AP4223-2014(39424)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Luis Guillermo Salazar Otero  

AP4223-2014  

Radicación no. 39424  

Aprobado Acta No. 243  

Bogotá,  D.C., treinta (30) julio de dos mil  catorce (2014)   

ASUNTO  

Decide  la Corte sobre la admisibilidad de la  demanda  de casación presentada por la defensora de Wilson Rondón Bulla contra  la  sentencia  del 19 de abril de 2012, mediante la cual el Tribunal Superior de  Ibagué  confirmó  integralmente la emitida en primera instancia por el Juzgado  Tercero  Penal  del  Circuito de la misma ciudad, que condenó al acusado por el  delito de tráfico, fabricación o porte de estupefacientes.   

HECHOS  

En el proveído de primera instancia, quedaron  consignados de la siguiente manera:   

“…Acaecidos el 22  de  septiembre  de 2011 en la calle 35 bis con carrera 1° parte alta del barrio  El  Bosque  de  ésta ciudad, cuando Unidades de Policía que patrullaban por el  sector,  observan  a  un  individuo  con  actitud  sospechosa, quien al notar la  presencia  de  la  policía arroja al suelo un monedero, color negro, el cual es  recogido   por   los  policías,  y  revisado  su  interior  hallan  veintisiete  envolturas  en  hoja  de  papel  mantequilla  que  sirven  de  contenedor de una  sustancia  pulverulenta  similar  a  la cocaína, por lo que se procede a leerle  los derechos de capturado.   

Sometida  la  sustancia a la prueba de campo  PIPH,  arrojó como resultado positivo para cocaína y sus derivados, en un peso  neto      de      3.6      gramos…”.   

ANTECEDENTES PROCESALES  

El  23  de  septiembre  de  2011 se realizó  audiencia  preliminar  de  legalización  de captura ante el Juez Séptimo Penal  Municipal  de  Ibagué,  luego de lo cual se formuló imputación al aprehendido  Rondón   Bulla   por   el   delito   de   tráfico,  fabricación  o  porte  de  estupefacientes  previsto en el artículo 376 del Código Penal, imputación que  fue  aceptada por el implicado luego que se realizaran las prevenciones legales.  Adicionalmente,  se  abstuvo  el  funcionario  judicial  de  imponerle medida de  aseguramiento, por lo que se dispuso su libertad inmediata.   

La Juez Tercera Penal del Circuito de Ibagué  encontró  ajustado  a  derecho  el allanamiento a la imputación, motivo por el  cual  mediante  decisión  del 6 de diciembre de 2011 condenó al procesado a la  pena  principal  de  cuarenta y ocho (48) meses de prisión y multa de uno punto  cinco  (1.5)  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes,  así  como a la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  término de la pena principal, al tiempo que negó la  suspensión   condicional   de   la   ejecución   de  la  pena  y  la  prisión  domiciliaria.   

Impugnada    por    la   Defensa   dicha  determinación,  el  Tribunal  Superior  la  confirmó  el  19 de abril de 2012,  providencia que a su vez fue recurrida en casación.   

LA DEMANDA  

En   acápite   previo,  la  defensora  de  Wilson  Rondón Bulla precisa  que  la finalidad de la casación apunta al restablecimiento del orden jurídico  que  le  asiste  a  su  defendido,  específicamente para que se le garantice un  análisis  completo  de  los  aspectos señalados en el artículo 38 del Código  Penal,  en orden a que se le conceda la sustitución de la prisión domiciliaria  en cuanto cumple con los requisitos allí señalados.   

Se  refiere  igualmente  a  la necesidad del  desarrollo    de    la    jurisprudencia    respecto    a   la   excepción   de  inconstitucionalidad  del  parágrafo  único  del artículo 57 de la ley 906 de  2004.   

Luego de consignar un resumen de los hechos,  de  identificar  a  las  partes  e  intervinientes  y  de destacar la actuación  procesal,  sostiene  que  formula  en  contra del fallo de segundo grado un solo  cargo   por   violación   directa   de   la  ley  sustancial  originada  en  la  “…falta  de  aplicación de una norma de carácter  constitucional    y    otra   del   bloque   de   constitucionalidad…”.   

