AP4082-2014(43591)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MARÍA   DEL   ROSARIO  GONZÁLEZ MUÑOZ   

Magistrada ponente  

AP4082-2014  

Radicación n° 43689  

(Aprobado  Acta No.  235)   

Bogotá D.C., veintitrés (23) de julio de dos  mil catorce (2014).   

VISTOS  

Se pronuncia la Sala sobre la admisibilidad de  la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  FREDDY   TRUJILLO   BORRERO   contra  la  sentencia  del  3  de febrero de 2014, a través de la cual el Tribunal Superior  de  Santiago  de  Cali,  al  revisar por vía de apelación el fallo absolutorio  proferido  el 1º de junio de 2012 por el Juzgado Séptimo Penal del Circuito de  la  misma  sede, condenó al procesado a la pena principal de 35 años y 4 meses  de  prisión,  así  como a la accesoria de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  término de 20 años, como autor del  delito  de  homicidio agravado, cometido en concurso con fabricación, tráfico,  porte o tenencia de armas de fuego.   

HECHOS  

Los resumieron los falladores de instancia en  la siguiente forma:   

“El  13  de  enero  de 2011, falleció el  joven   JUAN  ALEJANDRO  CALLEJAS  YUSTE,  víctima  de  impactos  de  proyectil  producidos  por arma de fuego, mientras se encontraba en la parte exterior de la  vivienda  ubicada  en  la  diagonal  16  No.  17  A  186 del barrio ‘7      de      agosto’,  aproximadamente  a  las 8:00 de la  noche.   

“Como   el   autor   de  estos  hechos,  posteriormente,  fue  señalado  FREDDY  TRUJILLO  BORRERO,  alias  ‘mellizo’…”.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  El  14  de  octubre  de  2011 el Juzgado  Veintisiete  Penal  Municipal  con  funciones  de  control de garantías de Cali  realizó  audiencia  preliminar,  en  cuyo  desarrollo avaló la legalidad de la  captura   de   FREDDY  TRUJILLO  BORRERO.  En  la  misma  diligencia,  la  Fiscalía formuló imputación al  antes  mencionado por los delitos de homicidio agravado y fabricación, tráfico  y  porte  de armas de fuego o municiones. Acto seguido, el juez le impuso medida  de aseguramiento de detención preventiva.   

2.  El  10  de  enero  del siguiente año la  Fiscalía   presentó   escrito   de   acusación   en  contra  de  TRUJILLO   BORRERO   por   los   delitos  considerados en la audiencia de formulación de imputación.   

3.  Realizadas las audiencias de acusación,  preparatoria  y  juicio  oral,  el  Juez  Séptimo  Penal  del  Circuito de Cali  anunció  el sentido del fallo, advirtiendo que sería de carácter absolutorio.   

4. El fallo anunciado se profirió el 1º de  junio  de 2012, contra el cual se alzó en apelación el ente acusador, por cuya  vía  lo  revocó  para,  en  su  lugar,  condenar  al  procesado  en la forma y  términos   referidos   en   el  acápite  inicial  de  la  presente  decisión.   

5.  Atendido  el  sentido de la decisión de  segunda   instancia,   la   defensa   acudió   al   recurso  extraordinario  de  casación.   

LA  DEMANDA   

          El  impugnante  formula cuatro cargos contra la sentencia de segunda  instancia,  los  dos  primeros al amparo de la causal tercera de casación de la  Ley  906  de  2004,  el  tercero  con  sustento en la causal segunda de la misma  disposición  legal  y  el  último  con  apoyo  en  la  causal primera ibídem.   

          En    el    primer   cargo   acusa  al  Tribunal  de  incurrir  en violación indirecta de la ley  sustancial  por  error  de  derecho  derivado de falso juicio de convicción que  impidió  dar  aplicación  al  principio in dubio pro  reo.   

          Sustenta  el  reproche  cuestionando  al  juzgador por valorar en su  integridad  la entrevista rendida el 28 de junio de 2011 ante un investigador de  la    SIJÍN    por    Adriana   Victoria   Perafán  Sánchez,  pese  a  que  sólo  se introdujo un aparte  mínimo  de la misma a través del testimonio rendido por la aludida en la etapa  del  juicio,  violando  de esa manera los artículos 16, 347 y 379 de la Ley 906  de  2004,  que  fija  una  tarifa  legal negativa, conforme lo ha establecido la  jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia.   

