AP4737-2015(46413)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado ponente  

AP4737-2015  

Radicación N°. 46413  

(Aprobado Acta N°. 283)  

Bogotá,  D.C., diecinueve (19) de agosto de  dos mil quince (2015).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Con el fin de resolver sobre su admisión, la  Corte  examina  las bases jurídicas, lógicas y argumentativas de la demanda de  casación  presentada por el defensor de Jonathan José  de  la Hoz Mejía contra la sentencia del 5 de marzo de  2015,  en  virtud  de  la  cual la Sala Penal del Tribunal Superior del Distrito  Judicial  de  Barranquilla  confirmó  la  dictada  por el Juzgado 6° Penal del  Circuito  con  funciones  de  conocimiento  de esa ciudad, en cuanto condenó al  acusado  por  el delito de homicidio agravado, pero la modificó para excluir la  atenuante punitiva de ira o intenso dolor.   

HECHOS  

Fueron así relatados por el Juez de primera  instancia en su fallo:   

El   día   4  de  septiembre  de  2.011,  aproximadamente  a  las 9:15 horas, la Patrulla Cuadrante 7-29-5, conformada por  los  patrulleros  ROBINSON  ALEXIS  ALGARRA  MURILLO  y  EDUAR  SILVA  TRUJILLO,  adscrita  a la Estación de Policía El Silencio, fueron informados (sic)  por  la Central de Comunicaciones  de  la  Policía  Nacional, que en la carrera 19 No. 64C-40, barrio El Valle, en  esta  ciudad [Barranquilla],  se  encontraba  una  persona que se quería entregar a las autoridades porque al  parecer  acababa  de  asesinar  a  su mujer, por lo que se trasladaron al lugar,  donde  fueron  atendidos  por el señor JOSÉ DEL CARMEN DE LA HOZ REALES, quien  les  informó  que  su hijo JHONATAN (sic)   JOSÉ  DE  LA  HOZ  MEJÍA  había  asesinado  a  la  compañera  sentimental  DUBIS ESTELA DORIA RIVERA. El indiciado se encontraba sentado en la  sala  de  la vivienda y manifestó que su compañera se encontraba en una de las  habitaciones  de la casa. Al entrar a la habitación los policiales observaron a  una  mujer,  tendida  boca  abajo,  en  una  cama doble, sin signos vitales, con  múltiples   heridas   causadas   con  arma  cortopunzante.  La  habitación  se  encontraba  desordenada  y  con  manchas  de  color rojo similar a la sangre. El  indiciado  se  trasladó  hacia  la  cocina  de la vivienda e hizo entrega a los  policiales  de  dos  (2)  cuchillos  manchados  de  una  sustancia de color rojo  similar a la sangre, con los que al parecer cometió el uxoricidio.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  El  5 de ese mes y año, ante el Juzgado  7°  Penal  Municipal con funciones de control de garantías de Barranquilla, se  legalizó  la  captura  de  Jonathan  José  de la Hoz  Mejía  y  la  fiscalía  le  formuló imputación por  homicidio  agravado,  según  el  numeral  1 del artículo 104 del Código Penal  -ser     compañeros     permanentes-,  con  la  circunstancia  de  mayor  punibilidad  del numeral 8 del  precepto         58         ibidem. Por solicitud  de   dicho   ente,   se   le   impuso  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva1.   

2.  En idénticos términos, la Fiscalía 31  Seccional  radicó  escrito de acusación el 2 de noviembre ulterior2,  e  hizo  la  sustentación  respectiva  en  audiencia  del  23  de  agosto  de  2012, bajo la  dirección  del  Juzgado 6° Penal del Circuito con funciones de conocimiento de  la    ciudad3.   

3. La audiencia preparatoria se surtió el 16  de           noviembre           posterior4  y  la del juicio oral inició  el      26      de      noviembre      siguiente5  y  finalizó el 7 de marzo de  20146.   

4.  El  20 de junio de esa anualidad, acorde  con  el  anuncio del sentido del fallo, se profirió sentencia en la que el Juez  condenó   a   Jonathan   José   de  la  Hoz  Mejía  por  homicidio agravado, atenuado por la ira o intenso  dolor,  y,  en  consecuencia,  lo sancionó con 10 años y 5 meses de prisión e  igual  término  para  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas.  Le  negó  la  suspensión condicional de la  ejecución  de  la  pena  y la prisión domiciliaria7.   

5. La decisión fue apelada por el apoderado  de  la  víctima  y  el 22 de marzo de 2015 el Tribunal Superior de ese Distrito  Judicial  la confirmó, con la  modificación  consistente  en  no  reconocer la causal de atenuación punitiva.  Por  consiguiente, fijó la pena en 425 meses de prisión e igual tiempo para la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas8.   

6. El defensor interpuso recurso de casación  y presentó la demanda correspondiente.   

LA DEMANDA  

Luego  de relacionar los sujetos procesales,  la  situación  fáctica y la actuación relevante, el jurista manifiesta que lo  pretendido  es «LA EFECTIVIDAD DEL DEBIDO PROCESO, DE  LAS   GARANTÍAS  DEBIDAS  A  LOS  INTERVINIENTES  Y  EL  DERECHO  SUSTANCIAL  A  BENEFICIOS                PUNITIVOS»9.   

Propone dos cargos así:  

Primero. Violación  indirecta  de  la  ley  sustancial,  derivada  de  un  falso  raciocinio  en  la  valoración  de la prueba testimonial, «DESESTIMAR LA  PRUEBA  PERICIAL  Y  DESCONOCER  LA  VERSIÓN  DADA  POR  EL  PROCESADO  ANTE LA  PSIQUIATRA      COMO      AL      POLICÍAL     10.   

Trascribe   algunos  segmentos  del  fallo  impugnado,  relacionados  con la ira y con la prueba de la “fidelidad” de la  compañera    de   de   la   Hoz   Mejía,  y  lo  desaprueba porque adujo que el a  quo  únicamente  se apoyó en lo dicho por el acusado  en  la  audiencia  de  imputación y en lo comentado por éste a su padre y a la  perito.   A   su  juicio,  el  ad  quem  desestimó  esos testimonios solo por sospechosos, al ser familiares  del procesado.   

El falso raciocinio ocurrió al examinar las  declaraciones  de  José  del  Carmen  de  la Hoz Reales (padre del procesado) y  José      David     de     la     Hoz     Mejía     (hermano)     «subvalorándola[s]    y    desestimándola[s],     omitiendo     una     sana    crítica    a    la[s]           misma[s]   por   no   tener  en  cuenta  los  principios  de  la  lógica,  las  máximas  de  la experiencia y los postulados  científicos»11.  La colegiatura no estudió  debidamente  lo  dicho  por  Raúl Argeris Molinares Valencia y Desis del Carmen  Doria  Rivera,  quienes  hicieron  referencia  a  la infidelidad; además, de lo  manifestado    por    el   primero   (compañero   de   estudios   de   la   hoy  fallecida),  emerge  que  el  problema  pasional  explica «el motivo de infidelidad  como  una  cuestión  latente  y  viva  en  la  vida del procesado»12.   

Este  último  aspecto  está demostrado con  estudios  clínicos  y  científicos  (no  precisa),  por lo que resulta válido  afirmar  que  su protegido padecía de celos desde hace tiempo y a ellos se debe  su  reacción  de segar la vida de su compañera, ante el rumor de infidelidad y  al   encuentro   personal   de   ella  con  Raúl  Argeris  Molinares  Valencia.   

Se  desconocieron las conclusiones de Astrid  Arrieta  Molinares  (Psiquiatra  forense)  y  Marín  Berrío Correa (Psicólogo  forense),  que  se  ocuparon  sobre    la    personalidad    pasivo–dependiente  de  su prohijado y el motivo abrumador e impactante que  pudo  tener  para  cometer  el  homicidio:  se  percató de la infidelidad de su  pareja   cuando,   en   la  intimidad, la encontró desanimada y retraída.   

La  experiencia  indica  que  en  la  Costa  Atlántica   está   muy   acentuada  la  idea  de  machismo  y  que,  no  obstante la protección legal hacia  la   mujer,   «se  presentan  como  fenómenos  culturalmente  propios  de estas  sociedades,  enraizado  en  personas  de  poca formación cultural»13.    Por  ello, es razonable que la ira  desencadenada    conduzca    a    realizar    actos   de   homicidio.   La  premeditación  del  hecho  o  la  alevosía    son    fenómenos    ex   post   al   suceso   que   excluyen   ese  sentimiento.   

Destaca  que  su  representado  confesó  y  aseveró   que,   luego   de   tal   acto, entró en desesperación.   

De  haber  tenido  en  cuenta el fallador lo  expuesto  en  precedencia,  habría  reconocido  esa  causal diminuente de pena.  Violó,  entonces,  los artículos 29 de la Constitución Política, 1, 5, 6, 7,  27,  380  y  381  de  la  Ley  906  de 2004 y 57 del Código Penal, por falta de  aplicación;   y   el   104-11   de   este   último  estatuto  por  aplicación  indebida.   

