AP2750-2015(45751)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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    CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

Magistrado Ponente  

AP2750-2015  

Radicación N° 45751.  

Aprobado acta No. 184.  

Bogotá, D.C., veinticinco (25) de mayo de dos  mil quince (2015).   

V I S T O S  

Se  pronuncia la  Corte   sobre  la  admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  instaurada  por el defensor de WILLIAM  EDUARDO  BENAVIDES  ESPAÑA  en  contra     de     la     sentencia    absolutoria     proferida,  en  segunda instancia, por el Tribunal  Superior    de    Pasto  el     11     de     diciembre    de  2014, en el  proceso  que  contra  aquél  se  adelantó por los delitos de Fraude procesal y  Falsedad en documento privado.   

A N T E C E D E N T E S  

    

1. Fácticos.     

En  la  sentencia impugnada se describieron  los hechos jurídicamente relevantes así:   

Se  tiene  certero conocimiento que WILLIAM  EDUARDO  BENAVIDES  el día 31 de octubre de 2008 presentó demanda ejecutiva de  mayor  cuantía  en  contra  del  señor  RICARDO CUASIALPUD CÓRDOBA, generando  actuación  judicial  dentro  de  la cual no obstante se impusieron en principio  medidas  cautelares en contra del ejecutado, culminó con sentencia proferida el  4  de  agosto de 2011, que declaró probada la excepción de mérito consistente  en  “falta  de  causa  o  de  relación  fundamental  o  subyacente  entre  el  ejecutante y el demandado”.   

Según  la Fiscalía, el señor BENAVIDES a  la  muerte  de  su  madre,  doña  CENEIDA  OMAIRA  ESPAÑA, llenó arbitraria e  ilegalmente  los  espacios  en  blanco de una letra de cambio que ésta poseía,  creando  una  obligación inexistente, pues dicho instrumento había sido dejado  por  el señor CUASIALPUD a la mencionada mujer, no en respaldo de deuda alguna,  sino  en  garantía de un apoyo crediticio que ella le hizo para la consecución  de créditos en la comercializadora de medicamentos “DROMAYOR”.   

    

1. Procesales.     

En   audiencia  preliminar  celebrada  el 16  de  abril  de 2013 ante el  Juzgado   Tercero   Penal  Municipal    con   función   de   control   de   garantías   de   Pasto, la Fiscalía formuló imputación  a   WILLIAM  EDUARDO  BENAVIDES  ESPAÑA  como  autor  de  los delitos de Fraude  procesal    y   Falsedad   en   documento   privado.   

El  escrito de acusación fue presentado el  11   de   julio   de   2013  y  correspondió  su  conocimiento   al   Juzgado   Segundo   Penal     del    Circuito  de  Pasto, el  cual,  el 30 de agosto  siguiente, realizó la audiencia  en  la que la Fiscalía formuló los mismos cargos que  desde  un  inicio  imputó.  Ese  mismo  año,  los días 25 de noviembre y 2 de  diciembre, tuvo lugar la audiencia preparatoria.   

En  sesiones del  29,   30   y  31  de  enero  de  2014,  se  realizó  el  juicio  oral,  al  término de la cual el juzgado  anunció  sentido  condenatorio  del fallo.  La lectura de éste tuvo lugar  el   17  de  junio     siguiente     decidiéndose  condenar  al acusado como  autor   de  los           delitos  de  Fraude  procesal   y   Falsedad   en   documento  privado,  a  las   penas             de   prisión   por  un  período  de  80   meses,   multa   de   $92.300.000  y  a  la  accesoria   de  inhabilitación  para  el  ejercicio  de  derechos  y  funciones  públicas      por      5      años.   

El          11        de        diciembre  de 2014, ante el recurso de  apelación  promovido  por  la  defensa,  el  Tribunal  Superior de Pasto     decidió     revocar  la  condena  y,  en  consecuencia,  absolver  al acusado.  A  su  vez,  la  sentencia  de segunda instancia fue  objeto  del  recurso de casación por el apoderado de  la  víctima  Ricardo  Cuasialpud  Córdoba, quien lo  sustentó  mediante  la  presentación de la respectiva demanda el 23 de febrero de 2015.   

LA  DEMANDA  

En primer lugar, se identificó la sentencia  impugnada,  los sujetos procesales, los hechos juzgados y la actuación procesal  relevante.  Luego,  se  invocó la causal de casación consistente en violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  para  formular  el  cargo de falso juicio de  identidad   “por  distorsión  de  la  valoración  probatoria”, no sin antes manifestar que un fallo en  este  trámite  es  necesario para garantizarle a la víctima la efectividad del  derecho   sustancial   y   la   reparación   de   agravios  producidos  por  el  desconocimiento   de  la  realidad  probatoria  que,  según  él,  indicaba  la  responsabilidad del acusado.   

En desarrollo del cargo propuesto, aduce que  habiéndose  acreditado que WILLIAM EDUARDO BENAVIDES ESPAÑA engañó a un juez  civil,  al  punto  que  éste  declaró  probada  la  excepción de “falta  de  causa  o relación fundamental o subyacente entre el  ejecutante  y  el  ejecutado”; el Tribunal supuso, de  manera  infundada,  la  posibilidad  de  que  existieran  dos  letras  de cambio  suscritas  por  el demandado, cuando “CUASIALPUD no  le  debía  nada  a BENAVIDES ESPAÑA, porque sus relaciones fueron con la madre  de  este  y  con  otra conformación comercial o sea de garantía”.   

En  ese orden, estima que cuando el Tribunal  admite  la  posible  existencia  de  otra  letra  de  cambio para inferir que la  utilizada  en  el  proceso  ejecutivo  era válida, no obstante la jurisdicción  civil  declaró  que  no  había  obligación  que cumplir por la vía coactiva;  tergiversó  la  prueba porque ni siquiera las pruebas de la defensa contradicen  esa  conclusión  y,  en  todo  caso,  una elucubración de esa naturaleza, a lo  sumo,  pondría  en  tela  de  juicio la autoría material en la confección del  título  valor  de  recaudo,  más nunca permitiría aseverar que la obligación  reclamada  existiera.  Así,  concluye,  se le dio a la prueba, especialmente la  testimonial, un alcance que no tenía.   

Considera indispensable resaltar que mediante  estipulaciones  se  tuvo por demostrada la existencia y el resultado del proceso  ejecutivo  iniciado  por el acusado en contra de Ricardo Cuasialpud Córdoba, de  manera  que  la  prosperidad  de  la  excepción  de  mérito  que  pregonó  la  inexistencia  de  la  obligación  ejecutada,  permite inferir que el título de  recaudo  “resulta  a  todas  luces  espurio  y  su  contenido   al   declarar   que   se   trata   de   una   deuda,   también   es  falso”,   destacando   que   el  mismo  denunciante  reconoció  que  firmó  una  letra, nunca dos, y que lo hizo en garantía de la  responsabilidad  comercial  al  aval que le prestara Cenelia Omaira España para  obtener un crédito.   

Trae  a  colación  algunos  párrafos de la  sentencia  proferida  el  19 de diciembre de 2012 por la Sala Civil del Tribunal  Superior  de  Pasto  en el tantas veces referido proceso ejecutivo, básicamente  lo  que  respecta a que jamás existió una relación comercial o contractual ni  surgió  ninguna  clase  de obligación pecuniaria entre demandante y demandado.  De  igual forma, resalta que los testimonios de la defensa fueron distorsionados  porque  si  bien  declaran  que  observaron  una  letra  de  cambio suscrita por  Cuasialpud,  ninguno de tales refirió qué dinero debía aquél a BENAVIDES o a  la  persona  que  sucedió,  con quien sí tenía relaciones comerciales. Agrega  que,  la  carga  dinámica  de  la  prueba  imponía  al  acusado  demostrar que  efectivamente  era  acreedor,  lo  cual no sucedió por lo que deja incólume la  prueba de cargo.   

