AP2841-2015(44196)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

      

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado Ponente  

AP2841-2015  

Radicación N°. 44196  

(Aprobado Acta N°. 184)  

Bogotá,  D.C.,  veinticinco (25) de mayo de  dos mil quince (2015).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Decide  la  Sala si es procedente admitir la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   Jhon  Bairon  Castaño  Morales  contra la  sentencia  proferida  el  14  de  mayo  de  2014  por  el  Tribunal  Superior de  Medellín,  que  confirmó  en  su  integridad la dictada por el Juzgado Segundo  Penal   del   Circuito  de  Itagüí  –  Antioquia  y  condenó  al  procesado  como  autor  del  delito de  homicidio agravado.   

HECHOS  

          El  A  quo tomó  la  cuestión  fáctica  en  la  forma  como  fue  descrita  en  el  escrito  de  acusación:   

Como  a  las  cuatro  de la tarde del lunes  veintiuno  de  febrero del año en curso [2011], al llegar de estudiar, la joven  Valentina  Ayubi Barreneche halló en el baño de su casa, ubicada en el número  62  A – 134 de la calle 77  sur  del  municipio  de  la  Estrella,  el  cadáver de su hermana Melissa Ayubi  Barreneche,  de  quince  años  de  edad, estudiante de noveno grado del colegio  Bernardo  Arango  Macías. La mitad del cuerpo se encontraba dentro de la cabina  de  un baño y la otra mitad fuera de éste; los brazos estaban extendidos hacia  atrás  y  la  cabeza  dentro  de  una  ponchera  con  agua.  Acusaba  signos de  ahorcamiento,  y cerca de allí uno de sus calcetines de colegio, con el que, al  parecer,  se le estranguló. La residencia es un lugar semi-urbano; la muerte se  produjo  entre  las  once  y  las  doce de ese día y fue consecuencia de anoxia  derivada  de  una comprensión mecánica en el cuello. La única persona vista a  esa  hora  y  en  ese lugar, fue el señor Jhon Bairon  Castaño  Morales,  ex  novio  de  la víctima, quien  debido  a  que  ella  había  roto esa relación, hacía poco más de un mes, la  había  amenazado  con  quitarle  la vida si fijaba sus ojos en un hombre que no  fuera él.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1. El 14 de junio de 2011, el Juzgado Primero  Promiscuo  de la Estrella –  Antioquia con funciones de control   

de   garantías   legalizó   la   captura  de    Jhon   Bairon   Castaño   Morales,  a  quien  la  Fiscalía  le  formuló imputación y el juzgado lo  cobijó  con medida de aseguramiento de detención preventiva en establecimiento  carcelario1.   

2. Presentado el escrito de acusación el 1º  de  julio  de  ese  año,  por  el  delito de homicidio agravado, conforme a los  artículos  103  y  104 – 7  del             Código             Penal2,  la  audiencia  respectiva se  llevó  a  cabo el 4 de agosto siguiente, bajo la dirección del Juzgado Segundo  Penal   del   Circuito   de  Itagüí  –  Antioquia3.   

3.  La  audiencia preparatoria tuvo lugar el  1º        de       septiembre       posterior4, y la  de  juicio  oral  en  sesiones  que culminaron el 5 de febrero de 2013 cuando el  juez   anunció   sentido   de  fallo  condenatorio5.   

4.  El  6  de  mayo  de  la  misma anualidad  condenó    a    Castaño    Morales    como  autor  responsable del delito de homicidio agravado. Le impuso  treinta  y  tres  (33)  años y cuatro (4) meses de prisión y veinte (20) años  como  pena  accesoria  de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones públicas.   

Le  negó  la  suspensión condicional de la  ejecución  de  la  pena  y la prisión domiciliaria6.   

5.  El  14  de  mayo  de  2014,  el Tribunal  Superior  de  Medellín, al resolver el recurso de apelación interpuesto por la  defensa  del procesado, confirmó en su integridad la decisión del A                  quo7.   