Solicita   se   revoque   la   providencia  cuestionada,   reconociendo  el  estado  de  «ira  e  intenso     dolor»14.   

Segundo.  

Se  vulneró  directamente la ley sustancial  por  aplicación  indebida  del  precepto «104-11 del  código                    penal»15. Más adelante, sostiene que  la  trasgresión ocurrió por «inaplicación indebida  tanto  del  ordinal  11  del  artículo  104  como  la  Convención (CEDAW) y la  Convención     de     BELÉN     DO     PARÁ»16.  El  fallador adicionó una  causal  de  agravación  distinta  a  la  endilgada  por la fiscalía y dejó de  emplear    el    canon    57    del    Código            Penal,    al  considerar    que    se    trató    de   un   delito   de   género.   

El  juez  plural  acudió  a  instrumentos  internacionales  sobre  protección  de  la mujer que no guardan correspondencia  con  lo  debatido  y  son  inaplicables  al  caso, pues las pruebas apuntan a un  estado  de  ira.  Atentó  así  contra  el  principio  de congruencia. De haber  obviado   el   estudio   de   aquellos,   la   decisión   controvertida  sería  otra.   

Pide  casar  la  sentencia  y reconocer a su  protegido  la  «ira  e  intenso  dolor»17.   

EL NO RECURRENTE  

El  Procurador  Judicial  Penal  II adjuntó  escrito  en  el  que  solicita  que,  por razón de la prosperidad de la segunda  crítica,  se  case  parcialmente la providencia atacada, puesto que el Tribunal  cercenó al procesado su derecho de defensa.   

CONSIDERACIONES  

1.  La jurisprudencia ha sido reiterativa en  sostener  que la naturaleza extraordinaria del recurso de casación exige que la  demanda  correspondiente  contenga  una  argumentación  sólida,  dialéctica y  coherente  en  la que, con fundamento en los motivos expresamente señalados por  el  legislador, se planteen en forma ordenada y clara los errores de juicio o de  procedimiento  en  los  que  pudo  incurrir  el  fallador  de segundo grado y se  resalte su incidencia en el caso concreto.   

Dado que su objeto no es el de continuar con  el  debate  probatorio,  sino  el  de  realizar  un  control  jurídico sobre la  sentencia  que  puso  fin a la actuación, a efectos de verificar si se ajusta o  no  al  ordenamiento  y, en consecuencia, hacer efectivo el derecho material, el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes  y  la  reparación de los  agravios   inferidos   a   estos,  es  necesario  que  el  libelo  se  encuentre  suficientemente  elaborado  desde el punto de vista lógico y jurídico, de modo  que  con  precisión  se  expongan  las  finalidades  del recurso, las falencias  judiciales y su trascendencia.   

Así,  el  impugnante  deberá  exhibir  con  aptitud  si  lo pretendido es la efectividad del derecho material, el respeto de  las     garantías     procesales     -indicando   las  que  considera  deben  ser  desagraviadas,  cuáles  derechos    fundamentales    y    cómo    le    fueron   vulnerados   a   quien  representa-, y/o por qué es  necesario  unificar  la  jurisprudencia  sobre un determinado tema jurídico, ya  sea para su beneficio o para casos futuros similares.   

Una vez realizado lo anterior, y en perfecta  armonía  con  ese  fin,  debe  identificar  el  error  atribuido  al  Tribunal,  seleccionar  el  motivo  de  casación  a  través  del  cual  va a plantearlo y  formular  el  cargo  con  la  debida  sustentación, sin olvidar que cada causal  responde  a  defectos  diversos,  por  lo  que su escogencia debe realizarse con  especial  cuidado  para  no  incurrir en imprecisiones respecto del contenido de  cada una de ellas.   

Es esencial que, adicionalmente, enseñe a la  Corte    la    trascendencia    del    yerro,    esto    es,   cómo,  de  no  haber  recaído  en  él,  las  consideraciones   de  la  providencia  controvertida  habrían  sido  totalmente  diversas y, obviamente, favorables a la parte que represente.   

De   no   verificarse  los  requerimientos  indicados  y/o  de no constatar la Sala la necesidad de aprehender el estudio de  fondo  del asunto para cumplir con alguno de los propósitos de la casación, el  libelo no será seleccionado.   

