AP4239-2014(43864)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Magistrada Ponente  

AP4239-2014  

Radicación 43864  

(Aprobado Acta No. 243).  

Bogotá  D.C.,  treinta (30) de julio de dos  mil catorce (2014).   

VISTOS  

Acomete  la  Sala  la  verificación  de los  requisitos  de  argumentación  lógica  y  suficiente  en la demanda casacional  presentada  por  la  defensora  del procesado SILVERIO  CALDERÓN  FORERO,  contra  la  sentencia proferida en  segunda  instancia  por  el  Tribunal  Superior  de Valledupar el 19 de marzo de  2014,  confirmatoria  de  la  dictada  por el Juzgado Promiscuo del Circuito con  función  de conocimiento de Aguachica el 6 de noviembre de 2013, por cuyo medio  lo  condenó  como  autor  penalmente  responsable  del  concurso  homogéneo de  delitos   de   homicidio   culposo  en  Julio  César  Sepúlveda  Armesto  y Andrea  Paola López López.   

HECHOS  

Los   sucesos  que  dieron  lugar  a  este  diligenciamiento   fueron   sintetizados   por  el  a  quo  en  el  fallo  de primer grado, en los siguientes  términos:   

“El  día  9 de  agosto  de  2009,  a las 2:30 horas aproximadamente, en la Troncal de Oriente, a  la  altura del municipio de Aguachica, más conocida como vía 40 con calle 5ª,  se  produjo una violenta colisión entre el vehículo tipo bus, marca Chevrolet,  de  placas  XVM-011,  afiliado  a  la  empresa Copetrán, conducido por SILVERIO  CALDERÓN  FORERO,  y  la  motocicleta  marca Suzuki AX-100, color negro, modelo  2008,  placas  KZH-45,  conducida  por  Julio  César  Sepúlveda Armesto, quien  llevaba  como  parrillera  a la joven Andrea Paola López López. Como resultado  fallecieron  los  ocupantes de la motocicleta, señalándose como causa probable  del  fatídico  accidente  la imprudencia de SILVERIO CALDERÓN FORERO al tratar  se  rebasar  otro  vehículo,  invadiendo  el  carril  por  donde  correctamente  circulaba  la  motocicleta,  sumándose a esto el exceso de velocidad con que se  desplazaba”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

En audiencia realizada el 31 de marzo de 2011  en  el Juzgado Segundo Promiscuo Municipal con función de control de garantías  de   Aguachica,   la  Fiscalía  imputó  a  SILVERIO  CALDERÓN  la  comisión  del  concurso  de delitos de  homicidio culposo, a la que no se allanó.   

Presentado el escrito de acusación, el 8 de  abril  de 2012 se realizó la correspondiente audiencia, en la cual la Fiscalía  insistió   en   los   mismos   punibles,   sin   que  el  acusado  aceptara  su  comisión.   

Surtida  la  fase  del  juicio,  el  Juzgado  Promiscuo  del  Circuito  con  funciones  de conocimiento de Aguachica profirió  fallo  el  6  de  noviembre  de 2013, a través del cual condenó a CALDERÓN  FORERO  a la pena principal de  treinta  y  seis  (36)  meses  de prisión y a las accesorias de inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por el mismo lapso y  privación  del  derecho  a  conducir  vehículos por tres (3) años, como autor  penalmente     responsable     del     concurso    de    delitos    objeto    de  acusación.   

En  la misma providencia le fue concedida la  condena de ejecución condicional.   

Impugnada  la  sentencia  por la defensa, el  Tribunal  Superior de Valledupar la confirmó mediante proveído del 19 de marzo  de   2014,   contra   el   cual  el  mismo  sujeto  procesal  interpuso  recurso  extraordinario  de casación y allegó la respectiva demanda, cuya admisibilidad  se examina en este auto.   

EL LIBELO  

          La   recurrente   formula   dos  reproches,  los  cuales  postula  y  desarrolla de la siguiente forma:   

1.            Primer cargo (principal): Violación del  debido proceso   

Con base en el numeral 2º del artículo 181  de  la  Ley 906 de 2004, la actora afirma que el Tribunal violó “indirectamente    el    artículo    29    de    la   Constitución  Política”  en  cuanto desconoció la estructura del  debido proceso.   

Luego de transcribir el citado precepto de la  Carta  Política,  así  como  fragmentos  del  fallo de segundo grado, amén de  doctrina  nacional  y  jurisprudencia  constitucional  y  de  esta  Colegiatura,  refiere  que “el señor SILVERIO CALDERÓN FORERO ha  sido  víctima  de  una  acusación  injusta  y  subjetiva  por  parte  del ente  acusador,  pues desde la formulación de la acusación no se abarcaron todos los  elementos    de    prueba    con    la    trascendencia    necesaria”.   