En desarrollo de la censura, sostiene que la  Sala  Mayoritaria  del  Tribunal Superior del Distrito Judicial de Ibagué dejó  de  aplicar  los  artículos  4,  13  y  230  de la Constitución Política y el  artículo  351  de  la  ley  906 de 2004, al tiempo que aplicó indebidamente el  parágrafo del artículo 57 de la Ley 1453 de 2011.   

Sostiene  que  no  obstante la excepción de  inconstitucionalidad  permite  a  cualquier Juez inaplicar preceptos de inferior  jerarquía  en  caso  de  considerarlos  contrarios  a la Constitución, en esta  oportunidad  el  Tribunal Superior sin realizar un verdadero análisis de fondo,  indicó  de  manera  simplista que “…los argumentos  de  la  defensa  no  pasaban  de ser una apreciación subjetiva, al no presentar  explicaciones   que   evidencien   un   desconocimiento   de   normas  de  rango  superior…”,  sin  tener  en  cuenta  que  hasta el  momento  la Corte Constitucional no ha realizado pronunciamiento alguno sobre la  exequibilidad de la norma en mención.   

Agrega  que  acorde con lo preceptuado en el  artículo  230 de la Constitución, la jurisprudencia es un criterio auxiliar de  la  actividad  judicial  y  se debe acoger sólo si es razonable, ya que el Juez  tiene   la   facultad   de   ser   creador   de   principios  “…que  permitan que el derecho responda adecuadamente a esos preceptos  constitucionales…”, trabajo interpretativo omitido  en la decisión impugnada.   

Se  refirió  a  la  distinción  conceptual  existente  entre  los llamados obiter dicta   y   la   ratio   decidendi,  para  indicar  que ninguno de tales aspectos fue analizado por el  Tribunal  Superior, sino que por el contrario opta por la tendencia de seguir la  jurisprudencia  de  los  Organismos Superiores, dejando de lado lo difícil, que  es  pensar  o  reflexionar  para  apartarse del precedente, y de allí su escasa  argumentación.   

Afirma que si bien la doctrina constitucional  antecedente  es  vinculante, tal situación no se predica en el presente caso, y  por  consiguiente  el  parágrafo  del artículo 57 de la Ley 1453 de 2011 puede  ser inaplicado por excepción de inconstitucionalidad.   

Expresa  que  la  decisión  adoptada por el  Juzgador  Colegiado  genera  una  desigualdad injustificada frente a la Ley, por  cuanto  quien  es  capturado  en flagrancia obtiene una rebaja de ¼ parte en el  juicio,   mientras   que   respecto   de  aquél  que  no  se  estructura  dicha  eventualidad, sólo podrá obtener una rebaja de 1/6 parte.   

Cuestiona  que  la  sentencia  de  segunda  instancia  adoptara  una posición pasiva al seguir los lineamientos de la Corte  Suprema.   

Resalta  que  cuando  un implicado acepta su  responsabilidad  en los delitos que se le imputan, colabora decididamente con la  administración  de  justicia  y  ahorra  un desgaste a la misma, por lo cual el  Estado  le  ofrece  a  cambio  ciertas  concesiones, que han de estar sujetas al  principio  de  proporcionalidad,  que se desconoce si a una persona capturada en  flagrancia  que se allana a cargos se le otorga una rebaja de ¼ parte, mientras  que  quien admite primero su culpa, es decir, colabora más con el Estado, se le  concede un descuento menor.   

Argumenta que si el Tribunal Superior hubiera  realizado  un  estudio  del caso desde el punto de vista constitucional, habría  concluido  que  el parágrafo del artículo 57 de la Ley 1453 de 2011 contradice  la   Carta   Política   y   en   consecuencia   aplicando   la   excepción  de  inconstitucionalidad,  debía  haber  otorgado  la  rebaja de hasta el 50% de la  pena   a   imponer   y   no   de   ¼   parte   como  se  indicó  en  el  fallo  recurrido.   

