AP4812-2016(47469)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado ponente  

AP4812-2016  

Radicado N° 47469.  

Aprobado acta No. 224.  

Bogotá,  D.C.,  veintisiete (27) de julio de  dos mil dieciséis (2016).   

V I S T O S  

Sería  del  caso  que  la Sala resolviera el  recurso  de  apelación  interpuesto  por  el  ente  acusador  y el defensor del  procesado   Ronald   Floriano   Escobar,  contra el auto dictado por la Sala Penal del Tribunal Superior de  Villavicencio  el  14  de enero de 2016, mediante el cual resolvió inadmitir la  práctica  de  una prueba testimonial deprecada por la defensa y ordenó otras a  este  sujeto  procesal  y  a  la  fiscalía,  si no fuera porque se advierte una  irregularidad que obliga a la declaratoria de nulidad.   

A N T E C E D E N T E S  

De  acuerdo  con  la  información  y  los  elementos  de  convicción  allegados  a la actuación, se pueden extractar como  hechos jurídicamente relevantes los siguientes:   

El           doctor  Ronald  Floriano  Escobar, en su condición de Juez Segundo de  Ejecución   de  Penas  y  Medidas  de  Seguridad  de  Descongestión  de  Villavicencio, profirió  el  12  de  diciembre  de  2013  un  auto   estimado  por  la  Fiscalía como manifiestamente   ilegal   porque  en  él  resolvió  conceder  la  prisión  domiciliaria  al  señor HERNÁN DARÍO GIRALDO, alias “Cesarín”,  quien  había sido condenado por el Juzgado 5º Penal del Circuito Especializado  de  Medellín,  entre  otras  sanciones, a  la  pena  de  20  años, 9 meses y 18  días  de  prisión,  al  hallarlo responsable de los  delitos   de   Homicidio   agravado,   Concierto  para  delinquir  con  fines  de  homicidio y Fabricación,  tráfico y porte de armas  y municiones de uso privativo de las fuerzas armadas.   

ACTUACIÓN  PROCESAL  

El 15 de septiembre de 2014, ante el Juzgado  Primero   Penal   Municipal   con   Funciones   de   Control  de  Garantías  de  Villavicencio,  se  le  formuló  imputación a Ronald  Floriano  Escobar,  como presunto autor de la conducta  punible  de  Prevaricato  por  acción  agravado.  La  Fiscalía no solicitó la  imposición de ninguna medida de aseguramiento.   

El escrito de acusación fue presentado el 28  de  noviembre  de  2014,  correspondiéndole la etapa del juicio a la Sala Penal  del  Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de Villavicencio, conformada por  los  Magistrados  Alcibíades  Vargas  Bautista,  Joel  Darío Trejos Londoño y  Fausto  Rubén Díaz Rodríguez, quienes se declararon impedidos para conocer de  este asunto.   

El 28 enero de 2015, una Sala conformada por  Conjueces   resolvió   aceptar   el  impedimento  planteado  por  los  doctores  Alcibíades   Vargas   Bautista  y  Joel  Darío  Trejos  Londoño,  y  declaró  improcedentes  las  razones  aducidas  por  el  Magistrado  Fausto  Rubén Díaz  Rodríguez   para   separarse   del  conocimiento  del  proceso,  remitiendo  la  actuación  a  esta Corporación, la que, mediante auto del 24 de febrero de esa  misma  anualidad,  declaró infundado el impedimento de este último funcionario  judicial.   

Una  vez  se  conformó  la  Sala Penal, fue  celebrada,  el   20  de  marzo  de  2015,  la  audiencia de formulación de  acusación.  En  la misma, al correrse traslado al delegado de la Fiscalía para  que   se   pronunciara   en   relación   con  las  causales  de  incompetencia,  impedimentos,  recusaciones  o nulidades, manifestó que solicitaba el cambio de  radicación del proceso.   

Mediante providencia del 16 de abril de 2015,  esta  Colegiatura  negó  la  anterior petición y se remitieron las diligencias  inmediatamente al Tribunal a quo.    

El  23  de  julio  de esa misma anualidad se  reanudó  la  audiencia de formulación de acusación, al interior de la cual el  representante  del  ente  acusador  recusó  al  Magistrado  Fausto Rubén Díaz  Rodríguez,  por  lo  que  se suspendió la diligencia hasta tanto se resolviera  esa  postulación,  la  cual, a través de proveído del 19 de agosto siguiente,  fue declarada infundada.    

La  Sala Penal del Tribunal de Villavicencio  evacuó  el  día  12  de  noviembre  de  2015  la  audiencia de formulación de  acusación  y  llevó a cabo la preparatoria el 14 de enero de 2016, oportunidad  en  la que se hicieron estipulaciones probatorias, se descubrieron los elementos  materiales  probatorios,  la  evidencia física e informes legalmente obtenidos;  la  Fiscalía  y  la  defensa enunciaron la totalidad de las pruebas que harían  valer  en  la  audiencia  de juicio oral y público, y el acusado no aceptó los  cargos.   

El Tribunal negó la práctica del testimonio  del  abogado  Juan  Carlos  Arias  Duque,  citado  por  la  defensa como testigo  técnico,  y  accedió  a  las  restantes pruebas de ese sujeto procesal y de la  Fiscalía.   

El  defensor  y  la  Fiscalía,  en el acto,  interpusieron  el recurso de apelación, que sustentaron en los términos que se  expondrán en el correspondiente acápite.   

Solicitud de la defensa.  

En  lo  que  concierne  al  objeto  de  la  impugnación,  el  defensor  pidió  la práctica del testimonio del doctor Juan  Carlos  Arias  Duque,  para  que  vierta  ante  los  Magistrados  «los  supuestos teóricos de la excepción de convencionalidad en la  interpretación  de  las normas, principios y valores en el contexto del control  difuso  de  la  Constitución a cargo de los Jueces de la República».   

Señaló que esta es una práctica reciente y  desconocida, pero que es una forma de interpretación válida.   

Que  ese  testigo  no  dirá  si  el acusado  prevaricó  o  no,  pues  sólo  busca  ilustrar sobre la referida técnica, que  únicamente  conocen  los estudiosos, haciendo más probable la teoría del caso  de  la  defensa  en  torno  a  que la interpretación del acusado al proferir la  decisión cuestionada fue legítima, aunque no usual.   

Así mismo, solicitó los testimonios de los  Magistrados  Joel  Darío  Trejos Londoño y Alcibíades Vargas Bautista, ya que  contra  estas  personas  y el enjuiciado se presentó un escrito anónimo al que  la  Fiscalía  le  ha otorgado credibilidad y, en tal virtud, esas declaraciones  permitirían  restarle  valor a dicho documento, al tiempo que mostrarán que el  comportamiento  del  encartado  no es proclive a la delincuencia, sino a ejercer  su profesión en debida forma.   