Señala  el impugnante que al suponer que la  letra  de cambio utilizada como título ejecutivo es una de varias que tenía en  su   poder   el   acusado,   “es  tergiversar  por  omitir”  el  contenido  relevante de la prueba cuál  era  el  de  determinar  si  los testimonios acreditaron o no el engaño al juez  civil,  pues  la  posible existencia de un número plural de títulos valores no  demuestra  que  la  deuda  cobrada era real. En ese contexto, la conclusión del  Tribunal  niega  lo  resuelto  en  la  sentencia civil que declararon probado el  engaño   por   solicitar  la  ejecución  de  una  obligación  inexistente.  A  continuación,  enuncia  las  pruebas  en  cuya  apreciación  habría errado la  sentencia recurrida:   

– En relación al testimonio de Mario Solarte  Ortega,  reseña  que en segunda instancia se criticó el análisis que realizó  el  a  quo  cuando  éste  acertadamente  dio  cuenta  de  la inexistencia de la  obligación que reclamó el acusado.   

–  En  relación  al testimonio de Nelly del  Rocío   Rodríguez   Benavides,   manifiesta   que  el  Tribunal  le  confirió  credibilidad  a  su  relato cuando sostuvo que en el año de 2008 encontrándose  en  la  casa  de  Ceneida Omaira España, ésta le indicó la letra suscrita por  Cuasialpud  a  favor  del  procesado  y  que  la  existencia  de ese título fue  ratificada  por  Ricardo  Jesús  González  y  Carlos  Arturo  Mesías, quienes  aseguraron  haber  tenido  ese documento en sus manos. El recurrente critica esa  prueba  porque,  a  más  de  reflejar una “memoria  fantástica”,  se  le dio una lectura contraria a la  lógica  porque el sentido común no permite entender que lo que ella narró sea  lo  realmente  sucedió y porque, además, lo único que demuestra su testimonio  es  que existió una relación comercial entre Ceneida y Cuasialpud, y una letra  de  cambio  suscrita  por éste, pero no que el acusado sea el acreedor o que el  título valor tenga origen en un crédito.   

Cuestiona que el Tribunal no le haya parecido  exótico  que  el  acusado  exhibiera  en  un  casino  una  letra  de cambio por  $100.000.000  sólo  por  su  condición  de  alcohólico, pues es más acertado  pensar  que  aquél,  luego  de  la muerte de su madre, haya accedido al título  valor  suscrito  por  Cuasialpud,  y lo llenara para buscar satisfacer su vicio.  Advierte  que si la deuda hubiese existido era más lógico que contactara a los  prestamistas  o  a  otras  prácticas  habituales  de los adictos para conseguir  dinero,  pues  el  casino  es un escenario social que lleva a pensar, más bien,  que acudía a cualquier tipo de artimaña.   

– En relación al testimonio de José Gerardo  Benavides,  luego  de  trascribir  un  párrafo  de  la  sentencia  en el que el  Tribunal  exaltó  la  atribución  que  de  conductas irregulares aquél hizo a  Cuasialpud,  manifiesta  que  en  la  misma  declaración  se puede observar que  existió  un  solo título valor y califica como contradictorio en sí mismo que  se  haya  estimado  veraz  la  afirmación  de  que  el  motivo del mismo fue la  relación  comercial  y  de  amistad  entre  Celenia  Omaira  y  el denunciante.  También  considera “contradictorio por distorsión  de  la  prueba”  que  el  ad  quem haya sostenido la  concordancia  entre  los  dichos  de Solarte Ortega y de Gerardo Benavides, para  inferir    que    era    “probable”  que  el  último contara la verdad en cuanto a la existencia de un  crédito  sin  pagar  por  el  denunciante  por  170  o  200  millones de pesos.   

          Señala  que  se distorsionó el testimonio bajo análisis cuando se  afirmó  en  la  sentencia  que  “aflora altísima  probabilidad  de  que la letra de cambio que sirvió de base para la cuestionada  demanda  ejecutiva,  consigna  el designio de la legítima tenedora de colocar a  su  hijo,  el  hoy  procesado,  como  el  beneficiario  de  la  acreencia  allí  consignada”,  pues  en  relación  al citado título  valor  no obra endoso ni carta de instrucciones, tampoco alguien ha informado de  una  eventual  cesión  ni  ninguna  notificación  al  respecto  se  ha hecho a  Cuasialpud.   

En   conclusión,  se  asegura,  el  valor  probatorio  asignado  a las testimoniales en mención no permite afirmar: a) que  existieron  varias  letras  de  cambio  y  que  la  utilizada  por el acusado le  correspondía   en   su  condición  de  acreedor,  y,  al  tiempo,  admitir  la  posibilidad  de  que  éste  haya  recibido  el  título  de su madre, pues ello  supondría  la  existencia  de  una  sola  letra;  b) que BENAVIDES ESPAÑA hizo  alarde  en  un  casino  ante  sus  amigos  de  un  título  valor y que éste se  originara  en  una  acreencia de su madre, pues la manipulación de un documento  de  semejante  valor  firmado  en  blanco,  sólo  era  posible  a través de un  comportamiento  delictivo;  y  c)  que los testigos Nelly Rodríguez Benavides y  José  Gerardo Benavides hayan visto la una un título completo y el otro uno en  blanco, independiente a la ubicación de la rúbrica del deudor.   

Finalmente,  con  base  en todo lo anterior,  denuncia  que  la  sentencia  violó  los  artículos  289  y  453  del  código  sustantivo  penal  y el 380 del procesal, advirtiendo que el error radica en que  una  conclusión  diferente  a la existencia de los delitos y la responsabilidad  del  procesado,  contraría  la  realidad  procesal.  Por  ello,  continúa,  es  necesario  satisfacer  el  derecho  del  denunciante-víctima  a la verdad, a la  justicia  y  a la reparación, una vez “las pruebas  se   examinen  con  lógica  y  permitan  una  conclusión  justa”.   

C O N S I D E R A C I O N E S  

De  conformidad  con  lo  previsto  en  el  artículo  184 del Código  de    Procedimiento   Penal   de   2004    (ó  C.P.P./2004),  la  Corte  examina  la  demanda  de  casación     interpuesta     por    el   apoderado  de  Ricardo  Cuasialpud  Córdoba,   quien   interviniera   como   víctima  en  el  proceso,  con  el  objeto  de determinar si es  admisible   o  no,  lo  cual  dependerá  del  cumplimiento  de  los  requisitos  consagrados   en   el   citado   estatuto  para  ese  acto  procesal,  que se refieren, básicamente, a la  existencia  de  interés  jurídico, al señalamiento de la causal de casación,  al  desarrollo  de  los  cargos de sustentación y a la necesidad del fallo para  cumplir     algunas     de     las     finalidades    del    recurso.   

1.    Cuestión    previa.   

Con    la  entrada    en    vigencia   de   la   Ley   906   de   2004   se   afianzó  la   naturaleza   de   la   casación  como           mecanismo  de  control  constitucional y  legal,   en   virtud  de  lo  cual  se  amplió  su  procedencia   a  todas  las  sentencias  de  segunda  instancia,  sin  importar la categoría del juez que  las  profirió  o  la  pena  prevista  para  el  delito,  siempre  y  cuando  se  adviertan  violaciones  a  derechos  o  a garantías  fundamentales  (art.  181) y se persiga la consecución de uno cualquiera de los  fines  previstos  en  el  artículo  180  ibídem:  la  efectividad  del derecho  material,  el respeto de las garantías de los intervinientes, la reparación de  los  agravios  inferidos  a  éstos,  y,  por  último,  la  unificación de la  jurisprudencia.   

La  redefinición  legal  del  ámbito  material  y  teleológico  de  la  casación, como era  lógico,  trajo  consigo  la  adscripción  de  nuevas  facultades  a  la  Sala  de  Casación  Penal de la Corte Suprema de Justicia,  entre  las  cuales  vale la pena destacar: en primer  lugar,  la  de  superar  los  defectos  de  la  demanda  para  decidir  de fondo  atendiendo  a  los  fines  de  la  casación,  fundamentación  de  los  mismos,  posición  del  impugnante  dentro  del  proceso  e  índole  de la controversia  planteada  (art.  184); y, en segundo lugar, se previó la potestad de dictar un  “fallo  anticipado”  cuando  por  razones  de interés general, en decisión  mayoritaria,   la  Sala  priorice  los  turnos  para  convocar  a la audiencia de sustentación y decisión  (art. 191).   

En  todo caso,  sin  perjuicio  de  la  facultad  especial de soslayar los defectos formales, la  demanda   habrá  de  inadmitirse  por  auto  debidamente  motivado  que  admite  “recurso  de  insistencia”  presentado  por  alguno de los magistrados de la  Sala  o por el Ministerio Público, en las hipótesis previstas en el inciso 2º  del  precitado  artículo  184,  a  saber:  si el demandante carece de interés,  prescinde  de  señalar  la  causal, no desarrolla los cargos de sustentación o  cuando  de su contexto se advierta fundadamente que no se precisa del fallo para  cumplir algunas de las finalidades del recurso.   

En   ese   contexto   legal,   la   Corte   ha   decantado  unos  presupuestos    mínimos    de    admisibilidad    de   la   demanda:   

1. Acreditación del agravio a los derechos  o garantías fundamentales producido con la sentencia demandada;   

2. Señalamiento de la causal de casación,  a  través  de  la  cual  se  deja evidente tal afectación, con la consiguiente  observancia  de los parámetros lógicos, argumentales y de postulación propios  del motivo casacional postulado;   

3.  Determinación  de la necesariedad del  fallo  de  casación  para alcanzar alguna de las finalidades señaladas para el  recurso  en  el  ya  citado  artículo  180  de  la  Ley 906 de 20041.   

Establecidas   las   premisas   básicas  del    examen    constitucional    y   legal   que  corresponde,      la      Sala      abordará  el estudio de la demanda de  casación.   

2.     Caso     concreto.   

Sea  lo  primero  advertir que,   conforme   a   lo   establecido   en   el  artículo  181  del  C.P.P./2004,  el recurso de casación interpuesto es  procedente  por  la  única  razón  de que     se    dirige    contra    una    sentencia    de   segunda  instancia  dictada   en   un   proceso   penal,  como  fue  la  proferida  el  11   de   diciembre  de  2014  por  el  Tribunal  Superior   de   Pasto,  mediante  la  cual revocó  la   condenatoria   de  primera  instancia  y, por ende, resolvió absolver a  WILLIAM  EDUARDO BENAVIDES ESPAÑA por los delitos de  Fraude     procesal     y     Falsedad    en    documento    privado.   

Además, resulta  evidente    que    el    demandante   se  encuentra  plenamente  legitimado  para  recurrir en casación  conforme  lo  establece  el  artículo  182   del   C.P.P./2004,  pues,  en  primer  lugar,  fue  uno  de  los  intervinientes en el  proceso  (representante de la víctima), y, en segundo lugar, le asiste interés  jurídico  porque  la providencia judicial impugnada  (sentencia  absolutoria)  produce  consecuencias  notoriamente  adversas  a las  pretensiones  legítimas  de  su  representado a la verdad, a la justicia y a la  reparación.   

A  pesar  de  esos  iniciales  aciertos,  la  demanda  de  casación  es  inadmisible  porque  la  sustentación no desarrolla  realmente  un  cargo susceptible de casación y de su contexto no se advierte la  necesidad  de  un  fallo  para  cumplir  una  de las finalidades del recurso: la  efectividad  del  derecho material, la reparación de agravios, el respeto a las  garantías  de  los  intervinientes y/o la unificación de la jurisprudencia. Es  más,  aun  cuando  el  recurrente  dice pretender las dos primeras, ni siquiera  precisa  la  prerrogativa que le fue desconocida ni el concreto perjuicio que ha  sufrido  y,  lo que es más importante, no se vislumbra la necesidad del estudio  casacional  porque  el  mismo  se  sujeta  a  la procedencia del único reproche  formulado  y  éste,  como se verá, no es admisible en esta sede extraordinaria  de impugnación.   

El  demandante  formula  un  cargo  de falso  juicio   de   identidad  “por  distorsión  de  la  valoración  probatoria”, básicamente por cuanto la  sentencia  fundó  la  absolución  en  la  eventual  existencia de una letra de  cambio  en  cuya literalidad apareciera Ricardo Cuasialpud Córdoba como girador  y  WILLIAM  EDUARDO BENAVIDES ESPAÑA como beneficiario, conclusión que habría  inferido,  en  lo fundamental, a partir de la prueba testimonial aportada por la  defensa.  Bajo  tal  entendido, el demandante se dedica a controvertir muchas de  las  afirmaciones  expuestas  por el Tribunal, así como el análisis y el valor  que  le  asignó  a  las  declaraciones  juradas  rendidas  por Nelly del Rocío  Rodríguez Benavides y por José Gerardo Benavides.   

En primer lugar, considera el recurrente que  la  sentencia  dictada en el proceso ejecutivo iniciado por el acusado en contra  Ricardo  Cuasialpud Córdoba, mediante la cual se declaró probada la excepción  de   mérito   de  “falta  de  causa  o  relación  fundamental  o  subyacente  entre  el  ejecutante  y el ejecutado”,  permite  inferir,  con base en el sentido común, que la letra de  cambio  que  se  adujo  como título del recaudo era falsa porque la obligación  cobrada  era  inexistente  y,  en  consecuencia,  sí  hubo engaño a los jueces  civiles.  De  allí  que,  una conclusión diferente como la acogida en el fallo  impugnado,  sólo  podría  responder  a  una  tergiversación de las pruebas de  descargo.   

Así,  en  relación a la sentencia civil se  duele  el  recurrente  de  que  el  Tribunal no la haya estimado suficiente para  acreditar  la  materialidad  de  una  falsedad  y  del  consecuente  fraude a la  administración  de  justicia,  procediendo a exponer las razones por las cuales  defiende  el  resultado probatorio anhelado. Como se observa, los argumentos del  censor   constituyen  críticas  al  razonamiento  probatorio  contenido  en  la  sentencia  impugnada,  a  partir  de  su  óptica particular que, obviamente, se  ajusta  a los intereses que representa en el proceso. Además, su visión es tan  parcializada  que  pierde  de vista que el ad quem reconoció la inexistencia de  una  obligación  crediticia  entre  el  denunciante y el acusado, tal y como lo  declaró  la  jurisdicción  civil,  sólo  que  estimó  que esa conclusión no  excluye  la  veracidad  de  una letra de cambio que los vinculara por una razón  diferente:  un  acto  de  voluntad  del  primero y la madre del segundo, Ceneida  Omaira España.   

Tales censuras rebasan el específico objeto  de  la casación que se circunscribe a un examen de la sentencia a partir de uno  de  los cargos taxativamente señalados en el artículo 181 del C.P.P./2004 y no  de  meras  discrepancias  genéricas  e  infundadas.  En  efecto, el reparo a la  decisión  judicial  desde  categorías  tan  abstractas  como  el  “sentido  común”  o la “lógica”,    sin   ningún   otro  argumento  adicional,  a  lo  sumo  puede  fundar  un alegato en las instancias.  Ahora,  si  lo  pretendido  era  aducir un yerro del juzgador en el ejercicio de  valoración  probatoria  por  desconocer  un principio de la lógica o cualquier  otro  de  la  sana crítica (una regla de la experiencia o una ley científica),  debió  individualizar  el  parámetro  supuestamente excluido, argumentar sobre  las  razones  de  su  violación y, finalmente, acreditar su trascendencia en el  sentido  de  la  sentencia.  Ninguna  de  tales  cargas cumplió el demandante y  tampoco el contenido de cada una de ellas es manifiesto.   

Ahora,  en  relación  a  los testimonios de  Nelly  del  Rocío  Rodríguez  Benavides  y  de José Gerardo Benavides y a las  referencias  tangenciales que hizo a los rendidos por Ricardo Jesús González y  Carlos  Arturo  Mesías;  no  describe  un  yerro  en  la  contemplación  de la  integridad  de sus contenidos, sino en el análisis de la credibilidad que sobre  los  mismos  hizo el Tribunal, tan es así que desde la inicial formulación del  cargo  por  falso  juicio  de  identidad  anunció como causa determinante de su  ocurrencia   la  “distorsión  de  la  valoración  probatoria”.   Es   manifiesta  la  confusión  que  caracteriza  la  demanda  porque nominalmente aduce un reproche a la percepción  de  la  objetividad  de las pruebas, mientras que en desarrollo del cargo lo que  ataca es el mérito a ellas asignado por el juzgador.   

Recuérdese que el falso juicio de identidad  se  funda  en  la  disonancia  entre  el contenido real de la prueba y el que la  sentencia  declaró,  de  tal manera que un simple cotejo entre la una y la otra  permite  verificar  que  aquél  fue  tergiversado,  adicionado o recortado. Ese  ejercicio  fundamental  para  la  viabilidad  del  examen  de  un  cargo como el  propuesto,  no  fue cumplido por el recurrente, quien, en su lugar, se dedicó a  citar  la  evaluación que sobre los testimonios aludidos realizó la sentencia,  en  cuanto  sirvieron  de  base para inferir la probable veracidad del documento  que  se  tachó  de  falso  (letra  de  cambio)  y así entender que no existía  certeza  de la ocurrencia de los delitos contra la fe pública y contra la recta  impartición  de justicia, para contrastarlos con su particular visión sobre la  eficacia  de  los mismos y las conclusiones que era posible extraer. El colmo de  tal  proceder  lo  refleja  cuando se refiere a la declaración de Mario Solarte  Ortega,  frente  al  cual  se  limitó  a privilegiar el análisis que del mismo  realizó la primera instancia por encima del de la segunda.   

    

Pues  bien,  en torno al testimonio rendido  por  Nelly  del Rocío Rodríguez Benavides, nunca se denunció la alteración o  el  desconocimiento  de  la  integridad  del  relato  por parte del juzgador. El  desarrollo  del cargo en este lugar consistió en presentar alguna condición de  la  deponente,  por  ejemplo,  su  parentesco  con  el acusado o la “memoria    fantástica”   que   la  caracterizaba,  como  motivo  que,  a  juicio  del  impugnante, debió restar su  credibilidad.  De  igual  forma,  se  cuestionó la corrección de la operación  mental  realizada  por  aquél  al  valorar  la  prueba  porque  desatendió  la  “lógica”   o   el  “sentido  común”  y,  finalmente,  el alcance del conocimiento fáctico que obtuvo el juez a partir de  aquélla.  Por  la misma vía argumentativa, atacó las declaraciones de Ricardo  Jesús   González   y   Carlos   Arturo   Mesías  al  considerar  “exóticas”  las  circunstancias  en  que,  según  sus  narraciones, conocieron la letra de cambio girada a favor del  acusado.   

En  cuanto  hace  al  testimonio  de  José  Gerardo   Benavides,  en  primer  lugar,  destacó  que  el  mismo  acredita  la  existencia  de  un  único título valor girado por Ricardo Cuasialpud Córdoba.  Luego,  argumentó  que  el Tribunal distorsionó la prueba en cuestión cuando,  por  ejemplo,  concluyó  que:  “aflora  altísima  probabilidad  de  que la letra de cambio que sirvió de base para la cuestionada  demanda  ejecutiva,  consigna  el designio de la legítima tenedora de colocar a  su  hijo,  el  hoy  procesado,  como  el  beneficiario  de  la  acreencia  allí  consignada”.  Esa  inferencia,  estima  el  censor,  sería  desacertada  porque  nunca se demostró que en relación a dicho título  valor  existiera  endoso ni carta de instrucciones ni una cesión del derecho en  él  incorporado.  Se  trata,  entonces, de un ejercicio de contradicción de la  posición  valorativa  expuesta  en  la  sentencia  en  relación  a  la  prueba  testimonial  en mención, nunca de un reproche por un defecto en la apreciación  de su conformación objetiva.   

Conforme  a lo anterior, fácil es observar  que  en  la  demanda  se  invoca formalmente uno de los cargos que viabilizan la  casación,  más  lo  que  se  desarrolla  es el escenario de una confrontación  dialéctica  entre  la  tesis del juzgador y la del impugnante en relación a la  eficacia  de  las  pruebas  incorporadas,  especialmente  de  las  testimoniales  aportadas  por  la  defensa.  Una  controversia de tal naturaleza es propicia en  sede   de  las  instancias  que  se  encuentran  fenecidas,  pero  absolutamente  impertinentes  en  el ámbito de la casación que sólo habilita el examen de la  legalidad  de  la  sentencia  a partir de la formulación y el desarrollo de los  errores  de  juicio  o  de  procedimiento  contemplados  en el artículo 181 del  C.P.P./2004.   

3. Conclusión.  

La  demanda  de  casación  se  inadmitirá  porque  no  se sustentó un reparo atendible en sede del recurso extraordinario,  no  se  advierte  la necesidad para lograr uno de los cometidos de este medio de  impugnación,  y  tampoco  se  vislumbra  la  más  mínima  trascendencia de la  censura.   

4.   Precisiones   finales.   

De   acuerdo  con  las  consideraciones  expuestas,  la  Corte  inadmitirá    la    demanda    de   casación   presentada   por   el   representante   de  la  víctima  reconocida,    no    sin    antes    reiterar         que  examinada  la  actuación  en  lo  pertinente,  no se observó la presencia de alguna   de  las  hipótesis  que  le  permitirían  superar  sus defectos para decidir de fondo, de conformidad con el  artículo 184 de la Ley 906 de 2004.   

Finalmente,  se           advierte          que, de conformidad con lo previsto en  el  inciso  2º del artículo 184 del C.P.P./2004, en  contra   de  este  proveído  procede  la   insistencia,   en  los  términos  ampliamente  decantados  por la jurisprudencia de la  Sala.   

D E C I S I Ó N  

En  mérito  de lo expuesto, la    Corte    Suprema    de    Justicia,    Sala   de   Casación  Penal,   

R E S U E L V E  

INADMITIR   la  demanda   de  casación  presentada  por  el  apoderado  de  Ricardo  Cuasialpud  Córdoba, quien intervino como víctima.   

Contra   esta   decisión   procede   la  insistencia.   

Cópiese,      notifíquese      y  cúmplase.   

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO  

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

Nubia Yolanda Nova García  

Secretaria  

    

1  CSJ  AP, 13 de julio de 2007, Rad. 27.737, y CSJ AP,  23 de julio de 2007, Rad. 27.810.     

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