Solicitó  en  consecuencia  casar  el fallo  impugnado  y  en  su  lugar,  aplicar  la excepción de inconstitucionalidad del  parágrafo  del  artículo  57  de  la  ley  1453  de  2011, para reconocer a su  defendido  la  rebaja  de  hasta el 50% de la pena, acorde con lo previsto en el  artículo 351 de la ley 906 de 2004.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

En el marco del sistema acusatorio colombiano  consagrado  en  la  Ley  906  de 2004, es claro que el recurso extraordinario de  casación  se  erige  como  un  mecanismo  de control constitucional y legal que  procede  contra  las  sentencias proferidas en segunda instancia en los procesos  adelantados  por delitos, cuando quiera que se adviertan violaciones que afectan  derechos  o garantías fundamentales de las partes, acorde con lo previsto en el  artículo 180 de la mencionada normatividad.   

En aras de materializar el cumplimiento   de  las finalidades allí previstas, esto es de propender por la efectividad del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los intervinientes, la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  estos  y  la  unificación  de  la  jurisprudencia,  es  claro  que  la  demanda  a  través  de la cual se pretenda  sustentar   la  impugnación  extraordinaria,  necesariamente  debe  ceñirse  a  rigurosos parámetros lógicos y a causales taxativas.   

En  relación con los mencionados requisitos  de  la  demanda,  ha señalado la Sala que si bien el nuevo estatuto procesal no  los  enumera rigurosamente como lo hacía el artículo 212 del anterior estatuto  procesal,  de  los  artículos  183  y  184  se  puede concluir que se concretan  en:   

     

i. señalar    de    manera    precisa    y    concisa   las   causales  invocadas;     

     

i. desarrollar  los  cargos,  es  decir,  expresar  sus  fundamentos  u  ofrecer una sustentación mínima, y;     

     

i. demostrar  que  el  fallo  es necesario para cumplir alguna de las  finalidades del recurso.     

De otro lado, el legislador facultó a la Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, de conformidad con lo  establecido  en  el inciso 2° del artículo 184, para no seleccionar la demanda  que se encuentre en cualquiera de los siguientes supuestos:   

(i)  Si  el  demandante  carece  de interés  jurídico.   

(ii)    Prescinde    de    señalar   la  causal.   

(iii)   No   desarrolla   los   cargos  de  sustentación, y   

(iv)  Cuando  de  su  contexto  se  advierta  fundadamente   que  no  se  precisa  del  fallo  para  cumplir  algunas  de  las  finalidades del recurso.   

En  el  presente  asunto,  como  el  cargo  formulado  en contra de las decisiones de instancia se propone por la violación  directa  de  la ley sustancial, conviene recordar que el debate en tales eventos  debe  circunscribirse  al  escenario  exclusivamente jurídico y de allí que el  casacionista  ha  de  asumir incondicionalmente la apreciación de los medios de  conocimiento  según  es  fijado por el fallador, pero además, es necesario que  se   someta  a  la  realidad  fáctica  declarada  en  la  sentencia  objeto  de  impugnación  extraordinaria,  sin por ello esté proscrita la simple referencia  a  los  hechos  con el exclusivo propósito de garantizar el entendimiento de la  argumentación.   

Se  observa  que  en  el caso particular, se  denuncia  la  aplicación  indebida  del  parágrafo único del artículo 301 de  Código  de  Procedimiento  Penal, que fue introducido por el artículo 57 de la  Ley  1453  de  2011,  en  concreto  porque al interpretarlo se dejó de lado los  artículos  4º,  13  y  230  de  la  Constitución  Política,  que  han debido  prevalecer  de  haberse  acudido  a  la  excepción  de inconstitucionalidad que  reclama de los juzgadores de instancia.   

Sin  embargo,  surge  evidente  que  ninguna  transgresión   de   derechos   o  garantías  fundamentales  por  la  falta  de  aplicación  o  la  aplicación  indebida  de  normas  de derecho sustancial que  amerite  la  intervención  de  la  Corte  se  presentó,  no sólo por   cuanto   el   hecho  que  un  funcionario  judicial  deje  de  ejercer  la  facultad  otorgada  a  los  jueces  para  inaplicar  en  un  caso concreto una norma por incompatibilidad con preceptos de  la  Carta  Superior  conforme  lo  prevé     el     artículo    4    de    la  Constitución  Política,      en  ningún caso puede demandarse como constitutivo de un  vicio  típico de casación,  sino  además  en  razón a  que  el  tema  propuesto  por  la  demandante  ha sido  suficientemente dilucidado por la Sala.   

