AP3183-2016(47005)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Magistrado  Ponente   

AP3183-2016  

Radicación     n°     47005   

(Aprobado Acta No.  160)   

         Bogotá, D.C.,  mayo                   veinticinco (25) de dos mil dieciséis (2016).   

V   I   S   T   O  S   

Examina   la   Sala   los  requisitos  de  admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  formulada  por  el  defensor  del  procesado  Héctor  Herney Riascos Montaño contra la sentencia proferida por la  Sala  Penal  del  Tribunal Superior de Cali, por cuyo medio revocó parcialmente  la  dictada  por  el  Juzgado Dieciocho Penal del Circuito de Conocimiento de la  misma  ciudad  que  lo  había  absuelto,  junto  a  Sandra  Fernanda  Salamanca  Cucuyame,  de  los  delitos de homicidio y  hurto  calificado agravado,  ambos  en  grado  de  tentativa,  en  concurso  heterogéneo con  fabricación,  tráfico, porte o tenencia de armas de  fuego,  accesorios,  partes o municiones agravado, por  los  que,  salvo el último ilícito, declaró penalmente responsables a Héctor  Fabio  Galindez Ortiz, John Jaider Montealegre Bermúdez y Rafael Eduardo Zapata  Marín;  en  tanto condenó, a los dos primeros, por los reatos en mención y, a  los  tres  últimos,  por  la  conducta  contra  la  seguridad pública, todos a  título de coautores.   

HECHOS  

         Fueron  sintetizados  por  el  sentenciador  de segundo grado de la  siguiente manera:   

Siendo aproximadamente la 1:00 de la mañana  del  18 de abril de 2012, se encontraban el señor Helmer Antonio Muñoz Rivera,  su  esposa  Olga  Liliana Cardona, su hija Sandra Lorena Muñoz y una ahijada de  nombre  Valentina,  en  su finca El Vergel, ubicada en la vereda Peñas Blancas,  corregimiento  de  Pichindé,  [de  la  ciudad  de  Cali],  cuando llegaron seis  personas  armadas que intentaron ingresar a su vivienda, sin lograr su objetivo,  por  cuanto  los residentes opusieron resistencia, presentándose un intercambio  de  disparos  en  el  que  resultó herida tanto la señora Olga Liliana Cardona  como  uno  de  los  agresores  quien…  respondía  al  nombre  de  John Jaider  Montealegre  Bermúdez, emprendiendo [los asaltantes] la huida posteriormente en  un vehículo y tres motocicletas.   

Los moradores de la vivienda alertaron a la  policía,  quienes  realizan  un  cierre de la vía Cali-Cristo Rey-Pichindé, y  logran  capturar  a  cinco  personas  que  se [identificaron como Héctor Herney  Riascos  Montaño,  Sandra  Fernanda Salamanca Cucuyame, John Jaider Montealegre  Bermúdez,  Rafael  Eduardo Zapata Marín y Héctor Fabio Galindez Ortiz quienes  se]  movilizaban  en  una camioneta y dos motocicletas, [registrándose que] una  de   ellas,  [John  Jaider],  estaba  herida  con  arma  de  fuego,  encontrando  abandonada  otra  moto…  [conducida  por] un sujeto que los acompañaba, quien  logró huir.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

         1.  El  19  de  abril  de  2012, ante el  Juzgado  Veinte  Penal  Municipal con Función de Control de Garantías de Cali,  legalizada  la  captura  de  Héctor  Herney  Riascos  Montaño, Sandra Fernanda  Salamanca  Cucuyame,  John  Jaider  Montealegre Bermúdez, Rafael Eduardo Zapata  Marín  y  Héctor  Fabio  Galindez Ortiz, la Fiscalía les formuló imputación  por    los    delitos    de    homicidio  (art.  103  C.P)  y  hurto  calificado  agravado (arts. 239, 240, inc. 2º, y 241, num. 10º,  ibídem),   ambos   en   grado   de  tentativa,  en  concurso  heterogéneo  con  fabricación,  tráfico, porte o tenencia de armas de  fuego,  accesorios, partes o municiones agravado (art.  365,    nums.   1º   y   5º,   ejusdem);   cargos   que   no   aceptaron   los  supranombrados.         

         2.  El 21 de junio de 2012, la Fiscalía  21  Seccional  de  Cali  presentó  escrito  de  acusación  y,  el 28 de agosto  siguiente,  se  llevó  a cabo la respectiva audiencia ante el Juzgado Dieciocho  Penal  del  Circuito  de  Conocimiento  de  dicha ciudad, en la que la Fiscalía  reiteró   los  cargos  atribuidos  en  la  formulación  de  imputación  y  se  reconoció  la  calidad  de  víctimas  a  Olga Liliana Cardona y Helmer Antonio  Muñoz Rivera.   

         3. Realizada la audiencia preparatoria y  agotado  el  juicio oral, que trascurrió entre el 28 de mayo de 2013 y el 12 de  junio  de  2014,  el  juez  de  conocimiento, el 23 de octubre siguiente, dictó  sentencia  por  cuyo  medio condenó a Héctor Fabio Galindez Ortiz, John Jaider  Montealegre  Bermúdez  y  Rafael  Eduardo  Zapata  Marín como coautores de los  delitos   de  homicidio  y  hurto  calificado agravado,  ambos  en  grado  de  tentativa,  y  los  absolvió del ilícito de fabricación,  tráfico,  porte  o  tenencia  de  armas  de  fuego,  accesorios,    partes    o    municiones   agravado,  imponiéndoles  como  pena  principal  ciento  ochenta  y  cuatro (184) meses de  prisión,  y  como  sanción  accesoria  la inhabilitación para el ejercicio de  derechos  y  funciones  públicas  por el mismo término de la restrictiva de la  libertad;  al  paso  que les negó el subrogado de la suspensión condicional de  la   ejecución   de   la  pena  y  el  mecanismo  sustitutivo  de  la  prisión  domiciliaria.   

         Asimismo,  absolvió  a  Héctor  Herney  Riascos Montaño y Sandra  Fernanda  Salamanca  Cucuyame  de  todas  las  conductas  objeto  de acusación,  disponiendo  su  libertad  inmediata  desde  el  mismo  momento del anunció del  sentido del fallo.   

4.  Apelada  la  anterior  decisión  por  el  delegado  de  la Fiscalía y los defensores de los  acusados  condenados,  en  fallo  adiado  el  23  de  julio de 2015, el Tribunal  Superior  de  Cali  la  revocó parcialmente, en tanto condenó a Héctor Herney  Riascos  Montaño  y  Sandra  Fernanda  Salamanca Cucuyame como coautores de los  delitos  por  los  que  fueron  acusados  y  absueltos,  esto  es,  homicidio       y      hurto   calificado  agravado,  ambos  en  grado   de   tentativa,   en   concurso   con   el   ilícito   de  fabricación,  tráfico,  porte  o  tenencia  de  armas  de  fuego,  accesorios,  partes  o  municiones, imponiéndoles la  pena  principal de ciento cincuenta y dos (152) meses de prisión y la accesoria  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y funciones públicas por el  mismo  término  de  la sanción privativa de la libertad; asimismo les negó la  suspensión   condicional   de   la   ejecución   de  la  pena  y  la  prisión  domiciliaria.   

De  otra  parte,  condenó  a Héctor Fabio  Galindez  Ortiz,  John  Jaider  Montealegre  Bermúdez  y  Rafael Eduardo Zapata  Marín  como coautores de la conducta de fabricación,  tráfico,   porte   o   tenencia   de  armas  de  fuego,  accesorios,  partes  o  municiones,  por  la  que  habían  sido absueltos en  primera  instancia,  y  redosificó  la  sanción  impuesta  frente a los demás  delitos   concurrentes   por  los  que  aquellos  fueron  declarados  penalmente  responsables,  aun  cuando se apartó del criterio adoptado por el juez a quo al  realizar  esa  labor,  por  lo  que  en  últimas les fijó la pena principal de  ciento   cincuenta   y   dos   (152)   meses  de  prisión  y  la  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  término  de  la  sanción  privativa  de  la  libertad;  negándoles  la  suspensión   condicional   de   la   ejecución   de  la  pena  y  la  prisión  domiciliaria.   

         5. Contra la sentencia de segundo grado,  el  abogado  que  representa  los intereses del procesado Héctor Herney Riascos  Montaño  interpuso  recurso  de  casación, cuya admisibilidad es el objeto del  presente pronunciamiento.   

SÍNTESIS DE LA DEMANDA  

         Invocando  como  fines  del  recurso  la  efectividad  del  derecho  material   y  el  respeto  de  la  garantías  del  acusado,  concretamente  los  postulados  de presunción de inocencia e in dubio pro  reo,  que  estima vulnerados como consecuencia de los  «errores   de   derecho   y   de  hecho»  en  los que incurrió el Tribunal, originados en la omisión de  analizar   «la  estructura  de  los  tipos  penales  presuntamente  violados»  por  su defendido y en una  defectuosa    valoración    probatoria,    al    punto    que    «todas  las  conclusiones  son meramente conjeturales… [surgiendo]  plurales  errores  de  derecho  por falso juicio de legalidad, falsos juicios de  existencia   y   falso  raciocinio»,  el  demandante  formula  un reproche contra la sentencia de segundo grado al amparo de la causal  prevista  en  el  numeral 1º del canon 181 de la Ley 906 de 2004, que se resume  de la siguiente manera:   

         Luego  de  referirse,  en  un capítulo que denomina «preliminar»,    a    las   garantías  consagradas  en  el  artículo 29 de la Carta, concretamente a los principios de  presunción    de   inocencia   e   in   dubio   pro  reo, de trascribir las normas que los consagran, así  como   de   citar   doctrina   autorizada   y   jurisprudencia   de   la   Corte  Constitucional1     y    de    esta    Corporación2 sobe su naturaleza y alcance,  el  censor  denuncia que el ad quem incurrió en la violación directa de la ley  sustancial  por  falta de aplicación de los artículos 29 de la Carta y 7 de la  Ley  906  de  2004,  que  consagran  los  postulados que dice quebrantados, y la  correlativa  aplicación  indebida de los preceptos 103, 239, 240, 241 y 365 que  tipifican las conductas punibles juzgadas.    

         Menciona  que  en  orden  a  demostrar  la  trasgresión  de  tales  principios  en el caso concreto, siguiendo la jurisprudencia de esta Sala que se  encarga  de  citar,  acude  a  la  senda  de  la  violación directa de la norma  sustancial,  dado que en este asunto, «se ha aceptado  por  los  falladores  de instancia la falta de certeza sobre la existencia misma  de   la  conducta  punible  o  sobre  la  responsabilidad  jurídico  penal  del  acusado»,   por  lo  que,  asegura,  «jamás  cuestionaré  la  valoración fáctico-probatoria realizada  por el Tribunal en su sentencia».   

         Después  de trascribir en su totalidad el capítulo «preliminar»   del   libelo,   lo  cual  justifica  en  la necesidad de «excitar positivamente  la  discrecionalidad de la Corte» para que examine de  fondo  el  reparo  formulado, el recurrente menciona que la condena proferida en  contra  del acusado Riascos Montaño se sustentó en que (i) fue capturado cerca  del  sector  donde  ocurrió  el  suceso  criminal  y (ii) no se probó la tesis  defensiva  de  que  esa  noche  se  encontraba  allí  ejerciendo  su  oficio de  mecánico  automotriz;  conclusiones  que, dice, fueron el resultado de la falta  de  un  «análisis exhaustivo por parte del ad quem,  de  las  pruebas  fundamentadoras  (sic)  de  los  tipos  penales… sino que su  análisis  corresponde  a  una  verdadera  generalidad  de lo que ocurrió en la  vivienda  del  señor  Helmer  [Antonio]  Muñoz [Rivera] la madrugada del 18 de  abril  de  2012  y  lo sucedido con posterioridad, [relativo] a la captura de un  grupo    de    personas»,    entre    ellas,    su  representado.          

         Destaca  que al margen de tales defectos de valoración probatoria,  lo  relevante  para  la demostración del cargo es que en la sentencia impugnada  el  juez  colegiado «planteó en forma categórica…  que,  en  este  asunto, “no están demostradas fehacientemente las actividades  lícitas  que RISACOS MONTAÑO estaba ejecutando la madrugada del 18 de abril de  2012  y,  por  lo  tanto,  debe  sufrir  la  represión del Estado a través del  respectivo  fallo  de condena”, pues no se le encontró herramienta alguna que  demostrara   sus   calidades   profesionales   en   la   actividad   laboral  de  mecánico».        

