AP2827-2015(44848)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado Ponente  

AP2827-2015  

Radicación N°.44848  

(Aprobado Acta N°. 184)  

Bogotá,  D.C.,  veinticinco (25) de mayo de  dos mil quince (2015).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Decide  la  Sala si es procedente admitir la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   Jairo  Edberto Bernal Rodríguez, contra la  sentencia  proferida  el  14  de  agosto  de  2014  por  el Tribunal Superior de  Cundinamarca,  que  confirmó  la  dictada  por el Juzgado Penal del Circuito de  Gachetá   y   condenó   al  procesado  como  autor  del  delito  de  tráfico,  fabricación o porte de estupefacientes.   

HECHOS  

          El  A quo resumió  la cuestión fáctica en los siguientes términos:   

Dan   cuenta  los  registros  y  elementos  materiales    probatorios    incorporados   por   la   Fiscalía   que,   siendo  aproximadamente  las  03:50  horas  del  día  2 de febrero de 2013, informó la  policía  de  vigilancia que encontrándose patrullando por el perímetro urbano  del  municipio  de  Gachetá  (Cundinamarca),  época  de ferias y fiestas, a la  altura  de  la  carrera 4ª con calle 5ª (esquina), advirtieron la presencia de  JAIRO   EDBERTO   BERNAL   RODRÍGUEZ   a  quien le solicitaron una requisa, procediendo a sacar de su bolso  que  tenía terciado al lado derecho, una bolsa transparente que contenía en su  interior   una  sustancia  pulverulenta  con  características  similares  a  la  cocaína,  con  un  peso bruto de 4.6 gramos y un peso  neto  de  4.2  gramos  y al  someterla  a  la  prueba  de identificación preliminar homologada (PIPH)  arrojó  positivo  para cocaína y  sus  derivados.  Por  tal  razón,  fue  aprehendido  y  conducido al Comando de  policía  de  esta  localidad,  donde  de  manera  voluntaria el mismo capturado  JAIRO EDBERTO sacó de entre  su  ropa  interior  otra  bolsa  color negro que contenía una sustancia vegetal  color  verde,  con  características similares a la marihuana, con un peso bruto  de  59  gramos y un peso neto de 53 gramos   y   al   ser  sometida  también  a  la  prueba  de  PIPH  arrojó  positivo  para marihuana y  sus  derivados;  circunstancias  éstas  por las cuales, se procedió a realizar  los  actos  urgentes  y  luego,  el aprehendido BERNAL  RODRÍGUEZ  fue  puesto a disposición de la autoridad  competente     para     su     judicialización     (negrillas     y    subrayas  originales)1.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  El 3 de febrero de 2013, ante el Juzgado  Promiscuo   Municipal  con  funciones  de  control  de  garantías  de  Gachetá  (Cundinamarca),  se  legalizó  la  captura  de  Jairo  Edberto  Bernal  Rodríguez,  a  quien  la  Fiscalía le formuló imputación por el  delito  de  tráfico,  fabricación  o  porte  de  estupefacientes,  la  que fue  aceptada  por  el  indiciado  y,  ante  el  retiro  de la solicitud de medida de  aseguramiento  por el funcionario instructor, se dispuso su libertad2.   

2.  Una vez presentado escrito de acusación  con                   allanamiento3,  el  23  de mayo de ese año,  cuando  se  llevaría  a cabo audiencia de verificación de cargos en el Juzgado  Penal  del  Circuito  de  Gachetá,  ante  la manifestación de retractación de  Bernal Rodríguez, coadyuvada  y  sustentada por su defensor, el titular del despacho aceptó la solicitud, por  evidenciar    vicios    en    el    consentimiento   del   procesado4.   

3.  El  21  de junio siguiente, la Fiscalía  presentó  escrito  de  acusación  por  la  misma  conducta  punible  objeto de  imputación,  descrita  en  el  canon  376  del Código Penal, modificado por el  artículo    11   de   la   Ley   1453   de   20115    y    la   correspondiente  formulación  tuvo  lugar  el  16 de julio posterior6.   