De igual manera, promovió el testimonio del  señor  Hernán  Darío  Giraldo Gaviria, asegurando que fue quien se benefició  con  la determinación de concesión de la prisión domiciliaria que dio lugar a  este  proceso  penal,  y  de  quien se asegura en escrito anónimo, canceló una  suma  de  dinero  por  esa  actuación,  constituyéndose en testigo directo que  hará  menos  probable  la  teoría de la Fiscalía en punto a que esa decisión  fue el resultado de una actividad ilícita.     

Requirió se permita escuchar como testigos a  los  empleados del juzgado regentado por el procesado, esto es, los señores Luz  Adriana  Bermúdez  y Ricardo Ramírez, a fin de que indiquen si existió algún  comportamiento  extraño  en el trámite del diligenciamiento que dio lugar a la  providencia  catalogada como prevaricadora y si existió interés manifiesto del  acusado en ese evento.   

Pidió  tener  como  pruebas documentales un  memorial  junto a 21 folios anexos, suscrito por el acusado, dirigido al Consejo  Seccional  de  la  Judicatura  y  con  destino  al  proceso disciplinario que se  adelantó  en su contra por hechos vinculados a esta investigación penal, a fin  de hacer menos probable la teoría del caso de la Fiscalía.    

Sumado a lo anterior, deprecó como elemento  de  acreditación  la  copia  integral del proceso disciplinario reseñado, para  destacar  las  versiones  y documentos aportados en ese asunto, entre ellos, una  acción de tutela.   

Por   último,   la   defensa  pidió  las  estadísticas  del Juzgado de Ejecución de Penas cuyo titular era el encartado,  a fin de demostrar la carga laboral de ese despacho.   

Solicitud   de   la  Fiscalía.   

En  lo  que  tiene  que  ver  con  la alzada  propuesta,  el  ente  acusador  pretendió  como  prueba documental la copia del  escrito  de acusación con allanamiento a cargos por el delito de fuga de presos  enrostrado  al  señor  Hernán  Darío  Giraldo  Gaviria, alias “Cesarín”,  distinguido  con  el  radicado  No.  050016000000201400268,  pues,  asegura,  se  encuentra  relacionado  con  los  hechos investigados y permitirá acreditar los  efectos   concretos  producidos  con  la  decisión  de  sustituir  la  prisión  carcelaria   por   domiciliaria,   que   se   constituye   en   objeto  de  esta  investigación,  buscando  hacer  más  probable  la  ocurrencia  del punible de  prevaricato objeto de acusación.   

La   providencia   impugnada.   

La  Sala  de  Decisión  Penal  del Tribunal  Superior  de  Villavicencio  se pronunció acerca de la admisión de las pruebas  que las partes pretenderían hacer valer en el juicio oral.   

Al  referirse  a la solicitud del testimonio  del  abogado  Juan Carlos Arias Duque, pedido por el defensor, dispuso que no se  decretaría,   tras   rotularlo   como   impertinente,   ya  que  «el   delito  de  prevaricato  tiene  unos  elementos  específicos,  referidos  a  la contradicción entre la decisión adoptada por un funcionario y  lo   dicho   por   la   ley  en  un  caso  concreto».   

Por otro lado, frente a la prueba documental  de  la Fiscalía, referida a la copia del escrito de acusación con allanamiento  a  cargos  por  el  delito de fuga de presos enrostrado al señor Hernán Darío  Giraldo   Gaviria,   alias  “Cesarín”,  distinguido  con  el  radicado  No.  050016000000201400268,  la  Sala  Penal  del  Tribunal de Villavicencio decidió  aceptar  esa  y  todas  las  pruebas  deprecadas  por  el  ente  acusador.    

La  providencia  fue recurrida en apelación  por  el  defensor  y  el  Fiscal,  quienes  en  curso de la respectiva audiencia  informaron los motivos de inconformidad.   

Sustentación  de  la  Fiscalía.   

Salvo un documento referido a una acción de  tutela  anexa  al proceso disciplinario, que la defensa solicitó fuera aportado  al  proceso  como prueba documental, la Fiscalía pidió se revoque parcialmente  la  determinación  y  se  denieguen  todas  las  pruebas  de la defensa por ser  inadmisibles    e    impertinentes,   pues   no   tienen   relación   con   los  hechos.   

Sustentación   del   defensor.   

Frente a la negativa de la prueba testimonial  deprecada  –abogado  Juan  Carlos  Arias-,  señaló  que  ella  se  hace  necesaria porque hoy en día, en  Colombia,  la  mayoría  de  las  decisiones de los jueces, así como las normas  legales,  son  contrarias  a  la  constitución  y  los  pactos  y  convenciones  suscritos por nuestro país.   

Agregó que la simple contrastación entre la  decisión  y  la  norma,  sumado  a  un  anónimo,  no  puede estimarse material  probatorio suficiente para resolver el caso.   

Sostuvo  que se requiere que un experto diga  que  la  forma  de interpretación utilizada por el enjuiciado en la providencia  que dio lugar a esa investigación es válida.   

Indicó  que la prueba es útil, necesaria y  pertinente, tanto así, que el Fiscal no se opuso a la misma.   

Por otro lado, confutó la determinación del  Tribunal  en  cuanto  a la aceptación de la prueba documental solicitada por el  ente  acusador -escrito de acusación con allanamiento a cargos por el delito de  Fuga  de  presos  enrostrado  al  señor  Hernán  Darío Giraldo Gaviria, alias  “Cesarín”-,  pues,  la estima impertinente, ya que esa fuga no está dentro  de  las responsabilidades del ahora acusado y, mucho menos, demuestra uno de los  supuestos objetivos o subjetivos del punible de prevaricato.   

Intervención   de   las  partes  como  no  recurrentes.   

1.  El   señor  Fiscal  delegado   solicita   de  la  Corte  Suprema  se  mantenga  incólume  la  decisión  censurada,  respecto  de haber inadmitido el  testimonio  del abogado Juan  Carlos    Arias    Duque,    en   tanto,   el   problema   a   dirimir   no  es  de  interpretación  o  de  hermenéutica,   sino   de   una   decisión   abiertamente   contraria a derecho,  sin  que  se pueda pretender suplantar el conocimiento de quienes deben integrar  la Sala Penal de ese Tribunal.   

Por    otro    lado,    considera  que  se   debe  mantener  como  prueba  el  documento  que  contiene     el     escrito     de    acusación  con  allanamiento  a  cargos  por  el  delito de Fuga de  presos   enrostrado   al   señor   Hernán   Darío   Giraldo   Gaviria,  alias  “Cesarín”,  distinguido con el radicado No. 050016000000201400268, dado que  existe   una   relación   directa  con  lo  investigado,  como  quiera  que  la  determinación  de  sustituir  la  prisión  efectiva por domiciliaria facilitó  dicha fuga.   

2. El defensor   pide   que  se  tenga  en  cuenta  la  forma  en  que la  Fiscalía  argumentó  la pertinencia de sus pruebas.   

Además, advierte  que  el ente acusador no dirigió sus cuestionamientos a la impertinencia de las  pruebas   solicitadas   por   la  defensa.    