         Aserto  frente  al  cual  el  libelista  contrapone  los argumentos  esgrimidos  por  el  juez  a  quo para absolver por duda probatoria al procesado  Riascos    Montaño,   señalando   que   tales   razonamientos   «se  compadecen  en  todo  su rigor con las pruebas debatidas dentro  del   juicio  oral»,  empero,  añade,  el  Tribunal  «sin  un análisis riguroso del material incorporado  al  proceso,  terminó  definiendo sin mayores explicaciones conceptuales que mi  representando  era  una de las personas intervinientes, en forma directa, en los  hechos    [juzgados]…   adjudicándole   el   grado   de   coautor»,  lo  que condujo a que revocara el fallo de primer nivel.    

         Critica  que  el  juzgador  de  segundo  grado  concluyera  que  su  prohijado  participó  en  la  actividad  criminal  que se le endilga, cuando no  existe  «absoluta certeza»  de  tal  circunstancia,  puesto  que «ni siquiera los  moradores  de  la  vivienda  rural  [asaltada]  lo  ubican  en  el teatro de los  acontecimientos»,   a  quien  fácilmente  habrían  podido  identificar,  ya que se trata de una persona de raza negra; luego, en su  opinión,  la condena proferida en contra de aquel es producto de «desatino[s]    en   la   valoración   de   la   prueba»  y  de  «un  análisis  hipotético,  conjetural     por     parte     de     la     segunda     instancia».      

         En  esa medida, acota, si la Fiscalía no desvirtúa la presunción  de  inocencia aportando medios de convicción que demuestren, más allá de toda  duda,   los   elementos  constitutivos  del  delito  y  la  responsabilidad  del  procesado,  o  cuando  se  presenta  incertidumbre  sobre  tales  extremos, debe  aplicarse  el  principio  in dubio pro reo  que,  de  haberse  observado  en  el  asunto  particular, habría  conducido  a la absolución de su defendido.         

         En  consecuencia,  pide  a la Corte casar la sentencia del Tribunal  para,  en  su  lugar, absolver a su prohijado del concurso de conductas punibles  objeto de acusación.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1. De acuerdo con  lo  normado  en  el artículo 181 de la Ley 906 de 2004, el recurso de casación  se  concibe  con el doble propósito de servir de control constitucional y legal  de  las  sentencias  proferidas en segunda instancia en procesos adelantados por  delitos, cuando afecten derechos o garantías procesales.   

Claramente  se  advierte  que  la  citada  codificación  no  establece  que  el  delito  de que se trate tenga previsto un  mínimo   de   pena  legal,  como  exigencia  para  acceder  a  la  impugnación  extraordinaria,  ni  señala  unos  requisitos  formales  que  deba  cumplir  el  libelo.   

Sin  embargo,  según lo tiene decantado la  jurisprudencia  de  la  Sala,  la  demanda  no  puede  elaborarse  utilizando un  discurso  de libre composición, ni la casación penal puede entenderse como una  instancia  adicional para debatir aspectos que fueron materia de controversia, o  como facultad ilimitada para revisar el proceso.   

Por  el  contrario,  de  acuerdo  con  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004,  para  que el libelo sea admitido se  requiere  que  el demandante (i) cuente con interés para impugnar; (ii) indique  la  causal  conforme  a la cual se estructura el reproche de las contempladas en  el  artículo  181  ibídem;  (iii)  postule y desarrolle el cargo siguiendo los  requisitos  de  lógica  y  adecuada  fundamentación  que  contemple  el motivo  casacional  escogido;  (iv)  acredite  a  través  de  la  censura  formulada la  vulneración   de   derechos  fundamentales;  y,  finalmente  (v)  demuestre  la  necesidad  de  la  intervención  de  la Corte en orden a alcanzar alguno de los  fines  señalados  en  el artículo 180 ibídem, valga decir, la efectividad del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los intervinientes, la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  éstos  y  la  unificación  de la  jurisprudencia.                

         Además,  en  la postulación y desarrollo de los cargos la demanda  debe  observar  los  principios que gobiernan la impugnación extraordinaria, en  especial  los  de  coherencia,  claridad y precisión, prioridad, autonomía, no  contradicción,  sustentación suficiente y crítica vinculante, por lo cual, en  orden     a     demostrar     los     errores    in  iudicando  o  in procedendo  en  los  que  haya podido incurrir el fallador, no es  viable  argumentar  a  la manera de un alegato de instancia, sino de acuerdo con  la  dialéctica  propia del recurso de casación, evidenciando su trascendencia.   

Ahora,  sin  perjuicio  de lo dicho, la ley  otorga  a  la  Sala  de  Casación  Penal de la Corte la facultad de superar los  defectos  de  la  demanda  para  decidir de fondo en aquellos eventos en que los  fines  de  la casación, su fundamentación, posición del impugnante dentro del  proceso e índole de la controversia planteada, así lo ameriten.   

Significa   lo   anterior,  que  dada  la  preponderancia  de los fines del recurso extraordinario en la sistemática de la  Ley  906  de  2004,  aun cuando la demanda de casación no reúna las exigencias  formales  y sustanciales, la Corte puede superar sus defectos y decidir de fondo  el  asunto  si  lo  advierte  necesario para garantizarlos; y de igual forma, no  obstante  cumplir  el libelo los requisitos de lógica y debida fundamentación,  procede  su inadmisión si de acuerdo con dichos fines no se precisa de un fallo  de mérito.    

         2.  La demanda, adviértase desde ahora,  se  inadmitirá  debido  a que la única censura formulada presenta desatinos de  lógica  y adecuada fundamentación en su postulación y desarrollo, según pasa  a explicarse.   

         2.1   Sostiene  el  demandante  que  el  Tribunal  incurrió en la violación directa de la norma sustancial, debido a la  falta  de  aplicación de los artículos 29 de la Constitución Política y 7 de  la  Ley 906 de 2004, que lo llevó a desconocer los postulados de la presunción  de   inocencia   e   in  dubio  pro  reo, que tales preceptos consagran.   

         Conviene  recordar  que  de  manera  reiterada esta Corporación ha  sostenido  que  cuando  se  acude  a la senda de la violación directa de la ley  sustancial,  el  censor debe aceptar los hechos declarados en el fallo recurrido  y   abstenerse  de  cuestionar  la  valoración  probatoria  realizada  por  los  sentenciadores  de  instancia,  por  lo  cual  el  debate  se  circunscribe a la  aplicación  del  derecho,  sin que tengan cabida objeciones relacionadas con la  credibilidad  de  los  elementos  de juicio o el acontecer fáctico.3   

En esa medida, la labor de demostración del  vicio  deberá  estar  sustentada  en evidenciar que el juzgador seleccionó una  norma  que  no  era  la  llamada  a  gobernar  el asunto (aplicación indebida),  omitió  otra  que sí resolvía los extremos de la relación jurídico procesal  (falta   de   aplicación   o   exclusión  evidente)  o,  habiéndola  escogido  correctamente,  le  dio  un alcance interpretativo que no se deriva del texto de  la  ley,  es  decir, le atribuyó un sentido jurídico que no tiene o le asignó  efectos contrarios a su real contenido (interpretación errónea).   

         Sobre  la  manera  de  demostrar  la  falta de aplicación, la Sala  tiene dicho:   

Si   el   error  ocurrió  por  falta  de  aplicación,  ha de demostrar cuál fue la situación de hecho reconocida por el  juzgador  y  cómo  a la misma no le aplicó la consecuencia en el derecho, esto  es,  cómo  dejó de imponer la disposición que regula el caso concreto, ya sea  porque  la  olvidó,  la  desconoció,  estuvo  convencido  de  su derogatoria o  inexequibilidad,  o  no  la  consideró  de recibo. Quien alega esa modalidad de  error  debe explicar el contenido normativo de la disposición que echa de menos  y cómo ese mismo debió haber regulado la situación concreta.   

No  resultan  válidas las censuras que por  esta  vía se proponen partiendo de una interpretación equívoca o acomodada de  la  norma  que en criterio del impugnante se excluyó, es preciso que se ciña a  la  que  surge  nítidamente  de  su  tenor, sin agregados ni acondicionamientos  propios.4   

         Además,  en  tratándose  de la exclusión evidente corresponde al  recurrente  la  carga  de  acreditar  por qué la norma que echa de menos era la  llamada   a   resolver   el   caso   y,   por   ende,  debía  guiar  el  examen  jurídico.5   

         Sin  embargo,  de entrada se advierte que el libelista incumple las  exigencias  formales  y  sustanciales que corresponde observar cuando se acude a  la  senda  de  la  violación  directa  de  la  ley,  puesto que si bien promete  abstenerse  de  cuestionar  la  declaración  de  los  hechos  y  la estimación  probatoria  realizados por el Tribunal, su alegato se centra en controvertir las  conclusiones   plasmadas   en   el   fallo   de   segundo  grado  acerca  de  la  responsabilidad  del  acusado  Héctor  Herney  Riascos  Montaño en los delitos  juzgados,  ya  que  en  su  opinión,  aquellas  son  producto de «desatinos    en    la    valoración   de   la   prueba» y no pasan de ser meras conjeturas.   

         Además,   apartándose   de  las  reglas  de  lógica  y  adecuada  fundamentación  que  exige  el motivo casacional escogido, esto es, la falta de  aplicación  de las normas que consagran los postulados que afirma desconocidos,  el  impugnante  resigna  indicar el aparte de la sentencia opugnada, donde el ad  quem  concluyó  que  la prueba allegada al proceso no desvirtúa la presunción  de  inocencia que cobija al acusado Riascos Montaño, o en los que reconoció la  duda  probatoria  a  su  favor,  en  relación con la existencia del delito o su  responsabilidad,  no  obstante  lo cual, en la parte resolutiva dejó de aplicar  la  consecuencia  legal  correspondiente,  valga  decir, en vez de absolverlo lo  condenó.     

         Tal   desacierto   evidencia   en  el  defensor  del  procesado  el  desconocimiento  del  criterio  de la Sala, aplicable cuando en sede del recurso  extraordinario  de  casación se pretende atacar la legalidad de la sentencia de  segundo  grado  por  trasgresión  del  principio  de  presunción de inocencia,  según el cual:   

(I)  La  infracción de ese postulado puede  hacerse  por  una  de  dos  vías:  la  violación directa, caso en el cual debe  acreditarse  que  dentro  de  las argumentaciones de los jueces se reconoció el  instituto, pero no se aplicó la consecuencia en el derecho.   

Si  bien el impugnante escogió este motivo  de  casación,  lo  cierto  es que no lo desarrolló ni, menos, lo demostró, en  tanto  no  verificó  con  las  citas  textuales  respectivas, que dentro de los  argumentos  de  los  fallos  de  instancia  los  jueces  dieron por sentado que,  finalizado  el  debate  público,  aquel  postulado  no  fue  desvirtuado por la  Fiscalía,  lo  cual,  además,  la  defensa  no  podía hacer, como que, por el  contrario,  las  razones  probatorias  y  jurídicas  de  los  fallos censurados  apuntan  a  lo  contrario,  esto es, a que aquella presunción fue desvirtuada y  con  certeza  se  acreditaron  la  tipicidad  del delito y la responsabilidad el  acusado.   

(II) La segunda vía, que no fue la escogida  por  el  recurrente,  es  la  de  la violación indirecta, pero ello comporta la  carga  de demostrar a la Corte que los jueces de instancia dejaron de aplicar el  principio  señalado  a  través  de  una  apreciación  errada de los medios de  prueba.   

Ello  exige,  además,  indicar la prueba o  pruebas  valoradas erróneamente y, para cada una de ellas, precisar si el yerro  cometido  fue  de  hecho  o  de  derecho  y la especie de falso juicio en que se  incurrió:  si  de  existencia,  identidad o raciocinio (en el caso del error de  hecho),  o  de  legalidad  o convicción (para el yerro de derecho).  (CSJ  AP,  3  jul.  2013,  rad.  41602)   

Con  todo,  el  impugnante  no  estaba  en  posibilidad    de    acreditar    el    error    in  iudicando  que  denuncia,  salvo  que  en  esa  labor  desconociera  el principio de corrección material o de objetividad que gobierna  el  recurso  de  casación,  según  el  cual  lo  consignado en la demanda debe  corresponder  a  la  realidad  procesal, dado que en ningún aparte del fallo de  segundo  grado  la Sala advierte que el juez colegiado reconociera la existencia  de  duda  acerca  del  delito  o  de  la responsabilidad del incriminado Riascos  Montaño,  y  que por ende, se impusiera la aplicación de la norma –art.   7   del   C.P.P.–  que  echa  de menos el defensor del  prenombrado.   

         Al  respecto,  vale  la  pena  citar  lo que dijo el Tribunal en la  decisión  por  cuyo  medio  revocó  la  sentencia  de  primer nivel que había  absuelto  al  implicado  en  cuestión  y a la acusada Sandra Fernanda Salamanca  Cucuyame:   

[N]o comparte la Sala la apreciación que de  la  prueba  hizo  el  juez  a  quo,  respecto  al  señor Héctor Herney Riascos  Montaño  y  [a]  la señora Sandra Fernanda Salamanca Cucuyame, pues si bien es  cierto   [que]   en  momento  alguno  fueron  señalados  directamente  por  las  víctimas,  también  lo  es  que  existen  inferencias  que al ser valoradas en  conjunto  con  los testimonios y demás pruebas practicadas en el juicio, llevan  a tener la certeza sobre su responsabilidad.   

(…)  

En lo que respecta al señor Héctor Herney  Riascos  [Montaño],  éste  fue  capturado  junto  con  Héctor  Fabio Galindez  [Ortiz],  minutos  después  de sucedidos los hechos, cuando se transportaban en  dos  motocicletas  que  iban  delante  de  la camioneta donde se encontraban los  otros  tres procesados, de quienes se dijo que eran mecánicos e iban a arreglar  un   vehículo;  sin  embargo,  no  se  les  decomisó  herramienta  alguna  que  utilizaran  para  tal  fin,  ni  se  corroboró  su  versión  con ningún medio  probatorio.   

Descarta la Sala la apreciación que hizo el  juez  a  quo  respecto  a  este  procesado [Héctor Herney Riascos Montaño], en  cuanto  a  que  se  generaba  duda [en razón] de una posible equivocación, por  cuanto  la  Fiscalía  hablaba  de la presencia de una tercera persona capturada  que  no  se  judicializó,  cuando  claro  se  encuentra  que  viajaba junto con  Galindez   [Ortiz],   y  adujeron  ser  mecánicos,  y  la  persona  que  no  se  judicializó  fue la que capturaron posteriormente, por lo que no había lugar a  equivocaciones.   

Vemos  así  como  la  señora  Salamanca  Cucuyame  y el señor Héctor Herney Riascos [Montaño], fueron capturados junto  con  Rafael  Eduardo  Zapata  Marín,  John Jair Montealegre Bermúdez y Héctor  Fabio  Galindez  [Ortiz],  lo cuales fueron reconocidos por la víctima como los  autores  de  los  ilícitos  enrostrados  por  la Fiscalía, amén de que uno de  ellos  resultó  herido  en  el  intercambio de disparos ocurrido el día de los  hechos,  indicios  éstos que concatenados con las demás pruebas practicadas en  el  juicio,  permiten  inferir  razonablemente  la  responsabilidad de todos los  procesados,  pues  eran  seis  las  personas  que  observó  la  víctima  y  se  movilizaban  en un vehículo y tres motocicletas, los cuales bajaban por la vía  que  conduce  a  su  residencia, capturando a los pocos minutos de sucedidos los  hechos,  en  primera  instancia,  a  dos  de  ellos que se encontraban en motos,  mientras  que  el  automotor  emprendía  la  huida con [los] otros tres, siendo  interceptado  más  adelante,  escabulléndose  el  último  de  los  asaltantes  dejando             abandonada            su            motocicleta.             

         Entonces,  siendo  evidente  que el juez colegiado en manera alguna  reconoció   que   la  Fiscalía  incumplió  con  su  carga  de  desvirtuar  la  presunción   de  inocencia  del  procesado  Riascos  Montaño,  ni  afirmó  la  existencia  de  duda en torno a los elementos del delito o la responsabilidad de  éste  último,  la  glosa intentada por el recurrente, valga decir, la falta de  aplicación  de  la ley sustancial, que la Sala tampoco avizora, es abiertamente  infundada.    

         Por  otra  parte,  cabe  anotar  que  la  crítica  que  formula el  libelista  a  la  estimación  que  de  los medios de convicción realizó el ad  quem,  se queda en el mero enunciado, puesto que en su alegato se limita a hacer  afirmaciones   generales   y   abstractas   sobre   la  supuesta  existencia  de  «desatino[s]    en    la    valoración    de   la  prueba»,  en  los que dice se habría incurrido como  consecuencia    de   «un   análisis   hipotético,  conjetural  por  parte  de la segunda instancia», por  lo    que    ante    la    falta    de    «absoluta  certeza»  sobre la participación de su prohijado en  el  concurso  delictual  que se le endilga, debió mantenerse la absolución que  en  su  favor  se  profirió  en  el fallo de primera instancia; pero hasta ahí  llega su labor, dejando sin demostración sus reparos.   

         En  efecto,  si  lo  pretendido era acreditar que el juez colegiado  valoró  la  prueba  con  quebranto de los postulados de la sana crítica, y que  ello   a   su   vez   condujo  al  desconocimiento  del  principio  in  dubio  pro  reo,  tal  glosa  debió  proponerla  por  la  senda  de  la  violación  indirecta  de la ley sustancial,  planteando  la  existencia  de  error  de hecho por falso raciocinio, por lo que  según           la          jurisprudencia6  de  esta  Corporación,  le  correspondía  la  carga  de  identificar  el medio de convicción sobre el cual  recae  el  yerro,  indicar  qué  merito  demostrativo  le  asignó el fallador,  precisando  cuál  fue  la  ley  de  la ciencia, el principio de la lógica o la  regla  de  la experiencia quebrantada y cómo debió ser correctamente aplicada,  así  como  la  trascendencia  del  vicio  en el fallo condenatorio proferido en  contra   del  acusado  Riascos  Montaño;  nada  de  lo  cual  se  asume  en  la  demanda.      

Así  las cosas, como el impugnante incurre  en  evidentes desatinos de lógica y adecuada fundamentación en la postulación  y  desarrollo  del  único  reparo  que  formula y, además, no acredita que los  juzgadores  de  instancia quebrantaran los postulados en cita, se inadmitirá la  demanda.   

         3.  Finalmente,  la Sala advierte que no  obstante  la  Fiscalía  formuló  cargos  y  solicitó condena por el delito de  fabricación,  tráfico, porte o tenencia de armas de  fuego,       accesorios,       partes       o       municiones      agravado,  el  Tribunal,  al proferir la  condena,  no tuvo en cuenta la circunstancia específica de agravación prevista  en  el  numeral  5º  del  artículo  365  del Código Penal, es decir, obrar en  coparticipación  criminal,  pero  tampoco  expuso las razones por las cuales la  descartó;  yerro que no es posible enmendar en sede del recurso extraordinario,  so  pena  de  quebrantar la prohibición de reformatio  in  pejus,  cuando  de apelante único se trata, como  ocurre en este caso.     

         4. Por último, resta señalar que no se  observa  que con ocasión del fallo impugnado o dentro de la actuación se hayan  violado  los  derechos  o  garantías  de  los intervinientes, como para que tal  circunstancia  imponga  superar  los  defectos  del libelo en orden a decidir de  fondo,  según  lo  dispone  el  inciso  3°  del artículo 184 de la Ley 906 de  2004.   

Contra  esta decisión procede el mecanismo  de  insistencia,  en  los  términos establecidos por la Sala en CSJ AP, 12 dic.  2005, rad. 24322.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE   

         INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada  por  el defensor de Héctor Herney Riascos  Montaño.   

De  conformidad  con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de la Ley 906 de 2004, es viable la interposición del mecanismo  de insistencia en los términos precisados por la Sala.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 SCC  C-774 de 2001.   

2 CSJ  SP, 9 mar. 2006, rad. 22179.   

3 CSJ  AP,  9  may. 2012, rad. 37987; CSJ AP, 10 jul. 2013, rad. 41411; CSJ AP, 11 dic.  2013, rad 42737; y, CSJ AP, 30 sep. 2015, rad. 46702; entre otras).   

4  CSJ AP, 29 may. 2013, rad. 39542.   

5 CSJ  SP, 16 oct. 2013, rad. 42258.   

6 CSJ  SP,  23  nov. 2000, rad. 10479; CSJ AP, 18 ago. 2010, rad. 33919; CSJ AP, 6 ago.  2013,  rad.  41368;  CSJ AP, 20 nov. 2013, rad. 42344; CSJ AP, 3 dic. 2014, rad.  42658; y CSJ AP, 25 may. 2015, rad. 45542; entre otras.     

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