AP4721-2015(45891)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    República   de  Colombia      

Corte Suprema de Justicia  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

Magistrado Ponente  

AP4721-2015  

Radicación Nº 45891  

Aprobado mediante Acta No. 283  

Bogotá,  D.C., diecinueve (19) de agosto de  dos mil quince (2015).   

VISTOS  

La  Sala  se  pronuncia sobre el recurso de  apelación  interpuesto por la Fiscalía contra el auto de marzo 13 de 2015, por  medio  del  cual  una Sala de Decisión Penal del Tribunal Superior de Cali, por  mayoría,  negó  la  solicitud  de  preclusión impetrada a favor de JOSÉ LUIS  ÁNGEL  ALMARIO,  investigado  como presunto autor del delito de prevaricato por  acción.   

HECHOS    

         En  diciembre  de 2004, Beatriz Eugenia  Ramírez  Vergara, en condición de directora del Departamento Administrativo de  Gestión    del   Medio   Ambiente   –  DAGMA  – de  la  ciudad de Cali, compró, por razones ambientales, el predio denominado “El  Rubí”,  ubicado  en  el  parque  natural Los Farallones de ese municipio, por  $2.414.566.266.oo,  aun  cuando  el  valor  que  debió  pagarse  era  32  veces  inferior.   

El  sobrecosto  se  ocasionó  porque en el  avalúo,  que  fue  efectuado  por  una  entidad  privada  y no por el Instituto  Geográfico  Agustín  Codazzi,  se  tuvo en consideración el precio del bosque  que  existía  en  ese terreno, el cual no debió incluirse porque era propiedad  del Estado y, por lo tanto, no era necesaria su adquisición.   

Además  de  lo  anterior, Ramírez Vergara  suscribió  el  contrato  de promesa de compraventa, que finalmente terminó con  la  enajenación  del  predio,  antes  de remitirlo a la Oficina Jurídica de la  entidad a su cargo para la respectiva revisión.   

La investigación iniciada por esos hechos,  con  ocasión  de  la  denuncia  presentada  el  17  de  febrero  de 2005 por un  ciudadano,  correspondió  a  la  Fiscalía 92 Seccional de la Unidad de Delitos  contra  la  Administración  Pública  de  Cali,  de  la  cual era titular Jaime  Montaño  Campiño, quien el 6 de marzo de 2008, luego de agotadas las pesquisas  correspondientes, decretó el cierre de la instrucción.   

Mediante resolución de agosto 4 de 2008, se  encargó  como  titular  del  despacho, desde la fecha y hasta el día 31 de ese  mes  y  año,  a  JOSÉ  LUIS  ÁNGEL  ALMARIO, que el 28 de agosto profirió la  decisión  por  medio de la cual resolvió precluir la actuación seguida contra  Ramírez  Vergara  por  los  supuestos  delitos  de  peculado por apropiación y  celebración    de    contrato    sin    cumplimiento    de    los    requisitos  legales.   

Esa   providencia   fue  apelada  por  el  denunciante  y  revocada por la Fiscalía 8° Delegada ante el Tribunal Superior  de  Cali  el 30 de marzo de 2009, en decisión en la que se acusó a la nombrada  como autora de las conductas punibles aludidas.   

ACTUACIÓN   PROCESAL  RELEVANTE   

Solicitud    de    preclusión   de   la  Fiscalía.   

         Por  los  anteriores  hechos,  la  Fiscalía  6º  Delegada ante el  Tribunal  Superior  de  Cali  inició indagación, en curso de la cual recopiló  los  siguientes  elementos  de  conocimiento:                

i. Denuncia  presentada  contra  ÁNGEL ALMARIO como posible autor del  delito de prevaricato por acción.   

ii. Resolución  de 6 de marzo de 2008, por medio de la cual se ordenó  el  cierre  de  la  instrucción  en  la  investigación seguida contra Ramírez  Vergara.   

iii. Resolución  de  28  de  agosto  de  2008,  a través de la cual el  incriminado resolvió precluir esa investigación.   

iv. Recurso  de  apelación  presentado  por  el  denunciante contra la  determinación precedente.   

v. Resolución  proferida  el 30 de marzo de 2009 por la Fiscalía 8°  Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de  Cali,  que revocó la que ordenó la  preclusión  y, en su lugar, acusó a la sindicada como autora de los delitos de  peculado  por  apropiación  y  celebración de contrato sin cumplimiento de los  requisitos legales.   

vi. Sentencia  de mayo 12 de 2010 proferida por el Juzgado 12 Penal del  Circuito  de  Cali,  que  condenó a Ramírez Vergara por los delitos referidos.   

vii. Memoriales  suscritos  por la Dirección Seccional de Fiscalías de  Cali,  en  los  que  se  pide de los Fiscales tomar las medidas pertinentes para  evitar  la  prescripción  de  la acción penal en los asuntos de su cargo, así  como   copia   de   la   estadística  de  la  Fiscalía  92  Seccional  de  esa  ciudad.   

viii. Hoja de vida del indiciado y documentos relacionados.   

ix. Entrevistas  rendidas  por  Daicy  Emilia  García Rentería, Jaime  Montaño  Campiño,  Adriana Inés Colonia Riveros, Armando Rodríguez Cortázar  y Alba Doris Burbano Torres.   

x. Interrogatorio del indiciado.   

xi. Fallo  sin  responsabilidad  fiscal  proferido  por  la  Contraría  General de Santiago de Cali a favor de Ramírez Vergara.      

Valorados   los   medios   cognoscitivos  reseñados,  la  Fiscalía  pidió,  en  audiencia celebrada el 23 de octubre de  2014  ante  una  Sala  de  Decisión  Penal  del  Tribunal  Superior de Cali, la  preclusión  de  la  investigación seguida contra ÁNGEL ALMARIO con fundamento  en  la  causal  definida  en  el  numeral 4° del artículo 332 de la Ley 906 de  2004.   

