AP2787-2015(42666)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Magistrado ponente  

AP2787-2015  

Radicación n° 42666  

(Aprobado Acta No.184)  

Bogotá,      D.C.,     veinticinco         (25)   de   mayo   de   dos  mil  quince  (2015)   

ASUNTO  

Procede   la   Sala  a  resolver  sobre  la  admisibilidad  de  la demanda de casación presentada contra la sentencia del 15  de  agosto  de  2013  emitida  por el Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Barranquilla,  que  confirmó  la  condena emitida por el Juzgado Séptimo Penal  del  Circuito  de  la  misma  ciudad en contra de Hellen Gisset Giraldo Montilla  como autora del punible de homicidio agravado.   

HECHOS  

El 27 de noviembre de 2009, a las 10:30 p.m.  aproximadamente,   la   joven   Hellen   Gisset  Giraldo  Montilla  ingresó  al  establecimiento     denominado     “El    Imperio  Persa”  de la ciudad de Barranquilla, acompañada de  una  persona  de sexo masculino, que tenía puesta una gorra y un cabestrillo en  uno  de  sus  brazos. Es de resaltar que al mencionado establecimiento, sólo se  permite el ingreso de parejas, hombre y mujer.   

Giraldo  Montilla  y  su  acompañante  se  ubicaron  en  una  de las mesas del segundo piso, donde fueron atendidos por los  meseros    Darwin    Rafael    Molina   Castillo   y   Heberto   David   Arrieta  Sánchez.   

Posteriormente se presentaron varias personas  conformándose  un  grupo,  entre  quienes  estaba  el  abogado  Teddy  Leonardo  Schmalbach  Barraza,  quien  se  instaló en una de las mesas ubicada al lado de  donde estaba la pareja.   

Antes  de  que  llegara  el segundo grupo se  observa  cómo  la  joven Hellen Gisset Giraldo Montilla, dirige su atención al  mencionado    abogado,    denota    alegría    y    se    dirige    hacia    su  acompañante.   

Aproximadamente  a  la  1:00  a.m.,  Giraldo  Montilla  recibió  una  llamada a su celular, se dirigió a la entrada al baño  donde  sostuvo  el  diálogo  telefónico  por algunos minutos, luego de lo cual  regresó donde se encontraba su acompañante.   

Seguidamente, Schmalbach Barraza se dirige al  baño,  momento  en  el  cual  el  hombre  que acompañaba a Giraldo Montilla le  propinó  un  disparo en la cabeza, que produjo su muerte instantánea, luego de  lo cual salió del lugar.   

Minutos antes Hellen Gisset Giraldo Montilla  había  salido  del  lugar  con  la  finalidad  de conseguir un taxi, en el cual  regresó  al  establecimiento  y recogió a la persona que disparó, logrando de  esta manera huir del sitio.   

De  otra parte, el homicida hizo entrega del  arma  utilizada en el crimen a la imputada Giraldo Montilla, quien la guardó en  su bolso.   

         ACTUACIÓN            PROCESAL  RELEVANTE   

El  12  de  marzo  de  2010  se  realizó la  audiencia  preliminar de legalización de captura, formulación de imputación e  imposición  de  medida  de aseguramiento consistente en detención preventiva a  Hellen  Gisset  Giraldo  Montilla,  mientras que el 8 de abril del mismo año el  representante  de  la  Fiscalía  General  de  la  Nación  presentó escrito de  acusación  en  su  contra por los delitos de homicidio agravado y fabricación,  tráfico, y porte de armas de fuego o municiones.   

El  trámite  de  la audiencia de acusación  correspondió  al  Juzgado  Primero  Penal del Circuito Adjunto con funciones de  conocimiento  de  Barranquilla,  Despacho ante el cual el 29 de abril de 2010 se  realizó  la  diligencia  respectiva. Seguidamente, el 10 de septiembre de 2010,  se cumplió la audiencia preparatoria.   

Una   vez   realizada  la  correspondiente  audiencia  pública  de  juzgamiento  en  sesiones  del  11  de noviembre y 3 de  diciembre  de  2010,  del 11 de febrero, 18 de marzo, 6 de abril, 26 de mayo, 16  de  junio,  3  y 22 de agosto, 6 y 13 de septiembre, 3, 19 y 27 de octubre, 11 y  23  de  noviembre  de 2011, se procedió a emitir el correspondiente fallo el 13  de  diciembre del mismo año, mediante el cual se condenó a la procesada citada  a  la  pena  de  cuatrocientos  dos (402) meses de prisión como responsable del  delito  de homicidio agravado, al tiempo que la absolvió por el delito de porte  ilegal de armas de fuego de defensa personal.   

De  igual  manera  le  impuso  la  sanción  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas  por lapso idéntico al de la pena privativa de la libertad y negó la  suspensión condicional de la pena.   

La  defensa  de la acusada interpuso recurso  ordinario  de apelación contra el fallo de primer grado, que fue confirmado por  el  Tribunal  Superior  de Barranquilla mediante providencia del 15 de agosto de  2013,  decisión contra la  cual,  a  su vez,  el   defensor   interpuso   el   recurso   extraordinario   de  casación,  cuya  calificación     de     la     demanda     es     el    objeto    del    actual  pronunciamiento.   

LA DEMANDA  

Tres  cargos  formula  el defensor contra el  fallo  de segundo grado, el primero de ellos con fundamento en la causal segunda  de  casación,  y los dos restantes con apoyo en la causal tercera, censuras que  desarrolla en los siguientes términos.   

Causal Segunda (Cargo Único)  

Acorde  con  lo  estipulado  en  el  numeral  segundo  del  artículo  181 de la Ley 906 de 2004, denuncia el casacionista que  la  sentencia  fue  proferida  en  un  juicio  viciado  de  nulidad,  por errada  calificación jurídica de la conducta.   

En  desarrollo de su planteamiento, advierte  que  si  bien  su  defendida  fue  imputada y acusada por el delito de homicidio  agravado,  nada  se  dijo  acerca  de  la  forma de participación, eventualidad  constitutiva  de  violación  del  debido  proceso,  ya  que  para  precisar  la  imputación  jurídica,  es  necesario referirse en debida forma a la hipótesis  delictiva con todas las circunstancias delictuales.   

Asegura  que  tener  a Hellen Gisset Giraldo  Montilla    como   coautora   “…es   inflar   la  imputación,  pues  si  lo  que  la  mujer  se dice hizo y que se le atribuye es  acompañar  al  sicario, después que este mata al ciudadano abogado, guardó el  arma  y huyó con esa persona, tal comporte no es más que una complicidad, pues  se  está  prestando una colaboración en la perpetración del reato…”.   

Sostiene que dejar de aplicar la complicidad  en   este   caso,   implicaría  hacer  desaparecer  tal  figura  jurídica  del  ordenamiento  penal,  ya que se trata en esta oportunidad simplemente de prestar  una    colaboración   o   ayuda   a   otro   para   la   consumación   de   un  punible.   

Agrega  que  la  pena  impuesta  a  Giraldo  Montilla  es  la  que  corresponde  al autor material del delito, mientras que a  ella   le   sería   aplicable   una   sanción  degradada,  proporcional  a  la  colaboración  prestada,  ya  que  sin  esta  el  delito se habría cometido, es  decir, su aporte fue accesorio, residual.   

Afirma  que  la  irregularidad denunciada es  trascedente,  pues  de haber sido condenada como cómplice, la sanción impuesta  hubiera sido inferior.   

Por último, solicitó a la Corte declarar la  nulidad  de  lo  actuado desde la audiencia de imputación, con la finalidad que  se proceda a la calificación jurídica correcta.   

Causal Tercera (Primer Cargo)  

Con fundamento en la causal tercera prevista  en  el  artículo 181 de la Ley 906 de 2004, el demandante pregona la existencia  de  un  error de derecho por falso juicio de convicción, por haber otorgado los  juzgadores   de   instancia   eficacia   demostrativa   a  tres  reconocimientos  fotográficos,  sin  hacer  la  respectivo diligencia en fila de personas, tal y  como   lo   ordena   el   artículo   252,  inciso  último,  de  la  mencionada  normatividad.   

Explica   que   los  tres  reconocimientos  fotográficos  realizados  como  actos  de  investigación  por  funcionarios de  policía  judicial  con  la  participación  de  los meseros del establecimiento  comercial  donde ocurrieron los hechos y del taxista que presta sus servicios en  los  alrededores  del  lugar,  no  contaron  con  el  reconocimiento  en fila de  personas  como su necesario y obligatorio complemento, acorde con lo previsto en  el  artículo 252 del Código de Procedimiento Penal, no obstante lo cual fueron  tenidos   como   fundamento   de   la   condena   emitida   en   contra   de  su  representada.   

Agrega  que  en esta oportunidad, para poder  dar  valor  probatorio  a  estos  elementos  de  juicio,  procedía  realizar la  identificación  en  fila  de  personas,  toda vez que la imputada se encontraba  privada de la libertad.   

Sostiene que el señalamiento fotográfico es  un  acto  de  investigación para lograr la identificación de personas, pero en  manera  alguna  constituye  prueba  directa de responsabilidad, connotación que  solo  sería  factible  adquirir  si se realiza una incriminación directa en el  curso de la audiencia de juicio.   

En  apoyo  de  su argumentación, transcribe  apartes  de  pronunciamiento de la Corte Suprema de Justicia en relación con la  omisión del reconocimiento en fila de personas.   

Causal Tercera (Segundo Cargo)  

Denuncia  el libelista la estructuración de  un  error  de  derecho  por  falso juicio de convicción, pues en su opinión la  sentencia  en  contra de su representada se fundamentó exclusivamente en prueba  de  referencia,  con  lo  cual  se  vulneró  el  artículo 381 de la Ley 906 de  2004.   

En  desarrollo  de  la  censura,  expresa el  defensor  que pese a la expresa prohibición contenida en el artículo 381 de la  Ley  906  de  2004, los juzgadores de instancia otorgaron valor probatorio a las  declaraciones  de  Darwin  Rafael  Molina, Heberto David Arrieta y Miguel Ángel  Díaz,  recogidas  como  entrevistas  por  funcionarios  de  policía judicial e  introducidas por ellos mismos al juicio oral.   

Manifiesta que las declaraciones en mención  fueron  recaudadas  por  personal  de  la policía judicial por fuera del juicio  oral, sin contar con la participación de la defensa.   

Agrega  que  no  obstante  las  personas que  rindieron   las   mencionadas  entrevistas  concurrieron  al  juicio  oral,  tal  eventualidad  no les quita el carácter de prueba de referencia, en razón a que  “…es  necesario  escindir el dicho en entrevistas  con  la declaración escuálida y exigua que se dio en vigencia del juicio oral,  ya  que el contenido de ambas declaraciones en nada converge, no son coherentes,  son  desarmónicas,  mucho  menos  concordantes, pues mientras en entrevistas se  hace  señalamientos,  durante  el juicio, no la reconoce, dicen que ella no es,  no    la    señalan,    la    excluyen   de   toda   participación…”.   

Afirma  que  la  irregularidad denunciada es  trascendente,  en  razón  a  que  al  excluir las mencionadas declaraciones, no  existiría  prueba  que  permita emitir condena en contra de su representada, ya  que  los  videos  introducidos  por  los  funcionarios  de policía judicial son  inidóneos  y  no  conducen a concluir responsabilidad, ya que las imágenes son  borrosas.   

Concluye  que  la  condena  en  contra de la  acusada  tuvo  lugar con ocasión de los errores en la valoración probatoria en  que incurrieron los funcionarios de instancia.   

Por  último, solicita a la Corte Suprema de  Justicia  casar  la  sentencia  impugnada,  declarar la nulidad de la actuación  desde  la formulación de imputación “…y/o dictar  el  fallo  que  en  derecho corresponda luego de declarar fundada las causales y  cargos con los cuales se acusa…”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Según  lo estable el artículo 181  de  la  Ley 906 de 2004, el recurso de casación es un  mecanismo  de  control  tanto  constitucional como legal, que procede contra las  sentencias   proferidas   en   segunda   instancia   y   que,   de  acuerdo   con   lo   señalado   en  el  artículo  180  del  mismo  ordenamiento,  tiene como  propósitos:   

     

i. la efectividad del derecho material,   

ii. el    respeto    de    las   garantías  fundamentales,   

iii. la  reparación de los agravios inferidos  y   

iv. la      unificación      de      la  jurisprudencia.     

En    dicha   finalidad,   la   Corte  Suprema  de  Justicia  se  encuentra  facultada  para  no seleccionar la demanda a  pesar  de  colmar  las exigencias legales, o por el contrario, para superar  sus  defectos  y  decidir  de fondo cuando los fines de la  casación,          fundamentación  de los mismos, posición   del   impugnante   dentro   del   proceso,   e   índole  de  la discusión lo ameriten, sin  que    ello   implique,   desde   luego,   que  el  escrito  mediante  el  cual  se  interpone  el  recurso  sea de libre configuración  y  desprovisto  de  todo  rigor,  o  que  tenga  como  finalidad  abrir  un  espacio  procesal  semejante  al  de  las  instancias para  prolongar   el   debate   respecto   de   puntos   que   han   sido  materia  de  controversia.   

En  tales  condiciones,  dada la naturaleza  extraordinaria  del  recurso de casación, quien acude  al  mismo  debe  ceñirse a  determinados  requerimientos  sistemáticos basados en  la  razón  y en la lógica  argumentativa,  atinentes  a la observancia de coherencia, precisión  y  claridad  en  el  desarrollo  de  cada  uno  de  los  reparos  efectuados,   y   desarrollarlos  conforme   con  las  causales  de procedencia previstas en el artículo 181  del  ordenamiento  procesal, en aras de persuadir a esta Corporación  de  revisar el fallo de segunda instancia con el fin de corregir  el pronunciamiento que se revela contrario a derecho.   

En  el  asunto que ocupa la atención de la  Sala,  lo  primero  que  se  advierte es que la demanda no cumple los requisitos  para  ser seleccionada porque el libelista, además de no demostrar que el fallo  es  necesario  para  cumplir alguna de las finalidades de la casación, tema que  ni  siquiera  menciona,  tampoco  expresa  el  fundamento  de  los  aspectos que  reprocha.   

En  efecto, no tuvo en cuenta el demandante  que,  acorde  con lo previsto en el artículo 180 de la Ley 906 de 2004, resulta  necesario  que el escrito aborde en acápite separado la explicación respecto a  qué  se  pretende con el recurso extraordinario, esto es, si la efectividad del  derecho  material,  el  respeto  de  las  garantías  de  los intervinientes, la  reparación  de  los  agravios  inferidos  a  estos,  o  la  unificación  de la  jurisprudencia.  No cumple el libelista en esta oportunidad con dicha exigencia,  circunstancia que por sí sola amerita el rechazo de la demanda.   

Adicionalmente,  es evidente la ausencia de  claridad  y  precisión  de los cargos, en cuanto omitió un adecuado desarrollo  de   los   mismos,   según   pasa  a  evidenciarse  respecto  de  cada  uno  de  ellos.   

Causal Segunda (Cargo Único)  

Resulta  evidente  que  la postulación del  primer  cargo  acusa  deficiencias  de  orden técnico y de fundamentación, los  cuales  dan  al  traste  con  la pretensión del recurrente para que se anule la  actuación.   

        Reiteradamente    ha    sido   dicho   por   la   Corte,   que   la  casación   no   es   instancia   adicional   en  la  cual  puedan ser presentados informalmente  argumentos   de  disentimiento  contra  los  fallos  de  segunda  instancia,  ni  constituye  una prolongación del juicio donde resulte  posible    continuar    el    debate    fáctico   y  jurídico     propio     del     trámite regular del proceso.   

        Su  planteamiento  ha  de  obedecer a la  denuncia  y  demostración de haber sido transgredida  la  ley  con el fallo, y el escrito a través del cual  se  ejerce  debe cumplir rigurosos requisitos de forma y contenido, establecidos  por    el    Código    de   procedimiento   penal,  entre los que se encuentra  la  obligación de presentar de forma clara y precisa  los   fundamentos   fácticos   y  jurídicos  del  motivo  de  casación que se  aduce.   

En   esta  oportunidad  la  censura  se  postula  como  nulidad  por  infracción al debido  proceso,  mas  dicha  acusación  no encuentra un sustento argumentativo claro y  preciso,  por  cuanto  simultáneamente  el  recurrente  se  refiere  a diversas  falencias,  algunas de las cuales tendrían otra vía de ataque, todo lo cual se  agrava  con  la  ausencia  de  desarrollo  técnico  de tales manifestaciones de  inconformidad.   

Así, pareciera en principio que el reproche  lo  es  por un posible defecto de motivación de la formulación de imputación,  de  la  acusación  y de las sentencias de instancia, en cuanto se argumenta que  “…el     encuadramiento    típico…”   fue   erradamente   elaborado,  ya  que  al  comportamiento  atribuido  a  su  defendida  se  le  dio la denominación jurídica de homicidio  “…pero   nada   se   dijo   sobre  la  forma  de  participación…”,  es  decir que no se precisó la  hipótesis   delictiva  con  las  consecuencias  delictuales  “…que   permitan   un   decrecimiento  de  las  consecuencias  de  la  pena…”,  pero  aun  así se desconoce cuál sería  esa  inconsistencia,  habida  cuenta que el casacionista se refiere unas veces a  que  la  motivación  no  existió  o,  en  otras,  que  no  fue  clara  por  no  distinguirse   entre  la  calidad  de  autora  o  cómplice  en  que  actuó  su  representada,  o  que  no  fue  suficiente,  aspectos  que  sin  duda concernía  precisar  porque  no  de  otra  manera  sería  posible  establecer  la supuesta  transgresión a las mencionadas garantías.   

Pero  además plantea en el mismo reparo el  impugnante  cuestionamientos  que  hacen  relación  a  la  errada calificación  jurídica,  al parecer por encontrarse en desacuerdo con que los funcionarios de  instancia  hayan  encontrado  satisfechas  las  exigencias  para  atribuirle  la  calidad de autor, en lugar de la de cómplice en el homicidio.   

Así,  el  censor  no  sólo  se abstuvo de  precisar  el  tipo  de  irregularidad invocada, sino que además en parte alguna  acreditó su existencia y mucho menos su trascendencia.   

Lo anterior por  cuanto   la   censura   planteada   por  ausencia  de  motivación  no  pasa  de  un  simple  comentario general y de la intención del  libelista   de   cuestionar   la   valoración   probatoria  realizada  por  los  funcionarios  de  instancia,  que  denota  un  claro  alejamiento de la técnica  decantada  tras  largos  años  por  la  Corte Suprema de Justicia, a la cual no  escapa  la  causal  segunda de casación, así respecto de ella se admita cierta  libertad  en  su  proposición  y desarrollo, por cuanto es obligado atender los  principios  que  gobiernan la materia de nulidades, como son los de taxatividad,  prioridad,  convalidación,  instrumentalidad  de  las  formas,  trascendencia y  residualidad.   

Por   ello,   corresponde  al  demandante  demostrar  que  la  irregularidad  cometida  durante  el  trámite del proceso e  inadvertida  en  el  fallo,  incide  de  tal manera que para remediarla no queda  ninguna  alternativa  distinta  a  invalidar  las  diligencias,  es  decir, debe  demostrar  la  trascendencia  directa  del error en el fallo y que de no haberse  consolidado,  el  desarrollo  de  la actuación como probabilidad habría podido  ser otro y distinta la decisión adoptada.   

Este ejercicio está ausente en el discurso  del  casacionista  y  simplemente  considera que se equivocaron los funcionarios  cuando  omitieron  atribuir  a  su  representada  responsabilidad  a  título de  cómplice.   

Aducir  la  ausencia  de motivación con la  simple  excusa  del  convencimiento  personal de que otro era el mérito que del  elemento  probatorio  se desprendía, como lo intenta infructuosamente el actor,  es  conectar  prácticas  propias  de  la  instancia  proscritas  en  el ámbito  casacional,  en  cuanto  sólo responden a una subjetiva y personal apreciación  de  las pruebas, de modo que se impone negar toda vocación de prosperidad a los  cargos,  por  evidentes  yerros técnicos y carencia de fundamentación válida.   

Si    por    el    contrario,    la  intención  del  libelista  era  la  de  discutir la  calificación   de   los  hechos,  debió  tener  en  cuenta  que  si bien la  consecuencia  de  tal  eventualidad  puede  ser  la  nulidad  de  lo actuado, el  desarrollo  argumental  reclama  acudir  a  la  vía  directa  de  violación de la ley o a la indirecta de  errores   de   hecho   o   de   derecho,  pues,  es  necesario  demostrar que a ello se llegó  por  el  camino  de  inaplicar  o aplicar indebidamente la norma  sustancial  que  rige  el  caso,  o  por  el  sendero  de  errar  en  el  examen  probatorio.   

         Este  derrotero, ampliamente señalado por la jurisprudencia de esta  Corporación,  no  es  cumplido  por  el  defensor  de  la procesada  Giraldo Montilla, quien omite especificar  la  manera  como  el Tribunal llegó a incurrir en la errada calificación de la  conducta  imputada,  pues  no  es  expreso  en  indicar  si  fue  directamente a  consecuencia   de   no   haber   acertado   en   la  selección,  aplicación  o  interpretación  de  determinado  precepto sustancial, o por la vía indirecta a  través  de errores de hecho o de derecho en la apreciación probatoria, ninguna  de  cuyas  hipótesis  concreta, y que la Corte no puede suponer sin transgredir  el principio de limitación que gobierna su actuación.   

   

Tan  precaria  es  la forma de abordar el  tema  por  el  defensor,  que  se  limita a sostener que desde los albores de la  investigación se omitió  hacer    referencia    alguna    a    la    forma    de    participación,  dejando  de  lado  el  análisis  probatorio  realizado  por  los  juzgadores de  instancia  y  el  examen  de  las  normas  jurídicas  aplicadas,  aspectos  con  fundamento  en  los  cuales  concluyeron  que  la  acusada  es  responsable  del  mencionado punible en calidad de coautora.   

No  puede  admitirse,  entonces, adecuada  sustentación  del  cargo  la  controversia  que  el  demandante  quiere  plantear  a  partir  de  manifestar  su inconformidad con lo  decidido  en  las  instancias, en cuanto es obvio que la propuesta casacional no  se  refiere  a  que los falladores hubieren incurrido  en  yerro  alguno,  sino  a que no comparte  el  demandante  la  determinación  adoptada.   

Basta  observar la motivación  que  contiene  el  fallo  de  segundo  grado  en  punto  de  la  materialidad    del    delito    y   la   responsabilidad   atribuida  a  la  acusada,  para  verificar  que  la  decisión   no   viene   signada   porque   se   desconozca  su  grado  de  participación  en  los hechos, eventualidad que fue  debidamente  acreditada  por  los funcionarios de instancia una vez contrastadas  las    diferentes    pruebas   obrantes  en la actuación, sin que la distinta  visión  del  contexto  dentro  del cual se ubica la  participación     de  Giraldo  Montilla implique  el    yerro    presentado   como   rótulo  del  cargo, y, por tanto, queda sin  piso  su  alegación  de  nulidad  por  errónea  calificación  jurídica de la  conducta  imputada  a  su  asistida,  pues  es  lo  cierto  que  contrario  a la  particular  apreciación  del  recurrente,  ésta  no  sólo  tenía  claros los  propósitos   perseguidos   por   la   acción   ejecutada,  sino  que  realizó  contribuciones  importantes al plan común propuesto con división de funciones,  lo  cual la ubica como coautora del homicidio, según acertadamente se calificó  su  conducta  por  los  juzgadores de instancia, en tanto que, ha sido visto, de  comienzo  a  fin concurrió a la efectiva realización del punible por el que es  procesada.   

         En   este  sentido,  ha  de  reiterar  la  Sala  que,  contrario  al  planteamiento  del recurrente quien pretende que se descarte la coautoría de su  representada  en  el homicidio sólo porque no intervino directa y materialmente  en  la  ejecución  del  disparo  que  acabó  con  la  vida  de  Teddy Leonardo  Schmalbach  Barraza, los actuales desarrollos dogmáticos y jurisprudenciales se  orientan   por  reconocer  como  característica  de  la  denominada  coautoría  impropia,  que  cada  uno  de  los sujetos intervinientes en el hecho punible no  ejecutan  integral  y materialmente la conducta definida en el tipo, pero sí lo  hacen  prestando  contribución  objetiva a la consecución del resultado común  en  la que cada cual tiene dominio funcional del hecho con división de trabajo,  cumpliendo  acuerdo  expreso  o tácito, y previo o concurrente con la comisión  del  hecho, sin que para la atribución de responsabilidad resulte indispensable  que  cada  interviniente  lleve  a  cabo  o  ejecute  la  totalidad del supuesto  fáctico  contenido  en  el  tipo  o  que  sólo  deba  responder  por el aporte  realizado y desconectado del plan común.   

         Este  precisamente fue el criterio de los funcionarios de Instancia,  al  precisar el Juez a quo, que “…Es cierto que la  joven  HELLEN GISET GIRALDO MONTILLA, no es quien dispara el arma de fuego, pero  a  efectos  de  atribuirle la conducta a título de coautora no es necesario que  haya  accionado directamente el arma de fuego, pues encaja su accionar en lo que  se  ha  denominado  coautoría material impropia, y ella acompañó a la persona  que  disparó  desde  mucho  antes que se consumara el homicidio, como que llega  con  la persona que dispara el arma de fuego desde las diez y media de la noche,  esperan  a la víctima que llega mucho después, y en el establecimiento estaban  ubicados  en  mesas  contiguas,  cuando  llegan  se observa que la mujer expresa  alegría  cuando  llega el grupo en el que estaba la víctima, y rauda se dirige  hacia  su  mesa  donde  estaba  la persona que finalmente dispararía el arma de  fuego  sobre  la  humanidad de la víctima, sale con él, es ella quien busca el  taxi  y se regresa a recoger a esa persona que disparó, y es ella quien lo saca  del   lugar,  son  labores  propias  de  autor,  y  no  de  mero  cómplice.  Su  participación  coadyuvó  a  la  conducta desde el punto de vista subjetivo, en  cuanto  le  dio  mayor valor a su acompañante, sin ella el hombre nunca hubiera  podido  cometer  el homicidio en ese lugar, como que sólo se permite el ingreso  de  parejas, hombre y mujer, como lo dijo uno de los testigos, y aún si ello no  hubiere  sido  así,  esa persona sólo en el lugar durante tanto tiempo hubiese  llamado        mucho        la       atención       hacia       él…”.     

Adicionalmente,  no  sobra  resaltar que el  aspecto  específico  a  que  se  refiere  el  casacionista,  esto  es la errada  calificación   jurídica   de  la  conducta,  no  fue  objeto  del  recurso  de  apelación,  razón  suficiente  para  que  el  Juez Colegiado no se pronunciara  sobre  el  tema  debido  a  que  no se le propuso, y por consiguiente no podría  asegurarse  que incurrió en algún desatino, porque su competencia es funcional  y,  en  razón  de  ello,  se  limita  a  decidir los aspectos planteados por el  recurrente.   

Entonces    ante    la    defectuosa  formulación  del  cargo  y  la sinrazón  de  éste,  no cabe más          alternativa         que         su         inadmisión,  por  cuanto  en  sede de casación no  basta  solamente  con  invocar  la  existencia  de un motivo de ineficacia de lo  actuado,   sino   que   además  compete  al  demandante  precisar  el  tipo  de  irregularidad   que   alega,   demostrar   su  existencia,  acreditar  cómo  su  configuración  comporta un vicio de garantía o de estructura, y, acaso lo más  importante,  demostrar  la  trascendencia  del yerro para afectar la validez del  fallo cuestionado.   

Causal Tercera (Primer Cargo)  

Como  quiera  que  la  censura se orienta a  denunciar  el  “…manifiesto desconocimiento de las  reglas  de  producción  y apreciación de la prueba sobre la cual se ha fundado  la  sentencia…”,  no sobra recordar que dicho tipo  de   desacierto   corresponde   a  la  forma  indirecta  de  violación  de  las  disposiciones  de  derecho  sustancial,  que se configura cuando el sentenciador  incurre  en  errores  en  la apreciación de los medios de prueba, los elementos  materiales  probatorios o la evidencia física, yerros que pueden ser de hecho o  de derecho.   

Invoca  el  libelista la estructuración de  errores  de  derecho,  que como es sabido, implican la apreciación material del  medio  de conocimiento por parte del juzgador, quien lo acepta no obstante haber  sido  aportado  al juicio, o practicado o presentado en éste, con violación de  las  garantías  fundamentales o de las formalidades legales para su aducción o  práctica;  o  lo  rechaza  y  deja  de  ponderar  porque  a pesar de haber sido  objetivamente   cumplidas,   considera  que  no  las  reúne  (falso  juicio  de  legalidad),   

De  igual  manera,  aunque  de  restringida  aplicación  por  haber  desaparecido  del  sistema procesal la tarifa legal, se  incurre  en  esta  especie  de  error  cuando  el  juzgador  desconoce  el valor  prefijado  al medio de conocimiento en la ley, o la eficacia que ésta le asigna  (falso     juicio    de    convicción).   

En esta oportunidad, el casacionista censura  que  los  juzgadores  de  instancia  hubieren  incurrido en error de derecho por  falso  juicio  de  convicción,  por haber otorgado eficacia demostrativa a tres  reconocimientos  fotográficos  en  que  se  señala  a  Hellen  Gisset  Giraldo  Montilla  como  una  de  las  personas  que  intervino en el delito de homicidio  materia  de  investigación  y  juzgamiento,  pese  a  que  no  se  realizó  el  respectivo  reconocimiento  en  fila  de personas, según lo ordena el artículo  252, inciso último, de la mencionada normatividad.   

El  error  de  derecho  por falso juicio de  convicción,  ya  se  anunció  anteriormente,  se produce cuando se aprecia una  prueba  contraviniendo  el  predeterminado  mérito  que  le  fija  la ley. Para  demostrarlo  el  actor  debe identificar el medio de convicción afectado por el  yerro,  precisar  la  preceptiva  legal  que  le  asigna  un  específico valor,  determinar  la trascendencia que tuvo la incorrecta apreciación en la decisión  impugnada  lo cual conlleva la necesidad de demostrar que el fallo atacado no se  mantiene  con  otros  elementos  de  juicio  y,  adicionalmente,  le corresponde  establecer  la  forma  como  se  violó  la  ley  sustancial  con  el defecto de  apreciación,  bien  por  falta de aplicación o por aplicación indebida de una  norma de derecho sustancial.   

Es  evidente  que  los  reconocimientos  fotográficos  en  que  se  funda  la  alegación del casacionista efectivamente  fueron  valorados  por  los  juzgadores  de  instancia, pero en manera alguna es  dable   admitir   que   los  mismos  tengan  asignada  una  tarifa  específica,  según  se sugiere en la  demanda.   

Lo  anterior  por  cuanto  si  bien  el  artículo  252  de  la Ley 906 de 2004 establece determinadas exigencias para la  realización  de  esta  diligencia y regula el procedimiento que se ha de seguir  para  el  efecto,  ello  no  implica  como  contrapartida  que  el juzgador deba  concederle   un   valor  probatorio  específico,  sino  que  por  el  contrario  ha  de  apreciar  dicho  elemento  de  juicio  de manera articulada o en conjunto con las demás pruebas,  según  lo  previsto  en el artículo 380 de la mencionada normatividad procesal  penal.   

         Ciertamente  las  diligencias  de  reconocimiento  fotográfico y en  fila  de  personas  aparecen reguladas en los artículos 252 y 253 de la ley 906  de  2004,  por  tratarse  de  uno  de  los métodos legalmente establecidos para  identificar  los autores o partícipes de una conducta materia de investigación  por  la  Fiscalía  en los casos en que no se tiene certeza de quién o quiénes  son exactamente esos imputados.   

         Tampoco  ofrece  incertidumbre el hecho relativo a que, según estas  disposiciones,  en los eventos en que no se tiene certeza sobre la identidad del  autor  de  un determinado comportamiento, el solo reconocimiento fotográfico no  resulta   suficiente  para  dotar  de  eficacia  demostrativa  el  señalamiento  realizado  ante  los  investigadores por la víctima o el testigo, motivo por el  cual  es  indispensable  que  durante  la fase de investigación se practique la  diligencia   de   reconocimiento   en   fila   de   personas  “…en   caso   de   aprehensión   o   presentación   voluntaria  del  imputado…”,  como  condición  para  confirmar  la  identificación fotográfica llevada a cabo.   

         Sin  embargo,  el  alcance  que  ha  de  otorgarse  a  los  aludidos  preceptos,  debe  consolidarse  en  su real dimensión, pues en manera alguna el  condicionamiento  en  cuestión  implica  que  en  todas  las  oportunidades sea  obligatorio  practicar ambas diligencias, esto es el reconocimiento fotográfico  y  el reconocimiento en rueda de personas, toda vez que en esta materia también  operan  los  criterios  de razonabilidad, conducencia, pertinencia y utilidad de  la actividad investigativa.   

         Así  lo  ha  expresado  la  Sala  en  anteriores  oportunidades, al  puntualizar específicamente que:   

“…No  está  indicando   la   ley,   no  sobra  advertirlo,  que  en  todos  los  eventos  de  investigación  criminal  resulte  obligatorio  practicar  ambas diligencias, el  reconocimiento  fotográfico y el reconocimiento en rueda de personas, ya que en  tal  aspecto  también  operan  los  criterios  de  razonabilidad,  conducencia,  pertinencia  y  utilidad de la actividad investigativa; de otro modo no tendría  sentido  que  la ley radique en cabeza del fiscal la elaboración de un programa  metodológico en la labor de investigación.   

En  este  sentido cabe resaltar que si el  autor   del  comportamiento  criminal  ha  sido  sorprendido  o  aprehendido  en  situación   de   flagrancia,  o  la  identificación  ha  sido  suficientemente  realizada  a través de alguno o varios de los otros métodos autorizados por la  ley  (art.  251),  o  se  trata de una persona conocida por la víctima o por un  testigo  presencial, o el indiciado o imputado ha admitido su responsabilidad en  el  hecho,  o  de  manera  casual  o  fortuita  sea la víctima o sea el testigo  presencial  quienes  se  encuentran  con  el autor o autores del hecho delictivo  investigado,  resulta evidente que en dichos eventos, esto es, en los que no hay  dudas  sobre  la identidad del indiciado,  obviamente la identificación se  entiende   lograda,  de modo  que en tales hipótesis la diligencia de  reconocimiento  fotográfico  o  en  fila  de personas, según el caso, resultan  superfluas…” (Corte Suprema de Justicia. Sala de  Casación   Penal.   Sentencia   del   29   de   agosto   de   2007.   Rad.  No.  26276).   

Confrontado  el alcance y la manera como se  debe  perfilar  la  denuncia  de  un falso juicio de convicción con el reproche  ensayado  por  el  demandante,  sin dificultad se advierte que esta modalidad de  error  de  derecho  no  era  posible  que  fuera invocada por el actor, pues con  claridad  se observa que simplemente persigue cuestionar el poder suasorio, esto  es,   el  convencimiento  que  despertó  en  el  juzgador  las  diligencias  de  reconocimiento fotográfico.   

Adicionalmente,  no demostró el demandante  la  incidencia  del yerro denunciado en la sentencia, finalidad que sólo podía  alcanzar  confrontando  el  conjunto  de  los elementos de persuasión en que se  basa  la sentencia impugnada con los estimados conforme lo fija la ley, en orden  a  evidenciar su influencia en la declaración de justicia contenida en el fallo  atacado  por  vía  del  recurso de casación y acreditar que la prueba de cargo  pese  a  su insularidad quedaba débil y carente de fuerza probatoria, ejercicio  ausente  en el discurso del casacionista, limitando su cuestionamiento a la mera  enunciación.   

El  recurrente  asume meramente una postura  propia  de  un  alegato  de  instancia,  con  el manifiesto propósito de restar  mérito  o  fuerza  probatoria a la versión de los testigos que incriminan a su  defendida,   doliéndose   del  grado  de  credibilidad  que  le  otorgaron  los  juzgadores  de  instancia  y  así  en esa forma opone su particular concepción  probatoria  a  la  apreciación  de  la sentencia, con la pretensión de hacerla  valer  por  encima  de  la  efectuada por el juzgador, olvidando que ese tipo de  discrepancias   no  resultan  viables  en  sede  de  casación,  dada  la  doble  presunción  de  acierto  y legalidad de que está revestido el fallo de segundo  grado,  a cuyo tenor el criterio apreciativo del Tribunal prevalece sobre el del  recurrente,  a  menos  de  demostrarse  mediante  la  fundamentación propia del  ataque  seleccionado  la configuración de algún yerro trascendente, lo cual no  acontece en el presente evento.   

Desde   esta   perspectiva,   el  cargo  será   inadmitido  no  sólo   por  la  evidente  ausencia  de  claridad  y  precisión  de  su  planteamiento  y desarrollo, sino  además  porque  el  censor  no ofreció  ninguna  razón  que  justifique  la  finalidad  perseguida, a la luz del artículo 180 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  y  porque    del    contexto    argumentativo    que    presenta    la  impugnación  se  advierte  con  claridad  que no se  precisa   de   la   intervención  de  la  Sala  de  Casación  para  hacer  efectivo el derecho material  que persigue el libelista.   

Causal Tercera (Segundo Cargo)  

Denuncia en esta oportunidad el libelista la  estructuración  de un error de derecho por falso juicio de convicción, pues en  su   opinión   la  sentencia  en  contra  de  su  representada  se  fundamentó  exclusivamente  en  prueba  de  referencia,  toda  vez  que  los  juzgadores  de  instancia  otorgaron  valor  probatorio  a  las  declaraciones  de Darwin Rafael  Molina,  Heberto David Arrieta y Miguel Ángel Díaz, recogidas como entrevistas  por  funcionarios de policía judicial e introducidas por ellos mismos al juicio  oral,   con   lo   cual   se  vulneró  el  artículo  381  de  la  Ley  906  de  2004.   

Concretada en tales términos la censura, es  claro  que  no  está  llamada  a  prosperar,  toda  vez  que el censor parte de  supuestos  errados y concepciones que no se avienen a la naturaleza del reproche  propuesto.   

Lo   anterior   en  cuanto,  según  lo tiene decantado la Corte en  criterio   que   constituye  línea  jurisprudencial  pacífica   por  haber  sido  reiterado  en  varias  oportunidades       “…la       prueba  de  referencia  es  toda  declaración  realizada fuera del  juicio  oral y que es utilizada para probar o excluir uno o varios elementos del  delito,   el   grado  de  intervención  en  el  mismo,  las  circunstancias  de  atenuación  o  de  agravación  punitivas, la naturaleza o extensión del daño  irrogado,  y  cualquier otro aspecto sustancial objeto del debate, cuando no sea  posible   practicarla   en   juicio…”1, concepto al  que  en  manera  alguna  se  amoldan  los testimonios que el censor cuestiona de  Darwin  Rafael  Molina,  Heberto  David  Arrieta  y  Miguel Ángel Díaz, por la  sencilla   razón   que  estas  personas  concurrieron  al  juicio  oral  y  sus  declaraciones fueron escuchadas y controvertidas en tal escenario.   

Ahora   bien,   si   la   intención  del  casacionista  es  cuestionar  la  valoración  efectuada  por  los juzgadores de  instancia  a  las  entrevistas  rendidas por Darwin Rafael Molina, Heberto David  Arrieta  y  Miguel  Ángel  Díaz,  y  que  fueran  introducidas  al juicio oral  oportuna  y  legalmente,  se  trata igualmente de un aspecto claramente definido  por la Corte, al expresar que:   

“…Aunque  conforme  al  último  inciso  del  artículo  347  de  la  Ley  906 de 2004, la  información  contenida  en  las  entrevistas  o  declaraciones juradas no puede  tenerse  como  prueba, se trata de una prohibición hecha por el legislador bajo  el  supuesto  de  que  sobre  ellas  no hayan ejecutado las partes el derecho de  contrainterrogar.  Pero  si  lo  han  ejercido,  las  manifestaciones anteriores  utilizadas  para la impugnación de credibilidad se integran al testimonio junto  con  las  explicaciones  aducidas por el declarante en torno a las razones de su  contradicción.   Así   quedan   satisfechos,   respecto  al  contenido  de  la  exposición   anterior,   los   principios   de   inmediación,   publicidad   y  contradicción,  pudiendo  en tales condiciones valorar el Juez la integridad de  lo dicho.   

Lo  declarado en el juicio oral -entonces-  con  inmediación  de  las  manifestaciones  contradictorias  anteriores  que se  incorporan   a   éste,  junto  con  las  explicaciones  aducidas  al  respecto,  permitirán  al  juzgador  contrastar la mayor veracidad de unas y otras, en una  apreciación  conjunta  con  los  restantes  elementos de juicio incorporados al  debate público.   

El criterio de la Corte antes sintetizado,  reafirmado  en la sentencia de casación del 8 de noviembre de 2007 (radicación  26411)  y  más  recientemente  en  el  auto de casación del 20 de mayo de 2009  (radicación  31127),  guarda  perfecta correspondencia con la solución legal y  jurisprudencial    dada   al   problema   en   Puerto   Rico   y   los   Estados  Unidos.     

El profesor Ernesto Chiesa, efectivamente,  al examinar el tema escribe:   

“La   admisibilidad   de   cualquier  declaración  anterior  del  testigo como prueba sustantiva, tanto bajo la regla  federal  como  bajo  la  Regla 63 de Puerto Rico, supone que el testigo en corte  esté  sujeto  a contrainterrogatorio en relación con la declaración anterior.  Si  se  trata  de evidencia sustantiva contra un acusado, esto es imperativo del  derecho  constitucional  a  confrontación.  El  testigo  debe  estar  sujeto  a  contrainterrogatorio  no  sólo sobre lo declarado en directo en el juicio, sino  también  sobre  la  declaración  anterior  y  las  circunstancias  en  que  se  hizo”.   

“Más  adelante  el tratadista, luego de  referirse al caso Estados Unidos contra Owens, expresa:   

“Tras  Owens, si el testigo admite haber  hecho  la  declaración  y  contesta preguntas sobre las circunstancias bajo las  cuales    se    produjo   la   declaración   anterior,   ésta   es   admisible  independientemente  de que el testigo testifique que la declaración anterior es  verdadera,  falsa  o no recuerda sobre los hechos”.   

Igualmente  en  decisión de agosto 10 de  2010,    Rad.    34258   se   reiteró    y    afirmó   que   “Para     la     Sala   es   claro  que  la  contemplación  de   prueba   testimonial  no  tiene  un  referente  exclusivo,  único  y  excluyente, circunscrito a la  actitud  del  testigo  (fuente  primaria  del  conocimiento de los hechos) en la  audiencia de juicio oral y público.   

“En  síntesis:  No  es  regla  del  pensamiento judicial  penal  (tarifa  probatoria negativa) predicar que si  el  testigo  que  ayer imputó ante el órgano   de  investigación  y  hoy  se  retracta   o   nada   contesta   en   el   juicio,   por  esa  razón  le  imprima  un sentido absolutorio a la sentencia.  Dicho  de    otra   manera,   el   juez   tiene  el  deber  constitucional  y  legal  de  apreciar  las  pruebas  válidamente   aducidas  al  proceso  y  fallar  en  justicia,    de   conformidad   con   el   sistema   de   persuasión  racional con apoyo en los medios probatorios con los que cuenta  el proceso.   

“Es factible  apreciar  la  credibilidad  del dicho del renuente a  partir  del  diálogo que  ofreció    durante    el   proceso   desde  el  momento  del recaudo del elemento material probatorio y  evidencia  física  legalmente aceptado en el juicio  (art.  275 ib.);  es viable apreciar   la  versión  (incluso  la  actitud  pasiva   del   testigo   en  la  audiencia  de  juicio  oral  y  público)   y   confrontarla   con  aquella  que  rindió     ante     el     órgano     de  indagación      e     investigación  para  hacer  inferencias  absolutamente válidas, puesto que se  trata  en  síntesis  de  apreciar  un medio de conocimiento legítimo, de cara  a  los  criterios  de  apreciación de cada prueba en  concreto (testimonial, documental, etc.).   

“Por ello, el  concepto  de  prueba  testimonial como medio del conocimiento no es de cobertura  restrictiva;  no  se  puede entender cómo,  si  el  testigo  directo,  en la audiencia del juicio oral se  retracta  o  guarda  silencio,  entonces de nada valen las imputaciones que hizo  ante   el   órgano   de  investigación  o de indagación, las evidencias que  suministró   y   que   fueron  aportadas          legítimamente    por    el    testigo    de   acreditación   que   también   declara   en  el  proceso.   

“La esencia  del    proceso    constitucional    –   penal   es   acceder  al  valor  justicia,  en  síntesis,   porque   se  trata  de  un  proceso  de  búsqueda  de  la  verdad  que  tiene  por finalidad hacer  prevalecer el derecho sustancial sobre el derecho formal…, se  trata de hacer justicia material en cada caso.   

“Es palmario  que  si  ante  el  órgano de indagación  e  investigación dijo una cosa y en  la  audiencia  de juicio oral y público dijo otra (u  optó  por  no responder  absolutamente        nada       –aquí         algún   testigo   tuvo  esa  actitud),  el  testimonio   como  evidencia  del  juicio  que  es,  articulado   con   la  evidencia   que   se   suministre   al  proceso  (entrevista,  documento,  acta,  reconocimiento,  video,  etc.),  y  con  el dicho del  órgano de investigación  e  indagación  (Policía  Judicial,  experto  técnico  o  científico,   testigo   acreditado,   etc.),   ofrecen   de   hecho   un  diálogo   a   partir   del  cual  es  legítimo  hacer   inferencias   probatorias  a  la  luz  de  la  contemplación  material  de  la prueba testimonial,  documental,      etc..       ¡Esa es la esencia del papel del juez!.   

“Hay eventos  de  múltiples sesiones en las que el testigo afirma  una  cosa  en  una  sesión y en otra se retracta, se  olvida,  se  torna  escurridizo,  etc.;  una versión  puede    tener    más   de   un   referente,    la    que    ofreció   el  entrevistado      ante      un     órgano     de  indagación      e     investigación es una de ellas.   

“La  máxima    virtud    del    buen    juez   es   la  apreciación correcta de la prueba para proferir una  decisión     que    sea    expresión  adecuada  de  la  justicia material.   

“Si   la  persona    que    representa    al    órgano   de  indagación      e     investigación   se  acredita  como  testigo  y  aporta  evidencias  legalmente  suministradas  por  la  fuente primaria del conocimiento, acude al juicio oral y  rinde  una  versión coherente, seria, demostrable de  los  hechos  objeto  del  proceso  penal,  su  aporte tiene la validez de la prueba en el juicio porque es  un testigo de oídas.   

“El proceso  penal  es  y  sigue siendo un proceso dialógico y la  esencia  del  papel del juez radica en auscultar la credibilidad de todos  los  medios  de  conocimiento  legalmente establecidos (pruebas directas, documentos,  testimonios   directos   e  indirectos,  videos,  cintas  magnetofónicas,   pruebas   de   referencia,   inferencias  lógicas,   etc.)   todo   ello  dentro  del  marco  de  la   Constitución,   la   ley  y  el  respeto  de los derechos  fundamentales.   

“Por ello, la  Sala  expresa  su  criterio en el sentido de que las  pruebas  legalmente  aducidas  a  la audiencia del juicio oral y público  por el representante del Órgano  de    Indagación    e   Investigación  a  través de testigos de  acreditación,  después   de   aportadas   legítimamente  y  puestas  a  la  orden  de  la  controversia,  son  pruebas  del  proceso  y  por  consiguiente  apreciables  según  los  criterios de  cada  medio  de convicción, tanto como el testimonio  de   persona  renuente,  cuya  contemplación   material  es  susceptible  de  conjurarse  con la versión que suministre el testigo  de              acreditación…”.  (Corte  Suprema  de Justicia.  Sala     de    Casación    Penal.    Decisión del 21 de noviembre de 2009, Rad. 31001).   

En el asunto sometido a consideración de la  Sala,  ninguna  incertidumbre  se presenta respecto que las entrevistas rendidas  por  Darwin  Rafael  Molina,  Heberto  David  Arrieta y Miguel Ángel Díaz ante  funcionarios  de  Policía  Judicial, fueron introducidas al juicio a   través   de   cada  uno  de  los  declarantes,  al  igual  que  aconteció  con  los  respectivos  reconocimientos  fotográficos,  que  fueron  ingresados  a  la actuación en el curso del juicio  oral  por  quienes  realizaron  el  señalamiento.   

Concretamente, en cuanto se relaciona con  la       entrevista       y       el      reconocimiento      fotográfico   realizado  por  Darwin   Rafael   Molina,  el  acto  procesal  en  mención  aparece  registrado  del  minuto  26:50  en  adelante  del  audio  correspondiente  a  la  diligencia  de  juicio  oral  verificada el 16 de junio de 2011; mientras que la  actuación  cumplida  por  Heberto  David  Arrieta  por  fuera  del  juicio, fue  incorporada  según  consta  en  el  registro  a  partir  del  minuto 1:34 de la  mencionada  diligencia  del  16  de  junio  de  2011.  Por último, en cuanto se  relaciona  con las intervenciones de Miguel Ángel Díaz, fueron incorporadas al  juicio  oral a partir del minuto 10:35 del audio correspondiente a la diligencia  verificada el 3 de agosto de 2011.   

En esas condiciones y de conformidad con el  precedente   judicial,   como   aquellas   personas  escuchadas  en entrevista concurrieron al juicio oral  y   rindieron  testimonio  ante  el  juez  de  la causa, oportunidad en que  igualmente  fueron contrainterrogados sobre las circunstancias en que conocieron  los   hechos   e   identificaron   a   la   acusada   como  copartícipe   en   los  hechos  en  que  perdiera  la  vida  Teddy  Leonardo  Schmalbach  Barraza, la  prueba  deja  de  tener  carácter de referencia para  mudar   en   prueba  directa,  adquiriendo  entonces  la  misma  naturaleza  del  respectivo  testimonio,  motivo  por  el  cual  le era  permitido  a  los juzgadores de instancia valorar integralmente las atestaciones  de  los  deponentes  en  la  forma  en que en efecto lo hicieron y en ello no se  aprecia por tanto el yerro denunciado.   

Lo relevante entonces es que fueron testigos  escuchados  en  la  audiencia de juicio oral y por lo mismo excluido que sean de  referencia,  podían los juzgadores de instancia sustentar en ellos su decisión  de  condena,  como  finalmente  lo  hicieron,  dándole  en  efecto  el  alcance  otorgado.   

Por  lo expuesto, al no contener la demanda  de  casación  el  sustento  conceptual,  lógico y argumentativo propio de esta  sede extraordinaria, será inadmitida.   

         Para  concluir  es necesario señalar que no se observa con ocasión  del  fallo  impugnado  o  dentro  de  la  actuación  violación  de  derechos o  garantías  de  los procesados, para que tal circunstancia impusiera superar los  defectos  del  libelo para decidir de fondo, según lo dispone el inciso 3º del  artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Por último, es claro que de conformidad con  el  artículo  184  de  la  Ley  906 de 2004, contra el presente auto procede el  mecanismo  especial  de  insistencia,  dentro  de  los  términos  y parámetros  desarrollados   por   la   jurisprudencia  de  esta  Corporación  (CSJ  SP, 15 Dic. 2005, Rad. 24322; 28 Sep. 2011, Rad. 35724; 5 Sep.  2012,   Rad.   36578;   17   Feb.  2013,  Rad.  37948,  entre  otros).   

         En  mérito  de  lo  expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE  

1.                  Inadmitir    la    demanda    de    casación  presentada  por  el  defensor de Hellen Gisset Giraldo  Montilla  contra  la  sentencia del 15 de agosto de 2013 emitida por el Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Barranquilla,  que  confirmó  la condena  emitida  en  su  contra  por  el Juzgado Séptimo Penal del Circuito de la misma  ciudad   como   autora   del   punible   de   homicidio  agravado,  conforme a lo expuesto en precedencia.   

       2.                     De   conformidad   con  lo  dispuesto  en  el  artículo  184  de  la  Ley 906 de 2004, contra esta  decisión  procede  el  mecanismo  de  insistencia,  según  lo  indicado  en  la  parte  motiva  de este  auto.   

Notifíquese y Cúmplase.  

JOSÉ  LUIS  BARCELÓ CAMACHO   

JOSÉ LEONIDAS  BUSTOS MARTÍNEZ   

FERNANDO      ALBERTO      CASTRO  CABALLERO   

EUGENIO      FERNÁNDEZ CARLIER   

MARÍA  DEL  ROSARIO        GONZÁLEZ       MUÑOZ   

GUSTAVO  ENRIQUE  MALO FERNÁNDEZ   

EYDER  PATIÑO  CABRERA   

PATRICIA      SALAZAR CUÉLLAR   

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia  Yolanda  Nova  García   

Secretaria  

    

1  Artículo 437 de la ley 906 de 2004.     

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