LA DEMANDA  

Luego de identificar los sujetos procesales,  el  fallo  impugnado, los hechos y la actuación procesal, el censor se apoya en  las  causales  primera  y segunda del artículo 181 del Código de Procedimiento  Penal.   

De  manera  principal,  acusa  la violación  directa  de  la  ley  sustancial “artículo 29 de la  CN.,  derecho  a  la  defensa  y  contradicción”, y  formula los siguientes reproches:   

Primero.   Los  falladores  de  instancia  vulneraron  el  debido  proceso  y  el  derecho  a la  igualdad,  al  desconocer  lo  preceptuado  en el artículo 374 de la Ley 906 de  2004,   relativo   a   la   oportunidad   para   solicitar   pruebas.   

Aduce que el A quo,  para dictar sentencia condenatoria contra su asistido,  acogió     “como    una    de    las    pruebas  reina”  la entrevista rendida por Luz Edith Quintero  Bustamante,  más  no  su testimonio rendido en el juicio oral, donde manifestó  no   conocer   al   novio  de  la  occisa,  ni  señaló  al  acusado como la persona que supuestamente había  visto  el  día  de  los  hechos,  versión que los falladores tenían que darle  validez,  pero  tomaron  como tal el relato que suministró a los investigadores  de     la     Fiscalía     41     Seccional    de    La    Estrella.   

Por       consiguiente,  desconocieron el derecho fundamental al  debido  proceso, así como lo previsto en el artículo 379 de la misma normativa  procesal,  que  ordena  al  juez  tener  en cuenta, únicamente, las pruebas que  hayan sido practicadas en su presencia.   

Segundo.  

El  juez  de  primera  instancia vulneró el  debido  proceso al interpretar erróneamente el dictamen pericial rendido por el  ingeniero  biomédico  Alberto  Restrepo  Jurado,  acerca  del tiempo que podía  gastar  una  persona en desplazarse de la residencia de Castaño Morales a la de  la  víctima,  para  cometer  el  homicidio,  señalando  que podía demorar 4.5  minutos,  corriendo,  y  de 11 a 15 minutos, caminando, aspecto que comprueba el  yerro   sobre   una   prueba   muy  importante  y  que  imponía  ser  analizada  «dentro del bloque de la sana crítica», a favor, y no en contra del procesado.   

Todo    ello,   agrega   el   libelista,  «tipifica  la  violación  flagrante  a los derechos  fundamentales  de  igualdad,  defensa, debido proceso, entre otros».   

Tercero.  

En   audiencia  «preparatoria»  la  testigo Edilma del Socorro Uribe  Gil desmintió lo afirmado en su entrevista con   

los investigadores de la Fiscalía, referido  a  que  el  día  de  los  hechos,  hacia  las  12 y 15 horas había llamado por  teléfono   a   la   residencia   de   Melissa  Ayubi  Barreneche    y   nadie   había   respondido;   por  consiguiente,     agrega,     fue    otro    de    los    falsos    “indicios     interpretados     erróneamente”     por  los  falladores  para  condenar  a su asistido por el delito de  homicidio agravado.   

Cuarto.  

La   vulneración   a   las   garantías  fundamentales,   también   se   verificó  al  descalificar  las  declaraciones  juramentadas  de  las testigos Lisberth y Katherine Castaño Morales, favorables  al   enjuiciado,   pero   extrañamente,   no   se   ordenaron  las  respectivas  investigaciones  por falso testimonio, y pese a el instructor nunca las impugnó  o  tachó  de falsas, los juzgadores profirieron sentencia con base en presuntos  indicios muy subjetivos.   

Quinto.  

Otro  de los yerros cometidos, consistió en  tener  como  pruebas las fotografías tomadas por los peritos de la fiscalía al  lugar  donde fue cometido el homicidio, sin que se hubieran pronunciado sobre la  tacha  expresada  por  la  defensa  de Castaño Morales  por  cuanto se trataba de elementos contaminados, pues  el escenario habría sido modificado.   

Sexto.  

El   desconocimiento   a   los   derechos  fundamentales  a  la  dignidad,  igualdad,  defensa  y  debido  proceso,  en  la  sentencia      proferida      contra      Castaño  Morales,  se  comprueba al soportar la decisión en el  supuesto  indicio  de  no  entregar  la  película  que,  la  noche  anterior al  insuceso,  había  visto en compañía de la víctima y su familia, sin tener en  cuenta   que,   según  habían  acordado,   Melissa  la  llevaría   después   al   sitio   de  alquiler  porque  la  vería  con  otros  amigos.   

De  esa  manera  los  juzgadores  omitieron  pronunciarse acerca de las pruebas favorables al procesado.   

Concluye el actor, que si el Tribunal hubiese  analizado  los  argumentos de la apelación, habrían declarado la nulidad de lo  actuado   por   el  A  quo.   

Solicita  se  case  la  sentencia impugnada,  “con  el  fin de que la jurisprudencia se pronuncie  sobre   todos   los   pluricitados   derechos   y   garantías  fundamentales”  anteriormente referidos.   

A  continuación,  de  manera  subsidiaria,  invoca   la   causal   tercera   de   casación   y   postula   los   siguientes  reparos:   

Primero.  

El   A   quo  desconoció flagrantemente las reglas de producción y  apreciación  de  la  prueba, al negarle a la defensa la inspección judicial al  lugar  de  los  hechos,  ante  la  ineficiencia  de los dos investigadores de la  Fiscalía.    Con    esa    diligencia,   se   hubiese   aclarado   “por   lo   menos   en   parte”,   lo  sucedido.   

Segundo.  

Los      juzgadores     «privaron   al   proceso   penal»   del  testimonio  del  legista  que practicó la necropsia al cadáver de Melissa   Ayubi   Barreneche,  prueba  necesaria  «para introducir al  proceso   posibles   circunstancias  de  tiempo,  modo  y  lugar»  del  homicidio  y  suplir  la  ineficiente  e  ineficaz práctica de  pruebas por parte del ente investigador.   

Tercero.  

El   A   quo  no  apreció  las  impugnaciones  realizadas  por  la  defensa  a  Valentina  y Estefanía Ayubi Barreneche, Oswaldo de Jesús Restrepo  Sánchez,  Edilma del Socorro Uribe, José Alonso Vélez Villegas y María Elena  Barreneche.   

El Tribunal tampoco se pronunció al respecto  y,  por  consiguiente,  es  directamente  responsable  de  esa  omisión  en  su  condición de superior jerárquico.   

Cuarto.  

Los  falladores,  al proferir sentencia, no  tuvieron  en cuenta las declaraciones rendidas por Luis Alberto Escobar Taborda,  Wilson Albeiro Pérez Giraldo, Luis Norbey Álvarez   

Ospina,  Jhon Fredy Álvarez Vélez, Liliana  María   Patiño   Pérez,   Manuela  Castillo  Murillo  y  Juan  Camilo  Urrego  Pérez.   

Los  anteriores testigos fueron presentados  por  la  defensa  y  ello  condujo  a la violación flagrante del artículo 181,  numeral 3º del Código de Procedimiento Penal.   

Quinto.  

Los    sentenciadores    interpretaron  subjetivamente  el «supuesto indicio de la no ladrada  de  los  perros  de  la  familia Ayubi Barreneche al señor Jhon Bairon Castaño  Morales»,   máxime  cuando  quedó  demostrado  que  tampoco  latían a otras personas, ni siquiera desconocidas, y no se dictaminó,  por  parte de un especialista en comportamiento animal, las causas que dan lugar  a ello.   

Además,  no  se  demostró  la  presencia  física  del  enjuiciado en la vivienda de la obitada, ni se encontraron huellas  por parte de los peritos de la Fiscalía.   

Con  fundamento  en  lo  anterior, solicita  casar  el  fallo  impugnado,  “con el fin de que la  jurisprudencia  se  pronuncie sobre todos los pluricitados derechos y garantías  fundamentales” anteriormente referidos.   

CONSIDERACIONES  

1. El libelo que se examina no cumple con el  mínimo   rigor   lógico,   argumental   y  jurídico  que  permita  declararlo  formalmente  ajustado,  porque  es  evidente  que el censor acude a la casación  como  si  se  tratara de una especie de instancia adicional al proceso, en tanto  se  sustrajo  de  demostrar defectos trascendentales en la estructura del fallo,  con capacidad de quebrar su vigencia.   

2.  En  el  marco  de  la  nueva  normativa  procesal  penal,  la  admisibilidad  del  libelo  está sometida a que el sujeto  procesal   con   interés   jurídico   demuestre,  (i)  el   agravio   a  los  derechos  o  garantías  de  fundamentales,  (ii)  la causal de casación invocada con  sujeción  a  las  reglas  que  gobiernan  la  postulación  y desarrollo de los  reproches,  en el ámbito del motivo seleccionado para el efecto y, (iii)  la necesidad de materializar alguna  de  las  finalidades  del  recurso, en los términos del artículo 180 de la Ley  906 de 2004.   

3.  El  recurrente  desconoció  tan claros  derroteros,  ampliamente  difundidos  por  la  jurisprudencia, en cuanto olvidó  comprobar  que  el  fallo  de casación es indispensable para el cumplimiento de  uno   de  los  objetivos  consagrados  en  el  precepto  en  cita  y,  por  ende,  no  justificó la necesaria  intervención   de   la  Corte  para  proferir  un  fallo  de  fondo.   

Tampoco atendió al deber de desarrollar las  censuras  conforme  a  las  mencionadas  exigencias, pues, su farragoso discurso  impide  entender la razón de sus réplicas, en cuanto dejó de fundamentar cada  cargo  en  forma  clara  y  precisa,  acorde  a  los  principios  que  rigen  la  casación8   

.  

Obsérvese:  

4.  Respecto de las censuras que postula de  manera  principal, con apoyo  en  la  causal  primera  del  artículo  181 del Código de Procedimiento Penal,  impera  recordar  que  ese  supuesto impone la carga argumentativa de demostrar,  fundadamente,  que el fallador erró en la aplicación del derecho, por falta de  aplicación,  aplicación  indebida  o interpretación errónea de una norma del  bloque  de  constitucionalidad,  constitucional  o  legal,  llamada a regular el  caso.   

Con  ese  propósito,  el  reclamo  se debe  edificar  en el plano netamente jurídico, a partir de la plena admisibilidad de  los  hechos  tal  como fueron declarados en el fallo y la forma como se apreció  el  conjunto  probatorio  que  sirvió  de  sustento  a la decisión.   

4.1.  La  argumentación  expuesta  por  el  recurrente  lejos  está  de  revelar un desafuero de tal naturaleza,  pues,  en  una  indebida entremezcla de  ataques,  correspondientes a  causales  distintas,  acusa  al  fallador  “de haber  violado  directamente  la  ley  sustancial, artículo 29 de la CN., derecho a la  defensa  y  contradicción” siendo que tal especie de  reproches  se  debe  denunciar con estribo en la causal segunda de casación que  contempla  la  posibilidad  de  demostrar  el  acaecimiento  de  irregularidades  trascendentales con capacidad de desarticular el rito.   

En ese caso, es necesario considerar que la  proposición  de  nulidades  en ésta sede,  no  constituye  un  espacio  abierto  en  el que se pueda postular  cualquier  situación  a  manera  de motivo invalidante, sino que se trata de un  remedio  extremo  del  proceso,  que  no  procede por la simple enunciación del  vicio,   ni   en   interés   exclusivo  del  ordenamiento  jurídico,  pues  su  declaratoria  opera  por  las  causales expresamente consagradas en el artículo  306  del  Código  de  Procedimiento  Penal  y  se  rige  por  los principios de  taxatividad,     protección,     convalidación,  trascendencia   y   residualidad,   previstos  en  el  artículo 310 de la misma normativa.   

Por  manera  que,  además  de  exponer las  razones  por  las cuales las situaciones que se denuncian traducen una anomalía  sustancial  con  repercusión  en la actuación cumplida, es necesario acreditar  que   la   nulidad   se   erige   como   único   remedio   para  recomponer  el  trámite.   

4.2.  Ninguna de las anteriores premisas es  evidenciada  por  el demandante, quien apenas revela su propósito de oponerse a  las  valoraciones  probatorias  de  los  juzgadores,  actitud  que contraría el  objeto     de     la     casación     porque    su    consagración,  en el ordenamiento jurídico, obedece a  específicos  objetivos,  que  impiden  acudir  a  ella  como  si de una tercera  instancia se tratara.   

Bajo ese entendido, las quejas afianzadas en  la  forma  como  se examinaron los distintos elementos de convicción solo puede  ser  elevada  a  la  categoría  de  error,  en esta sede, si se acredita que el  juzgador   arribó   a  conclusiones  ilógicas  o  irrazonables  y,  por  ende,  contrarias  a las reglas de la sana crítica, caso en el cual, se debe acudir al  error  de  hecho  por  falso  raciocinio  y desarrollar la cesura conforme a las  directrices ampliamente decantadas por la jurisprudencia.   

4.3.    Constituye,   por   tanto,   un  desafuero, que sin enfrentar  la  estructura argumentativa del fallo el actor censure a los juzgadores, porque  no  se  pronunciaron  sobre  pruebas  que,  a  su  modo de ver, favorecían a su  defendido,  tales  como,  los  testimonios  rendidos  en  juicio  por  Luz Edith  Quintero  Bustamante  y  Edilma  del  Socorro  Uribe  Gil,  el dictamen pericial  rendido   por   el  ingeniero  biomédico  Alberto  Restrepo  Jurado,  y  las  declaraciones  de  Lisberth  y  Katherine  Castaño  Murillo,  sin especificar la realidad de tales reparos y su  incidencia de la situación jurídica del procesado.   

Tampoco  define  la  clase  de  yerro  que  intentó  hacer valer, cuando evoca que los falladores no se pronunciaron acerca  de  la  tacha  incoada  por  la  defensa contra las fotografías tomadas por los  peritos  de  la Fiscalía, o al pregonar que dedujeron supuestos indicios contra  su defendido.   

Y,  como si fuera poco, termina por afirmar  que  si  el  Tribunal hubiese analizado los argumentos de la apelación, habría  declarado   la   nulidad  de  lo  actuado,  cuando  en  momento  alguno dirigió su discurso revelar un motivo  invalidante.   

4.4.  Todo lo anterior pone de presente que  el  censor  no  atiende  a  las verdaderas razones por las cuales los falladores  llegaron  a  la certeza de responsabilidad de su prohijado en la muerte de su ex  novia    Melissa    Ayubi    Barreneche,  pues,  si  bien  es  cierto que el soporte de esa decisión está  determinado,   en   parte,  por  prueba  indirecta,  en  realidad  no  atinó  a  identificarla  con  claridad  y,  tanto menos, a denotar que en el proceso de la  construcción  indiciaria,  se incurrió en algún yerro susceptible de enmendar  por la Corte.   

En  ese  sentido, valga resaltar, porque el  censor  no  lo  hizo,  que  el  fallador dedujo los indicios de oportunidad para  cometer  el  delito,  participación, falsa justificación y actitud sospechosa,  los  cuales,  unidos  a la prueba testimonial legalmente acopiada, lo llevaron a  concluir,   razonadamente   en   la   responsabilidad   penal   de  Jhon Bairon Castaño Morales.   

Es   preciso   señalar   que,   en   la   tarea   de   comprobar   la  trascendencia  de  un  error  de apreciación probatoria, cualquiera que sea, el  casacionista  debe  tener  en  cuenta  todos  los elementos de demostración que  sustentan  el  juicio  de  reproche, en orden a que la censura no resulte inane,  como ocurre en este caso.   

5.  Los  reparos  que de manera subsidiaria  postula  el actor, adolecen de  la  misma  insuficiencia  argumentativa, pues nuevamente se apoya en su criterio  particular.   

No atendió que cuando se acude a la causal  tercera,  surge  obligatorio  identificar la especie de desatino que se pretende  hacer   valer,   esto  es,  el  manifiesto  desconocimiento  de  las  reglas  de  producción,    (que    corresponde    al   error   de   derecho   -por   falso   juicio  de  legalidad  o  de  convicción-).o  de  apreciación  de  la  prueba  sobre  la cual se ha fundado la  sentencia,  (que  contempla  aquellas  especies de error de hecho, -por   falso   juicio  de  existencia,  identidad  o  por  un  falso  raciocinio-).   

Aparte  de  escoger adecuadamente la causal  que  permite  enjuiciar  la  sentencia,  conforme  a las directrices ampliamente  decantadas  por  la  jurisprudencia,  el  impugnante  debe elaborar un análisis  ordenado,  coherente y fundamentado que demuestre la trascendencia del yerro, de  tal  forma que su remoción conduzca, necesariamente, a la variación sustancial  de la decisión recurrida.   

5.1.  El demandante, nuevamente y sin rigor  alguno,  formula  adicionales  y  variadas inconformidades, que, en últimas, no  ubica  en alguna de las anteriores hipótesis y en cambio reafirma su propósito  de  obtener  que  la  Corte  actúe  como  una instancia adicional y evalúe sus  opiniones, por fuera del ejercicio analítico de los falladores.   

Esa  forma  de  argumentar  desatiende  la  naturaleza  extraordinaria  del recurso de casación, cuyo objetivo es verificar  la  violación  flagrante  acaecida en la actuación, con capacidad de derrumbar  la   doble   presunción   de  acierto  y  legalidad  que  ampara  la  sentencia  confutada,   mediante   la  demostración  lógico-jurídica  de  alguna  de  las  causales  previstas en la  ley.   

Por  ende, no es posible elaborar distintas  hipótesis  de  solución  al  caso  debatido  y,  por  esa vía, propiciar otra  valoración  probatoria,  pues  en esta sede se parte del supuesto que el debate  jurídico y probatorio culminó con la sentencia de segundo grado.   

5.2.  En  ese  sentido,  y  sin  acreditar  objetivamente  los supuestos desatinos probatorios, sesgadamente recrimina que a  la  defensa se le negó la práctica de una inspección judicial al lugar de los  hechos  y  el  testimonio  del  médico  legista  que  practicó  la  necropsia,  hipótesis  que  no  corresponde  a  la  causal  de casación incoada, sino a la  inaceptable  intención  de  retroceder  a etapas superadas, concretamente, a la  audiencia  preparatoria,  donde  la  defensa  hizo uso del recurso de apelación  para   debatir   inconformidades   de  esa  especie9.   

En  cuanto  a  las  objeciones  que formula  porque  los  juzgadores  no  tuvieron  en cuenta las impugnaciones de la defensa  contra  un  sector  de  la prueba testimonial o porque no valoraron otro tanto e  interpretaron   subjetivamente   determinado   indicio,   no  pasan  de  ser  un  enfrentamiento  personal  a la apreciación probatoria del juzgador, sin atender  que    ésta    prevalece    sobre    la    del    sujeto   procesal.   

No  demostró,  como  le  correspondía, el  yerro   en   que  incurrió  el  Ad  quem,  al  precisar,  entre  otros  aspectos10,  que  la defensa no realizó  el   procedimiento  de  impugnación  de  credibilidad,  dado  que,  no  resulta  suficiente    que    el    abogado    diga    en    juicio    que   «tacha»   a  determinado  testigo  para que el juez proceda a descartarlo.   

Tampoco hizo ver, conforme a las directrices  jurisprudenciales,  el  yerro  de  los sentenciadores por no tener en cuenta los  testigos  de  la  defensa,  caso  en  el  cual, debió acudir al falso juicio de  existencia,  por  omisión  y  acreditar  la  trascendencia  del  perjuicio  con  expresión  objetiva  del porqué la ausencia de valoración presentada incidió  en forma decisiva en la declaración de justicia.   

Y  si  de  atacar  la  prueba indiciaria se  trataba,  entonces  pasó por alto que este medio de persuasión está compuesto  por  varios  elementos  estructurales,  cuyo cuestionamiento no puede hacerse de  manera  indiscriminada, pues, el hecho indicador, admite censuras por cualquiera  de  las modalidades del error de hecho o de derecho, en tanto que, la inferencia  lógica sólo se puede objetar por la vía del falso raciocinio.   

A   su   vez,   se  debe  tener  presente  que,  por  su naturaleza, su  valoración debe hacerse en conjunto.   

Por  ello,  cuando  se  alegan en casación  defectos  en  la apreciación de la prueba indiciaria, es necesario concretar la  parte  del  proceso  de  construcción lógica en que ocurrió el desacierto, es  decir,  si  se  predica  del  hecho  indicador, de la inferencia lógica o de la  manera  como  los  indicios  se  articulan  entre sí, esto es, su convergencia,  concordancia y fuerza de convicción.   

6. Como viene de ser visto, el casacionista,  en  todo  momento,  incurre  en  insuperables  falencias,  porque se sustrajo de  presentar   las  censuras  con  la  claridad  argumentativa  requerida  para  la  formulación  y  demostración  de  los  yerros  atendiendo  a  las  directrices  señaladas,  y  en  su lugar, introdujo toda clase de reproches que no acreditan  la  ocurrencia  de  algún  error  posible de enmendar a través de este recurso  extraordinario.   

7.   Como   no   se  encuentran  causales  ostensibles  de  nulidad ni flagrantes violaciones de derechos fundamentales, no  es   procedente   admitir   la   demanda   para   un  pronunciamiento  de  mayor  fondo.   

         8.  Contra  esta  decisión  procede el mecanismo de insistencia, de  conformidad   con  lo  establecido  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004.   

         En  mérito  de  lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

INADMITIR   la  demanda examinada.   

Contra  esta decisión procede el mecanismo  de  insistencia, de conformidad con el artículo 184, inciso 2º, del Código de  Procedimiento Penal.   

NOTIFÍQUESE y CÚMPLASE  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA   DEL  ROSARIO        GONZÁLEZ       MUÑOZ   

GUSTAVO  ENRIQUE  MALO  FERNÁNDEZ   

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Folio  4 Cuaderno No 1.   

2  Folios 6 a 9 Ib.   

3 Folio  20 Ib.   

4 Folio  28 Ib.   

5 Folio  173 Ib.   

6  Folios 183 a 205 Ib.   

7  Folios 266 a 280 Cuaderno No 2.   

8 Ellos  son,  (l)  El  de  sustentación  suficiente,  según  el  cual  la demanda debe  bastarse  a  sí  misma  para  propiciar  la invalidación del fallo; (ll) El de  limitación,  que  presupone  que la Corte no puede entrar a suplir los vacíos,  ni  corregir  las  deficiencias  de la demanda; (lll) El de crítica vinculante,  que  implica  que  la  alegación  se  debe fundar en las causales taxativamente  previstas  en  la  ley, atendiendo a los requisitos de forma y contenido de cada  reproche,  y  (lV)  los  de  autonomía,  coherencia  y  no  contradicción  que  comportan  la  postulación independiente de cada censura en procura de mantener  la  identidad  temática  y  evitar  la  entremezcla  de argumentos y propuestas  excluyentes.   

9  Folios 31 a 34 Cuaderno No 1.   

10  Folio 273 y vto Cuaderno No 2.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *