AP4264-2014(41444)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Magistrado Ponente  

AP4264-2014  

Radicación N° 41444  

(Aprobado acta Nº 243)   

          Bogotá,  D.C.,  treinta  (30)  de  julio de dos mil catorce (2014).   

          Procede  la  Sala  a  verificar  los  requisitos de lógica y debida  argumentación  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor de  MARÍA  DE  LOS  ÁNGELES  REINA  ESCOBAR.    

H E C H O S  

          Fueron   expuestos  en  las  diligencias  de  la  siguiente  manera:   

“Los    que    fueron    considerados  jurídicamente   relevantes   por   la   Fiscalía,   señalan  que  labores  de  inteligencia  llevaron  a develar la existencia de una organización dedicada al  tráfico  de  estupefacientes, la cual estaba conformada principalmente por diez  miembros  de  la  familia  Narváez  Reina,  que  se  ocupaban del transporte de  cocaína  utilizando  embarcaciones semi-sumergibles, autopropulsoras, pesqueras  y  lanchas  rápidas  que  zarpaban  de  la  costa  nariñense  y  el  puerto de  Buenaventura,    con    destino   a   México   y   posteriormente   a   Estados  Unidos.   

Con  ocasión de estas actividades desde el  14  de  enero  de 2009, pesa en contra de Hader Narváez Reina alias “Poli”,  orden  de  captura  con fines de extradición proferida por una Corte de Estados  Unidos  para el Distrito medio de la Florida, en la medida en que se le acusa de  haber transportado una cantidad superior a 50 kilos de cocaína.   

Las  investigaciones  adelantadas  también  dejaron  al  descubierto  la  identidad  de  un  grupo  de personas que en forma  directa  o  indirecta,  estaban  incrementando  su  patrimonio  con  el  capital  derivado  del  transporte  y  comercio  de  alcaloides,  entre  ellos,  su grupo  familiar  del  que  hace  parte MARÍA DE LOS ÁNGELES  REINA  ESCOBAR  quien de conformidad con sus reportes  bancarios  y  los  resultados  de  los  procesos fiscalizadores surtidos ante la  DIAN,   acrecentó   su   capital   en   $135.436.000,   sin   ningún  respaldo  legal”.   

A N T E C E D E N T E S  

          1.  Culminada la  fase  del  juicio  y  anunciado el sentido condenatorio del fallo por el Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito Especializado de Cali (Valle), estrado judicial al  que  correspondieron  las diligencias, se dictó sentencia el 20 de noviembre de  2012,  a  través  de la cual se impuso a MARÍA DE LOS  ÁNGELES   REINA  ESCOBAR  las  penas  principales  de  prisión  por nueve (9) años y multa de doscientos setenta millones ochocientos  setenta  y  dos  mil pesos ($270.872.000) y la accesoria de inhabilitación para  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas por el término de la sanción  privativa  de  la  libertad, al habérsele hallado autora responsable del delito  de  enriquecimiento  ilícito de particulares (artículo 327 del Código Penal).  Se  le  negó  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de la pena y la  prisión                domiciliaria.1   

          2.  Apelada  esta  determinación por la defensa, fue modificada por  el  Tribunal  Superior del Distrito Judicial de Cali -Sala Penal- el 13 de marzo  de  2013,  en  el  sentido  de  fijar la pena de multa en ciento setenta y cinco  millones  doscientos  ochenta y ocho mil pesos ($175.288.000), confirmándola en  lo demás.2   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

          El  defensor  de REINA ESCOBAR interpuso  el  recurso  extraordinario para postular un cargo     principal    y    dos  subsidiarios  en  contra del fallo de  segunda instancia.   

          En    el    cargo   principal,  formulado al amparo de la causal segunda de casación prevista en  el  artículo  181  de la Ley 906 de 2004, pide   la   nulidad  de  la  actuación  por  haber  conculcado  los  juzgadores,  a  su  juicio,  los  artículos  7°  y  381  de  esa normatividad,  referidos  a la presunción de inocencia y el conocimiento requerido para dictar  condena.   

          Luego  de transcribir los argumentos que sustentaron la declaratoria  de      responsabilidad,      asegura      que      con     una     “amañada”      e     “infortunada  cita jurisprudencial” se  malinterpretó  en  la  sentencia el instituto de la carga de la prueba en tanto  esta,  en materia penal, impone al Estado acreditar que la persona sometida a un  proceso  es  responsable de la conducta punible que le endilga, por lo que no se  puede,  como se exigió en este asunto, invertirse tal razonamiento para que sea  el implicado quien deba demostrar su inocencia.   

          En  ese  entendido,  translitera jurisprudencia acerca del principio  de  presunción de inocencia y sostiene que la Fiscalía efectuó señalamientos  en  contra  de su prohijada con fundamento en un dictamen contable inconsistente  que,  a  las  voces  de  la  judicatura, estaba en la obligación de desvirtuar,  “rompiendo  [así]  con  la  estructura del derecho  penal”.  Por  ende,  en  concepto  del libelista, la  condena  únicamente  compendia  especulaciones extraídas de una intrascendente  diferencia  aritmética,  producto del error en el que incurrió la contadora de  REINA ESCOBAR al sobrevalorar  unos  activos  en  su  declaración  de  renta del año 2008, dislate que la ley  tributaria inclusive permite subsanar, lo que a la postre sucedió.   

