AP3312-2016(47932)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado ponente  

AP3312-2016  

Radicación N° 47932  

(Aprobado acta N° 160)  

Bogotá,  D. C., veinticinco (25) de mayo de  dos mil dieciséis (2016)   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Con el fin de resolver sobre su admisión, la  Corte  examina la demanda de casación presentada por la defensa de Miguel       Antonio      Gutiérrez      Sánchez      o    Arcángel    Sanmiguel   Gutiérrez  Sánchez1  contra  la  sentencia  dictada  por  la  Sala  Penal  del Tribunal  Superior  de  este  Distrito  Judicial,  el  24  de julio de 2015, que confirmó  parcialmente  la  proferida  el  14 de noviembre de 2014 por el Juzgado 55 Penal  del  Circuito  de  la  ciudad  y  condenó  al  nombrado por el delito de fraude  procesal,  al  tiempo que absolvió a Luis Jorge Pulido González del injusto de  estafa agravada.   

HECHOS  

Fueron  así  consignados en el fallo que se  impugna,  según  los  relató  el  a quo:   

La investigación tuvo origen en la denuncia  presentada  mediante  apoderado  judicial  el  27 de noviembre de 2006 por JOSÉ  DIÓGENES  CAMACHO,  quien  puso en conocimiento de las autoridades que el 25 de  agosto  de  2001  celebró  contrato  de  compraventa  de un vehículo automotor  colectivo,  de  servicio  público,  marca  Toyota Hilux, modelo 1995, de placas  SGT-673,  color  rojo  y  verde,  con  LUIS JORGE PULIDO GONZÁLEZ en calidad de  vendedor,  quien  aseguró  que  el rodante se encontraba en perfecto estado, al  día  en impuestos, sin gravámenes ni deudas, acordando como precio el valor de  $23.500.000.   

Valor  a cancelar según lo convenido de la  siguiente  manera:  $3.000.000  a  la  firma  del contrato, $10.000.000 el 31 de  agosto  de  2001  y  los  $10.500.000  restantes  en pagos sucesivos de $500.000  respaldados  en  letras  de  cambio  pagaderas  a  partir  del  31 de octubre de  2001.   

Sin  embargo,  como  quiera el (sic)   automotor   tenía  deudas  por  rodamiento  con  la empresa SOCOTRANS LTDA, el señor DIÓGENES CAMACHO tuvo que  cancelar  $1.500.000,  conllevando  a  que  incurriera en mora con el acuerdo de  pagos realizado para la cancelación del vehículo.   

Posteriormente, teniendo en cuenta que JOSÉ  DIÓGENES  CAMACHO  el  11  de  septiembre de 2002 se encontraba atrasado con el  pago  de 4 letras, acordaron con LUIS JORGE PULIDO GONZÁLEZ que éste recibiera  de  DIÓGENES  CAMACHO  el  vehículo automotor de placas SHE-614, marca, por un  valor  de  $6.000.000, para cancelar así el saldo pendiente y abonar $4.000.000  a  la  obligación,  quedando  entonces pendiente la cancelación de un saldo de  $4.500.000,  el  trámite  de traspaso del rodante de placas SGT-673 a DIÓGENES  CAMACHO  y la legalización y cancelación de la adaptación del vehículo a gas  en cabeza de LUIS JORGE PULIDO.   

A  la  par  de  lo  anterior,  mientras  se  encontraba  trabajando  el  rodante surgieron inconvenientes con las autoridades  de  tránsito  y transporte, pues detenían y llevaban el vehículo a los patios  e  imponían comparendos bajo el argumento que las placas aparecían trasladadas  al  Municipio  de Soacha, pese a que en la placa registraba que eran de Santafé  de  Bogotá  y  por ende no podían circular en la ciudad. Por consiguiente LUIS  JORGE  PULIDO  GONZÁLEZ se comprometió a realizar el trámite de la tarjeta de  operación  entregando  una  copia de dicho trámite. Sin embargo la policía de  tránsito  continuó  sancionándolo  porque  con  esa  certificación no podía  transitar.   