         Alegó que la revisión de los elementos  de   juicio  allegados  permite  concluir  que  el  indiciado,  al  proferir  la  resolución    censurada,   tuvo   el   propósito   de   decidir   conforme   a  derecho.   

Aunque esa decisión fue revocada en segunda  instancia,  ello  ocurrió  en  razón  a  la  disparidad de criterios y no como  consecuencia de su ilegalidad.   

Señaló  que  ÁNGEL  ALMARIO,  al  rendir  interrogatorio,  explicó  que cuando fue encargado como titular de la Fiscalía  92  Seccional  ya  se  había decretado el cierre de la investigación, y se vio  compelido  a  calificar  el  mérito  del sumario en razón de las instrucciones  perentorias  que en ese sentido impartió la Dirección Seccional de Fiscalías;  de  igual  modo, indicó las razones jurídicas y probatorias que sustentaron la  determinación,  entre  otras,  que  la compra del predio fue autorizada por las  comisiones  técnica  y  jurídica  creadas  para  dicho  efecto  y  el  avaluó  realizado   posteriormente   por   el  Instituto  Geográfico  Agustín  Codazzi  coincidió con el que se hizo inicialmente.   

Como  si  fuera  poco,  se  conoció que el  incriminado,  antes  de  suscribir  la  resolución  de preclusión, consultó a  varios  de  sus  compañeros  sobre  el  particular,  al  punto  que sometió el  proyecto  de  decisión  a consideración de la Coordinadora de la Unidad, quien  lo aprobó por encontrarlo ajustado a derecho.   

A  más  de  lo  anterior,  es claro que el  problema  jurídico que aquél se vio compelido a resolver ofrecía complejidad,  de  modo  que  incluso puede afirmarse configurada subsidiariamente la causal de  preclusión  de  que  trata  el  numeral  2° del artículo 332 de la Ley 906 de  2004.   

Concluyó, luego de transcribir extensamente  jurisprudencia  de  esta  Sala,  que «con base en los  elementos  materiales  probatorios y análisis de las piezas allegadas, se puede  evidenciar  que  en  la  decisión proferida por el doctor Ángel Almario, no es  posible     indicar    que    actuó    con    dolo,    predicando    aticipidad  subjetiva».   

         

La intervención de la defensa.  

El  apoderado  judicial  de  ÁNGEL  ALMARIO  intervino  para coadyuvar la solicitud impetrada por  la   Fiscalía   (a   partir   del   récord 1:07:00).   

                     Señaló  que  el  nombrado se vio forzado a  tomar  una  decisión  de  fondo en la investigación      seguida     contra  Ramírez   Vergara   en   escasos   días  porque  la  Dirección  Seccional de  Fiscalías    así   lo  reclamó.   

Precisó  que el  asunto  estaba  revestido  de  especial complejidad y que luego de un exhaustivo  análisis   de   la   normatividad  aplicable  y  la  prueba   recaudada,   en  desarrollo    del    cual    incluso    pidió   la  opinión    de    otros    Fiscales,   aquél        coligió    que    la   preclusión     «era     lo    más adecuado».   

Adujo  que  con  independencia  de  que  la  decisión censurada sea desacertada, lo cierto es que  no  es  ilegal, pues nada indica que el indiciado haya  tenido  el  propósito  de  proferir  una providencia  contraria a derecho.   

DECISIÓN IMPUGNADA   

El Tribunal consideró, con un salvamento de  voto,  que  los  medios de prueba aportados por la Fiscalía no permiten afirmar  configuradas     las     causales    de    preclusión    invocadas    por    la  peticionaria.   

           Lo   anterior,   indicó,  porque  «al revisar la providencia en  cuestión, se advierten algunos aspectos que debieron  ser    cuestionados    más   a   fondo»    para  descartar   que   la   entonces   sindicada   fuere   responsable  por  los  delitos  cuya  comisión le fue  atribuida,  para  lo  cual  no  bastaba  afirmar que la compra del predio estuvo  precedida    por    la    autorización    de   los  comités   técnico   y  jurídico o que se pagó el  precio establecido en el avalúo.   

         Estimó que el  inmueble     adquirido    por    Ramírez    Vergara,    que    inicialmente    era    baldío  y llegó a titularidad de particulares  por  adjudicación,  fue  declarado  zona  de reserva  forestal  el  20  de  julio de 1941 y, posteriormente,  como   parte  del  Parque  Nacional  Los  Farallones.  Así,  lo  que  la nombrada  estaba  obligada  a  hacer  era  «declarar nula dicha  adjudicación y no proceder como lo hizo a comprar un  bosque   protector   que   no   puede   ser  objeto  de  negociación alguna».   

La   Corte  Constitucional  tiene  dicho,  continuó   el  a  quo,  que  si  un  particular  es  propietario  de  un  bien que hace parte de un Parque  Nacional,  no  puede  enajenarlo  y el ejercicio del dominio queda sometido a un  régimen  especial.  En  ese  orden,  es  obvio  que  «en  el  avalúo  no  se  debió  tener  en  cuenta  el  bosque  protector como  elemento  particular, pues los recursos renovables son  patrimonio  de  la  Nación  de  conformidad  con  el  Decreto 2811 de 18 de diciembre de 1974».   

           En  la  resolución reprochada, aunque se ordenó   la   preclusión,   el   incriminado  admitió   que   los   propietarios   del   predio  tenían                «limitada  su  capacidad  de  venta  o  explotación»,  de   modo   que   la   providencia   encierra   una  contradicción  respecto  de  la  cual  es necesario  continuar       las       pesquisas      para      discernir      «cuál  era su verdadera postura frente  a esta concreta situación».   

                    Adicionalmente,  aunque     en     la    investigación  seguida  contra  Ramírez Vergara se  obtuvo   un   avalúo  del  lote  realizado  por  el  Instituto     Geográfico     Agustín  Codazzi  en  el que se consignó que  el  bosque  sí debía ser  valorado,  lo  cierto es que ÁNGEL ALMARIO  tenía  conocimiento  de  que  ese  lote  estaba en una zona  declarada  como  Parque  Nacional y, por lo mismo, esos bienes tenían    carácter   de   «inembargables, imprescriptibles e inalienables».   

Que    la    Procuraduría  haya  absuelto  a la indiciada de responsabilidad disciplinaria  por     esos     hechos    tampoco    constituye  sustento  admisible  para  haber  ordenado  la  preclusión, no sólo   porque  «se  trata  de  un  tema  completamente      distinto»,      sino  también  porque es claro que el  contrato    de   promesa   de   compraventa   suscrito   por   aquélla  y  los  dueños de “El    Rubí”    debió  ser analizado desde varios aspectos,  en  concreto,  porque se desconoció lo consagrado en  el    artículo    89,   numeral   4°,  de  la  Ley 153 de 1887 y al suscribirlo se ordenó el pago de la mitad del precio pactado.   

                Concluyó  que «resulta necesario ahondar en la  comprobación  de varios  aspectos  de  la decisión, de los cuales no se tiene  la  suficiente  claridad  frente a las razones que tuvo el fiscal indiciado para  que  una  vez  valorados  los  elementos  de  prueba  que  tuvo a su alcance, se  decidiera por la preclusión».   

LA IMPUGNACIÓN  

La Fiscalía apeló la decisión de primera  instancia  para, por esa vía, pedir su revocatoria y la consecuente preclusión  de  la investigación seguida contra ÁNGEL ALMARIO (segundo corte, récord 0:10  y siguientes).   

Adujo  que  los  medios  de  conocimiento  aportados  sí  resultan  suficientes para colegir que el funcionario actuó sin  dolo al proferir la resolución censurada.   

Luego   de   referir   copiosamente   la  jurisprudencia  de  la  Sala  sobre  el  particular,  aseveró que no es posible  calificar  como prevaricadora una decisión porque contenga un criterio distinto  sobre  un  problema  complejo  de  derecho,  máxime  que en el presente asunto,  aunque  la  providencia  proferida  por  el  incriminado fue revocada en segunda  instancia,  ello  se  debió  a que el superior la consideró equivocada pero no  ilegal.   

Concluyó que en el caso en examen no existe  ninguna  disposición  normativa  concreta  que  pueda afirmarse manifiestamente  contraria  a  la  resolución  de preclusión cuya suscripción se le reprocha a  ÁNGEL ALMARIO.   

NO RECURRENTE  

          El   defensor   del   indiciado  insistió  en  que  los  elementos  materiales  probatorios  acopiados  no permiten concluir que aquél haya actuado  dolosamente,  pues  aunque es posible que la decisión que profirió sea errada,  es  claro  que  se  trataba de un tema complejo, que fue estudiado detenidamente  por  el  Fiscal, quien resolvió el asunto de la manera que estimó más justa y  apropiada (segundo corte, récord 15:30 y siguientes).   

CONSIDERACIONES  

          Competencia.   

Al tenor de lo previsto en el artículo 32,  numeral  3°,  de  la  Ley 906 de 2004, la Corte es competente para resolver los  recursos  de  apelación  interpuestos  contra  autos y sentencias proferidos en  primera    instancia    por    los    Tribunales    Superiores    de    Distrito  Judicial.   

Como  en  este  caso  fue  impugnada  la  decisión  de  13 de marzo último, por medio de la cual el Tribunal Superior de  Cali  resolvió  negar  la  solicitud  de preclusión impetrada a favor de JOSÉ  LUIS  ÁNGEL  ALMARIO,  investigado como posible autor del delito de prevaricato  por  acción,  ninguna  controversia  suscita  la  competencia de esta Sala para  decidir el recurso.   

De la preclusión.  

Al  tenor  del  artículo  250 de la Carta  Política,  «la Fiscalía  General  de  la  Nación  está  obligada a adelantar el ejercicio de la acción  penal   y   realizar   la   investigación   de  los  hechos  que  revistan  las  características  de  un  delito  que  lleguen  a  su  conocimiento por medio de  denuncia,  petición  especial,  querella  o  de oficio, siempre y cuando medien  suficientes   motivos   y  circunstancias  fácticas  que  indiquen  la  posible  existencia del mismo».   

Si agotadas las actividades investigativas  correspondientes,  el  Fiscal  del caso considera que los medios de conocimiento  recolectados  son  suficientes  para  concluir,  en  el grado de probabilidad de  verdad,  que  el  delito  existió  y  que  el  imputado  es  responsable por su  comisión,  bien  como  autor  o  como  partícipe,  debe  formular en su contra  acusación,  en  los  términos de los artículos 336 y siguientes de la Ley 906  de   2004   y   250,   numeral   4°,   de   la  Carta  Política,  «salvo  en  los  casos  que establezca la ley para la aplicación  del  principio de oportunidad regulado dentro del marco de la política criminal  del Estado».   

Por  el  contrario,  si  los  elementos  materiales  probatorios  recaudados  en  desarrollo  de  las  pesquisas llevan a  sostener  que  no  existe mérito para acusar, el funcionario deberá, según lo  ordena    el   numeral   5°   del   artículo   250   precitado,   «solicitar  ante  el  juez  de conocimiento la preclusión de las  investigaciones».   

