AP3188-2016(47802)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Magistrado  Ponente   

AP3188-2016  

Radicación n° 47802  

(Aprobado    Acta    No.   160)   

         Bogotá,  D.C.,  veinticinco (25) de mayo  de dos mil dieciséis (2016).   

VISTOS   

Procede la Sala a examinar los requisitos de  admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor del  procesado  Jhon  Anderson  Serrano Bañol contra la sentencia adiada 15 de enero  de  2016, proferida por la Sala Penal del Tribunal Superior de Armenia, por cuyo  medio  revocó  la  dictada por el Juzgado Quinto Penal del Circuito de la misma  ciudad  que lo había absuelto del delito de tráfico,  fabricación  o  porte de estupefacientes, en tanto lo  condenó por dicha conducta punible.   

HECHOS  

         Fueron  compendiados  por  el  sentenciador  de segundo grado de la  siguiente manera:   

El  8  de  enero  de  2012,  agentes  de la  Policía  Nacional  adscritos a la subestación de Puerto Espejo de la ciudad de  Armenia  (Quindío),  recibieron información por parte de un ciudadano sobre la  presencia   de  un  hombre  que  se  encontraba  distribuyendo  estupefacientes,  específicamente, en el sector 42 del Barrio La Fachada.   

De  inmediato al trasladarse a la zona, los  funcionarios  observaron  al  sujeto  sentado  en las gradas aledañas al lugar,  quien  momentos antes había lanzado al pasto cercano a la ubicación del mismo,  una  bolsa  transparente  con  95  envoltorios  con sustancia estupefacientes de  color y olor característico a la cocaína.   

En  razón  a  este  evento  el señor Jhon  Anderson  Serrano  Bañol fue capturado en situación de flagrancia de que trata  el artículo 301 del Código de Procedimiento Penal.   

Al  haberse realizado la incautación de la  sustancia,  se  produjo  la  prueba  preliminar  de  campo  [PIPH], arrojando un  resultado positivo para cocaína con peso neto de 11.2 gramos.   

ANTECEDENTES    PROCESALES   RELEVANTES   

1. Capturado Jhon  Anderson  Serrano  Bañol  fue  puesto  a  disposición  del  Juez  Cuarto Penal  Municipal  con  Función de Control de Garantías de Armenia, quien en audiencia  de  9  de  enero  de  2012  declaró  la  legalidad  de  su  captura,  avaló la  formulación  de  imputación  que  le hizo la Fiscalía como autor de delito de  tráfico,     fabricación     o     porte     de  estupefacientes  en  la  modalidad de portar o llevar  consigo,  previsto  en el artículo 376 del Código Penal; cargo que rechazó el  supranombrado.   

         

Cabe  anotar,  que  ante  el  retiro  de la  petición  del  delegado  del  ente  acusador  para  la imposición de medida de  aseguramiento, se concedió la libertad inmediata al imputado.   

2.  El  escrito  contentivo  de  la acusación se presentó el 12 de enero siguiente, la cual fue  formulada  ante el Juzgado Quinto Penal del Circuito de Conocimiento de Armenia,  autoridad  que una vez agotadas las audiencias preparatoria y de juicio oral, en  sentencia  de  29  de abril de 2013, absolvió al procesado del cargo por el que  fue acusado.   

   

3. Contra el fallo  de  primera  instancia  interpuso apelación el delegado de la Fiscalía, siendo  resuelta  por  el  Tribunal  Superior  de Armenia en sentencia de 15 de enero de  2016,  por  cuyo medio revocó la decisión absolutoria y, en su lugar, condenó  al  acusado  a  la  pena  de 64 meses de prisión y multa de 2 salarios mínimos  legales  mensuales  vigentes  como  autor  del  delito  juzgado, y le irrogó la  sanción  accesoria de inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones  públicas    por    el   mismo   término   de   la   pena   privativa   de   la  libertad.   

En  cuanto  a  la forma de ejecución de la  sanción,  se determinó su cumplimiento al interior de un centro de reclusión,  por lo que se dispuso librar la respectiva orden de captura.   

4.  El  fallo de  segundo  grado  fue recurrido en casación por la defensa del acusado, siendo la  calificación del libelo el objeto del actual pronunciamiento.   

LA DEMANDA  

         El  cargo  único  que  se formula contra la sentencia del Tribunal  Superior de Armenia, se sustenta como sigue:   

         Al  amparo  de la causal segunda se postula la violación indirecta  de  la  norma  sustancial  por  falso  raciocinio,  en  sustento  de  lo cual el  demandante  aborda  el  tema  relativo  a la exigencia probatoria necesaria para  acreditar    la    tipicidad   objetiva   de   la   conducta   de   tráfico,   fabricación  o  porte  de  estupefacientes,  valga  decir,  si  en  orden a establecer la clase de sustancia,  basta  con la denominada Prueba de Identificación Preliminar Homologada (PIPH),  o si su resultado debe corroborarse con una estudio científico.   

         El  censor  acusa  al  Tribunal  de haber actuado en «solidaridad   de   cuerpos»   con   la  Fiscalía,  al  avalar la desidia con la que actuó el ente acusador frente a la  prueba  técnica que aportó en orden a demostrar el tipo de sustancia incautada  al  procesado,  puesto que considera que la Prueba de Identificación Preliminar  Homologada  (PIPH)  es insuficiente para acreditar tal aspecto, por lo que en su  opinión  es  indispensable  contar  con prueba científica que corrobore que se  trata de una sustancia prohibida.   

         Añade   que   la  pluricitada  prueba  preliminar  (PIPH),  no  es  definitiva,  pues  su  función  es  la  de  servir  de criterio orientador y de  fundamento  para agotar las audiencias preliminares, pero en manera alguna puede  reemplazar  la  prueba  de  química  forense,  que  sí  suministra  resultados  concluyentes  y  cuya  práctica  corresponde  a  la  Fiscalía,  por razón del  principio  de  la carga de la prueba contemplado en el artículo 7 de la Ley 906  de 2004.   

         Resalta  que  el Tribunal dejó de lado las leyes de la ciencia, al  considerar  que  la  experiencia  de  los funcionarios que practicaron la prueba  PIPH,  por  sí  sola,  respalda el poder demostrativo de la misma, ya que en su  sentir  se  trata  de  efectivos  de  la  Policía  Nacional  que  no  tienen la  condición  de peritos en la materia, como sí lo son los miembros del Instituto  de  Medicina  Legal a quienes les competía conceptuar acerca de la composición  de  la  supuesta  sustancia  estupefaciente  hallada  en  poder de Jhon Anderson  Serrano Bañol.   

         El  demandante  manifiesta su desacuerdo frente a las apreciaciones  del  ad  quem,  cuando  en  orden  a  concluir demostrada la responsabilidad del  procesado  en  el delito contra la salud pública, a los resultados del medio de  convicción     referido    ut    supra,  sumó una serie de circunstancias como, por ejemplo, la cantidad  de  sustancia  incautada y la actitud asumida por el procesado al momento de ser  sorprendido  por  los policiales, lo que en su criterio evidencia un proceder de  «complicidad»  del  juez  colegiado  con  la  Fiscalía, con el propósito de disimular la falencia de esa  parte  de  no  aportar  la experticia química forense al juicio, fundándose la  condena en argumentos propios del derecho penal de autor.   

         Seguidamente,   el   casacionista   pasa   a   demeritar  el  valor  demostrativo  del  procedimiento  de  identificación preliminar de la sustancia  incautada  al implicado, realizado por los policiales que conocieron el caso, en  sustento  de  lo  cual asevera que el mismo se cumplió a partir de tomar una de  las  95 papeletas halladas en poder de Serrano Bañol, lo cual califica como una  trasgresión de las garantías fundamentales del prenombrado.   

         Asimismo,  se  refiere al principio de libertad probatoria que dice  se  sobrepone al de tarifa legal, para a continuación indicar que su intención  no  es  exigir  una  única  prueba  para demostrar la materialidad del ilícito  juzgado,  indicando  que  «lo que sí quiero ser bien  entendido  (sic) es que la  exigencia  que  el  juzgador  debe  hacerle  al  fiscal  para  que este logre su  cometido   “condenar”,  debe  estar  presente;  pues  para  esto  existe  el  estándar   de   la   prueba   como   una  barrera  que  debe  superar  el  ente  acusador».   

         Concluye  que  el  Tribunal,  al  acudir  al  principio de libertad  probatoria  para justificar la condena proferida contra el acusado, soportada en  medios  de  convicción que, en su opinión, son apenas el sustento necesario de  las  solicitudes que se ventilan en las audiencias preliminares, transgredió de  manera  indirecta  preceptos  que  contemplan  garantías como la presunción de  inocencia,  debido  proceso  y  carga  de  la  prueba,  los cuales se encarga de  trascribir, al tiempo que cita doctrina y jurisprudencia.   

         En  un capítulo que denomina desarrollo del cargo, hace referencia  al  derecho  penal  de  acto, para indicar que nadie puede ser condenado por sus  convicciones,  señalando  que  en el presente caso el juicio de responsabilidad  penal  no puede basarse en presunciones carentes de respaldo probatorio, pasando  por  alto  el juzgador de segundo grado que la Fiscalía cuenta con laboratorios  y  personal  científico  a  su  servicio  para  acreditar  con  certeza  que la  sustancia  que  llevaba  consigo  Jhon  Anderson  Serrano  Bañol era prohibida.   

         Estima  violatorio  del  debido  proceso  que el ad quem concluyera  desvirtuada  la  presunción  de  inocencia  a  partir  de la percepción de los  funcionarios  de  policía,  quienes declararon acerca de que el acusado, cuando  fue abordado por ellos, asumió una actitud sospechosa.   

         

         Afirma  igualmente,  que  la defensa no tuvo posibilidad de rebatir  en  el  juicio  oral  la  prueba  técnica  preliminar  PIPH, que arrojó que la  sustancia incautada a su prohijado era cocaína.   

         Frente  al fallo de segundo grado, señala que los razonamientos en  que  se  funda  son escuetos y carentes de respaldo probatorio, por lo que en su  sentir    emergen   serias   dudas   en   torno   a   la   responsabilidad   del  procesado.   

         Finalmente,   en   un   capítulo   que   denomina   «La    información    (sic)   de   la   sentencia  recurrida»,  el  demandante   sostiene   que   la  decisión  del  Tribunal  adolece  de  errores  in  iudicando,  por lo que  solicita  a  la  Corte  casarla y, en su lugar, absolver a Jhon Anderson Serrano  Bañol,  ante  la  existencia  de duda probatoria en torno a la materialidad del  delito juzgado.    

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

Si bien esta Corporación tiene dicho que en  el  procedimiento  reglado  por la Ley 906 de 2004 no se distingue entre recurso  de  casación por la vía común y por la discrecional, al eliminar la exigencia  del  quantum  de  pena del  delito  por  el  que  se procede para acceder a tal impugnación, también lo es  que  corresponde al demandante acreditar la afectación de derechos o garantías  fundamentales,  lo cual le impone contar con interés para impugnar, señalar la  causal,  desarrollar  los cargos de sustentación del recurso y demostrar que es  necesario  el  fallo  de casación para cumplir alguno de los fines establecidos  por  el  legislador  en  el  artículo  180  de  la  referida  normativa para la  mencionada  impugnación,  esto  es,  la  efectividad  del  derecho material, el  respeto  de las garantías de los intervinientes, la reparación de los agravios  sufridos   por   éstos  y  la  unificación  de  la  jurisprudencia1.   

         Además,  se  tiene que de acuerdo con la  preceptiva  del  artículo  184  de  la  Ley  906  de 2004, no será admitido el  libelo   cuando el demandante carezca de interés, no señale la causal, no  desarrolle  adecuadamente  los  cargos, o cuando se advierta que no es necesario  el fallo para cumplir algunas de las finalidades del recurso.   

En lo concerniente a los requisitos que debe  reunir  la  demanda con la que se sustenta la impugnación extraordinaria, se ha  señalado  que  si bien el nuevo estatuto procesal no enumera de manera rigurosa  los  requerimientos  formales  y  sustanciales  que  corresponde  observar en su  elaboración,  como  en  efecto  lo  hacía  el  anterior  artículo 212, de los  preceptos  183  y  184  del  Código  de  Procedimiento  Penal, se extrae que el  demandante  debe  contar  con  interés,  en  el  libelo  se  tiene  que indicar  expresamente  la  causal  o  causales  invocadas,  exponiendo  con  claridad  su  sustento,  de conformidad con las exigencias argumentativas señaladas para cada  una  de  ellas y, además, señalar las razones por las que resulta necesario el  pronunciamiento de la Corte.   

Clarificado  lo  anterior,  se abordará el  estudio formal del libelo de casación.   

         2.  El recurrente presenta un solo cargo  contra  la  sentencia  del  Tribunal  de  Armenia, que sustenta en la violación  indirecta  de  la  norma  sustancial  originada  en  error  de  hecho  por falso  raciocinio.   

Previo a abordar el examen del reparo, cabe  precisar  que  la trasgresión indirecta de la norma sustancial se relaciona con  el  proceso lógico desplegado por el juez en orden a estimar la prueba, y exige  de  quien la postula, la carga argumentativa de evidenciar cuál fue el vicio en  el  que  incurrió  el sentenciador de segundo grado, al tiempo que concretar el  falso  juicio  que  lo determinó a arribar a una conclusión equivocada, yerros  que pueden ser de hecho o de derecho.   

En  el  primer  caso,  errores de hecho, se  presentan  por falso juicio de identidad, en sus modalidades de tergiversación,  cercenamiento   o   adición;   falso  juicio  de  existencia,  por  omisión  o  suposición;  o  falso  raciocinio. En el segundo evento, errores de derecho, se  originan en falsos juicios de legalidad o de convicción.   

Según   la  jurisprudencia  de  la  Sala,  los  errores de hecho en  la  apreciación  probatoria «se presentan  cuando  el  juzgador  se  equivoca al  contemplar  directamente  el medio; porque omite apreciar una prueba que obra en  el   proceso;   porque   la  supone  existente  sin  estarlo  (falso  juicio  de  existencia);  o  cuando no obstante considerarla legal y oportunamente recaudada  al  fijar  su  contenido  la  distorsiona,  cercena  o adiciona en su expresión  fáctica,  haciéndole  producir  efectos  que objetivamente no se establecen en  ella   (falso  juicio  de  identidad);  o  porque  sin  cometer  ninguno  de  los  anteriores  desaciertos,  existiendo  la  prueba  es  apreciada  en  su  exacta  dimensión  fáctica y al  asignarle  su  mérito  persuasivo, transgrede los postulados de la lógica, las  leyes  de la ciencia o las reglas de experiencia, es decir, los principios de la  sana  crítica  como método de valoración probatoria  (falso             raciocinio)».   (CSJ  AP,   21   nov. 2002, rad. 14147)   

Por    su   parte,   los   errores  de  derecho  se  configuran    como    consecuencia   de  desatinos                 jurídicos,  relacionados     con  la  inobservancia  de  las  normas  que  regulan  la  producción   y   aducción   de   la   prueba,  esto  es,    la    trasgresión   de   una   regla        probatoria,  o   de   una   garantía  o   derecho  fundamental  en   su   obtención   o  práctica  (falso  juicio  de  legalidad);  o  cuando  se     desconoce     el     valor     suasorio        asignado  en la ley a  determinado medio de prueba  (falso juicio de convicción).   

Ahora, en tratándose del error de hecho por  falso raciocinio, que es el  vicio  denunciado  en  la demanda, corresponde a quien lo alega indicar en forma  objetiva  qué  dice  el  medio  probatorio,  cuál  fue  la inferencia a la que  equivocadamente  arribó  el  juzgador  y  cuál  es  la  correcta, así como el  mérito  persuasivo  otorgado  y  el  postulado lógico, la ley científica o la  máxima de la experiencia desconocida en el fallo.   

También   corresponde   al   recurrente  identificar  la norma de derecho sustancial que indirectamente resultó excluida  o  indebidamente  aplicada  y  la trascendencia del error, en aras de establecer  que  de  no  haberse incurrido en el yerro aludido, el sentido del fallo habría  sido  sustancialmente  opuesto  a  aquel  contenido  en  la  decisión  atacada.   

En  el  asunto que ocupa la atención de la  Sala,  es  evidente  que  el  libelo  incumple  los requisitos de postulación y  demostración  del error de hecho por falso raciocinio, toda vez que la presunta  infracción  a  las  pautas de la sana crítica la hace consistir el impugnante,  en  la  ausencia  de  experticia química forense, que en su opinión debió ser  practicada   a   la   sustancia  incautada  al  procesado  Serrano  Bañol,  por  profesionales  adscritos  al  Instituto  Nacional  de  Medicina  Legal  o  a  la  Fiscalía General de la Nación.   

Surge  patente,  que  la  intención  del  recurrente  es  tarifar  la  prueba,  valga  decir,  reclamar la práctica de un  determinado  medio  de  convicción como única manera de demostrar la tipicidad  objetiva  de  la  conducta  juzgada,  glosa  que,  en  gracia  de discusión, le  correspondía  postular  por  la  senda del error de derecho por falso juicio de  convicción, pero no lo hizo.   

Sobre  esta  clase de vicio, conviene citar  reciente  decisión  de  esta Colegiatura en la que se abordó lo relativo a los  presupuestos     de     lógica    y    adecuada    fundamentación    que    lo  gobiernan:   

Este tipo de yerro supone varias hipótesis,  una  de  ellas consiste en que el juzgador asigna a una prueba un valor distinto  al  que la ley establece; otra, es que no existiendo dicha tarifa probatoria, el  sentenciador  atribuye un valor específico al medio de convicción, «limitando  la  demostración  o  no  de  un hecho a partir de reconocer el valor que la ley  asigne     al    medio    que    lo    consagra»2   

Esta  clase  de  yerro  es  de  restringida  aplicación  por  haber  desaparecido del ordenamiento procesal el sistema de la  tarifa  legal  como  método  de  apreciación  de  la  prueba, de manera que en  principio  no  es  posible  para  los  jueces incurrir en errores de derecho por  falso  juicio  de  convicción, en la medida en que la normatividad no somete su  raciocinio  a  evaluaciones probatorias predeterminadas, sino que por razón del  principio  de  libertad  probatoria los hechos y circunstancias del delito, así  como  la  responsabilidad  del acusado se acreditan por cualquier medio y éstos  se aprecian con base en la sana crítica o persuasión racional.   

Lo  anterior  significa  que  «el mérito  demostrativo  del  medio  se deja al razonable criterio del juzgador, fundado en  la  sana  crítica;  y  que  los  elementos  del delito y la responsabilidad del  procesado   pueden   ser   establecidos  a  través  de  cualquier  elemento  de  prueba»3.  (CSJ SP,  6 abr. 2016, rad. 46847)   

        Ninguno     de    los    anteriores  requerimientos  es  cumplido  por el recurrente, dado  que  deja  de  acreditar  que  la  ley  impone         para         la  demostración  de  la  calidad  y  cantidad  de  una  sustancia     que     se     presume     estupefaciente,     la     realización   de   una   específica  prueba         pericial         –química        forense–;    o    que    el    ordenamiento  jurídico     fija  determinado         valor        suasorio  a  la  Prueba  de  Identificación Preliminar Homologada  (PIPH)           que           realizan          los            servidores       de      policía  judicial  al momento de su incautación, y que éste  fue   soslayado  por  el  Tribunal.   

        Además,  desconoce       que       la       prosperidad     de     un  reparo  de  ese  jaez, parte de la  base  de  que  el  sistema  probatorio  esté         regido   por   la  tarifa  legal,    en  el    que      la      ley     asigna  determinado valor a    las  pruebas,    contrario    al    de    libre   apreciación  o  persuasión    racional,           imperante   en  nuestro                 régimen    procesal,   según  el cual los aspectos del delito  pueden    acreditarse  a   través  de  cualquier  medio  de  convicción        legalmente        aceptado,        siempre  que  no viole garantías fundamentales, y es al      juzgador      a    quien   corresponde   establecer  su  poder  demostrativo,       limitado      en   esa  labor  únicamente  por  las  reglas de la sana crítica.   

De  otra  parte,  el  libelista  pretende  fallidamente  relacionar  el  desarrollo  de  la  censura  con el yerro de falso  raciocinio  que  anuncia,  aludiendo  a  la ciencia, pero no para referirse a la  infracción  de  alguna de las leyes que la gobiernan, sino para insistir en que  únicamente  a  través  de  la  prueba  pericial de química forense es posible  acreditar  la  materialidad  del  delito  de tráfico,  fabricación  o  porte  de estupefacientes, al estimar  que solo este medio puede considerarse científico.   

Empero, no indica, en gracia de discusión,  objetivamente  qué  dice  el  medio probatorio, el mérito persuasivo que se le  otorgó,  cuál fue la inferencia a la que equivocadamente arribó el juzgador y  cuál  es  la  correcta,  así  como la ley científica desconocida en el fallo,  limitando  su  discurso a reprochar la falta de corroboración de los resultados  de  la prueba PIPH, que en su opinión solo se logra con un dictamen pericial, y  a  demeritar  su  poder demostrativo por tratarse de una actividad investigativa  preliminar,  que  estima  no  es  concluyente  en punto de la clase de sustancia  incautada  a su defendido; quejas que no cumplen los presupuestos argumentativos  de un cargo por falso raciocinio.   

Agréguese que la crítica formulada por el  casacionista  a  la  capacidad  suasoria  conferida  por  el ad quem al medio de  convicción  que  concluyó que la sustancia incautada al acusado Serrano Bañol  era  cocaína,  no  revela la existencia de errores trascendentes de estimación  probatoria   demandables   en   casación,   en   tanto  tal  disenso  se  funda  exclusivamente  en  su  personal  apreciación  de  la prueba, según la cual la  labor  de  comprobación  que  hace  la  policía judicial mediante la prueba de  campo  (PIPH),  en orden a establecer si una sustancia es estupefaciente, carece  del  valor  demostrativo  requerido  para sustentar un fallo de condena, pero no  explica las razones de ese aserto.   

En  esa  medida,  las  disquisiciones  que  realiza  el demandante en torno al principio de la carga de la prueba, relativas  a  que  la  Fiscalía  incumplió  su  deber  de  desvirtuar  la  presunción de  inocencia  que ampara al procesado, como consecuencia de no de aportar la prueba  pericial  de  química  forense, con la pretensión de que su tesis sea acogida,  desconoce  que  dicho postulado obedece a una interpretación diferente a la que  pretende atribuirle.   

En  efecto,  en  cuanto al alcance que debe  darse al mentado principio procesal, la Sala ha expresado:   

Se  dice que la  carga  de  la prueba en materia penal, por virtud del  principio  de  presunción  de  inocencia,  corresponde  al  ente  encargado  de  investigar  y  acusar,  lo que implica que el procesado queda relevado de probar  la  no  perpetración  del  hecho delictivo y su no culpabilidad. Empero a dicha  regla  mal puede dársele el alcance de llegar a afirmar que el acusado no tiene  la   obligación   de   acreditar  las  circunstancias  exculpativas que alega en su favor.   

En  inicio,  es  a  la  parte  que  alega  determinado  hecho  a  la  que  le  corresponde probarlo en orden a demostrar el  supuesto  de  facto  que permite aplicar la norma que pretende hacer valer y que  le     beneficia,     como     sucede,      por      ejemplo,  en  situaciones  en  las  que  se  alega  una causal eximente de  responsabilidad como el caso fortuito o la fuerza mayor.   

La carga de la prueba implica la necesidad  de    aportar    el    medio    de    convicción  que  acredita  un  hecho, obligación que recae sobre  quien  lo  alega  en  su favor, de donde pueden derivarse consecuencias adversas  por  la  actitud  procesal  de  las  partes,  en  caso  de que en el trámite se  extrañe  la  prueba  del  hecho  que  beneficia  a  una  de ellas, pudiendo ser  aportada  por  aquel al que favorece, ante la demostración de lo perseguido por  el adversario.   

La  carga  de  la prueba en el campo penal  como  manifestación  del  principio de presunción de inocencia y del derecho a  la  igualdad,  no  se torna absoluta como para que se avale la actitud pasiva de  la  parte  acusada,  pues  en  situaciones  en  las que emerge una dificultad en  la  parte acusadora para  probar  determinado  hecho,  pero  la  parte  acusada cuenta con la facilidad de  aportar  el  medio  necesario para ello, siempre que beneficie sus intereses, se  hace  necesario  restablecer  el  equilibrio  en  procura  que  la  prueba de la  circunstancia  controvertida,  sea  aportada  por  la parte que puede acceder al  medio  de convicción.  Es lo que se conoce como  la  categoría  de  carga  dinámica  de prueba, inicialmente desarrollada en el  derecho  privado, pero ahora aplicable al derecho penal sin que se transgreda la  presunción de inocencia.   

En un sistema procesal acusatorio en el que  no  rige  el  principio  de  investigación  integral, es claro que la actividad  probatoria  de la fiscalía y la tarea de desvirtuar dicha presunción, se agota  con  la demostración de los hechos en los que funda la acusación, al igual que  la  ejecución  de los mismos en cabeza del sindicado, así como el conocimiento  que  debe  expresar  a  la  defensa  acerca  de  la  existencia  de  un medio de  convicción  favorable  a sus intereses. De allí que  la  defensa  adquiera  el  compromiso  de  demostrar  las  circunstancias que se  opongan  al soporte fáctico de la acusación, pues de lo contrario el procesado  se    expone    a    una    condena.   (Negrilla  fuera de texto) (CSJ SP, 25 may. 2011, rad. 33660)   

         Así  las  cosas,  de acuerdo con el precedente citado, se advierte  que,  de  una  parte,  el recurrente debió formular la queja relacionada con el  quebranto  del  postulado  de  la carga de la prueba, por la senda de la nulidad  por  trasgresión  del  debido  proceso  y, de otro lado, no le asiste razón al  afirmar  que  tal  garantía le fue desconocida a su prohijado, puesto que si la  Fiscalía,  en  orden  a  demostrar  que  la  sustancia incautada al incriminado  Serrano  Bañol  era estupefaciente cocaína, trajo al juicio la prueba PIPH, le  correspondía  a  la  defensa  desacreditar  el  resultado del referido medio de  convicción,  aportando  la  prueba  científica  o  técnica  que  refutara sus  conclusiones,  pero  no  conformarse con presentar un discurso dirigido a atacar  su  poder suasorio, sustentado en el mero desacuerdo frente a la estimación que  al respecto hizo el Tribunal.   

Por tanto, dadas las falencias de lógica y  adecuada  fundamentación que se han puesto de presente, la demanda de casación  será inadmitida.   

3.  De   otra   parte,   del  estudio  del  proceso  no  se  vislumbra  violación     de     derechos     fundamentales     o   garantías   de  los intervinientes, que imponga  ejercer  la   facultad   oficiosa de   índole     legal     que    al    respecto    le   asiste  a  la  Sala.   

4.  Contra  esta  decisión  procede  el  mecanismo  de insistencia, en los términos establecidos  por la Sala en CSJ AP, 12 dic. 2005, rad. 24322.   

        En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE  SUPREMA     DE     JUSTICIA,     SALA     DE     CASACIÓN     PENAL,   

RESUELVE   

INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  la  defensa  de  Jhon  Anderson Serrano  Bañol.   

De conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la Ley 906 de 2004, es viable la  interposición  del  mecanismo de insistencia en los términos precisados por la  Sala.   

Cópiese,        notifíquese y cúmplase   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 CSJ  AP, 12 dic. 2005, rad 24322; entre otros.   

2  «CSJ  SP,  14  nov.  2002,  rad.  15459».   

3  «Ibídem».     

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