AP3637-2014(43822)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

MARÍA  DEL  ROSARIO  GONZÁLEZ  MUÑOZ   

Magistrada Ponente  

AP3637-2014  

Radicación 43822  

(Aprobado Acta No. 202).  

Bogotá  D.C.,  julio  dos  (2)  de  dos mil  catorce (2014)   

VISTOS  

Procede  la Corte a examinar el cumplimiento  de  los  requisitos  de  argumentación  lógica  y  suficiente  en  la  demanda  casacional    presentada    por   el   defensor   del   procesado   KENI  ANÍBAL SÁNCHEZ MONTILLA, contra la  sentencia  proferida  en  segunda instancia por el Tribunal Superior de Popayán  el  12  de  marzo  de  2014,  a  través de la cual revocó el fallo absolutorio  dictado  por  el Juzgado Tercero Penal del Circuito con función de conocimiento  de  la  misma  ciudad el 30 de octubre de 2013, para en su lugar condenarlo como  autor  penalmente  responsable  del delito de homicidio agravado en Juan Carlos Narváez Campo.   

HECHOS  

Aproximadamente a las 9:10 de la noche del 14  de  febrero de 2010, en la esquina de la carrera 6 E con calle 17, barrio María  Oriente  de  Popayán,  el  menor Juan Carlos Narváez  Campo   golpeó   en   el   rostro   a   KENI  ANÍBAL  SÁNCHEZ MONTILLA por haber  agredido    verbalmente   a   su   novia   Geraldine  Truque.         Entonces,         SÁNCHEZ se retiró del sitio, pero luego  regresó  en  compañía  de  su  padre  Luis Alberto  Sánchez    Chantre    e   hirió   a   Narváez  con  una navaja a la altura del  tórax, a consecuencia de lo cual se produjo su deceso.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

En  audiencia  realizada el 15 de febrero de  2010,  el  Juzgado  Cuarto Penal Municipal con función de control de garantías  de    Popayán    impartió    legalidad    a   la   captura   de   SÁNCHEZ  MONTILLA, oportunidad en la cual  la  Fiscalía le imputó la comisión del delito de homicidio agravado, a la que  no  se  allanó,  y  a  instancia  del  ente  acusador le fue impuesta medida de  aseguramiento de detención preventiva intramural.   

Presentado el escrito de acusación, el 25 de  mayo  se  realizó  la correspondiente audiencia, sin que el acusado aceptara la  comisión del delito imputado.   

Surtida  la  fase  del  juicio,  el  Juzgado  Tercero  Penal  del Circuito con funciones de conocimiento de Popayán profirió  fallo absolutorio el 30 de octubre de 2012.   

Impugnado  el  proveído  del  a  quo  por  la  Fiscalía,  el  Tribunal  Superior  de  Popayán  lo  revocó  mediante sentencia del 12 de marzo de 2014,  para   en   su   lugar   condenar   a   KENI  ANÍBAL  SÁNCHEZ  a  la  pena principal de cuatrocientos (400)  meses  de  prisión  y  a  la  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por  veinte (20) años, como autor penalmente  responsable del punible objeto de acusación.   

En  la misma providencia le fue negada tanto  la condena de ejecución condicional como la prisión domiciliaria.   

Contra   el   fallo   del   ad  quem  la  defensa  interpuso  recurso  extraordinario  de casación y allegó la respectiva demanda, cuya admisibilidad  se examina en este proveído.   

EL LIBELO  

         Bajo  la  égida  de  “la causal 1º de  casación  artículo  181  del  C.P.P.” el recurrente  advera  que  se  violó  indirectamente  la  ley sustancial pues se incurrió en  error  de  hecho  por  falso juicio de identidad. En la acreditación del reparo  señala   que   el  fallo  se  sustentó  en  la  declaración  de  Geraldine  Truque, en cuanto declaró que  luego  de  una  riña  entre KENI SÁNCHEZ   y   Juan   Carlos   Campo,  aquél  regreso  con  su padre para enfrentarlo y aprovechó para  abrazarlo  por  la  espalda  y  herirlo  a  la  altura  del corazón con un arma  blanca.   

          Considera  que  el  relato  de  la  mencionada testigo no pudo tener  ocurrencia,  pues  al recrear en el juicio oral la escena no explica la forma en  que  la  víctima  recibió la lesión, es decir, no se refiere a la trayectoria  horizontal  de  la  lesión  dictaminada  por  el  perito legista, máxime si la  lesión  fue  de  14 centímetros de profundidad, motivo por el cual el Tribunal  incurrió en un falso juicio de identidad.   

          Deplora   que   el   ad  quem  no  haya  otorgado  credibilidad  a  lo declarado por Luis  Alberto  Sánchez, quien reconoció  ser  el  causante  de  la  lesión,  pues adujo el juez plural que el mencionado  ciudadano  había  declarado  ante  un  inspector  de  policía que el autor del  homicidio     era     KENI    SÁNCHEZ.   

          También  resalta  que  la  autoincriminación  aludida da cuenta de  cómo  se  produjo  la  agresión  y  coincide  con  la trayectoria de la herida  fatal.   

          Precisa  que  una  puñalada con un agresor en la parte posterior de  la  víctima  deja  una trayectoria diversa a la establecida por medicina legal,  “todo  lo  cual  indica  que en la formación de la  convicción  por  parte del Tribunal hubo un error de hecho porque las reglas de  la  experiencia  y las del sentido común indican que un ataque por la espalda y  con  un  puñal  no  pudieron  haber  dejado  en  la  víctima lesiones como las  descritas     en     el     informe     pericial     de    necropsia”.   

          Con  base  en  lo  expuesto  concluye  que  en  virtud del principio  in   dubio  pro  reo  debe  absolverse  a  su asistido pues no se demostró la ocurrencia de lo relatado por  Geraldine  Truque, y sí es  posible  que  el  padre  del  procesado  haya  cometido  el delito y por ello se  autoincriminó.   

          Entonces,  el defensor solicita a la Corte casar el fallo de segundo  grado,   para   en  su  lugar  confirmar  la  sentencia  absolutoria  de  primer  grado.   

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

De tiempo atrás ha señalado la Colegiatura  que  para  acceder  a  este  recurso  extraordinario  corresponde  al recurrente  demostrar  el  quebranto  de  derechos o garantías fundamentales, lo cual exige  contar  con  interés  para impugnar, señalar la causal, desarrollar los cargos  de  sustentación  de  la  inconformidad  y  demostrar la necesidad del fallo de  casación  para  cumplir alguno de los fines establecidos en el artículo 180 de  la  Ley 906 de 2004, esto es, la efectividad del derecho material, el respeto de  las  garantías  de  los intervinientes, la reparación de los agravios sufridos  por  éstos  y  la  unificación  de  la  jurisprudencia,  so  pena  de resultar  inadmitida  la  demanda,  según  lo  establece  el  artículo  184 de la citada  legislación procesal.   

         Es  pertinente  destacar que en el examen  de  los  requisitos de admisibilidad de los libelos casacionales, es deber de la  Sala  constatar  en  la formulación y desarrollo de las censuras el acatamiento  de  las  exigencias de lógica y  pertinente demostración definidas por el  legislador  y  desarrolladas  por  la  jurisprudencia,  con  el fin de evitar la  transformación  de este recurso extraordinario en una instancia adicional a las  ordinarias.  Tales  requisitos  se  orientan  a  conseguir  el desarrollo de las  demandas  dentro  de unos mínimos lógicos y de coherencia en la postulación y  demostración  de  los  cargos propuestos, en cuanto resulten inteligibles, esto  es,  precisos y claros, pues no corresponde a la Corte en su función reglada de  orden  constitucional  y  legal,  develar o desentrañar el sentido de confusas,  ambivalentes    o    contradictorias   alegaciones   de   los   impugnantes   en  casación.   

          Además,   conforme  al  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  “si  el demandante carece de interés, prescinde de  señalar  la  causal,  no  desarrolla  los  cargos de  sustentación”  (subrayas fuera de texto), el libelo  se inadmitirá.   

Advertido lo anterior se tiene, que si en la  censura  propuesta  el  actor  denuncia  un falso juicio de identidad, amén del  quebranto  de  las reglas de la experiencia, resulta impropio que la sustente en  “la  causal  1º  de  casación  artículo  181 del  C.P.P.”,  pues  esta  corresponde  a  la  violación  directa  de la ley sustancial, mientras que los referidos yerros son especies de  la  violación  indirecta,  en el ámbito de los errores de hecho, circunstancia  que   ab   initio  permite  vislumbrar confusión y falta de claridad en el recurrente.   

Ahora,  en cuanto se refiere al falso juicio  de   identidad   tiene  dicho  la  Corte  que  tal  error  acontece  cuando  los  sentenciadores  al  ponderar  el  medio  probatorio  distorsionaron su contenido  cercenándolo,   adicionándolo   o   tergiversándolo,   motivo   por  el  cual  corresponde  al demandante identificar a través del cotejo objetivo de lo dicho  en  el  elemento  de  convicción  y lo asumido en el fallo, el aparte omitido o  añadido  a  la  prueba,  los  efectos  producidos  a  partir de ello y, lo más  importante,  cuál  es la trascendencia de la falencia en la parte resolutiva de  la  sentencia  atacada,  tópico  de  improcedente  demostración  con el simple  planteamiento  del  criterio  subjetivo  del  recurrente  sobre  la  prueba cuya  tergiversación  denuncia,  en  cuanto es su obligación acreditar materialmente  la  incidencia del yerro en la falta de aplicación o la aplicación indebida de  la  ley sustancial en el fallo, esto es, señalar la modificación sustantiva de  la  sentencia atacada con la corrección del error y la debida valoración de la  prueba,  en  conjunto  con  las  demás,  obligaciones  que  no  fueron asumidas  rigurosamente en el libelo examinado.   

En  efecto,  pese  a identificar el medio de  prueba   que   estima   tergiversado,  esto  es,  la  declaración  Geraldine  Truque,  en  su  discurrir  el  censor  plasma su personalísima percepción del suceso narrado por ella y de la  forma  en que ocurrió la agresión de la víctima, sin detenerse a precisar los  equívocos del Tribunal sobre el particular.   

          Ahora,  si  la  queja  se  orientaba  a  demostrar que los hechos no  podían   físicamente  ocurrir  en  la  forma  en  que  los  narró  la  citada  declarante,  le  correspondía acudir al error de hecho por falso raciocinio, en  el  sentido  de señalar el principio lógico, la ley de la ciencia o la máxima  de la experiencia que fue desatendida, proceder que no acometió.   

Como  también en el mismo cargo deplora que  no  se otorgó credibilidad a la autoincriminación de  Luis  Alberto  Sánchez, padre del procesado, encuentra  la  Sala  que  una  vez  más  omite  señalar  cuál  es  el aparte cercenado o  adicionado  a la declaración de aquél, o en qué consistió la tergiversación  de  cuanto  expuso,  de  modo  que  el reproche se queda ayuno de acreditación.   

Dado  que  al  ponderar la trayectoria de la  agresión  con  el arma blanca dice que se violaron las reglas de la experiencia  y  el  sentido  común,  ingresa  en  el discurrir propio del error de hecho por  falso  raciocinio,  el  cual  acontece cuando las pruebas son tenidas en cuenta,  pero  en  su  valoración  los  funcionarios  quebrantan  las  reglas de la sana  crítica,  esto  es, los principios de la lógica, las leyes de la ciencia y las  máximas  de  la  experiencia,  caso en el cual es deber del recurrente expresar  qué  dice  concretamente  el  medio  probatorio,  qué se infirió de él en la  sentencia  atacada,  cuál  fue  el  mérito  persuasivo otorgado, determinar el  postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima  de  experiencia  cuyo  contenido   fue   desconocido  en  el  fallo,  debiendo   a   la   par    indicar   su    consideración    correcta,  identificar  la norma de derecho sustancial que indirectamente resultó excluida  o  indebidamente  aplicada  y  finalmente,  demostrar la trascendencia del yerro  expresando  con  claridad  cuál  debe  ser  la adecuada apreciación de aquella  prueba,  con la indeclinable obligación de acreditar que su enmienda da lugar a  un  fallo  esencialmente diverso y favorable a los intereses de su representado,  actividad que en este asunto no acometió el actor.   

Por  el  contrario,  procedió a plantear su  parecer,  como  cuando  señala  que  conforme  a  dichas reglas “un  ataque  por la espalda y con un puñal no pudieron (sic)   haber   dejado  en  la  víctima  lesiones  como las descritas en el informe pericial de necropsia y que un ataque  de  frente  si puede dejar ese tipo de lesiones”, sin  tener  en  cuenta que las reglas de la experiencia tienen una entidad definida y  no  corresponden  a  simples  percepciones  personales  y  caprichosas  de quien  demanda en casación.   

Al  respecto  ha  dicho la Sala (CSJ. SP, 28  sep. 2006. Rad. 19888):   

“Las reglas de la  experiencia  se  configuran a través de la observación e identificación de un  proceder  generalizado  y  repetitivo  frente  a  circunstancias similares en un  contexto   temporo   –  espacial  determinado. Por ello, tienen pretensiones de universalidad, que sólo  se  exceptúan  frente  a  condiciones especiales que introduzcan cambios en sus  variables  con  virtud  para  desencadenar respuestas diversas a las normalmente  esperadas y predecibles.   

“Así las cosas,  las   reglas   de   la   experiencia   corresponden  al  postulado  ‘siempre   o   casi  siempre  que  se  presenta   A,   entonces,   sucede   B’,   motivo   por   el   cual   permiten   efectuar  pronósticos  y  diagnósticos.  Los primeros, referidos a predecir el acontecer que sobrevendrá  a  la  ocurrencia  de  una  causa  específica  (prospección)  y  los segundos,  predicables  de  la  posibilidad de establecer a partir de la observación de un  suceso     final     su     causa     eficiente     (retrospección)”.   

          Conforme  a  lo anterior, se advierte que el casacionista procede de  manera  impropia  a  cuestionar  el  testimonio  de cargo y a enunciar supuestas  “reglas     de     la    experiencia”  o  del  sentido común, pero no explica por qué sus postulados  tienen   tal   condición,  y  de  qué  manera  fueron  quebrantados  en  forma  trascendente  en  el  fallo  atacado,  circunstancia  a  partir  de  la  cual se  establece  que  su  escrito  no  guarda  el  debido  rigor  en la proposición y  desenvolvimiento  del  reparo,  quedándose  en  la  simple  exposición  de  su  percepción  personalísima  sobre  el asunto, sin identificar los pilares de la  sentencia  y  encaminar  su  esfuerzo  argumentativo  demostrativo a derruirlos,  desentendiéndose  de  la  dual presunción de acierto y legalidad de la cual se  encuentra revestido el fallo.   

          Como  el  censor  plantea  la  necesidad  de  aplicar  el  principio  in   dubio  pro  reo,  sin  dificultad  se  constata que no atinó a precisar qué elemento de la estructura  óntica  del  delito no encontró acreditación, pues salvo alusiones genéricas  e  imprecisas  a  la  presencia  de  dudas,  no  señaló los aspectos que en el  ámbito  de  la  materialidad del punible o la responsabilidad de su asistido no  fueron demostrados más allá de toda duda.   

Los   mencionados  equívocos  en  el  discurrir del recurrente imposibilitan a la Sala acometer  el  estudio  de  la  demanda,  pues  si  no  se  trata  de  un  alegato de libre  factura,  su presentación  con  base en análisis probatorios fragmentarios e indemostrados, y sin atenerse  a   las  reglas  lógicas  y  argumentativas  que  la  gobiernan,  obliga  a  la  Colegiatura  a inadmitirla  de  acuerdo  con lo dispuesto en el artículo 184 de la Ley 906 de 2004, pues en  virtud  del principio de limitación propio del trámite casacional, la Corte no  se encuentra facultada para enmendar tales incorrecciones.   

Además,  no  se  observa  con  ocasión  de  la  sentencia  impugnada  o  dentro  del curso de la  actuación  procesal,  violación de derechos o garantías, como para adoptar la  decisión  de  superar  los defectos de la demanda y decidir de fondo, según lo  dispone el inciso 3º del artículo 184 de la citada legislación.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR el libelo  casacional  presentado por el defensor de KENI   ANÍBAL   SÁNCHEZ   MONTILLA,  de  acuerdo     con     las     razones    expuestas    en    las    consideraciones  precedentes.   

De  conformidad  con el artículo 184 de la  Ley  906  de  2004,  es  facultad  de  la  parte  demandante elevar petición de  insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA     DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUELLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

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