         En ese sentido, el artículo 332  del  Código  de Procedimiento Penal establece, de manera taxativa, los casos en  que  procede  una  decisión de tal contenido y alcance, dos de ellos, definidos  en  los  numerales  2°  y  4°,  cuando  aparezca  demostrada la «existencia   de   una  causal  que  excluya  la  responsabilidad»  o   ante  la  comprobación  de  la  «atipicidad del hecho investigado».   

          Al  presentar  la  solicitud de  preclusión,  corresponde al peticionario realizar un análisis detallado de los  elementos  fácticos,  probatorios  y jurídicos que soportan la pretensión, de  modo  que  sea  posible  concluir,  más allá de toda duda y no como una simple  probabilidad1,  la  necesidad  de  extinguir la acción penal con fuerza de cosa  juzgada  por  ausencia  de  mérito para iniciar o continuar con la persecución  penal.   

Lo  anterior  y, como lo tiene precisado  esta   Corporación,  sin  perjuicio  de  que  el  juzgador  pueda  decretar  la  preclusión  de  la  actuación  con  fundamento  en  una  causal distinta de la  invocada      por      el     peticionario,     siempre     que     «sus  componentes  estructurales y los  soportes    materiales    probatorios    y    evidencia    física    así    lo  determinen»2.   

Caso  concreto.   

1.  Aunque  la  Fiscalía  reclamó  la  preclusión  de  la investigación con fundamento en la  supuesta  atipicidad  subjetiva  de la conducta investigada, el Tribunal denegó  dicha  pretensión  con  soporte  en  consideraciones  vinculadas con el aspecto  puramente objetivo de la misma.   

          En efecto, las apreciaciones del  a  quo  sobre  la  configuración  de  la  causal  invocada estuvieron referidas  exclusivamente  a  la  contrariedad  entre  la  resolución proferida por ÁNGEL  ALMARIO  y  el  ordenamiento  jurídico,  pero  nada consideró esa Corporación  sobre  el  aspecto  subjetivo  de  su  conducta,  que  es precisamente lo que la  Fiscalía reclama.   

Ese  análisis resulta equivocado, pues el  examen  de  tipicidad  subjetiva sólo procede luego de que se ha verificado que  la conducta se subsume objetivamente en una descripción típica.   

2.   Que   la  preclusión  ordenada  por  ÁNGEL  ALMARIO fue contraria a derecho, en el plano  objetivo,  es algo que no admite discusión, pues así fue declarado con efectos  de cosa juzgada.   

         Ciertamente, Ramírez Vergara fue  condenada  por  el  Juzgado 12 Penal del Circuito de Cali, mediante sentencia de  12  de  mayo  de 2010, como autora de los delitos por los que fue acusada por la  Fiscalía  8°  Delegada ante el Tribunal Superior de Cali en decisión de 30 de  marzo  de  2009,  proferida  por  ese  instructor  al  resolver  el  recurso  de  apelación     presentado     contra    la    resolución    que    se    afirma  prevaricadora.   

         Esa providencia, según consta en  las  diligencias,  fue  confirmada  el  13  de diciembre de 2012 por el Tribunal  Superior  de  Cali (f. 24, c. 2), mediante sentencia contra la cual se interpuso  e  inadmitió,  en  abril  2 de 2014, el recurso extraordinario de casación (f.  26, c. 2).   

          Sí  la  conducta  de  Ramírez  Vergara  fue  delictiva, y así lo  reconocieron  las  sentencias  que  gozan  de  inmutabilidad,  intangibilidad  y  presunción  de acierto, claro entonces que la preclusión ordenada por el ahora  incriminado,  en  la  que  consideró  algo distinto, fue contraria a la Ley, se  insiste, en el plano estrictamente objetivo.    

          Pero  esa oposición con el ordenamiento jurídico no es de ninguna  manera  manifiesta  u  ostensible,  sino que se inscribe dentro de las distintas  posibilidades  de  hermenéutica jurídica que ofrecía el asunto examinado, que  por demás estaba revestido de evidente complejidad.   

En   efecto,   la  resolución    de    preclusión  proferida  por  ÁNGEL  ALMARIO fue  revocada  por  la segunda instancia, que decidió por  el  contrario  llevar  a  Ramírez Vergara a juicio,  no  como consecuencia de  su  abierta  contradicción con el derecho aplicable,  ni    en    razón   a  que     hubiera  apreciado       de       modo      groseramente  equivocado   la  prueba,  sino  en  virtud  de  una  interpretación  distinta  del  caso concreto; misma  que  se impuso finalmente,  en   razón  del  rol  funcional  que  legalmente  corresponde  al  superior  jerárquico,   pero  que  en  modo  alguno  permite  afirmar   que  el  criterio  exteriorizado  por  el  instructor de primera instancia fuera prevaricador.   

La comparación  de   los   argumentos   exteriorizados   por   el   sindicado   y   de  los  que  presentó  el  funcionario  de  segunda instancia al  resolver   la   apelación,   que  se  exponen     a    continuación,   demuestra   que   las  diferencias  que  dieron  lugar  a  la  revocatoria     de     la     decisión estuvieron vinculadas exclusivamente  con  el  criterio  jurídico  de  cada  uno  de  los  funcionarios   y   la  valoración  de  las  pruebas  acopiadas  que  estimaron  adecuada,  pero  en  modo  alguno  con la violación palpable del derecho ni con  una  evaluación sesgada  o     tergiversada  de los medios de conocimiento:   

CONSIDERACIONES DEL  INDICIADO             

CONSIDERACIONES DE  LA SEGUNDA INSTANCIA  

«…no  hay  discusión  que legalmente se  adjudicaron  en los años  41  y  48  unas áreas de terreno a perpetuidad, pero  así   mismo   es   irrefutable   que  no     existió    desde    aquella  época  delimitación  e  identificación   precisa  de  los  límites   que   comprendía   la   adjudicación…el  Decreto  1383  de  17  de  julio  de  1040 y la Resolución  No.  7 de julio 30 de 1941,  declara  una  zona  de  reserva  forestal en el municipio de Cali…pero  no  determina  linderos,  ni levanta planos, dejando un gran  vacío…             