A  mediados  del año 2004 el vehículo fue  retenido  y  conducido a los patios porque se encontraba embargado y secuestrado  a  órdenes del Juzgado 57 Civil Municipal por una obligación de $6.000.000 que  PULIDO   GONZÁLEZ   tenía  con  un  tercero,  por  lo  que  JOSE  (sic)  DIÓGENES CAMACHO no pudo trabajar  el automotor.   

Adicionalmente,  JOSÉ  DIÓGENES  CAMACHO  solicitó  información del rodante en la Secretaría de Tránsito de Soacha, en  donde  le  informaron que el carro de placas SGT-673 había sido desvinculado de  la  empresa SOCOTRANS y por ende ya no podía laborar como afiliado de la misma.  La  desvinculación,  según  se  infiere de la resolución 1290 de diciembre de  2004,  emanada  de  esa  entidad,  la  llevaron  a cabo MIGUEL ANTONIO GUTIERREZ  (sic)  SÁNCHEZ, en calidad  de  representante  Legal de la empresa de transporte, y supuestamente LUIS JORGE  PULIDO  GONZÁLEZ,  en calidad de propietario del rodante, para reemplazarlo por  el  de  placas  SHD-935,  sin  contar  con  el consentimiento de JOSÉ DIÓGENES  CAMACHO.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1. La Fiscalía 113 Seccional de esta ciudad,  el  24  de  julio  de  2006,  dispuso apertura de instrucción en contra de Luis  Jorge           Pulido           González2  y  el 21 de noviembre de 2008  ordenó  vincular, además, a Miguel Antonio Gutiérrez  Sánchez3.   

2.  El  9  de  abril  de  2010 el Fiscal 152  Seccional  calificó el mérito del sumario en forma mixta: formuló resolución  de   acusación   en   contra   de   Luis   Jorge  Pulido  González,  por  estafa agravada, y de Miguel         Antonio        Gutiérrez        Sánchez, por falsedad en  documento  privado  y fraude procesal; al tiempo que precluyó la investigación  en  favor  de Pulido González por los injustos de falsedad en documento privado  y     fraude     procesal,     y    de    Gutiérrez  Sánchez,  respecto  del  reato de estafa.4   

3.  Al  resolver  el  recurso  de apelación  interpuesto    por    la    defensa   de   Gutiérrez  Sánchez,  la  Fiscalía  40 Delegada ante el Tribunal  Superior,  en  proveído del 31 de mayo de 2012, declaró la prescripción de la  acción  derivada  de  la conducta de falsedad en documento privado atribuida al  nombrado  y,  en consecuencia, resolvió «precluir la  investigación»  y confirmar  parcialmente  la  determinación  impugnada proferida en su contra, «solo   respecto   del  delito  de  FRAUDE  PROCESAL»5.   

Esta decisión no fue repuesta el 23 de julio  siguiente6.   

4.  El Juzgado 55 Penal del Circuito Adjunto  de  Bogotá avocó conocimiento el 11 de abril de 2013 y corrió el traslado del  artículo  400  del  Código  de Procedimiento Penal7.   

5.  El 24 de junio posterior, el titular del  despacho  fijó  fecha  para  audiencia preparatoria8  y el 14 de noviembre de 2014,  finalizada    la    pública    de    juzgamiento9, profirió sentencia en la que  absolvió   a  Luis  Jorge  Pulido    González    y    condenó   a   Miguel  Antonio  Gutiérrez  Sánchez  o   Arcángel   Sanmiguel  Gutiérrez                  Sánchez10 a 72 meses de prisión, multa  de  200  salarios  mínimos legales mensuales vigentes e inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  60  meses,  tras hallarlo  penalmente  responsable  de  fraude procesal. Lo obligó a pagar, por perjuicios  materiales  a  favor  de  José Diógenes Camacho Malpica, la suma equivalente a  72.8     salarios     mínimos     legales     mensuales    vigentes.  Le  negó  el  subrogado de suspensión  condicional   de   la   ejecución  de  la  pena  y  le  concedió  la  prisión  domiciliaria11.   