2. Atendiendo lo expuesto en precedencia, la  demanda   presentada  en  esta  oportunidad  será  inadmitida.  Estas  son  las  razones:   

2.1.  La  primera falencia evidenciada es el  poco   esmero   del  actor  por  demostrar  la  forzosa  intervención  de  esta  Corporación.  Al  respecto,  tan solo refirió que el fallador de segundo grado  desconoció   el  debido  proceso,  «las  garantías  debidas   a   los   intervinientes   y   el   derecho  sustancial  a  beneficios  punitivos».   

Si  bien esta exigencia no presupone exhibir  un  amplio  discurso,  lo cierto es que no se agota con la simple indicación de  las  garantías  o  los derechos violentados. Por ende, resulta imperioso que el  letrado    enseñe,   con  suficiencia,   cómo,  por  razón  del  proveído atacado, aquellos resultaron afectados y cómo, entonces,  la Sala debe intervenir para lograr su restablecimiento.   

2.2.  El  jurista  formuló  dos  cargos por  violación  de  la  ley  sustancial,  uno  por  la  vía indirecta y otro por la  directa,  ambos  apuntando  al  mismo  objetivo:  reconocer  el  estado de ira o  intenso  dolor.  Sin  embargo,  al guardar silencio en torno a cuál de ellos se  perfila      como      subsidiario,      han      de      entenderse,            juntos,  como  principales,  lo  que  se  torna  excluyente,      pues,      mientras      en      la      senda     directa  el  ataque se centra en aspectos  eminentemente  jurídicos,  que  implican  aceptar los hechos y las pruebas, tal  como  fueron  declarados  y  valoradas  por  el  Tribunal;  en  la  indirecta   el   cuestionamiento   versa  justamente  en  la  forma en que se apreciaron los medios de convicción, ya sea  porque  en  esa  labor  se  recayó  en  un  error de hecho o en uno de derecho.   

2.3.     En     el     primer  cargo  el  libelista  increpó  al  ad  quem por recaer en falso  raciocinio,  modalidad  de  error  que  se  configura cuando el juzgador, pese a  aprehender  de  manera  exacta  y  objetiva el contenido de las pruebas, realiza  deducciones  o  conclusiones que contrarían o vulneran alguno de los postulados  que integran la sana crítica.   

Bajo  ese orden, le correspondía concretar  el  elemento  comprometido, señalar qué fue lo que de él infirió o dedujo el  fallador,  cuál  fue  el  mérito  persuasivo  otorgado  y cuál la regla de la  lógica,   la  máxima  de  experiencia o el postulado de la ciencia que desconoció.   

El   defensor   no   identificó,   con  especificidad,  cuál fue el  axioma  de  la  sana  crítica  ignorado  o  mal aplicado por la colegiatura. De  manera    inapropiada    se    refirió    a    todos,    sin    que,   por  lo  menos,  respecto  de  alguno  exhibiera  una  fundamentación  suficiente.  Es  más, alejado por completo del  motivo  de  censura, reprochó al juez colegiado por ignorar la prueba pericial,  desatino  propio  de  un  error  de  hecho  por  falso  juicio de existencia por  omisión.   

El   demandante   esbozó  un  enunciado,  relacionado  con  el excesivo machismo en la región de la costa atlántica, con  la  ambición  de  darle  eficacia  de  regla de experiencia, empero,  no logró proyectar cómo el mismo debe  ser  catalogado  como  tal, ni cómo, atendiendo las circunstancias particulares  del  caso  en estudio, tenía la virtualidad de modificar la conclusión lógica  extraída  por  el  juzgador. Tampoco delimitó el alcance que pretendía dar al  concepto  de “machismo”, a  efectos    de    concatenarlo   con   las   consideraciones   del   ad  quem  y  denotar así cómo ha debido  guiar su ejercicio intelectual.   

El jurista, so pretexto de revelar un yerro  de  raciocinio,  no  hizo  cosa  distinta que distorsionar la sentencia, para lo  cual  restó  relevancia  a  los  verdaderos  argumentos  esgrimidos por el juez  colegiado  para  no  reconocer la causal prevista en el artículo 57 del Código  Penal.  Partió  de  una  realidad  probatoria  distinta,  pues intentó atar la  ira,   que   supuestamente  estremeció  a  su  protegido,  con   la  conjeturada  infidelidad  de  Duvis  Estela  Doria  Rivera,  sin  que  en el plenario obre prueba de  una y otra.   