«…la   normatividad   y   el   material  probatorio  obrante  en  el  encuadernamiento    nos    demuestran    que    el  señor  RAÚL BORRERO el  día   14   de   octubre   de   1941   se   le   adjudicó  un  terreno  que  hacía  parte  de  un de  mayor  extensión que fue  declarado  como  zona  de  reserva  forestal  por la  resolución   No.   07   de   30   de   julio   de  1941…después  de  67  años    el   comité  jurídico  del  DAGMA se  pronunció  sobre  la  posibilidad de adquirir dicho  terrero   con   el   fin  de  aprovecha    las    ventajas    ambientales…  (…)   

«Distinto  sería  una  adquisición  de   un   predio  que  no  se  encuentre  afectado  por  declaración   de   Parque   Nacional   Natural   o  por  declaratoria  de  reserva  forestal, donde el propietario tiene derecho a  que  se le indemnice además de la tierra, al pago de  las mejoras y anexidades.  

«…en  la  Ley  54,  no se concretó ni se  hizo  una  indicación precisa de los límites    que    comprendía    dicha  adjudicación,  ni  se  levantaron  planos  o  diseños topográficos;  por  consiguiente,  no  hubo una manifestación  expresa  de  dominio  sobre  estos terrenos, es más,    ni   siquiera   se   hizo   la  anotación      en     el     certificado     de  tradición  del  predio  en  el  sentido  de que el mismo ya hacía parte de un Parque Nacional».             

Equivocados  los  argumentos  de  la  primera  instancia, al desconocer la connotación  que  tienen  los  Parques  Naturales  y  las  zonas  declaradas  reservas   forestales,   pretendiendo   darle  mayor  importancia   a   un   asunto   formal,  que  a  un  derecho  colectivo  como  es  el  derecho  al  medio  ambiente,   al   manifestar   que   las   anteriores   situaciones  no   estaban   inscritas   en   los   registros   de  Instrumentos  Públicos,  asunto  que  históricamente       ha       sido      claro,  pues…“el  dominio del Estado sobre los bienes de  uso   público,  es  un  dominio  sui  generis…no es válido entonces exigir  matrícula   inmobiliaria   de  tales  bienes  para  determinar         si         son         de         uso         público…”».  

«Sobre  el tema a tratar en este instante traigamos lo inicialmente  estipulado  al  respecto  indicándonos el  artículo  107 de la Ley 99 de 1993  (…).  Posteriormente  el Gobierno mediante Decreto  855   de   1994,   que  reglamentó  la  Ley  80  de  1993…en el artículo 15  dice  lo  siguiente (…). Con la reforma introducida  por  la  Ley  388  de  1997  a  la  Ley  9  de  1989,  en  su  artículo 61 nos  dice     (…).     Continuando    con    los  avalúos  de inmuebles…  nos  encontramos  con la expedición del Decreto 2150  de   1995…modificado   por  el  artículo     73    del    Decreto    1122    de    1999…seguidamente   en   el   Decreto   266   del   2000…se   modificó  el  artículo  27  del  Decreto  2150, quedando así…   

Siendo  así,  encontramos   perfectamente   válido  que  para  el  peritaje,  el  haber  acudido  a  una firma particular inscrita legalmente en la  Superintendencia  de  Industria  y Comercio, y con un menor precio para realizar  el    avalúo,    recayendo    tal   labor  en la Lonja de Propiedad Raíz de  Colombia…dejando    en    claro    que  el  DAGMA  acudió en primer lugar  al      IGAC…(Instituto     Geográfico   Agustín  Codazzi)»,             

«Referente  al  avalúo nos preguntamos  si   fue  el  camino  correcto  el  que  empleó  el  Departamento     Administrativo    …la  ruta fue equivocada, de igual forma  fue   mal   aplicada,   pues   no   se   tuvo  en  cuenta  el  parágrafo  del  artículo  27  del Decreto  2150   de   1005,   que   señala:  Si  la  entidad  pública     escoge     la     opción  privada,  corresponderá a la Lonja  determinar,  en  cada  caso,  la  persona  natural o  jurídica   que   adelante   el  avalúo  de  bienes  inmuebles”, pues en el  caso  en  estudio fue el mismo Dagma quien escogió a  la persona natural…».  

«…al  momento de efectuar la negociación  del  precio  El  Rubí no  existía    un   pronunciamiento   unificado   y  claro,  para  llevar  a cabo los peritajes de los  bienes   inmuebles   ubicados   en   los   terrenos   de  protección ambiental rural».             

«…se  realizó  otro  avalúo  llevado  a  cabo  por  LA  LONJA  DE PROPIEDAD RAÍZ  DE  CALI…donde  se  dio  un valor  comercial  al  terreno  de  $253.193.976 pesos, y al  bosque     maderable     un     valor     de     $2.442.371.526,    situación        última   anómala  teniendo  en  cuenta  que…es  imposible  que las especies ubicadas en el  inmueble sean avaluadas…»  

«Ahora  bien,  en  cuanto  a  la  posible irregularidad en que pudo  incurrir  la  ex  directora del DAGMA…al    suscribir    la    promesa   de   compraventa…según     el     concepto     que  emitió     la     oficina     jurídica  del  municipio de Cali en febrero 18 de 2005 y el informe de  hallazgo  de  la  Contraloría  Municipal  de  Calo,  disponiéndose  la correspondiente investigación  disciplinaria   por   parte  del  ente  competente  para  indagar…determinó        que        la  actuación   no   fue  contraria   a   la  Ley,  absolviendo  de  responsabilidad  disciplinaria  a  la  señora       Beatriz       Eugenia.             