Indicó que la prueba documental que confuta  el  funcionario, relacionada  con  la  gestión  administrativa  del  enjuiciado, permitirá hacer inferencias  sobre  la  existencia o no  de motivos para prevaricar.   

Señaló también  que  las  estadísticas  darán  cuenta  de  que el número de procesos   a   cargo  incide  en  el    contenido    de    las   decisiones   judiciales;     además,    que    el  asunto  puesto  a  consideración  del  acusado  fue  tramitado  en  los tiempos previstos.    Todo   ello,   para   acreditar   la  ausencia de dolo.   

        Por         último,  reclamó  que    se        permita        un        debate       abierto,  franco  y con igualdad de armas.   

C O N S I D E R A C I O N E S  

Al  tenor de lo dispuesto en el artículo  32,  numeral  3,  de  la  Ley 906 de 2004, sería del  caso  que  la  Sala  de  Casación Penal de la Corte  Suprema     de    Justicia    desatara  el recurso de apelación interpuesto por el defensor  y el representante del ente acusador,  contra  el auto por medio del cual el Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Villavicencio  resolvió   inadmitir  la  práctica  de  una  prueba  testimonial  deprecada por la defensa y ordenó otras a este sujeto procesal y a  la  fiscalía,  si no fuera porque se advierte una irregularidad que obliga a la  declaratoria de nulidad.   

Previo  al  examen  del caso concreto que  obliga   a   esta   Colegiatura  a  declarar  la  nulidad  dentro  del  presente  evento, resulta necesario  revisar  lo  que  esta  Sala ha venido señalando en  relación  con la posibilidad de impugnar  el  auto  que  admite  u  ordena  la  práctica   de  pruebas,  para  lo  cual  oportuno  es  realizar  las  siguientes  acotaciones:   

        La   jurisprudencia  de  esta  Corporación  frente  al   tema   de   debate   no  ha  sido  pacífica,  pues,   en  decisiones  CSJ  SP,  30  Nov.  2011, Rad. 37298 y CSJ SP, 20 Mar.  2013,  Rad.  39516,  indicó  con  claridad que el auto que acepta una prueba no  admite  recursos;  sin  embargo,  en  otras  oportunidades, como CSJ SP, 13 Jun.  2012,  Rad.  36562, CSJ SP, 26 Sep. 2012, Rad. 39048 y CSJ SP, 22 May. 2013, Rad  41106, resolvió el tema de manera totalmente opuesta.    

La    Corte,    en    determinación    del   13   junio   de  20121,   que   se   estima   la   vigente,  señaló lo siguiente:   

   

“Un nuevo análisis del tema, lleva a la  Sala    a    reconsiderar    esta    postura,    y    adoptar   como   postulado  jurisprudencial  que  el  recurso  de  apelación  procede  no solo contra las  decisiones  que  niegan  la  práctica  de  la  prueba  (trátese de exclusión,  inadmisión  o  rechazo),  sino  también  contra  las que ordenan su aducción,  admisión  o  aceptación,  y  que  la concesión del recurso debe hacerse en el  efecto suspensivo.   

   

Esto,  atendiendo  a  una interpretación  sistemática  del modelo de enjuiciamiento acusatorio, comprensiva de un estudio  correlacionado  de  los  artículos  20  y 359 con los artículos 176, 177 y 363  ejusdem,  como  también del papel que debe cumplir la audiencia preparatoria en  este  sistema  y  la  necesidad de asegurar la realización de los principios de  depuración y eficacia probatoria.   

   

El  artículo  176, en su inciso tercero,  establece,  en  el  carácter de cláusula general, que el recurso de apelación  procede  contra  los  autos  adoptados  durante el desarrollo de las audiencias,  salvo  las  excepciones  legales,  dando  de  esta  manera  cabida  a la segunda  instancia  a  todas  las decisiones que cumplan tres condiciones, (i) que tengan  la  naturaleza  de  auto,  (ii)  que  hayan  sido  dictadas  en  el curso de una  audiencia, y (iii) que el recurso no esté exceptuado por la ley.    

   

Las  decisiones  que  deciden  sobre  la  exclusión,  admisión,  rechazo  o  práctica de pruebas tienen a no dudarlo la  condición  de  autos, entendidos por tales los que resuelven algún incidente o  un  aspecto  sustancial,  de  acuerdo  con  la  definición que de ellos trae el  artículo  161  ejusdem, en cuanto se erigen en expresiones del derecho a probar  y  a la controversia probatoria, previsto en el artículo 29 de la Constitución  Nacional.     

   

El  artículo  177,  por  su parte, en su  primer  inciso,  incluye  como decisión susceptible de ser apelada en el efecto  suspensivo,  el  auto  que  niega  la  práctica  de  prueba  en  el juicio oral  (estipulación  cuarta),  pero  también, el auto que decide sobre la exclusión  de  una  prueba  del  juicio oral (estipulación quinta), sin hacer distinciones  sobre  el  sentido  de  la decisión, previsión esta última de la que se sigue  que  la apelación procede en ambos casos, es decir, cuando se ordena o niega su  exclusión.   

   

El  mismo precepto, en el inciso segundo,  incluye  como  decisión  contra  la  que procede el recurso de apelación en el  efecto  devolutivo,  el  auto  que  admite  la práctica de la prueba anticipada  (estipulación  sexta),  precepto  del  que igualmente se establece que la regla  acogida  por  los  estatutos  procesales  anteriores,  en  los que el derecho de  impugnación  solo procedía contra las decisiones que negaban pruebas, no es la  que preside el modelo de enjuiciamiento acusatorio.     

   

Esta  nueva orientación se reitera en el  artículo  363,  que  consagra  como  motivo  de  suspensión  de la audiencia  preparatoria,  el  trámite  de  la apelación de las decisiones relativas a las  pruebas,  hasta  cuando  el  superior  jerárquico  resuelva, expresión que, al  igual  que  las  anteriores,  no  distingue  entre  el  sentido de la decisión,  resultando  comprensiva  tanto  de  las  decisiones  que  niegan como de las que  autorizan.       

   

Dicha variante encuentra su razón de ser  en  el  carácter esencialmente adversarial del nuevo sistema, que determina que  la  iniciativa  probatoria se concentre en cabeza de las partes (ente acusador y  defensa),  con exclusión del juez, quien asume la condición de árbitro, y que  ambas  tengan  derecho  no  solo en que se incluyan o practiquen las pruebas que  aducen  en  apoyo  de su teoría del caso, sino de oponerse a las que postula la  parte contraria.       

   

También  en  la  necesidad  de  que  el  procedimiento   de  depuración  probatoria  que  se  realiza  en  la  audiencia  preparatoria  cuente  con  la  garantía  de  la  doble  instancia, para que las  pruebas  que  se  lleven  al  juicio  oral  cumplan realmente las condiciones de  conducencia,  pertinencia  y  utilidad,  en  aras  de  la efectivización de los  principios de concentración y de eficacia probatoria. (…).   

   

Pero,  por  otra  parte, la Sala llama la  atención   en  el  sentido  de  que  la  posibilidad  de  la  apelación  está  restringida   al  interés  procesal,  esto  es,  que  sólo  tendrá  vocación  impugnatoria  el  sujeto procesal que ha pretendido en la audiencia preparatoria  que  la  prueba  con  cuyo  decreto  está inconforme, sea rechazada, excluida o  inadmitida”.   

   

En el anterior contexto, la apelación de  la  defensa  respecto  de la negativa del Tribunal de excluir algunas peticiones  probatorias  de  la  Fiscalía  resulta  procedente,  razón por la cual la Sala  procede a su revisión.   

Ahora      bien,     examinadas  al  detalle  las posturas antagónicas, vale decir, la  que  se inclina por negar el recurso de apelación al auto que admite pruebas, y  la  que lo concede, estima la Sala necesario reformular la tesis vigente, arriba  transcrita  en lo sustancial, en tanto, advierte que allí se desconoce el tenor  de  lo  que la ley consagra al efecto, pasando por alto, también, la naturaleza  diversa  que comportan las decisiones de aceptación y negación de medios   probatorios,   conforme   la  finalidad  que  anima  el  proceso  penal, sin tomar en consideración, además,  principios  básicos  de  la sistemática acusatoria condensada en la Ley 906 de  2004.   

Las razones que  obligan  modificar  la jurisprudencia de la Sala, se  modulan así:   

Libertad     de     configuración  legislativa.   

La   Corte   Constitucional   en   CC  C-1104/01, señaló:   

“Es la ley, no la Constitución, la que  señala   si   determinado  recurso  –reposición,  apelación  u  otro-  tiene  o no cabida respecto de  cierta  decisión, y es la ley, por tanto, la encargada de diseñar en todos sus  pormenores  las  reglas  dentro de las cuales tal recurso puede ser interpuesto,  ante  quién,  en  qué  oportunidad, cuándo no es procedente y cuáles son los  requisitos  –positivos y  negativos- que deben darse para su ejercicio”   

Luego, esa misma autoridad judicial indicó  lo siguiente en CC C- 738/06:   

“si  el  legislador decide consagrar un  recurso  en  relación  con  ciertas decisiones y excluye del mismo otras, puede  hacerlo  según  su evaluación acerca de la necesidad y conveniencia de plasmar  tal  decisión,  pues  ello corresponde a la función que ejerce, siempre que no  rompa  o desconozca principios constitucionales de obligatoria observancia. Más  todavía,  puede con la misma limitación, suprimir los recursos que haya venido  consagrando  sin  que,  por  el  solo hecho de hacerlo, vulnere la Constitución  Política”.  Y  por  último,  también hace parte del poder de configuración  legislativa  en  materia  procesal,  con  relación  a  los  recursos contra las  decisiones  judiciales,  precisamente  el  no  consagrarlos.  Incluso en materia  penal,  donde la doble instancia es de especial trascendencia, la jurisprudencia  ha  dicho  que no es forzosa para todos los asuntos que son materia de decisión  judicial,  “pues  el legislador, dentro de la facultad que tiene de regular su  trámite,  bien  puede  decidir  en  cuáles  procede  la segunda instancia y en  cuáles   no,  siempre  y  cuando  con  esa  determinación  no  vulnere  normas  constitucionales,  especialmente,  las  que  consagran derechos fundamentales de  las partes procesales”.    

De  conformidad con el anterior derrotero  jurisprudencial,  es  dable  señalar  que  el  tema  referido  a  la  posibilidad de impugnar  las  decisiones  tomadas  por  los  jueces  en  el  proceso,  no  necesariamente  corresponde  a criterios constitucionales, ni a postulados     principialísticos    del  procedimiento,       dado       que       es      el      legislador,  en  cada  caso concreto,        el        llamado      a      definir           qué   recursos   proceden  contra  las  diferentes     decisiones    vertidas    en    las  distintas  actuaciones,  incluso,   la   de   naturaleza  penal,  sin  que  esa  facultad  pueda  considerarse  contraria a la Constitución Nacional.   

No    puede    desconocerse,    eso  sí,   que   existe  un  límite  a  ese  poder  de  configuración     legislativa,     específicamente   orientado   a  impedir  la  vulneración  de  los  derechos  fundamentales  de las partes; para   garantizar   el   respeto   de  ellos,  se  han definido  los  siguientes criterios,  recogidos en CC C-227/09:    

“i)  que atienda los principios y fines  del  Estado  tales  como la justicia y la igualdad entre otros; ii) que vele por  la  vigencia  de  los  derechos  fundamentales  de los ciudadanos que en el caso  procesal  (…) puede implicar derechos como el debido proceso, defensa y acceso  a  la  administración de justicia (artículos 13, 29 y 229 C.P.); iii) que obre  conforme  a los principios de razonabilidad y proporcionalidad en la definición  de  las  formas y iv) que permita la realización material de los derechos y del  principio  de  la  primacía  del derecho sustancial sobre las formas (artículo  228 C.P.)”.    

Lo anterior se traduce en que,  salvo la  necesidad  de  atender  los límites antes indicados,  el  legislador  ordinario  es  el  facultado  para  decidir    las  excepciones    que    caben   a   la   posibilidad  de     interponer  recursos   dentro   de   cada   estatuto  procesal.   

Principio     de     la     doble  instancia.   

Importante  es  anotar  que  por  su  carácter  y  efectos, el proceso penal cuenta con un plus  protectivo  que  obliga mirar con mayor detenimiento el tema, en tanto, aspectos  tales  como  el  debido  proceso  y  los  derechos  de defensa y contradicción,  reclaman  de  condignos  medios  efectivos que los materialicen en la práctica.   

En    este   sentido,   el   Pacto  Internacional  de  Derechos  Civiles   y   Políticos   en   el   artículo  14,  numeral  5º,  indica que  «toda  persona  declarada  culpable  de  un  delito  tendrá  derecho  a  que el fallo condenatorio y la pena que se le haya impuesto  sean  sometidos  a  un  tribunal  superior,  conforme  a  lo  prescrito  por  la  ley».   

La  Convención  Americana  de  Derechos  Humanos   en  el  canon  8,  numeral 2º, literal h, señala que toda persona  tiene  «derecho  a  recurrir  el  fallo ante juez o  tribunal superior».   

Por      su     parte,  la Constitución Política de 1991,  en   su   artículo  29,  establece  la  posibilidad  de  impugnar  la  sentencia condenatoria,      y      el      canon  31 preceptúa que «toda  sentencia  judicial  podrá  ser apelada o consultada, salvo  las excepciones que consagre la ley».   

En  desarrollo     de  la    normativa   en  cita, derivada del bloque  de                    constitucionalidad,   la  Ley  906  de  2004   consagró   el  principio    de    doble   instancia   como   norma  rectora, en su artículo  20,  señalando  que «Las sentencias y los autos que  se  refieran  a  la libertad del imputado o acusado, que afecten la práctica de  las  pruebas o que tengan efectos patrimoniales, salvo las excepciones previstas  en  este  código,  serán  susceptibles  del  recurso de apelación».   

Para la Sala es  dable  concluir, de acuerdo con el recuento normativo  antes     reseñado,  que,   i)  la   apelación  puede  ser  promovida  en   todo  caso  contra  la  sentencia,  y  ii) en  materia     penal     no     todo    auto    es    apelable,    pues,    si  bien,   el   artículo  20    de  la  Ley  906  de  2004, consagra  la  alzada           para          los          autos      interlocutorios,  limita   dicha   posibilidad   a   tres   concretas  circunstancias  (decisiones  que  se refieran a la libertad, afecten la prueba o  tengan  efectos  patrimoniales),  pero, además, incluso en estos casos advierte  que  pueden  presentarse  excepciones,  las cuales deben consignarse en el mismo  código.   

En  suma,  solo  tres  tipos  de  autos  interlocutorios  pueden ser recurridos en apelación, siempre y cuando no exista  respecto de alguno de ellos una excepción legal.   

En  seguimiento  de  la  norma  rectora y  respecto    de    la  impugnación   de   los  autos  que  deciden  sobre  la  exclusión,  rechazo  o  admisibilidad   de   pruebas   en   el   juicio,  el  artículo  177  de  la  Ley  906 de 2004,      en      sus      numerales     4º     y     5º,             preceptúa   que   la  apelación  se  concederá  en  el  efecto suspensivo contra, «(…)  4.  El  auto  que deniega la práctica de prueba en el juicio oral; y 5. El auto  que  decide  sobre  la  exclusión  de  una  prueba  del juicio oral».   

La  forma en que el legislador reguló el  tema  de  la  pruebas y la posibilidad de impugnar las decisiones que los jueces  toman    sobre    ellas,    da    cuenta   de   su  intención  expresa  de  diferenciar en  qué  eventos  proceden  o  no los  recursos  contra  dichas determinaciones,   aspecto   que  no  sólo  corresponde a la libertad de configuración legislativa que le  asiste,  sino  que  por  sí  mismo  no contraría el  bloque      de     constitucionalidad   o   las   normas   rectoras  que  gobiernan  el  proceso  penal  vigente.   

En      este      sentido,   la   Sala   advierte  sin  dubitación  alguna      que      la     intención  del Legislador va   dirigida   a   que  se  puedan  impugnar las providencias  que  afectan la práctica  de las pruebas.   

De       cara      a     este     aspecto,  esto  es, el que gravita sobre el concepto de afectación de la  prueba,   resulta   importante  traer  a  colación  lo  dicho  en  CSJ SP, 30 Nov. 2011, Rad. 37298:   

(…)  pues  dado que las palabras usadas  por   el  legislador  deben  entenderse  en  su  sentido  natural  y  obvio,  el  significado  que  en este contexto tiene el vocablo  afectar no es otro que  el  de  “…5.  Menoscabar, perjudicar, influir desfavorablemente. 6. Producir  alteración o mudanza en algo…”   

Por   tanto  con  sujeción  al  citado  precepto,  el  cual como norma rectora es prevalente sobre las demás y debe ser  utilizado  como  fundamento de interpretación (ídem, artículo 26), en materia  de  pruebas es procedente el recurso de apelación como mecanismo para acceder a  la   segunda   instancia,   únicamente   respecto  de  las  decisiones  que  impidan su efectiva práctica  o incorporación.   

En  principio, puede parecer sugestiva la  tesis   inserta   en   el  apartado  transcrito,  cuando  se  acude  al  tópico  gramatical.   

Sucede,  sin  embargo,  que  en  previa  acepción  del  Diccionario  de  la  Real  Academia  Española  de la Lengua, la  número  4,  se  define  afectar  como: «Atañer  o     incumbir       a      alguien».   

Puede    colegirse,   entonces,   que  perfectamente  el  legislador,  al  utilizar el término afectar, no se refirió  necesariamente  a  lo que perjudica o causa daño, sino apenas a lo que atañe o  incumbe a la práctica probatoria.   

Y es por ello que después, en seguimiento  del  apartado  del  artículo  20 en cuestión, en el cual se advierte que dicha  facultad   de   impugnación   opera  «salvo   las  excepciones  previstas  en  este  código»,  señaló     en     el     canon     177            ibídem,          que       la       posibilidad    de   apelar    únicamente    se    aplica    respecto    del    interlocutorio      que      niega  la    práctica    de   pruebas   en   el   juicio  oral.   

La expresión  denegar  no   conlleva  ninguna  duda   sobre   su   contenido,  no sólo  porque  respeta  el alcance del artículo 20 tantas veces citado, en especial la  facultad  allí  consignada  para  excepcionar, sino  porque  su  manifestación  literal     no    deja    margen    a    interpretación    distinta.   

Por  lo demás, es necesario resaltar, si  se  dijera  que  el  numeral  cuarto  en  reseña no  comporta  los  efectos  que  su  literalidad  claramente  indican,  habría  que  concluir   que   ninguna  razón  de  ser  tiene  su  inclusión    normativa,    pues   se   le   vacía  completamente  de  contenido  si  se  afirma que también los autos que decretan  pruebas  pueden  apelarse, evidente como se hace que  la     disposición     jurídica    en    comento    nunca   se     refiere    a    éstos   casos,   ni   en  el  efecto  suspensivo, ni en ninguno otro.   

Ahora, en punto  del   numeral   5  del  canon   177  ib., que  regula  el  recurso  de  apelación  contra  el  «auto  que  decide sobre la  exclusión   de   una   prueba  del  juicio  oral»,  y   que   en   la   decisión   del   13  junio  de  2011,  (CSJ  SP,  13  Jun.  2012,  Rad. 36562) fue interpretado como una norma en  la  cual  no  se  hace  distinción  alguna  sobre el  sentido     de    la    decisión,    la    Corte   en   esta   oportunidad   debe   indicar lo siguiente:   

En  su  sola  verificación  textual,  la  confrontación  de  los numerales 4° y 5° del artículo 177, parece   entrañar  una  clara  desarmonía  o,  mejor,  una distinta  solución para circunstancias que aparentemente operan similares.   

Y,  claro,  la  cuestión  fundamental estriba en definir por qué si  la   solicitud   de   pruebas  a  practicar  en  el  juicio  únicamente permite el recurso de apelación  cuando  se  niega,  no ocurre igual con la exclusión de pruebas a introducir en  ese  momento  procesal,  que  permite  su  impugnación  vertical,  sin  distinción  alguna en si se niega  u otorga.   

La    razón   de   la   diferenciación emerge evidente.   

Es que, cuando se trata de la   solicitud   de  exclusión  de  un  elemento   suasorio  en  poder  de  una  parte, que  esta solicita introducir  al    juicio    oral,  necesariamente   se   hace  referencia  a  derechos  fundamentales  en  juego,  que  se  entienden  afectados  con  la recolección o  posible introducción del medio.   