En  efecto,  tal  como  lo  consignó  el  Tribunal,  en  torno  a  esa presumida traición solo se ocuparon los familiares  del   acusado,   sin   que   tales  afirmaciones  traspasaran  el  campo  de  la  especulación,    pues,  incluso,   Raúl   Argenis  Molinares  Valencia,  quien,  según  lo dicho por los parientes de Jonathan      José      de      la      Hoz      Mejía, fue el directamente comprometido con tal  sindicación,  no  la  corroboró.  De lo que sí dio cuenta éste, al igual que  otros  deponentes,  fue  del comportamiento celoso del procesado, pero, como con  buen  criterio  lo admitió la magistratura, esa conducta no conduce a probar la  infidelidad  de  la  hoy occisa y menos conlleva, por sí misma, a demostrar que  aquél  obró  bajo un estado de ira o intenso dolor18.   

Resulta importante recordar que, conforme lo  ha  sostenido  la  jurisprudencia  de  la  Corte,  para  que  se  estructure  la  circunstancia  contemplada  en  el  precepto  57  del Código Penal, se requiere  (i)  un acto de provocación  grave  e  injusto,  (ii)  la  reacción  del  agente bajo un estado anímico alterado -ira o intenso dolor-, y  (iii)  una relación causal  entre  ambas  conductas (ver, entre otras, CSJ SP, 13 feb. 2008, rad. 22783; CSJ  SP,  30  jun.  2010,  rad. 33163 y CSJ SP, 11 may. 2011, rad. 34614).   

Igualmente,  contrario  a  lo  que  parece  entender   el   actor,   ha   precisado  que  la  ira  y   el   intenso   dolor  difieren.   Así,   en  CSJ  SP10724-201419, señaló:   

Del  título  de  la disposición “ira o  intenso  dolor”,  así  como  de la definición (“El que realice la conducta  punible  en  estado  de  ira  o de intenso dolor”), deriva que se trata de dos  institutos  diversos: (I) la ira y (II) el intenso dolor, no obstante lo cual en  este  asunto se hizo referencia a tales conceptos como si se tratara de una sola  situación,  como si se estuviera ante dos sinónimos, pero desde los argumentos  se deduce que realmente se quiso aludir a la ira.   

Por  “ira”, a voces del Diccionario de  la  Real  Academia  de la Lengua Española, se entiende una pasión del alma que  causa  indignación  y  enojo;  la acción de padecer; cualquier perturbación o  afecto  desordenado  del ánimo; un enfado vehemente contra una persona o contra  sus  actos; el movimiento del ánimo que causa molestia, pesar, agravio, ofensa,  contra una persona.   

El “dolor” es un sentimiento de pena y  congoja;  angustia  y  aflicción  del ánimo, cuidado, aflicción o sentimiento  interior  grande;  temor  opresivo.  Pero ese dolor debe ser “intenso”, esto  es,    vehemente,    de    una   fuerza   impetuosa,   ardiente   y   lleno   de  pasión.   

Sobre  las  dos especies, la norma refiere  que  el  agente activo se encuentre en ese “estado” (estado de ira o intenso  dolor),  concepto  que  hace  referencia a la situación en que se encuentra una  persona,  a  los  sucesivos  modos  de  ser de un individuo sujeto a cambios que  influyen  en  su  condición. De las definiciones se infiere que la ira apunta a  una  reacción  más  o  menos  momentánea,  en  tanto  que  el  dolor, dada su  “intensidad”,    comporta    un    carácter    de    permanencia    en   el  tiempo.   

2.  El artículo 57 penal determina que el  estado  generador  del  descuento punitivo es aquel que hubiere sido causado por  un  comportamiento  grave  e injustificado de un tercero, esto es, la actuación  del  último  debe  ser la causa, razón y motivo de la conducta delictiva. Debe  existir  una  incitación  del  tercero  para que se desencadene en el agente la  agresión,  o,  lo  que  es  lo  mismo,  una provocación que comporta irritar o  estimular  al  otro  con  palabras  u  obras  para  generar su enojo, pero en el  entendido  de  que  tal  provocación no puede ser de cualquier índole, sino de  especiales  características,  como  que  debe  ser  grave  (de  mucha entidad e  importancia,  enorme,  excesiva)  e  injusta (es decir, no justa, no equitativa;  sin justicia ni razón).   

Y,  en  lo  que  toca  con  los  actos  de  provocación, ha afirmado:   

No se trata entonces, como atinadamente lo  enseña  la  doctrina,  de  actos  que  son el fruto exclusivo de personalidades  impulsivas,  que  bajo  ninguna  provocación  actúan  movidas  por  su  propia  voluntad.  Y  en  el  caso de que el acto sea origen de un estado emocional como  los  celos,  es necesario diferenciar la existencia previa del acto reprochable,  ultrajante  y  socialmente  inaceptable por parte de la víctima de aquel que se  origina  en  una  responsabilidad  predispuesta  a  sentirlos sin ningún motivo  real.   

Recuérdese que la provocación consiste en  una  conducta  para mortificar o suscitar protesta, desagrado o inconformidad en  una  persona  determinada,  originando  un  estado de excitación que además de  producir  alteraciones orgánicas visibles o perceptibles, ocasiona pérdidas de  control y obnubilación u ofuscación inocultables.   

De  esa  manera,  el  estado emocional del  incriminado  debe  ser  directamente  provocado  por  un  comportamiento grave e  injusto,  siendo  estas  últimas  verdaderas  cualificaciones jurídicas que el  legislador  impuso  a  la provocación. Habrá gravedad cuando el comportamiento  tiene   capacidad  para  desestabilizar  emocionalmente  al  procesado  y  será  injustificado  cuando  la  persona  no  está  obligada a soportar la ofensa que  conlleva  una  situación insoportable por vulnerar sentimientos o conceptos que  para  el  ofendido son importantes y valiosos y, de otra parte, quien la hace no  cuenta con autorización, privilegio o permisibilidad para hacerla.   

Por ello, la gravedad y la injusticia de la  provocación  debe  ser  estudiada  en  cada  situación,  dadas las condiciones  particulares  de  los  protagonistas  del  conflicto y de aquellas en las que se  consumó   el   hecho,   como   por  ejemplo,  su  situación  sicoafectiva,  la  idiosincrasia,   la   tolerancia,   las   circunstancias  (tiempo,  modo  lugar,  oportunidad,  tono,  expresión  corporal y oral etc.), los sentimientos (honor,  dignidad   y  auto  estima),  la  formación  (moral,  cultural),  el  grado  de  educación,  el nivel social y económico. De lo expuesto se infiere que no toda  provocación  es  grave  e injusta y que sólo los estados de ánimos originados  por  comportamientos  con  estas  últimas connotaciones quedan amparados por la  diminuente  de la ira o dolor examinada, siempre que la provocación provenga de  quien  padece  las consecuencias. (CSJ SP, 9 may. 2007,  rad. 19867).   

En     esta     ocasión,     el  impugnante,  so  pretexto  de  evidenciar un error de  raciocinio,    discrepa   simplemente   de     la    forma    como    el    sentenciador    de   segunda  instancia  aprehendió los  hechos  y  determinó  que  la  situación  subjetiva  del  ánimo del acusado no  estaba  perturbada,  pues  no  medió  un  estado  de  excitación  de  su  juicio  que  le  impidiera tener  control    sobre   sus  actos.  Sus  argumentos  no  alcanzan      a      configurar     un     cargo     en     casación.   

Con  todo,  vale  la  pena  acotar  que  la  determinación  de  la colegiatura no fue apresurada. De la lectura atenta de su  contenido,  emerge que hizo una verificación íntegra de las pruebas, dentro de  las  cuales  resaltó la valoración que al acusado le hiciere la Psiquiatra del  Instituto  Nacional de Medicina Legal, cuyo informe fue introducido en el juicio  en  sesión  del  9  de  julio  de  2013.  Allí  se  concluyó que «en  el  episodio donde DUVIS ESTELA DORIA RIVERA perdió la vida,  JONATHAN  JOSÉ  DE  LA  HOZ  MEJÍA  actuó  sin  alteraciones comportamentales  cognitivas           y          volitivas»20.   

Seguidamente,  en  punto  de  la  supuesta  infidelidad  de  la  víctima,  que  para  el juez singular fue determinante, el  ad  quem sostuvo que de ella  solo    dieron    cuenta,  escuetamente,     el  procesado,  en  la audiencia  preliminar,  su  padre  y  la  médica  forense, pero éstos no por conocimiento  directo,  sino  por  lo  que  aquél  les  relató, y que esa tesis no encontró  soporte  en  el  resto de elementos probatorios. Así mismo, determinó que ella  era inadmisible porque:   

…para  ultimar a la occisa fue necesario  utilizar  dos  cuchillos,  una  piedra y una soga, hecho que no concuerda con la  experiencia  humana  según  la  cual, en el momento del rictus de dolor o de la  explosión  emocional el ofendido utiliza lo que encuentre de primera mano, pero  no  acomoda  fríamente los medios que necesita para conseguir esos mismos fines  pero orientados por otras finalidades o motivos.   

Efectivamente,  la  ciencia  encontró los  siguientes rastros de hecho y su realización:   

Lesiones  traumáticas  producidas  por un  arma   blanca:  informe  pericial  de  necropsia  (Fls.  107-110  C.O.  Juzgado)  elaborado  por  el  Dr.  JAIRO  LÓPEZ  BEDOYA,  Médico  Forense  del Instituto  Nacional  de  Medicina  Legal, Lesiones producidas por arma contundente: Informe  pericial  de  necropsia (Fl. 112 C.O. Juzgado) elaborado por el Dr. JAIRO LÓPEZ  BEDOYA,  Médico  Forense del Instituto Nacional de Medicina Legal. -Inspección  técnica  a  cadáver  del 4 de Septiembre de 2011 suscrita por los funcionarios  de  la  Policía  Judicial  de  la  SIJIN. Piedra: Informe Fotográfico del 5 de  Septiembre  de  2011 (Fls. 79 y 80 C.O. Juzgado) elaborado por el Grupo Policía  Científica    y    Criminalística   de   la   Policía   Nacional.21   

Frente  a  esos  considerandos,  que fueron  esenciales  para la magistratura, el letrado no hizo crítica alguna orientada a  rebatirlos.   

Ahora  bien,  el  juez  plural sí analizó  algunos  instrumentos  internacionales  que  protegen a la mujer sobre cualquier  clase  de  maltrato,  empero,  ello  no  comportó modificación alguna a la adecuación típica de la conducta  endilgada, ni constituyó el  bastión  argumentativo para revocar el reconocimiento de la causal atenuante de  punibilidad.  Ese  examen,  como bien lo dejó plasmado en la sentencia, fue una  cuestión  aneja  a la razón de la decisión y a él se abrió paso no solo por  la  alusión  que  del  tema hizo el a quo,    para  descartar   un   crimen  de  género,  sino  como  respuesta  a  una  situación  hipotética.   

Por   ello,   el  fallador  se  preguntó  «si    en   gracia   de   discusión»22 se admitiera  que   DUVIS  ESTELA  DORIA  RIVERA  incurrió en alguna  «situación   que  pudiera  englobarse  dentro  del  concepto  de  un  abandono  o  violación  de  su deber de fidelidad para con su  compañero     permanente     (…)    ¿habría  que  reconocer  automáticamente  en  favor  de éste la  consecuencia  de  la  diminuente  de pena en vista de ese comportamiento grave e  injustificado?»23.    La    respuesta    fue  negativa.   

2.4. En el segundo  cargo,  por  violación  directa,  el  actor  censuró  al Tribunal porque  aplicó  indebidamente  el artículo 104, numeral 11, del Código Penal, pero, a  la  vez, porque lo inaplicó. Su planteamiento resulta contradictorio porque una  norma  no  puede  ser  empleada inadecuadamente si el juzgador la excluyó de su  estudio jurídico.   

De  otra  parte, el demandante incurrió en  violación  del  principio  de corrección material puesto que el juez plural, a  pesar  de  haber examinado instrumentos internacionales que protegen a la mujer,  no  hizo  variación  alguna  en  relación  con  la  agravante  endilgada en la  acusación.   

En  efecto,  la  fiscalía  le  imputó  a  de  la  Hoz Mejía el punible  de  homicidio  agravado,  conforme  al  numeral  1 del artículo 104 del Código  Penal,  esto es, por haber segado la vida de su compañera permanente, y así lo  reconoció   el   fallador   de   segunda  instancia  cuando  al  finalizar  sus  consideraciones  afirmó:  «[s]in embargo, como viene  dicho,  a  JONATHAN  JOSÉ DE LA HOZ MEJÍA se le imputó la conducta punible de  homicidio  agravado  en  razón  de  haberle  causado  la muerte a su compañera  permanente    DUBIS    ESTELA    DORIA   RIVERA.»24   

De  manera,  pues,  que ninguna transición  hizo el sentenciador en ese aspecto.   

Las  consideraciones  expuestas  conducen a  inadmitir  la  demanda  y  la  Sala,  salvo  lo  expuesto  en  el punto 4 de esa  providencia,  no  observa  flagrantes  violaciones  de  derechos que le impongan  actuar oficiosamente.   

3. Al amparo del artículo 184 de la Ley 906  de   2004,   es   procedente  la  insistencia,  cuyas  reglas,  en  ausencia  de  disposición  legal,  han  sido definidas por la Sala desde el año 2005, en CSJ  AP,   12  dic.  2005,  rad.  24322,  y  precisadas  en  AP-3481-201425.   

4.    La    admisión    oficiosa   del  recurso.   

Atendiendo  los  fines  de  la  casación,  instituida  como  un  mecanismo  de control constitucional y legal, que propende  por  la  efectividad  del  derecho material, el respeto de las garantías de los  intervinientes,   la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  estos  y  la  unificación   de   la  jurisprudencia,  a  iniciativa  de  la  Sala  y  con  el específico fin de garantizar  los  derechos  fundamentales  del  procesado,  se habilitará el recurso, con el  propósito  de  analizar la posible afectación del principio de legalidad de la  pena,  en concreto, al imponer la accesoria de inhabilitación para el ejercicio  de  derechos y funciones públicas, la que fijó el ad  quem en el mismo término de la principal, esto es, en  425 meses.   

No   se   convocará   a   audiencia   de  sustentación  porque,  tal  como  lo  ha  afirmado  la  jurisprudencia, ella es  improcedente  cuando el censor no advierte la presunta irregularidad evidenciada  por  la  Corte  y  que  constituye la razón para entrar en el fondo del asunto.   

Así,   en  CSJ  SP,  25  jul. 2007, rad. 27383, dijo:   

Del  texto  legal  se  desprende  que  la  audiencia  de sustentación dentro del trámite del recurso casación tiene como  finalidad  axial  que  el demandante presente sus argumentos oralmente y que los  no   recurrentes   tengan   la   oportunidad  de  controvertir  los  motivos  de  impugnación,  de  donde  se  tiene que el debate que se plantea en este momento  procesal  gira  en  torno  a  las  razones aducidas por la parte o interviniente  interesado en derrumbar las decisiones tomadas en las instancias.   

Sin  embargo,  y  atendiendo  que  con  el  recurso  de  casación  se  “pretende  la efectividad del derecho material, el  respeto  de las garantías de los intervinientes, la reparación de los agravios  inferidos  a  éstos  y  la  unificación de la jurisprudencia” (artículo 180  ibídem),  a pesar de la inadmisión de una demanda, la Sala oficiosamente puede  disponer  que  se  tramite  el extraordinario recurso, supuesto en el que serán  objeto  de  la  decisión  los  temas propuestos directamente por la judicatura,  esto  es,  que  la  propia Corte determina y limita los problemas jurídicos que  con carácter imperativo ameritan su pronunciamiento.   

En tales circunstancias no hay necesidad de  un  debate  entre  las  partes  e  intervinientes,  pues  ellas  no  observaron,  omitieron  o  inadvirtieron  lo  que para la Corporación resulta determinante y  que  exige  su intervención en el caso concreto. Ni siquiera resulta pertinente  ordenar  un  traslado al Ministerio Público pues este especial sujeto si tenía  razones para debatir o demeritar la sentencia debió impugnarla.   

De lo expuesto se sigue que la audiencia de  sustentación  del  recurso de casación no tiene lugar cuando la Corte hace uso  de sus poderes oficiosos (…).   

Por consiguiente, una vez cumplido el plazo  para  la presentación del recurso de insistencia, el asunto pasará al despacho  para la elaboración del proyecto de sentencia   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero. INADMITIR  la   demanda   de   casación   presentada   por   la  defensa  de  Jonathan  José  de la Hoz Mejía contra la  sentencia     del     Tribunal     Superior    del    Distrito    Judicial    de  Barranquilla.   

Segundo.  Conforme  al  inciso  2º  del  artículo  184 del Código de Procedimiento Penal de 2004,  procede la insistencia.   

Vencido  dicho término, el expediente debe  regresar  al  despacho  para  proferir   sentencia,   según  el  punto  4  de  las  consideraciones  de  esta  providencia.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Presidente  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Folios 3 y 4 del cuaderno principal.   

2  Obrante   entre   folios   14   y  22  Id.   

3 Folio  54 Id.   

4 Folio  67 Id.   

5 Folio  70 Id.   

6  Folios 223 y 224 Id.   

7  Folios 247 a 287 Id.   

8  Folios 17 a 43 del cuaderno del Tribunal.   

9 Folio  67 Id.   

10  Folio 68 Id.   

11  Folio 71 Id.   

12  Folio 72 Id.   

13  Folio 73 Id.   

14  Folio 76 Id.   

15  Folio 77 Id.   

16  Folio 79 Id.   

17  Folio 80 Id.   

18  Folio 80 del cuaderno del Tribunal.   

19  Radicado 43190, del 13 de agosto de 2014.   

20  Folios 9 del fallo, 25 el cuaderno del tribunal.   

21  Folios 12 del fallo, 28 del cuaderno del tribunal.   

22  Folios 13 y 29 Id.   

23  Folios 13 y 29 Id.   

24  Folios 25 y 41 Id.   

25  Radicado 42597.     

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