          Igualmente  señala:  “Para el caso que  nos  ocupa,  evidentemente  se  advierten  algunas actuaciones que se consideran  como  irregulares  o  sospechosas  en el trámite, las que claramente afectan el  derecho  a  un  debido  proceso  de mi defendido, pues si se advierte el devenir  procesal,   en  primera  medida,  se  encuentra  que  se  había  solicitado  la  preclusión   de   la   investigación   y,   posteriormente   se   adelanta  la  investigación,  evacuándose todo el trámite hasta llegar a la formulación de  la  acusación,  la  que  es  acogida  por  el  a quo y sustenta su decisión en  algunas  pruebas,  no  en  todas  y  frente a las que no acoge, no manifiesta la  razón  de  su desestimación, situación que afecta gravemente los intereses de  mi  defendido,  si se tiene en cuenta que la decisión se funda, entre otras, en  un  documento  de  carácter  público  como  lo  es  el informe de accidente de  tránsito,  el  cual  se presume auténtico, pero que para el caso que nos ocupa  fue  adulterado,  sin  que  nada  se mencione en torno al particular”.   

          Advera  que no se tuvo en cuenta el informe de toxicología forense,  en  el cual se establece que al momento de los hechos los occisos se encontraban  bajo  influencia  de  alcohol,  prueba  con la que se habría cimentado una duda  sobre la responsabilidad del acusado.   

También   deplora  que  en  la  audiencia  preparatoria  no  se dispuso la práctica de “muchas  de   las   pruebas   presentadas   y  solicitadas  por  la  suscrita” sin razón válida y suficiente.   

          2.        Segunda  censura  (subsidiaria):  Violación indirecta de la ley por  falso juicio de identidad   

          Considera  quebrantados  los  artículos  9º, 10, 21 y 23 de la Ley  599 de 2000.   

          Después  de  traer  a  colación apartes del fallo del Tribunal, la  defensora   manifiesta  que  el  ad  quem  “cometió  errores en la apreciación  de  las  pruebas  pues  se limitó exclusivamente a advertir que el a quo había  valorado  las  pruebas,  porque  en la sentencia de primera instancia manifestó  haberlo  hecho,  pero  en  ningún  momento realiza un estudio detallado de cada  elemento  material probatorio, como es el caso de las fotografías allegadas por  los  testigos  e  introducidas  en  la  audiencia  del  juicio  oral”.   

          Destaca  que  si  bien el Tribunal consideró claros y determinantes  los  testimonios  de  los  agentes de tránsito Carlos  Pérez     y    Veronis  Mozo,  lo  cierto  es que no fueron precisos y estaban  rodeados de dudas, además de que no son convincentes.   

          También  dice  que  en el juicio interrogó al testigo Carlos  Pérez  acerca  de la enmendadura  detectada  en  el  informe  de  accidente  de  tránsito.  Pone  de presente que  Veronis Mozo declaró que el  bus  tenía  un  golpe  en  la  parte  delantera contraria al conductor, lo cual  desvirtúa   que  la  colisión  se  hubiera  presentado  en  el  carril  de  la  motocicleta.   

          Precisa  que “el error de las sentencias  de  segunda  y primera instancia radica en el hecho de que las pruebas no fueron  valoradas  con  el  debido  juicio  que  su  naturaleza lo requiere y, que no es  suficiente  la simple mención de ellas, como lo hizo el a quo y como lo aplaude  el ad quem”.   

          Indica  que  con base en el álbum fotográfico puede advertirse que  el   bus   tiene  un  golpe  en  la  parte  delantera  contraria  al  conductor,  “fotografías  que  generan  duda  de  la verdadera  forma  en  que  sucedieron  los  hechos,  pues permite deducir que los mismos se  dieron  en  el  carril  por donde transitaba el vehículo público afiliado a la  empresa    Copetrán,    situación    que    fue    subestimada    por    ambas  instancias”.   

          Apoyada  en  las razones expuestas, la defensora solicita a la Corte  casar   el   fallo   recurrido,   para  en  su  lugar  absolver  a  SILVERIO  CALDERÓN  en  aplicación  del  principio     in    dubio    pro    reo.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Tiene   suficientemente   dilucidado   la  Colegiatura  que  para  acceder  a  este  recurso  extraordinario corresponde al  recurrente  demostrar  el  quebranto  de derechos o garantías fundamentales, lo  cual  exige  contar  con interés para impugnar, señalar la causal, desarrollar  los  cargos  de  sustentación  de la inconformidad y demostrar la necesidad del  fallo  de  casación  para  cumplir  alguno  de  los  fines  establecidos  en el  artículo  180  de  la  Ley  906  de  2004,  esto es, la efectividad del derecho  material,  el respeto de las garantías de los intervinientes, la reparación de  los  agravios  sufridos  por  éstos  y la unificación de la jurisprudencia, so  pena  de resultar inadmitida la demanda, según lo establece el artículo 184 de  la citada legislación procesal.   

