AP3176-2016(47635)

2016

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACIÓN  PENAL   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Magistrado  Ponente   

AP3176-2016  

Radicación n° 47635  

(Aprobado Acta No. 160)  

          Bogotá,  D.C.,  mayo veinticinco (25) de  dos mil dieciséis (2016).   

V     I  S     T  O     S   

La Corte estudia si la demanda de casación  presentada  por  el defensor del procesado Mauricio Méndez Trujillo   reúne   los   requisitos  para  ser  admitida,  en  orden a que la Sala en sede de casación emita un pronunciamiento  de  fondo, frente a la sentencia condenatoria proferida por el Tribunal Superior  de  Neiva  el 26 de noviembre de 2015, mediante la cual confirmó la dictada por  el  Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Descongestión  de la misma ciudad que lo  condenó   como   autor   del   delito  de  homicidio  culposo.   

HECHOS  

         El  16  de  junio  de  2012,     siendo     las     10:30     de     la     mañana,   en   la  carretera             Pitalito–Garzón  (Huila), en el kilómetro  4  + 800 metros, el vehículo  de  servicio  público  tipo buseta de placas TBK-980,  conducido   por  Mauricio  Méndez         Trujillo,         colisionó  con  la motocicleta en la que  se  movilizaba Diofante Medina Valderrama, causándole  lesiones  a este último que  determinaron su fallecimiento.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  Por  los hechos antes narrados se inició  la  respectiva  investigación  y  el  30 de enero de  2013,   ante  el  Juzgado  1º  Penal  Municipal  con  Función  de  Control  de  Garantías  de Pitalito, la  Fiscalía   formuló           imputación      a      Mauricio  Méndez  Trujillo como presunto  autor      del     delito     de     homicidio       culposo; cargo que éste rechazó.   

2. El escrito de  acusación  fue presentado el 22 de marzo siguiente y su formulación se surtió  ante   el  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito  de  Pitalito,   en  audiencia  llevada  a  cabo el 10 de  diciembre  siguiente,  en  los mismos términos de la  imputación.   

         3.  Agotadas  las  audiencias  preparatoria  y de juicio oral, el 25  de   agosto   de   2015,  el   Juzgado  Penal  del  Circuito   de   Descongestión   de   Pitalito,   emitió   fallo   por   cuyo   medio   condenó  al  procesado como autor del delito  de           homicidio          culposo,  imponiéndole las           penas             principales     de     32    meses   de   prisión,     multa    de    26.66  salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes  y  la privación del derecho a  conducir vehículos automotores por el término de 48 meses.   

Como  sanción  accesoria le irrogó       la      inhabilitación   para   el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  término  de  la prisión.  Asimismo,  le concedió la suspensión condicional de  la   ejecución  de  la  pena,  fijándole   un  periodo  de  prueba  de  32 meses.   

3. El fallo de  primera  instancia  fue  objeto  de apelación por la  defensa        del        acusado,   y  al  resolver   el   recurso   el   Tribunal,   en   sentencia   de   26  de  noviembre  de  2015,    lo    confirmó    sin    ninguna    modificación.   

4. Ese  mismo  sujeto  procesal  interpuso  recurso extraordinario de  casación,   cuya   demanda   es   objeto   de   calificación  en  el  presente  pronunciamiento.   

LA DEMANDA  

Inicialmente,  el  recurrente  alude  a  la  casación  excepcional  para  justificar  la  intervención  de  la  Corte en el  presente  caso,  al  señalar  que  es  la vulneración del debido proceso y del  principio  de  derecho  penal  del  acto  lo que impone que se emita un fallo de  casación.   

También,  porque  considera  necesario  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  respecto del tema de la infracción al deber  objetivo de cuidado.   

En sustento del cargo que formula contra la  sentencia  de  segundo  grado, invoca la causal tercera prevista en el artículo  181  de  la Ley 906 de 2004, alegando un error de hecho en la modalidad de falso  raciocinio,  que  dice  se  configura  «al suponer e  imaginar  el  fallador  una  errada  apreciación  y  valoración  de  la prueba  testimonial»,  equivocación  que hace recaer en los  testimonios  de  Leonel  Romero  Gómez,  Gustavo Arcila Rivera y Adriana María  Luna  Quilombo,  cuya  estimación acusa de trasgredir los postulados de la sana  crítica,  esto  es,  la  lógica  la  ciencia  y  la experiencia, que llevó al  Tribunal  a  concluir  que el accidente de tránsito se produjo por el exceso de  velocidad a la que se desplazaba Mauricio Méndez Trujillo.   