En cuanto a lo primero, conviene para mayor  claridad  traer a colación  la  precisión que sobre las  dos   categorías   bien   diferentes  como  son  el  “control            abstracto”     y     el     “control      concreto”    de    constitucionalidad,    ha   realizado   la   Sala  Penal  de  la  Corte  Suprema en sentencia del 11 de marzo de  2009,    dentro    del    radicado   número      24213,      en     los     siguientes     términos:   

“…Por  regla  general  la  Corte  Constitucional  ejerce el control  abstracto   de   constitucionalidad   por   vía  de  acción  o  con ocasión de  una  demanda  ciudadana  de  inexequibilidad. Además,  también    lo    hace    en    aquellos  casos  en  los  que  su  intervención  está   prevista  por  la  Constitución            Política (i) como etapa previa a la vigencia  de  la  ley,  en  tratándose de leyes aprobatorias de  tratados  públicos  y  proyectos de ley estatutaria,  (ii)      en      los      casos     de     objeciones     presidenciales a proyectos de ley, y (iii) cuando  el     Presidente     de    la    República    decreta    los   Estados   de  Excepción   y  expide  normas  con  fuerza  de  ley  (artículo 241).   

”La naturaleza  abstracta  que  se  predica del control ejercido en esos eventos descansa en que  la  Corte  Constitucional,  según    se    anotó  párrafos atrás, coteja la  norma  o  normas  sometidas a su revisión con todo el  Ordenamiento  Superior,  en  orden  a  determinar su validez formal y/o material  —por    vicios    de  procedimiento       o       de       contenido,      respectivamente—,         definiendo  con  la  fuerza  de  la cosa juzgada  constitucional  su exequibilidad o inexequibilidad, total o parcial, con efectos  erga  omnes  y  con  carácter  obligatorio  general,  oponible   a   todas   las   personas   y   a  las  autoridades  públicas,        sin       excepción  alguna.   

”Ahora  bien,  igualmente  el Ordenamiento Superior contempla  un  control de constitucionalidad difuso o concreto, el cual tiene arraigo en lo  dispuesto    en    el    artículo   4°    de    la   Constitución Política, y  se   presenta   o  se  ejerce  cuando,  en  el  momento  de  aplicar  una  norma  legal vigente, el operador  jurídico advierte su ostensible, abierta e indudable  oposición  con  los mandatos constitucionales, caso  en  el cual está facultado para hacer prevalecer los  dictados  de  la  Carta  Fundamental  inaplicando  la norma por incompatibilidad  con   ésta,  mediante la denominada excepción  de inconstitucionalidad.   

”Contrario  sensu  a  la  característica del control abstracto,  éste,   el  difuso  o  concreto,  no  goza  de  la  condición   de   la  generalidad,  puesto  que  la  definición     de     si    hay    o    no    la  incompatibilidad   entre   la   norma  de  inferior  jerarquía   y   la   Ley   Fundamental     debe    producirse    en    el    caso    específico,    singular,    concreto,    y    en    relación  con  las  personas  involucradas  en  el  mismo,  sin que pueda  exceder ese marco jurídico preciso.   

”Es por ello  por  lo  que la excepción  de  inconstitucionalidad  produce tan solo efectos inter partes, es decir, tiene  alcance   únicamente  respecto  de  quienes  tienen  interés  en  el  caso,  y  la  norma  que  resulta  inaplicada  no desaparece del mundo jurídico pues su  vigencia    general    no   se   ve   afectada,   aunque,   por  motivo  de  la  inaplicación, no haya producido efectos en el asunto particular.   

”Puesto  en  otros    términos,    la    excepción  de  inconstitucionalidad no produce consecuencias en abstracto,  ni  puede  significar  la  pérdida  de  vigencia  o  efectividad    de    la    disposición  sobre  la  cual  recae,  ni  tampoco  se  constituye, dentro de  nuestro  sistema  jurídico,  en  precedente forzoso  para    decidir    otros    casos    que,    bajo    distintas   circunstancias,  también     estén  gobernados por aquélla.   

”Tal  característica      deviene,      además,  del hecho de que   la   aplicación   de  la  llamada  excepción  de  inconstitucionalidad,  como lo tiene  dicho   la   Sala   de   tiempo   atrás,  en ningún caso es obligatoria sino  potestativa  para  cada  funcionario  según su leal  saber             y             entender1,   al  punto  que  en  sede  de  casación  no tienen  cabida  censuras por omisión o falta de ejercicio de  aquél  control constitucional difuso, habida cuenta  que    la    aplicación    de   la   norma   cuya  constitucionalidad  puede  resultar  cuestionada, mientras conserve vigencia, es  decir,  desde  que no haya  sido   retirada   del   ordenamiento  jurídico  por  decisión  ejecutoriada de su Juez Natural, no torna  ilegal  la  decisión en la que fue empleada para la  solución     del    caso    concreto2”.   

Consecuente    con    lo    anterior,  ningún  vicio típico de  la  violación directa de  la  ley  sustancial se configura por el hecho de que los juzgadores de primero y  segundo   grado   (en   particular   éste   por  las  razones  expuestas  en  la  aclaración    de   voto   de   uno   de   los   magistrados,   las   cuales  acogió  integralmente  el  actor  para sustentar su  reproche)  no  hubiesen  aplicado   la   regla   constitucional   establecida   en  el  artículo 4 de la Carta Fundamental.   

Ahora  bien, en cuanto se relaciona con el  alcance  de  la  norma  que  el  memorialista  estima indebidamente aplicada, es  decir,  el  artículo  57  de  la  Ley 1453  de 2011, basta señalar que la Corte  Constitucional  mediante  sentencia  C-645 de 2012 declaró la exequibilidad del  referido  parágrafo  “…en  el entendido de que la  disminución  en  una cuarta parte del beneficio punitivo allí consagrado, debe  extenderse  a  todas  las  oportunidades  procesales  en  las  que es posible al  sorprendido  en  flagrancia  allanarse  a  cargos  y  suscribir  acuerdos con la  Fiscalía   General   de  la  Nación,  respetando   los   parámetros   inicialmente  establecidos  por  el  legislador      en      cada      uno     de     esos     eventos…”.   

Adicionalmente,  como se había  anunciado,  se  trata  de  un tema plenamente dilucidado por la  Sala  de  Casación Penal  de     la     Corte,    interpretación   que,   lejos   de  beneficiar  al  procesado  con  la  concesión de un porcentaje mayor  en  la  rebaja  de pena por allanamiento, atendida su  captura  en  flagrancia,  implicaría  un  descuento  menor al ya otorgado.   

En    efecto,    la    Corte  en  sentencia  del  11  de julio de 2012, radicación     número    38285,    de    manera    puntual    revisó   el   alcance   del  artículo 301 de la Ley 906 de de  2004,    modificado   por   el   artículo  57 de la Ley 1453 de 2011 y arribó  a  las  siguientes  conclusiones,  luego  del  análisis  de la naturaleza de la  norma:   

”De   tal  manera,  si  la intención del legislador, dentro del  poder  de  configuración, fue la de reglar la rebaja  de  pena derivada del estado de flagrancia, teniendo  como  fundamento que esa particular situación ofrece  sin  mayor  dificultad  los medios de prueba que permiten la emisión,  por  regla  general,  de  un fallo condenatorio, al consagrar:  ‘La persona que incurra  en    las    causales    anteriores   [flagrancia]      sólo  tendrá 1/4 parte del beneficio de  que  trata  el  artículo  351  de  la  Ley  906  de  2004’,      la  interpretación  del  mencionado  precepto  compete  hacerse   con   total   respeto  a  la  sistemática  allí   contenida,   la   cual   está  sustentada en la progresividad de los  beneficios  punitivos ofrecidos por la aceptación de  cargos    y    los    preacuerdos    y   negociaciones   celebrados   entre   la  fiscalía  y  el  imputado o acusado, atendiendo los  diversos  momentos  procesales  en  que  puede  darse  la aceptación        de       responsabilidad.   

”Si  no  se  hiciera  de  la  manera  señalada anteriormente, se  entraría al campo del absurdo, pues en la audiencia  de     imputación     la    rebaja    de    pena  equivaldría  a  una  cuarta parte del cincuenta por  ciento,  mientras  que para la preparatoria, esto es,  ya  en el curso del juicio oral, ese beneficio sería  de  la  tercera  parte  de  la sanción a imponer, es  decir,  habría  una  mayor  rebaja  para  una etapa  más  avanzada  del  proceso,  donde  el  acusado ha  prestado     menor     colaboración    con    la  administración de justicia.   

”Para prever  ese  tipo  de  situaciones  en  la  aplicación de la  justicia  premial,  la  Sala  en  su  fallo del 5 de  septiembre     de    2011,    señaló  que  respetando el principio de progresividad de las rebajas por  los       institutos       tantas      veces      mencionados,      ‘los      verdaderos  sentido  y alcance de la restricción  de  la  ¼ parte de la rebaja de pena en los casos de  flagrancia   conduce   a   concluir   que   tal   guarismo   es   único  y  que  tiene  aplicabilidad con independencia de las etapas  del   proceso   o   en   cualquiera   de   los  momentos  u  oportunidades  en  que  el imputado o acusado  acepte   los   cargos   bien   sea   por   allanamiento   o  preacuerdo  con  el  fiscal’  (página 42 de la sentencia).   

”En   ese  propósito,   de  acuerdo  con  la  Ley  1453  de  2011  el  esquema  de  rebajas  por  razón  de  dichos  institutos,  corresponde  realizarse    teniendo    en    cuenta    la    flagrancia,    pero   obviamente  respetándose  las  reducciones de pena inicialmente  consagradas  para  el allanamientos a cargos y preacuerdos y negociaciones entre  la  fiscalía y el imputado o acusado, de las cuales  el          sujeto          sólo  tendrá  derecho   a   una  cuarta  parte  de  las  regladas,  interpretación  que  se  ajusta  al  mencionado  principio  de  progresividad y  consulta con el querer del legislador.   

”Así,  como  lo  destacó    la   Procuradora   Delegada,   la  disminución   del   beneficio   punitivo   en  una  cuarta  parte  consagrada  en  el  artículo  351  de  la  Ley  906  de  2004, debe extenderse a todos los  momentos  o  etapas procesales en que se autoriza allanarse a cargos y suscribir  acuerdos   entre  las  partes,  respetando  desde  luego  las  rebajas  de  pena  inicialmente  previstas  para cada momento.   

”Conforme con  lo    anterior,   la   persona   que   haya   sido   capturada   en   flagrancia  tendrá  derecho  a  las siguientes rebajas de penas  progresivas  según el momento en que se allane a los  cargos formulados:   

”Rebajas  punitivas  por aceptación  de cargos   

Audiencia   de  formulación Art. 351             

Rebaja  original:   

1/2 (50%)            

Rebaja  actual:   

12.5 % (1/4 de la mitad)  

Audiencia  preparatoria   

Art.356 N. 5º            

1/3  (33.3%)             

8.33%  (1/4  de  la  tercera parte)  

Audiencia  juicio  oral   

Art. 367            

1/6  (16.6%)             

4.16%    (1/4  de la sexta parte)  

”En   lo  atinente   a   los   preacuerdos   posteriores   a  la  presentación   de  la  acusación,  dado  que  el  artículo  352  de la Ley  906  de  2004  prevé una rebaja de la pena imponible  en  una  tercera  parte,  ésta quedará   únicamente   en  un  8.33   por   ciento,   conforme      a     la     operación  aritmética hecha en precedencia.   

”Y en lo que  atañe  a  los  preacuerdos  celebrados  antes de la  presentación  del  escrito de acusación,  la rebaja de pena no podrá exceder  del 12.5%, que es la cuarta parte de la mitad.   

”Huelga  señalar   que  dichas  rebajas    se    harán    efectivas    luego   de  individualizarse la respectiva sanción.   

”A  nivel de  ejemplo,  frente  a una pena individualizada de 240 meses de prisión,    se   podrían   presentar   las  siguientes variantes:   

         

”Si la persona  capturada   en   flagrancia,   en  la  audiencia  de  imputación  se  allana  a los cargos atribuidos por  la  Fiscalía General de  la  Nación,    según   el   parágrafo  del  artículo  301, modificado  por   el   artículo   57   de  la  Ley     1453     de     2011,     sólo  obtendrá   una   cuarta   parte   del   beneficio  allí      reglado,      esto      es,  el 12.5%, lo cual lleva a inferir  que  el  descuento  punitivo  es de 30 meses, arrojando como sanción      definitiva     210     meses     de     prisión.   

”Ahora, si la  mencionada  manifestación se realiza en la audiencia  preparatoria,   el   acusado   que   fue   capturado   en   flagrancia,   únicamente  tendrá  derecho  a  la  cuarta  parte  del  beneficio  estatuido  en  el  artículo  356-5º de la  Ley  906 de 2004, es decir, un 8.33%, porcentaje que  aplicado     al     ejemplo,     únicamente    le  reducirá  la  pena  en  20  meses,  para  un  total  definitivo de 220 meses.   

”Y   por  último,  si  el  acusado  capturado  en  flagrancia  acepta   su   responsabilidad   en   el   juicio   oral,   de   acuerdo  con  el  artículo 367 del Código  de    Procedimiento    Penal    de    2004,    el    cual   regla   ‘una rebaja de una sexta parte de la  pena  imponible’, surge  nítido      que  tendrá derecho a una cuarta parte de ese beneficio,  el  cual  se  traduce  en  un porcentaje equivalente a un 4.16%, que aplicado al  ejemplo,   el  mismo  sería  de  diez  (10)  meses,  quedando    la    sanción   definitiva   en   230  meses…”3.   

En  esta  oportunidad  los  funcionarios  de  instancia,  en  aplicación  de  lo  señalado  en  la sentencia dictada el 5 de  septiembre  de  2011  por  esta Sala de Casación Penal dentro de la radicación  No.  36502, en donde se ofreció una pauta para interpretar el parágrafo único  del  artículo  301  de la Ley 906 de 2004, es decir, que sin importar el estado  procesal  en  que  se produjera la aceptación de cargos de la persona capturada  en  flagrancia, la reducción punitiva por el allanamiento siempre sería de una  cuarta  parte,  por  tanto,  se  tiene  que  en  el sub  judice  la  primera  instancia,  luego  de efectuar el  trabajo  de dosificación correspondiente, reconoció una rebaja al procesado en  esa  proporción, en cuanto consideró expresamente que no era factible acudir a  la  excepción  de inconstitucionalidad y apartarse del precedente en cita, toda  vez   que   no   existían   razones   válidas  para  considerar  que   la  interpretación  del  parágrafo  único del artículo 301 de la Ley 906 de 2004  allí realizada, resultaba errónea.   

En esa medida, lo que se evidencia es que la  queja  solamente  es  enunciada,  pues  no  debe  perderse  de vista que como el  recurso  extraordinario  está  instituido para denunciar errores trascendentes,  en  este  caso  con  la  pretensión  de  lograr la modificación sustancial del  sentido  del fallo, le corresponde al demandante demostrar el yerro del Tribunal  y  a  su  vez  proponer la postura correcta, mas no enfrentar criterios, como en  efecto se hace aquí.   

Debió tener en  cuenta    la    demandante,    por   el   contrario,   que   acorde   con  la  hermenéutica  fijada  por la Corte, de aplicarse al  presente      asunto      resultaría  lesiva para su representado, pues sobre una pena por imponer de  64  meses,  obtuvo  una rebaja de 16 meses, equivalente a la mitad del cincuenta  por  ciento  originalmente  previsto  en el artículo  351  de la Ley 906 de 2004, monto muy superior  al  que  obtendría si se aplica  la   exégesis  definida  por  la  Sala   en   la   citada   sentencia,   de   acuerdo  con  la  cual  le  correspondería     una     deducción de apenas 8 meses.   

Sin  embargo,  dicha  tasación  concretada  en las instancias debe permanecer incólume,    en    aplicación  del  principio  de  no reformatio in  pejus.   

Así las cosas,  como   no   se   demostró   en   esta  oportunidad  violación   alguna   de   la  ley  sustancial  por  vía    directa    que    conforme    con  las exigencias de lógica  y argumentación dispuestas en la  ley  y  en  la jurisprudencia resulte suficiente para  dejar  sin efecto la doble presunción de legalidad y  acierto  con la cual llega  precedida  a  esta  sede la sentencia de segunda instancia, y que únicamente    puede    ser    resquebrajada   en   virtud   de   la  acreditación   de  yerros  manifiestos    y    graves,    la    Sala    no  seleccionará  el  libelo  atendida  su  manifiesta  carencia de fundamento.   

Lo  anterior  sin perjuicio de puntualizar  que   no   observa   violación   alguna   de   las  garantías  fundamentales  del procesado     Wilson    Rondón    Bulla    con  ocasión  del  trámite  procesal  o en el fallo impugnado, como para que sea  necesario  el  ejercicio  de  la  facultad legal oficiosa que le asiste a fin de  asegurar su protección.   

De  otra  parte, se observa que en relación  con   el  “…análisis  completo  de  los  aspectos  señalados  en  el  artículo 38 del Código Penal, en orden a que se le conceda  la  sustitución de la prisión domiciliaria en cuanto cumple con los requisitos  allí  señalados…” anunciado por la libelista como  una  de  las  finalidades  del  recurso  interpuesto,  ningún argumentación se  ofreció  en  el  desarrollo  de  la  censura,  motivo  por  el  cual la Sala se  encuentra relevada de emitir cualquier pronunciamiento al respecto.   

Por último, contra la determinación que se  adoptará  procede el mecanismo de insistencia previsto en el inciso segundo del  artículo  184 de la Ley 906 de 2004, cuyo trámite a falta de regulación legal  es el siguiente:   

“…a- … sólo  puede  ser  promovida por el demandante dentro de los cinco (5) días siguientes  a  la  notificación  de  la  providencia que inadmite la demanda de casación u  oficiosamente  provocada  dentro del mismo lapso por alguno de los Delegados del  Ministerio  Público  para  la Casación Penal -en tanto no sean recurrentes- el  Magistrado  disidente  o  el Magistrado que no haya participado en los debates o  suscrito la inadmisión.   

b-  La respectiva solicitud puede formularse  ante  el Ministerio Público a través de sus Delegados para la Casación Penal,  ante  uno  de  los  Magistrados que haya salvado voto respecto a la decisión de  inadmitir  o  ante  uno  de  los  Magistrados  que  no  haya  intervenido  en la  discusión.   

c- Es potestad del funcionario ante quien se  formula  la  insistencia  someter  el  asunto  a  consideración de la Sala o no  presentarlo  para su revisión y en este caso así lo informará al peticionario  en  un  término  de quince (15) días”4   

.  

          En  mérito  de  lo  expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE  

INADMITIR   la  demanda  de  casación  presentada  en nombre de Wilson  Rondón Bulla.   

Contra  esta decisión procede el mecanismo  de insistencia, en los términos señalados.   

Comuníquese y cúmplase,  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria  

    

1  Sentencia  de  segunda  instancia  de  13  de diciembre de 1995, radicación Nº  10895.   

2  Sentencia  de 11 de mayo de 2001 y auto de 8 de agosto de 2007, radicaciones Nº  13371 y 27995, respectivamente.   

3  Sentencia del 11 de julio de 2012, radicación Nº 38285.   

4Auto,  diciembre  12  de  2.005,  radicación  24322;  en el mismo  sentido, auto, de mayo 4 de 2006, radicación 25006.     

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