«…el   Decreto   0921   de   diciembre   26  de  2001…establece   en  el  parágrafo   del  artículo  séptimo   que   “el  DAGMA,  una  vez  elaborado  el  estudio  de  títulos,  la promesa de  compraventa   y   minuta   de  escritura  de  compraventa,  enviará  a  la  Dirección  Jurídica  de  la  Alcaldía  para su visto  bueno      y      correspondiente     aprobación  (sic).   

Procedimiento  anterior,  que  fue  desconocido por la entonces directora del DAGMA,  en  la  que  no  sólo se sustrae de  enviar    a    la    Oficina    Jurídica   de   la  Alcaldía     para     su    revisión   y   aprobación   la  Promesa  de  compraventa,  sino  que  se  sustrae  de  realizar  el proyecto de promesa,  pues  procedió hacer (sic) la  promesa  firmada  por  las partes, remitiéndola a la  Oficina  Jurídica  para que convalidara un hecho ya  cumplido».  

         

         Nótese,     pues,     que    tanto  ÁNGEL   ALMARIO  como  el  instructor  de  segunda  instancia  aludieron  a  las  mismas  situaciones de  hecho,  examinaron  iguales  elementos  de juicio y refirieron incluso similares  leyes  y decretos; cosa distinta es que uno y otro les hayan dado significados y  alcances  distintos,  lo que escapa de lejos al juicio de responsabilidad penal,  en  el  que no se examina  el  acierto  de  las  decisiones  censuradas,  sino  su  manifiesta  ilegalidad.   

          No  es  posible  sostener  entonces  en  el  presente asunto que la  resolución  proferida  por  el  indiciado,  por  medio  de la cual precluyó la  investigación  seguida  contra Ramírez Vergara, sea ostensiblemente violatoria  de  la  Ley,  pues  aquél no falseó o torció ni las pruebas ni el derecho, no  mutiló  interesadamente la situación fáctica examinada ni la analizó de modo  amañado,  sino  que  resolvió el problema jurídico de manera tal que, si bien  no  fue  compartida  por  su superior, se adscribe de todas maneras a uno de los  distintos   criterioss   razonables   que   admitía   el  caso  sometido  a  su  consideración  y  que  se  desprendía  plausiblemente  del  acervo  probatorio  acopiado.   

Tanto  es  así, que Adriana Inés Colonia  Riveros,   para  entonces  Coordinadora  de  la  Unidad  de  Delitos  contra  la  Administración  Pública,  conoció  el borrador de la resolución antes de que  ÁNGEL   ALMARIO   la   suscribiera   –  situación  sobre  la  que se volverá más adelante –  y la consideró apropiada, esto es,  «muy completa, muy bien argumentada».   

          Ello  descarta  que  se  tratara  de  una  providencia  arbitraria,  caprichosa  o  amañada,  fundamentada  en  razones y consideraciones absurdas e  irrazonables,  y  permite  colegir  por  el  contrario que se fundamentó en una  interpretación  del  derecho y de las pruebas que si bien puede no compartirse,  en modo alguno se ofrece delictiva.   

3.  Incluso  de  admitirse,  en  gracia  de  discusión,  la  tipicidad  objetiva  de la conducta  atribuida  a  ÁNGEL  ALMARO,  lo  cierto  es  que  los  medios  de conocimiento  aportados  por  la  Fiscalía  permiten  concluir,  más allá de toda duda, que  aquél  no  actuó  dolosamente,  sino  con  el  propósito de acertar y decidir  conforme  a  Derecho,  o lo que es igual, que su actuación no es susceptible de  ser  calificada  como  dolosa.              

En  primer  lugar,  se  observa  que  el  incriminado  motivó de manera extensa, detallada y suficiente la resolución de  28  de  agosto de 2008, en la que exteriorizó el mérito otorgado a cada una de  las  pruebas  acopiadas  hasta  entonces y las consideraciones jurídicas que lo  llevaron    a    colegir    la    irrelevancia    penal    de    las   conductas  investigadas.   

Examinó  las situaciones de orden legal y  constitucional  que  tuvo  el DAGMA para promover la adquisición de la finca El  Rubí,  así  como  las  disposiciones  normativas  regulatorias  de los predios  baldíos  y  la  relación  de  estos  con  las  zonas  declaradas  como reserva  forestal, primero, y Parque Nacional, después.   

          A  partir de lo anterior y, con  fundamento  en un análisis del Decreto 1383 de 1940, la resolución 7 de 1941 y  las  Leyes 54 de 1941 y 200 de 1936, concluyó que no existe precisión respecto  del  área  que  comprende el Parque Nacional de los Farallones, como quiera que  en  esas  disposiciones  «no se concretó ni se hizo  una    indicación    precisa    de   los   límites   que   comprendía   dicha  adjudicación…ni   siquiera  se  hizo  la  anotación  en  el  certificado  de  tradición  del  predio»,  de modo que, concluyó, no  era  claro  que  éste  hiciera  parte  de  los  terrenos  afectados  con  dicha  categorización.   

Consideró que la selección de una entidad  privada  para  realizar el avalúo del inmueble fue ajustada a derecho, no   caprichosa  ni injustificada, porque el Decreto 855 de 1994, reglamentario de la  Ley  80  de  1993,  estableció  la  posibilidad  de  hacerlo  si  el  Instituto  Geográfico  Agustín Codazzi no realiza dicha diligencia pasados 15 días desde  la solicitud elevada por la respectiva entidad.   

            Coligió,  a  partir  de  los  elementos  de  juicio  recaudados,  que  el  DAGMA  pidió de dicha entidad, sin  éxito,  la  realización  del avalúo, por lo que acudió finalmente para dicho  efecto  a  una  entidad  privada,  que incluyó el valor del bosque dentro de la  apreciación  llevada  a cabo, asunto sobre el cual de todas maneras no existía  claridad,  pues,  indicó  luego  de  referir  múltiples normas, «al  momento  de  efectuar la negociación del predio “El Rubí”  no  existía  un  procedimiento  unificado  y  claro,  para  llevar  a  cabo los  peritajes   de   bienes  inmuebles  ubicados  en  los  terrenos  de  protección  ambiental».   

          Concluyó que, de todas maneras,  Ramírez  Vergara  actuó  con  la  aprobación  de  las  Comisiones  Técnica y  Jurídica  creadas  por  el  DAGMA,  pero  además,  que  el  avalúo del predio  presentado  por  el  Instituto  Geográfico  Agustín  Codazzi en el curso de la  investigación  penal  fue  muy  similar  al  que  aquélla  tuvo en cuenta para  realizar la compra.   

         Finalmente y, en relación con el  cargo  de  celebración  de  contrato  sin  cumplimiento  de requisitos legales,  señaló   que   esa   conducta   fue   investigada  disciplinariamente  por  la  Contraloría,  que  consideró  que  la misma «no fue  contraria  a la Ley», por ende, que no había lugar a  ningún reproche.   

        Así  pues,  se  evidencia  que  la preclusión ordenada por ÁNGEL  ALMARIO  fue  producto  de un estudio concienzudo y detallado tanto del material  probatorio  como  de  la  normatividad aplicable a la situación de hecho, en el  que  consignó de manera clara y concreta cada una de las consideraciones que lo  llevaron  a  la  convicción  de  que  no  era  procedente  llamar a juicio a la  sindicada;  razones  que,  aunque se estimen equivocadas, no se ofrecen absurdas  ni  irrazonables,  máxime que se trataba de un asunto ciertamente complejo, que  presentaba     dificultades    hermenéuticas,    jurídicas    y    probatorias  relevantes.   

           En  todo  caso,  se  acreditó  mediante  la  correspondiente  hoja  de  vida  que  el  nombrado  no  tiene  una  preparación  académica  orientada  a  la  ciencia  penal,  pues  es  abogado y  especialista  en  Derecho  Comercial,  como  también  que  para la fecha de los  hechos  no  tenía experiencia significativa en el cargo ni en la resolución de  asuntos  de  esa  complejidad,  toda  vez  que, aunque había realizado encargos  esporádicos  como  Fiscal, se desempeñaba permanentemente como Asistente grado  II.   

            En   ese   orden,  no  puede  sostenerse,  con fundamento en sus antecedentes profesionales y académicos, que  tuviera  conocimientos y experiencia que hagan irrazonable sostener que el yerro  en   que   incurrió  fue  consecuencia  de  la  interpretación  y  aplicación  equivocada, no dolosa, de la Ley.   

        Pero  lo  que  definitivamente descarta como hipótesis posible que  el  entonces  Fiscal  tuviera el propósito desviado de decidir en contravía de  la  Ley, de desatinar, es que, además de desplegar la diligencia necesaria para  documentarse  sobre  los  problemas de derecho relevantes al caso que examinaba,  se  asesoró de varios de sus colegas para el estudio y resolución mismo, tanto  antes  de  proferir  la decisión censurada, como después de haber elaborado el  proyecto que finalmente suscribió.   

Así  lo  dijo,  en  entrevista  de  17 de  noviembre  de  2010 Adriana Inés Colonia Riveros, para entonces Coordinadora de  la  Unidad  de Delitos contra la Administración Pública, por quien se conoció  que  ÁNGEL ALMAGRO le «comentó que se iba a poner a  estudiar  la  legislación y normatividad…porque sabía lo complejo que era».  Agregó    que   le   consta   que   «le dedicó mucho tiempo al análisis de ese proceso».   

        En  similar  sentido declaró Alba Doris Burbano Torres, Fiscal 6°  de  la  Unidad  de  Delitos  contra  la Administración Pública, quien el 12 de  octubre  de  2011  manifestó  que  el  indiciado  se acercó en alguna ocasión  hacerle  saber que luego de examinar el asunto, se inclinaba por la preclusión,  a  lo  cual  respondió que «para tomar esa decisión  se  asesorara  de  toda  la  normatividad preexistente, le (marcó) un derrotero  sobre  qué  normas  debería consultar, a lo que…manifestó que ya él había  consultado todas esas normas».   

Posteriormente  y,  como  ya  se  indicó,  cuando   había   construido   el   bosquejo   de   la  decisión,  lo  sometió  consideración  de  Colonia  Riveros, para que ésta lo revisara y le presentara  sus  comentarios  y observaciones sobre su contenido.             

Así   lo   afirmó  ÁNGEL  ALMARIO  en  interrogatorio  realizado  el  13  de  octubre  de  2010,  en el que sostuvo que  «cuando  tenía  la  decisión  casi  lista, (se) la  pasó  en  la  memoria  del  computador…para  que…la revisara»,  y lo ratificó aquélla en la declaración citada líneas arriba.   

Si  la voluntad del nombrado era pervertir  el   ordenamiento   jurídico,   imponer   su  arbitrio  sobre  la  Ley,  actuar  ilícitamente,  ningún  sentido  tendría que se sometiera al escrutinio de sus  colegas,  menos  aún,  que  permitiera la revisión del proyecto de providencia  por  parte  de  uno de ellos a efectos de recibir sugerencias sobre el contenido  de  la  misma,  lo  cual  revela, por el contrario, la intención inequívoca de  acertar, de adoptar una decisión justa y ceñida a derecho.   

Ello  niega  necesariamente  la  tipicidad  subjetiva  de  la conducta, como quiera que ésta sólo se verifica, se insiste,  al  estar demostrado «que hubo una actitud consciente  y  deliberada  de  contradecir de manera rampante y ostensible el texto legal…  el  afán  de  hacer prevalecer el capricho o el interés personal a toda costa,  que  se obre con malicia o mala fe, esto es, que el dolo sea directo»3.   

Ya  la  Sala,  en  pretérita  ocasión,  descartó  el  dolo  en  la  conducta  de  un  Fiscal  que, aunque profirió una  decisión  manifiestamente  contraria  a  la  Ley, lo hizo luego de asesorarse y  discutir el asunto con su equipo de trabajo, así:   

«De  las  pruebas referidas en necesario  concluir   que   el   acusado   en  calidad  de  fiscal  primero…realizaba  la  coordinación,  dirección  y control de la investigación de manera socializada  con  todos  los  funcionarios  de  policía  judicial  que  se  encontraban a su  servicio,  por  lo  tanto  no  existían decisiones arbitrarias ni unipersonales  proferidas  por…  sino  que  por el contrario se emitían luego del estudio en  conjunto  que  se  hacía  con  sus asistentes.  Del relato hecho por… se  extrae  que  el  manejo otorgado a la denuncia instaurada por… fue eficiente y  oportuno,  además  de  garantizar  los  derechos  de  la víctima, circunstancias  que  denotan  la inexistencia de mala fe por parte  del  fiscal  en  la  investigación  cuestionada o su  parcialidad     a    favor    del    indiciado»4         (negrilla fuera del texto).   

Ciertamente, quien acude a otros – máxime,  como  lo  hizo el aquí incriminado, con mayor experiencia o conocimientos en la  materia  –  a efectos de informarse para proferir una decisión correcta, actúa  con  el  designio  incuestionable  de  ajustar su comportamiento al ordenamiento  jurídico  y  no  de torcerlo ni desconocerlo, esto es, sin ánimo de ajustar su  conducta   al   dolo   y   al  ingrediente  subjetivo  que  tipifican  un  obrar  prevaricador.   

Que  la  decisión  se haya adoptado en el  corto  término  de  su encargo como Fiscal nada dice sobre el aspecto subjetivo  de     la     conducta,     pues     todos    los    declarantes    –   Adriana  Inés  Colonia  Riveros,  Armando  Rodríguez  Cortázar, Alba Doris Burbano Torres, Deiciy Emilia García  Rentería  – coincidieron en señalar que existían instrucciones expresas de la  Dirección  en  el  sentido  de que debía calificarse el mérito del sumario de  manera  prevalente  y  expedita  en  las  investigaciones  en las que se hubiera  decretado el cierre.   

Esa era precisamente la situación procesal  de  la  actuación  seguida  contra  Ramírez  Vergara, en la que el titular del  despacho,  Jaime  Montaño  Campiño,  había  dispuesto,  mediante decisión de  marzo 6 de 2008, clausurar la instrucción.   

En  ese  orden, no se puede derivar de esa  circunstancia  un  indicio  de  que  ÁNGEL ALMARIO quiso arrogarse la decisión  sobre  el  asunto para resolverlo ilícitamente, pues esa conducta respondió al  cumplimiento   de   las   directrices   emanadas   del  nivel  directivo  de  la  entidad.   

         

Así,  la  Sala  concluye  que la conducta  investigada  es atípica, como quiera que las pruebas acopiadas por la Fiscalía  en  el desarrollo de la indagación demuestran que el indiciado no actuó con la  intención  de  decidir  contrariamente  a  derecho cuando resolvió precluir la  actuación  que  se  seguía Ramírez Vergara, sino con la convicción de que la  providencia  proferida era acertada y ajustada a la Ley; certeza que cimentó no  sólo  en  el  estudio  detenido  tanto de la prueba allegada al expediente y la  normatividad  aplicable,  sino  también  en  la  opinión  y  criterio  de  sus  colegas.            

Lo anterior lleva a afirmar configurada la  causal  de  preclusión  definida  en el numeral 4° del artículo 332 de la Ley  906  de  2004.  En  consecuencia,  se revocará el auto de primer grado y, en su  lugar, se decretará la preclusión de la investigación.   

En  mérito  de  lo expuesto, LA    SALA   DE   CASACIÓN   PENAL   DE   LA   CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA,   

RESUELVE:  

       REVOCAR       el      auto  de  marzo  13  de  2015,  por  medio  del  cual  una Sala de  Decisión   Penal   del   Tribunal   Superior   de  Cali  negó     la     solicitud     de     la  Fiscalía.     En    su    lugar,    PRECLUIR  la investigación  que  se  sigue  contra  JOSÉ  LUIS  ÁNGEL  ALMARIO,  como  posible  autor del delito de  prevaricato  por acción.             

Notifíquese  y  cúmplase,   

JOSÉ   LUIS   BARCELÓ   CAMACHO

Magistrado   

JOSÉ   LEONIDAS     BUSTOS    MARTÍNEZ

Magistrado   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO

Magistrado   

EUGENIO       FERNÁNDEZ CARLIER

Magistrado   

GUSTAVO    ENRIQUE   MALO   FERNÁNDEZ

Magistrado   

EYDER   PATIÑO  CABRERA   

Magistrado  

PATRICIA    SALAZAR    CUÉLLAR

Magistrada   

LUIS     GUILLERMO   SALAZAR OTERO   

Magistrado  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Cfr.  CSJ AP, 30 de julio  de 2014, Rad. 44042.   

2 CSJ  SP, 6 de diciembre 6 de 2012, Rad. 37.370.   

3 CSJ  SP, 11 nov. 2009, rad. 31.190.   

4 CSJ  SP, 21 sep. 2011, rad. 37.205.     

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