En   estas  circunstancias,   como   la   decisión      puede      remitir  a  la  vulneración    o   no   de   dichas   garantías,   se  explica  la razón para que en caso positivo o  negativo   pueda   acudirse   al   superior,   pues  si se acepta la inclusión del medio, puede pervivir  el      tema      de      derechos      fundamentales      afectados.   

Lo anterior  encuentra  fundamento en que, como desde el principio se  definió,  la facultad del legislador para regular el  recurso  vertical se encuentra limitado por los casos en que se afecten derechos  fundamentales,   apenas   natural   surge   que  en  tratándose    de    la    exclusión   probatoria,  íntimamente  ligada con éstos, se facultara en toda  su      extensión     la     posibilidad     de  impugnación.   

Precisamente, ello se acompasa con la cita  jurisprudencial  referenciada  al inicio  (sentencia C-738 de 2006), en cuanto definió que la libertad de  configuración    normativa    respecto    del    tópico   opera   «siempre    y    cuando    con   esa  determinación  no  vulnere  normas  constitucionales,  especialmente,  las  que  consagran   derechos   fundamentales   de  las  partes  procesales».   

En  este  punto,  la  Corte  quiere  hacer  hincapié  en  la  necesidad  de  que  los  jueces  controlen  adecuadamente  la  solicitud  de  pruebas  y sus efectos, pues es factible que las partes acudan al  mecanismo  de  exclusión  para  evadir la limitación del recurso de apelación  que  aquí ha quedado claro existe frente la impugnación de autos que resuelven  sobre peticiones probatorias.   

Al  efecto, se debe precisar que el tema de  exclusión  necesariamente  está  vinculado  con  la  vulneración  de derechos  fundamentales,  dentro  del  escenario  de  la  prueba  ilícita  y no apenas la  ilegal,  lo  que  obliga  de  quien se opone a ella presentar una argumentación  dirigida    exclusivamente    a    demostrar    la    vulneración    de   tales  garantías.   

De no ocurrir así, ha de resaltarse, que al  juez  le  compete  rechazar  de  plano  la  argumentación  y  la  petición que  alrededor  de ella se eleve, acorde con lo establecido en el ordinal primero del  artículo  139  de  la  Ley  906  de  2004,  dada la abierta improcedencia de lo  solicitado.   

        En  otro  orden de ideas, el argumento referido a que el       artículo       363       del       CPP      -atinente  a  la  suspensión  de  la  audiencia  preparatoria  durante  el  trámite de la  apelación      sobre      pruebas-,        no       distingue  el  sentido  de  la  decisión  impugnada,  es  fácilmente controvertible, pues, de  un  lado, la norma no se refiere a la solicitud probatoria de las partes, sino a  la  necesidad de suspender la diligencia en su integridad, razón por la cual no  tendría  por  qué  precisar  si  la  apelación  se  está  surtiendo sobre la  negativa  o  aceptación;  y  del  otro, ya se tiene  claro  que  en  caso de solicitarse la exclusión de un elemento probatorio para  ingresar  al  juicio,  sí  es  posible impugnar  la  aceptación,  lo  que  conduce  a  concluir  que  el  artículo no podía limitarse a la negativa en cuestión.   

Atinente  al  fundamento  vertido  en  la  postura que hoy se reconsidera, según el  cual  es dable la apelación de la  providencia  que accede a una prueba, toda vez que el  artículo  177  de  la  Ley  906  de  2004,  en  su inciso segundo, incluye como  determinación  contra la que procede la alzada en el efecto devolutivo, el auto  que  admite  la  práctica  de  la prueba anticipada, la Corte debe señalar que  dicho  argumento  resulta  etéreo y por completo ajeno al tema de debate, pues,  pierde  de  vista  el carácter excepcional de ese instituto procesal, en tanto,  se   trata,  no  de  una  decisión  individual,  sino  de  un  diligenciamiento  independiente  que por la ostensible afectación del  principio    de    inmediación    –medular  a  la sistemática acusatoria y, en particular, al debido  proceso     probatorio-,    obliga    de    tramitación    especial,   al   punto   que   requiere  la  decisión,  no  del  juez  de  conocimiento,   sino   de   aquél   que   cumple   funciones   de   control  de  garantías.   

Adicionalmente,      en  atención  a  su  especialidad  y  los  derechos  en juego, la  decisión  que admite abrir audiencia ante el juez de control de garantías para  practicar  allí  la prueba anticipada, reclama de la posibilidad de apelación,  cualquiera  sea  su  sentido.  Esto,  por  cuanto,  para  abundar en razones, es  precisamente  la  aceptación  de  la  prueba  el  factor  que  puede  estimarse  afecta más profundamente derechos.   

Dígase, por último, que la Sala no puede  advertir,   y   en   la   jurisprudencia   que   busca   recogerse   tampoco  se  especifica,    cómo   la   posibilidad   de   que  sólo  la  negativa  a la práctica de pruebas pueda  ser   objeto   de  apelación,  afecta  el  carácter  adversarial  del  sistema  acusatorio,   como   quiera   que,  ya  se  entiende  suficientemente      decantado,     la  filosofía  del principio en cuestión no se agota o satisface  apenas a través de ese medio.   

En  efecto, la  estructura   del   proceso   penal,   que   diseña  escenarios diferentes en  curso     del    mismo,    permite    observar  la  existencia  de  mecanismos de variada estirpe en los  cuales  se  materializa  el  antagonismo propio de la adversarialidad propuesta,  con plenas posibilidades de contradicción y confrontación.   

En       especial,      limitados      al      tema  probatorio,    al   interior   de   la   audiencia  preparatoria, el concepto  adversarial  se materializa, no a partir de la posibilidad de apelar la negativa  de    pruebas,   sino   en   momentos   anteriores,  de  conformidad  con  el  artículo   359   de   la   Ley  906  de   2004,  dado     que    las  partes  podrán solicitar  al  juez  la  exclusión,  rechazo  o  inadmisibilidad de los medios  suasorios que resulten impertinentes,  inútiles,   repetitivos,   ilegales   u   obtenidos   con   violación       de       los       requisitos       formales;  además,  durante  el  desarrollo  del  juicio  oral,  se puede  contrainterrogar  a  los  testigos,  o  poner  en  tela  de  juicio la validez y  contenido  de  documentos,  o  discutir  respecto  de  los  elementos materiales  probatorios  o  evidencia física allegados, para no hablar de la posibilidad de  allegar  medios  propios  que  se  opongan  a  los de la contraparte.   

Corolario de lo antedicho, ninguna mengua  sufre   la   estructura   del   sistema  acusatorio,  o   los   derechos   a   la   doble   instancia   y  contradicción,  cuando  el  legislador,   en   ejercicio   del   poder   de  configuración  que   le   asiste,  reflejado  en  la  normatividad  traída  a  colación  en  esta  providencia, decidió que solo se  puede   apelar   el  auto  que  deniega  o  imposibilita  la  práctica  de  una  prueba  –no  el  que  la concede-; más aún, si  en  cuenta  se  tiene, de  cara  a  los  límites  de  esa      facultad,      que     no  se  aprecia  i)  un  atentado  a  los  fines del Estado, tales  como    la   justicia   o  la  igualdad,  ii)  violación  a  los  derechos  fundamentales  de  las  partes,  iii) desconocimiento  de los principios de  razonabilidad  y  proporcionalidad  en la definición de las formas e,   iv)  imposibilidad  de  la  realización  material de los  derechos  y  de  primacía  del  derecho  sustancial  sobre las formas, conforme  lo  ha señalado    la    Corte    Constitucional  (CC C-227/09).   

Precisamente,  en  torno de los fines que  gobiernan  la  práctica  de  pruebas  y  su  naturaleza de medios encaminados a  demostrar  la  particular  teoría  del  caso de las  partes,  observa  la Sala cómo, dentro del necesario  balanceo  obligado  de hacer en la determinación de cuál es la mejor manera de  adelantar   el   proceso   y   los   sacrificios  que  ello  implica,   con  la  decisión  legislativa  de  conceder  el  recurso  de  apelación  solo  para la decisión que deniega pruebas, se obtiene un resultado  mejor que en caso de aceptarlo en general.   

En efecto, cuando se niega la práctica de  determinada  prueba,  ello  de  inmediato  anula  cualquier posibilidad de hacer  valer  la  información que ella contiene e incluso se puede afectar fuertemente  la  teoría  del  caso  de  la  parte, si la misma se  fundamenta en ese elemento de juicio.   

Así   se  entiende  que  la  decisión  denegatoria   deba   posibilitar   la   alzada,   visto   el   daño  que  puede  producir.   

De manera diferente, si el juez acepta la  práctica     de     determinado     medio     de  convicción,  no sólo se  habilita que su contenido  pueda  ser  utilizado  para  soportar la tesis de la parte, sino que,  además,  existe  la  posibilidad  de  controvertir  esa determinada prueba directamente a  partir  del  ejercicio  de  confrontación  o  con la presentación de  otros  elementos  de juicio que la  confute.   

Además de lo anotado, no puede pasar por  alto   la   Sala   cómo  en  la  jurisprudencia  vigente objeto de examen, se  dice  que  con  la  posibilidad  de  apelar  el  auto  que  admite la prueba, se  materializan los principios de depuración y eficacia.   

Dejando de lado si el de depuración puede  entenderse  principio  o no, y cuáles son su naturaleza y efectos, es lo cierto  que  la  práctica  judicial  ocurrida  con posterioridad a la expedición de la  sentencia  en  comento,  lejos  de  advertir  cumplido el principio de eficacia,  informa todo lo contrario.   

En  efecto,  día  a día se registra, de  conformidad  con  los  procesos que ingresan a la Corte, cómo esa habilitación  para  que se pueda impugnar la decisión que admite la prueba, ha sido utilizada  a  manera  de  mecanismo claramente dilatorio del proceso, al punto que se erige  en   la  única  razón  que  gobierna,  la  más  de  las  veces,  el  recurso,  independientemente de los  motivos que sustenten la pretensión de la defensa.   

Ello,  en evidente contravía, no solo de  lo  que  la  norma  registra,  como  se  anotó  ya,  sino  de los principios de  eficacia,  celeridad,  economía  procesal  y  concentración.      

Así las cosas, para la Sala respecto del  auto  que  admite  pruebas (numeral 4° del artículo  177  de  la  Ley 906 de 2004), únicamente procede el  recurso  de  reposición,  mientras  que contra el que deniega o imposibilita la  práctica  de las mismas, sí es dable promover el de  apelación.    

Del   caso  concreto.   

La  Ley 906 de  2004  tiene  una  marcada  perspectiva  acusatoria,  regida, entre otros, por el  principio  adversarial,  siendo  evidente  que  el  trámite  de  las  distintas  audiencias  opera  de manera oral, con inmediación y  concentración,     pero     sobre    todo,  con  respeto  al derecho a la contradicción y controversia, en el llamado proceso de  partes.   

Frente a tal perspectiva, es obligatorio que  las  postulaciones  que  formulen  las  partes,  previo a la decisión del juez,  puedan   ser  controvertidas  o  debatidas  por  los  restantes  intervinientes,  procurando,  sólo  así,  que  se soporte de manera motivada esa determinación  del  funcionario  unipersonal  o  colegiado,  para luego sí permitir a la parte  inconforme  con  lo  resuelto,  hacer  uso  de  los  recursos  a que haya lugar.   

En  este  orden  de  ideas, en el evento de  omitirse  el  debate entre las partes, previo a proferir una providencia que las  afecta,  lo  dispuesto  resulta  inmotivado desde el punto de vista dialéctico,  pero,     además,    atentatorio    de    los    derechos    de    defensa    y  contradicción.   

Así, por ejemplo, en CSJ SP, 29 Jun. 2007,  Rad. 27608, la Sala explicó:   

Así  las cosas, en el evento de omitirse  escuchar  a  las  partes,  previo  a  la toma de la decisión que las afecta, lo  resuelto  emerge  no  solo inmotivado, por sustracción de materia, dentro de la  perspectiva  dialéctica,  sino violatorio del derecho de defensa y su correlato  de  contradicción, sin que la posibilidad de recurrir al instituto impugnatorio  resulte  suficiente  para  restañar  el daño causado a la parte o partes, dado  que ya se eliminó una posibilidad de intervención de estas.   

Para  el  caso concreto, debe resaltar la  Sala  trascedente  la  omisión  en  que  incurrió  el  Tribunal  dentro  de la  dinámica  dada  a  la audiencia preparatoria, pues, pasó por alto permitir que  las   partes   se   pronunciasen  acerca  de  la  solicitud  probatoria  de  sus  contrapartes,  previo  a  decidir  sobre  ello,  y con ese comportamiento causó  efectivo  daño  a  las  expectativas  de  la  defensa, la representación de la  víctima y la fiscalía, acorde con su particular teoría del caso.   

Descendiendo lo anotado al asunto examinado,  encuentra  esta  Colegiatura que la Sala Penal del Tribunal de Villavicencio, al  interior  de la audiencia preparatoria celebrada el día 14 de enero de 2016, en  la  que  se  hicieron  estipulaciones probatorias; se descubrieron los elementos  materiales  probatorios;  se enunció la totalidad de las pruebas que se harían  valer  en  la  audiencia  de  juicio  oral y público, el acusado no aceptó los  cargos  y,  finalmente,  se  decidió  sobre  las  peticiones probatorias; no se  permitió  a  las  partes  debatir o referirse a cada una de esas solicitudes de  prueba, de manera previa a la determinación.    

En  efecto,  nota  la Sala que, luego de la  intervención  de  la   Fiscalía y la defensa en punto a sus postulaciones  frente  a  los  elementos  de  acreditación  que  harían  valer  en juicio, el  Tribunal   decretó  un  receso,  luego  del  cual  abordó  cada  una  de  esas  peticiones,  iniciando por las del ente instructor, en cuyo favor decretó todas  y  cada una de ellas, para después referirse a las de la defensa, de las cuales  negó  una  de  carácter  testimonial,  dando  traslado  a  las  partes para la  interposición  de  recursos,  momento  en  el  que se propuso por ambos sujetos  procesales el de apelación.   

Ahora bien, sólo durante la interposición  de  la  alzada  se  advierte  la  existencia  de  verdadero  debate frente a las  peticiones  de  prueba  de  cada  una de las partes, dado que, se reitera, en el  momento  procesal  propio  para  ello,  el Tribunal suspendió la diligencia sin  escuchar   a   las   partes   y   al   reanudar   la   audiencia   profirió  su  decisión.   

La  actuación  del  Tribunal  menguó  las  posibilidades   de   contradicción  y  controversia,  comoquiera  que  una  vez  escuchada  la  solicitud  probatoria de una parte, a la contraparte se le debió  ofrecer   la  posibilidad  de  pronunciarse  frente  a  ello,  para  refutar  la  existencia  de  uno o varios de los elementos que facultan su admisión, en aras  de  que  el juez o magistrado los tenga en cuenta para el momento de proferir la  consecuente determinación.   

Esto  es, la providencia que admite o niega  la  práctica  probatoria,  en  cuanto  debate  dialéctico, necesariamente debe  nutrirse  de  la  tesis  propuesta  por el solicitante y de la antítesis que en  determinados casos propone su oponente.   

En  atención  a  ello,  para  la Corte, la  naturaleza  y razón de ser de la impugnación, no es la de servir de medio para  que  se  escuchen  los  argumentos  que permitan la toma de una decisión, sino,  precisamente,    el    mecanismo    que    permite    controvertirla   una   vez  vertida.   

Aceptar  otra  conclusión implica permitir  que  se  elimine  la  posibilidad  por  antonomasia  ofrecida  por  la  ley para  controvertir,  o  mejor,  oponerse  a  la  pretensión de la contraparte, con lo  cual,  se  reitera,  emergen  afectadas no solamente las garantías de defensa y  contradicción,  sino  también  la estructura del debido proceso y, finalmente,  la  sistemática  adversarial que caracteriza el proceso acusatorio diseñado en  la Ley 906 de 2004.   

Como  la Corte entiende que la vulneración  de  derechos  inserta  en  la  omisión  propiciada  por  el  Tribunal, resultó  trascendente  y  grave,  al  punto  que  se  impidió a las partes oponerse a la  propuesta  probatoria  de  su  contraparte  y  ello  derivó en que, no sólo se  verifica   inmotivada   la  decisión  de  admitir  las  pruebas,  sino  que  la  impugnación  lejos  de  referirse a los argumentos, inexistentes, del Tribunal,  operó  como medio para hacer valer las razones propias de una etapa anterior de  la  diligencia,  se  debe  acudir  al  remedio  extremo  de la nulidad, a fin de  recomponer  la  esencia  adversarial  del trámite de petición y aceptación de  pruebas.   

Por lo demás, en el asunto examinado no es  posible  significar  existente algún tipo de convalidación o la posibilidad de  que en trámite posterior se pueda subsanar el yerro.   

Lo  primero,  porque, ha de resaltarse, las  partes   no  sólo  no  convalidaron  o  aceptaron  expresa  o  tácitamente  la  actuación  del  Tribunal,  sino  que  estuvieron  en  abierta  imposibilidad de  hacerlo,  dado  que  tan  pronto  se  hicieron  las  peticiones  probatorias, el  magistrado  ponente  suspendió  la  diligencia,  y  al  reanudarla,  sin  más,  procedió a proferir la decisión.   

Es  por  ello que las partes, sorprendidas,  apenas  pudieron  hacer valer sus argumentaciones cuando, a renglón seguido, se  les otorgó la palabra para impugnar lo decidido.   

Lo  segundo, habida cuenta que, atendido el  cambio  jurisprudencial propiciado por la Corte en esta decisión, no es posible  aceptar  la  impugnación  propuesta  por  las  partes  en  torno de las pruebas  admitidas por el Tribunal.   

En estas condiciones, no sobra resaltar, el  único  momento  procesal  con  el  que  cuentan las partes para controvertir la  solicitud  probatoria  de  su  contraparte, en los casos en que esta es aceptada  por  el  juez,  corresponde  a  la  intervención  previa a la decisión y ello,  precisamente, fue lo que se pasó por alto aquí.   

Del  mismo  modo,  no  es  dable,  ante las  irregularidades  previamente  señaladas,  acudir  a  principios  de  eficacia o  economía  procesales, que permitan predicar la convalidación del dislate aquí  indicado,  pues, se insiste, en el caso examinado se pretermitió la oportunidad  de  adelantar  el  ejercicio  de  contradicción  y  confrontación frente a las  postulaciones probatorias de la contraparte.   

Adicionalmente,  trasladar  a las partes la  carga  de la detección de las irregularidades atribuibles al juez unipersonal o  colegiado  director  de  la  audiencia,  en  esas  específicas  circunstancias,  conduce   a   crear   una   imposible  sub  regla,  con  la  que,  básicamente,  desaparecería  la  posibilidad  de  declarar  nulidades  en  primera  y segunda  instancias,  salvo  que  los  intervinientes  hubieren  hecho  alusión al error  correspondiente,   desvaneciéndose,   incluso,   la   posibilidad   de  decreto  oficioso.   

En  tal  virtud, conforme a las acotaciones  antes  reseñadas,  esta  Corporación  concluye trascendente la omisión en que  incurrió  el Tribunal de Villavicencio dentro de la evacuación de la audiencia  preparatoria.   

Corolario   de   lo  antedicho,  la  Sala  decretará  la  nulidad  de  lo  actuado,  a  partir del momento de la audiencia  preparatoria   en   el  cual  se  decidió  sobre  las  peticiones  probatorias,  inclusive,  para efectos de que se rehaga la tramitación, particularmente, como  se  dijo  en  precedencia,  facultando a las partes controvertir las solicitudes  probatorias de su contraparte.   

En  mérito  a  lo  expuesto,  la  Corte  Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

R E S U E L V E  

ANULAR  lo   actuado  en  este  proceso   a   partir  del  momento  de  la  audiencia  preparatoria   en   el  cual  se  decidió  sobre  las  peticiones  probatorias,  inclusive,  para  efectos  de  que  se  rehaga la tramitación, particularmente,  facultando   a  las  partes  controvertir  las  solicitudes  probatorias  de  su  contraparte.   

Devuélvanse  las diligencias al Tribunal  de origen.   

Contra  esa  decisión no procede recurso  alguno.   

Cópiese,      comuníquese      y  cúmplase.   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria    

1  CSJ SP, 13 Jun. 2012, Rad. 36562     

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