Sostiene  que  tal deducción se soporta en  inferencias  erróneas, basadas en lo dicho por testigos presenciales del hecho,  quienes  según  el  censor,  no  pudieron  haber  percibido  el suceso debido a  circunstancias  tales  como,  la distancia a la que se encontraban del lugar (70  metros),  el ángulo de visión, la hora del siniestro y la visibilidad, además  de  las  contradicciones  en  que incurren, las que en su criterio obedecen a la  intención  de los declarantes de justificar el actuar imprudente del occiso, al  igual  que  «distorsionar  la  pericia  con  la  que  maniobró el procesado».   

Añade que la prueba no se valoró en forma  integral,  pues  se dejó de apreciar, por ejemplo, lo narrado por Dairis Leonor  Pastrana,  pasajera  de la buseta conducida por Mauricio Méndez Trujillo, quien  manifestó  que  la  motocicleta había sido movida del lugar del accidente, que  no  llevaba  direccionales  prendidas  y  que  al  parecer  su  conductor estaba  embriagado.   

Acusa  de  negligente  la  actividad  de la  Fiscalía  para desvirtuar la presunción de inocencia, pues considera escaso el  material  probatorio  que  se  aportó  para  demostrar  la  responsabilidad del  acusado,  motivo  por  el que solicita la aplicación del principio in dubio pro reo.   

Pone de presente algunas circunstancias que  asevera  fueron  desconocidas  por  el  Tribunal,  derivadas  de  la  edad de la  víctima  mortal,  que  relaciona  con la impericia de las personas mayores para  conducir  vehículos automotores, dado que van perdiendo sus facultades auditiva  y  visual,  a lo que suma la precaria condición cardiaca del occiso, señalando  que  debido  a los medicamentos que debía ingerir para controlar tal afección,  pudo  haberse  encontrado  somnoliento  para  el  momento  del accidente, lo que  afirma  mengua  su  posibilidad de reaccionar, en contraste con la capacidad que  para  el  momento  del  siniestro  tenía  el acusado Mauricio Méndez Trujillo.   

Seguidamente,  cita  la  norma  del Código  Nacional   de   Tránsito  regulatoria  de  la  vigencia  de  las  licencias  de  conducción,  que  impone  a  las personas mayores de 65 años la obligación de  renovarla  cada  tres  años,  ello  para  destacar  que  la  de Diofante Medina  Valderrama se encontraba vencida para la fecha del fatal accidente.   

Añade  que  no  se  acreditó  la supuesta  maniobra  del  procesado  de  pretender  adelantar  la  motocicleta en la que se  movilizaba  la  víctima  que,  asegura,  iba  de  un  lado  a otro «zigsaguiando»,  motivo  por el que no  se  puede  concluir que su representado infringió el deber objetivo de cuidado,  cuando  lo  probado  es que el obitado se atravesó en la vía sin que utilizara  las  señales  reglamentarias  para advertir que iba a hacer un giro, invadiendo  el  carril  por  el que transitaba el conductor de la buseta, lo cual se explica  en que al parecer aquel se encontraba bajo los efectos del alcohol.   

Se  refiere  al  principio de confianza que  regula  las  actividades  peligrosas,  el  cual  dice  aplica a este caso, en la  medida  que Méndez Trujillo se atuvo a que Diofante Medina Valderrama observara  las  normas de tránsito y estuviera en las condiciones necesarias para conducir  una  motocicleta,  sin que aquél pudiera prever que la víctima realizaría una  maniobra  peligrosa,  apartándose  de  las  precauciones que le eran exigibles.   

En  esa  medida,  solicita  que  se case la  sentencia  impugnada  para  que,  en  su  lugar,  se absuelva a Mauricio Méndez  Trujillo  del  cargo  de homicidio culposo.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1. En el sistema  procesal  reglado  en  la Ley 906 de 2004, la casación se concibe como un medio  de  control constitucional y legal que procede contra las sentencias dictadas en  segunda  instancia en los procesos adelantados por delitos, cuando ellas afecten  derechos  fundamentales  o  garantías  procesales.   Por  lo  mismo,  debe  concluirse  que  este  recurso es consecuencia natural de la función que ejerce  la  Corte  Suprema  de  Justicia como Tribunal de Casación, según lo prevé el  artículo  235  de  la Carta y, por ende, guardiana de los fines contemplados en  el artículo 180 ídem.   

De   acuerdo  con  lo  que estatuye la  citada    normativa,    para     que    la   demanda    sea   admitida    se   requiere   que   el   libelista,   además    de    contar   con    interés,   indique   la  causal  seleccionada,  acredite  la  vulneración de derechos o garantías fundamentales  mediante   la   formulación  del  cargo  o  cargos  seleccionados,  los  cuales  corresponde  desarrollar  de conformidad con las exigencias de forma y contenido  propias  de  cada  uno de ellos y, por  supuesto, demuestre la necesidad de  intervención  de la Corte en orden a conseguir alguno de los fines establecidos  para  la casación, valga decir, la efectividad del derecho material, el respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes,  la  reparación  de  los agravios  sufridos  por  éstos  y  la  unificación de la jurisprudencia, propósitos que  como  lo tiene dicho esta Corporación, son los mismos del proceso penal, lo que  explica  que  las  causales  de  casación  estén  diseñadas  para  lograr  su  materialización.   

En  tal  sentido  la  Corte  ha  señalado:   

El  recurso extraordinario de casación no  puede  ser interpretado solo desde, por y para las causales, sino también desde  sus  fines,  con  lo  cual  adquiere  una  axiología  mayor  vinculada  con los  propósitos  del  proceso  penal  y  con  el  modelo  de Estado en el que él se  inscribe.   

En otros términos, las causales determinan  la  forma  en  que  procede  denunciar  la ilegalidad o inconstitucionalidad del  fallo  y  de  conducir el debate  en  sede  extraordinaria,   pero   ellas  no  son  un  fin  en  sí   mismo  para  la  viabilidad  del  recurso,  pues  ésta debe determinarse por la  manifiesta   configuración   de   uno  o  varios   de   los motivos normativamente establecidos para lograr el desquiciamiento  de la decisión impugnada.   

Claro  que  por  razón  de  esto no puede  llegar  a entenderse que el recurso haya sido morigerado en extremo, al punto de  quedar  librado  a  la  simple  voluntad  de las partes sin referencia a ningún  parámetro  legal,  y que se convierta en una fórmula abierta para controvertir  sin  más  las  decisiones  judiciales  según el albedrío del casacionista, lo  cual   repugna   a   la  noción  de  debido  proceso  constitucional,  pues  la  admisibilidad  al trámite y la prosperidad de la pretensión queda condicionada  a  la  demostración  del  interés  en el censor, la correcta selección de las  causales,  la  coherencia  de los  cargos  que  a  su amparo  pretenda  aducir,  y  la  debida fundamentación fáctica y jurídica de éstos,  además  de  la  necesidad de acreditar cómo con su estudio se cumplirán uno o  varios  de  los  fines  de  la  casación. (CSJ AP, 20 oct. 2005, rad. 24026)   

En esa medida, el recurso extraordinario no  es  un  instrumento  que  permita  continuar  con el debate fáctico y jurídico  llevado  a  cabo  en el proceso ya agotado, por lo que no es procedente realizar  toda  clase de cuestionamientos a manera de instancia adicional a las ordinarias  del  trámite,  sino  que  debe  ser  un  escrito  claro,  lógico,  coherente y  sistemático  en  el  que,  al  tenor  de  los  motivos  expresa y taxativamente  señalados   en  la  ley,  se  denuncian  errores,  bien  sea  de  juicio  o  de  procedimiento,  en  que haya podido incurrir el sentenciador, debiendo el libelo  bastarse     a     sí    mismo    para    demostrarlos    y    evidenciar    su  trascendencia.   

    

2. A la luz de lo  dicho,  en el evento que ocupa la atención de la Sala, el primer desatino en el  que  incurre  el demandante es aludir a la casación excepcional para justificar  la  procedencia  del  recurso, pasando por alto que tal figura tiene aplicación  únicamente  para  casos  reglados  por  la  Ley  600  de  2000,  sin  que en el  procedimiento  de  la  Ley  906 de 2004, que rige este asunto, exista un límite  punitivo que restrinja la casación para ciertos asuntos.   

         Se  plantea como cargo contra la sentencia de segunda instancia, la  existencia  de  error  de hecho por falso raciocinio, para lo cual el impugnante  acude  a la causal tercera de casación, pero tal reparo lo edifica a partir del  menguado  valor persuasivo que en su sentir tienen los testimonios que atribuyen  al  procesado la causa del accidente, debido a la alta velocidad a que conducía  el vehículo de servicio público.   

         Surge  patente  entonces,  que  el  recurrente  pasa  por  alto los  presupuestos  de  forma  y  contenido  de  la censura que propone, pues la misma  comporta  acreditar la trasgresión de los postulados de la sana crítica, valga  decir,  los principios de la lógica, las leyes de la ciencia o las reglas de la  experiencia,  que  a  su  vez  determina  el  razonamiento absurdo por parte del  juzgador,  con  la  carga  de  demostrar  la incidencia de tal vicio en el fallo  controvertido.   

         Empero,  el  libelista  se refiere indistintamente a la lógica, la  ciencia  y  la  experiencia, como si fueran lo mismo, señalando que debido a su  desconocimiento  el ad quem se equivocó en la valoración de la prueba, pero no  identifica  cuál  de  tales  premisas  fue  trasgredida  en  esa  labor, lo que  resultaba  indispensable  para  acreditar  el  yerro  denunciado,  en  tanto  su  demostración  exige  una  carga  argumentativa  específica  y  sustancialmente  diferente   dependiendo   del   postulado   que   se  afirme  vulnerado  por  el  fallador.   

         Sobre  la  forma  como  debe plantearse el error de hecho por falso  raciocinio, en CSJ AP, 16 abr. 2016, rad. 46867, la Sala reiteró:   

Al   margen  de  tal  desacierto  en  la  postulación  del cargo, el impugnante también se equivoca en su demostración,  dado  que  no  obstante  alegar  el desconocimiento de los postulados de la sana  crítica  en  la  valoración  de  la prueba, no desarrolla el reparo según los  derroteros      que      la      jurisprudencia1 de  esta  Corporación  tiene  señalados  cuando  se pretende acreditar un error de  hecho  por falso raciocinio, por lo que le correspondía la carga de identificar  el  medio  de  convicción  sobre  el  cual  recae el yerro, indicar qué merito  demostrativo  le asignó el fallador, precisando cuál fue la ley de la ciencia,  el  principio  de  la  lógica  o la regla de la experiencia quebrantada y cómo  debió  ser  correctamente  aplicada, así como la trascendencia del vicio en el  fallo  condenatorio proferido en contra del acusado, nada de lo cual se asume en  la demanda.   

         El  libelo se aparta de los derroteros enunciados, pues el discurso  se  centra  en  lanzar  críticas  personales  en torno a la credibilidad de los  testigos  que  presenciaron el hecho, quienes responsabilizaron de la ocurrencia  del  siniestro  al acusado Méndez Trujillo, haciendo afirmaciones encaminadas a  poner  en  duda  su veracidad, producto del criterio sesgado que sobre el suceso  juzgado  tiene  el  casacionista,  que  lo  lleva  a  concluir infundadamente el  interés  de  los  declarantes  en perjudicar al prenombrado, pero sin que logre  evidenciar el error en que dice incurrió el Tribunal.   

         Ahora,  la queja relativa a que la prueba no fue apreciada en forma  integral,  debió postularla por la senda del error de hecho por falso juicio de  identidad  por cercenamiento, que no por falso raciocinio, que le imponía citar  el  contenido objetivo del medio de convicción y confrontarlo con lo que de él  consideró  el  ad  quem,  para  así mostrar en qué consistió su alteración,  además  de acreditar la trascendencia del yerro en el fallo, esto es, que de no  haberse    incurrido    en    tal    vicio,    la    sentencia    habría   sido  absolutoria.   

         De  otra  parte,  el  ataque relativo a que la prueba fue dejada de  valorar,  concretamente  el  testimonio de Dairis Leonor Pastrana Valdeblanques,  carece  de  sustento,  toda vez que en el fallo recurrido se hacen apreciaciones  en  torno  a las razones por las que esa declaración no resulta creíble y, por  ende,  tampoco  desvirtúa  la  prueba de cargo, lo cual revela que la verdadera  intención  del  demandante  es la de reñir con el criterio del sentenciador de  segundo grado.   

Para  mayor  claridad, es oportuno citar lo  que sobre el particular consideró el Tribunal:   

Lo antes analizado no se resquebraja con lo  subjetivamente  expuesto  por  la  pasajera  de la buseta Dairis Leonor Pastrana  Valdeblanques,  al  referir  que hacían tránsito a una baja velocidad -65 o 70  Kms/h  aproximadamente-,  lo  que  se contradice con la huella de frenada dejada  por  ese  automotor  una  vez colisionó con la motocicleta operada por Diofante  Medina;  que  además  le atribuye un desplazamiento zigzagueante, circunstancia  que  de  haberse  presentado,  debió llevar a Méndez Trujillo a que tomara las  precauciones  del  caso,  como  reducir la aceleración, pues es anormal que una  persona  de  esa  edad  hubiere  emprendido  una  actividad  riesgosa  bajo esas  especiales condiciones.   

         Es  evidente  que  el recurrente no acredita ninguno de los errores  que  por  la  senda de la violación indirecta de la ley propone, limitándose a  mencionar  circunstancias  tales  como,  la  avanzada  edad  de  la víctima, su  presunto   estado  de  salud  precario  y  el  vencimiento  de  su  licencia  de  conducción,  a  partir  de  las  cuales  concluye  que el día del accidente el  obitado   Diofante   Medina  Valderrama  probablemente  tenía  disminuidas  sus  facultades  auditiva  y  visual,  amén de que podría hallarse somnoliento como  consecuencia  de  los  medicamentos  que  supone debía estar tomando, y que por  tanto,  la  causa  del accidente es imputable exclusivamente a su conducta, pero  que  al  no  estar  soportadas  en pruebas practicadas en el juicio oral, no son  más  que  meras  especulaciones fundadas en la postura personal del demandante,  incapaces  de  evidenciar los desatinos de valoración probatoria denunciados y,  por  ende,  de  derruir la doble presunción de acierto y legalidad que cobija a  la sentencia impugnada.   

         En  síntesis,  el  libelo  examinado  es  un  escrito elaborado al  margen   de  los  requisitos  formales  y  sustanciales  que  exige  el  recurso  extraordinario  de  casación,  puesto  que  desconoce las pautas argumentativas  mínimas  que  impone  la causal que invoca y el error específico que meramente  enuncia  y,  en tal medida, se asemeja más a un alegato de instancia, en el que  el   censor  expone  libremente  su  desacuerdo  con  la  decisión  que  le  es  adversa.   

           Cabe    anotar,   que   según   la  jurisprudencia  de  la  Sala,  la  simple disparidad de criterios respecto de la  capacidad  suasoria  de  los medios de convicción no es un cuestión demandable  en  sede  del recurso extraordinario de casación, toda vez que el juzgador goza  de  libertad  para  apreciarlos  de acuerdo con las reglas que le impone la sana  crítica,  frente a las cuales el recurrente no acredita su desconocimiento y la  Sala tampoco lo advierte.   

         Lo  expuesto lleva a concluir que la demanda promovida a nombre del  procesado  Mauricio  Méndez Trujillo, incumple los presupuestos necesarios para  ser admitida.   

         3.  De  otra  parte,  del  estudio  del  proceso    no    se    vislumbra    violación    de    derechos   fundamentales    o    garantías   de  los  intervinientes,  para  ejercer  la   facultad   oficiosa  de   índole  legal   que   le   asiste   a   la  Sala  para superar los  defectos  del  libelo  y  decidir de fondo, según lo dispone el inciso 3°  del artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

         4.  Contra  esta  decisión  procede  el  mecanismo  de  insistencia, en los términos establecidos por la Sala en CSJ AP,  12 dic. 2005, rad. 24322.   

         En  mérito  de  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA     DE     JUSTICIA,     SALA     DE     CASACIÓN     PENAL,   

RESUELVE  

         INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  por  el  defensor  de  Mauricio Méndez Trujillo.   

         De  conformidad  con lo dispuesto en el artículo 184 de la Ley 906  de  2004,  es  viable  la  interposición  del  mecanismo  de insistencia en los  términos precisados por la Sala.   

         Cópiese, notifíquese y cúmplase   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

JOSÉ FRANCISCO ACUÑA VIZCAYA  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

LUIS ANTONIO HERNÁNDEZ BARBOSA  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  «CSJ  SP, 23 nov. 2000, rad. 10479; CSJ AP, 18 ago.  2010,  rad.  33919;  CSJ AP, 6 ago. 2013, rad. 41368; CSJ AP, 20 nov. 2013, rad.  42344;  CSJ  AP,  3  dic.  2014, rad. 42658; y CSJ AP, 25 may. 2015, rad. 45542;  entre otras».     

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