AP3631-2016(48193)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado ponente  

AP3631-2016  

Radicación N° 48.193  

(Aprobado acta N° 172)  

Bogotá, D. C., ocho (8) de junio de dos mil  dieciséis (2016).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Decide  la Corte si es procedente admitir la  demanda   de   casación   presentada   por  el  representante  de  la  víctima  –Ferney  Ruiz  Castañeda-  contra  la  sentencia  dictada  el  17  de  marzo  de 2016 por la Sala Penal del  Tribunal  Superior  de  Bogotá, que confirmó, con modificaciones, la proferida  el  22  de  septiembre de 2014 por el Juzgado Treinta y Siete Penal del Circuito  con  funciones  de conocimiento de la referida ciudad, en el sentido de condenar  a    Didier   Fernando   Rengifo   Medina  por  el  delito  de  homicidio  en  grado  de  tentativa,  con  la  circunstancia atenuante de la ira.   

HECHOS     Y    ACTUACIÓN    PROCESAL  RELEVANTE   

El  Tribunal  sintetizó  los primeros de la  manera como sigue:   

Según  los hechos por los que la Fiscalía  presentó  acusación,  a  las  4:00  de  la  mañana  del  10 de marzo de 2013,  aproximadamente   en   la   Calle   64   A   con   carrera  103  C  [de   la   ciudad  de  Bogotá],  Didier  Fernando  Rengifo  Medina  le propinó una puñalada en el cráneo a Ferney Ruiz  Castañeda,  cuando  este  último  quiso  intervenir en defensa de un menor que  estaba  siendo  agredido  por  Rengifo Medina, después de salir de una reunión  familiar en el salón comunal del sector.   

Gracias a las voces de auxilio arribaron al  lugar  miembros  de  la  Policía  Nacional,  quienes  al  ser informados de las  características   físicas  del  agresor  emprendieron  la  persecución  y  lo  capturaron,   luego   de   que   fuese   señalado   por   los   familiares  del  agredido.   

Según  informe  técnico  médico  legal,  Didier  Fernando  Rengifo  Medina  presentó  una  herida  de aproximadamente un  centímetro  en  uno  de  sus  miembros  superiores,  mientras  que  Ferney Ruiz  Castañeda  sufrió  una  lesión  en  el  cerebro,  que le hubiese provocado la  muerte  de  no haber sido atendida quirúrgicamente.1   

2. Al día siguiente, ante el Juzgado Primero  Penal  Municipal  con  funciones  de  control  de  garantías  de la capital, se  legalizó   la  captura  de  Didier  Fernando  Rengifo  Medina,  oportunidad  en  la que el Fiscal Trescientos  Catorce  Seccional  de  este lugar le imputó el delito de homicidio agravado en  grado   de   tentativa,  a  título  de  autor, previsto  en  los  artículos  103, 104.4 y 27 del Código Penal, cargos que no aceptó el  inculpado.   Igualmente,   le  impuso  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva    en    establecimiento    carcelario2.   

3.  El  6  de  septiembre  de  dicho año se  presentó     el     escrito     de    acusación3 y la audiencia de formulación  correspondiente  se  llevó  a  cabo  el  16 de julio posterior, a instancia del  Juzgado  Treinta  y Siete Penal del Circuito con funciones de conocimiento de la  misma   ciudad4.   

4. La audiencia preparatoria se surtió el 20  de           septiembre           ulterior5,   y   el   juicio   oral  se  desarrolló   en   cuatro   sesiones   -17   de   octubre  siguiente6; y 10 y 11 de  febrero7    y    30    de    mayo    de   20148-.   Al   cierre,  se  emitió  sentido del fallo condenatorio.   

5. Mediante sentencia del 22 de septiembre de  esa    anualidad,    el   Juez   de   conocimiento   condenó   a   Didier          Fernando          Rengifo         Medina,  en calidad de  autor,   del   injusto   de   homicidio   en   grado   de  tentativa9,  a  la  pena  principal  de  ciento  cuatro  (104)  meses  de  prisión  y a las accesorias de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas, por igual  tiempo   que   la   sanción   privativa   de   la   libertad  y  «prohibición   de   tener  comunicación  con  la  víctima  y  sus  familiares»10.   Además,   le   negó  la  suspensión   condicional   de   la   ejecución   de  la  pena  y  la  prisión  domiciliaria.11   

6.    Recurrido    el   fallo   por   la  defensa12,  fue  confirmado  parcialmente  por  la  Sala  Penal  del Tribunal  Superior  de Bogotá el 17 de marzo de 2016, con la modificación consistente en  reconocer  a  favor  del  enjuiciado  la  circunstancia  de atenuación punitiva  –ira-  de  que  trata  el  artículo  57  del  Código  Penal, imponerle la pena de diecisiete (17) meses y  nueve   (9)   días   de   prisión   y   concederle   la   libertad   por  pena  cumplida13.   

7. El representante de la víctima interpuso  oportunamente     el    recurso    extraordinario    de    casación14 y presentó,  en      tiempo,     el     libelo     respectivo15.   

LA DEMANDA  

Previa identificación de las partes y de la  sentencia  impugnada,  el  letrado  reproduce  la  cuestión  fáctica  como fue  concebida  por el Tribunal, sintetiza la actuación procesal y cita un fragmento  del   fallo   acusado,   para   destacar   que   la  colegiatura  «desestimó  la  legítima  defensa argumentada por el defensor y de  manera   oficiosa,   desbordando  el  marco  delimitado  por  el  objeto  de  la  apelación,  el  ad quem reconoció al procesado la circunstancia de atenuación  punitiva    indicada   en   el   canon   57   del   Código   Penal.»16   

Enseguida, al amparo de la causal tercera del  artículo  181 de la Ley 906 de 2004, postula un único cargo a través del cual  denuncia  la  violación indirecta de la ley sustancial por error de hecho en el  sentido  de  falso  juicio  de  identidad  por  tergiversación, el cual habría  recaído  sobre  algunos fragmentos de los testimonios de Ferney Ruiz Castañeda  Fabio  Alberto Ruiz Martínez y Eliana Milena Ruiz Castañeda (víctima, padre y  hermana     del    primero,    en    su    orden)17  en  los  que  se  dice  que  Rosalba      Rengifo     Medina     –hermana   de  Didier  Fernando-     tachó     a     su     consanguíneo     de    «loco»18,  luego  de que el padre del  lesionado la instara a quitarle el cuchillo.   

Con el propósito de demostrar la censura, el  libelista   asegura   que   esas   declaraciones   acreditan  que  el  procesado  «es una persona de un carácter violento, compulsivo  y      agresivo»19,  pues  el ofendido aseguró  que  lo  único  que  recuerda  son  los  gritos y que decían que el acusado es  «todo  loco»20 y los otros  dos  deponentes  coinciden  en  señalar  que  la  señora  Rosalba aseveró que  «ese       [hp]       es       loco»21.   

En  criterio  del  demandante «[e]sta  aseveración  procaz  de la hermana del procesado denota el  modo  de  ser  conflictivo y la predisposición a agredir a cualquier miembro de  la      comunidad»22,   lo   cual  se  ratifica,  advera,  con el hecho de haber regresado armado con un arma cortopunzante, luego  de que se marchara de la reunión hacia su casa.   

Para   el   abogado,   el   ad   quem   distorsionó   la  cuestión  fáctica  al  deducir «unas consecuencias ajenas a la  realidad  de  los  hechos, reconociéndole al procesado una diminuente que no se  probó   y   por   ende   no   existió»23, ya que las  circunstancias  de  ira  o  intenso  dolor  no  se acoplan a sujetos agresivos y  proclives a lesionar a otros.   

Añade   que   el  vocablo  «loco»24, pronunciado por la familiar  del  agresor,  «deja entrever que ante el menor asomo  de  un  simple  roce o una palabra mal interpretada, el ciudadano Rengifo Medina  actuaría  de  forma  violenta  y siempre estaría amparado o beneficiado por la  pluricitada  diminuente.»25   

Cierra  expresando  que el recurso tiene por  fin  la  efectividad  del  derecho material en tanto opina que la rebaja de pena  concedida  por  razón  del  reconocimiento  de un estado de ira o intenso dolor  inexistente  y  la  consecuente  libertad  del  acriminado constituyen una grave  injusticia,  sobre  todo considerando las secuelas permanentes que le quedaron a  la  víctima,  verbi gratia,  la limitación en su función de locomoción.   

En consecuencia, solicita casar la sentencia  impugnada y dejar incólume la decisión de primera instancia.   

CONSIDERACIONES  

1.  Al tenor de lo dispuesto en el artículo  180  del  Estatuto Adjetivo actual, el recurso extraordinario de casación tiene  como  finalidad «la efectividad del derecho material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los  agravios  inferidos  a estos, y la unificación de la jurisprudencia».   

Con  tal  propósito,  el  inciso  2º  del  canon  184  ejusdem  fijó  las  reglas  mínimas de  admisión  de  la correspondiente demanda, estableciendo que no se seleccionará  aquella  en la que i) el impugnante carezca de interés para acceder al recurso,  ii)  no  se  invoque  la causal conforme a la cual se edifica el reproche de las  contempladas  en el precepto  181  ibidem, iii) se omita  desarrollar   los   cargos   correspondientes  o,  iv)  fundadamente,  se  logre  establecer  que  no  se  requiere  de  la sentencia para cumplir los propósitos  previstos  en  el aludido artículo 180; lo anterior, salvo que la verificación  de  alguno  de  esos  fines permita superar los defectos técnicos que exhiba el  libelo y decidir de fondo.   

También  tiene decantado la jurisprudencia  que,  la demanda debe ser íntegra en su formulación,  suficiente  en  su  desarrollo  y eficaz en la pretensión, de tal suerte que se  soporte  en los principios que rigen el recurso extraordinario, en especial, los  de  claridad,  precisión, fundamentación debida, prioridad, no contradicción,  corrección  material,  crítica  vinculante  y  autonomía,  sin que sea viable  argumentar  a la manera de un alegato de instancia.  La proposición de los  cargos  exige  escoger  adecuadamente  la causal y el sentido de la violación y  concretar el disenso en términos de trascendencia.   

2.  El  libelo  no  satisface los requisitos  mínimos  que exige el canon 184 para su admisión y, por lo tanto, no puede ser  admitido. Las razones son las siguientes:   

Siendo  el  falso  juicio  de  identidad  un  defecto  de  naturaleza  eminentemente objetiva, su proposición exige acreditar  que  el  sentido literal de un medio de prueba fue cambiado para ponerlo a decir  lo  que no revela.  Ello puede ocurrir por tergiversación, si se varía el  contenido  material  de  la  prueba;  por adición, cuando se agregan aspectos o  resultados  fácticos  no  comprendidos  por  el  medio  de  convicción;  o por  cercenamiento,  si  se suprimen hechos fundamentales del instrumento probatorio.   

En  cualquier  caso, la postulación de este  tipo  de  yerro,  exige del casacionista el deber de identificar la prueba sobre  la  que  recae,  revelar  en  términos  exactos  tanto lo que dimana de ella de  acuerdo  con  su estricto contenido material, así como la comprensión objetiva  del   sentenciador   plasmada   en   la   sentencia,  y  concretar  el  tipo  de  desfiguración  (adición,  supresión  o tergiversación) en que haya incurrido  el  juzgador, para lo cual es necesario efectuar el correspondiente cotejo entre  los  dos  textos  y rematar enseñando la incidencia del defecto en la decisión  final.   

El  sometimiento  a  tales  exigencias  es  indispensable,  por  cuanto  se trata de una anomalía, se insiste, de carácter  eminentemente  objetiva,  que para su comprobación requiere la constatación de  la  alteración  del  medio de prueba por parte del fallador, la cual, por ende,  excluye  cualquier  reparo  de  índole  deductivo del juzgador que, de existir,  debe   ser   postulado   por   la   senda   del   error   de   hecho  por  falso  raciocinio.   

El   censor   no  acató  los  precedentes  lineamientos,  pues  aunque  acusó la tergiversación de los testimonios de los  hermanos  Ferney  y  Eliana  Milena  Ruiz  Castañeda  y  de  Fabio Alberto Ruiz  Martínez,  en  punto de la manifestación escuchada a la hermana del victimario  en  el  sentido  que  su hermano era loco, al tratar de demostrarlo, únicamente  reprodujo  los  fragmentos  que acusa de alterados pero no citó los apartes del  fallo   de   segunda   instancia  en  los  que  sería  evidente  la  proclamada  desfiguración               probatoria26,  falencia  que  vulnera  el  principio  de  fundamentación  suficiente,  en la medida que impide comparar el  contenido    suasorio    del    medio    cognoscitivo    con    la   valoración  judicial.   

En  todo  caso,  está  bien señalar que la  verificación  del  fallo  de  segundo  nivel permite advertir la violación del  postulado  de corrección material por parte del recurrente, como quiera que los  apartes  presuntamente distorsionados de dichas versiones, precisamente, son los  que   aparecen   transcritos,  en  su  exacta  literalidad,  en  la  providencia  demandada.   

Los siguientes apartados de la sentencia del  juez plural así lo comprueban:   

En  cuanto al modo en que se desenvolvieron  los  hechos,  Fiscalía  y  defensa  citaron a declarar a varios testigos, en su  mayoría  parientes  o  allegados  de las dos personas involucradas: el acusado,  Didier    Fernando    Rengifo    Medina,    y    la    víctima,   Ferney   Ruiz  Castañeda.   

Sobre  lo  ocurrido  este último señaló:  “lo  único  que recuerdo son gritos y ya, lo único  que  escuchaba era que ‘le  quitaran  el  cuchillo  a  ese muchacho’,  y  por allá gritaban: ‘no,   ese  es  todo  loco’  y  cuando  llegó la policía a cogerlo. No recuerdo más… solo  recuerdo que escuchaba esas voces”.   

(…)  

También rindió declaración Fabio Alberto  Ruiz  Martínez,  padre  de  la  víctima,  (…) Sobre lo acontecido más tarde  relató  lo  siguiente:  “estaba  ahí,  no  le  paramos  cosa  […]  siguió  corriendo  con  la  puñaleta,  venía  loco, entones  (sic)  siguió  corriendo  con  la  puñaleta,  yo le dije a la hermana Rosalba:  ‘Rosalba,  quítele  la  puñaleta  a  su hermano’.  Ella   la  frase  que  me  dijo  fue  ‘déjelo       que       ese      [hp]      es      loco’.  Cuando  miré  atrás, que mi hijo se devolvió, cuando yo miré atrás no sentí gritos  ni  nada.  Cuando  yo  sentí  gritos  fue  que  mi  hijo  estaba  en  el  piso.  (…)   

(…)  

Con relación a lo ocurrido a continuación,  la   testigo   [Eliana   Milena   Ruiz   Castañeda]  narró  lo siguiente: “entonces Didier comenzó que  quién  le  había  cortado  el  dedo. Y entonces empezaron ahí a discutir y se  pusieron  a discutir también con el sobrino, se llama Yeison… y entonces ahí  empezaron  a  discutir,  y  mi hermano iba con la bicicleta cuando él sacó una  puñaleta  y  mi  papá  le  dijo Rosalba […] cuando  Didier  Rengifo  sacó  la  puñaleta  mi  papá  le  dijo  a  Rosalba  Rengifo:  ‘quítale     la  puñaleta’,  y  Rosalba  contestó:  ‘ese [hp] es  loco’. De ahí para allá  él  llegó  y  abrazó el sobrino pequeñito y lo tiró al piso y mi hermano se  devolvió  a  la  bicicleta  y le dijo ‘no   lo  vaya  a  agredir’,  y ahí fue cuando mi hermano se dio la espalda y él lo agredió  con  la  puñaleta  en  la  cabeza  y mi hermano cayó al piso […] mi papá se  abalanzó  sobre  Didier  Rengifo  y lo quitó” (audiencia de 10 de febrero de  2014,     archivo     1,     record    01:10:00).27         (Subrayas no originales).   

Ahora, si como pareciera, de lo que se trata  es  de  reprobar  a  la  colegiatura  por  no  inferir  que  el acusado tiene un  carácter  compulsivo  y  conflictivo  y  es  proclive  a  la  violencia  y a la  agresividad  y  que,  por  ende,  no  podía  reconocerle  el estado de ira como  circunstancia  atenuante  de la conducta punible de tentativa de homicidio, dado  la  manifestación  de su hermana -escuchada por los testigos- en el sentido que  «ese       [hp]       es       loco»28,  es  claro  que  el  censor  estaba  obligado  a  postular  el  reparo  por  la  senda  del falso raciocinio,  indicando  la  regla  de  la  experiencia,  el  postulado lógico o la ley de la  ciencia   quebrantada   por  el  ad  quem.   

No fue este el proceder del representante de  la  víctima  amén  que,  como  si  se  tratara  de  un  alegato  de instancia,  únicamente  dedica  su esfuerzo a imponer su criterio respecto del ad  quem,  dejando de lado que, el estado  de  ira  reconocido  al  victimario  por  la  judicatura  no  tuvo  su origen en  «el  menor  asomo  de  un  simple roce o una palabra  desafortunada»29  o  cualquier  otra  razón  efímera  o  insustancial  que  pudiera  haberlo  llevado a actuar de una manera  desenfrenada  o  desquiciada,  como lo supone el letrado, sino en una situación  fáctica  concreta  que  evidenciaba  el carácter injusto del motivo causal que  alteró   el   ánimo   del   agresor,   concretamente,   los   golpes  causados  intencionalmente  con  una  bicicleta a Didier Fernando  Rengifo  Medina  por  parte de Ferney Ruiz Castañeda,  conducta que éste repitió sucesivamente.   

Es    así    como    la    magistratura  señaló:   

Pues  bien, esta instancia estima, primero,  que  el  acusado  fue sometido a una provocación originada en un comportamiento  ajeno   grave,  que  consistió  en  la  agresión  iniciada  por  la  víctima.  Efectivamente,  el  atentado contra su integridad resulta desproporcionado si se  tiene  en  cuenta  que  fue  atacado  en  varias  oportunidades  con  un  objeto  contundente de manera intempestiva.   

La provocación no deja de ser injustificada  por  el  hecho de que Ruiz Castañeda creyera estar obrando en defensa del menor  de  edad, pues tanto desde el punto de vista de la percepción de Rengifo Medina  como  de  lo  que objetivamente estaba ocurriendo se presentó un ataque que, al  no  existir  causa  real  que  lo  legitime,  resulta  injustificado.  No  puede  exigírsele  al  acusado  soportar el error de la víctima o que tratara, en ese  momento,  de hacer una evaluación comprehensiva de la situación que le llevase  a  aclarar  el  malentendido.  La  ira,  momentánea y pasajera, que obnubila el  entendimiento  y  las  capacidades  reflexivas del ser humano, es fácilmente el  sentimiento  que  cegó al procesado empujándole a lesionar a quien identificó  como  el  autor  de  la incitación que sin duda consideró injusta.30   

De  igual  manera, aunque el jurista intenta  apuntalar  la idea del carácter esencialmente hostil del acusado en el hecho de  que  hubiera  regresado de su casa al sitio de la fiesta armado con un cuchillo,  nada  dice,  o,  mejor,  ninguna violación a los parámetros de la racionalidad  esgrime  frente  al argumento del juez colegiado, según el cual, «ello  no  desvirtúa el resto de circunstancias que antecedieron su  reacción»31,    en   la   medida   que  «los  medios  de  convicción  que se presentaron al  proceso  no indican que hubiese usado indiscriminadamente dicho elemento bélico  con  la  voluntad  de  agredir  de manera inconsulta a su oponente, sino que, ya  teniéndolo  en su poder lo empleó para lesionarlo después de que hubiera sido  atacado     de     forma    imprevista»32,  lo  cual  deja   incólume   la  doble  presunción  de  acierto  y  legalidad  del  fallo  demandado.   

En  verdad,  desconoció  el  letrado que la  simple   disparidad  de  criterio  con  los  falladores,  no  constituye  motivo  susceptible  de  ser  invocado en sede de casación. Es necesario especificar el  aparte  de la providencia tachado de erróneo, el medio de conocimiento sobre el  que  habría  recaído  el  yerro  de raciocinio, la regla de la experiencia, el  postulado  lógico o la ley científica indebidamente aplicada, la que ha debido  utilizarse   en  cambio,  las  normas  sustanciales  quebrantadas  y  el  efecto  relevante del dislate en el sentido de la decisión cuestionada.   

Finalmente, en el introito de la demanda el  libelista  reprueba  una suerte de vulneración del principio de limitación por  parte   del   ad  quem,  al  reconocer   en   favor  del  incriminado  un  atenuante  no  solicitado  por  la  defensa.   

Sin embargo, además que para postularlo el  recurrente  no se apoyó, como le hubiera correspondido, en la causal segunda de  nulidad,   inobservó   que  si  bien  en  principio  la  sistemática  procesal  comprendida  en  la  Ley  906  de  2004 no consagra que el objeto del recurso de  apelación   constituye   su  límite  –como  sí  lo  hacía expresamente el artículo 204 de la Ley 600 de  2000-,   es  viable  darle  alcance  a  los  principios  de  doble  instancia  y  no  reformatio  in  pejus, a  efecto  de  que  la sentencia de segundo grado comprenda los asuntos alegados en  la  impugnación  pero también los que resulten inescindiblemente vinculados al  objeto  de  la  misma  -siempre  que  no  constituyan  un  desmejoramiento de la  situación  de la parte o interviniente que apeló-, así como aquellos aspectos  que  redunden  en la corrección de alguna irregularidad de carácter sustancial  constitutiva de nulidad.   

Aterrizando estas previsiones al caso de la  especie,  se tiene que, si bien la defensa del procesado no abogó en el recurso  de  apelación  formulado  contra el fallo de primer nivel por el reconocimiento  de  la circunstancia de atenuación descrita en el artículo 57 de la Ley 599 de  2000,  sino  por  la   absolución  bajo  el  presupuesto  de  la legítima  defensa,  en  tanto  circunstancia  excluyente  de  responsabilidad penal, es lo  cierto  que,  a  partir  del  análisis  probatorio, el Tribunal descartó ésta  pretensión  pero  encontró  acreditado el aludido atenuante, declaración esta  menos   gravosa   que   la   determinada   por  el  a  quo    y    que    garantiza    el    principio   de  legalidad.   

Siendo  ello así, no es posible admitir la  demanda.   

3.  Finalmente,  es  necesario  puntualizar  que,  salvo  por  lo  que  enseguida  se  enunciará,  no  se  observan  flagrantes violaciones de derechos  fundamentales,  causales  de nulidad, ni motivos que conduzcan a la necesidad de  un  pronunciamiento  de  fondo frente al expediente en razón de las finalidades  de la casación.   

4.  En verdad, si  bien  el  recurso extraordinario de casación no constituye una oportunidad para  rebatir  el criterio del juzgador como si se tratara de una instancia adicional,  sí  comporta  un  control  de legalidad y constitucionalidad concreto frente al  fallo  recurrido,  que  propende  por  la  eficacia de los fines previstos en el  artículo  180  del ordenamiento procesal penal vigente, estos son, la guarda de  las  garantías  de  los  intervinientes,  la  reparación  de  los agravios, la  unificación   de   la   jurisprudencia  y   la  realización  del  derecho  material.   

En  ese orden, el artículo 184, inciso 3º  de  la  Ley  906  de 2004, faculta a la Corte a actuar oficiosamente, cuando aun  inadmitiendo  la demanda de casación advierta la necesidad de hacer efectivo el  derecho  material,  preservar  o restaurar las garantías de los intervinientes,  reparar  los  agravios  inferidos  a  éstos  o  unificar  la jurisprudencia por  razones distintas a las planteadas en el libelo.   

Esta  es la ocasión, pues la Sala advierte  que,  al parecer, se vulneró el principio de legalidad de la pena, en relación  con  la  imposición  de la pena accesoria de prohibición de comunicarse con la  víctima  y/o  integrantes  de  su  grupo familiar, de que tratan los artículos  42.11  y  51, inciso 8º, del Código Penal, respecto del delito de homicidio en  grado  de tentativa, lo que de manera eventual ameritaría la casación oficiosa  y  parcial  del  fallo,  a  fin  de  restablecer  las  garantías  probablemente  trasgredidas al enjuiciado.   

Así  las cosas,  una  vez  proferida  esta decisión y cumplido con el rito de la insistencia, el  expediente   regresará   al   despacho   del  Magistrado  Ponente  con  el  propósito  de  que  la  Sala  se pronuncie, oficiosamente,  acerca  de  la  posible  vulneración  de derechos fundamentales, conforme se ha  indicado.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero. Inadmitir  la  demanda  de  casación presentada por el representante de la víctima contra  la  sentencia  dictada  el  17  de  marzo de 2016 por la Sala Penal del Tribunal  Superior  de  Bogotá  contra  Didier Fernando Rengifo  Medina.   

Segundo. Conforme  al  inciso  2º  del  artículo  184 del Código de Procedimiento Penal de 2004,  procede la insistencia.   

Tercero. En firme  la  anterior  decisión  y  cumplido  con  el  referido  trámite,  regresar  la  actuación  al  despacho  del  Magistrado Ponente para que la Sala se pronuncie,  oficiosamente,    acerca    de    la    posible   vulneración   de   garantías  fundamentales.   

Notifíquese y cúmplase.  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Presidente  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Cfr. folio 18 del cuaderno  del Tribunal.   

2  Cfr.  folio  9-10  de  la  carpeta.   

3  Cfr.    folios   12-15  ibidem.   

4  Cfr.    folio    36-38  ibidem.   

5  Cfr.    folios   44-52  ibidem.   

6  Cfr.    folios   64-65  ibidem.   

7  Cfr.   folios   141-143  ibidem.   

8  Cfr. CD audiencia de juicio  oral del 30 de mayo de 2014.   

9  Excluyó  la  circunstancia  de agravación específica consagrada en el numeral  4º del artículo 104 del Código Penal.   

10  Cfr.  folio  164  de  la  carpeta.  No  se  especifica  cuál es el término de duración de esta sanción  accesoria.   

11  Cfr.   folios   164-186  ibidem.   

12  Cfr. folio 187 ibidem.  Se  precisa  que  dentro  de la  oportunidad  legal  para  sustentar el recurso de apelación interpuesto durante  la  audiencia  de  lectura  del  fallo  de primera instancia por el defensor que  venía  asistiendo  al  acusado  durante el juicio, éste y un nuevo profesional  del  derecho presentaron sendos memoriales de impugnación. El último de ellos,  luego  de cuestionar, en su escrito, algunas anomalías procesales se remitió a  los  argumentos  deprecados  por  el  abogado  que  lo antecedió en el encargo.  Cfr.  folios  189-194  y  197-200 ibidem.   

13  Cfr.  folios  17-61  del  cuaderno   del   Tribunal.   Se   aclara  que  el  ad  quem  examinó  los recursos de apelación formulados  por ambos defensores.   

14  Cfr. folio 64 ibidem.   

15  Cfr.    folios   66-71  ibidem.   

16  Cfr. folio 69 ibidem.   

17  Enunciados,  según  el  demandante,  en  los  folios  18,  19  y  21  del fallo  acusado.   

18  Cfr. folio 70 del cuaderno  del Tribunal.   

19  Ibidem.   

20  Ibidem.   

21  Ibidem.   

22  Ibidem.   

23  Ibidem.   

24  Cfr. folio 71 ibidem.   

25  Ibidem.   

26 Se  limitó  a  señalar  que  las expresiones de los testigos aparecen exhibidas en  los folios 18, 19 y 21 del fallo de segunda instancia.   

27  Cfr. folios 34-35 y 37 del  cuaderno del Tribunal.   

28  Cfr.   folios  35  y  37  ibidem.   

29  Cfr. folio 71 ibidem.   

30  Cfr. folio 58 ibidem.   

31  Cfr. folio 59 ibidem.   

32  Ibidem.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *