AP2826-2014(40976)

2014

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Magistrado Ponente  

AP2826-2014  

Radicación N° 40976  

(Aprobado acta Nº 162)   

          Bogotá,   D.C.,   veintiocho  (28)  de  mayo  de  dos  mil  catorce  (2014).   

          Procede  la  Sala  a  verificar  los  requisitos de lógica y debida  argumentación  de  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor de  WILLIAM      JIMÉNEZ      MONTENEGRO.   

H E C H O S  

          Fueron    expuestos    por    el    Tribunal   en   los   siguientes  términos:   

“Los  hechos  que  dieron  origen  a  la  presente  actuación ocurrieron el 11 de junio de 2008, en las instalaciones del  Supercade  de  Movilidad ubicado en la calle 13 No. 37-35 de esta ciudad, al que  concurrió  el señor Diego Fernando Buitrago Mora con el propósito de realizar  un  acuerdo  de pago de los comparendos que adeudaba y solucionar lo relacionado  con la inmovilización de su vehículo.   

El  usuario  Buitrago  Mora  fue  informado  inicialmente  en  una  de  las  ventanillas  que el pase que presentó no estaba  registrado  y/o  era  falso, por lo que tuvo que acudir al módulo 30, en el que  luego  de  esperar  su  turno el servidor que lo atendió, esto es, WILLIAM    JIMÉNEZ    MONTENEGRO    le  manifestó  que  tenía  la opción de cancelar la totalidad de lo adeudado para  obtener  el  paz  y  salvo  o de realizar los trámites a través de un tercero,  para  lo  que  lo  instó  a  desplazarse  a  la  puerta  del Cade, a efectos de  brindarle mayor información.   

En  dicho  sitio,  el implicado procedió a  explicarle  que podía obtener una nueva licencia de conducción en un municipio  cercano  a  esta ciudad, al igual que cancelar tan solo la mitad del valor total  de  los  comparendos,  lo  cual  tenía  un costo de $400.000, de los que debía  adelantarle  una  parte, razón por la que Buitrago Mora puso en conocimiento de  otro  servidor  de  la  oficina  lo  sucedido y seguidamente suscribió la queja  correspondiente”.   

A N T E C E D E N T E S  

          1.  Culminada la  fase  del  juicio  y  anunciado el sentido condenatorio del fallo por el Juzgado  Doce  Penal  del  Circuito  de Bogotá, estrado judicial al que fueron asignadas  las  diligencias,  se  dictó  sentencia el 28 de julio de 2011, a través de la  cual   se   impuso   a   WILLIAM  JIMÉNEZ  MONTENEGRO  las  penas  principales de prisión por noventa y seis  (96)  meses,  multa  de  sesenta  y  seis  punto sesenta y seis (66.66) salarios  mínimos  legales  mensuales  e  inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo  término  de  la  sanción privativa de la  libertad,  como  autor  responsable  del delito de concusión (artículo 404 del  Código  Penal).  Se  le negó la suspensión condicional de la ejecución de la  pena     y     la     prisión     domiciliaria.1   

          2.  Apelada  esta  determinación por la defensa, fue confirmada por  el  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial de Bogotá -Sala Penal- el 11 de  enero de 2013.2   

LA DEMANDA DE CASACIÓN  

          El  defensor  del  sentenciado  presentó  el recurso extraordinario  para    formular   un   cargo   único   en  contra  del  fallo  de segunda instancia, al amparo de la causal  contemplada  en  el  artículo  181,  numeral  3°,  de la Ley 906 de 2004, pues  estima que se incurrió en un error de hecho por falso raciocinio.   

          Después  de  hacer  un  recuento del análisis probatorio efectuado  por  el  Tribunal,  cuestiona  la conclusión referida a que su prohijado fue la  persona  que  hizo  una  solicitud  de  dinero  al  señor  Buitrago  Mora  para  solucionar  sus  problemas  con  la  oficina  de  tránsito, toda vez que, en su  criterio,  ello  no  corresponde  con  el  señalamiento  dubitativo que en este  sentido      realizó      durante      el     juicio     oral,     “circunstancia  que  por  si  sola,  a  no dudarlo serviría para  construir un fallo de carácter absolutorio”.   

          Así  mismo,  dice,  riñe  con  las reglas de la experiencia que el  testigo  Rodolfo  Antonio  Cetina,  abogado  responsable  de la oficina donde se  suscitaron  los  hechos,  luego de recibir la queja del ciudadano perjudicado no  lo  hubiese  acompañado  hasta  el  módulo  en  el  que estaba el empleado que  abusando  de sus funciones le pidió dinero, con el fin de confrontarlo. De otra  parte,  asevera,  “la  lógica contenida en la sana  crítica   fue   arrasada   por   la  sentencia  del  Tribunal”,  al      desestimarse     y  cercenarse  las declaraciones de descargo, ya que, insiste, estas  permitían  inferir  que  su  prohijado  no fue quien solicitó dádivas y ello,  aunado  a  la  falta  de  identificación  directa  en  el  interrogatorio de la  víctima,  es  un  aspecto  trascendental  que  conduce, en su sentir, a que sea  casada  la  sentencia  y  se dicte fallo absolutorio de reemplazo en favor de su  asistido.   

  CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

         1.  El  recurso  de  casación  se concibe como un medio de control  constitucional  y  legal  de  carácter  extraordinario cuando en las decisiones  proferidas  o  el  trámite  penal surtido, acaecen yerros que afectan de manera  ostensible  los  derechos  de los sujetos procesales o intervinientes. Así, los  artículos   183   y  184  de  la  Ley  906  de  2004,  exigen  que  la  demanda  correspondiente  señale  de  forma  precisa  y  concisa las causales invocadas,  desarrolle  los  cargos  de  modo  adecuado y además tiene que demostrar que el  fallo  es  necesario  para  cumplir  algunas  de  las  finalidades  del  recurso  previstas  en  el  artículo  180 ibídem, toda vez que la concurrencia de estas  circunstancias son las que habilitan la intervención de la Corte.   

         En   ese   orden,   la  jurisprudencia  ha  dicho  que  el  recurso  extraordinario  no  es  un  instrumento  que  permite al impugnante prolongar el  debate  fáctico  y  sustancial  que culminó con la decisión de segundo grado,  siendo   improcedente   realizar   en   la  demanda  cuestionamientos  de  libre  confección  propios  de  las  instancias,  pues  ha  de  ser  un escrito claro,  lógico,  coherente  y sistemático en el que, al tenor de los motivos expresa y  taxativamente  señalados  en  la  ley  y  ceñido  a  la lógica que orienta la  presentación  de  cada  tipo de reproche, se acredite la existencia de un error  de  tal  magnitud que haga insostenible la declaración de justicia efectuada en  la sentencia.   

          2.  Lo  anterior  se  menciona  para  anotar  que  ninguno  de estos  aspectos  lógico-conceptuales  fueron  considerados  por  el recurrente, ya que  únicamente  plasmó  en  su  escrito  ideas  genéricas  ausentes  de contenido  argumentativo  y  descontextualizadas  desde  todo punto de vista, si pretendía  derruir  la  presunción  de  legalidad de la sentencia atacada. La Corporación  expresa  enseguida  las  razones  de esta apreciación:            

          2.1.  Si  bien es cierto el falso raciocinio permite al casacionista  plantear  yerros  tratándose  del  análisis  valorativo  que  hace el juzgador  respecto  de los elementos de juicio obrantes en el proceso, si en ese ejercicio  intelectivo   conculca   la   sana   crítica   como  medio  de  formación  del  conocimiento,  ello  no  quiere  decir  que  tal  postulación esté sujeta a su  arbitrio,  toda  vez  que  debe  señalar de modo específico el principio de la  lógica,  la  ley  de  la ciencia o la máxima de la experiencia desconocida, el  motivo  del  error,  y cuál principio, ley o máxima es la aplicable. (Cfr. CSJ  AP,  24  Abr 2013, Rad. 40431). La anterior dinámica, entonces, no se suple con  el  mero antagonismo de criterios en cuanto al mérito que para el recurrente, a  partir  de  una  postura  subjetiva,  debe  asignársele  a las pruebas, pues de  cotejarse  su  posición con la del sentenciador el resultado por supuesto será  disímil,  pero  esto no significa per se la  configuración  de  un error susceptible de enmendarse a través  del  recurso  extraordinario  y  en especial, cuando a la providencia atacada la  ampara,  según se anotó en precedencia, la presunción de acierto y legalidad.   

         

          En  este  asunto,  el  libelista,  en  lugar  de definir porqué las  conclusiones  del  juzgador  son incompatibles con los parámetros en cuestión,  se  dedicó  a  pregonar  la  hipotética  disparidad  entre  su  defendido y el  funcionario  que  le  hizo un requerimiento económico a Diego Fernando Buitrago  Mora,  pese  a  que  dicha tesis ya fue descartada por la judicatura, y haciendo  abstracción  deliberada  de  las circunstancias particulares que permitieron al  Tribunal  advertir  más  allá  de  toda  duda  que  sí se trataba de la misma  persona.  Sobre  el  punto,  vale  la  pena reseñar lo que dijo el ad quem:   

“De  otro lado, además del señalamiento  directo  de  la víctima, se recibió en el juicio oral el testimonio de Rodolfo  Antonio  Cetina  –servidor  de  la  subdirección  de  contravenciones de la Secretaría de Movilidad, quien  recibió  la  queja  en  la  que se plasmó la forma como fue abordado el señor  Diego  Fernando  Buitrago  Mora cuando acudió a las instalaciones del Supercade  de   Movilidad   el   11   de   junio   de   2008.   Al  respecto  relató  este  testigo:   

“Me  acuerdo  del  señor  JIMÉNEZ que trabajaba en el módulo 30,  haciendo  sus acuerdos de pago y alguna vez se acercó un usuario me dijo que lo  escuchara  y  levantamos  un  informe  respecto  a  la  atención  que le había  brindado     el     señor     JIMÉNEZ,   hoy   2011   mayo  27,  exactamente  no  recuerdo  en  qué  se  fundamentaba  la  queja, lo único cierto es que levanté el informe, se lo di a  conocer a mi jefe inmediato…”   

[…] Es de anotar, que este mismo deponente  fue  categórico  en  advertir que en el informe que realizó cuando conoció la  situación  expuesta  por  el  denunciante  se  plasmaron  las  características  físicas  del  servidor  involucrado en la propuesta de entrega de dinero que se  cuestiona  en  este proceso y que corresponden “…a un señor más o menos de  40  años, de ojos claros, mono, del módulo 30, pues miramos los funcionarios y  la  ubicación  de  los  módulos  y  efectivamente  correspondía al del señor  WILLIAM              JIMENEZ…”.   

Esta descripción coincide plenamente con la  señalada  por  Diego  Fernando  Buitrago  Mora  en  el  juicio oral, en la que,  refiriéndose  al  procesado,  señaló:  “…Muy  parecido  a  él,  pero  no  precisaría  si  es él, era una persona alta de ojos claros…” y manifestó:  “…la  persona  que me hizo el ofrecimiento era la persona que estaba ahí…  sentada    en    uno    de    los   puestos…”.3   

          Frente  a  este  razonamiento, no se indica o identifica la regla de  la  ciencia,  principio  lógico  o  máxima  de  la  experiencia  concreta  que  presuntamente  vulnera  y  solo  se  expone la existencia del presunto yerro, se  repite,  a  partir  de  la  divergencia  abstracta  de  pareceres en cuanto a la  valoración   probatoria   acometida,   controversia     ajena     a     la     naturaleza    del    recurso  extraordinario.   

          2.2.  En  estas  condiciones,  el  reparo  no  cuenta con un soporte  conceptual  ni  objetivo que valide sus asertos, e inclusive es especulativo, al  sugerir  que  el  testigo Cetina debió proceder de determinada manera, esto es,  dirigirse  al  sitio  donde  se  hallaba el autor de la propuesta monetaria para  reconvenirlo,  cuando  éste  explicó  que  recibida  la  queja  verificó  sin  hesitaciones  la identidad del servidor que se encontraba en el módulo 30 en el  que  fue  atendido  el señor Buitrago Mora, comunicando la situación a su jefe  inmediato.  De  igual forma, omite tener en cuenta que la descripción que aquel  hizo  en  su declaración de la fisonomía del responsable del suceso, se ajusta  a  la  plasmada  en  dicho  informe, o que entre la fecha de los acontecimientos  investigados  y  los  testimonios  rendidos  en el juicio oral, había pasado un  tiempo  considerable  que  pudo  incidir  en  el señalamiento efectuado en esta  diligencia  por el perjudicado, quien de todos modos, no excluyó a JIMÉNEZ  MONTENEGRO  como el protagonista  del  anómalo  requerimiento.  Ello  sin  mencionar que al aseverar el cargo que  algunos  acápites  de  diversos testimonios no fueron objeto de valoración, se  inmiscuye  en  la  denuncia  de  otras  modalidades de infracción, verbi   gratia,   el   falso  juicio  de  identidad  por  cercenamiento,  lo  que  desconoce  los principios de claridad y  debida fundamentación que rigen la casación.   

         3.  En  síntesis, el reproche formulado por el recurrente en pos de  demostrar  la  presunta  trasgresión  a  la  sana crítica, constituye una mera  opinión  indeterminada presentada a la manera de un alegato de instancia que no  cumple  con la estructura lógica necesaria para la acreditación de un yerro de  ese  tipo  en  sede  extraordinaria. Así, al asumirse  equivocadamente  que  la casación es una fase adicional propicia para zanjar la  discrepancia   de  criterios  respecto  a  la  determinación  contenida  en  la  sentencia  de  segunda  instancia,  se  devela  la  ausencia  de  desarrollo del  cargo  único,  por lo que  será inadmitido (artículo  184  de  la Ley 906 de 2004), además porque tampoco se  avizora  violación  a  las  garantías fundamentales que haga necesario superar  los  defectos  del  libelo,  ni  se  percibe de su contexto que se precise de un  fallo para cumplir con alguna de las finalidades del recurso.   

         4.  Por  último,  debe  recordarse  que  frente  a  esta  determinación  tiene  cabida  el  mecanismo  de  insistencia de acuerdo con los  lineamientos  señalados  en  la  providencia  del  12  de  diciembre  de  2005,  proferida en el radicado 24322.   

          En   mérito  de  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA     DE     JUSTICIA,     SALA     DE     CASACIÓN     PENAL,   

R E S U E L V E  

         INADMITIR   la   demanda  de  casación  presentada  por  el defensor  de     WILLIAM    JIMÉNEZ    MONTENEGRO.   

Contra  esta decisión procede el mecanismo  de insistencia   

Comuníquese,  devuélvase  al  Tribunal de  origen y cúmplase   

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

Presidente  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1  Folio    124    cuaderno    actuación   

2  Fl. 17 cuaderno Tribunal   

3  Cfr. Fl. 28 y s.s. cuaderno Tribunal     

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