AP332-2016(47109)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado ponente  

AP332-2016  

Radicación N° 47109  

(Aprobado Acta N° 19)  

Bogotá, D. C., veintisiete (27) de enero de  dos mil dieciséis (2016).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Con el fin de resolver sobre su admisión, la  Corte  examina  las bases jurídicas, lógicas y argumentativas de la demanda de  casación   presentada   por   la   defensora   de   confianza  de  Luis  Alexander  Beltrán  Rivera contra la  sentencia  del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Cundinamarca, de fecha  29  de  julio  de  2015,  en  virtud de la cual confirmó, con modificaciones en  cuanto   a   la  pena,  la  dictada  por  el  Juzgado  2°  Penal  del  Circuito  Especializado  Adjunto de Descongestión de Cundinamarca y condenó al nombrado,  en  calidad de cómplice, por el delito de concierto para delinquir agravado, en  concurso  heterogéneo  con  los  de  secuestro  extorsivo  agravado,  homicidio  agravado y desaparición forzada.   

LA SITUACIÓN FÁCTICA  

Fue  así  consignada  en  el  fallo  que se  discute,  según  los  narró  el  a  quo:   

La  presente  investigación se origina con  ocasión  de la información suministrada por la señora MARÍA MERCEDES URRIAGA  BARRAGÁN,  relacionada  con  la  ejecución  de  acciones  ilícitas al parecer  desplegadas  por  miembros  de las AUC., Bloque Héroes de Guavilá, que hacían  presencia  en  los  municipios  de  Útica, Sasaima, Villeta y corregimientos de  estos  municipios,  grupo  ilegal liderado por alias JAIRO CHIQUITO, debidamente  identificado       como      DORANCE      MURILLO  BOHORQUEZ,   alias   CUCARACHO   identificado   como  JUAN  JOSÉ MENESES PEÑA y  del  cual  hacía  parte  alías  SANGRE,  FUDRA  o  PANADERO, identificado como  EVER VERA MOYA, narrando la  denunciante  que  tuvo conocimiento del secuestro de cinco adultos y dos menores  entre  abril y mayo de 2003,  quienes  permanecieron  retenidos  en  la finca de la  vereda  El Limonar de Sasaima, lugar que era utilizado  como  base militar del grupo ilegal, señalando que estos adultos posteriormente  fueron  asesinados,  mientras  que  los  menores  fueron entregados al Instituto  Colombiano  de  Bienestar  Familiar, que le otorgó la custodia provisional a su  pariente más cercano.   

Se  estableció dentro de la investigación  que  una  de  las  personas  de  la  organización  ilegal,  que  recibió a los  secuestrados  en  la  finca ocupada por DORANCE, para llevarlos hasta Útica, en  donde  iban  a  ser  dados  de  baja  por  orden de éste, a manos de JUAN JOSÉ  MENESES  PEÑA  y  otra  persona  que  no  se  ha  establecido  claramente,  fue  alias  ARTURO  quien  fue  identificado    como    LUIS   ALEXANDER   BELTRÁN  RIVERA,   y   que   los  asesinados    fueron   LUIS   ALBERTO   CASASBUENAS,  hermano de LUZ DARY PERILLA  GONZÁLEZ,  a  su  vez esposa del guerrillero WILLIAM  JOSÉ  BERNAL  PAVA y madre de los menores D.C.P., y J.L.C.P., únicas víctimas  actualmente  con vida, además de la peluquera RUTH CECILIA ARIAS y el conductor  EDGAR     QUINTERO     GONZÁLEZ     también asesinados.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  El  5  de  octubre  de 2010 la Fiscalía  Tercera  de  la  Unidad  Nacional  de  Derechos  Humanos y Derecho Internacional  Humanitario  (UNDH  y  DIH)  ordenó  apertura  de  instrucción,  así  como la  vinculación     de    Luis    Alexander    Beltrán  Rivera  (alias  Arturo),  Dorance  Murillo  Bohorquez  (alias  Jairo  Chiquito), Juan José Meneses Peña (alias cucaracho) y Ever Vera  Moya    (alias    Sangre,    Fudra   o   Panadero)1.   

Estos tres últimos se acogieron a sentencia  anticipada,  proferida  el  26  de  abril  de  2011 por el Juzgado 1° Penal del  Circuito  Especializado  Adjunto  de  Descongestión de Cundinamarca2.   

2.   Beltrán  Rivera fue escuchado en indagatoria el 8 de octubre de  20103   y   en   ampliación   el   1°   de  abril  de  20114.   

Su situación jurídica le fue resuelta el 14  de  octubre  de  2010,  con  medida  de  aseguramiento  de  detención preventiva5.   

3.  El 1° de abril de 2011 se clausuró esa  etapa6  y  el  6  de  mayo  siguiente  se le llamó a juicio como probable  coautor   del   delito   de  concierto  para  delinquir  agravado,  en  concurso  heterogéneo  con  los  punibles  de  secuestro  extorsivo  agravado,  homicidio  múltiple   agravado   y   desaparición   forzada7. La  determinación  quedó  ejecutoriada  el 26 de mayo de esa anualidad8.   

4. Agotado el debate público, el Juzgado 2°  Penal  del  Circuito  Especializado  Adjunto  de  Descongestión de Cundinamarca  profirió  sentencia el 4 de septiembre de 2012, en virtud de la cual condenó a  Beltrán  Rivera, en calidad  de  cómplice,  por  los  injustos  endilgados.  Le impuso 40 años de prisión,  multa  de  15.138.8  salarios mínimos legales mensuales vigentes (s.m.l.m.v.) y  20   años   de   inhabilidad   para   el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas.   

Le  negó  la  suspensión condicional de la  ejecución  de  la pena y la prisión domiciliaria, al tiempo que lo condenó al  pago  de  300  s.m.l.m.v.  por  perjuicios  morales9.   

5. El fallo fue apelado por el acusado y por  su  defensa  y, en providencia del 29 de julio de 2015, el Tribunal Superior del  Distrito      Judicial      de     Cundinamarca     lo     confirmó,  pero  con la modificación en cuanto a  la  sanción  impuesta, que  fijó  en  25  años,  7 meses y 7 días de prisión y multa equivalente a 6.500  s.m.l.m.v.10.   

LA DEMANDA  

La    letrada    identifica    a    su  representado, relaciona los  hechos y la actuación procesal y propone dos cargos así:   

Primero.  

Demando  la Sentencia invocando la causal 1  del  Artículo  181  del  C.P.,  por  expresa  violación  del  Art.  29  de  la  Constitución  Política y los Artículos 30, 31 y 61, por expresa violación de  la  Ley  sustancial  más  precisamente  el  Art.  29  de la constitución y los  artículos  6,  30,  31,  61,  del  C.P.  por  una Vía de Hecho del Fallador de  Primera  Instancia  y  el  AD-QUOM (sic). Demando  la  sentencia  invocando  la causal Segunda del Art. 207de  (sic)  la Ley 600 de 2000,  Artículo  180, 181 de la Ley 906, la causal segunda del Artículo 207 de la Ley  600    de    2000   por   que   (sic)   la  sentencia  no está en consonancia con los cargos formulados en  la      Resolución      de      Acusación…»11.   

Se    lesionó    el    principio    de  congruencia.  Pese a que la  fiscalía  no  le  endilgó  a  su  cliente circunstancias específicas de mayor  punibilidad,  el  Juzgado  de  primera instancia se ubicó en el tercer cuarto o  segundo  cuarto  medio.  Vulneró el principio non bis  in  ídem  puesto  que  «el  mismo  agravante  ya  trae  consigo  un  aumento  punitivo  para cada tipo penal  específico»12  y  el  a  quo  inventó  una  «circunstancia  de  mayor punibilidad  inexistente»13,  toda  vez  que su prohijado no es un delincuente primario, por lo  que  recayó  en  un  falso  juicio  de  existencia14.   

Adicionalmente,   incurrió  en  un  falso  raciocinio,     al     sostener     que     Beltrán  Rivera  es  responsable  de varios hechos, con lo cual  agravó  su  situación.  Desconoció  las  reglas  de  la  sana  crítica  y la  lógica15,  que  «generan  un  error de hecho que  surgió   a   través   de   un   falso   juicio   de   existencia»16.   

Segundo         (subsidiario)   

Violación directa de la ley sustancial (cita  como  fundamento,  los  artículos  30,  31, 60, 61 y 181, numeral 3,  del  Código  de  Procedimiento  Penal  –no     especifica  cuál).   

El  yerro  descrito  en el acápite anterior  trascendió  al  momento  de  fijar  la  pena  por  razón  de  la  complicidad,  concretamente,  al hacer la  operación  por  el concurso, pues no se dosificó la correspondiente a cada uno  de  los  delitos,  sino  que  se  afirmó:  por  «el  Concierto  para  Delinquir  se  incrementaría  la  sanción en 25 años: por el  delito  de  Homicidio Agravado 10 años y por el delito de desaparición Forzada  11   años»17;    para  finalmente,  «obtener  un  resultado  de  45.61  años,  que  finalmente  redujo a 40 años en virtud de lo  previsto    en    el    art.    37    del   C.P.»18   

El  Tribunal corrigió tal error, determinó  los  extremos  punitivos mínimos y máximos para cada uno de los delitos e hizo  el  aumento  por  el  concurso  con  base en el porcentaje de 81.81%, que fue el  resultante  de atender los equivocados criterios del a  quo.  Por  manera  que si éste se ubicó en el tercer  cuarto,  el  referente  tenido  en  cuenta  por  el  juez colegiado es inexacto.   

Se       quebrantaron,           entonces,   las   reglas  de  la  lógica  y  la  experiencia,  en cuanto la premisa de 22 años de la que partió el a  quo  es  desacertada  y,  por ende, es  falso  dividir «18 entre 22 arrojando un Guarismo del  81.81%»19.   

Los desatinos descritos dan lugar a readecuar  la  sanción privativa de la libertad y a imponer a su prohijado 224 meses. Este  monto  surge  de  sumar, a la  pena  base  de  14  años  y  un  mes,  55  meses  más por los delitos conexos,  quantum éste que, a su vez,  resulta   de   agregar  26  meses  por  el  homicidio  agravado,  20  meses  por  desaparición    forzada    y    9    meses   por   concierto   para   delinquir  agravado.   

Solicita  a  la  Corte  casar  la  sentencia  impugnada   y   dar   aplicación   a   los  principios  de  proporcionalidad  y  razonabilidad de la pena.   

CONSIDERACIONES  

1.  La  demanda de casación, contrario a lo  que   parece   entender   la   actora,   no  es  un  simple  escrito,   carente  de  técnica  y  vacío  de  contenido  jurídico,  a  través  del  cual  se  puedan  hacer  toda  clase  de  reproches.   

Esta  Corporación  ha  sido  reiterativa en  sostener  que,  por  la  naturaleza  extraordinaria del recurso de casación, es  necesario  que observe unos presupuestos de orden formal y material que permitan  comprender  en  forma  diáfana el devenir procesal, las razones del desacuerdo,  las  fallas  en las que incurrió el juzgador, el agravio que se ocasionó a los  derechos o garantías del sujeto que recurre y su trascendencia.   

En ese orden, habrá de contener (i)    la    identificación   de   los  intervinientes  y  de  la  sentencia cuestionada; (ii)  la  síntesis de los hechos objeto de juzgamiento y de  la  actuación  procesal  surtida;  (iii) la    indicación    de   la   causal   escogida,   y   (iv)  la  formulación del cargo que a su  amparo  se  hace, señalando con precisión y claridad  sus   fundamentos,   las   normas   que   resultaron  infringidas, cómo ocurrió  la  violación  y  cómo,  de no haber recaído en el yerro, la decisión sería  completamente  disímil.  Así  mismo,  el libelista debe tener presente que, de  ser  varias  las  censuras,  se  sustentarán en capítulos separados y, para no  lesionar   el   principio   de   no   exclusión,   se   propondrán  de  manera  subsidiaria.   

2. Ahora, si el ad  quem  ha  revocado  la  providencia  de  primer grado,  concretamente,  en  el  aspecto  que  incomoda  al  recurrente  en casación, es  imprescindible  que  éste  controvierta  directamente  los  nuevos  fundamentos  expuestos  por  el  juez  colegiado,  en  tanto  que  los  del inferior han sido  invalidados.   

Por  consiguiente,  desacierta la impugnante  cuando  formula  críticas  frente  a  algunas  consideraciones expuestas por el  a  quo  y como soporte trae  citas  textuales de su decisión, toda vez que sobre esos puntos específicos se  pronunció  en  forma diversa la colegiatura, al expresar su absoluto desacuerdo  con  la  dosificación  punitiva  hecha  por  el  inferior,  y como consecuencia  realizó   un  nuevo  trabajo  de  dosificación,  para  lo  cual  atendió  las  disposiciones  vigentes para la fecha de los hechos, los cargos endilgados en la  resolución   de  acusación  y  los  criterios  previstos  en  la  Ley  600  de  2000.   

3. En lo que toca con los cargos propuestos,  tampoco   acertó   la  jurista  porque  fusionó  indebidamente  los  estatutos  procesales   penales,   específicamente   en  lo  atinente  a  los  motivos  de  procedencia  del  recurso, y,  adicionalmente,  entremezcló  los  contenidos de cada uno de ellos, lo que hace  que su libelo sea ambiguo y abiertamente incomprensible.   

Al  estilo  de  un  alegato  de  instancia,  incluyó  una  multiplicidad  de pretensiones, de inconformidades y de críticas  que,  además  de  no guardar identidad con la causal elegida, no tienen soporte  alguno en el fallo de segundo grado.   

Invoca  motivos de casación contemplados en  el  artículo  181  de  la  Ley  906  de  2004,  pasando por alto que el proceso  adelantado  contra  su  representado  se siguió bajo los lineamientos de la Ley  600  de  2000,  lo  que le imponía observar irrestrictamente las previsiones de  esta última codificación.   

4.      En      el      primer   cargo,  pese  a  sus  equívocos  normativos,  denuncia  violación  del  principio de congruencia contenido, cuya  vía  es  la causal segunda del artículo 207 del Código de Procedimiento Penal  de  2000.  No obstante, al tiempo, asegura que se incurrió en falsos juicios de  existencia  y de raciocinio, modalidades de error de hecho que surgen por razón  de  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial, infracción que se halla  contemplada  en  numeral  distinto del aludido precepto, esto es, en el primero,  cuerpo segundo.   

Al margen de tales distales, su planteamiento  es  ostensiblemente  desacertado,  puesto  que  el  Tribunal  fue  enfático  en  sostener  que,  contrario  al  proceder  del  a  quo,  no  había  lugar  a tener en cuenta causales de mayor  punibilidad  al  momento  de hacer la dosificación punitiva, toda vez que ellas  no  fueron  aducidas en la resolución de acusación, y por esa razón corrigió  el desacierto y se ubicó en el cuarto mínimo.   

Nótese que la colegiatura, luego de advertir  varias inconsistencias en la labor del juez singular, sostuvo:   

De  otro lado, el juez de primera instancia  con  evidente  trasgresión  del  principio  de congruencia, que debe observarse  entre  la  acusación y la sentencia (salvo variaciones introducidas en la vista  pública  para  agravar,  lo  cual  no  ocurrió  en  este  caso), en la fase de  dosificación  de  la  pena  en  que  correspondía escoger el cuarto en el cual  debía  individualizarse  la  sanción,  de  manera  inusitada  aludió en forma  abstracta  a  la  concurrencia de “circunstancias de  mayor  punibilidad”  que jamás fueron imputadas en  el  pliego  de  cargos  (o las confundió con las circunstancias específicas de  agravación  punitiva  deducidas  frente  al delito de secuestro extorsivo, cuyo  impacto  se  produjo al determinarse los extremos punitivos mínimo y máximo) y  bajo  ese  dislate  optó  por  ubicarse en el “tercer cuarto” (segundo   cuarto  medio)  para  proceder  allí  a  individualizar  la  pena (…). Como en este caso, no se imputó en el  pliego   de   cargos  ninguna  circunstancia  genérica  de  mayor  punibilidad,  la  determinación  de la pena debía cumplirse en el  primer   cuarto   (…).20         (Negrilla del texto original).   

De manera, pues, que ninguna razón le asiste  a la actora en su reparo.   

5.      En      la     segunda censura la jurista inadvirtió que  cuando  se  controvierte  un  fallo  por violación directa es forzoso demostrar  cómo  acaeció, indicando si fue por: i) exclusión  evidente  de  una  norma, (ii)  aplicación      indebida      o      (iii)  interpretación  errónea  y luego  enseñar  cómo,  de  no  haber recaído en ese desatino jurídico, la decisión  sería  completamente  diversa  y favorable a los intereses de la parte en favor  de quien se recurre.   

Nada  de  lo  anterior  se  verifica  en el  libelo.   

Adicional  a  ello,  desconoce  de nuevo el  contenido  del fallo de segunda instancia y dirige su ataque contra el de primer  grado, que en ese punto fue modificado.   

En  efecto, el ad  quem,  tras advertir múltiples equívocos en la labor  de   dosificación   punitiva  desplegada  por  el  a  quo, procedió a las correcciones de rigor, tales como  descartar  circunstancias  de  mayor  punibilidad,  ubicarse en el primer cuarto  punitivo,  individualizar  la  pena  correspondiente  a  cada uno de los delitos  endilgados  y,  finalmente,  hacer el aumento hasta el otro tanto por razón del  concurso  (ver  páginas  49  a 61 de la providencia21).   

Aunque a última hora la letrada termina por  reconocer  que  el  juez plural enmendó las falencias, decide criticarlo porque  –según dice- desatinó al  momento  de  hacer  el  incremento por el concurso. Sin embargo, olvida explicar  por  qué  la fórmula utilizada por la colegiatura es errada y no suministra la  que  en  su  criterio  era la adecuada para para lograr el menor acrecentamiento  que echa de menos.   

Únicamente, ausente de argumentos, asegura  que  por  los  punibles  conexos se ha debido aumentar 26 meses por el homicidio  agravado,  20 más por el de desaparición forzada y otros 9 por el de concierto  para    delinquir,    sin    siquiera    indicar   de   dónde   emergen   tales  montos.   

La  simple inconformidad con la pena fijada  por  el Tribunal, que resultó abiertamente más favorable para el procesado que  la  impuesta  en  primera  instancia,  no  constituye  motivo para cuestionar el  fallo,  máxime cuando la sugerida por la jurista no responde a parámetro legal  alguno.   

Las múltiples fallas advertidas conducen a  inadmitir  la  demanda y la Sala ha revisado íntegramente la actuación y no ha  encontrado   causales   de   nulidad   ni  flagrantes  violaciones  de  derechos  fundamentales,  razón  por  la  cual  no  puede  penetrar  al  fondo del asunto  oficiosamente.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Inadmitir   la  demanda  presentada  por  la  defensa de Luis Alexander  Beltrán Rivera.   

En  consecuencia, devolver la actuación al  Tribunal de origen.   

Contra  esa  decisión  no  procede recurso  alguno.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Folios 3 a 6 del cuaderno original “copias cinco”.   

2  Folios 11 a 33 del cuaderno original “copias nueve”.   

3  Folios 38 a 49 del cuaderno original “copias cinco”.   

4  Folios 198 a 202 del cuaderno original “copias ocho”.   

5  Folios 83 a 107 del cuaderno original “copias cinco”.   

6 Folio  203 del cuaderno original “copias ocho”.   

7  Folios 34 a 77 del cuaderno original “copias nueve”.   

8 Folio  199 Id.   

9  Folios 1 a 181 del cuaderno original 11.   

10  Folios 10 a 71 del cuaderno del tribunal.   

11  Folio 91 Id.   

12  Folios 91 y 92 Id.   

13  Folio 92 Id.   

14  Id.   

15  Folio 93 Id.   

16  Id.   

17  Folio 95 Id.   

18  Folio 96 Id.   

19  Folio 98 Id.   

20  Páginas   52   y   53   del   fallo   (folios   61   y   62  del  cuaderno  del  tribunal).   

21  Folios 58 a 70 del cuaderno del tribunal.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *