AP2880-2015(45782)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado ponente  

AP2880-2015  

Radicación N° 45.782  

(Aprobado  Acta  No.184)   

Bogotá D.C., veinticinco (25) de mayo de dos  mil quince (2015).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Decide  la Corte si es procedente admitir la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   Álvaro  Zuleta  Vargas contra la sentencia  del  22 de enero de 2015, de la Sala de Decisión Penal del Tribunal Superior de  San  Juan  de  Pasto, que confirmó la proferida el 23 de octubre de 2014 por el  Juzgado  Primero  Penal  del  Circuito con funciones de conocimiento de Ipiales,  mediante  la  cual  lo  condenó  por  el  delito  de  violencia contra servidor  público.   

HECHOS    Y    ACTUACIÓN    PROCESAL  RELEVANTE   

1. La cuestión fáctica fue sintetizada por  el juez plural en los siguientes términos:   

De  las  constancias  procesales  se  tiene  conocimiento  que siendo las 10:30 a.m. del 9 de mayo de 2014 las autoridades de  Policía  reciben  información  que  en la residencia de la calle 18 No. 7N-117  barrio    Santa    Teresa    de    Ipiales    Nariño    había   un   altercado  familiar.   

Una  vez  en  el  lugar,  la señora NATALY  VILLOTA  les informa que su compañero de vida marital ÁLVARO ZULETA VARGAS, la  está  agrediendo.  Éste se identifica como soldado profesional al servicio del  Grupo  Cabal  y se presta a dialogar con los policiales, ofreciendo que tomaría  sus  pertenencias  y abandonaría la residencia; no obstante lo acordado, ZULETA  VARGAS,  sale  vestido de camuflado y con machete en mano los insulta y amenaza.  Frente  a esta situación los policiales se dirigen al Grupo Cabal a informar lo  ocurrido  y  nuevamente  hace  presencia  ZULETA  VARGAS  y  arremete  contra el  patrullero   Edwar   Jesús   Benavides   Díaz,   dándole  un  planazo  en  la  espalda.   

De  cara a la situación, se procedió a su  aprehensión        y        judicialización1.   

2.  El  10  de  mayo  de  2014, ante el Juez  Promiscuo  Municipal  con funciones de control de garantías de Aldana, Nariño,  por  solicitud  de  la  Fiscalía Veintidós Seccional de Ipiales, se celebraron  las   audiencias  preliminares  concentradas  de  legalización  de  captura  en  flagrancia,   incautación   de   un   machete   de  acero,  marca  kriptonite,   con   fines   de   comiso,  formulación  de  imputación  contra  Álvaro  Zuleta  Vargas  como  presunto autor responsable del delito de  violencia  contra  servidor público (artículo 429, modificado por el 43 la Ley  1453  de  2011) -cargo que aceptó-, e imposición de medida de aseguramiento de  detención   preventiva   en   el   centro   de  reclusión  militar2.     

3.  El  22  siguiente,  el  fiscal  del caso  solicitó,  con  fundamento en el canon 239 de la Ley 906 de 2004, convocar para  audiencia    de    individualización    de   pena3.   

4.  El  25  de  septiembre  de 2014, bajo la  dirección  del Juez Primero Penal del Circuito con funciones de conocimiento de  Ipiales,  se  llevó  a  cabo la audiencia de individualización de pena, previa  verificación    del    allanamiento    a   cargos4.     

5.  Mediante  sentencia  del  23  de octubre  ulterior    se    condenó    a    Álvaro    Zuleta  Vargas, en calidad de autor responsable del injusto de  violencia  contra  servidor  público,  a  la pena principal de cuarenta y siete  (47)  meses  y  seis  (6)  días  de  prisión,  así  como  a  la  accesoria de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y funciones públicas por el  mismo  término de la sanción privativa de la libertad. Además, se le negó la  suspensión  condicional de la ejecución de la pena y la prisión domiciliaria,  motivo   por   el   cual,   se   dispuso   expedir   la   respectiva   orden  de  captura5.   

6.  Recurrido  el  fallo  por el defensor de  confianza,  el 22 de enero de 2015 fue confirmado por la Sala Penal del Tribunal  Superior     de     San     Juan     de     Pasto6.   

7.  La  defensa  interpuso  oportunamente el  recurso      extraordinario     de     casación7   y   presentó   el   libelo  correspondiente8.   

LA DEMANDA  

Tras   identificar   a   las   partes   e  intervinientes  y  la  sentencia  impugnada,  el  recurrente  cita  la cuestión  fáctica  como  fue  concebida  por  las  instancias y sintetiza sucintamente la  actuación  procesal.   

Postula  un  cargo  al  amparo  de la causal  primera  del  artículo  181  de la Ley 906 de 2004, por razón de la violación  directa  de  la  ley  sustancial  por  interpretación errónea, a fin de que la  Corte  «invalide  parcialmente  la  sentencias (sic)  impugnadas  y  en su lugar conceda el subrogado de la suspensión condicional de  la  ejecución de la pena»9     a     favor    de    su  procurado.   

En  la  demostración  del  yerro aduce el  libelista  que  no  va a controvertir los hechos ni las pruebas, como tampoco la  valoración  que de las mismas realizó la judicatura, en atención a las pautas  que  rigen  el cargo de casación seleccionado. A continuación, sostiene que es  manifiesta  la   interpretación errónea que realizó el Tribunal sobre el  artículo  63  de la Ley 599 de 2000, modificado por el canon  29 de la Ley  1709 de 2014.   

Para  llevar  a  término  su  cometido,  el  casacionista  hace  un  recuento  legislativo de la disposición citada, para lo  cual      transcribe      el      original      precepto     63     ejusdem y su posterior reforma consagrada  en  la  mencionada  Ley 1709. Además, se refiere al proyecto de Ley 256 de 2013  (de  Cámara),  y a una nueva proposición parlamentaria identificada con el No.  514 del último año citado.   

Con base en lo anterior, el actor afirma que  la   modificación  visible  en  el  artículo  29  de  la  Ley  1709  de  2014,  «presenta  una  incoherencia  que  favorece a unos y  perjudica   a   otros»10  y  que  en el «trámite     legislativo»11  nunca  se  dijo  cuáles  son  los  presupuestos  para  conceder el mentado subrogado a los  procesados  que  no  tienen  antecedentes  y han cometido alguno de los punibles  enunciados  en  el  inciso  2º  del  precepto  68A  de  la  Ley  599  de  2000.   

Es  por  lo  dicho  que,  a  su  juicio,  la  situación  de su prohijado no se adecua a la norma en estudio porque i) la pena  impuesta   a   Álvaro   Zuleta  Vargas  no  excede  de  los  cuatro  (4)  años,  ii) carece de antecedentes  penales  y  iii) el delito por el que se lo procesó se encuentra contemplado en  el  inciso  2º del aludido artículo 68A. Estos tres puntos llevan al libelista  a  sostener  que, el caso de su prohijado, «no encaja  en   la  norma  trascrita»  debido  a  que «en  tratándose de uno de estos delitos  no  estaría prohibido el otorgamiento, solamente que en este evento es menester  estudiar  el  factor subjetivo (carencia de antecedentes penales) y de cumplirse  reconocer  el  beneficio»12.    

Luego de transcribir sendos párrafos de los  fallos  de  instancias  que niegan el subrogado en comento, indica el demandante  que  «estamos frente a una interpretación errónea,  en  vista  de  que se están dando alcances y consecuencias que en su estructura  la  norma  no  comporta»13.    

Un  último  argumento  del  censor  lo hace  consistir  en  que  el  canon  68A, modificado por el 28 de la Ley 1453 de 2011,  prohíbe  el  reconocimiento  del subrogado frente a delitos dolosos infringidos  contra  la  administración  pública; si ello es así, no entiende el libelista  por  qué  razón  el  punible  de  soborno  transnacional,  con  idéntico bien  jurídico  protegido  al  vulnerado por su mandante, también se encuentra allí  relacionado,  «lo  que deja dudas acerca (sic) si el  legislador  en  su  sabiduría  quiso  incluir  solamente algunos de los delitos  contra   la   administración   pública   o   todos  ellos,  de  acuerdo  a  su  gravedad»14,  teniendo  como base que el  punible  de  violencia contra servidor público no estaba en el listado original  del artículo 68A.   

En  cuanto  a  los fines de la casación, el  recurrente  aduce  que  por  los  vacíos  de  la  norma  atacada, se faculta la  aplicación   del  principio  pro  homine  como  un  criterio  de  interpretación  adicional en un Estado de  derecho  como  el  actual,  para que los funcionarios judiciales se abstengan de  aplicar disposiciones que afecten a la persona.   

En  la  trascendencia  del  yerro,  asume el  letrado  que  por  el  defecto  denunciado  se  le restringe la posibilidad a su  mandante  de  otorgarle  la suspensión condicional de la ejecución de la pena,  siendo  la  prisión  intramural  el  último mecanismo posible para ejecutar la  sanción  penal,  según  los postulados de la Ley 1709 de 2004, pues habría de  preferirse los subrogados administrativos, antes que aquélla.   

Solicita  admitir la demanda, casar el fallo  recurrido  y  dictar  el  de  reemplazo, otorgándole a su asistido el beneficio  mencionado.   

CONSIDERACIONES  

1.  Al tenor de lo dispuesto en el artículo  180  del  Estatuto Adjetivo actual, el recurso extraordinario de casación tiene  como  finalidad «la efectividad del derecho material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los  intervinientes, la reparación de los  agravios  inferidos  a estos, y la unificación de la jurisprudencia».   

Con  tal  propósito,  el  inciso  2º  del  artículo  184 ejusdem fijó  las  reglas  mínimas  de admisión de la correspondiente demanda, estableciendo  que  no  se  seleccionará  aquella en la que   i)   el  impugnante  carezca  de  interés  para acceder al recurso, ii) no se  invoque la causal conforme a la cual  se  edifica  el  reproche  de  las contempladas en el artículo 181 ibidem,      iii)      se   omita   desarrollar   los   cargos  correspondientes  o,  iv) fundadamente se logre establecer que no se requiere de  la  sentencia  para  cumplir  las  finalidades previstas en el aludido artículo  180;     lo    anterior,    salvo    que    alguno    de    esos    propósitos permita superar los defectos  técnicos que exhiba el libelo y decidir de fondo.   

También  tiene decantado la jurisprudencia  que,  el  libelo debe ser íntegro en su formulación,  suficiente,  claro y preciso en su desarrollo y eficaz en la pretensión, de tal  suerte  que  ha  de  estar  soportado  en  los  principios  que rigen el recurso  extraordinario,  en  especial,  los  de  claridad,  precisión,  fundamentación  debida,   prioridad,   no  contradicción  y  autonomía,  sin  que  sea  viable  argumentar  a  la  manera  de  un  alegato  de instancia. La proposición de los  cargos  exige  escoger  adecuadamente la causal y el sentido de la violación y,  concretar el disenso en términos de trascendencia.   

2.  La  demanda  que  nos ocupa omitió  la  ineludible labor de señalar razonadamente cuál es la  finalidad  concreta  de  la  impugnación,  de aquellas descritas en el referido  artículo  180,  puesto  que  tal  presupuesto  no  se suple con la sola      mención      al      principio      pro    homine    como    criterio   de  interpretación en el   Estado    de    derecho.   

Desde        luego,  ello  no  es  acertado,  ya   que,   en  punto  de  «las     garantías     de     los    intervinientes»,  el  mismo Código de Procedimiento Penal abarca una gran  extensión  temática compatible   con   los   fines   de  la  casación,  de  cara  a la  efectividad  de  las mismas,  como  es  el  caso  del  proceso  debido  o  la observación plena de las formas  propias  del  juicio,  los  derechos de defensa y   contradicción, entre otros.   

