AP2820-2015(45601)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

EYDER PATIÑO CABRERA  

Magistrado ponente  

AP2820-2015  

Radicación N°. 45601  

(Aprobado Acta N°. 184)  

Bogotá,  D.C.,  veinticinco (25) de mayo de  dos mil quince (2015).   

MOTIVO DE LA DECISIÓN  

Con el fin de resolver sobre su admisión, la  Corte   examina   la   demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  Omar     Enrique    Cruz    Pinzón    contra  la  sentencia  del  Tribunal  Superior  de Bogotá, del 9 de  diciembre  de 2014, que confirmó, con alguna modificación, la dictada el 21 de  agosto   anterior   por   el  Juzgado  4°  Penal  Municipal  con  funciones  de  conocimiento  del  mismo distrito judicial, y condenó al acusado como autor del  delito de abuso de confianza.   

HECHOS  

Fueron  así  consignados en el fallo que se  impugna:   

El  5  de  agosto  de  2008,  en  Bogotá,  ÓMAR  ENRIQUE CRUZ PINZÓN  celebró  contrato  ganadero a término, a través de la mandataria AGRONEGOCIOS  S.A.,  en  que  vendió  a inversionistas de la Bolsa Nacional Agropecuaria S.A.  170  machos  cebú,  con  edad  y  peso  promedio  de  28 meses y 300 kilos, por  $149.400.000,  con  pacto de recompra a un año por $168.523.200, periodo en que  el   primero   ejercía   la  tenencia  de  los  animales  para  su  custodia  y  engorde.   

Vencido dicho lapso el obligado no optó por  la  recompra,  ni  devolvió  los  semovientes,  y  cuando  el operador ganadero  realizó  la  visita  a  la  finca  La Barrialosa el 26 de noviembre de 2009, no  encontró  el  ganado,  por  lo que ÓMAR ENRIQUE CRUZ  PINZÓN fue acusado de apropiarse en provecho suyo de  bienes entregados a título no traslativo de dominio.   

La  Cámara  de  Compensación  de la Bolsa  Mercantil   de   Colombia   S.A.,   como   contraparte   central,  pagó  a  los  inversionistas o compradores $168.523.200.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

1.  En  audiencia  preliminar  del  13  de  diciembre  de  2011,  presidida  por el Juez 27 Penal Municipal con funciones de  control   de  garantías  de  Bogotá,  la  Fiscalía  98  Seccional  imputó  a  Omar  Enrique Cruz Pinzón el  delito   de   abuso   de   confianza,  cargo  que  no  fue  aceptado1.   

2.  El  escrito  de acusación, en idéntico  sentido,  se  radicó  el  8  de  febrero  de  20122  y  su formulación se surtió  el  10  de  abril siguiente ante el Juzgado 4° Penal Municipal con funciones de  conocimiento        de       esta       ciudad3.   

3.  La  audiencia del juicio oral inició el  1°        de        abril       de       20144  y  finalizó  el 21 de agosto  posterior5, cuando se anunció sentido condenatorio del fallo.   

Ese         día,  se  dictó  sentencia  en  la  que  se  sancionó  a  Omar  Enrique  Cruz  Pinzón  con  25  meses  de  prisión,  igual  término de inhabilitación para el ejercicio de derechos y  funciones  públicas y multa de 70 salarios mínimos legales mensuales vigentes.   

Se le concedió la suspensión condicional de  la       ejecución       de       la      pena6.   

4. La decisión fue apelada por la defensa y,  en  fallo  del  9  de  diciembre  de esa anualidad, el Tribunal Superior de este  distrito  judicial  modificó  el  numeral  primero  de su parte resolutiva para  fijar   la   pena   de   Cruz   Pinzón  en  25  meses de prisión y multa de 59,39 salarios mínimos legales  mensuales                  vigentes7, al tiempo que la confirmó en  lo    demás8.   

5. El abogado interpuso recurso de casación  y presentó la demanda correspondiente.   

LA DEMANDA  

Luego de hacer una síntesis de los hechos e  indicar  que el recurso procede por la vulneración de derechos y garantías (no  especifica),  el  jurista  propone  un  cargo con apoyo en la causal primera del  artículo  181 de la Ley 906 de 2004, por «violación  de        Derechos        y       Garantías»9.  Estos son sus fundamentos:   

Se  cercenó  la  posibilidad de ejercer una  óptima  defensa,  bajo  la perspectiva del debido proceso, porque trascurrieron  más  de  tres años desde la formulación de imputación, y se lesionó así el  derecho  a  obtener  una  pronta administración de justicia. Adicionalmente, la  situación   acaecida   no   puede   comportar  una  sanción  penal,  toda  vez  que, según la Constitución  Política, no hay prisión por deudas.   

El   juzgador   recayó   en  «un    falso    juicio   de   identidad  por  cuanto además de haber yerro en el ejercicio de  una  acción  penal,  lo  hay  además  en la inaplicación por mero capricho de  quien  se  considera víctima, pensando que no hay otra posibilidad de cobrar lo  que  otro  le  debe  por  la  vía  penal,  encontrando  en  la jurisdicción la  posibilidad  errónea  y vulneratoria de derechos y garantías para conseguir el  objetivo                 propuesto»10.   

El  Tribunal  tergiversó  la  prueba porque  «un  contrato  de  orden  civil-comercial,  pretende  disfrazarse           de           delito»11.  Si  su  prohijado  no  se  encontraba  en  «el lugar de los hechos, mucho menos  pudo    haber    perpetrado    acto   alguno   en   vulneración   a   un   bien  jurídico»12.   

En  el  juicio  declararon  Juliana  Correal  García,  representante de la Cámara de Riesgo Central de la Bolsa Mercantil de  Colombia,  Diana  Mayerli  Carranza  Espinosa  y  Diana Milena Arcila Sierra. La  Fiscalía  desistió del testimonio de Héctor Horacio Hernández, esencial para  el  esclarecimiento  de  los  hechos,  pues fue la persona que, en su calidad de  operador       ganadero       Emprendedores      Haciendo      Campo,   acudió   a   la  finca  La  Barrialosa  a retirar los semovientes  marcados con el hierro de AGRONEGOCIOS S.A. y luego los vendió.   

Su  representado  nunca  entregó  dinero  a  AGRONEGOCIOS  por virtud del contrato celebrado, fue esta firma la que le dio un  préstamo  y, a su vez, le permitió disponer de los semovientes. Además, no se  obligó  a la recompra, no se apropió de los animales, no suplantó el ganado y  suscribió  la carta de retiro de éste, en donde reconoce que la Bolsa Nacional  Agropecuaria-CRS  Mercantil  y AGRONEGOCIOS tienen la titularidad del derecho de  dominio.  Siempre  hubo  claridad  que  se  trataba  de  hembras  no  de machos.   

No se generó daño económico alguno porque  el  seguro  pagó  el saldo surgido por la venta de las reses a menor precio que  hizo  el  operador  ganadero  Emprendedores  del  Campo.  No entiende el jurista  cómo,  si  fue aquél quien  vendió  y  su  defendido  solo autorizó el retiro de los animales, terminó el  último  responsabilizado penalmente. Los fallos se fundaron en meras conjeturas  puesto  que la prueba de cargo directa no fue llevada al juicio, toda vez que la  fiscalía  desistió  del  testimonio  de Héctor Horacio Hernández.   

Solicita  se  declare  la  prosperidad  del  reproche  elevado  contra  las  sentencias  de  primera  y segunda instancia (no  especifica)  y, en su reemplazo, se profiera otra de carácter absolutorio. Así  mismo,  pide  que  se  decrete  la prescripción de la acción porque han pasado  más  de  tres  años  desde  la  imputación  sin  que  el fallo haya alcanzado  ejecutoria.   

CONSIDERACIONES  

1.  La  Sala ha sido reiterativa en sostener  que,  conforme  a  lo  dispuesto  en  los  artículos  183  y 184 del Código de  Procedimiento  Penal  de  2004, la demanda de casación debe cumplir con ciertos  requisitos  de  orden formal y sustancial para que se le pueda dar curso (CSJ AP  10, oct, 2012, rad. 39568 y CSJ AP, 17 oct. 2012, rad. 39237).   

Así las cosas, es preciso que, a través de  un  discurso  claro y dialéctico, se expongan con suficiencia las fallas en las  que  incurrió  el  juzgador, atendiendo que encuadren en alguna de las causales  previstas  en  el  artículo  181  ibidem,  y  se  especifique  cómo,  de  no  haber  incurrido en ellas, la  decisión  reprochada  habría  sido  totalmente  diversa  y  en  favor  de  los  intereses de quien impugna.   

Adicionalmente, al actor le compete demostrar  la  necesidad de intervención de la Corte,  a  efectos  de  alcanzar  alguno  de  los propósitos del medio de  impugnación  extraordinario,  pues  según  el  canon 184 de esa codificación,  también  serán  inadmitidos  los libelos cuando «de  su  contexto  se  advierta fundadamente que no se precisa del fallo para cumplir  alguna de las finalidades del recurso».   

Así las cosas, puede ocurrir que el escrito  introductorio  no  reúna los presupuestos de orden lógico y argumentativo para  darle  curso, pero la Sala halle imprescindible su estudio de fondo para cumplir  con  los  propósitos  del recurso; o, que,  a  pesar  de  que  cumpla  con  tales  exigencias  formales, no se  considere forzoso proferir fallo.   

2.  En  esta  oportunidad  son  varias  las  falencias  del censor, no solo  al   momento   de  ocuparse  sobre  las  finalidades  del  recurso  sino  en  la  formulación      y      fundamentación      de     la     crítica.   

2.1.  En  relación  con los propósitos del  recurso,   el  actor  solo  mencionó  vagamente  que  se  violaron  derechos  y  garantías,  pero  no  indicó  cuáles fueron ellos o éstas, cómo ocurrió la  lesión,  y  cómo,  por  su  gravedad, era imperiosa la intervención de la Sala.   

2.2.  De  otro lado, olvidó suministrar los  insumos  necesarios  para  que  la  Corporación  pueda  comprender el motivo de  inconformidad,  el  yerro  judicial  y  su  trascendencia  en  el caso concreto.   

En efecto, los cargos propuestos deben gozar  de  claridad  y  de  aptitud  lógica  y argumentativa, de modo que describan el  error    judicial    y   su   relevancia.    Para    tales    efectos,    al   profesional   le   corresponde  seleccionar,  con  especial  cuidado,  el  motivo bajo el  cual  va  a  formular  sus  críticas  y  luego  sí,  con  total  apego  a  los  requerimientos  que  el  mismo  exige,  exhibir  sus  planteamientos. No resulta  admisible  que en forma desarticulada, invocando distintas causales, se expongan  tan  solo  ideas,  simples  reproches  o ataques sin sentido, dirigidos única y  exclusivamente a lograr que se acoja la propuesta del impugnante.   

El  defensor  desatendió  los  parámetros  descritos   y   exhibió   un   escrito   deshilvanado,  carente  de  estructura  argumentativa,   sin  enseñar  un  reparo  directo  y  concreto  frente  a  las  consideraciones del Tribunal.   

A pesar de que adujo encauzar su reproche por  la    senda   de   la   causal   primera   del   artículo   181   del   Código   de  Procedimiento  Penal,  seguidamente,      refirió      al     contenido     de     la     segunda   y,   más  adelante,  alude  a  modalidades       de       error       propias      de      la      tercera, lo que hace confuso su escrito e  ininteligible su pretensión.   

Superando  las  falencias de estructura y de  lógica,  se puede entender que son dos los cargos propuestos, uno, con apoyo en  el   motivo   segundo   y,  otro,  en  el  tercero.  No  obstante,  tampoco  se  les  puede dar curso porque su planteamiento, en ningún  caso,  alcanza  a cumplir con las exigencias de debida sustentación.   

Así,  para  explicar el primero,  se  atendería el reparo consistente en  que   se   cercenó  el  ejercicio  del  derecho  de  defensa  porque  desde  la  formulación  de  imputación han pasado más de tres años sin que la sentencia  de  segundo  grado  haya  cobrado  firmeza,  por  lo  que la acción penal está  prescrita.  Sin  embargo, en  tal  evento,  le  asistía  la  obligación  de  indicar  las  normas en las que  sustenta  su  tesis y explicar cómo se verifican los presupuestos contenidos en  esas disposiciones. No lo hizo.   

De concebir que quiso referirse al artículo  292  de  la  Ley 906 de 2004, que prevé la interrupción de la prescripción de  la  acción penal por razón de la formulación de imputación, luego de lo cual  comenzará  a correr de nuevo por uno igual a la mitad del señalado en el canon  83  del Código Penal, el cual no podrá ser inferior a tres años, no le asiste  razón  puesto  que  obvió tener en cuenta que esa disposición se debe aplicar  en   armonía   con   el  189  ejusdem,  que   contempla   una   segunda   interrupción,   al  señalar  que  «proferida  la  sentencia  de  segunda  instancia se  suspenderá  el  término de prescripción, le cual comenzará a correr de nuevo  sin     que     pueda     ser     superior     a    cinco    años».   

En  esta ocasión no alcanzaron a trascurrir  tres  años desde la formulación de imputación y la fecha del fallo de segundo  grado,  pues,  como se dejó  consignado  en  los antecedentes de esta providencia, el primer acto ocurrió el  13  de  diciembre  de 2011 y el Tribunal resolvió el recurso de apelación el 9  de diciembre de 2014.   

Ahora, en lo que toca con el falso juicio de  identidad  (causal  tercera),  el defensor no cumplió con la carga de demostrar  que   el  sentenciador,  al  momento  de  valorar  algún  elemento  probatorio,  distorsionó  su  contenido  fáctico,  haciéndole  decir lo que en realidad no  dice,  bien  sea  porque  le  dio  una  lectura equivocada (tergiversación), le  agregó  aspectos  que  no  contiene  (adición), o le mutiló partes relevantes  (cercenamiento).  Tenía, entonces, la tarea de identificar el medio de prueba y  precisar  sus expresiones literales objetivas sobre los cuales recayó el error;  luego  revelar  cuál  fue  la  supresión,  el agregado o la distorsión en que  incurrió  el  fallador, y después señalar la trascendencia del desatino, esto  es,  cómo  por virtud de esa deformación del elemento probatorio, la sentencia  debe variar a favor de los intereses del actor.   

Tampoco   fue   ese   el   proceder   del  letrado.   

Inicialmente,  afirmó  que el juzgador tergiversó un  contrato,  pero  no  lo  identificó,  y  menos  enseñó  qué fue lo falseado.  Seguidamente,  aludió  a  unos  testimonios, pero tampoco explicó cuál fue la  falla de identidad atribuida al Tribunal.   

Más       adelante,  descalificó  a  la fiscalía por haber  renunciado   al   testimonio   de   Héctor   Horacio   Hernández,  pero  pasó  desapercibido  que,  como  bien lo recordó el juez plural, si la defensa tenía  interés  en  esa  prueba ha debido solicitarla. Olvidó que el sistema procesal  penal  delimitado  en la Ley 906 de 2004 es de partes, por lo que le asistía la  carga  de  llevar al juicio los elementos probatorios que sustentaran su teoría  del caso.   

2.3.  Con todo, vale la pena recordarle que  no  se  está  ante  una  sanción  penal  por  deudas,  así  se lo hizo ver el  ad  quem  cuando sostuvo que  la  conducta  del  procesado  traspasó  el  campo del derecho civil, en cuanto no se trató simplemente de un  incumplimiento  contractual,  «pues  una  cosa es no  pagar  el  precio  de  la  recompra  y  otra,  apropiarse  de  los  semovientes,  entregados  en  tenencia  para  su  custodia y engorde, conducta constitutiva de  delito»13.   

De  otra  parte, la colegiatura dejó claro  que  en los contratos ganaderos a término (CGT) la recompra constituye parte de  su  finalidad y «era de cumplimiento por OMAR  ENRIQUE  CURZ  PINZÓN,  que  como  mandante,  sabía  que  vencido  el  término pactado debía de sufragar la suma  respectiva,  acto  que dependía exclusivamente de él y no estaba a cargo de la  mandataria         AGRONEGOCIOS        S.A.»14   

Y,  en  lo  relativo  a  la  presencia  del  operador   ganadero   y  al  perjuicio  económico  efectivo  causado,  dijo  el  fallador:   

Que  aparentemente  no  se hayan realizado  visitas  anteriores  a dicha fecha por el operador ganadero y que el arribo a la  finca   de  HÉCTOR  HORACIO  HERNÁNDEZ  ÁLVAREZ  haya  sido  para  sacar  los  semovientes,     no    desvirtúa    la    responsabilidad    de    ÓMAR  ENRIQUE  CRUZ  PINZÓN en el abuso  de  confianza,  pues  el  contrato  se venció el 5 de agosto de 2009 sin que el  acusado  efectuara  la  recompra  de los 170 machos cebú y aproximadamente tres  meses  después  no  los  devolvió,  sin  que se conozca su destino, por lo que  independientemente   del   motivo   de   la  visita,  el  delito  ya  se  había  consumado15.   

(…)  

A   pesar   de   que  a  la  Cámara  de  Compensación  de  la  Bolsa  Mercantil de Colombia S.A. recibió el valor de la  póliza  respectiva  a  Seguros  del  Estado S.A., esto no significa que no haya  sufrido  perjuicios,  pues tuvo que cancelar el valor de la recompra e intereses  a    los    inversionistas,    lo    que    representó   una   mengua   en   su  patrimonio16.   

Las   precedentes   consideraciones   son  suficientes  para  inadmitir  la  demanda y la Sala ha revisado íntegramente la  actuación  y  no ha encontrado causales de nulidad ni flagrantes violaciones de  derechos  fundamentales,  razón  por  la  cual  no  puede penetrar al fondo del  asunto oficiosamente.   

3. Al amparo del artículo 184 de la Ley 906  de  2004,  cuando  la  Sala decida no darle curso a una demanda de casación, es  procedente  la insistencia, cuyas reglas, en ausencia de disposición legal, han  sido  definidas  por  la  Sala  desde  el  año 2005 (CSJ AP, 12 dic. 2005, rad.  24322).   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala de  Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

Primero.  INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el defensor de Omar Enrique  Cruz  Pinzón  contra  la  sentencia  dictada  por  el  Tribunal    Superior    del    distrito    judicial    de    Bogotá.   

Segundo.  Conforme  al  inciso  2º  del  artículo  184 del Código de Procedimiento Penal de 2004,  procede la insistencia.   

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

Presidente  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA    DEL    ROSARIO    GONZÁLEZ  MUÑOZ   

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria    

1 Acta  visible  a  folios  5 y 6 de la carpeta y disco compacto rotulado con el número  1,  aunque  en  la  primera  se  consignó  erradamente que el indiciado aceptó  cargos.   

2  Folios 7 a 11 de la carpeta.   

3  Folios 19 y 20 Id.   

4  Folios 215 y 216 Id.   

5  Folios 253 y 254 Id.   

6  Folios 255 a 278 Id.   

7  Advirtió     que    el    a    quo    impuso una sanción mayor a la que corresponde.   

8  Folios 10 a 36 del cuaderno del Tribunal.   

9 Folio  44 Id.   

10  Folios      44      y      45      Id.   

11  Folio 45 Id.   

12  Folios      45      y      46      Id.   

13  Folios 23 del fallo y 32 del cuaderno del Tribunal.   

14  Folios 15 y 24 Id.   

15  Id.   

16  Folios 24 y 33 Id.     

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