         Es  pertinente  destacar que en el examen  de  los  requisitos de admisibilidad de los libelos casacionales, es deber de la  Sala  constatar  en  la formulación y desarrollo de las censuras el acatamiento  de  las  exigencias de lógica y  pertinente demostración definidas por el  legislador  y  desarrolladas  por  la  jurisprudencia,  con  el fin de evitar la  transformación  de este recurso extraordinario en una instancia adicional a las  ordinarias.  Tales  requisitos  se  orientan  a  conseguir  el desarrollo de las  demandas  dentro  de unos mínimos lógicos y de coherencia en la postulación y  demostración  de  los  cargos propuestos, en cuanto resulten inteligibles, esto  es,  precisos y claros, pues no corresponde a la Corte en su función reglada de  orden  constitucional  y  legal,  develar o desentrañar el sentido de confusas,  ambivalentes    o    contradictorias   alegaciones   de   los   impugnantes   en  casación.   

          Además,   conforme  al  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  “si  el demandante carece de interés, prescinde de  señalar  la  causal,  no  desarrolla  los  cargos de  sustentación”  (subrayas fuera de texto), el libelo  se inadmitirá.   

Advertido  lo  anterior,  respecto  de  la  primera  censura encuentra la  Sala  que  al  postular  la  violación  del  debido proceso, correspondía a la  demandante  señalar  claramente  la  especie  de  incorrección  sustantiva que  determina  la  invalidación,  los fundamentos fácticos y las normas que estima  conculcadas,  con la indicación de los motivos de su quebranto. También era de  su  resorte especificar el límite de la actuación a partir del cual se produjo  el  vicio,  así como la cobertura de la nulidad, demostrar que procesalmente no  existe  manera  diversa  de restaurar el derecho afectado y, lo más importante,  acreditar  que la anomalía denunciada tuvo incidencia perjudicial y decisiva en  la  declaración  de  justicia  contenida  en  el  fallo impugnado (principio de  trascendencia),  dado  que  este  recurso extraordinario no puede sustentarse en  especulaciones,   conjeturas,   afirmaciones  carentes  de  demostración  o  en  situaciones   ausentes   de  quebranto,  deberes  que  no  acometió  en  debida  forma.   

En  efecto,  causa  curiosidad  por decir lo  menos,     que     la     recurrente     considere    violado    “indirectamente    el    artículo    29    de    la   Constitución  Política”   sin   explicar   la   razón   de   su  aserto.   

Tampoco atina a señalar en detalle por qué  motivo    la    acusación    es    “injusta    y  subjetiva”  y  qué  quiere decir con ello, amén de  que no dice con precisión en qué consiste su inconformidad.   

          No   es   clara  al  señalar  que  “se  advierten  algunas  actuaciones que se consideran como irregulares o sospechosas  en  el trámite, las que claramente afectan el derecho a un debido proceso de mi  defendido”,  proceder  inaceptable  en este medio de  impugnación  esencialmente rogado, en el cual el demandante está regido por el  principio de claridad y nitidez.   

          No  dice,  ni  la  Sala  infiere,  por qué razón el fallo debería  estar  sustentado en todas las pruebas obrantes, y tanto menos, por qué tenían  los  falladores  la obligación de decir explícitamente por qué no se apoyaban  en  algunas pruebas diferentes de las que sirvieron de pábulo a la sentencia de  condena.   

          Ahora,  si  la  queja  se  orienta a deplorar la ponderación de las  pruebas,  es  palmario  que se trata de una causal diversa a la que comprende la  violación  al  debido proceso, y entonces, ingresa en el discurrir propio de la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial, todo lo cual denota confusión y  falta de claridad en la defensora.   

          En  el mismo sentido, si deplora que no se tuvo en cuenta el informe  de  toxicología  forense,  es  claro  que  postula  un error de hecho por falso  juicio  de  existencia por omisión, sin que emprendiera la demostración propia  de tal especie de yerro.   

Omite   explicar  la  posición  defensiva  adoptada  en  la  audiencia  preparatoria  cuando  dice  que  le  fue  negada la  práctica  de  pruebas  sin  razón  válida  y  suficiente,  de  manera  que la  incorrección  denunciada  queda huérfana de acreditación en el ámbito de las  garantías del acusado.   

          Adicionalmente,  no  atina  a  señalar  el  sentido de la decisión  casacional  en  caso  de prosperar la censura, es decir, no señala la cobertura  invalidante  de  la nulidad derivada del quebranto del derecho al debido proceso  que propone.   

          Las  razones expuestas son suficientes para inadmitir el reparo, con  tales falencias presentado.   