          En  consecuencia,  la  vulneración de los preceptos aludidos, dice,  condujo   una   carga  antijurídica,  excesiva  y  transgresora  del  postulado  constitucional  de la buena fe que conlleva a la invalidación de la diligencias  a  partir  del  proveído  de  primera  instancia, para de esta manera dar cabal  observancia a las formas propias del juicio.   

          Por   su   parte,   en  el  cargo  primero  subsidiario, también presentado por vía de la causal  señalada  en precedencia, denuncia una deficiente motivación de la sentencias,  ya  que, sostiene, omitieron indicar la conexión entre las pruebas incorporadas  a  la  actuación y la responsabilidad penal de la inculpada, al punto que no se  aprecia  que  se  haya  establecido de manera fehaciente la existencia del hecho  investigado.   

          Bajo  esa  perspectiva,  retoma la premisa relativa a que una simple  inconsistencia  en  la  declaración  de  renta de la acusada dio lugar a que se  tipificara   esta   conducta   en  el  delito  de  enriquecimiento  ilícito  de  particulares,  sin  que  se  hubiese  especificado  cuál era su patrimonio para  cotejarlo  con  los  ingresos  que  lícitamente  obtuvo  en  su  actividad como  comerciante,  en  aras  de determinar un hipotético excedente injustificado. De  este  modo, y después de transcribir, de nuevo, jurisprudencia sobre el alcance  del  principio  de  presunción  de  inocencia,  solicita  decretar la nulidad a  partir  de  la  sentencia de primer grado, con el fin de corregir este vicio que  de  no  haber  ocurrido,  en  su  concepto,  hubiese  conducido  a  dictar fallo  absolutorio.   

          Por   último,   en   el   cargo  segundo  subsidiario,  invocando  la  causal tercera del artículo 181 ibídem,  aduce la existencia de falsos raciocinios  en  la  valoración  probatoria que recayeron en el análisis del testimonio del  investigador  Hernando  Luis García Morales y de la perito del CTI Deisy Jasmin  Espitia  López.  Lo  anterior,  porque  el  primero  informó  de un incremento  patrimonial    de    REINA    ESCOBAR   que  no  era  consistente  con  su  actividad  y  dio  cuenta de sus  vínculos  con  personas  asociadas  al narcotráfico, pero de dicha probanza no  puede  inferirse,  como lo hizo el Tribunal, relación con ilícitos o que estos  expliquen     su     patrimonio,    puesto    que    en    la    “judicialización”    del   denominado  “clan   de   los   Narváez   Reina” no se le involucró.   

          Y  en  cuento  a  la  segunda, tratándose del dictamen pericial que  reportó   una  diferencia  no  justificada  de  $87.644.000  en  el  patrimonio  declarado  en  el  año  de  2008 se incurrió en imprecisión, toda vez que esa  divergencia  no  corresponde  a  un  enriquecimiento ilícito sino a un cálculo  erróneo,  lo  que  no  constituye  delito,  y  en particular cuando el Tribunal  descartó  tratándose  de  otros bienes que tuviesen una procedencia irregular.  Por  ende, el razonamiento relativo a que no es lógico que una persona suscriba  una  declaración  de  renta  inconsistente atenta contra el Estatuto Tributario  que  permite corregir este tipo de balances, “lo que  implica  que, si el legislador se ocupó del asunto, es porque tal circunstancia  es  de  común  ocurrencia,  sin  que  de  ella se desprenda ilicitud alguna”,  máxime si quienes diligencian este tipo de documentos  son contadores y no los contribuyentes.   

          De  igual  modo,  asevera  que  es  una  inferencia  desacertada del  juzgador  de  segundo  grado considerar que no se puede radicar en el patrimonio  de  la  acusada  un  préstamo  de $150.000.000, porque este le fue otorgado por  Bancolombia  a  su  cónyuge,  ya  que  en  la escritura pública 2836 del 14 de  diciembre  de  2006  de  la  Notaría  Segunda  de  Buenaventura, aparece que es  deudora  de  esa  entidad  al  constituir a su favor una hipoteca por ese monto,  “circunstancia  que  deja  en  evidencia  el  falso  raciocinio  que  emite  el  ad-quem  debido  a su errada apreciación del legajo  probatorio”,  y  que  da  lugar  a  concluir,  en su  criterio,  que  pudo ser beneficiaria de recursos de origen lícito “sin  que  resulte  ajustado  a  la  lógica y al sentido común,  deducir en contrario, como equivocadamente lo hace el Tribunal”.   

          La  trascendencia  de  los  yerros  la afinca el censor en que de no  haber  acaecido estos, la decisión seguramente hubiese sido absolutoria, puesto  que,  insiste,  la Fiscalía no logró demostrar la materialidad de los hechos y  la  acción  penal  simplemente  recayó  en  una  inane  diferencia  numérica,  recabando  en  las premisas expuestas en los cargos anteriores para solicitar la  revocatoria  de  las  sentencias y, en su reemplazo, la emisión de “la que en derecho corresponda”.   

            

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

          1.  Con  la  reseña de la demanda se advierte cómo en ella brillan  por  su  ausencia  los  parámetros  de  lógica  jurídica con los cuales ha de  invocarse  la intervención de la Sala en sede extraordinaria, circunstancia que  derivará     en     su     inadmisión.   

          2.   La   casación,   según   lo   ha   indicado   ampliamente  la  jurisprudencia,  no  es una tercera instancia del proceso penal ni constituye un  escenario  propicio  para  disentir  de  cualquier  manera de la interpretación  normativa  o  de  la  valoración  probatoria efectuada por el juzgador, tampoco  para  detectar  cualquier  clase  de  irregularidad  en  el trámite surtido. El  recurso  extraordinario  y la intervención de la Corte conforme el principio de  limitación,  por  regla  general,  se  restringe  a  verificar  si  la  demanda  contentiva   de  la  impugnación  acredita  errores  trascendentes  que  pueden  cometerse  en  las  diligencias  sintetizados  de forma taxativa en las causales  legales  que  lo  hacen  procedente,  en el presente asunto, las previstas en el  artículo 181 de la Ley 906 de 2004.   

          El  casacionista  no  debe  perder  de  vista  que  la lógica de la  actuación  se  refleja  en  dichas  causales  y que los deberes de una correcta  postulación  y debida fundamentación tienen su razón de ser en que el recurso  es  de  naturaleza  rogada,  de  ahí  la  exigencia de un mínimo de claridad y  precisión  en la presentación del caso al tenor del artículo 183 ibídem. Por  tanto,   no  hay  lugar  al  sustento  argumentativo  fundado  en  vaguedades  o  encaminado  a que la Sala analice las pruebas como juez de instancia, pues no se  trata  de  prolongar  la  controversia  que  feneció  con  la  emisión  de una  providencia  amparada  con la doble presunción de acierto y legalidad (Cfr. CSJ  AP, 18 Ago 2010, Rad. 33559).     

3.  Desde  esta  óptica,  es  palmario  que  ninguno  de  los  mencionados  aspectos lógico-conceptuales fueron considerados  por  el  recurrente,  ya  que  solo  plasmó  en la demanda, sin ningún soporte  argumentativo  consistente,  su  llana inconformidad con la decisión de segundo  grado.  En  otras  palabras,  en  vez  de  evidenciar  en  forma dialéctica las  infracciones  a  las  que  alude,  se  dedicó  confusamente  a  lanzar diversas  críticas  ajenas  a  la  naturaleza  de  las  causales de casación que invoca.  Véase:   

          3.1.  La  nulidad es un instituto que, en desarrollo de la garantía  fundamental  al  debido  proceso,  procede  cuando  en  la  actuación  penal se  vulneran  los  presupuestos de validez que sustentan el ejercicio de la facultad  sancionatoria  del  Estado, bien sea, para los fines del recurso extraordinario,  al  desconocerse  la  estructura del trámite o por conculcarse los derechos que  les  asisten  a  quienes  en el intervienen, siempre que con la irregularidad se  genere  una  afectación de tal magnitud que haga imperioso dejar sin efectos la  actividad   que   la  ocasionó,  y  aquellas  que  se  deriven  o  dependan  de  ella.       

         

          Así,   tradicionalmente,   se  ha  escindido  esta  figura  en  los  denominados  vicios  de  procedimiento  y de garantía que dan lugar a rescindir  los  actos  judiciales  agotados  sin  el  lleno  de  los  requisitos normativos  pertinentes,  de  colmarse los principios para arribar a esa determinación como  remedio   extremo   (taxatividad,  protección,  trascendencia,  convalidación,  instrumentalidad y residualidad).   

          Ahora  bien,  si  se denuncia el desconocimiento del debido proceso,  el  marco de verificación de tal afirmación necesariamente está vinculado con  el   artículo  29  de  la  Carta  Política,  que  consagra,  entre  otros,  el  acatamiento  a  los  principios de legalidad, juez natural, a las formas propias  del  juicio,  al  derecho  de impugnación y el respeto a la prohibición de ser  juzgado dos veces por el mismo hecho.   

          3.2.  De  esta manera, las premisas elucubradas por el recurrente en  el  cargo principal dirigidas  a  lograr  la  absolución  de  su  prohijada,  en  estricto sentido, no guardan  relación  con  la  causal de casación en que se ampara el reclamo al abordarse  una  discusión  sustancial  y  probatoria  que  no  se compadece con las pautas  señaladas.  Es decir, pese a que el principio de presunción de inocencia opera  como  garantía  fundamental,  en  este  caso,  su  presunto  desconocimiento lo  supedita  el  libelista  al  alcance  que  para  los  juzgadores  ostentaron los  elementos  de juicio aportados por la Fiscalía, y no a la eventual trasgresión  de  su vigencia como criterio orientador de las actuaciones de la judicatura, al  punto  de  que  la  polémica  la  hace recaer en la decisión de condena con la  cual, precisamente, se desvirtúa dicha presunción.   

          En  ese  orden, si pretende demostrar que los medios de conocimiento  que  sustentaron  la  declaratoria  de responsabilidad en contra de REINA    ESCOBAR    no   eran    idóneos    para   arribar   a   esa  determinación  e  incapaces de infirmar la presunción de inocencia, la vía de  proposición  del  cargo  es  la  violación  directa  o  indirecta  de  la  ley  sustancial  e  impele  acreditar  que  el  juzgador  incurrió en un yerro en la  aplicación  del  derecho  o  en la apreciación de esos elementos suasorios que  condujo  a la aplicación indebida o a la interpretación errónea del delito de  enriquecimiento  ilícito  de  particulares,  o  a  la  falta de aplicación del  artículo  7°  de  la  Ley  906  de  2004,  que contempla además de la aludida  garantía   los   principios   de   carga   de   la  prueba  y  de  in dubio pro reo.   

          Esta  deficiente  postulación  conceptual,  entonces,  incide en la  lógica  del  reparo,  puesto que el errado entendimiento del instituto y de los  principios  en  comento  indica  que  es la mera divergencia de criterios la que  soporta la petición de invalidación.   

          3.3.  Aunado  a  ello,  debe decirse que la presunción de inocencia  que   se  reclama  con  vehemencia  es  de  aquellas  presunciones  iuris  tantum,  es decir, admite prueba en  contrario  y  puede  ser  desvirtuada  merced a una actividad probatoria como la  desplegada  por  la  Fiscalía  en este caso, la que de contera, dio lugar a las  providencias impugnadas.   

          Así  las  cosas,  no  solo  el  dictamen  contable  aportado  a las  diligencias  donde  se  estableció un incremento injustificado en el patrimonio  de  REINA  ESCOBAR condujo a  los  juzgadores  a  determinar  la  concurrencia  de  los  elementos  normativos  previstos  en  el  artículo  327  del  Código  Penal.  No  sucedió, según lo  auspicia   el   demandante,   que  una  elemental  diferencia  numérica  en  la  declaración  de renta fue la que fundamentó esta conclusión, puesto que otros  elementos  de  juicio  confluyeron  para  colegir  que  ese desfase obedeció al  ingreso  a  su  haber  de  dineros  producto  del  narcotráfico,  conforme  las  gestiones investigativas que develaron tal circunstancia:   

“Para la Sala es claro que la Fiscalía en  su  labor  investigativa  pudo  acreditar  por  medio del testigo Hernando Luís  García  Morales  que  la  familia  Narváez  Reina  había  incursionado  en el  tráfico  y  comercio  de  sustancias  estupefacientes,  que dicha organización  contaba  con  Hader Narváez Reina alias “Poli”, con orden de extradición a  los  Estados  Unidos,  Harold  Narváez  Reina  alias  “Pata”, Luís Martín  Narváez   Reina   alias   “Fila”   y  José  Manuel  Narváez  Reina  alias  “Bollito”.  Que  se  pudo  comprobar  igualmente  la  ubicación  de algunos  inmuebles  y  muebles,  los  cuales  estaban  siendo  registrados  a  nombre  de  familiares,  amigos  y  empleados,  Que  atendiendo  ese  rastreo se llega a las  embarcaciones  de nombre “La Joda” y “Don Ramón”, cuya propiedad estaba  registrada  a  nombre  de MARÍA DE LOS ÁNGELES REINA  ESCOBAR, quien era hermana de Arley Reina y esposa de  Horacio   Aguirre   Perea   que  se  encuentra  extraditado  por  el  delito  de  narcotráfico.  De  allí  se  desprende  el  hilo  conductor para investigar la  situación  contable  de  la  procesada  tal  como  lo  informó el investigador  García                  Morales”.3     

          Nótese,  que  no  fue el azar ni el capricho lo que conllevó a que  se  efectuara un estudio del patrimonio de la procesada, en tanto ello obedeció  a  factores  indicativos  que  la  señalaban  como  una  de  las  receptoras de  capitales  provenientes  de  las actividades delictivas a las que se dedicaba su  núcleo     familiar.                  En  ese  orden,  una  vez  endilgado por el ente  acusador  dicho  incremento  asociado  al  narcotráfico  le correspondía en el  juicio  desvirtuar  tal  coyuntura  a  través  de  la  demostración  del hecho  contrario,  es  decir, que sus ingresos provenían de faenas lícitas. Ese es el  entendimiento  que  debe  conferírsele  al  concepto  de  carga dinámica de la  prueba  según  lo  recalcaron de forma prolija los juzgadores, del tal modo que  no  es cierto que se haya trocado esta noción y sobre todo porque en el sistema  procesal  de  la Ley 906 de 2004, corresponde a cada actor, fiscalía y defensa,  de  acuerdo  con  las  condiciones  del  caso,  evidenciar  el  soporte  de  sus  pretensiones:   

“Se  dice  que  la  carga de la prueba en  material   penal,   por  virtud  del  principio  de  presunción  de  inocencia,  corresponde  al  ente  encargado  de  investigar y acusar, lo que implica que el  procesado  queda relevado de probar la no perpetración del hecho delictivo y su  no  culpabilidad. Empero a dicha regla mal puede dársele el alcance de llegar a  afirmar  que  el acusado no tiene la obligación de acreditar las circunstancias  exculpativas que alega en su favor […]   

[…]  La  carga  de  la prueba implica la  necesidad  de aportar el medio de convicción que acredita un hecho, obligación  que  recae  sobre  quien  lo  alega  en  su  favor,  de  donde  pueden derivarse  consecuencias  adversas por la actitud procesal de las partes, en caso de que en  el  trámite  se  extrañe  la  prueba  del  hecho que beneficia a una de ellas,  pudiendo  ser  aportada  por  aquel al que favorece, ante la demostración de lo  perseguido por el adversario.   

La  carga  de  la prueba en el campo penal  como  manifestación  del  principio de presunción de inocencia y del derecho a  la  igualdad,  no  se torna absoluta como para que se avale la actitud pasiva de  la  parte  acusada,  pues  en situaciones en las que emerge una dificultad en la  parte  acusadora para probar determinado hecho, pero la parte acusada cuenta con  la  facilidad de aportar el medio necesario para ello, siempre que beneficie sus  intereses,  se hace necesario restablecer el equilibrio en procura que la prueba  de  la  circunstancia controvertida, sea aportada por la parte que puede acceder  al  medio  de  convicción.  Es  lo  que  se  conoce como la categoría de carga  dinámica  de  la  prueba, inicialmente desarrollada en el derecho privado, pero  ahora  aplicable  al  derecho  penal  sin  que  se  transgreda la presunción de  inocencia.   

En un sistema procesal acusatorio en el que  no  rige  el  principio  de  investigación  integral, es claro que la actividad  probatoria  de la fiscalía y la tarea de desvirtuar dicha presunción, se agota  con  la demostración de los hechos en los que funda la acusación, al igual que  la  ejecución  de los mismos en cabeza del sindicado, así como el conocimiento  que  debe  expresar  a  la  defensa  acerca  de  la  existencia  de  un medio de  convicción  favorable  a  sus  intereses.  De  allí que la defensa adquiera el  compromiso  de  demostrar  las circunstancias que se opongan al soporte fáctico  de  la  acusación,  pues  de lo contrario el procesado se expone a una condena.   

«Por  ello y a pesar de la presunción de  inocencia,   no   puede  negarse  la  existencia  de  un  interés  del  acusado  (presupuesto  básico para hablar de carga de la prueba formal) en acreditar los  hechos  que  se opongan a la pretensión acusatoria. Por supuesto dicho interés  surge  una vez que la acusación haya aportado pruebas de cargo, en cuyo caso su  pasividad,  será  causa  suficiente  de una sentencia condenatoria 4»”.  (CSJ SP, 25 May 2011, Rad. 33660,  reiterada CSJ AP, 11 Sep 2013, Rad. 41505)   

En otras palabras, no puede asumirse que en  la  arquitectura del modelo procesal correspondía a la Fiscalía en este asunto  no  solo  demostrar los elementos en que sustentaba la acusación, sino también  el  cariz negativo de su teoría del caso, o sea, qué ingresos al patrimonio de  la   acusada   en   el  año  de  2008  eran  legítimos,  al  tratarse  de  una  incompatibilidad  refractaria a la lógica en que se desenvuelve su rol y porque  el  llamado a agotar esa carga era la defensa, se reitera, pues era su prohijada  la  que  estaba en condiciones de avalar con los soportes de rigor el asidero de  tal    premisa,    en    el    evento    de   que   fuere   así.   Entonces,  no deja de ser una aspiración  fallida  que  las gestiones  encaminadas   a   demostrar   su  tesis  corrían  por  cuenta  de  la  contraparte  y  no  tiene cabida que  traslade  las  consecuencias  de  su  inercia  en ese  sentido           al           Estado.   

         Esta  anómala  comprensión  del tema es lo que a la postre explica  que  haya  presentado el reparo invocando la nulidad de la actuación, ya que al  contrario  de  lo  reglado  en  la Ley 600 de 2000, no rige para la Fiscalía el  deber  de  investigación integral cuya violación, en sede extraordinaria, debe  presentarse   en   ese   contexto   bajo  la  égida  de  la  invalidación  del  proceso.   

         3.4.   Por   todo   lo   anterior,  se  tiene  que  el  cargo             principal se apoya en la mera discrepancia  de  pareceres respecto de la valoración probatoria acometida, antagonismo ajeno  a  la  naturaleza  de  la  casación,  ya  que no se trata de una fase apta para  procurar  la  continuación de un debate ya finiquitado, como aquí se intentó,  razón   por   la  cual  será  inadmitido.    

         4.  En  cuanto  a la indebida motivación de la sentencia denunciada  en    el    cargo   primero   subsidiario,  el  aserto no  supera  lo  infundado, toda vez que el Tribunal dio amplia cuenta de los motivos  que  lo  condujeron  a  su  determinación  luego de analizar las premisas de la  apelación  constitutivas de impugnación, retomar los aspectos cardinales de la  discusión  jurídico-procesal  suscitada  en las diligencias y así concluir en  la  existencia  de  un  incremento  patrimonial  no  justificado  proveniente de  actividades delictivas:   

“Resume  la  defensa  la  manera  como la  perito  Deisy  Yasmin  Espitia  López  realizó  sus  cálculos  para emitir el  informe  contable  respectivo,  y  señala  que  no  se  verificó  a que bienes  patrimoniales  correspondía esa cifra total del patrimonio líquido que muestra  la  declaración  de  renta.  Que además no se estudiaron documentos anexos que  explicaran  cada  ítem de la declaración de renta […] Se cuestiona que cómo  es  posible  que  se  condene  a su prohijada con base en un informe donde no se  establecieron  cuáles  fueron los bienes patrimoniales que se incrementaron sin  justificación […]   

La defensa alude al informe patrimonial que  fue  realizado por la contadora pública Ana Erline Gómez, quien fue contratada  por  la  procesada  para  realizar  su  perfil  económico. La Sala ha tenido la  oportunidad  de  valorar la declaración de esta perito y perfectamente se puede  evidenciar  que  su  labor metódica de justificar los valores que la perito del  CTI  considera como patrimonio no justificado tiene su razón de ser en que esta  última  perito no evaluó los anexos a las declaraciones de renta que presentó  la  procesada  para  los años 2002, 2005, 2006 y 2008. La perito contable Deisy  Yazmin  Espitia  López,  profesional  que  se encargó de realizar el análisis  contable  y  quien informó fehacientemente como realizó su experticia, aceptó  que  no tuvo en cuenta los anexos de las declaraciones de renta de la procesada,  y  ello  obviamente  radica  en  que  la  declaración  de  renta es un acto que  realizan  las personas naturales o jurídicas que están en el deber de declarar  su  patrimonio,  sin  que  sea  necesario  allegar  ante  la DIAN los documentos  respectivos que sirvan de soporte a su declaración […]   

[…]  En  lo que respecta al año 2008, la  Sala  debe  manifestar  que  a pesar de los ingentes esfuerzos realizados por la  defensa,  no  se pudo justificar en debida forma el incremento del patrimonio de  la  acusada en la suma de $87.644.000. Aclaró la defensa que la declaración de  renta  presentada del año 2008 quedó mal elaborada debido a que ese patrimonio  declarado  no  corresponde al patrimonio real de la procesada y que se corrigió  posteriormente  para  el  1  de  noviembre  de 2011. Que atendiendo ese error la  perito  contable del CTI realizó el estudio con esa primera declaración. Sobre  este  tópico  considera  la  Sala que si bien las declaraciones de renta pueden  corregirse  posteriormente,  la  corrección  presentada  extemporáneamente  no  tiene  efectos  vinculantes para la DIAN porque tal como lo manifestó la perito  del  CTI  solo  se  entiende  presentada  la  primera declaración, toda vez que  dentro  de  los  dos  años  posteriores  a  la  declaración no se hicieron las  correcciones  respectivas. Como el interés de la defensa es el de desvirtuar el  valor  del  patrimonio  injustificado que presentó la Fiscalía, debía haberse  allegado  al  plenario la información contable que demostrara los valores de la  declaración  de  renta corregida para el año 2008. En el informe que presentó  la  contadora  pública de la defensa, solo se hace una relación de los activos  fijos  y  la manera como estaban representados en bienes sin ningún soporte que  acredite  la  titularidad  de  esos valores, además no se encuentra lógico que  una  persona  que  no  posee  tales  activos  o  dinero  en exceso en la suma de  $87.644.000,  suscriba  una  declaración  de  renta  por  ese  valor,  sin  que  efectivamente  lo tenga. Lo que se desprende es que sí existía ese dinero pero  como  ahora  no  se  tenía justificación se pretende desconocerlos mediante la  corrección de la declaración de renta extemporánea […]   

[…] En conclusión, lo que observa la Sala  es  que  no  se  allegaron  soportes  de  la  productividad  que  generaron  las  actividades  comerciales  de la procesada, siendo un requisito excepcional de la  defensa  desvirtuar  el  patrimonio que la Fiscalía consideró no se encontraba  justificado                 […]”.5   

          Así   mismo,   el  a  quo,  en   decisión   que  constituye  una  unidad  inescindible  con  la  sentencia de segunda instancia, precisó:   

“Vanos entonces han sido los esfuerzos de  la  acusada  y  su  defensa  encaminados  a  mitigar  el efecto práctico de las  mayores  sumas  que hace parte de su haber patrimonial, introduciendo paliativos  tales  como  que  tratándose de una persona natural, no está obligada a llevar  registros  contables,  de  manera  que  sus  obligaciones  fiscales se entienden  cumplidas  con  la  declaración  de  renta,  donde  figuran en forma global los  montos  relacionados con su patrimonio, explicados a través de sus activos, sus  pasivos,  sus  ingresos, sus costos, deducciones, depreciaciones, amortizaciones  y  en  general, todos aquellos componentes del instrumento público representado  por  la declaración de renta, que como bien lo deduce la defensa se trata de un  documento  mudo,  que  para que sea conocido en su real dimensión, es necesario  contar  con  sus  anexos que son aquellos que cumplen la tarea de especificar el  origen  y  destino  de  cada uno de los montos que componen la sumatoria global,  complementado  obviamente  por  los  soportes  que  en  últimas, son los que en  materia  penal imprimen veracidad a lo declarado, porque tal como lo señaló la  Corte  Constitucional en sentencia C-054 de 1999, con ponencia del Dr. Vladimiro  Naranjo  Mesa,  el principio de la buena fe en materia tributaria no es absoluto  […]   

[…] De modo que si bien es claro para esta  judicatura  que la Fiscalía no tuvo a su alcance ni los anexos ni los soportes,  al  elaborar el dictamen pericial, la defensa tampoco los descubrió ni entregó  en  la oportunidad legal, en orden a desvirtuar la conclusión de su contraparte  en    cuanto    al   patrimonio   que   tenía   por   justificar   MARÍA  DE  LOS  ÁNGELES  REINA ESCOBAR,  pues  se  limitó  a  llevar  a  cabo  una  simple  conciliación de cifras, sin  presentar  ningún  soporte  que  llevara  al  juez  al convencimiento de que se  trataba  de  una ligereza de los investigadores que no ahondaron en la verdadera  dimensión  del  capital  de  su patrocinada, tal como lo anunció en su teoría  del caso […]   

[…]  En  efecto,  cuando  la  defensa  se  comprometió  a  demostrar  que MARÍA DE LOS ÁNGELES  REINA  ESCOBAR, había  sido  víctima  de  una  injusta acusación por parte de la  Fiscalía,  en  la medida en que había incurrido en error al estimar las cifras  de  la  declaración  de  renta,  por carencia de los anexos, grandes fueron las  expectativas  de  esta  operadora  jurídica de que esa realidad emergiera en la  controversia  probatoria  que  tuvo  lugar  en  el  juicio, pero realmente dicha  promesa        no        se       cumplió”.6   

         De  esta  trascripción  surge  ostensible que los juzgadores dieron  cuenta  pormenorizada  de  las  aristas  que llevaron a la decisión de condena,  descartándose  así la supuesta falta o indebida motivación de las sentencias.  Y  una  denuncia  de  este  tipo no puede fundamentarse en la simple perspectiva  distinta  de  quien  no  comparte  esta  providencia,  según  se coteja en este  asunto,  lo  cual  es  suficiente  para  la inadmisión  del reparo.   

         5.   En   lo   relativo  con  el  falso  raciocinio  evocado  en  el  cargo segundo subsidiario, si  bien  es  cierto  que  esta  infracción permite al casacionista plantear yerros  tratándose  del  análisis  valorativo  efectuado  respecto de los elementos de  juicio  obrantes  en  el proceso, si en ese ejercicio intelectivo se conculca la  sana  crítica  como  medio de formación del conocimiento, ello no quiere decir  que  tal  postulación  esté  sujeta al libre arbitrio del demandante, toda vez  que  debe  señalar de modo específico el principio de la lógica, la ley de la  ciencia  o  la  máxima  de  la  experiencia desconocida, el motivo del error, y  cuál  principio,  ley  o  máxima  es  la  aplicable.  La  anterior  dinámica,  entonces,  no se suple con el mero antagonismo de criterios en cuanto al mérito  que  para  el recurrente, a partir de una postura subjetiva, debe asignársele a  las  pruebas,  toda vez que de cotejarse su posición con la del sentenciador el  resultado  por  supuesto  será  disímil,  pero  esto no significa per  se  la  configuración  de  un error  susceptible  de  enmendarse  a través del recurso extraordinario y en especial,  cuando  a  la  providencia  atacada  la ampara, se dijo, la doble presunción de  acierto y legalidad.   

         Bajo  ese  entendido, es palmario que la controversia del testimonio  de  Hernando  Luís García Morales es anodina, porque no se indica la manera en  que  su  valoración  presuntamente  conculcó  la sana crítica, aislándose el  contenido  de  esta  probanza  para  predicar  sin  rigor  que  no  evidencia la  configuración  del  delito  por  el  que se procede cuando lo cierto es que con  ella  se  apuntaló  el  recorrido  investigativo  que  permitió  llegar  a esa  conclusión.  Ahora,  intenta  el  libelista  infirmar  el  razonamiento  en ese  sentido  reseñando  que  dentro  del  informe  en  cuestión no se involucró a  REINA  ESCOBAR  como autora o  partícipe  en las operaciones de narcotráfico de sus familiares, pero se trata  de  un  planteamiento  sofístico,  al  punto  que  si  en esta actuación se le  sancionó  penalmente,  no en otras, lo fue por haber incrementado su patrimonio  con las ganancias obtenidas con esa actividad.   

         En  cuanto  a  la  declaración  de  la  perito Deisy Jasmin Espitia  López  caben  las  mismas  observaciones, con el agregado que se incluyen en la  crítica  de  su  testimonio factores que nada tiene que ver con su contenido ni  con  las  inferencias  obtenidas  de su análisis, como aquel referente a que el  Tribunal  admitió  la  procedencia  lícita de ciertos capitales cuando esto lo  que  explica es que se haya disminuido la pena de multa irrogada. De otra parte,  aunque  en  este  aspecto  el  ad  quem  indicó           que          no          era          “lógico”  que una persona avalara su  declaración  de  renta  si  esta  incorpora  un  significativo  aumento  de  su  patrimonio,  lo  que  se ajustaría más a una regla de la experiencia, se tiene  que  frente a esta reflexión se le opone la llana afirmación de que ello si es  posible y que el propio Estatuto Tributario lo permite.   

         Podría   decirse,   en   gracia   a  discusión,  que  el  anterior  cuestionamiento  a  la  máxima  aludida  se  ajustaría a la modalidad de yerro  invocada  en  el  cargo,  no  obstante,  el  argumento del Tribunal no se ofrece  caprichoso  puesto  que  al  cotejar las declaraciones de renta brindadas por la  acusada,  en  efecto  para 2008, arrojan un incremento considerable e inusual de  casi    una    tercera    parte   del   patrimonio7,  lo  que  en el devenir de la  cotidianeidad   en   una   comerciante   que  se  pregonaba  percibía  ingresos  apreciables, no podía pasar desapercibido.   

         Así  mismo, el censor acude a aseveraciones en pos de desvirtuar el  criterio  del  sentenciador  que  no  cuentan con ningún respaldo probatorio, o  sea,  a  conjeturas,  reprochando la Corte un proceder de este raigambre, ya que  además  de  inmiscuirse  en  un  alegato propio de las instancias hizo reseñas  contrarias  a  lo  que revela el expediente, en clara trasgresión del principio  de           corrección           material8,          verbi  gratia, al aducir en el libelo que  un   préstamo   por   $150.000.000   fue   librado   a  favor  de  ESCOBAR  REINA  y de su cónyuge, conforme  con  la  escritura  2836  del  14 de diciembre de 2006 de la Notaría Segunda de  Buenaventura,  sin  que este instrumento público obre en la foliatura, o que se  refiera  a que la declaración de renta del año 2008 fue corregida en 2011 pero  sin  los respectivos soportes que avalen este último documento, con lo que este  pierde  cualquier  relevancia.  Todas  estas  razones conducen a la inadmisión    del   cargo,   debiéndose  insistir  adicionalmente  que  el  carácter  rogado  del  recurso y el deber de  acometer  una debida fundamentación no se satisface con un discurso extenso, la  cita  profusa  de  jurisprudencia  o  en  múltiples  y  ácidas críticas a los  conceptos  de  los  sentenciadores,  sino en la clara y precisa demostración de  errores  trascendentes  que  socaven  la legalidad de la determinación atacada,  bajo  la  égida  de presupuestos conceptuales propios al recurso extraordinario  solventes con ese propósito.   

            

         6.  En síntesis, el censor se aparta de la dialéctica connatural a  la  casación  y  pretende  imponer  su postura a través de un escrito de libre  confección  en  el  que  cuestiona  erróneamente las decisiones judiciales. En  consecuencia,  al  carecer  la  demanda  presentada  del  sustento  conceptual y  argumentativo   requerido   en   esta  sede,  de  acuerdo  con  lo  indicado  en  precedencia,      será      inadmitida,  además  porque  tampoco  se  avizora violación a las garantías  fundamentales  que haga necesario superar los defectos del libelo, ni se percibe  de  su  contexto  que  se  precise  de  un  fallo para cumplir con alguna de las  finalidades del recurso.   

         7.  Por   último,   se   recuerda   que  frente  a  esta  determinación  tiene  cabida  el  mecanismo  de  insistencia de acuerdo con los  lineamientos  señalados  en  la  providencia  del  12  de  diciembre  de  2005,  proferida en el radicado 24322.   

          En   mérito  de  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA   DE   JUSTICIA,   SALA  DE  CASACIÓN  PENAL,   

R E S U E L V E  

         INADMITIR  la  demanda de casación  presentada  por  el  defensor de MARÍA DE LOS ÁNGELES  REINA ESCOBAR.   

Contra  esta decisión procede el mecanismo  de insistencia   

Cópiese,      comuníquese      y  cúmplase   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Presidente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Folio    246    cuaderno   original   2   

2  Fl. 319 c.o 2   

3  Cfr.   Fl.   18   fallo   Tribunal  /  Fl.  302  c.o  2   

4  “Fernández  López, Mercedes. Prueba y presunción  de inocencia. Iustel. Madrid 2005.”   

5  Cfr.  Fl. 19 y s.s fallo Tribunal / Fl. 301 y s.s c.o  2   

6  Cfr.  Fl.  63 y s.s sentencia primera instancia / Fl.  184 y s.s c.o 2   

7  El  patrimonio  de 2004 reportado fue de 191.650.000,  en  2005  de  219.589.000,  en  2006 de 253.325.000, en 2007 de 282.353.000 y en  2008 de 389.177.000   

8  Acerca  de  este  principio  puede consultarse CSJ SP  2647-2014     

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