6.  Tanto  la  defensora  de  Gutiérrez  Sánchez, como el apoderado de  la parte civil formularon recurso de apelación.   

7. El Tribunal Superior de Bogotá, en fallo  del  24  de  julio  de  2015, revocó el numeral 4° de la providencia impugnada  para,  en  su  lugar,  condenar  a  Gutiérrez Sánchez  a  pagar  perjuicios  morales en monto equivalente a 5  salarios    mínimos    legales    mensuales    vigentes.    Confirmó   en   lo  demás12.   

LA DEMANDA  

La     apoderada    de    Gutiérrez  Sánchez identifica los sujetos  intervinientes  y  la  decisión  impugnada,  sintetiza los hechos y formula dos  cargos   por   violación   indirecta  de  la  ley  sustancial,  que  fundamenta  así:   

Primero. Falso juicio de identidad.   

El  juzgador  dejó  de analizar,     en    su    contenido,  la  totalidad de las pruebas tenidas en  cuenta  para  condenar,  con lo cual aplicó indebidamente el inciso segundo del  artículo  232  de  la  Ley  600  de  2000  y  dejó  de aplicar el principio de  presunción  de  inocencia,  previsto  en  los  cánones  29 de la Constitución  Política,  7  de  los  estatutos  procesales  penales de 2000 y 2004 y 11 de la  Declaración  de  Derechos  Humanos, así como en la Convención Americana sobre  Derechos  Humanos o Pacto de San José –no indica precepto-.   

No discute que la firma de Luis Jorge Pulido  González,  en  el  documento  remitido a la Alcaldía, sea apócrifa, y tampoco  que  junto a aquélla iba la rúbrica de su representado. Sin embargo, eso no es  indicativo   de   la   responsabilidad  de  Gutiérrez  Sánchez.  No hay prueba que  conduzca   a   ello   ni   a  la  certeza  de  la  conducta  punible13.   

Cita  apartes  del fallo confutado y asegura  que  el Tribunal erró porque incriminó a su protegido solo con la prueba de la  falsedad   y   con   lo   manifestado   por   el   denunciante   y   por  Pulido  González.   

El   ad   quem  cercenó  el documento obrante a folio 63 del cuaderno  de  la  causa,  firmado  por  José  Diógenes  Camacho  Malpica,  así como los  testimonios  de  Martha  Yusely  Monroy  Corba  y María Claudia Gutiérrez Gil,  pruebas  que dan cuenta sobre el interés que tenía el denunciante o Luis Jorge  Pulido   González   para  desvincular  el  automotor,  debido  a  problemas  de  rodamiento   y   a   la   deuda   que   tenía  con  SOCOTRANS  LTDA. por $24.000.000.   

El  testimonio de Martha Yusely Monroy Corba  solo  se valoró en la parte que incrimina a Gutiérrez  Sánchez, ignorando los segmentos que contribuyen a su  inocencia.  Igual  ocurrió con el de María Claudia Gutiérrez Gil «el   cual   ni   siquiera   fue  tenido  en  cuenta»14, no obstante  armonizar con el de Martha Yusely.   

Después   que   la  colegiatura  desechó  «el  análisis  que  debía  realizarse al documento  obrante   a  folio  63  y  dejar  (sic)  de    lado    las    pretensiones   de   la   defensa»15, examinó lo  dicho  por  Martha  Yusely  y  dedujo  erradamente que con la narración de esta  última  y el documento apócrifo se probó con suficiencia que Pulido González  y     el     denunciante     no    tuvieron    interés    en    solicitar    la  desafiliación.   

La  prueba  no se apreció en su integridad,  pues  se  inadvirtió  que  Martha  Yusely reconoció que el vehículo objeto de  controversia  no  volvió  a rodar y que uno de los propietarios concurrió a la  empresa a firmar la autorización de desvinculación.   

De haber analizado con detenimiento tanto el  documento  como el relato de Martha Yusely, la conclusión sería distinta, esto  es,  que  existía  una  persona,  distinta  a  su  representado,  interesada en  desafiliar       el       automotor      de      SOCOTRANS      LTDA.,  «a raíz de  que  no  estaba  rodando  y  a  las deudas de administración que tenían con la  empresa»16.  De  manera  que  a los señores José Diógenes Camacho Malpica y  Luis  Jorge  Pulido  González  les  resultaba  mejor retirar el vehículo de la  sociedad  trasportadora  que  cancelar  lo  debido, que para el 2004 ascendía a  $17.214.658.   

Se        equivocó,           entonces, el Tribunal porque del documento firmado  por  el  denunciante  y  de  lo dicho por Martha Yusely se extrae que aquél sí  tenía razones para desafiliar el automotor.   

El   argumento  para  condenar  carece  de  fundamento  «pues  la  tesis  de  la  defensa  es la  correcta»17.   

La investigación no fue profunda, en aras de  desvirtuar    la    presunción   de   inocencia   de   su   cliente18,  en  cuanto  se  ha  debido  determinar  cuál  de  los dos, Pulido  González    o    Camacho   Malpica,   era   el   interesado   en   liberar   el  vehículo,  y no se comparó  la  firma  indubitada  –no  especifica-  con  la  de otras personas que tuvieron a disposición el documento  en  SOCOTRANS  LTDA., lo que  habría   permitido  esclarecer  quién  lo  signó.  Además,  el  ad  quem  no  examinó los inconvenientes  que  surgieron  entre  el  denunciante  y  Pulido González, en relación con el  traspaso y el pago incompleto del valor pactado.   

La censora dedica buena parte de su escrito a  esbozar  las  distintas  hipótesis  que,  en  su  criterio, existen en torno al  individuo  que  tendría  interés  en desvincular el rodante en cuestión, así  como  el  supuesto  ánimo  de  lucro  que  tuvo  Camacho Malpica al formular la  denuncia;  al  tiempo  que  afirma  que fue éste el que se acercó a la empresa  para  autorizar  la desafiliación. El fallador no se percató que se está ante  un           denunciante          mentiroso19.   

Advierte que a esa conclusión se arribaría  si  no  se hubiese cercenado la indagatoria de Luis Jorge Pulido González, toda  vez  que  éste afirmó que Camacho Malpica no le pagó la totalidad del carro y  quiso  engañarlo  para  que firmara un documento consignando lo contrario; así  mismo,  que no volvió a SOCOTRANS LTDA. y que el vehículo lo vendió en agosto  de 2001.   

La  abogada  se  hace varios interrogantes y  propone   algunas   teorías  en  punto  del  firmante  del  aludido  documento,  aseverando   que   el   que   mintió   pudo  ser  Pulido  González  o  Camacho  Malpica.   De   no   haber  incurrido  en  el  error  descrito,  el  juez  plural  habría  determinado  que  «no  es  del  todo claro si efectivamente Gutiérrez  Sánchez  es  el  autor  responsable de los hechos»20.   

El  sentenciador  mutiló la declaración de  María Claudia Gutiérrez Gil (trascribe un segmento).   

Aunque   las   dos  testigos  incurren  en  inconsistencias   sobre   cuál   de   ellas  hizo  firmar  las  solicitudes  de  desafiliación,  lo  cierto  es  que  ambas mencionan que fue Pulido González o  Camacho    Malpica    el    que    acudió    a    SOCOTRANS    LTDA.     para    tal    efecto.   

Solicita  se  case  la  sentencia  y  en  su  reemplazo  se  absuelva  a  su  prohijado,  toda vez que no hay certeza sobre la  responsabilidad penal.   

Segundo.  Falso  juicio de identidad.   

Los  testimonios  de  Martha  Yusely Monroy  Corba  y Oscar Orlando Roldán López fueron tergiversados, con lo cual se dejó  de  aplicar el principio de presunción de inocencia, regulado en los artículos  29  superior, 7 de las leyes  600  de  2000  y  906  de 2004 y 11 de la Declaración de Derechos Humanos, así  como  en  la  Convención  Americana sobre Derechos Humanos o Pacto de San José  –no       cita  precepto-.   

Recuerda  un  párrafo  de  la  sentencia  impugnada  y  asegura que lo allí concluido está errado porque se distorsionó  «el  verdadero  sentido  de  lo que manifestaron los  testigos»21.   

El yerro radica en que, según el fallador,  los    deponentes    aseguraron    que    Gutiérrez  Sánchez  «conocía  de la  falsedad    en   documento   de   solicitud   de   desvinculación»22, pero lo que  realmente  adujeron aquellos es distinto, tal como lo plasmó el Tribunal en las  páginas  20  y  21  del proveído. En ese orden, la conclusión del juzgador es  equívoca,  pues  tergiversó  las narraciones y su prohijado no sabía sobre el  carácter espurio de ese escrito.   

Los  testigos  nunca  expusieron  que  su  defendido  tuviese  conocimiento  sobre  la falsedad del documento, toda vez que  Martha  Yusely  solamente  dijo haber visto a uno de los propietarios signarlo y  Oscar  Orlando  Roldán  López  (trascribe un segmento de su declaración) solo  relató  tener  conocimiento  de  unas  denuncias formuladas contra Gutiérrez  Sánchez por hechos distintos,  los que tampoco se probaron.   

Solicita se case la sentencia y en su lugar  se  absuelva  a  su  protegido  por  falta  de  certeza sobre su responsabilidad  penal.   

CONSIDERACIONES  

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo   213   del   Código   de   Procedimiento  Penal  de  2000,  la Corte inadmitirá la demanda porque  no   reúne   las   exigencias   previstas   en   el   canon   212  ejusdem  y  tampoco advierte la necesidad  de    penetrar    oficiosamente    en    el    fondo    del   asunto. Estas son las razones:   

1. La jurisprudencia ha sostenido de manera  invariable     que     el     falso    juicio    de  identidad  tiene lugar cuando al momento de contemplar  la  prueba  el  juzgador  le recorta un aparte -cercenamiento-, le agrega alguna  situación  fáctica ajena a su texto -adición-, o tergiversa el significado de  su expresión literal -distorsión-.   

Dado  que  no  se  configura  por la simple  inconformidad   con   la   valoración  probatoria,  es  preciso  que  el  actor  especifique  los  elementos  sobre  los cuales recayó, indique con claridad las  expresiones  literales  objetivas  de  esos medios y demuestre cómo,  al  examinarlos,  el juzgador varió su  contenido,   su   literalidad,   especificando   qué   fue   lo  parcelado,  lo  tergiversado,  lo  cercenado,  o  lo  adicionado,  y  luego  exponga  cómo  ese  desacierto  condujo  indefectiblemente  a  proferir  una  decisión contraria al  ordenamiento  y lesiva de sus derechos o garantías, lo que lo obliga a realizar  un  ejercicio dialéctico encaminado a demostrar cómo al apreciar esas pruebas,  sin  el  yerro  descrito,  en  conjunto  con  las  demás  y con sujeción a los  postulados  de  la  sana  crítica, la conclusión jurídica que se imponía era  diversa y favorable a sus intereses.   

2.  Ese no fue el proceder de la defensora,  quien,   so   pretexto  de  denunciar  un  error  de  identidad,  no  hizo  cosa  distinta  que  mostrar  su  desacuerdo  frente  a  las inferencias lógicas extraídas por el fallador, pues  consideró  que  ha  debido  arribar  a conclusiones distintas, pero no sobre la  base  de acreditar que cercenó o tergiversó la prueba, sino tan solo por creer  que    sus    deducciones    son   mejores   que   las   de   aquél.   

La  jurista,  al  estilo  de  un alegato de  instancia,  exhibió  diversas hipótesis en torno a quién pudo ser el presunto  autor  del  ilícito  endilgado  a  su  prohijado  y  del punible de falsedad en  documento  privado,  para  lo  cual  partió de meras suposiciones, conjeturas y  especulaciones.   

Es  más,  aunque  anunció  dos  yerros de  identidad,  en  forma  inexacta incluyó reproches propios de un falso juicio de  existencia  -al  reclamar porque, supuestamente, no se estudió el testimonio de  María    Claudia    Gutiérrez    Gil-    y   de   una   nulidad   –mostró   descontentó   porque   la  investigación  no  fue  integral-, aspectos que ha debido proponer en acápites  separados y debidamente sustentados.   

3. En el primer cargo la letrada reprobó al  juzgador  por  cercenar  un  documento firmado por José Diógenes Camacho y los  testimonios  de  Martha Yusely Monroy Corba y María Claudia Gutiérrez Gil, sin  embargo,  en relación con el primer elemento, tan solo aseguró que se halla en  el  folio  63,  sin  indicar  su contenido,  cuál fue el segmento mutilado por el sentenciador y cómo, frente  al  resto  de  medios  de  convicción,  habría  incidido  sustancialmente y en  sentido favorable en el fallo.   

En  efecto,  adujo  que  con ese escrito se  demostraba  que  una  persona,  distinta  a  su  representado,  estaba  interesada  en  desvincular  el  rodante  de la empresa SOCOTRANS LTDA.,  empero,  pasó  desapercibido que el Tribunal no ignoró que allí apareciera el  nombre  y  la  supuesta  firma  de  José  Diógenes Camacho Malpica, como en la  alzada lo alegó la defensa. Así se verifica en el proveído:   

Así mismo, la defensa alegó que, tanto el  propietario   como   el   aquí  denunciante,  sí  tuvieron  la  intención  de  desvincular  el  automotor,  al  punto  que  existe  otro documento en idéntico  formato,   suscrito   por   el   tenedor   JOSÉ  DIÓGENES  CAMACHO.23   

Cosa  distinta  es  que, luego de valorarlo  junto    con    los    otros   medios   de   prueba,   concretamente,  la  ampliación  de denuncia de Camacho  Malpica,  la  indagatoria  de  Pulido  González  y  el  contrato de compraventa  celebrado  entre  los  nombrados,  a  la  luz de la sana crítica, concluyera el  sentenciador  que  no  era  suficiente  para sacar avante la tesis defensiva. Al  respecto, sostuvo la colegiatura:   

…considera  esta  Corporación  que  las  pruebas  allegadas al proceso, valoradas bajo los principios de la lógica y las  reglas  de la experiencia, permiten acreditar que la intención del quejoso y el  entonces  propietario,  nunca  estuvo  dirigida  a  desvincular  el vehículo de  parque  automotor  con  el  que  contaba  SOCOTRANS LTDA.; por el contrario, era  obvio  que  su  querer  era mantener la posibilidad de trabajo en dicha empresa,  por  lo  que,  desvincular el vehículo no podía ser una opción para él, como  más    adelanta   se   reseña   a   profundidad.24   

(…)  

Así, dentro del plenario no solo reposa la  prueba  pericial  en  la  que  se acredita la adulteración de la firma de quien  registraba  como  propietario  LUIS  JORGE  PULIDO  GONZÁLEZ,  sino también la  manifestación   de   este   y   del   denunciante,   en   el  que  (sic)  señalan  que  nunca  tuvieron la  intención  de  desvincular  el vehículo perdiendo así el cupo para transporte  del cual gozaba.   

Esta conclusión, además, resulta la más  correcta  bajo los principios de la lógica y las reglas de la experiencia, dado  que  los negocios de compraventa de vehículos dedicados al transporte público,  tienen  como  rasgo  distintivo  su inclusión en la capacidad transportadora de  una  empresa  con  licencia de funcionamiento, como quiera que sin dicho cupo no  sería   posible   prestar   el   servicio  para  el  cual  está  destinado  el  vehículo.25   

Ahora,  tampoco  desatendió  el  juez  de  segundo  grado,  como  lo  adujo  la  actora,  los  inconvenientes  que  tuvo el  denunciante  durante  la  compra  del  colectivo,  pues  así  no  solo lo dejó  plasmado  desde  el  relato  de  los hechos, como bien se puede constatar con la  trascripción    que    de    ellos    hizo    la    Corte,    sino    en    sus  consideraciones26.   

Es  que,  en contravía con el pensar de la  demandante,  esos  tropiezos  no  llevaron  al ad quem  a  concluir  que  Camacho  Malpica tuviese interés en  liberar  el automotor, toda vez que del acervo probatorio infirió que aquél no  conoció  ni  participó en el trámite de desvinculación. Obsérvese que en la  sentencia  trajo  a  colación  un  escrito  de  septiembre de 2005 en el que el  nombrado  cuestionó  «la  entrega  de unos títulos  valores    atendiendo    la    desvinculación    del    vehículo   de   placas  SGT-673»27,    así    como    la    «carta  recibida  el  10  de  septiembre  de 2005, en donde se lee  “por favor solicito copia de la Resolución 1290 de  31  de  diciembre  2004  el  cual (sic) desvincularan el colectivo en referencia  (…)  solicito  se especifique el porque (sic) se desvinculó y qué persona lo  solicitó”»28.   

La  censora amonestó al Tribunal porque no  valoró   el   testimonio   de   María   Claudia   Gutiérrez   Gil,  crítica  que,  además de ser ajena al  falso     juicio    de    identidad    -debió   proponerla   en   forma   separada-,   carece   de  soporte  argumentativo.  Con todo, importa acotar que la simple constatación objetiva de  la  ausencia  del  nombre  de  un  testigo  en  el  cuerpo de la providencia, no  implica,  per  se, que no se  hubiese  examinado su narración, puesto que el fallador puede simplemente hacer  referencia  expresa a aquellos elementos que resultan relevantes para condenar o  absolver,  lo  que  en  modo  alguno  implica  que se hayan dejado de considerar  otros, que no se hacen explícitos por no aportar nada al proceso.   

La  abogada,  al  estilo  de  un  alegato  conclusivo  de  instancia,  se dedicó a esbozar su teoría del caso, intentando  enseñar  hipótesis  construidas  a  su  acomodo y sin que alguna evidencie una  falencia judicial demandable en casación.   

4.   En   el   segundo  cargo,  la  libelista,  en lugar de ocuparse de  demostrar  un  falso  juicio  de identidad,  lo  que  hizo  fue  hacer manifiesta su inconformidad frente a los  juicios       lógicos      hechos      por      la      colegiatura.   

Ahora, aunque de los apartes trascritos por  el  Tribunal,  en  punto de lo manifestado por Martha Yusely y Oscar Orlando, no  surge,  en  principio,  que ellos hubiesen contado que el acusado conocía sobre  la  falsedad  en  el  documento  de  desvinculación,  lo  cierto  es  que a tal  conclusión  arribó  el  juez no solo a partir de la totalidad del contenido de  esos  testimonios,  sino  de apreciar otros elementos probatorios, lo que denota  falta de trascendencia de la censura.   

En efecto, de la lectura de la sentencia que  se   discute,   emerge  que  el  ad  quem  adujo que Gutiérrez Sánchez  tuvo o debió tener conocimiento de la falsedad en la solicitud de  desvinculación  y  que  ello  resultaba no solamente de lo argüido por algunos  antiguos  trabajadores  de  SOCOTRANS LTDA., sino que también   

«se tienen graves indicios que apoyan tal  afirmación,  pues  un  trámite  de  tal  importancia siempre es verificado por  quien   funge  como  Gerente,  y  además,  el  procesado  nunca  propició  una  investigación  interna sobre posibles irregularidades en la desvinculación del  vehículo,  aun  cuando  fue  oportunamente  informado  por  el tenedor sobre la  ausencia   de   voluntad   para   dicho  proceso.»29   

Adicionalmente,  se  refirió  a lo que los  testigos  contaron, como la desafiliación, por parte del acusado, de otro carro  «con firma falsificada del propietario»30,  y  las varias denuncias penales que en  contra  de Gutiérrez Sánchez  se     propusieron     por     casos    similares31;  así  como  el  tiempo que  este   último  llevaba  como  gerente  de  SOCOTRANS  LTDA.  (12  años)  y  la  experiencia  en  el  cargo,  aspectos  que le imponían tener conocimiento sobre  «las   diferencias  entre  la  desvinculación  del  vehículo  por  mutuo  acuerdo y aquella unilateral por decisión de la empresa,  razón  por  la  cual  debía  comprender  la  importancia  de verificar la real  voluntad   del   propietario   para  elevar  tal  petición  ante  la  autoridad  municipal»32.   

De   manera   pues   que   –insiste  la Corte- las críticas de la  censora  no  encuadran dentro del falso juicio de identidad, sino, posiblemente,  en  el  de  raciocinio,  empero ante la ausencia de los mínimos requisitos para  proponer  un  cargo  por  esta  senda  –no  explicó  cuáles  fueron  las  inferencias  extraídas  por  el  sentenciador,  cómo  las  mismas  ignoran  alguno de los componentes de la sana  crítica   y   cuál   su   trascendencia-,    se    impone   la   inadmisión   de   la   demanda,  y  la Sala no ha encontrado causales de  nulidad  ni  flagrantes  violaciones  de derechos fundamentales, que le impongan  penetrar al fondo del asunto oficiosamente.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Inadmitir   la  demanda   presentada   por   la   defensora   de   confianza   de   Miguel       Antonio      Gutiérrez      Sánchez      o    Arcángel    Sanmiguel   Gutiérrez  Sánchez  contra  la  sentencia  proferida por la Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de Bogotá.   

En  consecuencia, devolver la actuación al  Tribunal de origen.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

(continúan firmas rad. 47932)  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 En la  sesión  de  audiencia  pública  del  7  de noviembre de 2013, manifestó haber  cambiado  su  nombre  (folio 101 del cuaderno de la causa). Obra fotocopia de la  cédula   de   ciudadanía  correspondiente  a  Arcángel  Sanmiguel  Gutiérrez  Sánchez a folio 74 del mismo cuaderno.   

2  Folios 36 a 38 del cuaderno original de la fiscalía.   

3  Folios 138 y 139 Id.   

4  Folios 277 a 286 Id.   

5  Folios 24 a 41 del cuaderno original segunda instancia fiscalía.   

6  Folios 87 a 94 Id.   

7 Folio  42 del cuaderno original de la causa.   

8 Folio  52 Id.   

9  Folios  101  a  109,  115  a  120,  126,  127,  138, 139 y 147 a 152 Id.   

10 Ya  para ese momento se tenía conocimiento sobre el cambio de nombre.   

11  Folios 179 a 214 Id.   

12  Folios 6 a 33 del cuaderno del tribunal.   

13  Folio 49 Id.   

14  Folio 65 Id.   

15  Id.   

16  Folio 69 Id.   

17  Folio 73 Id.   

18  Id.   

19  Folio 78 Id.   

20  Folio 81 Id.   

21  Folio 91 Id.   

22  Id.   

23  Página 13 del fallo.   

24  Id.   

25  Página 14 Id.   

26  Página 15 Id.   

27  Id.   

28  Id.   

29  Página 23 Id.   

30  Página 20 Id.   

31  Página 21 Id.   

32  Folio 22 Id.     

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