Si ello es así, ninguna argumentación por  fuera     de     los  estándares    normativos    del    anotado   canon  180,   se   adecúa   al  propósito de habilitar   en   favor   del  procesado  el        recurso        de        casación.    

Por lo demás, el  jurista  tampoco  satisfizo  los  requisitos  mínimos  que exige el precepto 184 para su admisión y, por lo  tanto,  el  libelo  no  puede  ser seleccionado. Las razones son las siguientes:   

2.1.  Recuérdese  que, cuando se intenta la  postulación  de  la  censura  por  la  ruta  de la violación directa de la ley  sustancial,  el  actor  debe  hacer  completa  abstracción  de  lo  fáctico  y  probatorio  y,  en  ese  sentido,  admitir  los  hechos y la apreciación de los  medios  de  convicción  fijados  por  los  sentenciadores, de manera tal que le  corresponde  desarrollar  el  reproche  a  partir  de un ejercicio estrictamente  jurídico,  en  el  que  establezca la vulneración del precepto normativo en el  caso  concreto,  por medio de cualquiera de las tres modalidades de error: falta  de   aplicación,   aplicación   indebida   o   interpretación   errónea   y,  seguidamente,  demuestre  la  trascendencia  del  yerro  en  el  sentido  de  la  decisión impugnada.   

Mientras  que  la falta de aplicación opera  cuando  el  juzgador  deja  de  emplear  el  precepto  que  regula el asunto, la  aplicación  indebida,  deviene  de  la  errada elección por el fallador de una  disposición  que  no  se ajusta al caso, con la consecuente inaplicación de la  norma  que  recoge  de  forma  correcta el supuesto fáctico. La interpretación  errónea,  en  cambio,  parte de la acertada selección de la norma aplicable al  asunto  debatido,  pero conlleva un entendimiento equivocado de la misma, que le  hace producir efectos jurídicos que no emanan de su contenido.   

2.2.  En  el  caso  de la especie, el censor  vulnera  el  principio  de  no  contradicción  porque  al  tiempo que acusó la  sentencia  de segunda instancia por interpretación errónea del artículo 63 de  la  Ley  599  de  2000,  modificado  por  el  29  de  la  Ley  1709 de 2014 pide  «invalidar parcialmente las sentencias»15, para que se  reconozca  el  subrogado,  lo cual resulta ser claramente excluyente, puesto que  la  vía  directa  seleccionada no repercute en la anulación parcial o total de  los   fallos,  sino  en  determinar  si  la  norma  cuestionada  estuvo  bien  o  defectuosamente entendida.   

2.3.  En el recuento legislativo que hace el  defensor  del  precepto aludido, no marca las pautas hermenéuticas para acceder  a  la  pretensión  de  concederle  a su asistido el subrogado de la suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena;  más bien, se identifica con una  precaria  demanda  de  inconstitucionalidad,  incluso  cuando  concluye  que  el  precepto  en  cita  «presenta  una  incoherencia que  favorece    a   unos   y   perjudica   a   otros»16,   debido   a  que,  en  su  criterio,  el mismo no dice cuáles son los requisitos para otorgar el beneficio  a  sentenciados sin antecedentes penales, incursos en los delitos insertos en la  prohibición  del  inciso  2º  del  artículo  68A  de  la  Ley  599  de  2000.   

Es  bastante  claro  que el recurrente busca  llenar   un   supuesto  vacío  normativo,  más  no  desentrañar  la  errónea  interpretación  del  artículo 63 ejusdem  que  le  atribuye  a  las  instancias. Su argumentación altera la  cuestión  jurídica  propuesta  en  el  cargo,  para  hacerla  descansar  en la  postulación  de  presuntas  fallas  en  las construcciones legislativas, que en  nada atañen al recurso de casación.   

2.4. Cuando sostiene el libelista que el caso  de   su   prohijado   «no   encaja   en   la  norma  transcrita»17,  tampoco desarrolla la vía  directa  por  interpretación  errónea  seleccionada,  sino  que constituye una  somera  queja  legislativa  porque,  en su opinión, no existe norma vigente que  regule la situación de su asistido.   

2.5. Y aunque el jurista cita apartes de las  sentencias  condenatorias  relacionados  con  el  aspecto  debatido, no es menos  cierto  que  deja  por fuera de sus argumentaciones esos contenidos, como el que  refirió la primera instancia y, a renglón seguido se transcribe:   

Recordemos que a voces del art. 27 del C.C.,  norma  rectora  de interpretación, cuando el sentido de la ley sea claro, no se  desentenderá  su  tenor  literal a pretexto de consultar su espíritu. Con esta  base,  estimamos  que  la sola confrontación del art. 29 de la ley (sic) 1709 no faculta la interpretación  que  refiere  el  defensor  y que ha acuñado el H. Tribunal de Bogotá, pues es  claro  que el ordinal 2º exige el cumplimiento total de su contenido, es decir,  la    carencia    de    antecedentes   Y   que  el  delito no esté en el listado del 68A; de su tenor  es evidente que no se puede desligar lo uno de lo otro.   

Por lo tanto, así parezca injusto, es dable  que  alguien  con  antecedentes,  pero  que  no  esté inmerso en algunas de las  conductas   del  68A,  pueda  hacerse  acreedor  al  subrogado,  en  tanto  que,  infortunadamente,  alguien  que  no  tenga  antecedentes,  pero  que la conducta  objeto  de  condena  esté  en  el  listado,  se  halla  en  una situación, que  estimamos  si  la  contempla  la norma, y que conduce a ser privado de acceder a  ese  instituto,  como el caso que nos ocupa del señor ZULETA VARGAS.18   

Además,  el  libelista  omite  señalar  la  fuente    de    su    tesis    (Tribunal    Superior    de   Bogotá,   radicado  110013104037201000440   del   2  de  mayo  de  201419) y  tampoco indica nada  acerca  de  lo  sostenido  por  el juez de conocimiento quien le señaló que la  interpretación  de  la  norma  es  gramatical,  integral  y sistemática, en el  entendido  que  no  se  puede comprender de manera individual, como él lo hace,  tomando  para  sí  lo  que  le  conviene y desechando aquello que se opone a su  interés.   

Al  respecto,  dilucidó  el  ad quem:   

No  podemos  decir  lo  mismo  respecto del  segundo  requisito,  puesto que si bien es cierto en la primera parte lo cumple,  esto  es,  que  el  condenado  no tenga antecedentes penales, no ocurre lo mismo  atinente  al  presupuesto de que no se trate de uno de los delitos contenidos en  el inciso 2º del artículo 68A de la Ley 500 de 2000.   

El   examen   de   este  presupuesto  es  eminentemente  objetivo,  pues  basta  con  examinar  si  el  punible  de que se  trata   hace  parte del catálogo de prohibiciones o exclusiones contenidas  en el inciso 2º del artículo 68A del Código Penal.    

Al  efecto  se  tiene  que  el  delito que  aceptó  el  acusado  y  por el cual se lo condena, hace parte del título XV de  los  Delitos  Contra  la  Administración  Pública,  tipificado en el capítulo  Décimo   de   los   delitos   Contra   los   Servidores   Públicos,  artículo  429.   

Lo primero que quiere destacar la Sala, es  que  si  el  legislador hubiera querido hacer alguna excepción, así lo habría  hecho,   salvando    aquellas  conductas  que  por  su  menor  gravedad  lo  ameritara.  Contrario  sensu  de  la  lectura  de  la norma en comento de manera  palmaria  se  advierte  que  la exclusión de beneficios y sustitutos se hizo de  manera  absoluta  respecto  de  todo  el  Título,  sin  excepciones, atendiendo  únicamente la naturaleza del bien jurídico tutelado.   

Es  decir  que  en  el  querer legislativo  primó   la  salvaguarda  del  bien  jurídico  tutelado  por  encima  de  otras  consideraciones  tales como la naturaleza y gravedad de la conducta, como parece  entenderlo el señor abogado.   

La  lectura  del  aparte  de  la  norma en  comento,  no  puede  leerse  en  la  forma  como lo hace el recurrente, esto es,  escindiéndola  para  aceptar  que como el sentenciado no tiene antecedentes, es  suficiente  para  acceder  al  subrogado,  ignorando  que la conducta por la que  aceptó cargos y fue condenado está excluida del beneficio. (…)   

Las  dos  condiciones están unidas por la  conjunción  copulativa  y,  atándolas  en  un solo presupuesto, de ahí que al  faltar una de las dos, falla o no se cumple el requisito.    

Eso es precisamente lo que acontece en este  evento,  en que el sentenciado si bien no tiene antecedentes penales la conducta  que    se   le   atribuye   está   excluida   de   los   beneficios.20   

Obsérvese  que el demandante, escasamente,  se  refiere  a  las reflexiones del juez colegiado y no desarrolla ni puntualiza  los  razonamientos  allí  esbozados  y  tampoco  se  percata  del alcance de la  prohibición  expresa de que habla el artículo 68A del Estatuto Punitivo, en su  inciso  2º  según  la cual «[t]ampoco quienes hayan  sido   condenados   por  delitos  dolosos  contra  la  administración  pública  (…)»  pueden  ser  beneficiarios  del  pluricitado  subrogado,        previsión       normativa  que debe ser aplicada de manera concordada y sistemática  con  el  canon  63  ejusdem,  modificado por el 29 de la Ley 1709.   

2.6.  Pareciera  que  el  actor  pretende  modificar   la  ley:  el  mencionado  artículo  63,  para  entronizar  factores  subjetivos  y  particularísimos  que  el legislador no contempló, pues asevera  que  por  el  hecho de que su asistido no tiene antecedentes penales, ésta sola  circunstancia  debe primar o ser prevalente ante aquella otra objetiva, relativa  al  listado  de  los  injustos respecto de los que no cabe el mentado subrogado.   

Incluso,  se  advierte que la hermenéutica  cuestionada  por  el  libelista  recae  sobre el artículo 63, más no en la del  68A,  con  lo  cual  extiende el campo de ataque a otros preceptos que no fueron  enunciados  con tal fin en el reproche, mostrando, de este modo, una ausencia de  claridad  y  objetividad  que  de  ninguna  manera se aviene a la filosofía que  inspira el recurso de casación.   

Aquí lo cierto es que si bien Zuleta  Vargas  fue sentenciado a una pena  inferior  a  los  cuatro  (4) años (requisito objetivo) y, según lo admitieron  los  juzgadores,  no  reporta  antecedentes  penales,  no  satisface  la segunda  condición  descrita  en  el  numeral  2º  del  canon 63, consistente en que el  delito  por  el  que se haya elevado juicio de reproche no esté enunciado en el  precepto  68A,  pues se verifica que el injusto que admitió ejecutar en calidad  de  autor:  violencia  contra  servidor público, está precisamente inscrito en  esa norma, porque es lesivo de la administración pública.   

2.7. Finalmente, resulta incomprensible para  la  Corte  el  argumento del censor mediante el cual apela a cierta comparación  con  el  delito  de soborno trasnacional y parece poner en duda que el artículo  68A  abarca todos los delitos contra la administración pública, pues lo único  verdadero  es  que  la concesión de la suspensión condicional de la ejecución  de  la  pena  está  doblemente  prohibida  para ese reato, tanto porque aparece  expresamente  enlistado  en  el  artículo  68A,  como  porque  igual  que el de  violencia  contra  servidor público es lesivo de la administración pública y,  en  ese  orden  de ideas, no podría alegarse alguna posición más benéfica al  encartado  que  pudiera exceptuar, de la plurimentada prohibición, el punible a  él  atribuido  ya que, independientemente de que, antes de la modificación del  2014,   aquél   otro   delito   no  estuviera  expresamente  detallado  por  su  nomen  iuris  en la referida  disposición,  ya  lo estaba como punible de la categoría de injustos contra la  administración pública.   

En suma, sea como fuere ambos reatos tienen  el  mismo  bien jurídico protegido, y por expresa disposición normativa están  excluidos del beneficio deprecado.   

2.8.  De  cara  a  la  acreditación  de la  transcendencia,  el  censor  concluye  que  el  internamiento  intramural  es el  último  recurso  que  debe  ser  aplicado  a  su mandante, máxime cuando no se  aviene  a  los  nuevos  criterios  penitenciarios. Sin embargo, esta tesis no va  mucho  más  allá  de  una  simple  conjetura  que no tiene nada que ver con la  demostración  objetiva  del  yerro  demandado,  en la medida que si bien la Ley  1709  de  2014  responde  a  ciertos  parámetros de flexibilidad carcelaria, no  acabó  con  los  institutos  de  la  prisión  domiciliaria  y  la  suspensión  condicional  de  la  ejecución  de  la  pena,  sino  que matizó los requisitos  objetivos  y  subjetivos  de  una  y  otro,  atendiendo la existencia de algunas  conductas  punibles  que en el criterio del legislador merecen un mayor reproche  jurídico penal.   

Dígase, entonces, que el efecto dañino de  la  supuesta  interpretación  errónea  en  la  decisión  cuestionada  no  fue  acreditado  con  suficiencia  por la defensa, amén que una sustentación de una  demanda  de  casación  en  los  términos  en  que  fue concebida, no puede ser  seleccionada  para  su  posterior estudio de fondo, puesto que incumple los más  mínimos presupuestos demostrativos del presunto error.   

Así las cosas,  bajo  ningún  punto de vista, es posible la admisión  del libelo.   

Para  cerrar, la Sala no observa flagrantes  violaciones   de   derechos  fundamentales,  causales  de  nulidad,  ni  motivos  distintos  al  que  destacará más adelante, que conduzcan a un pronunciamiento  profundo   frente   al   expediente   en   razón   de  las  finalidades  de  la  casación.   

3.  Por  último, es indispensable recordar  que  al  amparo  del artículo 184 de la Ley 906 de 2004, cuando la Corte decide  no  darle  curso a una demanda de casación, es procedente la insistencia, cuyas  reglas,  en  ausencia  de disposición legal, fueron definidas por la Sala desde  el   auto  del  12  de  diciembre  de  2005,  radicación  24.322  y  precisadas  recientemente en auto AP-3481-2014.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero. Inadmitir  la   demanda   de   casación   presentada   por  el  defensor  de  Álvaro  Zuleta  Vargas contra la sentencia  del  22  de enero de 2015 de la Sala de Decisión Penal del Tribunal Superior de  San Juan de Pasto.   

Segundo. Conforme  al  inciso  2º  del  artículo  184 del Código de Procedimiento Penal de 2004,  procede la insistencia.   

Notifíquese y cúmplase.  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Presidente  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1  Cfr.   folio   2  de  la  sentencia    de   segunda   instancia   a   folio   85   vuelto   del   cuaderno  principal.   

2  Cfr.  folios  6-16  de  la  carpeta.   

3  Cfr.  folios  22-23  del  cuaderno original 1.   

4  Cfr.    folios   38-40  ibidem.   

5  Cfr.    folios   43-53  ibidem.   

6  Cfr.    folios   79-85  ibidem.   

7  Cfr. folio 87 ibidem.   

8  Cfr.   folios   90-103  ibidem.   

9  Cfr. folio 99 ibidem.   

10  Cfr. folio 95 ibidem.   

11  Cfr. folio 94 ibidem.   

12  Ibidem.   

13  Cfr. folio 92 ibidem.   

14  Ibidem.   

15  Cfr. folio 99 del cuaderno  original.   

16  Ibidem.   

17  Cfr. folio 94 ibidem.   

18  Cfr. folio 46 ibidem.   

19  Como      lo      refiere      la      primera      instancia.      Ibidem.   

20  Cfr.  folios  81  y  s.s.  ibidem.     

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