          Precisa   el  actor  que  el  aparte  de  la  mencionada  entrevista  incorporado  al  juicio  es el siguiente: “… tenga  cuidado  que  por aquí había pasado dos veces Freddy Trujillo alias El Mellizo  en  una  motocicleta  RX115 color carnauba, vestía una chaqueta café de cuero,  pantalón    color   oscuro,   con   casco,   el   mellizo…”.   Ese  segmento, añade, fue el único que el delegado de la Fiscalía  utilizó  a  través  de  su  lectura  por la propia testigo, luego el contenido  restante no puede ser tenido en cuenta por el juzgador.   

          En  su criterio, ni en el fragmento leído de la entrevista ni en el  testimonio   rendido   en   el   juicio   oral,   la   declarante   Adriana  Victoria  Perafán  señaló como  autor  de  los disparos mortales al procesado. Únicamente, dice, lo ubica antes  de  los  hechos  pasando por frente de la casa, aun cuando por manifestación de  sus  hijos  Juan  David Riascos Perafán y      José      Ricardo      Moreno  Perafán.  En  consecuencia, concluye, no le resultaba  viable  al  Tribunal  predicar  lo  contrario,  con  base  en  los apartes de la  entrevista no incorporados al juicio.   

          Considera  el  impugnante  que si bien ese elemento probatorio no es  el  único  basamento  de  la sentencia, sí es su fundamento esencial, y en eso  estriba  la  trascendencia  del  yerro.  Al  respecto,  estima que las restantes  pruebas  traídas  al  juicio,  como  son  el  propio testimonio de Adriana  Victoria  Perafán  y  el de los  hijos  de  ésta,  no  son  suficientes  para  soportar  la condena, debido a la  inconsistencia  y perplejidad que denotan frente a si el acusado es el autor del  homicidio.   

          Así,  agrega, la primera de los mencionados jamás dijo haber visto  a  FREDDY  TRUJILLO conducir  la  motocicleta  cuando  accionaba  el  arma de fuego contra la víctima. Por su  parte,  Juan David Riascos y  José    Ricardo    Moreno    Perafán,  aun  cuando  inicialmente  lo  ubican como autor de los disparos,  después  empiezan  a mostrar dudas y contradicciones en sus manifestaciones, al  afirmar  que  el procesado es el primer sospechoso a raíz de unas desavenencias  pasadas  suscitadas  entre  éste y el occiso, pero además, conforme ocurre con  el  segundo  de  esos declarantes, al asegurar que, como el motociclista llevaba  el  casco  puesto  y  solamente  se le podía ver la nariz y hasta las cejas, lo  reconoció apenas en un 90%.   

            De  esa  manera, solicita casar la sentencia impugnada para, en su  lugar, impartir confirmación a la de primera instancia.   

          En    el   segundo   cargo   predica  también  la  violación indirecta de la ley sustancial por  error de derecho, esta vez derivado de falso juicio de legalidad.   

          El  sustento fáctico de este reproche es similar al expresado en el  anterior,  esto  es,  la  incorporación  solamente parcial al juicio oral de la  entrevista  rendida  por  Adriana  Victoria Perafán.  Esa  situación,  en  su  sentir, impedía al Tribunal  considerarla  como prueba, en tanto su práctica ocurrió sin observancia de los  principios  de oralidad (art. 9º Ley 906 de 2004), inmediación (arts. 16 y 379  ibídem),  publicidad  (arts. 18 y 377 ejúsdem) y contradicción (arts. 8º, 15  y 378 de la misma codificación).   

          Según  el  actor, en cuanto el aparte no leído de la entrevista no  fue  hecho  público en el juicio oral y, por ende, no existió oportunidad para  controvertirlo,  no puede tenerse como válidamente incorporada dicha entrevista  al   testimonio  de  la  prenombrada,  tornándose  en  una  prueba  ilegal.  En  consecuencia,  añade, su estimación por el juzgador de segundo grado condujo a  la  aplicación  indebida de los artículos 103, 104.7 y 365 del Código Penal y  a  la  falta  de  aplicación de los artículos 7º del Código de Procedimiento  Penal  y  29  de  la  Constitución  Política,  referidos  a  la presunción de  inocencia y al in dubio pro reo.   

          En  similares  términos  al  primer cargo el demandante sustenta la  trascendencia  del  segundo, señalando entonces que la entrevista se erigió en  basamento  fundamental  de  la  condena,  sin  que los demás medios probatorios  incorporados  a  la  actuación  adquieran  mérito  suficiente para sostener el  juicio de reproche.   

          Pide  así  casar  la  sentencia  para  dejar vigente la absolución  dictada en primera instancia.   

          En    el    tercer   cargo   reclama   la   nulidad  de  la  actuación  por  falta  absoluta  de  motivación,   vicio   vulnerador   del   derecho   de   defensa  y  del  debido  proceso.   

          En  su  sentir,  la  falta  de  motivación  ocurrió respecto de la  circunstancia  de  agravación  prevista en el numeral 7º del artículo 104 del  Código  Penal,  referida  a  la comisión del homicidio bajo el aprovechamiento  del  estado  de  indefensión,  en  cuanto  para  su  deducción  el Tribunal no  ofreció  las  razones  de  orden  jurídico  y probatorio en que se sustenta la  misma y ni siquiera enunció los medios de prueba.   

          En  síntesis, para el demandante, la sentencia impugnada no permite  “entender  cuál  fue el elemento probatorio en que  basa  su  reconocimiento, cuál el alcance y eficacia probatoria que el mismo se  brinda  y  cuál  el  entendimiento  jurídico  que  a  la  institución  de  la  indefensión igualmente le da y brinda cabida”.   

          Considera  trascendente  el  yerro,  pues la falta de argumentos del  fallador   le  impide  a  la  defensa  atacar  la  aplicación  de  la  referida  circunstancia  de  agravación,  máxime  cuando  la  Fiscalía solamente en las  alegaciones  finales  explicó  el fundamento de su atribución, al señalar, en  todo  caso  sin  argumentación fáctica y jurídica, que el aprovechamiento del  estado  de  indefensión  ocurrió porque el homicida disparó su arma cuando la  víctima  estaba  indefensa  en  el piso, razón diferente a la expresada por el  Tribunal, quien asevera que la agresión sucedió por la espalda.   

          Según  el  actor,  de  otra  parte, en este caso la indefensión se  derrumba,  por  cuanto  si,  como  se  ha dicho, el victimario antes de disparar  llamó  al  agredido  por  su  apodo,  significa  ello  que  no  lo  sorprendió  indefenso,  pues  “casi  le  advierte  que  dé  la  cara”.  Por  lo  demás,  añade,  de acuerdo con lo  dicho,    Juan    Alejandro    Callejas  estaba  advertido,  previamente  a  los hechos, sobre la presencia  maliciosa  y  sospechosa  de  sujetos  que se movilizaban en moto por el sector,  razón  por  la  cual  se  encontraba  asustado, todo lo cual, reitera, echaría  abajo  la  situación  de  indefensión,  aun  cuando  estima que no le es dable  atacar  el  eventual  soporte  probatorio  y  jurídico  de  la circunstancia de  agravación   por   no   conocer   los   argumentos   del   Tribunal   para   su  deducción.   

             Insistiendo   en   que   el   ad  quem  dedujo   la  mencionada  causal  de  agravación  sin  motivación  alguna,  solicita  casar  la  sentencia  impugnada para decretar la  nulidad  a  partir de esa decisión, a fin de que el Tribunal proceda a subsanar  el vicio detectado.   

          En    el    cuarto   cargo   denuncia  la  violación  directa  de la ley sustancial por falta de  aplicación  del artículo 365 del Código Penal, modificado por el artículo 38  de  la  Ley  1142  de  2007 y, consecuentemente, por la aplicación indebida del  artículo 19 de la Ley 1453 de 2011.   

          Lo  anterior, sostiene, porque el juzgador tasó la pena con base en  la  última  disposición  en cita, pese a que la misma empezó a regir desde el  24  de  junio  de  ese año, es decir, con posterioridad a los hechos, cuando lo  procedente  era  fijar  la  sanción,  por favorabilidad, con base en las normas  dejadas de aplicar.   

          Pide,  en  consecuencia,  casar  la sentencia impugnada y proceder a  redosificar la pena impuesta.    

            

PARA   RESOLVER   SE  CONSIDERA   

El estatuto procesal penal expedido mediante  la  Ley  906  de  2004,  conforme  ocurre con el previsto en la Ley 600 de 2000,  también  exige,  como  condición para la admisión de la demanda de casación,  la  satisfacción  de  exigencias de lógica y adecuada argumentación, cuyo fin  es  permitirle a la Corte, a partir de la coherencia y precisión conceptual del  libelo,  establecer  sin dificultad cuál es el error atribuido al sentenciador,  causante  de  la violación de la Constitución o la ley o la afectación de las  garantías fundamentales de las partes.   

Esos  presupuestos  de sustentación, acorde  con  lo  establecido en los artículos 183 y 184, inciso segundo de la precitada  Ley  906  de 2004, giran en torno a la correcta selección de la causal invocada  y  al  adecuado desarrollo de los cargos formulados a la sentencia atacada, para  lo  cual  se requiere que cada reproche se sustente de manera separada y que las  razones  aducidas  se  correspondan  con  el yerro denunciado, sin que sea dable  entonces  incluir  en  una  misma  censura conceptos que se opongan entre sí ni  incurrir  en  inconsistencias de argumentación, pues ello atentaría contra los  principios  de  no  contradicción  y  autonomía  que son inherentes al recurso  extraordinario de casación.    

Además,  en  la  estructuración  de  las  censuras  al  demandante  le  es  imperioso respetar el principio de corrección  material,  conforme  al  cual  las  razones,  fundamentos y contenido del ataque  deben  corresponder  en un todo con la realidad procesal (Cfr. CSJ AP, 2 de mayo  de 2012, Rad. 26846).   

          Pues  bien,  la  Sala  examinará  a  continuación  si  la  demanda  instaurada  por  el  defensor de  FREDDY TRUJILLO  BORRERO  reúne  o  no  los  presupuestos de lógica y  debida  sustentación, empezando por los dos primeros cargos, que se analizarán  conjuntamente,     atendiendo     la     identidad     de     sus    fundamentos  fácticos.   

          CARGOS PRIMERO Y SEGUNDO. Violación indirecta:   

          En  estos  reproches el actor acusa al Tribunal de incurrir en error  de  derecho  por falsos juicios de convicción y legalidad, por cuanto tuvo como  prueba    la    totalidad    de   la   entrevista   rendida   por   Adriana  Victoria  Perafán Sánchez, pese  a  que  solamente  una  parte mínima de la misma se introdujo al juicio oral al  ser  leída  por  la  aludida  durante  el  testimonio  que  rindió en esa fase  procesal.   

            Como lo tiene precisado la jurisprudencia de esta Corporación, el  falso  juicio  de  convicción  se  presenta  cuando  el sentenciador niega a la  prueba  el  valor  que  la  ley  le atribuye, o le asigna uno distinto al que el  mismo legislador le otorga.   

          Para  su  demostración  al  impugnante  le compete acreditar que el  juez  sustentó  la  sentencia  con  desconocimiento  de las normas que tasan el  valor  y  eficacia  de  los  elementos  de  prueba,  identificar  los  preceptos  desatendidos  y  demostrar  las  implicaciones  del  yerro  en  el sentido de la  decisión.   

          Por  su  parte, el falso juicio de legalidad se estructura cuando el  fallador  asigna  validez a un medio de prueba, a pesar de que en su producción  y  aducción  se  desconocen las reglas establecidas en la ley para el efecto, y  también  cuando  el  juzgador  deja de apreciar algún elemento de convicción,  por   considerar  erróneamente  que  en  su  recaudo  se  desatendieron  dichas  reglas.   

          Para  su  demostración,  al  libelista  le  corresponde identificar  claramente  la  prueba  indebidamente  apreciada,  señalar las normas medio que  regulan  su  formación,  acreditar  que  la  prueba  fue  excluida debiendo ser  apreciada   o   que  fue  apreciada  debiendo  ser  excluida,  y  demostrar  las  implicaciones del error en las conclusiones probatorias.   

          La  controversia  planteada  por  el demandante consiste en señalar  que  el  actor  consideró  como  prueba  directa  la totalidad de la entrevista  rendida    por    la    señora   Adriana   Victoria  Perafán,  a  pesar  de que gran parte de lo dicho por  ella en esa diligencia corresponde a prueba de referencia.   

En esas condiciones, es claro que el sendero  correcto  para  postular  la  discusión  casacional  lo era a través del falso  juicio  de  convicción, como se hizo en el primer cargo, pues se habría dado a  la  entrevista  un  valor distinto al que por ley le corresponde, según así lo  establece  el  inciso  segundo del artículo 381 de la Ley 906 de 2004 (Cfr. CSJ  AP,  15  de  may.  de  2013,  rad.  40619).  Siendo  así la situación, la vía  escogida  en  la  segunda  censura  se  muestra per se  incorrecta.   

Sea como fuere, tampoco hay lugar a admitir  ese  primer  reproche,  pues  el libelista no satisfizo la totalidad de la carga  argumentativa  arriba  mencionada.  Ello,  por  cuanto  dejó  de  acreditar  la  trascendencia  del  yerro  aducido, si se tiene en cuenta que omitió rebatir, a  través  de  la  técnica  casacional,  los  demás  elementos de prueba con los  cuales  el  ad quem sustentó  la condena.   

Lo anterior porque si bien sostiene que los  testigos    Juan    David    Riascos   y      José      Ricardo      Moreno  Perafán  no  ofrecen  credibilidad cuando señalan al  procesado  de  ser  el  autor  de  los  disparos,  en  virtud  de  las  dudas  y  contradicciones  que  se  evidencian en sus manifestaciones, lo cierto es que se  trata  de  la  particular opinión expresada por el censor, que opone al mérito  persuasivo asignado por el juzgador a dichos medios de convicción.   

De  esa manera, sin duda, pretende el actor  hacer  prevalecer  su  personal  criterio,  con  lo  cual olvida que ese tipo de  controversias  probatorias no resultan pertinentes en sede de casación, dada la  doble  presunción  de  acierto  y legalidad de que está revestida la sentencia  impugnada,  en cuya virtud las conclusiones de ese orden del fallador predominan  sobre  las  de  los  sujetos  procesales,  salvo  la  demostración  de un yerro  casacional,  exigencia  omitida en este caso en lo relativo a los testimonios de  Juan   David   Riascos   y  José    Ricardo    Moreno    Perafán, que por sí solos sostienen el fallo condenatorio.   

         Baste  lo  dicho  para  inadmitir, como lo hará la Sala, los cargos  primero y segundo.   

        CARGO   TERCERO.  Nulidad  por  falta  de  motivación:   

         La  irregularidad,  según  el casacionista, ocurrió respecto de la  circunstancia  de  agravación  prevista en el numeral 7º del artículo 104 del  Código  Penal,  referida  a  la comisión del homicidio bajo el aprovechamiento  del  estado  de  indefensión,  en  cuanto  para  su  deducción  el Tribunal no  ofreció  las  razones  de  orden  jurídico  y probatorio en que se sustenta la  misma.   

A  este respecto, pertinente es recordar el  criterio  de  la  Sala  acorde  con  el  cual  las  censuras  sustentadas  en el  mencionado  motivo de casación deben contener, como mínimo, la identificación  de  la  irregularidad,  la expresión clara de sus fundamentos, el señalamiento  de  si  se  trata  de  un  vicio de estructura o garantía, la indicación de la  norma  o normas violadas, la mención del momento procesal en donde se presentó  la  anomalía  y de las actuaciones afectadas con la misma, así como motivar su  trascendencia  y  demostrar  a  la Corte que la nulidad se erige como el remedio  único  y  extremo  para  enmendar  la  incorrección  procesal,  surgiendo así  indispensable el fallo de casación.   

La Corte, igualmente, ha sido reiterativa en  referir  que  cuando se aduce la existencia de nulidad por falta de motivación,  al  demandante  le  corresponde  demostrar la presencia de uno cualquiera de los  siguientes  vicios:  (i) que el fallo carece totalmente de motivación; (ii) que  siendo  motivado,  es  dilógico  o  ambivalente;  (iii)  que  su motivación es  incompleta;  o  (iv)  que  la  motivación  es aparente o sofística1.     

          En  este  caso  el  censor  atribuye  al  fallador  de segundo grado  incurrir  en  falta  absoluta  o  total  de  motivación.  Sin  embargo,  en  la  postulación  casacional  advierte  la  Sala  la  violación  del  principio  de  corrección  material,  pues  no  es  cierto  que  el  Tribunal no haya ofrecido  ningún  tipo  de  fundamento  para  deducir  la circunstancia de agravación en  mención.   

Para  efectuar  tal afirmación el actor se  limita  a  transcribir  un  corto  fragmento  del fallo, pasando por alto que la  motivación  de  una decisión está conformada por la parte considerativa de la  misma,  y  que  las  razones  por  las cuales se asume una u otra posición bien  pueden  encontrarse  esparcidas  a lo largo de dicho segmento motivacional. Y en  ese  sentido,  se  advierte que el ad quem  en varias ocasiones se refirió, tomando como base los testimonios  recaudados   en  el  proceso,  entre  ellos,  los  ofrecidos  por  los  hermanos  Juan   David   Riascos   y  José    Ricardo    Moreno    Perafán,  acerca  de  las circunstancias en que el procesado disparó sobre  la humanidad del hoy occiso, y es así como inicialmente señaló:   

“… la persona a la que vieron merodear  esa  noche  antes de la muerte de Koala, fue el mellizo quien se transportaba en  una  motocicleta  RX  115 carnauba y que fue éste luego de un momento el que se  subió   al   andén  de  la  vivienda  en  donde  se  encontraba  conversando  con  su  novia  y su suegra y disparó un arma de fuego  contra   la   humanidad   de  aquel…”2 (subraya la Corte).   

         Y  después  razonó  en  los  siguientes  términos  sobre el mismo  punto:   

“De las pruebas antes reseñadas se puede  llegar  a  concluir  que  la  muerte  de  JOSÉ  ALEJANDRO CALLEJAS YUSTE, alias  “Koala”,  tuvo  lugar  siendo aproximadamente las 8:00 de la noche del 13 de  enero  de  2011,  cuando  éste se encontraba en la parte externa de la vivienda  ubicada  en  la  diagonal  16 No. 71 A –     186    del    barrio    Siete    de    Agosto,    conversando  tras una ventana con VALERIA  RIASCOS  PERAFÁN  –futura  madre  de  su hijo- y la señora ADRIANA VICTORIA PERAFÁN SÁNCHEZ, momentos en  los  que,  luego  de merodear por el lugar, se aproxima FREDDY TRUJILLO BORRERO,  alias  “El  Mellizo”  en  la motocicleta RX 115 color carnauba, la  sube  al  andén  y  empieza  a disparar contra la humanidad de  “Koala”,  quien  recibe  en  total  4  impactos  de  proyectil  de  arma  de  fuego  que  le  ocasionaron  su  deceso,  tal como se  desprende    de    la    necropsia   médico   legal   que   fuera   objeto   de  estipulación”3          (las    subrayas    son    también    de   la   Corte).   

         Ese  análisis  probatorio  fue  el  que  le  permitió  al Tribunal  concluir en lo siguiente:   

“Es  decir  la  muerte  del  señor LUIS  ALEJANDRO  CALLEJAS  YUSTE,  efectivamente se vislumbra bajo la circunstancia de  indefensión,  pues  el acusado FREDDY TRUJILLO BORRERO, alias “El Mellizo”,  aprovechó  que  éste se encontraba de espaldas conversando con la futura madre  de  su hijo y su suegra para emprender su acción homicida y además que para la  misma   se   valió   de  un  arma  de  fuego…”4.   

          Vista  así  la  situación, encuentra la Corte que, en realidad, la  inconformidad  del  actor  con  el  fallo  surge  no  por  presentar  defecto de  motivación,  sino  porque  no  comparte  los  razonamientos probatorios con los  cuales se sustentó la condena.   

Al respecto, es necesario traer a colación  el  criterio  de  esta  Corporación  acorde  con el cual no es lo mismo que una  providencia  judicial adolezca de defectos de motivación, por ausencia absoluta  o  parcial  de  las  razones  de  orden  probatorio  y jurídico que soportan la  decisión,  a  que  la  argumentación traída por el fallador no cumpla con las  expectativas  del  sujeto  procesal, quien la tilda de inadecuada, desacertada o  insuficiente   en   su   fundamentación   fáctica,   jurídica  o  probatoria.   

         Sólo  en  la  primera  hipótesis el error será susceptible de ser  atacado  dentro  del  marco  de la causal tercera, mientras que en el segundo el  error  es  de  juicio,  caso  en el cual debe ser ventilado en el ámbito de las  causales   primera   y  tercera,  demostrando  los  errores  de  fundamentación  fáctica,   jurídica   o  probatoria  que  llevan  a  tildarla  de  inadecuada,  desacertada          o          insuficiente5.   

         Es  claro  así,  se insiste, que el desacuerdo del impugnante recae  sobre  la apreciación probatoria del juzgador, en cuanto rebate la concurrencia  de  la  circunstancia  de  agravación  sobre la base de afirmar que el homicida  llamó  previamente  a  la  víctima  por su apodo y, en todo caso, porque ésta  sabía  de  la  presencia  maliciosa  y sospechosa de sujetos motorizados por el  sector,  por  lo  cual estaba advertido del peligro. Un ataque casacional de esa  naturaleza,  ciertamente, le correspondía postularlo por vía diferente, según  se precisó en precedencia.   

         Es  de  anotar  que  el  actor  también  insinúa  que  durante  la  tramitación  del  juzgamiento  la Fiscalía tampoco, con excepción del alegato  final,   ofreció   las  razones  fácticas  y  jurídicas  que  sustentaban  la  atribución  de  la  circunstancia  de  agravación.  Sin  embargo, se limitó a  enunciar  la  anomalía  sin  acreditarla  y  sin  fundamentar su trascendencia,  explicando  la  forma  como  esa  situación  impidió el adecuado ejercicio del  derecho   de   contradicción   durante  las  etapas  previas  a  la  sentencia.   

         El tercer cargo, por tanto, también se inadmitirá.   

         CARGO CUARTO. Violación directa:   

         Esta  censura,  por  satisfacer los requisitos de adecuada y lógica  sustentación  exigidos  por  la  ley  y desarrollados por la jurisprudencia, la  Sala la admitirá.   

Se  precisará,  finalmente,  que contra la  decisión  inadmisoria  del  recurso  de  casación  sólo  cabe el mecanismo de  insistencia,  conforme  lo  tiene  establecido el artículo 184 de la Ley 906 de  2004,  cuya  interposición  procede  bajo  las reglas fijadas en jurisprudencia  reiterada         de         la         Sala6.   

         

         En  lo referente al cargo que se admitirá, se ordenará que una vez  se  surta  el  trámite  relacionado con el mecanismo de insistencia, se fijará  fecha   para  la  realización  de  la  respectiva  audiencia  de  sustentación  oral.   

                     

         En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

        1.                      INADMITIR  los  tres  primeros   cargos   de  la  demanda  de  casación    interpuesta    por    el   defensor   de   FREDDY  TRUJILLO  BORRERO, de acuerdo con  las razones expuestas en la anterior motivación.   

          Según  lo establecido en el artículo 184 de la Ley 906 de 2004, es  facultad de la demandante elevar petición de insistencia.   

          2.        ADMITIR  el  cuarto  cargo  del mencionado  libelo de casación.   

         Una  vez  se  surta  el  trámite  relacionado  con  el mecanismo de  insistencia,  se  fijará  fecha para la realización de la respectiva audiencia  de sustentación oral.   

Notifíquese y cúmplase.  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Sentencia del 18 de julio de 2007, radicación 26255.   

2  Páginas 45 y 46 del fallo de segundo grado.   

3  Páginas 50 y 51 ídem.   

4  Página 51 ídem.   

5 Cfr.  Auto del 28 de febrero de 2006, radicación 24783.   

6  Providencia del 12 de diciembre de 2005, radicación 24322.     

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