  de  ninguna  manera se dirigen a demostrar que  después  de  la  sentencia  condenatoria  aparecieron hechos nuevos o surgieron  pruebas  no conocidas al tiempo de los debates, que establezcan la inocencia del  condenado  o  su  inimputabilidad,  cuando  lo  que  apenas  se  advierte  es la  intención de continuar una controversia ya definida.   

El  accionante  no  informa  cuáles son los  hechos  nuevos  ni  allega  la  prueba  nueva  que  por  su magnitud implique la  necesidad  de  desconocer  la  cosa  juzgada, una vez advertida su trascendencia  frente  a  los  medios  probatorios  que  se  tuvieron  en cuenta para emitir la  sentencia condenatoria.   

Por  el  contrario,  enfila sus argumentos a  presentar  una  crítica  general  referida  a  la  valoración  de las pruebas,  señalando  que  la  condena  de sustentó únicamente en pruebas de referencia,  que  ni  siquiera  relaciona;  afirma  que  al  sentenciado  se  le violaron sus  garantías  fundamentales  y  especialmente el debido proceso; y, asegura que el  Tribunal    sustentó    su   decisión   en   pruebas   falsas,   que   tampoco  enuncia.   

Debe   destacarse   que   una   propuesta  argumentativa  de ese género resulta inútil, porque no colma ninguna exigencia  formal  ni  material.  Asertos  de ese tenor no se compadecen con los requisitos  propios  de  la  acción  de  revisión,  cuyo  objeto  remite, como ya se dijo,  tratándose  de la causal tercera, a plantear la existencia de un hecho o prueba  nuevos   no  conocidos  dentro  del  proceso,  que  por  sí  mismos  tienen  la  virtualidad  de  variar  el  juicio  de  responsabilidad  penal  que  rigió  la  sentencia de condena.   

Entre   los  requisitos  previstos  en  el  artículo  222 del Código de Procedimiento Penal (L.  600/2000) se cuenta, en el numeral 4°, «La  relación  de  las  pruebas  que se aportan para demostrar los  hechos básicos de la petición.»   

La causal tercera de revisión (art.   220   ibídem),  exige  para  su  reconocimiento   tres   presupuestos:  (i)  Que  la  sentencia  contra  la  cual  se  dirige la acción sea de  carácter  condenatorio;  (ii)  Que  después  de  su  ejecutoria  aparezcan  hechos  nuevos o pruebas nuevas no  conocidas      al     tiempo     de     los     debates;     y,     (iii)  Que  los  hechos que se aducen como  desconocidos,  o  las  pruebas  que  se  postulan  como  nuevas,  demuestren  la  inocencia del procesado o su inimputabilidad.   

La Corte tiene definido que constituye prueba  nueva  todo  instrumento  o  mecanismo  probatorio que por cualquier causa no se  incorporó  al  proceso.  Y por hecho nuevo toda situación fáctica no conocida  en  las  instancias,  o  toda  variante  sustancial  de  una situación fáctica  conocida,  que tengan la capacidad de desvirtuar o dejar en entredicho la verdad  declarada en el fallo.   

Tales  exigencias,  conforme  lo  dispone el  artículo  223  de  la  Ley  600 de 2000, son las que ha de evaluar la Sala para  determinar  si  la  demanda  es  apta  para  promover  la  acción de revisión,  pudiendo  inadmitirla  mediante auto motivado cuando el escrito introductorio de  la acción no las satisface.   

De  ahí que sea pertinente advertir que una  es  la  prueba  requerida  para  promover  la  acción,  y  otra la exigida para  demostrar la causal.   

Se  observa  que  el  escrito  presentado a  manera  de  demanda  por  el  apoderado  especial  del sentenciado, incumple las  anteriores  exigencias, lo que permite predicar la ineptitud de la solicitud con  la que procura que se le dé inicio a la acción de revisión.   

La confusa exposición de las razones en que  apoya  esta  petición,  se  fundamenta  en la existencia de una prueba nueva no  conocida  al  tiempo  de  los  debates,  que inicialmente afirma es de carácter  documental  que  «no se  decretó     ni     practico    (sic),  sumamente  importante y de vital importancia ya que se trata de  persona  que  tiene  dentro  del  ejercicio  laboral  de  mi  defendido, toda la  información  requerida  para  el  fallo  de  certeza  que  debe  existir  en un  pronunciamiento           de          responsabilidad          Penal.»,   empero   a  la  vez  demanda  la  práctica  de los testimonios de Marco Tulio Cubillos  Mayorga  y  Nicolás Ruiz Rodríguez, «con el fin de  determinar  que  precisamente,  mi  defendido  dentro de la sentencia no aparece  ninguna  probanza  en  relación  a  sentenciar  responsabilidad penal frente al  punible  de  Homicidio, y Concierto para Delinquir.»   

Esas  premisas  de  ninguna  manera  pueden  considerarse  ni admitirse como los hechos nuevos o las pruebas desconocidas que  exige  la  causal  tercera  consagrada  en  el  artículo  220  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  cuando  el  demandante  incluso  omite demostrar por qué  constituirían    pruebas    nuevas    no    conocidas    al   tiempo   de   los  debates.   

En  esas  condiciones,  es  claro  que  los  fundamentos  en  que  se  apoya la solicitud no pasan de los simples enunciados.   

La prueba aportada o prueba nueva en lo que  hace  a su mérito o capacidad probatoria, debe contener elementos de juicio que  de  manera  inequívoca  permitan  concluir  la  inocencia  del  condenado  o su  inimputabilidad;  se  trata,  nada más y nada menos, de desvirtuar con ella las  presunciones  de  acierto  y  legalidad que ampararon el fallo cuya revisión se  pide,  lo  cual no logra el accionante en la confusa exposición que contiene su  libelo.   

Las  falencias  advertidas  son suficientes  para  que  la  demanda  sea  inadmitida, máxime si se considera que la causal a  cuyo  amparo  pretende  promover la acción, presupone el aporte material de los  medios  probatorios  novedosos,  condición que incumple porque el demandante se  limita  a enunciarlos, como si ya se hubiese admitido la acción y se tratara de  los  elementos  de convicción encaminados a la demostración de la causal, para  ser  practicados  y controvertidos ante el juez de revisión, conforme lo prevé  el artículo 224 del Código de Procedimiento Penal.   

Ahora bien, en relación con la otra causal  invocada         (art.        220–5     L.     600/00),  ha  dicho esta Corporación reiteradamente que la invoque, tiene  la  obligación  de  presentar  un  discurso  jurídico y coherente, tendiente a  demostrar  que  el fallo cuya rescisión pretende, se sustentó en prueba falsa,  lo  cual  se  logra,  ineludiblemente, acompañando al correspondiente libelo la  copia  auténtica  de la sentencia en firme que declare tal circunstancia, valga  decir,  que  la  prueba  que  sirvió  de  soporte para la condena era falsa, de  manera  que se genere un grado significativo de persuasión en el sentido de que  si  se  prescinde  de  esa  prueba declarada jurídicamente falsa, la condena no  subsistiría.   

Con todo, el demandante no precisó cuál es  la  prueba  que  considera  falsa;  menos  aún  aportó  la  decisión judicial  ejecutoriada con la que se demostraría la aludida falsedad.   

Por  lo  demás, si su intención era la de  denunciar   la   violación   de   garantías   fundamentales  del  sentenciado;  controvertir  el  fallo  por soportarse en prueba de  referencia;   o  cuestionar  el  valor  probatorio  asignado  a  los  medios  de  convicción;  no  tuvo en cuenta el demandante que esas  alegaciones  están  encaminadas  a  demostrar  la  ilegalidad  de los fallos de  instancia,  errores  que de ser válidos, sólo pudo haber cuestionado acudiendo  al    recurso    de    casación    –que   omitió  interponer–  con  la  postulación  de  las  específicas  causales  en las que  desarrollara  las propuestas de nulidad, falso juicio  de convicción y los errores de hecho, respectivamente.   

Los  reseñados  defectos  enseñan  que la  pretensión  subyacente  consiste  en que la Sala de Casación Penal realice una  nueva  estimación  del  conjunto  probatorio,  cometido  incompatible  con  las  causales  de  revisión  seleccionadas,  y  que a estas alturas resulta del todo  impertinente.   

Así  las  cosas,  dado  que  la acción de  revisión  no  constituye  una  prolongación  del  juicio y el escrito incumple  básicamente  las  exigencias  formales  que  para  su  admisión establecen los  numerales  3°  y 4º del artículo 222 de la Ley 600 de 2000, resulta imperiosa  su  inadmisión  de  conformidad  con  lo indicado en el artículo 223 del mismo  estatuto.   

En  mérito  a lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  Sala  de  Casación Penal,   

  RESUELVE   

INADMITIR  la  demanda   de  revisión  presentada  por  el  apoderado especial de Nelson  Ruiz  Rodríguez,  de   conformidad   con   las   razones  consignadas en la anterior motivación.   

Contra  esta decisión procede el recurso  de reposición.   

Cópiese,      notifíquese     y  cúmplase.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1  Cuando  se demuestre, en sentencia en firme, que el fallo objeto de pedimento de  revisión se fundamentó en prueba falsa.     

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