Acerca  del segundo  reproche  constata  la  Corte  que  si bien postula la  violación  indirecta  de la ley sustancial producto de error de hecho por falso  juicio  de identidad, olvida que tal yerro tiene lugar cuando los sentenciadores  al  ponderar  el  medio  probatorio  distorsionaron  su contenido cercenándolo,  adicionándolo  o tergiversándolo, motivo por el cual corresponde al demandante  identificar  a  través  del  cotejo  objetivo  de  lo  dicho  en el elemento de  convicción  y lo asumido en el fallo, el aparte omitido o añadido a la prueba,  los  efectos  producidos  a  partir  de  ello y, lo más importante, cuál es la  trascendencia  de  la  falencia  en la parte resolutiva de la sentencia atacada,  tópico  de  improcedente demostración con el simple planteamiento del criterio  subjetivo  del  recurrente  sobre  la  prueba  cuya tergiversación denuncia, en  cuanto  es  su obligación acreditar materialmente la incidencia del yerro en la  falta  de  aplicación  o  la  aplicación  indebida  de la ley sustancial en el  fallo,  esto  es,  señalar  la modificación sustantiva de la sentencia atacada  con  la  corrección del error y la debida valoración de la prueba, en conjunto  con  las  demás, obligaciones que no fueron asumidas rigurosamente en el libelo  examinado.   

         En  efecto,  pese  a que la defensora identifica algunas pruebas que  considera  indebidamente  valoradas, no procede a señalar el aparte adicionado,  cercenado   o  tergiversado,  omisión  que  le  impide  demostrar  que  al  ser  objetivamente   ponderadas   en  forma  adecuada  otro  sería  el  sentido  del  fallo.   

Respecto  de la apreciación de los testigos  Carlos  Pérez y  Veronis  Mozo, la casacionista se limita  a  plasmar  su  personal  y  fragmentaria  apreciación  probatoria y ensaya sin  éxito   cotejarla  con  los  planteamientos  de  los  falladores,  en  evidente  desconocimiento  de  la  presunción  de  acierto y legalidad de la sentencia en  esta sede.   

Igual  ocurre  con  las fotografías con las  cuales  considera se acredita que los hechos ocurrieron de manera diversa a como  fueron  declarados  en  las instancias, pues no señala si el yerro fue producto  de   una   adición,  cercenamiento  o  tergiversación,  o  de  su  omisión  o  suposición,  ora  del quebranto de las reglas de la sana crítica, esto es, los  principios   lógicos,   los  postulados  científicos  o  las  máximas  de  la  experiencia.   

Tampoco  señala  si se trata de un error de  hecho  por  falso  juicio  de  convicción  o de legalidad, imprecisiones que le  impiden   emprender   adecuadamente  la  correspondiente  sustentación  de  los  reparos.   

Igualmente   se   tiene  que  no  obstante  considerar  quebrantados  los artículos 9º, 10, 21 y 23 de la Ley 599 de 2000,  no  procede a explicar en detalle de qué forma se produjo su violación y cómo  repercutió ello en la suerte de su procurado.   

          Como  la  censora  plantea  la  necesidad  de  aplicar  el principio  in   dubio  pro  reo,  sin  dificultad  se  constata que no atinó a precisar qué elemento de la estructura  óntica  del  delito no encontró acreditación, pues salvo alusiones genéricas  e  imprecisas  a  la  presencia  de  dudas,  no  señaló los aspectos que en el  ámbito  de  la  materialidad del punible o la responsabilidad de su asistido no  superaron el estado de incertidumbre.   

Los   mencionados  equívocos   en   el   discurrir  de  la recurrente  imposibilitan  a  la Sala acometer el estudio de la demanda, pues si no se trata  de   un   alegato   de   libre   factura,  su presentación con base en análisis probatorios fragmentarios  e  indemostrados,  y  sin atenerse a las reglas lógicas y argumentativas que la  gobiernan,   obliga   a   la  Colegiatura  a  inadmitirla de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 184 de  la  Ley  906  de  2004,  pues  en virtud del principio de limitación propio del  trámite  casacional,  la  Corte  no  se encuentra facultada para enmendar tales  incorrecciones.   

Además,  no  se  observa  con  ocasión  de  la  sentencia  impugnada  o  dentro  del curso de la  actuación  procesal,  violación de derechos o garantías, como para adoptar la  decisión  de  superar  los defectos de la demanda y decidir de fondo, según lo  dispone el inciso 3º del artículo 184 de la citada legislación.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR el libelo  casacional presentado por la defensora de SILVERIO  CALDERÓN FORERO, de acuerdo con  las razones expuestas en las consideraciones precedentes.   

De  conformidad  con el artículo 184 de la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  de  la  parte  demandante elevar petición de  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA     DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *