AP4992-2014(41630)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

      

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Magistrado Ponente  

AP4992-2014  

Radicación N° 41630  

(Aprobado acta Nº 280)   

Bogotá, D.C., veintisiete (27) de agosto de  dos mil catorce (2014).   

Procede la Sala a verificar los presupuestos  de  lógica y debida argumentación de la demanda de casación presentada por la  defensora  de  MYRIAM  ANDRADE DE JIMÉNEZ.   

H E C H O S  

Fueron   expuestos  por  el  ad     quem     de    la    siguiente  manera:   

“Ante  el  fallecimiento de María Zeneth  Giraldo  ocurrido  el  24  de julio de 2002, en el mes de abril de 2010, su hija  Gloria  Patricia  Giraldo Giraldo decidió iniciar el proceso de sucesión. Para  ello   solicitó   a  la  oficina  de  registro  de  instrumentos  públicos  el  certificado  de  matrícula  inmobiliaria  Nº 50C-1423084, correspondiente a un  predio  de  propiedad  de  su madre ubicado en la carrera 2 Nº 22-85, barrio El  Hato,  del  municipio  de  Funza  (Cundinamarca),  sin  embargo cuando lo obtuvo  advirtió  que el inmueble había sido enajenado el 12 de mayo de 2006, mediante  escritura  pública  Nº  396  de  la  Notaría  Única  de  Funza  y  ahora los  propietarios  registrados  eran  Concepción  Milque  Currea  y Genaldo Sánchez  Villalba.   

Ante  semejante irregularidad, a través de  apoderada  judicial  puso  en  conocimiento  de  las  autoridades  lo sucedido y  mediante   labores  de  investigación,  con  perito  experto  en  dactiloscopia  estableció  que la huella estampada en la escritura pública de compraventa Nº  396   a   nombre   de   María   Zeneth  Giraldo  correspondía  a  MYRIAM  ANDRADE DE JIMÉNEZ, identificada  con  la cédula de ciudadanía Nº 29.328.195 de Caicedonia (Valle), persona que  suplantó  a la fallecida ante el Notario Único de Funza cuando protocolizó la  venta del inmueble que no le pertenecía.   

Así  mismo,  los  compradores  Concepción  Milque  Currea  y  Genaldo Sánchez Villalba (quienes adquirieron el bien por la  suma  de  $25.000.000)  llevaron  ante  la  oficina  de registro de instrumentos  públicos,  zona  centro de Bogotá, la escritura pública Nº 396 de 12 de mayo  de  2006  para  que  se  hiciera  el  registro  de  propiedad  a su nombre, cuya  inscripción  se  materializó  en  el  folio  de  matrícula  inmobiliaria  Nº  50C-1423084  con la anotación Nº 5 de fecha 16 de mayo de 2006”.     

A N T E C E D E N T E S  

1. El 21 de febrero de 2012, ante el Juzgado  12  Penal  Municipal  con  función  de  control  de  garantías  de Bogotá, se  legalizó  la  captura  de  MYRIAM ANDRADE DE JIMÉNEZ  y  se le formuló imputación como autora responsable  de  los  delitos  de  estafa,  obtención  de  documento público falso y fraude  procesal  (artículos  246, 288 y 453 del Código Penal), allanándose la citada  respecto  de  las  dos  primeras  ilicitudes.  En  esta diligencia, la Fiscalía  solicitó  se  le  impusiera medida de aseguramiento privativa de la libertad en  establecimiento  carcelario,  a lo que accedió el estrado judicial.1   

2.  Radicado escrito de acusación el 22 de  marzo  de 2012 por el punible que no fue objeto de allanamiento, correspondieron  las  diligencias  al  Juzgado  43  Penal  del  Circuito  de Bogotá que luego de  decretar   la   ruptura   de  la  unidad  procesal,  agotar  las  audiencias  de  formulación  de  acusación, preparatoria, el juicio oral y anunciar el sentido  del  fallo, dictó, el 13 de diciembre de 2012, sentencia absolutoria a favor de  ANDRADE         DE         JIMÉNEZ.2   

3.  Apelada  esta  determinación  por  la  Fiscalía,  fue  revocada  por  el  Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de  Bogotá  -Sala  Penal-  el  19  de  abril  de  2013, que en su lugar impuso a la  mencionada  las  penas  principales  de prisión por setenta y cinco (75) meses,  multa   de   doscientos   diez  (210)  salarios  mínimos  legales  mensuales  e  inhabilitación  para el ejercicio de derechos y funciones públicas por sesenta  y  tres  (63)  meses  como  autora  responsable  de fraude procesal. En la misma  decisión  le  negó  la  suspensión  condicional  de  la  pena  y  la prisión  domiciliaria,  y  ordenó  a  la  oficina de registro de instrumentos públicos,  zona  centro  de Bogotá, la cancelación de la anotación Nº 5 contenida en el  folio  de  matrícula  inmobiliaria Nº 50C-1423084.3   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

La  defensora  pública  de  la  procesada  interpuso    el   recurso   extraordinario   para   postular   un   cargo  único  en  contra  del  fallo  de  segunda  instancia, al amparo de la causal prevista en el artículo 181, numeral  2º,  de  la  Ley  906  de  2004, “por incongruencia  fáctica     entre     la     acusación     y     la     condena”.   

Lo  anterior,  al  considerar  que desde la  audiencia  de imputación se le atribuyó a su prohijada la comisión del delito  de  fraude  procesal  por  haber  obtenido el registro de una escritura pública  apócrifa,  no  obstante,  nunca  se le endilgó “la  afirmación  fáctica” referente a que utilizó como  instrumento  para  cometer este ilícito a los compradores del inmueble sobre el  cual  recayó  el registro, acudiendo la Fiscalía a dicha fórmula “para salvar el juicio”.   

Así,   en  su  concepto,  se  violó  la  estructura  del  proceso  por  no  transmitirse  desde  sus  albores  los hechos  jurídicamente   relevantes   en   un  lenguaje  comprensible,  sorprendiéndose  ulteriormente  a  la  implicada con la atribución de una autoría mediata de la  que  no  pudo  defenderse  y que de haber sido expuesta de forma oportuna, dice,  hubiese  dado  lugar  a otra estrategia. En estas condiciones, solicita casar la  providencia     impugnada,     decretar     su     nulidad     y    “ordenar   que  recobre  vigencia  la  sentencia  absolutoria  de  primera instancia proferida a favor de mi defendida”.   CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

1.  Ante  todo es imperioso recordar que la  casación  es  un  recurso  de naturaleza extraordinaria y rogada, motivo por el  cual  el  legislador  fijó  de  modo  taxativo las causales por las que resulta  procedente   atacar  la  presunción  de  acierto  y  legalidad  que  ampara  la  determinación  de  segunda  instancia. En ese orden, la demanda correspondiente  no  es  un  escrito de libre formulación en el que tiene cabida cualquier clase  de  cuestionamiento sino que ha de ser un texto lógico y sistemático en el que  solo  es  viable  denunciar  errores  trascendentes  del  fallo,  al tenor de la  metodología que ha decantado la jurisprudencia.   

Ello   encuentra  fundamento  en  que  el  mecanismo  de  impugnación  no  es escenario para prolongar la controversia que  feneció  con  la emisión de la sentencia, ya que esta decisión únicamente es  discutible,  se  insiste, a través de la demostración de yerros atribuibles al  juzgador  de  tal  magnitud  que  solo  con  la  casación  pueda restaurarse la  legitimidad  de  la  pieza  procesal  atacada,  bajo  el entendido que la simple  discrepancia  de  criterios  no  constituye  un  aspecto  que  dé  cabida  a la  intervención de la Corte.   

2.  Con  este  preámbulo,  se  anuncia  la  inadmisión  de  la demanda  por  carecer  de  una  argumentación  conceptual  consistente  que  acredite el  presunto  vicio objeto de reproche, en tanto no evidencia una infracción con la  entidad  de infirmar la legalidad del trámite surtido o las consideraciones del  fallo atacado. Véase:   

3.  Basta  confrontar  el  contenido  del  cargo   único   con  los  acápites  de  la  sentencia  del ad quem a   partir  de  los  cuales  la  censora  edifica  una  hipotética  incongruencia,  para  advertir  cómo subsume una visión aislada del alcance de  este  proveído  con  la  pretensión  de  exhibir  un  yerro aparente. En otras  palabras,  en  este  asunto  no  puede  predicarse falta de consonancia entre la  acusación,  la petición efectuada por la fiscalía al finalizar el juicio oral  y  la  sentencia,  porque  la  calificación  jurídica de los sucesos imputados  nunca  se  modificó  durante  el transcurso del proceso, circunscribiéndose en  todas  estas fases al injusto contemplado en el artículo 453 del Código Penal.  Por  ende, la acusación por este delito y la posterior condena por el mismo, no  por  otro,  excluye  la eventual conculcación del principio cuya aplicación se  reclama.   

3.1.  En ese orden, al cotejarse el escrito  de  acusación  se tiene que en concordancia con lo expuesto en la diligencia de  formulación  de  imputación,  describió  el  trasegar  que  culminó  con  la  compraventa  fraudulenta del inmueble ubicado en la carrera 2 No. 22-85 de Funza  (Cundinamarca),   transacción   irregular  toda  vez  que  quien  fungía  como  vendedora,  María Zeneth Giraldo, falleció con antelación a la negociación y  en   su   lugar   se   presentó   MYRIAM  ANDRADE  DE  JIMÉNEZ,   dando   paso  tal  suplantación  a  los  siguientes señalamientos en su contra:   

“[…]  Se le formula acusación […] en  calidad  de  autora de los  delitos  de  obtención de documento público falso, teniendo en cuenta que ante  el  notario  único  de  Funza,  el  día  12 de mayo de 2006, la aquí imputada  haciéndose  llamar María Zeneth Giraldo, se presentó en la notaría afirmando  la  intención  de  enajenar el inmueble […] conducta descrita en el artículo  288  del  C.P. […] fraude procesal, tipificado en el  momento  en  que se inscribe la escritura pública de compraventa en el registro  de  instrumentos  públicos  de  la ciudad de Bogotá, en el folio de matrícula  inmobiliaria  No.  50C-1423084,  con  el  fin  de  completar  la  tradición del  inmueble  de  conformidad  con lo dispuesto en el Código Civil, delito descrito  en  el  artículo  453  del  C.P. […] y el delito de  estafa,  concretada  en  las  maniobras  engañosas  que  utilizó  la  autora  de  las  conductas  descritas  para  obtener  un  provecho ilícito en desmedro del patrimonio económico de la  señora  Gloria  Patricia  Giraldo Giraldo, heredera de la señora María Zeneth  Giraldo,  en  concurso  homogéneo  y  sucesivo  de tipos, ante la defraudación  económica  que también sufren el señor Genaldo Sánchez Villalba y la señora  Concepción  Milque  Currea,  conducta  descrita  en  el  artículo 246 del C.P.  […]”.4   

De   cara   a  lo  anterior,  indicó  el  Tribunal:   

“No  existe  vulneración al principio de  congruencia  entre  lo  planteado  en  el  pliego  de  cargos y las conclusiones  finales  vertidas  al terminar el juicio donde se demanda la condena y se aclara  por  la representante de la Fiscalía que no hablamos de autoría inmediata o de  propia  mano,  sino  de  autoría  mediata  o  a través de interpuesta persona,  porque  la escritura pública Nº 396 de la Notaría Única de Funza la llevaron  a   registro   Concepción  Milque  Currea  y  Genaldo  Sánchez  Villalba,  los  compradores,  quienes al haber creído adquirir legítimamente el bien prometido  en  venta,  trasladaron el documento para realizar su inscripción en la Oficina  de Instrumentos Públicos, sobre la referida compraventa.   

En  tal  sentido,  lo  dicho por el juez de  primera  instancia  como  argumento para absolver por falta de congruencia entre  la  acusación  y  la  sentencia  resulta inadmisible, pues el hecho de no haber  incluido  en  la  acusación  una  específica atribución a título de autoría  mediata  corresponde  a  una  simple  pretermisión  de  naturaleza  jurídica o  dogmática  que no altera el núcleo esencial de la imputación, ni incide en la  determinación  de  la  pena  imponible, ni tampoco sorprende a la defensa de la  acusada,  en  la medida en que se trata de una categoría doctrinal que debe ser  objeto  de  manejo  y  argumentación  por  parte de todos los profesionales del  derecho  que ejercen en el ámbito penal, máxime cuando es de común usanza que  quien  registra  el  título  de  compraventa  es  el  adquirente del bien, como  ocurrió en este caso […]   

[…] En otras palabras, la procesada, desde  un  inicio tuvo conocimiento de que la escritura pública Nº 396 del 12 de mayo  de  2006  no  había  sido  firmada  por la propietaria del inmueble y aun así,  decidió  (y  por consiguiente tuvo la intención) de firmarla haciéndose pasar  por  la  fallecida  titular del derecho de dominio, para que con dicho documento  se  hiciera  incurrir  en  error al funcionario que la inscribió en el folio de  matrícula  inmobiliaria  Nº  50C-1423084;  así  el  resultado  final  de esas  conductas  las obtuviera por interpuesta persona que para el caso que nos ocupa,  fue   un   simple   instrumento   no   culpable”.5   

Este   recuento,   entonces,  excluye  la  pregonada   incongruencia,   puesto   que,  según  se  anotó,  a  ANDRADE  DE  JIMÉNEZ  se le endilgó ser  autora  de  la  conducta  punible  de  fraude  procesal  y por esa denominación  jurídica fue que se dictó condena.   

Por  tanto,  el  antagonismo  frente a este  contexto  objetivo  lo  que  denota  es  la evidente confusión de la recurrente  sobre  la  materia,  por  cuanto  el  artículo 29 del Código Penal señala que  “es autor quien realice la conducta punible por sí  mismo    o    utilizando    a    otro    como    instrumento”,    premisa   que  conlleva  a  que  la  precisión  efectuada  por  la  fiscalía  en  su  alegato  de  cierre  y  acogida  por el juzgador ad  quem  de ninguna manera conculque el  principio  consagrado  en el artículo 448 de la Ley 906 de 2004. Tal garantía,  se  recuerda,  lo  que  pretende  es  impedir  al  juez  hacer  más  gravosa la  situación  del implicado en un trámite penal por la adición de hechos nuevos,  la  supresión  de  atenuantes  reconocidas  en la acusación o la inclusión de  agravantes  no  contempladas  en  ella,  debiendo  el  funcionario en el caso de  proferir  condena  guardar  correspondencia  entre  lo imputado, lo juzgado y lo  sentenciado,  sin  que  ello  sea  óbice  para que dicte fallo por un delito de  menor  entidad  y  del  mismo  género al enrostrado siempre que se ajuste a las  circunstancias  fácticas debatidas en la actuación y no afecte los derechos de  los  intervinientes  (CSJ  SP, 25 Abr 2007, Rad. 26309; CSJ SP 16 Mar 2011, Rad.  32685; CSJ AP, 10 Dic 2012, Rad. 38532).    

De   contera,  el  principio  solo  exige  intangibilidad  tratándose  de  la  relación fáctica concreta realizada en la  imputación   que,  catalogada  en  específicas  tipicidades,  permita  conocer  cuáles  son  los  sucesos  por  los  que  se  adelanta la acción penal. Dichos  acontecimientos,  en  el  sub  examine,  permanecieron  incólumes,  en  consecuencia,  es  infundado que se  alegue  sorpresa o violación del derecho de defensa atendiendo que la unidad de  acción  que compendió el comportamiento de ANDRADE DE  JIMÉNEZ  involucraba  necesariamente, lo puntualizó  el  ad  quem, la tradición  del  derecho  de  dominio  a través de la inscripción de la escritura pública  contentiva  de  la  compraventa  del  inmueble  en  la  oficina  de  registro de  instrumentos  públicos,  para  que  tuviese  efectos  jurídicos, dinámica que  desde  el  inicio  de  las  diligencias  fue  incluida  en el juicio de reproche  elevado  por la Fiscalía en su contra a título de autoría de fraude procesal,  con  independencia  del  compromiso deducido posteriormente al tener como fuente  el mismo sustrato ontológico.   

3.2.  Ahora  bien,  en gracia a discusión,  vale  la  pena  reseñar  que  en  el hipotético caso que aquel sujeto procesal  hubiese   atribuido   una   particular  forma  de  autoría  (directa,  mediata,  coautoría)  o  de  participación  (determinación),  y  esta  luego se hubiese  variado  en la sentencia, que tal circunstancia tampoco constituiría violación  al  principio  de  congruencia en tanto es criterio uniforme de la Corte que las  modificaciones  en este sentido, en cuanto no comporten agravación punitiva, no  generan  inconsonancia  si  se  respeta  el  marco  fáctico de la imputación y  acusación,  al  haber  previsto  el legislador para todos estas categorías una  sanción   idéntica   (Cfr.   CSJ   AP   1487-2014,  CSJ  AP  2148-2014,  entre  otras).   

         4.  De  esta  manera,  surge  palmario  la labor demostrativa de la  censura  se  centró  en  la imposición de una evaluación personal del modo en  que  la  libelista considera debe interpretarse la garantía en comento, como si  de  un alegato de instancia se tratara, coyuntura con la que se desconoce que la  simple  disparidad  de  criterios  no  configura  un  error  susceptible  de ser  demandado en esta sede.   

          5.  De  otra  parte,  no  puede  dejar  de llamarse la atención al  ad  quem,  puesto  que  al  revocar   la   sentencia  absolutoria  de  primer  grado  procedió  a  celebrar  “audiencia  de  sentido  de  fallo  y  traslado del  artículo  447  del C.P.P”, pese a que este trámite  no  opera  en segunda instancia (CSJ SP, 14 Ago 2012, Rad. 38467; CSJ AP, 24 Abr  2013,  Rad.  40125) y porque condicionó sin justificación alguna la privación  de  la  libertad  de  ANDRADE DE JIMÉNEZ a  la ejecutoria de su proveído, en contravía de la regla general  que  dispone la orden de encarcelamiento una vez se profiere condena (CSJ AP, 30  Ene  2008,  Rad.  28918).  Lo anterior, para que a futuro se abstenga en asuntos  similares  de  incurrir en este tipo de medidas incompatibles con los postulados  procesales pertinentes.   

6.  Recapitulando,  en  el presente caso la  censora  no  se  ajustó  a  la  lógica formal que orientaba la exposición del  yerro  denunciado  y  mucho  menos  en  su  discurso acertó en la presentación  adecuada  de  un  vicio  trascendente,  por  lo  que  al  carecer  la demanda de  casación   del   sustento  conceptual  y  argumentativo  propio  de  esta  sede  extraordinaria,      conforme      se      anunció,      será     inadmitida,  además  porque  tampoco  se  avizora  violación  a  las  garantías fundamentales que haga necesario superar  los  defectos del libelo ni se percibe de su contexto que se precise de un fallo  para  cumplir con alguna de las finalidades del recurso (artículo 184 de la Ley  906 de 2004).   

7.  Por  último,  se  recuerda  que frente a esta determinación tiene  cabida  el  mecanismo  de insistencia de acuerdo con los lineamientos señalados  en  la  providencia  del  12  de  diciembre  de  2005,  proferida en el radicado  24322.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE  CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

INADMITIR  la      demanda     de     casación     presentada     por    la              defensora  de  MYRIAM     ANDRADE     DE     JIMÉNEZ.   

Contra esta decisión procede el mecanismo  de insistencia   

Cópiese,      comuníquese      y  cúmplase   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Presidente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Cfr. Folio 20 cuaderno actuación   

2  Cfr. Fl. 141 c.a   

3  Cfr. Fl. 16 cuaderno Tribunal   

4  Cfr. Fl. 33 c.a, resaltado de la Corte   

5  Cfr.  Fl.  9 y s.s fallo segunda instancia / Fl. 24 y  s.s cuaderno Tribunal     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *