AP2634-2015(41056)

2015

Asistente Jurídico Inteligente

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CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

Magistrado Ponente  

AP2634-2015   

Radicación No. 41056  

(Aprobado    acta    No.    175)   

Bogotá D.C., veinte (20) de mayo de dos mil  quince (2015).   

Decide la Corte sobre la admisibilidad de la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   JOSÉ  RICARDO OSTOS NOMESQUE en contra de  la  sentencia  de  segunda  instancia  proferida  por la Sala Penal del Tribunal  Superior  del Distrito Judicial de Bogotá de 24 de enero de 2013, confirmatoria  del  fallo  emitido por el Juzgado 24 Penal del mismo Circuito de 24 de julio de  2012,  mediante la que condenó al procesado a la pena principal de 256 meses de  prisión    como    autor   responsable   de   los   delitos   de   Homicidio  en la persona de Edwin Alexis  Manrique  Chaparro,  Homicidio  en  la  modalidad  de  Tentativa  en  la persona de Elvia Julieth Gutiérrez  Acosta,  en  concurso  heterogéneo  con Fabricación,  Tráfico    o    Porte    de    Armas    de   Fuego   o   Municiones.   

HECHOS  

En el fallo demandado fueron narrados de la  siguiente manera:   

‹‹…  el  día  15  de agosto de 2010,  hacia  la  1:30 a.m., encontrándose un grupo numeroso de personas a las afueras  del  inmueble  ubicado en la calle 78 sur Nº 36 A-06 de esta ciudad, de repente  llegó  JOSÉ RICARDO OSTOS NOMESQUE y empezó a dispararles indiscriminadamente  con  un  revólver sin el respectivo permiso para su porte, agresión durante la  cual  le  propinó  un  disparo  a  EDWIN ALEXIS MANRIQUE CHAPARRO en la región  abdominal,  a  causa  del que éste falleció, al paso que impactó a la señora  ELVIA  JULIETH  GUTIÉRREZ  ACOSTA  en  sus  extremidades  inferiores,  episodio  durante  el  cual  CÉSAR  ALONSO  PÉREZ  RODRÍGUEZ permaneció en una esquina  aledaña,  quien  luego de lo ocurrido paró un taxi, en el que se fue junto con  JOSÉ      RICARDO     OSTOS     NOMESQUE.››1.   

ACTUACIÓN PROCESAL RELEVANTE  

Con fundamento en los anteriores hechos, el  día      11      de      julio      de     20112  la  Fiscal  34  Seccional de  Bogotá  presentó  a  JOSÉ  RICARDO  OSTOS  NOMESQUE  y a César Alonso Pérez  Rodríguez  ante  el  Juez 56 Penal Municipal de Bogotá con función de control  de  garantías a fin de legalizar su captura, formularles imputación como autor  y   como   cómplice   respectivamente,   por   los   delitos   de  Homicidio   de  Edwin  Alexis  Manrique  Chaparro,    Homicidio    en    la   modalidad   de  Tentativa  en  la persona de Elvia Julieth Gutiérrez  Acosta,  en  concurso  heterogéneo  con Fabricación,  Tráfico  o  Porte de Armas de Fuego o Municiones, sin  que  se  allanaran  a  los  cargos.  En  su  contra  se  les  impuso  medida  de  aseguramiento   consistente   en   detención   preventiva   en  establecimiento  carcelario.   

Ante  el  Juzgado  24 Penal del Circuito de  Conocimiento  de  Bogotá,  el 21 de septiembre de 2011 se efectuó la audiencia  de       formulación       de       acusación3,  seguida  de  la  audiencia  preparatoria4 realizada el 11 de octubre de la misma anualidad.   

El  juicio oral y público se llevó a cabo  los    días    28    de    octubre    de    20115    y   25   de   junio   de  20126.  Clausurado  el  debate,  se emitió fallo absolutorio a favor de  César  Alonso  Pérez  Rodríguez  y  condenatorio  contra  JOSÉ RICARDO OSTOS  NOMESQUE  por los delitos de  Homicidio  de Edwin Alexis  Manrique  Chaparro,  Homicidio  en  la  modalidad  de  Tentativa  en  la persona de Elvia Julieth Gutiérrez  Acosta,  en  concurso  heterogéneo  con Fabricación,  Tráfico  o  Porte  de  Armas  de  Fuego o Municiones,  imponiéndole  la  pena  principal  de  256 meses de prisión y a las accesorias  de  inhabilitación  para  el ejercicio de derechos y  funciones  públicas por el mismo lapso y privación del derecho a la tenencia y  porte  de armas de fuego por el término de 15 años7.   

Apelado  el  fallo  por  el  defensor  del  acusado,   la  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  del  Distrito  Judicial  de  Bogotá   confirmó  la  sentencia  de  primer  grado  el  24  de  enero de  20138,  tras ser derrotado el proyecto primigenio que declaraba desierto  el  recurso  de  apelación  por  falta  de debida sustentación datado el 17 de  septiembre             de            20129.   

Oportunamente  el  defensor del sentenciado  JOSÉ     RICARDO    OSTOS    NOMESQUE,   interpuso   el  recurso  extraordinario  de  casación,  siendo  sustentado en escrito que ahora analiza esta Colegiatura.   

DEMANDA DE CASACION  

Dos  reproches  postula  el  apoderado  del  sindicado   JOSÉ  RICARDO  OSTOS  NOMESQUE,  que  fundamenta  de  la  siguiente  manera:   

Primer cargo:  

Con  fundamento  en  el  numeral  1º  del  artículo  181  de  la  Ley  906  de  2004,  el demandante acusa la sentencia de  segundo  grado  por falta de aplicación, interpretación errónea o aplicación  indebida  de una norma del bloque de constitucionalidad, constitucional o legal,  llamada a regular el caso.   

Considera   el   jurista  que  quien  con  anterioridad  a  él  fungió  como  defensor  de  su representado no cumplió a  cabalidad  con  la  carga  procesal  de  sustentar en debida forma el recurso de  apelación  contra la sentencia condenatoria de primera instancia, generando una  inadecuada  defensa  técnica  violatoria  del artículo 29 de la Constitución.   

Señala  que quien fungía como defensor de  JOSÉ  RICARDO  OSTOS  NOMESQUE no realizó sus buenos oficios a cabalidad, pues  al  momento  de  sustentar el recurso de apelación en contra de la sentencia de  primera  instancia  se  limitó simplemente a solicitar la revocatoria del fallo  del  a quo y en consecuencia  la  absolución  del  procesado,  actuación  que  conllevó a que el Magistrado  ponente  de  la decisión de segunda instancia decidiera en su proyecto declarar  desierto  el recurso; empero, de acuerdo con la postura mayoritaria se procedió  a  decidir de fondo mediante fallo de 24 de enero de 2013, donde se confirmó la  sentencia apelada.   

Estima el censor que si se hubiera aplicado  de  forma  ordenada  y  obligatoria  lo  rituado  en  el  canon  29  de la Carta  Política,   se  hubiese  concluido  que  la  fundamentación  del  recurso  fue  precaria,  que  hubo una inadecuada defensa técnica vulneradora de los derechos  fundamentales al debido proceso y a la defensa técnica.   

Segundo cargo: Subsidiario   

A  la luz del numeral 2º del artículo 181  de       la      Ley      906      de      200410,  presenta  el  actor  como  cargo  subsidiario  la afectación al debido proceso por estimar que el Tribunal  incurrió  en  error  de  hecho  por  decidir  de fondo el recurso de apelación  precariamente  fundamentado  por  el  entonces  defensor  técnico,  pese  a  la  advertencia  del Magistrado ponente de la decisión que lo declaraba desierto en  la   que  manifestó  la irregularidad y que lo llevó a aclarar su voto en  el fallo de segunda instancia.   

Con  lo anterior, entiende el libelista que  se  ha  vulnerado el principio de contradicción y los derechos fundamentales al  debido proceso y a la defensa técnica del procesado.   

CONSIDERACIONES  

De manera reiterada ha sostenido  esta  Sala  que,  sin consideración al  régimen   procesal   que   rija  la  actuación,  la  casación  atiende  a  unos  fines  superiores  cuales son la reparación de los  agravios  inferidos  a las partes con la sentencia censurada, la incolumidad del  derecho  material  y de las garantías fundamentales de los intervinientes en la  actuación, y la unificación de la jurisprudencia.   

Conforme  con lo anterior, es indispensable  que  el  censor demuestre en su libelo la necesidad de intervención de la Corte  Suprema  de  Justicia, la afectación de los derechos o garantías fundamentales  en  el  caso  concreto  y  que  exponga  con suficiente claridad y precisión la  causal   que   invoca,   el   cargo   que  a  su  amparo  formula  y  su  debida  fundamentación.   

Bajo  tal  premisa,  la Ley 906 de 2004, al  igual  que  ocurre con la regulación prevista en la Ley 600 de 2000, exige como  condición  para  la  admisión  de la demanda de casación, la satisfacción de  exigencias  de lógica y adecuada argumentación, a fin de permitirle a la Corte  establecer  sin dificultad cuál es el error atribuido al sentenciador, causante  de  la  violación  de  la  Constitución  o  la  ley  o  la  afectación de las  garantías fundamentales de las partes.   

Por  esta  razón,  es  ineludible  que  el  demandante,  en  desarrollo  del ataque que presenta, le explique a la Corte con  suficiencia  cómo  se  quebrantaron  los  derechos fundamentales, de qué forma  aspira  que  se  efectivice  el  derecho  material  conculcado,  qué garantías  procesales  deben  ser  desagraviadas,  y  por  qué  es  necesario  unificar la  jurisprudencia sobre un determinado tema jurídico.   

Para  ello, acorde con lo establecido en el  artículo  183  y  el  inciso  2º del precepto 184 de la Ley 906 de 2004, estos  presupuestos  deben  ser  concretados  con  la  correcta selección de la causal  invocada  y  el  adecuado  desarrollo  de  los  cargos formulados a la sentencia  atacada,  para  lo  cual se requiere que cada reproche se contraiga a la precisa  causal  a  la  que se acude y, con base en ella, sustente de manera coherente la  demanda  de  casación,  pues  esta  no es un escrito de libre elaboración sino  que,  dado  el  carácter  extraordinario  de  este  recurso,  debe cumplir unos  presupuestos  mínimos  de adecuada y lógica fundamentación, sin los cuales el  libelo  no  podrá  ser admitido.            

         Del  mismo modo, con fundamento en las anteriores disposiciones, la  Sala  ha  sostenido  que  al  formular  los respectivos cargos, al demandante le  corresponde  también  satisfacer  las  pautas  fijadas  tradicionalmente por la  jurisprudencia  para  cada  una de las causales de casación establecidas por la  ley  y señalar la forma en que, en el caso particular, se da cumplimiento a las  finalidades del medio extraordinario.   

En  el  presente  asunto,  el  defensor  se  conforma  con  afirmar  que  el  objeto  de  la  demanda  es  el de obtener  la  efectividad  del derecho y de las garantías debidas a  su  protegido,  sin  que  esa escueta afirmación sea  suficiente  para  cumplir con la carga impuesta por el legislador, pues no basta  con  expresar que se vulneraron derechos o que se desconocieron garantías, sino  que  es  imperioso  que,  adicionalmente, se indique de qué forma tuvo lugar la  infracción,  cuál  es  la  irregularidad  que  se  configura,  cuáles son sus  consecuencias  adversas  y  cómo  tal situación amerita la intervención de la  Corte en el fondo del asunto.   

Primer cargo.-  

Propuesto bajo la égida del numeral 1º del  artículo  181  del  Estatuto procesal de 2004, el recurrente acusa la sentencia  del    Tribunal    por    falta   de   aplicación,  interpretación  errónea  o  aplicación  indebida  de  una norma del bloque de  constitucionalidad,    constitucional    o    legal   llamada   a   regular   el  caso11,  sin  especificar, cuál de estas modalidades invoca para el  caso particular.   

En desarrollo de su planteamiento, considera  que  en  el  asunto  bajo  análisis  se cercenó el derecho a la defensa porque  quien  fungía  en  ese momento procesal como apoderado no cumplió con la carga  de  sustentar  en  debida  forma  el  recurso  de apelación contra la sentencia  condenatoria  de primera instancia, violando el artículo 29 de la Constitución  Política.   

Así las cosas, de manera contundente yerra  el  censor  en  la  proposición  del  cargo,  pues  la vía de ataque para esta  censura  no es la del numeral 1º del artículo 181 de la Ley 906 de 2004 al que  acude,  pues  este  recoge  los  supuestos  de  violación  directa  de  la  ley  sustancial,  según la cual el juzgador acierta en la declaración de los hechos  y  en  la  apreciación  de la prueba pero  se equivoca en la aplicación o  interpretación  del  derecho.  En este asunto, por el contrario, al aducirse la  violación  al  derecho a la defensa, se trataría de una posible afectación de  garantías,  razón por la que ha debido acudir al numeral 2º del artículo 181  de  la  Ley  906 de 2004, cuya configuración inexorable daría lugar a declarar  la  nulidad,  lo  que  además  implica  que la irregularidad que se invoca deba  tener   tal   grado   de  incidencia  –trascendencia-   que   para   remediarla   no   haya  ninguna  otra  alternativa distinta a la invalidación de las diligencias.   

Obviando  el  error  del  defensor, resulta  importante  recordar  que  si  bien  la solicitud de nulidad no requiere mayores  esfuerzos  formales  y  argumentativos para su admisión, no exime de acatar las  exigencias  técnicas inherentes al instituto, como son, identificar la clase de  vicio  que  se  denuncia,   determinar  la actuación lesiva a la garantía  fundamental,  evidenciar  que  se  halla  inmersa  dentro  de  las  causales que  taxativamente    se    contemplan   por   la   ley12,  precisar  las  normas que  resultaron  vulneradas,  exponer  la  forma  en  que  la transgresión señalada  repercutió   negativamente  en  la  validez  de  la  actuación,  demostrar  el  perjuicio,  definir  cómo  conllevó  a que el procesado se viera privado de la  posibilidad     de     aducir     argumentos     a     su     favor,   cuál  sería  la  ventaja  que  obtendría  con  la  declaratoria  de  nulidad  y  el  momento  a partir del cual debería decretarse la invalidación de lo actuado o,  en  su  defecto,  la consecuencia jurídica necesaria para subsanar la anomalía  sustancial13,     exigencias    que    no    fueron    satisfechas    por    el  demandante.   

Ahora   bien,  aun   dejando  de  lado  el  incumplimiento  de  los  anteriores    requisitos  y   teniendo   en  consideración  que  en  el  caso  bajo  examen  la  anomalía  invocada es la ausencia de  defensa  técnica por la deficiente sustentación del  recurso  de alzada contra la sentencia condenatoria de  primera  instancia, advierte  la  Sala  que  pese  a  su  lacónico   memorial,   el   defensor   de  ese  momento  expuso  sus argumentos  defensivos                basado        en    que   al  homicidio   investigado  le    había   precedido   una   agresión  colectiva contra quien fungió como  coimputado,    lo    que    configuraba  a favor de su representado una  legítima  defensa  que no solo era  inminente      sino      también     actual.    Igualmente  sostuvo  que  hubo      variación      en      las              versiones   que   sobre   los   hechos  fueron  ofrecidas  por los  testigos    de   cargo,  aportando un documento anexo con el fin de evidenciar  tal  situación y remitiendo  al  juez de segundo grado a los alegatos conclusivos14.   

Ahora,    si    bien    la  sustentación  del  recurso  pudo  realizarse  de  una  forma más idónea, sujetándose  estrictamente   a   las   reglas   legales   que   regulan   el   uso   de  este  mecanismo,  el  Tribunal  tomó  la decisión de acceder a su estudio y abordó  el  análisis de la causa  de  la  muerte,  la  participación de OSTOS NOMESQUE  y,    especialmente,  la     configuración     de     la     legítima  defensa.   Para  ello,  examinó  el testimonio del procesado y los de César  Alonso  Pérez  Rodríguez,  Elvia  Julieth  Gutiérrez  Acosta,  Fredy  Oswaldo  Ibachi,  Hernán  Rodríguez Bedoya, Angie Vanessa Niño Ortiz y Andrés Fabián  Peña  Murillo  y  con  base  en  su confrontación y  valoración  tanto individual como conjunta, estimó  que,  contrario  a  lo que acontecía con los testimonios de las víctimas y sus  acompañantes del día de  los  hechos,  la  versión  suministrada  por  OSTOS  NOMESQUE      no     le     merecía     ninguna  credibilidad.   

Yendo aún más allá, consideró también  el  ad  quem, el tipo de  arma   con   la  que  fueron  impactadas  las  víctimas,  la  parte  del  cuerpo a la que se dirigió la  lesión,   el   ocultamiento  de  los  disparos,  la  negación  que     hicieron     los     enjuiciados     a    la    Policía  de  haber  estado  en el lugar de los acontecimientos, la  historia  clínica  de  César  Alfonso  Pérez  Rodríguez  en la que consta la  lesión  sufrida  por  éste, el día y hora de ingreso al hospital y la zona en  que  se  produjo  la  lesión  personal,  lo  que  le  permitió  corroborar  la  responsabilidad  del procesado en los hechos y emitir su confirmación al juicio  de condena.   

De manera, que la deficiente sustentación  de   la  apelación  quedó  subsanada,  por  un  lado,  con  la  admisión  del  recurso  que  garantizó  el  acceso al examen de la  decisión  del  a quo por  parte   del   juez   de   segundo   nivel   y,   por  otro   lado,   con  el  completo  análisis  de  los  extremos  defensivos  por  parte  del Tribunal.       Contrario  a  ello,  el  recurrente no  precisa  la  lesión  del  derecho  invocado, pues la  falta   de   asistencia   técnica   o   el   abandono   en  la  representación  profesional    debe    examinarse    y   sustentarse   atendiendo  al  caso  concreto,  a  fin  de determinar si de acuerdo con  las  reales posibilidades  que  de manera particular  el   caso  ofrecía  se  omitieron   actuaciones  o  argumentos  que  surgían indispensables para demostrar la inocencia o atenuar  la    responsabilidad    del    acusado,    ejercicio    que   no   realizó     el     demandante    y  que,            por           tanto,  no  permite   a   la   Sala  estimar  como  cierta  y  objetiva          la          infracción    invocada,    deviniendo    como   consecuencia   la   inadmisión   de   la  queja.   

Ciertamente, al  evaluar     el     fallo    impugnado,  la  Sala  verifica que contiene una  motivación   clara   y   contundente  que  le  permite sustentar fundadamente  la   responsabilidad   del   procesado,  que  al ser confrontada   con   los   argumentos  de la demanda que se examina en donde  no  se  expone  qué  pudo haber argumentado el defensor de entonces que hubiera  significado  para  el  enjuiciado  la  posibilidad  de  una absolución o de una  condena           más           favorable15,    permite   concluir   que                     eventuales                    insuficiencias       de  la  prerrogativa  de  la defensa se  tornan  intrascendentes  por  no causar un perjuicio  razonable al procesado.   

Ahora  bien,  para que la deficiente asistencia letrada del acusado  tenga  capacidad de desconocer la garantía invocada, también es necesario, que  haya  causado  algún  perjuicio  a los derechos fundamentales del procesado por  sus  efectos  concluyentes  sobre la decisión del órgano jurisdiccional.   Dicho  de  otra forma, se  debe  demostrar  que la anomalía tuvo una injerencia  directa  en  la  decisión  cuestionada,   pues   el   recurso   extraordinario  de  casación  no  puede  sustentarse    en   especulaciones,   conjeturas,   afirmaciones   carentes   de  demostración    o    en    situaciones    ausentes   de   quebranto16   

,  razón  por la que no basta, como aquí  ocurrió,  con destacar la deficiencia del defensor de  entonces  sin  evidenciar de qué manera incidió de modo decisivo y negativo en  la situación del procesado.   

En  efecto, pese a que el demandante dedica  un  acápite  de  su escrito a la trascendencia de la violación, lejos se halla  de  estructurarla,  como quiera que constituye una reiteración de la existencia  del  yerro,  sustentándolo a través de discursos genéricos sobre el derecho a  la  defensa  y al debido proceso, tratando de acomodar su crítica a los rigores  argumentativos  exigidos  en  sede de casación, pero sin demostrarle a la Corte  cómo  el  yerro  que  depreca lesionó el derecho a  la contradicción, de  qué  manera  se produjo un desequilibrio en la posición procesal que tenía su  representado  en  el  proceso,  de  qué  forma  la  escueta fundamentación del  recurso  provocó  su  indefensión,  de  qué  modo una mejor sustentación del  recurso   tenía   una   posibilidad  razonable  de  prosperar  o  hubiera  sido  materialmente   eficaz  contra  la  decisión  del  a  quo.   

Es  necesario  reiterar,  que  no  resulta  admisible   plantear   violaciones  de  ese  derecho  con  apoyo  en  argumentos  abstractos,  huérfano  de  propuestas,  basado  en  apreciaciones  subjetivas y  desconociendo la realidad procesal.   

Al  respecto ha sostenido la jurisprudencia  de  la  Sala17:   

«  8.  Frente  a  la  índole  del  ataque  intentado  en  el  primero  de  los  reproches,  hay que enfatizar en que no son  cotejables  los  presupuestos de estas nociones en que se funda la razón de ser  de  la  defensa  técnica,  con  la  argumentación  a  posteriori  que  procura  reivindicar  su  quebranto  simplemente bajo el enunciado de haber estado -quien  así  lo  alega-,  en  mejor  condición  profesional o de estrategia de defensa  frente a quien hubo de intervenir en desarrollo de la actuación.   

Se  trata  de una perspectiva eminentemente  subjetiva  y  arbitraria  que  desde  luego  resulta  más que insuficiente para  acreditar  un  pretendido  quebranto  de  este derecho. La Corte ha rechazado en  forma  radical  que  se  pretexte  un argumento semejante en orden a discutir la  eficacia de la defensa técnica, al señalar como deleznable que:   

‘…profesionales  del derecho entren a postular mejores estrategias  defensivas  que las asumidas por quien tuvo a cargo durante el trámite judicial  la  representación  de  los  intereses  del  procesado,  habida  cuenta  que el  ejercicio  de  profesiones liberales como lo es la del derecho, parte de la base  del  respeto  del conocimiento que cada persona tenga de las materias de las que  se  ocupa,  sin  que  sea  posible  determinar  en forma acertada o por lo menos  irrebatible  frente  a  cada  asunto  cuál  hubiera  sido  la  más  afortunada  estrategia  defensiva,  pues  cada individuo especializado en estos temas, tiene  de  acuerdo  a  su  formación  académica, experiencia y personalidad misma, su  propia     forma    de    enfrentar    sus    deberes    como    tal’ (Cas.10.424)».   

De  igual  forma, la defensa técnica no se  puede  cuestionar  por el resultado obtenido en el proceso, sino con base en las  posibilidades  defensivas reales del caso particular. Nada de ello se plantea en  la  censura,  que  solo  constituye  una  crítica generalizada sin capacidad de  desquiciar    la   actuación   cumplida   que   impide   la   prosperidad   del  reproche.   

Segundo  cargo.  Subsidiario.-   

En  forma  subsidiaria,  el censor ataca la  sentencia  del Tribunal por haber incurrido en error de hecho, al haber decidido  el   juez   de   segundo   nivel   el   recurso   de   apelación  precariamente  fundamentado.   Se  evidencia entonces que se trata de la misma deficiencia  que  generó la transgresión alegada en el cargo precedente, alegada ahora bajo  el  amparo del numeral 2º del artículo 181 de la Ley 906 de 2004, por suscitar  una violación al debido proceso.   

Este ataque, también desconoce la pacífica  jurisprudencia        de        la        Sala18, que ha insistido en que la  invocación  de  las  nulidades como remedio extremo para corregir los vicios de  estructura  en  los  cuales  se  incurra durante el desarrollo del proceso no es  procedente  cuando  se haya cumplido la finalidad para la cual estaba destinado,  que,  en  este  caso,  se  concreta  en el acceso al estudio de la decisión por  parte  del  juez  de  segunda  instancia,  senda  a la que el propio Tribunal le  abrió   la   oportunidad,   subsanando  así  cualquier  posible  irregularidad  sustancial.   

De  igual  manera,  la  Corte  ha señalado  reiteradamente  que  la afectación del derecho al debido proceso que conlleva a  la   invalidación   de   la   actuación,   debe   comportar  la  demostración  incuestionable  de  que  la  irregularidad sustancial que se estima menoscaba la  estructura  formal y conceptual de la sistemática procesal, señalando la forma  en  que  afecta  la  integridad  de  la  actuación,  justificando  por  qué se  considera  que  el  daño es irreparable, indicando el momento a partir del cual  se  debe  reponer la actuación, motivando su trascendencia y demostrando que la  nulidad    constituye   el   único   remedio   posible  para  enmendar  la  incorrección procesal.   

Así     lo     ha    expresado    la  Corporación:   

«Viene  afirmando  la  Sala  desde tiempo  atrás  que  el  desconocimiento  al  debido  proceso,  debe  apoyarse en cuatro  columnas  primordiales:  (a) la identificación concreta del acto irregular; (b)  la  concreción  de la forma como éste afectó la integridad de la actuación o  conculcó  las  garantías  procesales;  (c) la explicación trascendente de por  qué  es  irreparable  el  daño,  es  decir  demostrando su lesividad y, (d) el  señalamiento    del   momento   a   partir   del   cual   debe   reponerse   la  actuación.»19.   

De  esta forma, era del resorte del censor  acreditar  que la anomalía denunciada socavó las bases y estructura procesal y  tuvo  incidencia perjudicial y decisiva en la declaración de justicia contenida  en  el  fallo  impugnado,  evidenciando  su  trascendencia  y demostrando que no  existe   manera   diversa   de   restaurar   el  quebranto  de  la  sistemática  procesal.   

En  el  presente  asunto, el demandante no  justifica  de  qué manera la deficiente sustentación del recurso de apelación  de  la  sentencia  de  primer  grado  socaba  la estructura procesal; tampoco la  trascendencia  directa  que  el  error  in procedendo  tiene  en  el   sentido  del fallo.  Por el  contrario,   advierte   la   Sala  que  la  exigua  argumentación  –que   no   inexistente-    del  defensor,  no  resultó  trascendente  en  la parte dispositiva de la decisión,  como  quiera  que  pese  a  ella,  el  Tribunal accedió a conocer el recurso de  alzada  y se pronunció sobre los extremos defensivos del procesado, sin que tal  proceder constituyera un quebrantamiento a la estructura procesal.   

Teniendo  en  cuenta  que  en  virtud  del  principio  de  trascendencia que rige la declaración de nulidad del proceso, la  simple   ocurrencia   de  una  incorrección  no  conduce  necesariamente  a  la  invalidación  de lo actuado, en cuanto es preciso acreditar que aquella produjo  unos  resultados adversos y lesivos a los intereses y derechos del sindicado, en  el  caso  concreto,  el  demandante  ha  debido fundamentar la trascendencia del  cargo subsidiario, labor que no desarrolló.   

Por su parte, la Sala no advierte de qué  manera   una  sustentación  más  prolija  del  recurso  o  su  anulación  cambiaría  el  sentido  del fallo,  lo cual lleva a concluir su falta  de  relevancia  e  imposibilita  declarar  la pretendida invalidez, pues en esas  condiciones  no  se  entiende  y el censor tampoco justifica, cuál es el efecto  práctico de retrotraer lo actuado.   

En     conclusión,    como  el  demandante no demostró, como lo exige la jurisprudencia  en  eventos  como  el  presente,  la  configuración  objetiva  de  vicios   graves   y  trascendentes  al  debido  proceso  y,  contrario  a ello, la Sala ha constatado que al resolver la  procedencia  del  recurso de apelación contra la sentencia de primera instancia  el  Tribunal hizo una interpretación flexible y anti  formalista         para         materializar  el  derecho  a la tutela  judicial  efectiva  del  procesado,  permitiendo  el  acceso   a   la   jurisdicción,   dando   así   aplicación  al  principio  de  interpretación      pro     actione  en virtud de la exigencia constitucional de la doble instancia a  favor  del  condenado, y  que  al  resolverlo  cumplió  con  las  exigencias derivadas del doble grado de  jurisdicción  al  controlar  el  fallo  no solo en sus aspectos jurídicos sino  también  en  los  fácticos,  por  medio  del  control de la aplicación de las  reglas  de  valoración  de la prueba en la actividad llevada a cabo por el juez  inferior, el cargo no prospera.   

Casación oficiosa.  

No  obstante  la  motivación  anterior,  advierte  la Sala que en el proceso de dosificación de la sanción accesoria de  inhabilitación  para  el ejercicio de  derechos y funciones públicas, los  jueces  de  instancias  pudieron  incurrir  en yerro violatorio del principio   de  legalidad  de  la  pena,  razón   por  la  cual,   la Corte habrá de intervenir de oficio para  subsanarlo,  y  evitar  con  ello la eventual vulneración de las garantías del  procesado.   

Teniendo  en  cuenta  que  la  Corte está  facultada  para  actuar  ante este tipo de quebrantos a fin de hacer efectivo el  derecho  material,  ordenará  que  una  vez  se  surta  la  notificación de la  presente  determinación y se resuelva el mecanismo de insistencia -en el evento  de  intentarse-,  vuelva  el  expediente al despacho del Magistrado ponente para  que la Sala oficiosamente profiera el pronunciamiento respectivo.   

Cabe  observar  que,  conforme  lo  tiene  precisado          la          Corporación20,  no  se  dispondrá  de la  celebración  de  la  audiencia de sustentación prevista en el artículo 185 de  la  Ley 906 de 2004, por cuanto su procedencia está circunscrita a los casos de  admisión de la demanda.   

         

Insistencia.  

Contra esta decisión procede el mecanismo  de  insistencia por parte del casacionista, de conformidad con lo establecido en  el  artículo  184  inciso segundo ejusdem.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

                   

RESUELVE  

Primero.-     Inadmitir  la  demanda  de  casación presentada  por  el  defensor de JOSÉ  RICARDO OSTOS NOMESQUE.   

Segundo.-     Advertir   al   impugnante  que  contra  esta  decisión procede la insistencia.   

Tercero.- Retornar  el  diligenciamiento  al despacho del Magistrado ponente una vez notificada esta  providencia  y  tramitado  el  mecanismo  de  insistencia, en el supuesto de ser  promovido   y  resuelto en forma adversa a los intereses del demandante, en  orden  a  examinar  de manera oficiosa la posible vulneración de las garantías  fundamentales del  procesado.   

Notifíquese y Cúmplase.  

JOSÉ LUIS BARCELÓ CAMACHO  

JOSÉ LEONIDAS BUSTOS MARTÍNEZ  

                   FERNANDO ALBERTO CASTRO CABALLERO   

EUGENIO FERNÁNDEZ CARLIER  

MARÍA DEL ROSARIO GONZÁLEZ MUÑOZ  

GUSTAVO ENRIQUE MALO FERNÁNDEZ  

EYDER PATIÑO CABRERA  

PATRICIA SALAZAR CUÉLLAR  

LUIS GUILLERMO SALAZAR OTERO  

NUBIA YOLANDA NOVA GARCÍA  

Secretaria  

    

1 Cfr.  Folio 60 de la carpeta del proceso.   

2 Cfr.  Folio 30 ibídem.   

3 Cfr.  Folio 54 ibídem.   

4 Cfr.  Folio 67 ibídem.   

5 Cfr.  Folio 107 ibídem.   

6 Cfr.  Folio 169 ibídem.   

7 Cfr.  Folio 207 y ss. ibídem.   

8 Cfr.  Folio 60 y ss. ibídem.   

9 Cfr.  Folio 79 y ss. de la carpeta del Tribunal.   

10 Ley  906     de     2004,     articulo     181     numeral     2º     «Desconocimiento  del  debido  proceso por afectación sustancial de  su    estructura    o   de   la   garantía   debida   a   cualquiera   de   las  partes».   

11  Cfr. Folio 14 de la demanda de casación.   

12  Cfr. CSJ. AP. de noviembre 24 de 2005, Rad. 24530.   

13  Cfr. CSJ. SP. de agosto 29 de 2000, Rad. 15.338.   

14  Cfr. Folio 207 del cuaderno del proceso.   

15  Cfr.  AP. de enero 31 de 2000, Rad. 15081, reiterada en AP. de marzo 11 de 2014,  Rad. 44618.   

16  Cfr.  AP.  de  mayo   23  de mayo de 2012, Rad. 38810 y AP de febrero 27 de  2013, Rad. 40241.   

17  Cfr. CSJ. AP. de septiembre 28 de 2006, Rad. 25427.   

18  Cfr.  Entre otras, CSJ. AP. de agosto 6 de 2008 y de marzo 10 de 2010, Radicados  Nos. 29.780 y 33.408, respectivamente.   

19  Cfr.  CSJ.  SP. de julio 30 de 2002, Rad. 16363, reiterada en SP. de junio 18 de  2014, Rad. 43772.   

20  Cfr. CSJ. AP., de 23 de agosto de 2007, Rad. 28059.     

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