Luego   de   realizadas   las   audiencias  preparatoria,   el   17   de   septiembre   de  la  misma  anualidad7,  y de juicio  oral,  que  culminó  el  20  de  febrero  de  20148,   el  juez  de  conocimiento  dictó  sentencia  el  5  de  junio siguiente, en la que condenó a Bernal    Rodríguez   como   autor   responsable  del delito de tráfico, fabricación o porte de estupefacientes. Le  impuso  sesenta  y  cuatro  (64)  meses  de  prisión, multa de dos (2) salarios  mínimos  legales  mensuales  vigentes y la accesoria de inhabilitación para el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  término de la  sanción privativa de la libertad.   

Le  negó la suspensión de la ejecución de  la    pena    y    la    prisión    domiciliaria9.   

4.  En providencia del 14 de agosto de 2014,  el  Tribunal  Superior  de  Cundinamarca,  al  resolver el recurso de apelación  interpuesto  por  la  defensa  del  procesado,  confirmó  en  su  integridad la  decisión   del   A  quo10.   

LA DEMANDA  

El  impugnante  formula dos cargos contra la  sentencia  del  Tribunal,  con estribo en la causal tercera del artículo 181 de  la Ley 906 de 2000.   

Primero. Violación  indirecta de la ley sustancial por falso juicio de identidad.   

1.   El   yerro  se  produjo  «sobre  la apreciación» de la prueba de  P.I.P.H.,  que  es  de  carácter  provisional,  y  no  definitivo, porque si se  hubiera  valorado de manera objetiva, el fallador se habría percatado de que la  misma  solamente  es  orientadora  y  de  carácter  preliminar y, por lo tanto,  «carecería   de   la   idoneidad   de   la  prueba  química», tal como lo menciona el Manual de química  forense   de   la   Fiscalía   General  de  la  Nación,  para  corroborar  sus  resultados.   

2.  El  testimonio  del  investigador  Luis  Esteban Montaña Borja.   

Una vez destaca su contenido, afirma que este  deponente  es  claro  en  manifestar  que  la  prueba  de  P.I.P.H. solamente es  orientadora,  porque  la  definitiva la dan los laboratorios de referencia de la  Fiscalía.   

El  Tribunal,  en  sus  consideraciones, que  también   trae   a  colación,  distorsiona  el  sentido  objetivo  de  aquella  declaración,  consistente  «en darle un mayor valor,  de   prueba  definitiva,  a  una  prueba  que  por  demás,  quedó  claro,  era  preliminar».   

En  punto  de  la  trascendencia  del yerro,  precisa  que  el juez de primera instancia incurrió en el error de «distorsionar  la  prueba  y  darle  un  valor  diferente  al  que  tiene»,  al  concluir que las sustancias descubiertas  en  poder  del  acusado  fueron  cocaína,  marihuana y sus derivados cuando, en  sentir  del  libelista,  lo  que  se desprende es que la conducta endilgada a su  asistido   «carece  de  fundamento  para  que  pueda  cumplir  los requisitos del art, 381 del Código de Procedimiento Penal, pues no  existe    prueba    definitiva    de    la   sustancia   incautada».   

Además, los elementos que sirvieron para las  iniciales  audiencias,  son  los  mismos  con  los  que se pretende demostrar la  tipicidad  de  la  conducta,  pues el instructor no descubrió la aludida prueba  química  que  se  debe  realizar  en  los  laboratorios  estatales, quedándose  solamente con un elemento que tiene el carácter de preliminar.   

No     es     cierto     –agrega- que  la  defensa esté haciendo prevalecer una formalidad, pues la misma puede llegar  a  afectar  las  garantías  del  acusado,  atendiendo  a que la Ley 906 de 2004  «es  en  esencia un catálogo de derechos que tienen  las  personas procesadas penalmente, el cual se ha de cumplir de manera rigurosa  para     poder     llegar    a    una    sentencia    condenatoria».   

          Discrepa  el  censor  del  argumento del Ad  quem,  según  el  cual,  la defensa no presentó a un  profesional  del  área  química  para  controvertir  el  tema  con fundamentos  técnicos  y  probatorios,  pues a la Fiscalía le corresponde acreditar que las  sustancias  (halladas a su asistido) correspondían definitivamente a cocaína o  marihuana  y  sus  derivados,  así  como la pureza de las mismas. Lo contrario,  sería  asumir  el rol del instructor «actuación que  a  todas  luces  va  contra  la  ética  y  la lógica del sistema».   

          Por  último, apunta que la correcta apreciación del testimonio del  investigador  Montaña  Borja,  habría  llevado  a  concluir  que  la prueba de  P.I.P.H.,  no  era  suficiente para determinar la materialidad de la conducta y,  además,  que la experticia química con la cual se verifican sus resultados, no  se   puede   suplir  con  otros  elementos  de  juicio,  por  ser  eminentemente  técnica.   

          Segundo.  Falso  juicio  de identidad, por  cercenamiento,  respecto  de  los testimonios de los patrulleros Jeisson Alfonso  Padilla  Castañeda,  David  Vergara  Beltrán  e Iván Chitiva Medellín, y del  mismo      acusado     Jairo     Edberto     Bernal  Rodríguez,  quienes  al  unísono  indicaron  que las  sustancias     incautadas    eran    únicamente    para    el    consumo    del  implicado.   

          Apunta  el  actor que si la prueba en comento se hubiese valorado de  manera  objetiva,  habría  sido distinta la decisión del juez plural, quien no  aceptó  la  posición  de la defensa respecto de la ausencia de antijuridicidad  material  porque  no  se  probó  que  las  sustancias  eran únicamente para el  consumo de quien las portaba.   

          En  orden  a la demostración del yerro y su trascendencia, extracta  algunos  apartes  de  los  aludidos  declarantes,  así  como de las respectivas  consideraciones  de  los  juzgadores  y  afirma  que  el  Tribunal,  al cercenar  aquellos  fragmentos,  «privo (sic) de la oportunidad  de  que  el  fallo hubiese sido de otra índole», pues  la  presunción que opera sobre la puesta en riesgo de bienes jurídicos como la  salud  pública  y el orden económico y social, entre otros, cuando una persona  es  sorprendida  portando  droga  en  una  cantidad importante, admite prueba en  contrario   que,   en   este   caso,   está   constituida   por   los   apartes  cercenados.   

          En   efecto,   todos  los  testigos  manifestaron  que  Bernal        Rodríguez,  desde  el momento de su captura, indicó  que  la sustancia era para su consumo; incluso, el agente Padilla Castañeda dio  a  conocer  que  la misma no estaba divida en papeletas, que es como se comercia  comúnmente.  De  esa manera, la ausencia de lesividad alegada por la defensa se  encuentra       probada       por       diferentes      medios      –testimoniales            y  periciales-  dada  la  condición  de consumidor de su  defendido    y    en    razón    a    que    el   estupefaciente   –que portaba-  era exclusivamente para su consumo.   

          Solicita  se case la sentencia impugnada y, en su lugar, se dicte la  absolutoria a favor de su asistido.   

CONSIDERACIONES  

1.   De   tiempo  atrás  la  Corte  viene  insistiendo  que la casación no es una instancia adicional en la que pueden ser  presentados,  de  manera  libre,  los  puntos  de  desacuerdo  con  el fallo del  Tribunal,  ni  constituye un espacio que permita prolongar el juicio y continuar  con    el    debate   probatorio   agotado   en   el   curso   regular   de   la  actuación.   

En  el  marco  de  la  Ley  906  de 2004, la  admisibilidad  de  la demanda está supeditada al cumplimiento de los requisitos  formales  previstos  en  el  canon  183, esto es, (i) el interés para recurrir,  (ii)  la  indicación  de  la  causal  invocada,  (iii)  la  presentación de un  desarrollo  concreto,  suficiente  y  adecuado de los cargos y sus fundamentos y  (iv)   que  el  asunto  precise  de  alcanzar  alguna  de  las  finalidades  del  recurso.   

2.  El libelo que se examina no contiene los  fundamentos   que   evidencien  la  necesidad  de  cumplir  con  alguno  de  los  propósitos  de  la  impugnación,  al tenor de lo dispuesto en el artículo 180  ejusdem,    esto    es,  la efectividad del derecho material, el respeto de las  garantías  de  los  intervinientes,  la reparación de los agravios inferidos a  estos,   y   la  unificación  de  la  jurisprudencia.   

Además, en la formulación de los cargos, el  demandante  no  se ciñó a las reglas que rigen el mecanismo extraordinario, en  tanto  no  acató  los  parámetros  lógicos, argumentativos y de postulación,  atinentes  al  motivo  de  casación  invocado  y,  por  ende,  no  demostró la  ocurrencia de los desafueros que denuncia.   

2.  El  error  de  hecho por falso juicio de  identidad,  comporta para el casacionista el deber de identificar, expresamente,  qué  dice en concreto el medio probatorio cuestionado y aquello que al respecto  dijo  el juzgador, en aras de revelar cómo se tergiversó, cercenó o adicionó  su  expresión  fáctica,  haciéndole  producir efectos que objetivamente no se  derivan  de  él,  así  como  la  incidencia  definitiva  del  desacierto en la  declaración de justicia contenida en el fallo.   

Ese,  en  realidad,  no es el propósito del  actor.   

2.1.  En  el primer  cargo,    hace  recaer  el  yerro en la prueba de P.I.P.H., y en el testimonio  del  investigador Luis Esteban Montaña Borja, pero en lugar de comprobar que el  fallador  puso  a  decir,  a  esas  pruebas, algo que objetivamente no expresan,  procedió  a criticar la labor apreciativa, al recriminar que la primera, no fue  valorada  de  manera  objetiva,  y frente al segundo, hace consistir la supuesta  distorsión  en  «darle  un  valor  diferente al que  tiene».   

Si  el  objeto  del  recurso de casación es  demostrar  la ilegalidad de la sentencia por causa de una situación ocurrida en  el  proceso,  la  labor  demostrativa del yerro no se entiende cumplida a partir  del  examen  subjetivo  de  las  pruebas,  como  lo  hace el libelista, quien se  dedicó  a  explicar,  que la prueba de P.I.P.H. es preliminar, no definitiva, y  por  lo  tanto  carece  de  idoneidad  para  determinar  la  materialidad  de la  conducta,  pues  sus  resultados  deben ser confirmados a través de un dictamen  realizado  por  expertos,  en  los  laboratorios  estatales, según el Manual de  Química Forense de la Fiscalía.   

Esta especie de propuesta no solo es ajena al  deber  de  comprobar  el  yerro  de  alteración material que reprocha, sino que  revela   una   clara   inconformidad   con   la   estimación  del  Ad  quem,  quien,  dicho  sea  de paso, no  desconoció  la naturaleza de la prueba de identificación preliminar homologada  (P.I.P.H.),  como  tampoco  la  directriz  establecida en el señalado compendio  forense,   sobre  la  confirmación  de  esos  resultados  en  los  laboratorios  estatales.  Empero,  esa falta de análisis por parte de un perito químico, que  obstinadamente  reclama  el  letrado,  no  fue  óbice  para  dar crédito a los  resultados  de  las pruebas preliminares de campo realizadas por el investigador  del  C.T.I.,  Luis  Esteban  Montaña  Borja,  que unida al recaudo testimonial,  conformado   por  éste  servidor  y  los  patrulleros  Jeison  Alfonso  Padilla  Castañeda  y  Carlos Humberto Baquiro Barrero, condujo a determinar que el día  de  autos, Jairo Edberto Bernal Rodríguez llevaba   consigo   4.2   gramos   de   cocaína   y  52  gramos  de  marihuana.   

2.2.  La misma imprecisión argumentativa se  detecta    en    la    demostración    del   segundo  cargo,  donde  también hace recaer un falso juicio de  identidad,  por  cercenamiento,  en  los  testimonios de Jeisson Alfonso Padilla  Castañeda  (patrullero), David Andrés Vergara Beltrán y Héctor Iván Chitiva  Medellín,  y  del  mismo Bernal Rodríguez,  quienes,  según  el  impugnante,  indican  al  unísono  que las  sustancias incautadas al último, eran únicamente para su consumo.   

Aun cuando intentó ajustar el reproche a los  requerimientos   de   orden  técnico  y  argumentativo,  trayendo  los  apartes  supuestamente  recortados  y las consideraciones de los falladores de instancia,  en  realidad,  no  avanza en su demostración, mediante la comparación objetiva  de  ambos  contenidos,  y  su  efecto  determinante  en  la  decisión, sino que  nuevamente  muestra  su  desacuerdo con la estimación judicial, pues advera que  si  hubiesen  sido  valorados  de  manera  objetiva,  la  decisión del Tribunal  habría sido distinta.   

Con  facilidad  se detecta la pretensión de  insistir  en  la  tesis  defensiva  de  la  ausencia  de  antijuridicidad  de la  conducta,  pasando por alto, las distintas consideraciones plasmadas en el fallo  para  descartar  esa  figura,  como  las  alusivas  a la poca información en el  plenario    que   condujera   a   determinar   si,   en   verdad,   Bernal  Rodríguez  es una persona enferma,  a  consecuencia  del consumo de drogas; el conocimiento de la ilicitud por parte  del  procesado, dado que trató de ocultar las sustancias que llevaba consigo y,  también,  que la sola condición de consumidor, no es suficiente para acreditar  la  alegada  falta  de  lesividad del comportamiento, pues también se requería  que  la  cantidad de estupefaciente, apenas superara, en una escasa proporción,  la dosis personal permitida.   

Sobre  ese  particular,  dijo  el  fallador  A  quo, que el procesado, al  momento de la captura,   

…portaba  casi  tres (3) veces la dosis de  marihuana    permitida    (53    gramos),  y  más  de cuatro (4) veces la dosis personal de cocaína o sus  derivados  (4.2 gramos) y por  ende,  vulneró el bien jurídico de la Salud Pública, precisamente por haberse  excedido  en  las  sustancias  toleradas  por nuestro ordenamiento jurídico, es  decir,  un  (1)  gramo  para  cocaína  y  veinte  (20) gramos para marihuana…  (negrillas                originales)11.   

3.  En  suma, lo único que deja entrever el  impugnante,  es  su  discrepancia  con  la  evaluación  y  credibilidad  que el  fallador  le  otorgó  al  acervo  probatorio,  y  que  no  puede  ser objeto de  cuestionamiento  en  sede  de  casación, ante la ausencia de tarifa legal, pues  con  el  método  de  interpretación  de la sana crítica, el juez tiene cierto  grado  de discrecionalidad para arribar a un estado de conocimiento -que  puede  ser  de  certeza  o  de duda-  acerca de los hechos y la responsabilidad del procesado.   

Solo,  si  se  desconocen  los  principios  lógicos,  las reglas de la ciencia o las máximas de la experiencia, es posible  cuestionar  la  valoración  probatoria  del  sentenciador, pero en ese caso, es  preciso  acudir  al  error  de  hecho  por  falso  raciocinio  y demostrar cuál  postulado  científico,  principio  lógico  o  máxima  de  la  experiencia fue  desconocido  por  el  juzgador, así como su trascendencia, de tal manera que en  ausencia del dislate, otro hubiera sido el sentido de la decisión.   

En  complemento,  debe identificar el aporte  científico  correcto, el raciocinio lógico o la deducción por experiencia que  debió aplicarse al caso concreto.   

4.   El   recurrente,  en  definitiva,  no  desarrolló    ninguna    de    las    hipótesis    de    error    –falso  juicios  de  identidad o falso  raciocinio-  que  de  manera  genérica insinúa en su  demanda  y  más  bien  deja  claro su propósito de obtener que la Corte actúe  como  una  instancia adicional y evalúe sus juicios frente al acopio probatorio  que  convenientemente  destacó  en  el libelo, con la finalidad de demostrar la  inocencia de su defendido.   

De  cualquier modo, no es la discrepancia de  opiniones,  la  manera como se comprueban los yerros de apreciación probatoria,  máxime  cuando  el criterio judicial, prevalece sobre cualquier opinión de los  sujetos procesales.   

Como   se   había  señalado,  la  Sala inadmitirá el libelo, ante las  evidentes falencias de debida postulación y argumentación.   

          5.  Contra  esta  decisión  procede el mecanismo de insistencia, de  conformidad   con  lo  establecido  en  el  artículo  184  de  la  Ley  906  de  2004.   

          En  mérito  de  lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

INADMITIR la demanda  presentada  por  el  defensor  de  Jairo Edberto Bernal  Rodríguez.   

Contra esta decisión procede el mecanismo de  insistencia,  de  conformidad  con  el artículo 184, inciso 2º, del Código de  Procedimiento Penal.   

NOTIFÍQUESE y CÚMPLASE  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA   DEL  ROSARIO        GONZÁLEZ       MUÑOZ   

GUSTAVO  ENRIQUE  MALO  FERNÁNDEZ   

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Folio  125 Cuaderno principal.   

2  Folios 9 a 13 Cuaderno No 1.   

3  Folios 1 a 4 Cuaderno principal.   

4 Folio  23 a 27 Ib.   

5  Folios 28 a 31 Ib.   

6  Folios 36 a 38 Ib.   

7  Folios 44 a 50 Ib.   

8  Folios 100 a 103 Ib.   

9  Folios 125 a 151 Ib.   

10  Folios 16 a 32 Cuaderno del Tribunal.   

11  Folio 141 Cuaderno principal.     

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