AP3632-2016(45175)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado Ponente  

AP3632-2016  

Radicación N° 45175  

(Aprobado acta N° 172)  

Bogotá, D. C., ocho (8) de junio de dos mil  dieciséis (2016).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Examina  la  Sala  las  bases  lógicas  y  argumentativas  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor de  Álvaro   de   Jesús  Delgado  Delgado  y      Libardo     Enrique     Delgado  Garavito  contra  la  sentencia  del  10 de octubre de  2014,  mediante la cual el Tribunal Superior de Sincelejo confirmó el fallo del  22  de mayo de ese año, dictado por el Juzgado Primero Penal del Circuito de la  misma  ciudad,  que  condenó  a  los  procesados  como  autor  y  determinador,  respectivamente, del delito de homicidio agravado.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  El  Ad  quem  resumió la cuestión fáctica así:   

El día 21 de abril de 2011, en horas de la  madrugada,  en momentos en que la señora DENIS DEL CARMEN DELGADO se encontraba  descansando  con  su  compañero  permanente  EDER  MÁXIMO  MEZA  dentro  de su  residencia  ubicada  en  el  corregimiento  Nueva  Estación,  jurisdicción del  municipio  de Caimito, Sucre, se acercaron hasta la vivienda dos personas que se  movilizaban  en  un  vehículo,  y  procedió una de ellas a disparar un arma de  fuego  hacia  el  interior  de  la misma causando heridas a la señora DENIS DEL  CARMEN  DELGADO  HERNANDEZ,  quien  fue  llevada  hasta el Centro de Salud de la  municipalidad  y posteriormente conducida hasta el Municipio de San Marcos donde  fue  intervenida  quirúrgicamente, siendo posteriormente remitida dado el grave  estado  de  salud  hasta  la ciudad de Montería, donde falleció días después  como   consecuencia   de   las   lesiones  causadas1.   

2.  El  4  de  mayo de 2011, ante el Juzgado  Primero      Promiscuo      Municipal     de     San     Marcos     –   Sucre,  tuvo  lugar  la  audiencia  preliminar  de  legalización  de  captura,  formulación  de imputación por el  delito  de  homicidio  agravado  en el grado de tentativa, en concurso con el de  fabricación,  tráfico  o  porte  de armas de fuego, e imposición de medida de  aseguramiento  de detención preventiva en establecimiento carcelario contra los  indiciados2.   

          3.  En  atención  a  que  la víctima del hecho falleció el 17 del  mismo  mes  y  año,  el  23  de  junio  siguiente se llevó a cabo audiencia de  reformulación  de imputación, por el delito de homicidio agravado, conforme al  artículo   104   numeral  7º  del  Código  Penal3.   

          4.  El  escrito  de  acusación  se  presentó  el 7 de julio de ese  año4  y  la  formulación  respectiva  se  llevó  a cabo el 12 de julio  posterior,  bajo la dirección del Juzgado Promiscuo del Circuito de San Marcos-  Sucre,  por  los  delitos de homicidio agravado y fabricación, tráfico o porte  de     armas     de     fuego     o    municiones5.   

5. Celebrada la audiencia preparatoria el 26  de           septiembre           ulterior6,  el Juzgado Primero Penal del  Circuito  de  Sincelejo  asumió el conocimiento del asunto, por impedimento del  titular  del  despacho  de  origen,  y  celebró  el  debate  oral y público en  sesiones  que  culminaron el 9 de mayo de 2013, cuando anunció sentido de fallo  condenatorio7.   

Mediante sentencia del 22 de mayo de 2014, el  despacho  condenó  a Álvaro de Jesús Delgado Delgado  y  Libardo  Enrique  Delgado  Garavito  a  la  pena de cuatrocientos cincuenta (450)  meses  de  prisión,  por  el  delito  de  homicidio  agravado, sin derecho a la  suspensión   condicional  de  la  ejecución  de  la  pena  ni  a  la  prisión  domiciliaria8.   

5.  El  10  de  octubre de esa anualidad, el  Tribunal   Superior   de   Sincelejo,  al  resolver  el  recurso  de  apelación  interpuesto   por   la   defensa,   confirmó   la  decisión  del  A  quo  complementándola en el sentido de  imponer  a los procesados la pena accesoria de inhabilitación para el ejercicio  de   derechos   y   funciones  públicas  por  término  igual  al  de  la  pena  principal9.   

LA DEMANDA  

El  casacionista,  luego  de  referir que la  finalidad  del recurso es el respeto a las garantías de los intervinientes y la  reparación  de  los  agravios inferidos a éstos, formula un cargo, con estribo  en  la  causal tercera del artículo 181 de la Ley 906 de 2004, por falso juicio  de identidad.   

Afirma   que  el  Tribunal  tergiversó  y  distorsionó  el  relato  de  Eder  Máximo  Meza  y  le  hizo  producir efectos  probatorios  que  no se derivan de su contexto, pues señaló que se trata de un  testigo  directo  de  los  hechos  y que «observó el  momento   en   que   desciende  del  taxi  y  realiza  los  disparos  contra  la  ventana»,  en  tanto  que  la  funcionaria de primera  instancia  indicó  que,  si bien dicho señor se encontraba en la escena de los  hechos, solo escuchó los disparos.   

Según  el libelista, de esa declaración no  se  puede  derivar  vinculación  directa de Álvaro de  Jesús  Delgado Delgado en la ejecución de la conducta  como  autor  material,  ni  de  Libardo Enrique Delgado  Garavito como determinador.   

A    continuación,    transcribe    las  consideraciones  que  al  respecto adujeron el Tribunal y la falladora de primer  nivel,  así como el aparte del contrainterrogatorio formulado por la defensa al  mencionado  declarante,  en  el  juicio  oral,  para  afirmar que contrario a lo  consignado  por  la  Sala  de  conjueces, se puede colegir que Eder Máximo Meza  «nunca  observó a persona alguna acercarse hasta su  residencia  y  disparar  en cinco ocasiones en contra de la ventana donde yacía  su compañera sentimental».   

En    consecuencia,    el   Ad    quem,   al   valorarlo,  «incurre en un error de hecho por falso  juicio  de  existencia»,  y  al  no  observar  quién  realizó  los  disparos,  porque  estaba  acostado  en  la  cama,  al lado de la  víctima,  no  se  le  puede  catalogar  como  testigo  directo  para determinar  responsabilidad penal alguna.   

Agrega que ambos falladores incurren en error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad al apreciar los testimonios de Eder  Máximo  Meza,  Luis  Fernando  Delgado  Hernández,  Oneida  de  Jesús Delgado  Hernández  y  Arleth  del  Carmen  Delgado  Hernández,  al  derivar  de  ellos  responsabilidad  penal  en  cabeza  de  Libardo Enrique  Delgado  Garavito, como determinador del homicidio, en  cuanto   hicieron  imputaciones  sin  ningún  soporte  probatorio  «en  tono  violento,  lleno  de  ira  y  odio  personal contra los  procesados».   

Dicha  valoración,  agrega,  desconoce  lo  previsto  en  el  artículo  404  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  en lo  referente al comportamiento del testigo durante su declaración.   

De  otra  parte,  alude  a  la  credibilidad  otorgada  por  los falladores a los testimonios de Arleth del Carmen y Oneida de  Jesús  Delgado  Hernández,  sobre  el  relato de la víctima mientras ésta se  encontraba  en  la  Unidad  de  Cuidados  Intensivos  de  la Clínica Central de  Montería,  y asegura que de acuerdo con el dictamen pericial de necropsia, cuyo  aparte  pertinente  transcribe,  «escapa  a  la sana  crítica  y  a la experiencia» que una persona en esas  condiciones  pueda  sostener  una  conversación,  en  cuanto  se le suministró  ventilación   mecánica  denominada  ‘tubo  orotraqueal permeable’  instrumento  que  se introduce por la boca de la paciente hasta la  tráquea  y  se  le  sujeta  a  la  cabeza; mientras tanto permanece sedada para  impedir  su  manipulación,  y  sólo  se  le  permite  una visita diaria que no  sobrepasa los cinco minutos.   

Recuerda que conforme al precepto 381-2 de la  Ley  906  de  2004,  no  es  posible  dictar condena con fundamento en prueba de  referencia, como ocurre en este caso.   

Luego   de   transcribir   extractos   de  jurisprudencia,   acerca  de  la  manera  como  se  comprueban  los  errores  de  apreciación  probatoria,  entre  otros  temas,  asegura  que  los yerros en que  incurrió  el Tribunal son trascendentes y vulneran las garantías fundamentales  de  sus  asistidos «como son la verdadera valoración  de  las  pruebas  debidamente decretadas e incorporadas al proceso»,  aspecto  que  hace  necesaria  la  intervención de la Corte para  reparar el agravio.   

Expresa,  así  mismo,  que,  «incorporar    pruebas    desatendiendo   la   legalidad   de   su  aducción»,  implicó que se afectara el derecho a la  contradicción,   la  presunción  de  inocencia  y  el  principio  in  dubio  pro  reo,  porque  «no  excluir  la  prueba  ilegal  y  condenarlo  (sic) con base en  prueba   de   referencia   inadmisible»  condujo  al  desconocimiento  de  los  presupuestos para dictar sentencia condenatoria. Y, de  admitirse  que  toda  la  prueba  fue  legalmente  aducida,  el Tribunal habría  arribado  a  conclusión  diferente,  si  no  hubiera  incurrido  en los errores  señalados.   

Tras  invocar como vulnerados los artículos  7-2,  402  y  407  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  solicita  se case la  sentencia  impugnada  y,  en  su  lugar,  se  dicte  el  fallo  que corresponda.  Consecuente con ello, se ordene la libertad de los procesados.   

En  caso  de  no ser admitida la demanda, se  case  de  oficio  por  desconocimiento  de  los  principios  de congruencia y de  legalidad  que  admite  el  Tribunal,  pero  que  no  aplicó  en  debida forma.   

Alegato   del   no  recurrente.   

El representante de las víctimas solicita la  inadmisión  de  la  demanda,  por desconocimiento de los lineamientos técnicos  para   su  formulación  y  la  elaboración  de  un  análisis  alejado  de  la  realidad.   

CONSIDERACIONES  

1.  Esta  Corporación  tiene establecido de  tiempo  atrás  que el recurso extraordinario de casación no es un mecanismo de  libre  configuración al que se pueda acudir para prolongar el debate fáctico y  jurídico  que  culminó  en  las  instancias  o para insistir en todos aquellos  aspectos   que   fueron   objeto   de  controversia,  con  miras  a  obtener  un  pronunciamiento   distinto   y   favorable   a  los  intereses  del  impugnante.   

A  partir  de  la  presunción  de acierto y  legalidad  que  cobija  al  fallo  de  segunda instancia, el demandante tiene la  carga  de  demostrar  que con su proferimiento se causó un agravio, apoyándose  para  ello  en una de las causales taxativamente consagradas en la ley, conforme  a los principios de lógica y debida argumentación.   

Adicionalmente,  es  su  deber justificar la  necesaria  intervención  de  la  Corte  para alcanzar alguno de los propósitos  consagrados  en  el artículo 180 de la Ley 906 de 2004, esto es, la efectividad  del  derecho  material,  el  respeto de las garantías de los intervinientes, la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  estos  y  la  unificación  de  la  jurisprudencia.   

2.  El  libelo  que se examina adolece de la  claridad  y  coherencia  necesarias  para  demostrar  que  el  asunto amerita el  ejercicio  del  control  constitucional  y  legal  a  través  de  un  fallo  de  casación,  con miras a obtener alguna de las finalidades inherentes al recurso.   

Agréguese, que los reproches formulados por  el  impugnante,  al  interior  del  único  cargo, no atienden a los parámetros  lógicos  de  adecuada  selección  de  las  causales y coherente formulación y  fundamentación,  en  cuanto  no  comprueba  la  ocurrencia  de  los  errores de  apreciación  probatoria  que de manera indiscriminada enrostra a los falladores  de instancia.   

2.1.  Aun cuando reprocha un falso juicio de  identidad,  porque  el  Tribunal  tergiversó el relato del testigo Eder Máximo  Meza,  no  demuestra, en lo sucesivo del discurso, cómo fue que el sentenciador  distorsionó  o  alteró  el  contenido  material  o  expresión fáctica de ese  elemento  probatorio,  ni  la  incidencia  del  supuesto  yerro  en la decisión  impugnada.   

La  verificación de ese desafuero impone la  comparación  objetiva  de lo dicho por el declarante y lo expuesto en el fallo,  y  no,  como lo entiende el recurrente, de lo señalado al respecto por cada uno  de  los sentenciadores. Por manera que, la adición, cercenamiento o distorsión  probatoria  no  se  predica  de  la  manera  diferenciada  como  los  juzgadores  asumieron el contenido de determinado elemento.   

En  realidad,  la pretensión del demandante  radica  en  enseñar su personal criterio que intenta soportar en algunas de las  consideraciones   de   los   fallos   que   previamente   extracta   y   en   el  contrainterrogatorio  formulado  por  la  defensa  a  Eder Máximo Meza. Con esa  fragmentada  visión,  concluye  que,  contrario  a lo consignado por la Sala de  conjueces,  aquél no pudo observar a la persona que el día de autos se acercó  a  la  residencia  de la víctima y realizó los disparos y, por lo tanto, no se  le  puede  catalogar  como testigo directo para determinar responsabilidad penal  alguna.   

2.2.  Súmese  a  lo  anterior,  la evidente  confusión   conceptual   que  revela  el  demandante  al  señalar  que  en  la  valoración  de  dicho  testimonio el Ad quem «incurre  en  un error de hecho por falso juicio de existencia»,  yerro  de  apreciación probatoria bien distinto al inicialmente anunciado y que  se  estructura  cuando  el  juzgador declara demostrado un hecho con base en una  prueba  inexistente u omite la apreciación de un elemento válidamente allegado  a la actuación.   

En  esas condiciones, se muestra contrario a  la  lógica  afirmar  la  distorsión  de  un medio probatorio y al mismo tiempo  sugerir que fue omitido o inventado por el sentenciador.   

2.3.  De  cualquier  modo, la intensión del  actor,  de obtener que la Corte examine sus particulares opiniones, se evidencia  nuevamente  cuando,  bajo  el  ropaje  de  un error de hecho por falso juicio de  identidad,  arremete  contra  la  valoración de los testimonios de Eder Máximo  Meza,  Luis  Fernando  Delgado Hernández, Oneida de Jesús Delgado Hernández y  Arleth  del  Carmen  Delgado  Hernández, al derivar de ellos la responsabilidad  penal   de   su   defendido  Libardo  Enrique  Delgado  Garavito,   como  determinador  del  homicidio,  cuya  credibilidad  pretende  desvirtuar,  bajo el argumento que hicieron imputaciones  sin  soporte  probatorio  «en tono violento, lleno de  ira y odio personal».   

3. Se debe insistir que el simple desacuerdo  con  la  labor  apreciativa  del juez no comporta error demandable en casación,  donde  no  es  posible  elaborar  distintas  alternativas de solución al asunto  debatido  sino  que  se  trata  de  propiciar,  conforme  al  rigor técnico, la  revisión  de  la sentencia para verificar si la misma fue proferida con apego a  la  Constitución o la ley y que la doble presunción de acierto y legalidad que  la  cobija,  solo  es  posible  desarticular mediante la demostración de algún  yerro  ostensible  y  trascendente,  en el marco de una argumentación lógica y  razonable, inherente a la causal aducida.   

3.1.  Por  ello,  si el verdadero desacuerdo  radica  en  la  fuerza  de  convicción asignada a la prueba de cargo, carece de  incidencia  discrepar  de  las  conclusiones  a  las  que  arribó  el Tribunal,  mientras  no  se  demuestre  que  en su elaboración, incurrió en un error, por  desconocimiento de las reglas de la sana crítica.   

En ese supuesto, le corresponde al demandante  identificar  el  postulado  lógico,  la  ley  científica  o  la  máxima de la  experiencia  que  resultó  desconocida, luego de precisar qué dice en concreto  el  medio  probatorio  y  aquella  deducción ilógica o absurda que infirió el  fallador;  cuál  el mérito que le otorgó y cómo, ese dislate, trascendió en  el resultado de la sentencia impugnada.   

3.2. Es por ello que, al referir, solamente,  que  la  credibilidad  otorgada  por  los  falladores a los dichos de Arleth del  Carmen  y Oneida de Jesús Delgado Hernández «escapa  a  la  sana crítica y a la experiencia»,  no  solo omite identificar el postulado  presuntamente  excluido,  sino  la  restante  carga  demostrativa que lo lleva a  inferir  la  imposibilidad  de  que  la víctima hubiese conversado con aquellas  deponentes,  dada  la  situación  médica  en que se encontraba en la Unidad de  Cuidados Intensivos.   

         3.3.  Las inconsistencias en la fundamentación del reparo, también  se  constatan  cuando  el  censor  advierte que no es posible dictar condena con  fundamento  en prueba de referencia, lo cual es cierto, pero la sola afirmación  no  es  suficiente para comprobar el dislate, pues necesariamente se debe acudir  a  las  motivaciones del fallo que condensan el juicio de reproche, para denotar  que  la  decisión  está  soportada únicamente en tales medios de persuasión,  indicando  a  continuación  su  incidencia, todo ello, en el marco del error de  derecho  por  falso  juicio de convicción, que es la causal legalmente prevista  para debatir ese aspecto.   

         Como  es  la constante, el demandante no asume la carga demostrativa  correspondiente  y,  antes  bien,  se  conforma  con  enlistar una pluralidad de  infundados  reparos,  que  se  quedan  en  el campo de la indeterminación, como  cuando  afirma  que  «incorporar pruebas desatendiendo  la  ilegalidad  de  su  aducción»  implicó  que  se  afectara  el  derecho  de  contradicción,  la  presunción  de  inocencia  y el  principio    in    dubio   pro   reo,   porque  «no  excluir  la  prueba ilegal y  condenarlo  (sic)  con  base en prueba de referencia inadmisible», condujo   a   desconocer  los  presupuestos  para  dictar  sentencia  condenatoria.   

         Con  esa  subjetiva  reflexión,  da  a  entender  que  la prueba de  referencia  es  ilegal  y,  por  tanto, debe ser excluida, lo cual constituye un  desatino,  pues  bien  sabido  es  que  el  artículo  438 de la Ley 906 de 2004  consagra  taxativas  reglas  para  su  admisión,  al tiempo que su aporte, para  demostrar  la  materialidad  de  la  conducta  punible  o la responsabilidad del  procesado,  está  condicionada  a  que  encuentre  soporte  en  otros medios de  prueba,  pues  ella,  por si sola, no basta para edificar un fallo condenatorio,  según     reza     el     inciso     2º    del    canon    381    ejusdem.   

         Desde  esa perspectiva, el cuestionamiento debe recaer en su mérito  o eficacia demostrativa.   

         4.  Las  inconsistencias  detectadas  no  impiden  señalar  que los  reparos  expresados  por  el impugnante no atienden a las verdaderas razones por  las  cuales  se  concluyó  en  la responsabilidad de los procesados. Para mejor  claridad,  se  pueden destacar algunas de las consignadas en el fallo de segunda  instancia:   

         i)  Eder Máximo Meza, compañero sentimental de la víctima para el  momento  de  los  hechos,  aparte  de  informar sobre las amenazas de muerte por  parte     de     Libardo    Delgado    contra   Denis   del   Carmen,  y  del  maltrato  físico  que  le  infligió  mientras  duró el  vínculo  entre  ellos, da cuenta que en las horas de la noche se encontraban en  la  casa  de  habitación,  acostados,  y  sin  titubeos  manifestó  que  vio a  Álvaro  Delgado  disparar a  través  de  la  ventana  y luego huir en un taxi y así se reafirmó durante la  audiencia  de juicio oral, manteniéndose incólume en los aspectos sustanciales  durante el contrainterrogatorio de la defensa.   

         ii)  La  declaración  rendida por Luis Fernando Delgado Hernández,  hermano  de  la  víctima y primo del procesado Álvaro  Delgado,  permite  deducir  una  motivación  de  los  acusados  para  cometer  la  conducta  punible  y  fortalece  con  su  dicho las  versiones de los demás testigos de cargo de la fiscalía.   

         Es  así como, en la fecha de los acontecimientos, pero en horas del  mediodía,    se   percató   que   Álvaro   Delgado  estaba  tomado  y lanzaba ultrajes contra las mujeres;  también  lo  vio  dirigirse  a una especie de cantina que, por épocas, colocan  frente    a    su   casa,   lugar   al   que   también   arribó   Libardo  Delgado, al que escuchó gritando  ‘de   mí   nadie   se  burla’  y  que  lo  que  ‘había  construido  con  tanto   esfuerzo,   no   iba  a  permitir  que  otros  lo  habitaran’,  en  clara  alusión  a  la casa que  había construido cuando vivía con su hermana.   

         En  la  noche,  cuando se enteró que Denis  del  Carmen  estaba  herida,  acudió a su residencia,  donde  se  percató  que  un  grupo  de personas la estaban auxiliando; también  observó  los  agujeros  en la ventana y las huellas que dejó el vehículo, por  lo  cual,  salió  hacia la cantina donde le informaron que minutos antes de los  hechos,      Álvaro      Delgado     había  salido  en  un  taxi  hacia  el  sector  de  la  casa  de su  consanguínea.   

         El  mismo deponente acompañó a la policía a la vereda el Molinero  donde   fue   capturado   Libardo  Delgado  y  dio a conocer el mal comportamiento que éste había tenido con  Denis  del  Carmen,  mientras  vivieron juntos, además que la mantenía amenazada.   

         iii)  Por  su  parte, Arleth del Carmen y Oneida Delgado Hernández,  también   hermanas   de   la  víctima  y  primas  del  procesado  Álvaro            Delgado,  a   quien  en  la  fecha  de  los  hechos  lo  vieron  vociferando  contra las mujeres, dijeron haber observado cuando éste se reunió  con  Libardo  Delgado  y  un  taxista con el que salieron en varias ocasiones.   

         Informaron,    así    mismo,    que    su    hermana   Denis  del  Carmen  llevaba  pocos día de  convivencia  con  Eder  Máximo Meza, con quien había decidido rehacer su vida,  luego   de   una   tormentosa  relación  con  Libardo  Delgado,  quien  la maltrataba, le era infiel y tomaba  mucho,  y  al terminar la relación, la amenazaba exigiéndole dinero para darle  el divorcio.   

         Una  vez  ocurrido  el  hecho, se dirigieron donde su hermana herida  quien    les    dijo    que    Libardo   había  cumplido  su  promesa  de atentar contra su vida y, mientras  estuvo  en la UCI, durante el tiempo que estuvo consciente y sin estar entubada,  reiteró  que  aquél  siempre  estuvo  detrás del atentado y ese mismo día la  amenazó y que él quería su muerte.   

         La   valoración   conjunta   de   estos   testimonios,  condujo  al  Ad    quem   a   afirmar,  «más  allá  de toda duda razonable, que el acusado  ALVARO  DE  JESÚS  DELGADO DELGADO fue la persona que accionó el arma de fuego  contra  la  humanidad de la víctima, ocasionándole posteriormente la muerte, y  que  esto lo hizo motivado por el despecho que sentía LIBARDO DELGADO GARAVITO,  quien  fungió  como  determinador  de  la  conducta  que  previamente se había  planeado y habían anunciado ejecutar».   

El  censor  pasa  por  alto  esta  realidad  procesal  y,  en su lugar, presenta su criterio personal, por fuera del marco de  discusión  que  corresponde  a  la  comprobación de los yerros de apreciación  probatoria.   

Se  concluye  que  la  demanda  carece  de  fundamento,  no  solo  porque  el censor omitió la demostración de los errores  judiciales  denunciados, sino que ignoró por completo los razonamientos que los  sentenciadores edificaron sobre la prueba debatida en el juicio.   

Contra  esta decisión procede el mecanismo  de  insistencia, de conformidad con lo establecido en el artículo 184 de la Ley  906 de 2004.   

         5.  No  obstante  surge imperioso disponer que, una vez tramitado el  mecanismo  de  insistencia, si es que se promueve y su resultado es opuesto, las  diligencias  regresen al despacho del Magistrado Ponente, en orden a examinar de  manera  oficiosa  la posible vulneración de las garantías fundamentales de los  procesados,  habida  cuenta  que  el  Tribunal  les  impuso la pena accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos y funciones públicas, que el  A   quo   había  omitido,  agravando su situación, por tratarse de apelantes únicos.   

Tiene    dicho    la   Sala10 que pese a la  decisión  inadmisoria, es posible ordenar oficiosamente el trámite del recurso  extraordinario  respecto  de  asuntos  ajenos  al  libelo y que tengan relación  directa  con  los  fines  de  la casación, esto es, la  efectividad   del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  estos,  y  la  unificación de la jurisprudencia.   

         Para  ese  efecto,  no  surge  necesario  convocar  a  audiencia  de  sustentación, ni surtir el traslado al Ministerio Público.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

1.   INADMITIR  la  demanda  formulada por el defensor de Álvaro   de   Jesús  Delgado  Delgado  y  Libardo    Enrique    Delgado   Garavito,  contra  la  sentencia  proferida el 10 de octubre de 2014, por el  Tribunal Superior de Sincelejo.   

Contra  esta decisión procede el mecanismo  de  insistencia, de conformidad con el artículo 184, inciso 2º, del Código de  Procedimiento Penal.   

2.ORDENAR  que las  diligencias  regresen  al  despacho del Magistrado Ponente, una vez tramitado el  mecanismo  de  insistencia,  si es que se promueve y su resultado es opuesto, en  orden  a  examinar  de manera oficiosa la posible vulneración de las garantías  fundamentales  del procesado, tal como se dijo en la parte considerativa de esta  decisión.   

Notifíquese y cúmplase  

GUSTAVO  ENRIQUE  MALO  FERNÁNDEZ   

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Folio  464 Carpeta No 2.   

2  Folios 6 a 10 Carpeta No 1.   

3  Folios 46 a 48 Ib y CD récord 24:00.   

4  Folios 40 a 45 Ib.   

5  Folios 52 a 54 Ib y CD récord 13:53.   

6 Folio  68 a 73 Ib.   

7  Folios 316 y 317 Carpeta No 2.   

8  Folios 361 y 362 y 412 a 417 Ib.   

9  Folios 464 a 490 Ib.   

10 Cfr  autos  del  15  de julio de 2007, radicado 27383, y 4 de marzo de 2009, radicado  31109.     

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