AP4920-2016(48446)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

Magistrado Ponente  

AP4920-2016  

Radicación N°48446  

(Aprobado   Acta  No.232)   

Bogotá  D.C.,  tres (3) de agosto de dos mil  dieciséis (2016).   

Se pronuncia la Sala sobre la admisión de la  demanda  de  casación  presentada por el defensor   de   MARCO  FIDEL  FURNIELES  SALGADO   y  GUIDO  MANUEL  VARGAS  LÓPEZ  contra  la  sentencia  dictada por el  Tribunal  Superior  de  Medellín  el  11 de diciembre de 2015, mediante la cual  confirmó  la  proferida  anticipadamente por   el   Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  Especializado de Descongestión de Antioquia el 5 de octubre del mismo  año,   que   condenó   a  los  procesados  por  los  delitos  de  (i)  deportación, expulsión, traslado o  desplazamiento  forzado  de  población  civil,  (ii)  lavado  de  activos  agravado,  (iii)  destrucción  y  apropiación  de  bienes  protegidos, y (iv) concierto para delinquir agravado.   

Hechos     

Se  toman  del  acta  de  formulación  de  cargos,   de   donde   igualmente  los  tomaron  los  juzgadores de instancia,   

«Los   hechos   investigados   en   este  diligenciamiento  son entonces el resultado del accionar de una organización al  margen  de  la ley como el paramilitarismo en la región del Urabá Antioqueño.  Entre  los  años  1994  y  1997 los grupos que conformaron la estructura de las  Autodefensas  Unidas  de  Córdoba  y  Urabá  (ACCU),  posteriormente  convertidos  en  las (AUC), a cargo de  los  hermanos  VICENTE, FIDEL Y CARLOS CASTAÑO GIL, hicieron presencia mediante  actos  de  violencia  y  barbarie  en  contra  de  la  población     civil     en      una     zona    denominada    ‘LA         TULAPA’,      caracterizada  como  una  región  fértil geográfica  (sic),  afectando  particularmente  los Municipios de  Turbo   y   Necoclí  (en  el  Norte  de  Antioquia),  situación  que se presentó entre otros sitios en las veredas de Tuntún Abajo,  Santafé  de  la  Islita,  La Pitica, La Islita, Cielo  Azul,  Brazo  Izquierdo,  El  Indio,  El  Porvenir de  Tulapa,  La  Pita,  esta  situación se presentó con el propósito de  lograr  la salida de sus habitantes y de grupos señalados como  simpatizantes   o  militantes  de  las  FARC,  según  ellos  para  homogeneizar  políticamente  y pacificar la región, a través del  desplazamiento  forzado  de  población civil, amenazas, homicidios selectivos y  múltiples,  desapariciones  forzadas,  desatando  el  abandono  de tierras por parte de los pobladores y ocupantes y posterior despojo  en  dicha  región;  tanto era el interés de la apropiación de esas tierras de  la  casa  CASTAÑO (quienes  para  la  época  ya eran reconocidos paramilitares),  que  una  de sus estrategias fue articularse con la clase política y económica  del  Departamento  de  Córdoba  y  la  región de Urabá para materializar este  proyecto criminal.   

«En  el año de  1997  cuando  las  autodefensas  tenían  el control territorial de la zona, era  usual  observar  retenes  de  hombres  uniformados  y  armados, intimidando a la  población   y   requisando   a  quienes  pretendían  superar  esos  controles,  situación  aprovechada  por los directivos del Fondo Ganadero de Córdoba, bajo  la  gerencia  del señor BENITO OSORIO VILLADIEGO (de  quien  se  dice  llegó  a  ocupar ese cargo por imposición de VICENTE CASTAÑO  GIL),  para  comprar  de  manera sistemática tierras  ubicadas   en  esta  zona  del  país  en  un  número  de  137  predios,  cuyos  propietarios  o  poseedores  en  su  gran  mayoría ya habían sido objeto  de  desplazamiento  forzado,  y  ocupadas materialmente por  parte de la citada organización al margen de la ley.   

«Uno  de  los  centros    de    esta    empresa    criminal    fue    la   finca   ‘La           52’,      llamada      ‘El         Engaño’,  lugar  de legalización de tierras  de    los   campesinos   de   Tulapa.   ‘La           52’  fue  la  primera  propiedad  en ser  arrebatada  a  su  legítimo  propietario,  el  señor  SANTANDER OSORIO CAUSIL,  amenazado   y  obligado  a  vender  su  terruño  por  OLIVERIO  ÁLVAREZ  SERNA,  testaferro y cuñado de LUIS ÁNGEL GIL ZAPATA alias  Panina  y/o 52 (primo de los CASTAÑO), quien pagó un  irrisorio  precio  a su legítimo propietario, para luego vender la propiedad al  Fondo Ganadero de Córdoba por más de 250 millones.   

«El  1°  de  diciembre     de    1997,    el    predio    ‘La  52’  fue escenario de la  alianza    criminal    entre    la   ‘Casa        CASTAÑO’  y  el  Fondo Ganadero de Córdoba. Ese día, LUIS ÁNGEL GIL  ZAPATA,  SOR  TERESA  GÓMEZ  (cuñada de los CASTAÑO y enviada por VICENTE con  instrucciones  claras  de impulsar la legalización de tierras), y BENITO OSORIO  VILLADIEGO,  en representación del Fondo Ganadero de Córdoba, acuerdan un plan  para  evitar el retorno de las tierras a la población desplazada, legalizar las  propiedades  y  ponerlas  a  producir  en  función  de  los  intereses  de  los  concertados.  Ese  mismo  día,  en  horas de la noche, los miembros de la Junta  Directiva  del  Fondo  Ganadero de Córdoba: BENITO OSORIO VILLADIEGO (Gerente),  LUIS  GONZALO  GALLO  RESTREPO,  CARLOS  SOTOMAYOR  HODGE, BENITO MOLINA VELARDE  (‘El Mexicano’),  BERNARDO  VEGA  y ORLANDO FUENTES  HESSEN,  aprobaron  y  firmaron  el acta No.1084, donde, por unanimidad, deciden  iniciar  la compra masiva de tierras. Por fuera del acta, quedó la designación  de  SOR  TERESA  GÓMEZ  como la persona que intermediaría para la ‘compra’ de las tierras.   

«Comienza  entonces  la búsqueda y ubicación de los campesinos  desplazados,  por  toda  la  región  de  Urabá.  MARCO FIDEL FURNIELES y GUIDO  VARGAS,  enviados  de  SOR TERESA, convencen mediante engaños, intimidaciones y  presiones  a  los  campesinos  para  que  vendan sus predios a un precio menor y  acudan  a  la sede de la Fundación para la Paz de Córdoba (FUNPAZCOR), ubicada  a  pocas  cuadras  de  la  sede  del  Fondo  en  Montería,  donde,  a  la vista  del Comando de Policía y  bajo  la  guardia  de  civiles armados, se recibe a los campesinos que llegan en  camiones   y   diferentes   vehículos  contratados  por  SOR  TERESA  GÓMEZ  y  trasladados  por  el mismo  MARCO FURNIELES. Una vez allí, cada campesino firma  un  documento  formateado  donde  otorga poder a SOR TERESA GÓMEZ facultándola  para  vender  su  predio  al  Fondo  Ganadero  de  Córdoba.  Esta misma señora  le  asigna precio no negociable a cada predio y paga  inmediatamente  al  campesino  que ha firmado el poder, quienes recibieron en la  mayoría  de  los  casos  entre  30,  50,  100,  200, 300 mil pesos en  efectivo  por hectárea de tierra, los pagos se hacían 50% al  inicio  de  la  negociación  y  el  50%  restante  al  suscribir las escrituras  públicas   o   legalizarlas,   dinero   que   SOR  TERESA  GÓMEZ  sacaba  de  una  alacena  y del interior de tulas que reposaban en  esas  dependencias  y  del que se presume tenía procedencia ilícita, en cuanto  se  determina  que  FUNPAZCOR  era  una  fachada  de  la  Casa  CASTAÑO  de las  autodefensas, entre otras cosas con la finalidad de lavar dinero.   

«A partir del  mes  de  enero  de  1998,  CARMELO  ESQUIVIA GUZMÁN, asesor jurídico del Fondo  Ganadero  de  Córdoba  y  designado  por  el  acta No.1084 como responsable del  trámite  jurídico  del  proceso  de ‘legalización                de                tierras’,   contacta  a  su  amigo  MIGUEL  FRANCISCO  PUCHE, Notario  3°  de  Montería,  quien autentica los poderes otorgados bajo presión por los  campesinos  de  Tulapa,  algunos  de  ellos  sin  firmas  y en ausencia de otros  elementos  de validez, para posteriormente el funcionario levantar el 52% de las  escrituras de los negocios jurídicos.   

«En   este  decurso  criminal,  los  concertados  se percatan de la existencia de más de 40  predios   con   problemas   de   titulación,   ya   por   falta  de  decisiones  gubernamentales  de adjudicación, ya por mera posesión de los campesinos. Para  resolver  el  problema,  SOR TERESA GÓMEZ y el Fondo  Ganadero  de  Córdoba,  deciden solicitar la colaboración de la señora MARÍA  INÉS  CADAVID RESTREPO, Jefe Jurídica de Adjudicaciones de Baldíos del INCORA  Regional  Antioquia.  En  las  instalaciones del Fondo Ganadero de Córdoba, SOR  TERESA   GÓMEZ,   BENITO   OSORIO,  BENITO  MOLINA  y  MARÍA  INÉS CADAVID  RESTREPO,  acuerdan  identificar  y buscar de nuevo a los campesinos, esta vez a  aquellos  con legitimidad para solicitar adjudicaciones. El 13 de marzo de 1988,  de    nuevo    ‘La  52’  es  sede  de  una  convocatoria,   en   esta  ocasión  a  los  campesinos,  que  son  recibidos  y  presionados   para   que   firmen  formatos  de  poderes  y  de  solicitudes  de  adjudicación  elaborados  por  MARÍA  INÉS  CADAVID  RESTREPO, quien solicita  la colaboración de la Notaría Única del Municipio  de   San  Pedro  de  Urabá,  señora  LÍA  DEL  CARMEN  HURTADO,  que  a  sabiendas  de  la  ilegalidad  de los negocios jurídicos,  levanta  el  47%  de las  escrituras,  una  de  ellas  sobre resolución de adjudicación sin la firma del  Gerente  Regional  del  INCORA.  Entre 1997 y 2005 se  habían                ‘legalizado’  más  de  105  predios,  quedando  a  la  fecha sin ‘legalizar’  28  que  también  habían  sido  despojados  y de los que el Fondo Ganadero de Córdoba tomó posesión inmediata  y  sólo les dio el 50% inicial del valor que ellos pactaron con los campesinos.  Mediante  el  acta  No.1007  de  1998,  la Junta Directiva del Fondo Ganadero de  Córdoba  autoriza  al  Gerente  BENITO OSORIO para entregar dinero a SOR TERESA  GÓMEZ  por  sus  labores  de  intermediación  en  el  proceso  de ‘legalización           de  tierras’.  Se  observa  que   SOR  TERESA  GÓMEZ  ÁLVAREZ  aparece  en  la  mayoría  de los casos suscribiendo las escrituras públicas y en otros casos en  ausencia  de  esta,  llevaron  a los campesinos a que firmaran directamente esos  documentos  en  las  Notarías  a  nombre  del  Fondo  Ganadero  de Córdoba que  finalmente resulta beneficiada con esos actos delictivos.   

«Importante  dejar  sentado en este acápite de la resolución dos  aspectos,  el primero que de los 105 predios adquiridos por el Fondo Ganadero de  Córdoba  de  manera  irregular,  el  57%  de  ellos  habían  sido  adjudicados  inicialmente  como  baldíos a los propietarios entre  los  años  1959  y  1994. Los restantes 43% fueron adjudicados en el año 1999,  para  lo  cual  acudieron  a la funcionaria del INCORA de Antioquia MARÍA INÉS  CADAVID,  recomendada  (sic) SOR TERESA GÓMEZ, quien  la  conocía,  porque  en anteriores ocasiones les había servido para legalizar  otras  tierras que fueron despojadas utilizando el mismo modus operandi en favor  de  los  hermanos  CASTAÑO GIL. Segundo que el Fondo  Ganadero  de  Córdoba  es una sociedad anónima, con domicilio en Montería. El  20%   de   sus  acciones  son  tipo  ‘A’   y  pertenecen  al Estado, es decir el 15% al Ministerio de Agricultura y el 5% a la  Gobernación  de  Córdoba.  El  restante  80%  son  acciones  tipo ‘B’  y  corresponden  a  los  aportes  privados  de personas naturales y jurídicas por ello relevante también para el  caso  investigado  es  que  desde  1985 son  accionistas  de  dicho fondo los hermanos CASTAÑO GIL, entre  ellos:  HÉCTOR  CASTAÑO  GIL, FIDEL ANTONIO CASTAÑO GIL, CARLOS CASTAÑO GIL,  RUMALDA  CASTAÑO  GIL,  EUFRACIO  CASTAÑO,  JOSÉ  VICENTE  CASTAÑO  GIL y la  compañía  FIDEL  Y  VICENTE  CASTAÑO  Y  CÍA  que también pertenece a FIDEL  ANTONIO  y  JOSÉ  VICENTE  CASTAÑO  GIL. Igualmente la señora ROSA EVA GIL DE  CASTAÑO GONZÁLEZ (madre de los CASTAÑO).   

«El 12 de abril  de  2006  se  desmoviliza  en  el  Mello Villavicencio Municipio de Necoclí, la  estructura  paralimitar  denominada  BLOQUE  ELMER  CÁRDENAS  al mando de FREDY  RENDÓN  HERRERA  ‘alias  el  Alemán’, que tuvo  injerencia  en  el Urabá Antioqueño y como el Fondo Ganadero de Córdoba en el  año  2005  era  ya dueño y señor de los predios usurpados en Tulapa, mediante  las  escrituras  públicas  No.(s)  1097  y  1098  del  19 de septiembre de 2006  deciden  dar  en  usufructo  por  25  años,  17  de esos predios a las empresas  PRODUCTORA  DE  CAUCHO SAN PEDRO S. A. (PROCAUCHO) y REFORESTADORA INDUSTRIAL DE  ANTIOQUIA  (RIA),  entidades que comienzan a explotar  árboles  de  teca  y caucho en esos terrenos y por los que se pactó como valor  de      los     contratos     $685’027.980     y    $124’280.000   respectivamente,   el  Fondo  Ganadero  de  Córdoba  se  convierte  en  socio  de  las  dos  empresas,  ya  que  también  eran socios de  INCOAGRO, que a la vez era socio de RIA y PROCAUCHO.   

«Era  evidente, que para la época que la  familia   CASTAÑO   y   SALVATORE   MANCUSO  fueron los creadores y cabezas visibles de las Autodefensas  Unidas de Colombia, OSORIO VILLADIEGO era íntimo amigo de MANCUSO.   

«Como los de la  casa  CASTAÑO como dirigentes paramilitares consideraban a los pobladores de la  región  de Tulapa auxiliadores de las guerrillas, para ellos ejercer el dominio  territorial  de la zona, acudieron a una serie de conductas que atentaron contra  los  Derechos  Humanos  y  el  Derecho  Penal Internacional Humanitario, dado su  crueldad  y  fuerza desmedida contra una población desarmada, lo que derivó el  desplazamiento  de  población  civil.  Un  vez  apoderados  de  la región para  mantener  un control de la zona debían conocer quienes vivían allí y por ende  ellos  tenían  la  facultad de decidir quién vendía, quién compraba, es así  como  se  denota  los vínculos existentes entre el FONDO GANADERO DE CÓRDOBA y  el  paramilitarismo,  pues de no existir éste, el FONDO GANADERO DE CÓRDOBA no  hubiera  podido comprar los predios de la región. Las víctimas a la fecha aún  no   han   podido   retornar,   ni   sus   predios   restituidos”.1   

Actuación procesal relevante  

1.    La  fiscalía    abrió    investigación  por estos hechos, vinculó al proceso  mediante  indagatoria,  entre  otros,  a  MARCO  FIDEL FURNIELES SALGADO y GUIDO  MANUEL  VARGAS LÓPEZ, les  resolvió  la  situación  jurídica,  y el 28 de noviembre de 2014 declaró    clausurado   parcialmente  el     ciclo   investigativo.2   

2. Antes de que  se    procediera   a   la   calificación   del   mérito   del   sumario,   los  procesados,       coadyuvados       por      su  defensor,     manifestaron   el   deseo  de  acogerse  a  sentencia  anticipada,  razón  por  la  cual  la fiscalía, en  diligencia     realizada     el     14     de    enero    de    2015,      les      imputó  cargos  por  los  delitos  de,  (i)  concierto  para delinquir  agravado,  (ii) lavado de activos agravado, (iii) destrucción y apropiación de  bienes   protegidos,    y   (iv)   deportación,  expulsión,  traslado,  o  desplazamiento  forzado  de  población  civil.  El  primero  en  condición  de  autores,    y    los   restantes   en   condición   de   coautores.3       

3.  Mediante  sentencia  de  5  de  octubre  de  2015,  el Juzgado  Primero   Penal  del  Circuito  Especializado  de  Descongestión  de  Antioquia  condenó   a  MARCO  FIDEL  FURNIELES  SALGADO  y  GUIDO  MANUEL  VARGAS  LÓPEZ  a  la pena principal de 162 meses de prisión, multa  equivalente  a  4.950 s.m.l.m.v. e inhabilitación para el ejercicio de derechos  y   funciones   públicas   por   el   término   de   81   meses,  como  responsables  de  los  delitos aceptados en la diligencia de  imputación   de   cargos   con   fines   de  sentencia  anticipada.4   

4. Apelado este  fallo  por  el  defensor  de  los  procesados  y  por MARCO FIDEL FURNIELES  SALGADO,  por considerar  desacertado el proceso  de  dosificación  de las  penas,  el  Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de Antioquia, mediante el  suyo  de  11 de diciembre de 2015, que ahora la defensa recurre en casación, lo  confirmó      en     todas     sus     partes.5   

La demanda  

Con fundamento en la causal prevista en el  numeral  primero,  cuerpo  primero,  del  artículo  207  de la Ley 600 de 2000,  plantea  un  cargo  contra  la sentencia impugnada, por violación directa de la  ley      sustancial,      por     interpretación  errónea,   “como  quiera   que   se   aplicaron   indebidamente  los  artículos  31  (concurso  de  conducta  punibles), 59  (motivación de la pena),  60   (determinación  de  los  mínimos  y  máximos  aplicables)       y       61       (fundamentación     para    la    individualización) del código Penal”.   

En  el  desarrollo  del  cargo  sostiene  que    los    juzgadores   violaron   el  contenido  de  los  artículos  59 y 60 porque  la motivación que realizaron para aumentar en quince (15)  meses  la  pena  mínima  prevista para el  delito  más grave no se compadece con la teleología de estos  preceptos,      puesto      que     “no  se puede predicar una intensidad  del  dolo  superior  a  la que requiere el delito en sí mismo considerado, toda  vez  que  una argumentación como la pregonada en la sentencia hace parte de los  elementos  estructurales  que  conllevaron  a  la  creación  del tipo penal, es  decir,  lo  expuesto  por  el  tribunal y el juzgador  son  conceptos  que  hacen parte de la tipicidad del  tipo penal”.   

Argumenta que la obligación de motivación  no  se  satisface  con  argumentaciones  genéricas y tangenciales que para nada  descienden   al   caso  concreto,  ni  explican  por  qué  los  procesados  son  merecedores  de un aumento de quince (15) meses sobre  la  pena  mínima  a  imponer,  que  por  lo  demás  riñe con caros principios  constitucionales  como  el  de  proporcionalidad  y  necesidad, “al no haberse  argumentado  en  debida  forma,  por  qué  razón  ese  aumento  de  penas  se hace necesario en el caso  particular, desde el punto de vista constitucional”.   

Afirma  que la adecuada motivación de las  providencias  judiciales es una garantía que integra  el  debido  proceso,  que  le  permite a los sujetos  procesales    conocer   las   razones   fácticas,  probatorias   y   jurídicas   que   sustentan   su   sentido,    amén  de  que  “comporta una  garantía  contra la arbitrariedad y el despotismo de los funcionarios, a la vez  que  se  erige  en  elemento  de certeza y seguridad para efecto de ejercitar el  derecho  de  impugnación”,  como lo ha sostenido esta Sala.      

Continúa  diciendo  que  si  se  hace  un  análisis  de  la  “motivación”  realizada  en  las sentencias de primera y  segunda  instancias,  se  concluye  que  los  argumentos  que  allí  se exponen  no  son suficientes de cara a soportar el incremento  punitivo,  porque el daño  real  que los juzgadores  destacan  siempre  debe  existir,  dado  que  de  otra  manera  no  se  estaría  encuadrando  la conducta en el tipo penal,  ni los procesados serían sujetos de  la   acción   penal.        

Tampoco  le  es  dable al juzgador traer a  colación    “las    conductas    delictivas    que    desplegaron      por      razón      de     su     conformación”  para  justificar  el  incremento  de  los  15  meses,  porque  precisamente  por  esas  conductas  delictivas  también  están  siendo  juzgados.  Y ningún fundamento  tiene   aludir  a   “las  actividades  a  las que se dedicaban y el temor y zozobra sembrado entre  los  residentes  del  sector”,  puesto que  es lo mismo que decir “las  conductas  delictivas  que  desplegaron  por  razón de su  conformación”,  siendo       clara       su       persistencia  en  anteponer  argumentos  que  no  sirven  para  motivar  la  pena   y su  equivocada  conclusión  en  este  punto,  la  que debe considerarse un error de  juicio.   

Agrega  que  el  juez de primera  instancia,  después de fijar la pena de prisión en  135    meses    y    la    de    multa   en   1.225   s.m.l.m.v.,   precisó  que  “como  se  trata  de  un  CONCURSO  de  conductas  punibles,  conforme  lo  disciplinado  por el artículo 31 del Código Penal, la  pena  antes  reseñada se aumenta en otro tanto, en el caso de la pena principal  de  prisión  por  los  delitos  de CONCIERTO PARA DELINQUIR AGRAVADO, LAVADO DE  ACTIVOS  AGRAVADO  y  DESTRUCCIÓN Y APROPIACIÓN DE BIENES PROTEGIDOS, es decir  que  en  definitiva  la  pena  de prisión quedaría en DOSCIENTOS SETENTA (270)  MESES,  como  resultado  final del concurso de delitos”, y que el tribunal, al  decidir   la   apelación,   avaló  esta  decisión  argumentando  que  aunque  carecía  de motivación,  no afectaba el principio  de  legalidad porque   la  suma  aritmética  de las conductas concursantes  conducía  a  una  sanción  mucho  más  alta  de la impuesta finalmente por el  juzgador,  y  que  el  incremento  aplicado  no  se  advertía     desproporcionado.      

   Dice que este procedimiento no puede ser convalidado  porque  el  artículo  31  es  de  estricto  cumplimiento, y el juzgador omitió  determinar  el  ámbito  punitivo  de  cada  una  de  las conductas punibles que  integraban  el  concurso,  al  igual  que  la  pena que en concreto se  imponía  por  el  concierto  para  delinquir,  el  lavado  de  activos agravado y la destrucción y apropiación de  bienes      protegidos,      y      tampoco  realizó  un contraste con la  aceptación    de    cargos   para   efectos   de   la   congruencia,   lo   cual,   a   todas   luces,   resulta   desproporcional  e  inconstitucional, sin que sea de recibo el argumento  del  Tribunal, en el sentido que “se trata de delitos graves por los cuales se  debía acrecentar la sanción”.   

Sostiene que los  juzgadores     no  solo  desconocieron  el  artículo  31  del  Código  Penal,  sino  la pacífica  jurisprudencia   de   la  Corte  sobre  la  necesidad de motivar con argumentos  la  imposición  de  la  pena,  y  agrega  que el  aumento  aplicado  resulta además abiertamente desproporcionado, si se tiene en  cuenta  la  teleología  del  artículo  31  del Código Penal y el monto de las  penas   mínimas   establecidas  para  los  delitos  concursantes,  cuya suma  aritmética  no  dista  mucho  de  la  pena  finalmente impuesta, tornándose en  extremo excesiva y violatoria del principio de proporcionalidad.   

    Cita   apartes  de  la  decisión  de  esta  Sala  del  24  de junio de 2015,  sobre  el  debido  proceso  sancionatorio,  dictada  dentro  del  radicado  40382, y solicita,  con fundamento en estas alegaciones,  casar    la   sentencia   impugnada   y dictar la que en derecho corresponda.   

     

SE CONSIDERA  

La   Sala   inadmitirá   la  demanda  de casación que    se    estudia   por   no   cumplir  las  exigencias  mínimas  de  orden formal  requeridas  para su estudio de fondo, ni satisfacer los presupuestos básicos de  idoneidad   sustancial   necesarios  para  la  realización  de  los  fines  del  recurso    propuesto.   

Como  se  dejó  visto,  el  casacionista  plantea  un cargo contra la sentencia impugnada por violación directa de la ley  sustancial,  por  interpretación  errónea,  con el  argumento  de  que  “se aplicaron indebidamente los  artículos   31  (concurso  de  conductas         punibles),     59    (motivación    de    la  pena), 60 (determinación  de   los   mínimos  y  máximos  aplicables)  y  61  (fundamentación           para          la  individualización)       del      Código Penal”.   

Este enunciado,  en  los  términos que se  presenta,  es         abiertamente         contradictorio,        porque           involucra    dos    sentidos   de   la   violación   conceptualmente    incompatibles,  y  porque  adicionalmente a  esto      termina  entremezclando  errores in iudicando con defectos  de  motivación,     que     hacen     que  el  cargo  se  torne técnicamente  incomprensible.        

Con el fin de hacer claridad sobre el punto,  importante  es  recordar  que  la  acreditación  de  un ataque en casación por  violación  directa  de la ley sustancial presupone necesariamente precisar, (i)  la  norma  sustancial  que  fue  objeto  de  la infracción, y (ii) el sentido o  concepto  de  la violación, aspecto este último que se refiere al modo como se  presenta   su   quebrantamiento,  y  que  incluye  tres  categorías:  falta  de  aplicación,   aplicación  indebida,  e  interpretación  errónea.     

La falta de aplicación se presenta cuando el  juzgador  en  desarrollo de la actividad in iudicando deja de aplicar al caso la  norma  sustancial  que debe regularlo. La aplicación indebida cuando selecciona  y  aplica  al  caso  una norma que no corresponde. Y la interpretación errónea  cuando  acierta  en  la selección del precepto que debe aplicar al caso pero se  equivoca en la concreción de su significado o alcance.    

Sostener   por   tanto,   como   hace   el  casacionista,  que los juzgadores violaron la ley sustancial por interpretación  errónea  porque  aplicaron  indebidamente  los  artículos  31, 59, 60 y 61 del  Código   Penal,   es  un  contrasentido,  porque  la  interpretación  errónea  presupone  que  la  norma  violada  fue  correctamente seleccionada, mientras la  aplicación indebida implica que su selección es incorrecta.   

Simultáneamente  a esto el demandante alega  que  los  juzgadores  incumplieron  el  deber  de  motivación  de  la  pena con  desconocimiento   de  lo  dispuesto  en  el  artículo  59  del  Código  Penal,  introduciendo  de esta manera un factor adicional de confusión al ataque, si se  tiene  en  cuenta  que  los defectos de motivación son por esencia errores  in  procedendo  o  de actividad, y que lo propuesto en el enunciado del cargo es  una  violación  directa de la ley sustancial, es decir, un error in iudicando o  de juicio.    

Si  el  recurrente estimaba que la sentencia  desconocía  el  debido  proceso sancionatorio por defectos de motivación, como  desordenadamente  lo insinúa en la censura, debió plantearlo de esta manera en  la  demanda,  con  invocación  ya no de la causal primera de casación, como lo  hace,  sino  de  la  tercera,  por  tratarse,  como  ya  se dijo, de un error in  procedendo,  e  indicación  precisa del defecto de motivación determinante del  vicio   (ausencia   de   motivación,   motivación  deficiente,  motivación  anfibológica, o motivación sofística), al  igual  que  de  su  trascendencia en el ejercicio del derecho de  defensa, pero este desarrollo no es el que la demanda contiene.   

En  su  lugar,  el  casacionista se dedica a  cuestionar  la  dosificación  realizada  por  los  juzgadores  de instancia con  argumentos  de  diferente  orden, que entremezcla sin ningún rigor técnico, lo  cual  le  impide  a la Sala saber si la inconformidad proviene de la ausencia de  motivación,  o  de la aplicación de criterios de ponderación distintos de los  legalmente   autorizados,   o   del   desconocimiento   de   los  principios  de  proporcionalidad  y necesidad de la pena, como indistintamente lo postula.    

Aunque  esta ausencia de rigurosidad lógica  en  la  sustentación  de  la censura sería suficiente para su inadmisión, por  atentar  contra  las exigencias de claridad, concreción, coherencia conceptual,  pertinencia  y suficiencia argumentativa que deben presidirla, la Sala encuentra  que   los   cuestionamientos   que   el   casacionista  formula  al  proceso  de  dosificación  punitiva no tienen la consistencia que les endilga, y que todo se  reduce  a  una  discrepancia  de  índole  personal  con los incrementos que los  juzgadores   aplicaron  en  la  tasación  de  la  pena.       

Revisados los fallos de instancia se advierte  que  el  juzgador  de primer grado, al dosificar la pena, seleccionó  como  delito   de   mayor   gravedad   el  de  deportación,  expulsión,  traslado  o  desplazamiento  forzado  de población civil, tipificado en el artículo 159 del  Código  Penal, que adscribe pena de 10 a 20 años de prisión, multa de 1.000 a  2.000  salarios  mínimos  legales  mensuales vigentes e inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  de  10  a  20  años,  sin los  incrementos  del  artículo  14  de  la Ley 890 de 2004, por no ser aplicable al  caso.   

A  continuación  delimitó  los  cuartos de  movilidad  para  las  distintas  penas previstas para este delito, conforme a lo  previsto  en  el  inciso primero del artículo 61 del Código Penal, y se ubicó  para  efectos  de  su  individualización en el primer cuarto teniendo en cuenta  las  directrices  fijadas  en  el inciso segundo ejusdem. Los extremos mínimo y  máximo  del  primer  cuarto  fueron  correctamente  calculados  así:  Pena  de  prisión:  de 120 a 150 meses. Pena de multa: de 1.000 a 1.250 salarios mínimos  legales  mensuales  vigentes.  Y pena de inhabilitación: 120 a 150 meses.    

Al  individualizar  la pena para el referido  ilícito,  incrementó la pena mínima de prisión en 15 meses, para un total de  135  meses;  la pena mínima de multa en 125 salarios mínimos, para un total de  1125,  y  la  pena  de  inhabilitación en 15 meses, para un total de 135 meses,  para  dejarlas,  en  todos  los  casos, en la mitad del ámbito de movilidad del  primer  cuarto,  “teniendo en cuenta el daño real causado por los miembros de  los  grupos  que  actúan  al  margen  de  la  ley, las conductas delictivas que  desplegaron  por  razón de su conformación, las actividades a que se dedicaban  y  el temor y zozobra sembrado en los residentes del sector, resultando grave la  conducta   por   ellos   desplegada   más   allá   de   la   prevista  por  el  legislador”.   

Posteriormente,  al  aplicar las reglas del  concurso  previstas en los artículos 31 y 39.4 del Código Penal, decidió, (i)  aumentar  en  otro  tanto  la pena de prisión, para un total de 270 meses, (ii)  mantener  en  135  meses la pena principal de inhabilitación en el ejercicio de  derechos  y  funciones públicas, teniendo en cuenta que esta clase de pena solo  estaba  prevista para el delito de desplazamiento forzado de población civil, y  (iii)  fijar  la  pena  de  multa en el equivalente a la suma aritmética de las  distintas  penas,  para un total de 8.250 salarios mínimos legales mensuales. Y  aunque  omitió  dosificar  por  separado  las penas para cada delito concursal,  dejó  en  claro  al  tasar la multa que se ubicaba, para todos los casos, en la  mitad   del   ámbito   de   movilidad   del   primer  cuarto.      

Por último reconoció un descuento del 40%  sobre  las  distintas  penas, en aplicación de lo previsto en los artículos 40  de  la  Ley  600  de  2000  y 351 de la Ley 906 de 2004, por haberse acogido los  procesados  a  sentencia  anticipada,  para  una pena definitiva de 162 meses de  prisión,  4.950  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes de multa y 81  meses  de inhabilitación en el ejercicio de derechos y funciones públicas, que  fue la finalmente impuesta.   

En alusión a este proceso de dosificación  punitiva  el  libelista  sostiene,  (i)  que  el incremento de quince (15) meses  aplicado  por  el  juzgador  para  el  delito más grave es indebido, porque los  motivos  que  adujo  para sustentarlo hacen parte de los elementos estructurales  del  tipo,  y  no  es  posible  predicar una intensidad dolosa superior a la que  requiere  el  delito  en sí mismo considerado, y (ii) que el incremento de otro  tanto,  aplicado  por  razón  del concurso, es excesivo y desproporcionado, por  cuanto se aproxima a la suma aritmética.     

Ambos  reparos  carecen  de  sentido.  El  primero,  donde  cuestiona  la  pertinencia  de los fundamentos expuestos por el  juzgador  para  justificar  el  incremento, porque entre los factores a tener en  cuenta  para  determina qué pena se aplica entre los extremos mínimo y máximo  del  cuarto de movilidad correspondiente, el inciso tercero del artículo 61 del  Código  Penal  relaciona,  la  menor  o mayor gravedad de la conducta, el daño  real  o  potencial  creado  y  la intensidad del dolo, que fueron justamente los  aducidos  en  este  caso  por  el  juzgador para ubicarse en la mitad del primer  cuarto y no en el mínimo.     

      

La  jurisprudencia  de  esta  Sala  ha sido  igualmente   clara   en   precisar,   al  estudiar  los  aspectos,  criterios  y  circunstancias  que  deben  ponderarse  en  cada una de las fases del proceso de  dosificación  punitiva,  que  en la cuarta fase, que reglamenta el artículo 60  en  su inciso tercero, se impone tener en cuenta factores como la gravedad de la  conducta,  el  daño  real o potencial creado, la naturaleza de las causales que  agravan   o   atenúan   la   responsabilidad,   la   intensidad  del  dolo,  la  preterintención  o la culpa concurrentes, la necesidad de la pena y la función  que  cumple,  no quedando duda, por tanto, que los aspectos que el juzgador tuvo  en  cuenta  en  este  caso para moverse entre los extremos mínimo y máximo del  primero  cuarto,  se  identifican con los criterios de ponderación que la norma  autoriza  tener  en  cuenta  para  estos  efectos  (CSJ AP, 25 de abril de 2012,  casación   38787;  CSJ  SP,  23  de  enero  de  2013,  casación  35350,  entre  otras).     

La decisión del juez de incrementar la pena  de  prisión  en  otro  tanto  por  razón  del  concurso,  tampoco  se advierte  contrario  a  la  normatividad, ni a los criterios de orientación que deben ser  consultados  en  estos  casos,  por  cuanto  el  artículo  31 del Código Penal  autoriza  incrementar  la  pena  hasta  en dicho monto en caso de concurso, y el  ejercicio  del  poder discrecional por parte del juez no se advierte caprichoso,  arbitrario,  o  antojadizo, si se tiene en cuenta el monto de las penas mínimas  que  correspondería  aplicar por cada delito concursal, y que la suma de ellos,  si  se acude a los mismos criterios que se adujeron para la tasación del delito  base,  sería  inmensamente  superior  al  incremento  aplicado  por  razón  el  concurso.      

   No  se desconoce que la motivación  que  acompaña  el proceso de dosificación punitiva no es la ideal, ni las más  óptima,  pero  para  que  una  irregularidad  de esta índole pueda erigirse en  motivo  de  nulidad  es necesario demostrar que con ella se afectó el ejercicio  del  derecho  de defensa, en cuanto impidió el entendimiento de los fundamentos  de  la decisión y su consiguiente controversia, situación que el impugnante no  demuestra, y que tampoco se establece del estudio del caso.    

Decisión  

Visto,  entonces,  que la demanda no cumple  las  exigencias  mínimas  de  orden  formal  ni  sustancial  requeridas para su  estudio  de  fondo,  la  Sala  la inadmitirá a trámite y ordenará devolver el  proceso  a  la  oficina  de  origen,  no  advirtiendo  violaciones  a garantías  fundamentales   que   esté   en  el  deber  de  proteger  de  manera  oficiosa.   

En mérito de lo expuesto, LA CORTE SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

         

          RESUELVE:   

         

          INADMITIR  la demanda de casación presentada por el defensor de los  procesados  MARCO FIDEL FURNIELES SALGADO y  GUIDO  MANUEL VARGAS LÓPEZ.   

Contra   esta   decisión   no   proceden  recursos.   

NOTIFÍQUESE y CÚMPLASE.  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

              FERNANDO      ALBERTO     CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Páginas  8-10  del  acta  de  formulación de cargos (folios 10-12 del cuaderno  original 46 y folios 10-12 del cuaderno original No.47).   

2  Folios  252-257,  283-294  del  cuaderno  original 20, folios 26-33 del cuaderno  original   21,   y   folios  38-46,  47-52   de  cuaderno  original  No.40.   

3  Folios  3-209 del cuaderno principal No.46 y folios 3-209 del cuaderno principal  No.47.   

4  Folios 15-54 del cuaderno original No.48.   

5  Folios 108 del cuaderno original No.48.     

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